CAPITULO
2
El viento empujó la puerta, y
cerró de un fuerte portazo.
Comencé a caminar hacia el negocio. Era la segunda vez que me pasaba por allí en el día y eso que no me gustaba comprar en ese local. La señora me ponía nervioso. No entiendo cómo podía sonreírme tan amablemente después de haber cortado con su hija y todo. Es de lo más extraño. Algo ilógico.
Entré en el local mirando hacia todos los sitios, para ver donde estaban las papas fritas. Me fije que, en uno de los pequeños pasillos, frente a la poca variedad de arroz que había en la tienda, estaba la pequeñita de hacia un rato. Meer. O al menos supuse que era ella, no le veía el rostro. Pero a juzgar por su tamaño y su cabello era ella. Se había cambiado de ropa. Me reí internamente, la pobre ni siquiera tenía trasero. No era muy desarrollada para su edad. Una niña con todas sus letras.
No le di más importancia de la que debía, y me dirigí hacia el estante, donde estaban todas las papas fritas, suflés y esas cosas. Cogí el paquete más grande de papas que había y tras mirarle el precio, me fui a pagarlas.
Comencé a caminar hacia el negocio. Era la segunda vez que me pasaba por allí en el día y eso que no me gustaba comprar en ese local. La señora me ponía nervioso. No entiendo cómo podía sonreírme tan amablemente después de haber cortado con su hija y todo. Es de lo más extraño. Algo ilógico.
Entré en el local mirando hacia todos los sitios, para ver donde estaban las papas fritas. Me fije que, en uno de los pequeños pasillos, frente a la poca variedad de arroz que había en la tienda, estaba la pequeñita de hacia un rato. Meer. O al menos supuse que era ella, no le veía el rostro. Pero a juzgar por su tamaño y su cabello era ella. Se había cambiado de ropa. Me reí internamente, la pobre ni siquiera tenía trasero. No era muy desarrollada para su edad. Una niña con todas sus letras.
No le di más importancia de la que debía, y me dirigí hacia el estante, donde estaban todas las papas fritas, suflés y esas cosas. Cogí el paquete más grande de papas que había y tras mirarle el precio, me fui a pagarlas.
Me fije, que esperando a que la
mujer sacara las cuentas, estaba la pequeñita sin trasero… esa ternura con
patas.
Me acerqué al mesón color crema, donde la mujer rubia y Meer se encontraban. Me situé detrás de la pequeña. La miré desde arriba. Parecía una personita miniatura. Me fijé como metía una de sus manos en su bolsillo y de allí sacaba un montón de dinero, luego lo dejaba sobre la mesa. La señora comenzó a contar los billetes y las pocas monedas que la niña le había dado. Seguidamente entrecerró los ojos y miró a la pequeñita.
—Falta dinero —le dijo a Meer. Jo… pobre. A mí me había pasado un par de veces antes… era realmente molesto.
—¿Ah, si? —preguntó con voz confundida. Incluso hablaba como una pequeña. Tenía una voz extremadamente suave, no era aguda, pero era algo… delicada —oh, lo siento –pobre niña. Volvió a meterse las manos en los bolsillos, y yo aproveché para fijarme en las cosas que llevaba. Seguramente su madre la había enviado de compras… Pues eran cosas de casa. Como comida “normal”. Se me ablandó el corazón. Hice memoria para recordar cuánto dinero había metido en mi bolsillo, mientras miraba la pequeña maquinita de la señora, bastante antigua… donde estaba el precio. Casi no le faltaba dinero —esto…
—Yo pagaré lo que le falta —me entrometí en la conversación. Metí la mano en el bolsillo y saqué de allí un billete. Me alcanzaba para pagar lo que a la niña le faltaba y comprar las papas. Se lo di a la señora, quien me miraba sorprendida, pero con expresión amable. Me puse nervioso… ¿A caso no podía mirarme con desprecio? ¡Había sido el novio de su hija! Pff. Nunca lo lograría comprender. Cogí las monedas que la mujer me tendía —Gracias —le dije, para luego añadir—: quisiera llevar esto —dejé las papas sobre el mesón, sonriéndole amable. Miré fugazmente a la pequeña, que seguía a mi lado, observándome. Que mal… me daba la impresión de que ni siquiera pestañaba. Hasta que se dio cuenta de que la había pillado mirándome… bajó la cabeza al instante y cogió las dos bolsas que había sobre el mesón. ¡Pero qué ternura! Y es que realmente daban ganas de abrazarla y apretujarla.
—Gracias — habló nuevamente con su voz suave e infantil. Y después… después se fue andando a paso rápido.
Le pagué a la señora rápidamente, y mientras ella sacaba el vuelto, yo guardé las papas en una bolsa.
—Sunny te da saludos —me sonrió. Yo recibí el poco tiempo y la miré con una media sonrisa.
—Puede darle los míos también. Gracias— dije como toda contestación. Sunny, ella había sido mi novia… hacía tiempo que no la veía. Tampoco es que me interesara mucho. Sólo como una amiga. Quizás, ni siquiera como una amiga. Ella era una conocida, a la cual le tenía aprecio… por haber estado conmigo en esos tiempos y haberme hecho feliz. Recuerdo esas épocas. Cuando yo pensaba que había encontrado el “amor de mi vida” y horas después toda mi vida amorosa caía en un fracaso total e irremediable.
Me acerqué al mesón color crema, donde la mujer rubia y Meer se encontraban. Me situé detrás de la pequeña. La miré desde arriba. Parecía una personita miniatura. Me fijé como metía una de sus manos en su bolsillo y de allí sacaba un montón de dinero, luego lo dejaba sobre la mesa. La señora comenzó a contar los billetes y las pocas monedas que la niña le había dado. Seguidamente entrecerró los ojos y miró a la pequeñita.
—Falta dinero —le dijo a Meer. Jo… pobre. A mí me había pasado un par de veces antes… era realmente molesto.
—¿Ah, si? —preguntó con voz confundida. Incluso hablaba como una pequeña. Tenía una voz extremadamente suave, no era aguda, pero era algo… delicada —oh, lo siento –pobre niña. Volvió a meterse las manos en los bolsillos, y yo aproveché para fijarme en las cosas que llevaba. Seguramente su madre la había enviado de compras… Pues eran cosas de casa. Como comida “normal”. Se me ablandó el corazón. Hice memoria para recordar cuánto dinero había metido en mi bolsillo, mientras miraba la pequeña maquinita de la señora, bastante antigua… donde estaba el precio. Casi no le faltaba dinero —esto…
—Yo pagaré lo que le falta —me entrometí en la conversación. Metí la mano en el bolsillo y saqué de allí un billete. Me alcanzaba para pagar lo que a la niña le faltaba y comprar las papas. Se lo di a la señora, quien me miraba sorprendida, pero con expresión amable. Me puse nervioso… ¿A caso no podía mirarme con desprecio? ¡Había sido el novio de su hija! Pff. Nunca lo lograría comprender. Cogí las monedas que la mujer me tendía —Gracias —le dije, para luego añadir—: quisiera llevar esto —dejé las papas sobre el mesón, sonriéndole amable. Miré fugazmente a la pequeña, que seguía a mi lado, observándome. Que mal… me daba la impresión de que ni siquiera pestañaba. Hasta que se dio cuenta de que la había pillado mirándome… bajó la cabeza al instante y cogió las dos bolsas que había sobre el mesón. ¡Pero qué ternura! Y es que realmente daban ganas de abrazarla y apretujarla.
—Gracias — habló nuevamente con su voz suave e infantil. Y después… después se fue andando a paso rápido.
Le pagué a la señora rápidamente, y mientras ella sacaba el vuelto, yo guardé las papas en una bolsa.
—Sunny te da saludos —me sonrió. Yo recibí el poco tiempo y la miré con una media sonrisa.
—Puede darle los míos también. Gracias— dije como toda contestación. Sunny, ella había sido mi novia… hacía tiempo que no la veía. Tampoco es que me interesara mucho. Sólo como una amiga. Quizás, ni siquiera como una amiga. Ella era una conocida, a la cual le tenía aprecio… por haber estado conmigo en esos tiempos y haberme hecho feliz. Recuerdo esas épocas. Cuando yo pensaba que había encontrado el “amor de mi vida” y horas después toda mi vida amorosa caía en un fracaso total e irremediable.
Dios… es que, incluso, me daba un
poco de vergüenza acordarme de esos tiempos.
Salí del local y seguí caminando como si nada. Busqué a la pequeña… pero al parecer no se iba a casa, o es que era muy rápida y ya había llegado. Hasta que escuché unos pasos apresurados que me alcanzaban y sentí la presencia que alguien a mi lado. La miré divertido, ella también me miraba, sin decir nada, con esos ojitos azules y esa carita tan pequeña. No dijo nada. Sólo me miraba… Y es que incluso su m mirada me parecía de lo más tierna.
—Meer, ¿no? —le pregunté. No hablaba con ella desde que era un bebe y su madre la llevaba a casa cuando aún visitaba a mamá. Sí, solía hablarle mucho a la pequeña, pero ella nunca me contestó. En esas épocas no sabía hablar… y yo debí haber tenido unos seis o siete años. Recuerdo que antes era un poco más gordita, claro, era un bebe. Siempre había pensado, y nunca me había podido quitar de la cabeza que era un niñita hermosa.
—Si —me contestó, asintiendo con la cabeza.
—Sabía que no se me había olvidado —mentí. En realidad si lo había olvidado. Sus ojos se achicaron y sus labios se curvaron dejando salir entre ellos una pequeña risita. Pequeña como ella.
—¿Y tú eres Bill? —ok… me había hecho la misma pregunta estúpida que yo le había hecho. Era de suponer que ella sabía que yo era Bill… habíamos sido vecinos durante toda la vida. O mejor dicho, durante toda su vida. Alcé una ceja, para luego señalarme a mí mismo.
Salí del local y seguí caminando como si nada. Busqué a la pequeña… pero al parecer no se iba a casa, o es que era muy rápida y ya había llegado. Hasta que escuché unos pasos apresurados que me alcanzaban y sentí la presencia que alguien a mi lado. La miré divertido, ella también me miraba, sin decir nada, con esos ojitos azules y esa carita tan pequeña. No dijo nada. Sólo me miraba… Y es que incluso su m mirada me parecía de lo más tierna.
—Meer, ¿no? —le pregunté. No hablaba con ella desde que era un bebe y su madre la llevaba a casa cuando aún visitaba a mamá. Sí, solía hablarle mucho a la pequeña, pero ella nunca me contestó. En esas épocas no sabía hablar… y yo debí haber tenido unos seis o siete años. Recuerdo que antes era un poco más gordita, claro, era un bebe. Siempre había pensado, y nunca me había podido quitar de la cabeza que era un niñita hermosa.
—Si —me contestó, asintiendo con la cabeza.
—Sabía que no se me había olvidado —mentí. En realidad si lo había olvidado. Sus ojos se achicaron y sus labios se curvaron dejando salir entre ellos una pequeña risita. Pequeña como ella.
—¿Y tú eres Bill? —ok… me había hecho la misma pregunta estúpida que yo le había hecho. Era de suponer que ella sabía que yo era Bill… habíamos sido vecinos durante toda la vida. O mejor dicho, durante toda su vida. Alcé una ceja, para luego señalarme a mí mismo.
—¿Crees que pueda ser Tom?
—Pues no —rió nuevamente. De pronto me fijé en sus mejillas. Habían tomado una tonalidad más rosa. ¿A caso se estaba sonrojando?– Esto… gracias por lo de la tienda, ya te lo pagaré. – Se veía más tierna y graciosa con las mejillas coloradas.
—No te preocupes —volví a sonreírle. Ella frunció el ceño…
—Claro —dejó de caminar. Me di cuenta de que estábamos frente a su casa. Volví a mirarla, y ella volvió a sonreír. —adiós y gracias.
—Adiós —me agaché para darle un beso en la mejilla.
—Pues no —rió nuevamente. De pronto me fijé en sus mejillas. Habían tomado una tonalidad más rosa. ¿A caso se estaba sonrojando?– Esto… gracias por lo de la tienda, ya te lo pagaré. – Se veía más tierna y graciosa con las mejillas coloradas.
—No te preocupes —volví a sonreírle. Ella frunció el ceño…
—Claro —dejó de caminar. Me di cuenta de que estábamos frente a su casa. Volví a mirarla, y ella volvió a sonreír. —adiós y gracias.
—Adiós —me agaché para darle un beso en la mejilla.
Habían dos cosas que realmente me
sorprendieron. La primera, que era extremadamente pequeña, pues me tuve que
agachar demasiado —pequeña —me burlé de ella sin pensarlo, volviendo a mi
posición. La segunda cosa… era que tenía una mejilla muy, muy suavecita.
—¡Hey! —frunció el ceño y los labios. ¿Era idea mía o la pequeña quería ser “grande”?. Pff. Que se quedara así de pequeñita. Era una ternura… A demás, ser mas “grande” es aburrido… y hay responsabilidades.
—¡Hey! —frunció el ceño y los labios. ¿Era idea mía o la pequeña quería ser “grande”?. Pff. Que se quedara así de pequeñita. Era una ternura… A demás, ser mas “grande” es aburrido… y hay responsabilidades.
—Ya crecerás, no te preocupes —la
niña puso los ojos en blanco. También podría crecerle un poco más al trasero. Y
los pechos, definitivamente.
—Que confianza me has agarrado —que tierna se veía enojada. En realidad, no sabía cómo se veía más tierna. Cuando abría mucho sus ojitos y parecía un perrito asustado, cuando se ponía roja o cuando estaba enojada.
—Pues te aguantas. Yo te salvé de pasar la vergüenza de tu vida —me miró con “odio”.
—Que confianza me has agarrado —que tierna se veía enojada. En realidad, no sabía cómo se veía más tierna. Cuando abría mucho sus ojitos y parecía un perrito asustado, cuando se ponía roja o cuando estaba enojada.
—Pues te aguantas. Yo te salvé de pasar la vergüenza de tu vida —me miró con “odio”.
—¿Me estás chantajeando? —alcé una
ceja, y no pude evitar lanzar una carcajada.
—Llámalo como quieras, pequeña… —me mordí el labio inferior.
—¡No me llames así! —chilló, dándole una patada al piso. Realmente se veía muy graciosa. No pude evitar comenzar a reír. Pateaba el piso, como en las novelas.
—¿No quieres que te llame pequeña, pequeña? —la seguí picando.
—Ya basta. Vete a tu casa a comer esas papas —me empujó inútilmente.
—Eres una grosera… pequeña.
—¡Argh! Hoy no dormirás —Ssoltó entre dientes. ¿Qué haría?, ¿poner Barney en la TV y subirle el volumen a las canciones para no dejarme dormir? Reí nuevamente ante mi absurda idea. Volví a mirarla pero ella ya se había ido. Atravesaba el ante patio de su casa con las dos bolsas, como si nada.
Ok, Bill… ¿Desde cuándo tanta confianza con la niñita esa?
—Llámalo como quieras, pequeña… —me mordí el labio inferior.
—¡No me llames así! —chilló, dándole una patada al piso. Realmente se veía muy graciosa. No pude evitar comenzar a reír. Pateaba el piso, como en las novelas.
—¿No quieres que te llame pequeña, pequeña? —la seguí picando.
—Ya basta. Vete a tu casa a comer esas papas —me empujó inútilmente.
—Eres una grosera… pequeña.
—¡Argh! Hoy no dormirás —Ssoltó entre dientes. ¿Qué haría?, ¿poner Barney en la TV y subirle el volumen a las canciones para no dejarme dormir? Reí nuevamente ante mi absurda idea. Volví a mirarla pero ella ya se había ido. Atravesaba el ante patio de su casa con las dos bolsas, como si nada.
Ok, Bill… ¿Desde cuándo tanta confianza con la niñita esa?
Seguí caminando… hacia mi casa, la
siguiente.
No era difícil tomarle confianza a la pequeña Meer… Es simpática. Y es que era tan pequeña y tierna, que daban ganas de abrazarla, y apretujarla y cuidarla… Si yo fuera su madre, no la enviaría a comprar. Podría pasarle cualquier cosa…
Busqué las llaves de mamá en el bolsillo y las metí en la cerradura, para luego abrir la puerta.
—¡Hasta que llegas! Me moría de hambre —Andreas… con sus comportamientos estúpidos. Cerré la puerta de la casa y luego le lancé la bolsa. Él la atrapó y enseguida la abrió. Yo me acerqué al sillón y me senté al lado de Tom. Luego cerré los ojos. Algo me inquietaba… Pero no sabía que era, tampoco sabía el por qué. Volví a abrir los ojos y miré a mi igual. Este quitó sus ojos de la TV y me miró al instante, analizando mi expresión.
—Me pillé con la pequeña del lado —le dije. Él asintió con la cabeza, como si se lo hubiese estado esperando.
—¿La niña de los ojos lindos? —se metió Andreas en la conversación. Vale… ya me quedaba claro que no era el único que encontraba que sus ojos eran muy lindos. Asentí con la cabeza, mirando a Andreas.
—Me vine con ella de vuelta… A la pobre le faltaba dinero para comprar lo que su madre le encargó —solté una risa.
—Jo… pobre. Pero súper Bill fue al rescate —nos lanzó a Tom y a mí la bolsa de papas —Uuuuy —se burló. Dios, que idiota es Andreas.
—¿Y cómo es Meer? —preguntó Tom. Me encogí de hombros.
—Es… Linda y…
–—¡Uy, uy, uy! —me interrumpió a Andreas —yo la veo muy pequeña aún, Bill. Podrías esperar un par de años, hasta que sea mayor de edad —alzó las cejas repetidas veces. Tom estalló en carcajadas… y yo no me sentí bien. No me agradaban los comentarios de Andreas —el otro día la vi, cuando venía a ver a Simone, ya saben —Tom bufó y yo puse los ojos en blanco —¿Cómo es que se llama…?
—Meer —Le contestó mi hermano.
—Si, ella misma, vi a Meer… Ojala que cuando cumpla los dieciocho y esté con Bill, tenga más curvas —abrí la boca, indignado. ¿Y este creía que yo era un pervertido pedófilo asaltador de cunas? Esta conversación se estaba volviendo en mi contra.
—Opino lo mismo que tú —añadió Tom, para picarme aún más. ¿Qué hacían Andreas y Tom mirando el cuerpo de la pequeña? No, definitivamente no podían hacerlo. No.
—Yo no voy a salir con ella. ¿Qué clase de persona crees que soy? —me señalé a mí mismo —¡es una niña!
—Cuando sea mayor de edad, ya no será una niña —bufe. ¿Tom estaba de mi lado, o del lado de Andreas?
—Dime, Tom… ¿Saldrías con ella? —le pregunté a Tom, ya perdiendo la paciencia.
—Si le crecieran ciertas partes de su cuer…
—¡No seas cerdo! —me quejé —es una niña —mi hermano, simplemente contestó con un encogimiento de hombros y me acercó la bolsa de papas. Cogí una, y me la metí a la boca.
—Oh, vamos, Bill… piensa —miré a Andreas, sin comprender —la niña es linda, no puedes decirme que no ¡Imagínate cómo será cuando crezca!– Hizo un sonido con la boca, como si probara algo delicioso. No me agradó su comentario y me agradó mucho menos el ruidito ese que había hecho. ¿Cómo podían pensar así? Pero que… que… Dios. Yo pensaba lo mismo que los chicos, pero… pero yo lo hacía en el sentido bueno porque… porque si.
—No te enojes, Bill —siguió burlándose Tom.
—Hagamos algo —Andreas se levantó del sillón y le arrebató las papas a Tom. Luego me miró, con expresión seria —no te mosquees tanto… ¿Cuánto dije que te pagaba para que terminaras con Helena? ¿Cien? Pues, subo mi oferta. Doscientos para que termines con Helena y salgas con la niña esa. Pan comido. Es dinero fácil —acabó por encogerse de hombros. ¿Terminar con Helena?, ¿salir con Meer? No. Esas, definitivamente, eran dos cosas que yo no iba a hacer. Miré a Tom, este miraba a Andreas, sorprendido. ¿Cómo podíamos ser amigos de una cosa como… esa? – …Dejaré que lo pienses —suspiró. Fui a negarme y a decirle que no tenía tanto dinero, pero Tom se adelantó.
—Andreas, amigo, ¿acaso no te has dado cuenta en todos estos años que Bill jamás haría cosas por dinero? Además, el nunca saldría con una persona tan… pequeña. Lo conozco. Así que deja de decir bobadas. —bien Tom. Asentí dándole la razón —¿y crees que está tan loco como para terminar con nuestra novia?– Me eché a reír al escuchar eso. Andreas tuvo que cubrirse la boca con la mano y a Tom no pudo seguir con su discurso. “Nuestra novia”.
No era difícil tomarle confianza a la pequeña Meer… Es simpática. Y es que era tan pequeña y tierna, que daban ganas de abrazarla, y apretujarla y cuidarla… Si yo fuera su madre, no la enviaría a comprar. Podría pasarle cualquier cosa…
Busqué las llaves de mamá en el bolsillo y las metí en la cerradura, para luego abrir la puerta.
—¡Hasta que llegas! Me moría de hambre —Andreas… con sus comportamientos estúpidos. Cerré la puerta de la casa y luego le lancé la bolsa. Él la atrapó y enseguida la abrió. Yo me acerqué al sillón y me senté al lado de Tom. Luego cerré los ojos. Algo me inquietaba… Pero no sabía que era, tampoco sabía el por qué. Volví a abrir los ojos y miré a mi igual. Este quitó sus ojos de la TV y me miró al instante, analizando mi expresión.
—Me pillé con la pequeña del lado —le dije. Él asintió con la cabeza, como si se lo hubiese estado esperando.
—¿La niña de los ojos lindos? —se metió Andreas en la conversación. Vale… ya me quedaba claro que no era el único que encontraba que sus ojos eran muy lindos. Asentí con la cabeza, mirando a Andreas.
—Me vine con ella de vuelta… A la pobre le faltaba dinero para comprar lo que su madre le encargó —solté una risa.
—Jo… pobre. Pero súper Bill fue al rescate —nos lanzó a Tom y a mí la bolsa de papas —Uuuuy —se burló. Dios, que idiota es Andreas.
—¿Y cómo es Meer? —preguntó Tom. Me encogí de hombros.
—Es… Linda y…
–—¡Uy, uy, uy! —me interrumpió a Andreas —yo la veo muy pequeña aún, Bill. Podrías esperar un par de años, hasta que sea mayor de edad —alzó las cejas repetidas veces. Tom estalló en carcajadas… y yo no me sentí bien. No me agradaban los comentarios de Andreas —el otro día la vi, cuando venía a ver a Simone, ya saben —Tom bufó y yo puse los ojos en blanco —¿Cómo es que se llama…?
—Meer —Le contestó mi hermano.
—Si, ella misma, vi a Meer… Ojala que cuando cumpla los dieciocho y esté con Bill, tenga más curvas —abrí la boca, indignado. ¿Y este creía que yo era un pervertido pedófilo asaltador de cunas? Esta conversación se estaba volviendo en mi contra.
—Opino lo mismo que tú —añadió Tom, para picarme aún más. ¿Qué hacían Andreas y Tom mirando el cuerpo de la pequeña? No, definitivamente no podían hacerlo. No.
—Yo no voy a salir con ella. ¿Qué clase de persona crees que soy? —me señalé a mí mismo —¡es una niña!
—Cuando sea mayor de edad, ya no será una niña —bufe. ¿Tom estaba de mi lado, o del lado de Andreas?
—Dime, Tom… ¿Saldrías con ella? —le pregunté a Tom, ya perdiendo la paciencia.
—Si le crecieran ciertas partes de su cuer…
—¡No seas cerdo! —me quejé —es una niña —mi hermano, simplemente contestó con un encogimiento de hombros y me acercó la bolsa de papas. Cogí una, y me la metí a la boca.
—Oh, vamos, Bill… piensa —miré a Andreas, sin comprender —la niña es linda, no puedes decirme que no ¡Imagínate cómo será cuando crezca!– Hizo un sonido con la boca, como si probara algo delicioso. No me agradó su comentario y me agradó mucho menos el ruidito ese que había hecho. ¿Cómo podían pensar así? Pero que… que… Dios. Yo pensaba lo mismo que los chicos, pero… pero yo lo hacía en el sentido bueno porque… porque si.
—No te enojes, Bill —siguió burlándose Tom.
—Hagamos algo —Andreas se levantó del sillón y le arrebató las papas a Tom. Luego me miró, con expresión seria —no te mosquees tanto… ¿Cuánto dije que te pagaba para que terminaras con Helena? ¿Cien? Pues, subo mi oferta. Doscientos para que termines con Helena y salgas con la niña esa. Pan comido. Es dinero fácil —acabó por encogerse de hombros. ¿Terminar con Helena?, ¿salir con Meer? No. Esas, definitivamente, eran dos cosas que yo no iba a hacer. Miré a Tom, este miraba a Andreas, sorprendido. ¿Cómo podíamos ser amigos de una cosa como… esa? – …Dejaré que lo pienses —suspiró. Fui a negarme y a decirle que no tenía tanto dinero, pero Tom se adelantó.
—Andreas, amigo, ¿acaso no te has dado cuenta en todos estos años que Bill jamás haría cosas por dinero? Además, el nunca saldría con una persona tan… pequeña. Lo conozco. Así que deja de decir bobadas. —bien Tom. Asentí dándole la razón —¿y crees que está tan loco como para terminar con nuestra novia?– Me eché a reír al escuchar eso. Andreas tuvo que cubrirse la boca con la mano y a Tom no pudo seguir con su discurso. “Nuestra novia”.
—Ya, basta —Dije ya cansado de
reír. Me dolía el estómago… Me levanté del sillón y luego miré a esos dos
—¿vamos a ir por los video juegos antiguos?
—Vine a eso —se encogió de hombro Andreas, levantándose también.
—Vine a eso —se encogió de hombro Andreas, levantándose también.
—Vamos —comencé a caminar hacia
las escaleras. Me di cuenta de que Tom también venía con nosotros.

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