Me detuve al llegar frente a ellos. Miré a Meer, si… estaba más alta. Mucho, mucho más alta. Tragué saliva. Vi como ella alzaba la cabeza lentamente, para luego mirarme. Di de lleno con una mirada triste y un par de ojos rojos e hinchados. Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Meer apartó la mirada rápidamente. Me sentí mal al verla… así. Se notaba que no lo estaba pasando bien. Y yo aún no comprendía que era lo que la tenía así.
—¿Estás bien? —no contestó. Me comencé a desesperar, miré a Tom buscando su ayuda. Bien, si… gracias a Tom me había dado cuenta de que era mi culpa ¿mi culpa? ¿Y yo qué había hecho? —¿está bien? —le pregunté a mi hermano. Yo… yo no era el culpable, no le había hecho nada ¿O sí?. No, claro que no.
—Eso creo —me contestó Tom. Volví a mirarla. No podía distinguir su expresión, era de noche y su flequillo le cubría los ojos.
—¿Estás llorando? —pregunté. Quise quitarle el cabello de los ojos, pero ella se apartó —¿estás bien? —repetí la pregunta anterior. Entonces ella volvió a mirarme… frunció el ceño, enojada.
—¿Es que no es obvio? jamás he estado mejor en mi vida, gracias por preocuparte —su voz había sonado extraña, débil. Muy diferente a esa voz que había dejado salir cuando estaba con Stella, con su madre. Aunque yo podía percibir el intento que había hecho para sonar cortante. Pude ver como sus ojos comenzaban a humedecerse.
—Hey, no llores —me acerqué. Ella retrocedió. Quise acercarme de nuevo, pero Tom me lo impidió.
—Bill, ya déjala.
—Sólo quiero saber porqué está llo… —Tom me miró molesto, así que decidí cerrar la boca. Estaba seguro de que Tom hoy era más listo que yo y se había dado cuenta de porqué Meer estaba así ¡pero yo no lo sabía! volví a acercarme a Meer. Y ella, al igual que la vez anterior.
—Eso no es de tu incumbencia, a ti no te importa. Aléjate —me sentí extraño al escucharla hablarme así.
—No seas así, me importa… —busqué sus ojos, pero ella no quiso mirarme.
—No, claro que no te importa. No te importa lo que me pasa y yo tampoco te importo —se le quebró la voz —nosotros sólo hablamos un par de veces ¿recuerdas? —se pasó la mano por los ojos. Yo estaba estupefacto —eres una mierda —sonrió mirando sus pies ¿cómo que habíamos hablado un par de veces?, ¡eso no era cierto! Esperen, esperen… ¿Meer me había llamado mierda?
—¿Qué? —volví a acercarme. Esta vez ella no se apartó. Quedamos los suficientemente cerca como para que pudiera apreciar en primer plano su mirada llena de odio. No sé si era que mi cerebro andaba demasiado lento hoy o era algo más… pero aún no podía entender por qué se comportaba de esa manera.
—Aléjate de mí —espetó.
—¿Estás bien? —no contestó. Me comencé a desesperar, miré a Tom buscando su ayuda. Bien, si… gracias a Tom me había dado cuenta de que era mi culpa ¿mi culpa? ¿Y yo qué había hecho? —¿está bien? —le pregunté a mi hermano. Yo… yo no era el culpable, no le había hecho nada ¿O sí?. No, claro que no.
—Eso creo —me contestó Tom. Volví a mirarla. No podía distinguir su expresión, era de noche y su flequillo le cubría los ojos.
—¿Estás llorando? —pregunté. Quise quitarle el cabello de los ojos, pero ella se apartó —¿estás bien? —repetí la pregunta anterior. Entonces ella volvió a mirarme… frunció el ceño, enojada.
—¿Es que no es obvio? jamás he estado mejor en mi vida, gracias por preocuparte —su voz había sonado extraña, débil. Muy diferente a esa voz que había dejado salir cuando estaba con Stella, con su madre. Aunque yo podía percibir el intento que había hecho para sonar cortante. Pude ver como sus ojos comenzaban a humedecerse.
—Hey, no llores —me acerqué. Ella retrocedió. Quise acercarme de nuevo, pero Tom me lo impidió.
—Bill, ya déjala.
—Sólo quiero saber porqué está llo… —Tom me miró molesto, así que decidí cerrar la boca. Estaba seguro de que Tom hoy era más listo que yo y se había dado cuenta de porqué Meer estaba así ¡pero yo no lo sabía! volví a acercarme a Meer. Y ella, al igual que la vez anterior.
—Eso no es de tu incumbencia, a ti no te importa. Aléjate —me sentí extraño al escucharla hablarme así.
—No seas así, me importa… —busqué sus ojos, pero ella no quiso mirarme.
—No, claro que no te importa. No te importa lo que me pasa y yo tampoco te importo —se le quebró la voz —nosotros sólo hablamos un par de veces ¿recuerdas? —se pasó la mano por los ojos. Yo estaba estupefacto —eres una mierda —sonrió mirando sus pies ¿cómo que habíamos hablado un par de veces?, ¡eso no era cierto! Esperen, esperen… ¿Meer me había llamado mierda?
—¿Qué? —volví a acercarme. Esta vez ella no se apartó. Quedamos los suficientemente cerca como para que pudiera apreciar en primer plano su mirada llena de odio. No sé si era que mi cerebro andaba demasiado lento hoy o era algo más… pero aún no podía entender por qué se comportaba de esa manera.
—Aléjate de mí —espetó.
—Mira, si quieres hablar… —comencé a hablar tranquilamente. Para eso venía… a hablar.
—No quiero hablar contigo —me cortó. Escuché como Tom cerraba la puerta de su coche, se había ido. Me entraron los nervios. No entendía por qué Meer se comportaba así, de esa forma tan inmadura.
—No seas infantil, no te comportes así —le dije. Meer sonrió de medio lado.
—Si… hablar es la mejor manera de arreglar todo para los adultos ¿pero sabes que es lo que hacemos las chicas infantiles? —no supe que decirle. No entendía a que venía todo esto —¿quieres saberlo? —insistió. Decidí seguirle el juego.
—Muéstrame.
—Esto —y en una abrir y cerrar de ojos, tenía la mano de Meer estampada en el rostro.
Sentí la mejilla arder, me había golpeado fuerte, demasiado fuerte para ser una chica.
—¿Por qué… hiciste eso? —la miré, llevándome una mano a mi mejilla que estaba ardiendo.
—Te lo mereces. Podría disculparme pero no tengo ganas —sonrió nuevamente. Estaba comenzando a perder los nervios ¡No entendía que era lo que le pasaba! Y encima se comportaba así tan… tan…de esa forma tan molesta.
—Te repito que hablemos —intenté mantener la compostura, intenté calmarme. Ya me estaba comenzando a enojar.
—Te repito que no quiero —¡pero que molesta actitud!.
—Te has vuelto insoportable —puso los ojos en blanco y luego me miró casi con asco.
—Y lo dices tú —¿cómo había podido cambiar tanto? No, no… seguro era alguna faceta suya que yo no conocía, pero en el fondo seguía siendo la misma Meer de siempre.
—Ya deja de comportarte así —la tomé del brazo. El contacto con su piel me puso más tenso aún. Meer pasó los ojos desde mi mano, que tomaba su brazo, hasta llegar a mis ojos.
—No quiero hablar contigo —me cortó. Escuché como Tom cerraba la puerta de su coche, se había ido. Me entraron los nervios. No entendía por qué Meer se comportaba así, de esa forma tan inmadura.
—No seas infantil, no te comportes así —le dije. Meer sonrió de medio lado.
—Si… hablar es la mejor manera de arreglar todo para los adultos ¿pero sabes que es lo que hacemos las chicas infantiles? —no supe que decirle. No entendía a que venía todo esto —¿quieres saberlo? —insistió. Decidí seguirle el juego.
—Muéstrame.
—Esto —y en una abrir y cerrar de ojos, tenía la mano de Meer estampada en el rostro.
Sentí la mejilla arder, me había golpeado fuerte, demasiado fuerte para ser una chica.
—¿Por qué… hiciste eso? —la miré, llevándome una mano a mi mejilla que estaba ardiendo.
—Te lo mereces. Podría disculparme pero no tengo ganas —sonrió nuevamente. Estaba comenzando a perder los nervios ¡No entendía que era lo que le pasaba! Y encima se comportaba así tan… tan…de esa forma tan molesta.
—Te repito que hablemos —intenté mantener la compostura, intenté calmarme. Ya me estaba comenzando a enojar.
—Te repito que no quiero —¡pero que molesta actitud!.
—Te has vuelto insoportable —puso los ojos en blanco y luego me miró casi con asco.
—Y lo dices tú —¿cómo había podido cambiar tanto? No, no… seguro era alguna faceta suya que yo no conocía, pero en el fondo seguía siendo la misma Meer de siempre.
—Ya deja de comportarte así —la tomé del brazo. El contacto con su piel me puso más tenso aún. Meer pasó los ojos desde mi mano, que tomaba su brazo, hasta llegar a mis ojos.
—Yo soy así… —claro que no era así… no.
—No. Tú no eres así… te conozco —apartó su brazo, mirándome como anteriormente había mirado a su madre. Eso me dolió.
—No me conoces… después de todo, nosotros sólo hablábamos —rio irónicamente. Entonces entendí todo. Meer se había enojado porque le había dicho Stella que ella sólo había sido mi vecina ¡seguro también pensaba que Stella era mi novia!
—¿Te enojaste por eso? —pregunté sorprendido. Sorprendido de ser tan enormemente estúpido al no darme cuenta de que la dañaba al negar con conveniencia lo que había pasado entre nosotros.
—Eso no te importa —me enojé.
—Tienes razón, no me importa —mentí. Me sentí un idiota y la odié por hacerme esto.
—Entonces, ¿qué haces aquí? podrías irte y dejarme en paz —me empujó.
—No pienso irme de aquí hasta aclararlo todo —hasta poder explicarle unas cuantas cosas.
—¡Ya te dije que no hay nada que aclarar, no hay nada de qué hablar! —es que yo no pensaba moverme de aquí hasta que habláramos como personas civilizadas —Mira, yo… ¡argh! ¡Si tú no te vas, me voy yo! —chilló. Pateó el piso y se dio media vuelta, furiosa. La tomé del brazo antes de que comenzara a caminar hacia su casa.
—Ya deja esa actitud —la volteé para que volviera a mirarme —me pones de mal humor… tú no eras así.
—Era —me miró con recelo.
—Cambiaste demasiado —murmuré.
—¿Qué? ¿ya no te gusto? ¿es eso? Tú también cambiaste demasiado, Bill. Y dime ¿cuándo fue que empezaste a salir con mujeres fáciles para saciar tu necesidad de sexo? —se soltó con un movimiento brusco ¿cómo podía atreverse a decir algo así? Realmente estaba enojado.
—¡Oh, Dios, ya no estoy enamorado de ti! Es mi decisión qué decirle a la gente sobre mi vida. No porque de repente llegues y aparezcas de la nada en el coche de mi hermano quiere decir que las cosas siguen como antes. Yo ya hice mi vida y tú la tuya por caminos separados ¿entiendes? No puedes pretender que los sentimientos continúen intactos. Esto no es un cuento de Disney con amor eterno. Y sí, ni siquiera me gustas un poco —solté sin pensar, mintiendo. Me sentí un idiota y me odié por hacerle esto. Tragué saliva, mientras sentía que los ojos se me humedecían al ver su expresión. Acababa de echar a perder aún más las cosas. No debí haber dicho todo eso —lo sien…
—¡Oh, Dios, ya no estoy enamorado de ti! Es mi decisión qué decirle a la gente sobre mi vida. No porque de repente llegues y aparezcas de la nada en el coche de mi hermano quiere decir que las cosas siguen como antes. Yo ya hice mi vida y tú la tuya por caminos separados ¿entiendes? No puedes pretender que los sentimientos continúen intactos. Esto no es un cuento de Disney con amor eterno. Y sí, ni siquiera me gustas un poco —solté sin pensar, mintiendo. Me sentí un idiota y me odié por hacerle esto. Tragué saliva, mientras sentía que los ojos se me humedecían al ver su expresión. Acababa de echar a perder aún más las cosas. No debí haber dicho todo eso —lo sien…
—Bien por ti —me cortó, dio media vuelta y comenzó a alejarse. Bien, Bill. Genial. Lo jodiste todo.
Observé cada movimiento que hacía Meer al caminar hacia su casa, con las manos hecha puños. Aún no podía creer que ella fuese así. Y yo… yo había actuado de la peor manera, con ella a la defensiva nunca podríamos hablar. Además, yo era fácil de irritar y Meer no ayudaba mucho que digamos. Se comportaba de una manera escandalosa, no me agradaba para nada.
Miré impresionado como saltaba por encima de la muralla que daba a su patio trasero. ¿Acaso además de cambiar físicamente y haberse puesto malhumorada también se había convertido en una especie de mono?
—¿Qué haces? —gritó Tom. Me di cuenta en ese momento que estaba a mi lado.
—Entro a mi casa —respondió con otro grito.
¿Y cómo pensaba entrar a su casa? Me quedé quieto, mirando a ver si había señales de que Meer había logrado entrar. No tuve que esperar demasiado… se había encendido una luz. Miré a Tom con la boca abierta.
—¿Viste eso? —le pregunté.
Miré impresionado como saltaba por encima de la muralla que daba a su patio trasero. ¿Acaso además de cambiar físicamente y haberse puesto malhumorada también se había convertido en una especie de mono?
—¿Qué haces? —gritó Tom. Me di cuenta en ese momento que estaba a mi lado.
—Entro a mi casa —respondió con otro grito.
¿Y cómo pensaba entrar a su casa? Me quedé quieto, mirando a ver si había señales de que Meer había logrado entrar. No tuve que esperar demasiado… se había encendido una luz. Miré a Tom con la boca abierta.
—¿Viste eso? —le pregunté.
— Claro que sí, tonto —me respondió, también se notaba impresionado. Tragué saliva —¿es mi idea o… te golpeo? —preguntó aguantándose la risa. Salí del trance y lo miré enojado. Sí, me había golpeado ¡Y qué! —¿por qué lo hizo? ¡Incluso a mí me dolió y eso que te golpeó a ti! —lo miré aún más enojado.
—No lo sé, no entiendo por qué se pone así. Cosas de chicas —rolé los ojos.
—Cosas de chicas —me imitó —sabes muy bien que tú eres el culpable de que esté así.
—No es cierto —Tom tenía la razón, supongo, pero no quería aceptarlo. Aunque yo bien sabía que yo mismo había sido el que le había dicho a Stella que ella era sólo mi vecina.
—Sabes que sí ¿Qué fue lo que Meer te dijo? —cerré la boca con fuerza, haciendo chirrear mis dientes.
—Que… que… no quería hablar, que yo no la conocía… que sólo habíamos “hablado”. ¡No era mi intención hacerla sentir mal cuando le dije eso a Stella! —me crucé de brazos y miré hacia otro lado.
—No lo sé, no entiendo por qué se pone así. Cosas de chicas —rolé los ojos.
—Cosas de chicas —me imitó —sabes muy bien que tú eres el culpable de que esté así.
—No es cierto —Tom tenía la razón, supongo, pero no quería aceptarlo. Aunque yo bien sabía que yo mismo había sido el que le había dicho a Stella que ella era sólo mi vecina.
—Sabes que sí ¿Qué fue lo que Meer te dijo? —cerré la boca con fuerza, haciendo chirrear mis dientes.
—Que… que… no quería hablar, que yo no la conocía… que sólo habíamos “hablado”. ¡No era mi intención hacerla sentir mal cuando le dije eso a Stella! —me crucé de brazos y miré hacia otro lado.
—¿Y tú que le dijiste? —suspiré, y sintiéndome un total idiota le contesté a la única persona en el mundo que podía entenderme.
—Que la había olvidado y no sentía nada por ella —Tom me miró con su cara de ¿es que acaso eres tonto?
—¿La quieres todavía? —lo miré, mucho más cabreado que antes. Es que… en realidad, no sabía que contestarle.
—¿Por qué lo preguntas?
—¿La quieres todavía? —lo miré, mucho más cabreado que antes. Es que… en realidad, no sabía que contestarle.
—¿Por qué lo preguntas?
—Por me acabas de decir que le mentiste. Y hoy en el coche actuaste como si Meer no te importara —lo miré interrogante —no le preguntaste como estaba, porqué había vuelto, ni siquiera le dijiste un “qué bueno verte” o algo por el estilo. Simplemente te limitaste a estar sentado, sin mirarla. Y cuando ella se enojó, después de que dijiste lo que tú ya sabes, lo único que hiciste fue defender a Stella. Sé que estabas nervioso, hermano… pero actuaste como si nunca se hubiesen tenido cariño —no supe que responder. Me quedé en silencio mirando mis pies, sintiéndome un idiota. Tom tenía razón… —¿y sabes que es lo peor? —lo miré —lo peor es que Meer piensa que ya no la quieres y ella sigue queriéndote —entrecerré los ojos ¿Y cómo es que Tom sabía todo eso? No era justo.
—¿Cómo sabes?
—Me lo dijo —resoplé —¿le mentiste o… realmente ya no la quieres? —pensé durante un par de segundos mi respuesta.
—No de la misma forma que antes. La olvidé… simplemente le tengo aprecio por haberme hecho feliz hace tiempo —Tom me miró casi con rabia, como acusándome de algo.
—Está bien, señor mentiroso, como digas —dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la casa de nuestra madre —¿dormimos aquí esta noche? —me preguntó, sin mirarme.
—Me parecer bien.
—¿Cómo sabes?
—Me lo dijo —resoplé —¿le mentiste o… realmente ya no la quieres? —pensé durante un par de segundos mi respuesta.
—No de la misma forma que antes. La olvidé… simplemente le tengo aprecio por haberme hecho feliz hace tiempo —Tom me miró casi con rabia, como acusándome de algo.
—Está bien, señor mentiroso, como digas —dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la casa de nuestra madre —¿dormimos aquí esta noche? —me preguntó, sin mirarme.
—Me parecer bien.

No hay comentarios:
Publicar un comentario