18 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 43



























CAPITULO 43


El día siguiente pedí mis vacaciones para cuidar a mamá. Serían alrededor de dos semanas contando desde el jueves. Por lo que aún me quedaban días de trabajo, pero tampoco era como para morirse. La única razón por la que no quería trabajar era porque tenía que cuidar a mamá. Por mientras tenía que ocuparme de encontrar a alguien que la cuidara.
Salí con Meer esa noche a cenar, como se lo había prometido. Todo fue de maravilla… las salidas con Mery siempre eran perfectas. Es que… ¿cómo podrían no serlo teniendo una acompañante tan perfecta? luego de la cena nos habíamos ido a dar un paseo a un parque… estuvimos allí hasta que dieron cerca de la una de la madrugada y luego nos fuimos a casa.
El resto de la semana salí con mi chica todos los días. A mí me encantaba tenerla conmigo el mayor tiempo posible… los paseos nocturnos eran de lo mejor. Aunque a veces ella se encontraba cansada y simplemente venía a mi casa para quedarnos en la habitación conversando y luego dormir juntos. Teníamos una cercanía increíble… era como si ella nunca se hubiese ido y hubiera estado conmigo todos estos años. Y yo… no había podido dejar de pensar en ella. Todo el día a todas horas. Tom se burlaba de mí y mi “pequeña” obsesión todo el tiempo. Incluso mamá a veces le seguía el juego y me hacían sentir como un tonto. Bah, el amor me volvía un tonto, oficialmente lo era, no lo voy a negar.
Comencé a llevar a Mery a la escuela en cuanto salí de vacaciones. Despertaba más temprano de lo necesario, incluso antes de mamá para ir a esperarla. Es que no podía dejar que ella fuera sola en su condición. Aunque ella lo disimulara casi a la perfección podía darme cuenta de que le costaba caminar y no quería que por ningún motivo se subiera así a un autobús. Después podía pasarle algo… como caerse al bajar o al subir. Yo simplemente la protegía, no quería que se lastimara.
Todo iba genial, perfecto… Mery se había hecho amigas y amigos, lo último no me gustó mucho, la verdad… pero si sus amigos la hacían feliz yo también tenía que ser feliz por ella y tragarme todo los celos. Tom y yo seguíamos cuidando a mamá. En cuanto mis vacaciones acabaran Tom pediría las suyas y así estaríamos hasta encontrar alguien adecuado para el cuidado de mi madre, la cual se recuperaba muy bien. La habíamos llevado a terapia y creo que iba mejorando… de a poco. Pero en comparación a como se encontraba luego del accidente, estaba mucho mejor. Y bueno… todo iba a bien hasta que me enteré de las calificaciones de Meer.
—¿Qué es esto? —pregunté al ver su examen reprobado sobre su escritorio. Su madre no estaba en casa por lo que podía estar allí libremente.
—Amm… ¿de qué hablas? —preguntó desde la cama. Tomé el papel y se lo enseñé, frunciendo el ceño. Ella abrió los ojos como platos y apartó la vista rápidamente.
—Eso es… un ¿examen? si es que no me equivoco. Y eso… —señaló la ventana —es una ventana y eso de allí es una silla y allí hay una alfombra ¿Recuerdas ahora el nombre de las cosas? —se echó a reír. Resoplé.
—Mery… ¿todas tus clasificaciones son como esta? —pregunté observando el examen. Ella no contestó por lo que quité la vista del reprobado y la miré. Tenía el rostro enterrado en una almohada —hermosa, ¿qué haces? – reí.
—Intento morir de asfixia —alcé una ceja ¿qué pretendía con todo esto?
—¿Por qué? —pregunté sin entender.
—Porque si no apruebo todos los otros exámenes no podré graduarme este año —soltó de golpe. La miré impresionado ¿tan mal estaban sus clasificaciones? lo que acababa de oír no me había gustado para nada. No quería que a mi novia le pasara eso, claro que no. Meer no era ninguna chica sin cerebro, podía estudiar y aprenderse todo a la perfección… pero era tan holgazana. Admito que también era, en parte, mi culpa… por sacarla a pasear tan seguido y quitarle tanto tiempo.
—¿Lo dices enserio? —pregunté, sin poder creérmelo aún. Ella se quitó la almohada del rostro y asintió, con las mejillas rojas al extremo. Me entraron ganas de sonreírle como un bobo, me encantaban sus cambios repentinos de color… pero no lo hice. Este era un tema serio —¿cómo es posible, Mery? —hablé con la voz más autoritaria que encontré. Ella se encogió de hombros. Evité sus ojos… si la miraba luego ella iba a hacer que olvidara todo esto, no podría regañarla y repetiría el curso, cosa que yo no quería que sucediera.
—No… no lo sé. Los profesores me odian —se quejó. Oh, vamos… yo había ido con esa excusa a mamá cientos de veces.
—Si inventas cuentos, mejor inventar algo mejor, ¿no crees? —me acerqué a ella con el examen en la mano. Me senté a su lado en la cama… ella me miraba avergonzada. Suspiré. Esto era algo que yo no sabía de Meer…y… no me gustaba, para nada —¿estudias para los exámenes? —le pregunté. Ella tardó en contestar.
—Un poco… es que… no lo sé —clavó sus ojos en el examen.
—¿Estudiaste para este examen?
—No… Bill, yo… —se quedó callada al instante, sin saber que decir.
—Tú necesitas estudiar. Tienes que terminar la escuela este año… No es gracioso hacer el mismo curso dos veces ¿o para ti todo esto es un juego? Porque yo, realmente, no quiero eso para ti —arrugó la nariz, molesta —hey, no te enojes. No lo digo con mala intención. Si no me importaras te dejaría tal cual estás —tomé su rostro con una de mis manos y me acerqué a ella para juntar nuestros labios despacio. Me separé de ella y la miré a la cara. Ella también me miró, seguía molesta —pero como me importas… te vigilaré para que estudies y te ayudaré en las materias que no entiendes. Me lo agradecerás.
—Bill… —se quejó, apartando mi mano.
—Nada de Bill, señorita. No quiero verte volver a esa escuela el otro año —la observé. Ella se dejó caer de espaldas en la cama… se notaba molesta. Seguro nadie la había fastidiado con el tema de las calificaciones. Le tomé la mano y tiré de ella —Mery, levántate… esto no es un juego… —solté el examen y tomé su otra mano también. Logré levantarla, hasta quedar frente a frente —¿estás dispuesta a aceptar mi ayuda? —le pregunté. Ella suspiró, molesta para luego asentir —me alegra que estés de acuerdo. Sólo son tres meses… tampoco morirás por estudiar —me acerqué a ella para besarla en los labios.
—Te daré algo si cooperas en esto —le dije al separar nuestros labios. Aún la tenía lo suficientemente pegada a mí como para sentir su respiración sobre mis labios.
—¿Qué me darás? —preguntó.
—No lo sé… —dije aún con los ojos cerrados —pero te gustará —ella asintió y se acercó para volver a besarme —te amo, princesa…—últimamente me había dado por llamarla así. Pero es que era mi princesa, mi chica, mi vida…
—También te amo, Bill… aunque seas un maniático del estudio —dijo aún pegada a mis labios, mientras reía.
—No soy un maniático del estudio —me separé de ella para poder abrazarla. Aspiré su aroma… me volvía loco —sólo… sólo quiero lo mejor para ti.

El tiempo pasaba… Meer iba aprobando examen tras examen y eso me ponía de buen humor. Incluso había averiguado a cerca de la sorpresa que le daría. Quizás unas vacaciones en alguna playa o yo que sé. Lo que si sabía era que si se trataba de vacaciones ella tendría que inventarse una buena excusa para dejar su casa alrededor de una semana. Pero Mery era lista y podría hacerlo.
Los siguientes tres meses fueron bastante agotadores para mí. Tom y yo nos turnábamos para cuidar a mi madre. Él había encontrado otro trabajo con un horario que nos beneficiaba, así que la cuidaba durante la mañana y parte de la tarde y yo la cuidaba durante la tarde y la noche. También aprovechaba esos momentos para estudiar con Meer o pasar el tiempo. A veces, sólo algunas veces salíamos por las noches.
Y es que yo no quería que ella bajara más aún sus calificaciones por eso de salir. Me sentiría culpable si no se graduaba. Lo bueno era que su pie ya estaba completamente sano y se le hacía más fácil pasar a mi habitación. Mi novia realmente parecía un mono o algo así. Y lo mejor, era que dentro de poco sería su cumpleaños.
Ambos nos perdimos su fiesta de graduación… ella no había querido asistir y no le dio mucha importancia al tema, simplemente me dijo las razones: primero, había pasado casi todo el año al lado de esa gente y ya estaba cansada de ver las misma caras todos los días. Segundo, no podría ir conmigo porque no se quería arriesgar a que alguien nos viera y tercero a ella no le agradaba mucho la idea de llevar un vestido y tacones… por lo que yo la llevé a otro sitio donde nadie nos conocía. Esa fue nuestra manera de celebrar… yo aún no veía eso de las vacaciones, pero planeaba salir después de su cumpleaños, sería lo mejor. Ya que para salir del país sin problema tenía que ser mayor de edad, y si no lo era necesitaba la autorización de su madre… algo casi imposible de obtener.



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