07 febrero, 2013

1000 Meere /Capítulo 35







CAPITULO 35

—¡Hola! —saludó Emma a Bill. Sacándome de mis pensamientos territoriales. 
—Hola —la saludó Bill. Luego dirigió su mirada hacia mi pierna enyesada y llena de dibujos, y pude ver una media sonrisa aparecer en sus labios mientras se acercaba. Se veía tan perfecto, tan hermoso, tan… mío. MIO. El corazón se me apuró y lo miré hacia arriba —hola, Mery — Mery. Dios, que me derretía. Se comenzó a acercar a mí, para besarme. Pude ver con anticipación que iba directo a mis labios, por lo que giré la cabeza. Vale, que estaba bien que Bill me amara a mí y no a Emma, pero yo no era tan malvada como para besarlo frente a ella. Ya luego le dejaría claro que Bill era solo mío. 
—Hola —le dije con una sonrisa. Él me la devolvió y se sentó en la cama, al lado contrario de Emma.
—Qué bueno que estés mejor —posó una mano sobre mi pierna enyesada y soltó una risita. Yo lo miré completamente embobada, y estaba segura de que Emma lo miraba de igual manera. Le sonreí y me perdí en sus ojos… No entendía cómo podía ser tan hermoso. Y me parecía aún más hermoso sabiendo que a Emma le gustaba, aunque sonaba casi imposible. Me encantó mirarlo sin odio, sin rencor… Me sentía casi, pero casi, llena. 
Emma carraspeó al sentirse excluida, haciendo que ambos dirigiéramos la vista hacia ella.
—Y dime, Bill ¿Cómo estás? —dijo con una sonrisa, intentando parecer amable. 
—Bien —volvió a darse vuelta hacia mí —¿y tú como estás, Mery? —yo lo miré sonriendo mientras como el color me subía a las mejillas rápidamente.
—Excelente  —y mucho mejor ahora que estás aquí.
—Así que… han estado haciendo arte —miró mi pierna rallada casi por completo. Yo asentí con la cabeza feliz.
—¿Quieres dejarle una marca tú? —preguntó Emma con una sonrisa. Bill asintió con la cabeza y cogió el marcador que este le tendía. 
—¿Qué quieres que te dibuje? —me preguntó. Yo me encogí de hombros —ya veré yo lo que te hago… —me dio risa, pues había pensado el otro sentido de la frase… comenzó a dibujar en mi pierna, no pude ver el dibujo, pues él lo cubría con su cabello. —Te eché de menos… —me dijo. Lo miré sonriendo.
—¿De verdad?
—Si… —Emma estaba al margen de la conversación —te vine a ver todos los días.
—Lo sé. 
—¿Quién te lo dijo? —me encogí de hombros, aunque él no me veía. 
—Nadie. Simplemente lo sé —dije al recordar sus palabras. Él rio y luego se separó de mi pierna, volviendo a erguirse. Me sonrió y me cubrió con la manta.
—Lee luego, te escribí algo —me guiñó un ojo. Yo asentí con la cabeza. Me sentía tan bien al estar así, en paz, con MI Bill.
—¿No puede ser ahora?
—No, es un secreto —bufé, divertida. Entonces Emma carraspeó de nuevo.
—Eem… Bill ¿podemos hablar un poco afuera? Luego volvemos —se levantó de la cama. Bill me dirigió una mirada fugaz y luego asintió.
—Claro —me sonrió a mí en vez de a Emma y luego se levantó para seguirla fuera de la habitación. 
Mi sangre comenzó a hervir y la rabia comenzó a recorrer mi cuerpo rápidamente. Era MI Bill no el Bill de Emma. No me lo iba a quitar. Aun siendo mi mejor amiga, no se lo permitiría.
Resoplé enojada mientras esperaba a que terminaran de hablar. Se tardaron lo suyo… por mientras, me entretuve mirando hacia la ventana, y como el paisaje de noche me pareció tan aburrido, me destapé la pierna y busqué con la mirada la escritura de Bill. A penas pude leer, pues estaba escrito al otro lado.
Te amo
Recuérdalo siempre,
Bill. 

Una enorme sonrisa se dibujó en mi rostro. Él si había encontrado el papel debajo de sus libros…
Pero ni siquiera eso hizo que me pusiese del todo contenta. Pues Bill, que me amaba, estaba afuera con mi mejor amiga hablando. Y eso no estaba bien, no para mí, no según mi punto de vista. Y yo que siempre había creído que Emma era de otra clase de chica, diferente, vamos… o era que a lo mejor las rubias eran tontas, y como ella se había teñido de rubio... vale, no. Eso es estúpido ¡Pero es que no encontraba ninguna excusa para tranquilizarme! ¿Y si se estaban besando? ¿Y si Bill había cambiado de opinión y ahora quería a Emma en vez de a mí? Me estremecí al pensarlo 
Pero Emma se iba a ir… se tenía que ir ¿No? pues ella vivía del otro lado del mundo y también, se tendría que ir hoy a su hotel… o donde fuese que se quedara. Le pediría a Bill que no se fuera para que habláramos. Sí, eso es lo que iba a hacer. En cuanto los dos volvieran, claro. 
A lo mejor se estaban besuqueando. Me sentí mal al pensar de esa forma sobre ellos… pero ni siquiera me podía mover hasta allí, para averiguar por mí misma el motivo por el que tardaban tanto. Estúpida pierna.
Maldije a todo lo sagrado, por no haber aceptado a Bill en el ascensor. Lo más probable sería que no estuviese en este hospital con la pierna envuelta en algo similar a cemento. Tampoco Emma habría conocido a Bill así, sino que lo habría conocido como mi novio, y no le gustaría… y yo estaría tranquila y no con los celos y las dudas que me inundaban. 
Pero él me amaba… lo había escrito en mi pierna hacía unos minutos. Y yo también lo amaba, por lo que él era mío. MIO.
Dios, que infantil… Me quejé en mi interior. 
En ese momento la puerta se abrió y Bill dejó que Emma entrara primero. Ambos estaban sonriendo. Me pregunté por qué… pero tampoco se los preguntaría, no me quería meter en eso. Me cubrí rápidamente el yeso, para que Emma no leyera lo que Bill me había escrito y luego ellos retomaron sus posiciones de antes, sentados en mi cama.
—Se tardaron mucho —me quejé. Bill se rio de mí y me cogió una mano. 
—Sí, es que… —vi como Emma le pegaba disimuladamente con el codo y Bill se callaba al instante y la miraba.
—Sí, eso —dijo ella. Yo entrecerré los ojos y los estudié a ambos buscando una respuesta.
—Están extraños… —dije alzando una ceja.
—No seas tontita, Mery —me dijo Bill cariñosamente.
—Tú eres la extraña —rio Emma. Luego le dirigió una mirada a Bill —Uhmm… que tarde es —volvió la vista a su reloj de muñeca —me tengo que ir. Adiós, chicos —se levantó de la cama y nos depositó un beso en la mejilla a cada uno —mañana volveré por aquí —se acomodó el bolso y salió de la habitación.
Su actitud me pareció muy sospechosa. Pero no le di importancia.
Ahora ella se había ido y yo estaba sola con Bill. MI Bill. 
Lo miré con una sonrisa y él me la devolvió. 
—Así que… me amas —me atreví a decir. El me miró con una sonrisa en el rostro.
—¿Ya lo leíste? —asentí con la cabeza —¿no estás enojada? 
—No ¿Por qué debería estarlo? —Bill se encogió de hombros.
—Siempre lo estás…
—No es cierto —me quejé. Él dio un pequeño saltito y se acercó a mí. Posó una mano en mi mejilla y se fue a acercar para besarme. Pero como antes lo había hecho, corrí la cara hacia un lado y el besó mi mejilla. 
—¿Por qué hiciste eso? —me miró, frunciendo el ceño en broma. 
—No me sentiría bien si… es que Emma… —dudé un poco en decirlo.
—Sí, lo sé. Ella… —cortó la frase y luego siguió con otra cosa —¿necesitas algo? —lo estudié con la mirada ¿me estaba ocultando algo? Eso no podía ser posible. Negué con la cabeza.
—Necesito que te quedes esta noche conmigo —lo miré, haciendo ojitos —necesitamos hablar y ponernos al día en cuanto a algunos temas…
—Meer, no se puede —rio —el horario de visitas termina dentro de poco…
—¡Pero no quiero que te vayas! —me quejé —si quieres amenazo a alguna enfermera… sólo si quieres quedarte, claro —le sonreí. Él bajó su mano hasta mi cuello y movió suavemente sus dedos. 
—Veremos qué es lo que puedo hacer —asentí, mientras hacía un puchero.
—¿Sabes?, hacía tiempo que no te veía actuar… así —parpadeé varias veces sin entender.
—¿Así cómo?
—Así tan… no lo sé. Tan tú —sonrió —me encantas —se volvió a acercar a mí y yo eché mi cabeza hacia atrás, sonriéndole traviesa —¡Hey!, no me dejes así, no es justo —se quejó. Yo reí una vez más, mientras él se acercaba nuevamente, y posé dos de mis dedos en sus labios. 
—Tú también me encantas pero no quiero besarte. Bueno, sí… pero no —sentí como el color subía a mis mejillas al darme cuenta de lo que había dicho. 
—Te sonrojas como antes— comentó Bill con una sonrisa. 
—Y me veo como una estúpida —agregué. 
—No, te ves linda… —le sonreí de medio lado y el hizo el ademán de levantarse.
—¿A dónde vas? —lo detuve.
—¿Me dejarías un lugar en la cama? —me preguntó. Yo asentí con la cabeza rápidamente y dejé que se levantara. Luego me moví costosamente hacia un costado. Bill se sentó en el borde de la cama y se quitó las zapatillas. Seguidamente se recostó a mi lado, con la cabeza apoyada en la pared. Suspiré.
—Quiero besarte —me dijo. Solté una risita nerviosa. Se estaba comportando como un niño pequeño. Era cómico.
—Y yo a ti —dije algo cortada.
—¿Me amas?
—Sí —Y sí que lo amaba… incluso más que a mi vida. Él era mi vida y yo sin él no era nadie. O al menos esa era la conclusión a la que había llegado. Entonces me rodeó con uno de sus brazos y me atrajo hacia su cuerpo. Yo pasé uno de mis brazos por encima de su pecho para abrazarlo. Hacía mucho tiempo que no habíamos dormido juntos. Me estremecí al recordar eso. 
—Y… ¿sobre qué quieres ponerte al día? —me preguntó. Yo me encogí de hombros.
—No lo sé. Pero primero quiero hacerte una pregunta. 
—La que quieras —casi pude verlo sonreír, puesto a que no lo estaba mirando, pero me lo imaginaba.
—Respóndeme con la verdad.
—Claro.
—Promételo.
—Lo prometo —suspiró.
—Bien, no le daré vueltas ¿qué pasa con Emma? —pude sentir como su cuerpo se volvía rígido al instante.
—¿Con Emma? Nada… —puse los ojos en blanco y me preparé para insistir nuevamente.
—¿Qué hablaste con ella allí afuera? 
—Nada… Nada importante —dijo rápidamente.
—Pero tardaron demasiado como para que no fuese importante… —insistí nuevamente.
—Ay, Meer. Si tú sabes que nos podemos demorar un poquito en hablar… y fue poco tiempo —resoplé —no me digas que estás celosa... —soltó una risita. Yo no contesté nada. Él me estaba mintiendo y yo lo sabía… Y lo peor era que se hacía el tonto, evitando mis preguntas. Quizás que secreto tenían esos dos guardado —Mery, no te enojes. Es que… es algo privado, ya sabes… —se excusó.
—Pero es mi mejor amiga, puedes decírmelo, ella no se enojará —intenté que mi voz sonara sin rabia.
—A lo mejor ella no quiere que tú lo sepas… —dejé escapar aire fuertemente por entre mis labio. 
—Tú tampoco quieres que yo lo sepa —dije enojada.
—¡Pero es que no te lo puedo decir!
—¡Argh! Te odio. Vete de aquí. —me levanté, hasta quedar sentada en la cama y di vuelta mi cuerpo hacia atrás para mirarlo. Él me miraba con los ojos muy abiertos, como si estuviese impresionado. Pero es que realmente, yo quería saber que era lo que ellos dos habían hablado… —¿Qué esperas? Vete —le espeté. 
—Tranquila… 
—Vete… Que Emma te debe de estar esperando abajo —lo empujé hacia un lado. Él se irguió hasta quedar sentado, en la misma posición que yo.
—Meer, por favor… Deja de comportarte así. Hace unos minutos estábamos bien…
—¡No, Bill! —me crucé de brazos.
—Mira, no sé qué es lo que tú piensas, pero… —giré la cabeza hacia un lado —Hey, mírame —me cogió la cara suavemente con una mano y me giró suavemente hacia él. —no sé qué es lo que tú crees que ocurre. Pero Emma es sólo una conocida, no tienes por qué estar celosa —hice un moñito con los labios.
—No estoy celosa. 
—¿Entonces? —me miró directamente a los ojos, reteniéndome allí.
—Es que Emma… ella… —Me quedé callada de golpe ¿y si Bill no sabía que Emma estaba enamorada de él? no le podía decir eso… no yo.
—¿Qué tiene Emma?
—Emm... nada —sacudí la cabeza —no tiene importancia. Dejemos esta conversación —Bill me volvió a sonreír. Acercó su rostro al mío y yo por cuarta vez, creo, giré la cara para que me besara en la mejilla.
—Si sigues haciéndome eso me enojaré contigo —dijo en broma, una vez hubo separado sus labios de mi mejilla. Yo simplemente reí, muriéndome de ganas por volver a besarlo en los labios. Pero no podía… no mientras estuviese Emma en Alemania, pues me sentiría como una traicionera. Es ilógico, lo sé. Pero yo no quería dañar a mi amiga. Ya que si ella me veía un día de estos abrazada de una manera muy cariñosa a Bill, o besándolo o algo parecido, se sentiría mal. Y no quería hacer sentir mal a la única amiga que me quedaba. O mejor dicho, a la única que tenía. 
Bostecé. 
—Bill, tengo sueño —dije mientras sentía como mis ojos se llenaban de lágrimas debido al bostezo.
—Pero si estuviste durmiendo un mes… —me encogí de hombros y sonreí. 
—Vamos a seguir hablando mañana —dije mientras dejaban caer mi cuerpo hacia atrás, Bill se apresuró en acomodarse a mi lado, hasta que quedamos en la misma posición de antes. Suspiré y cerré los ojos —¿tienes sueño? —le pregunté.
—No. 
—Bill… 
—¿Si? 
—¿Qué hiciste mientras yo no estaba? —le pregunté. 
—¿Cuándo? 
—Cuando estuve en América, ya sabes… —bostecé de nuevo.
—Pues… nada interesante. Te extrañé mucho —me abrazó más fuerte. Una leve sonrisa se dibujó en mis labios —mo quiero que te vayas de nuevo.
—No me iré, no te preocupes —lo abracé igualmente más fuerte.
—Oye… según lo que hablamos antes y, bueno, todo eso… yo te quería hacer una pregunta —esperé a que siguiera hablando. Entonces el me cogió el cara nuevamente y lo movió un poco hacia arriba para que lo quedara mirando. Tenía una sonrisa en el rostro… Y es que Dios, él era perfecto —sonará un poco tonto pero… aun así —suspiró y yo reí. Él me sonrió —¿quieres… volver a ser mi novia?
La sonrisa desapareció de mi rostro al instante. Bill me acababa de meter en un problema. Quería decirle que sí, pues yo lo amaba con mi vida y eso era lo que valía, ¿no? Pero si mi respuesta era un si, perdería a mi única amiga y eso me haría sentirme mal… La parte egoísta de mí, me decía que aceptara, que viera por mi bien… sólo por el mío. Ya que nadie nunca había pensado en mí, si me dañan o no, y yo no necesitaba pensar en nadie… Sólo ser feliz y ya. Mientras, que la otra parte, me decía que lo rechazara sutilmente, al menos hasta que supiera los verdaderos deseos de mi amiga. Aunque así, la que saldría perjudicada sería yo.
Me enojé conmigo misma al darme cuenta de que me había vuelto una persona buena, en parte… En que ya no veía sólo por mí, si no que comenzaba a ver por las personas que quería. Y yo quería a Emma. Pero… ¿ella igual se preocuparía de mí? ¿y si yo le decía a Bill que no y luego ella se lo tiraba? claro, ella no sabía que a mí me gustaba, y mucho, pero de igual forma estaría mal. 
La sonrisa de Bill igual desapareció de su rostro y me miró serio esperando una respuesta. 
No sabía que decir. El corazón se me había apurado demasiado y no me había dado cuenta de que había dejado de respirar y me sentía ahogada. 
Entrecerré los ojos para intentar pensar lo más claro posible.
Y no logré hacerlo… él estaba esperando una respuesta, y con tan sólo pensar en que él la esperaba, hacía que me “auto-presionara”. Y esa presión que yo misma hacía sobre mí, me desesperaba y no me dejaba pensar.
Dios, estaba de los nervios.
Abrí la boca y fui a decir algo… pero nada salió de ella.
Me moría por estar con él.
Me moría por abrazarlo.
Me moría por besarlo.
Me moría por decirle que lo amaba.
Me moría por saber que él era sólo mío.
Pero no podía. Tenía miedo…
¿Y si me hacía sufrir? ¿Y si nos separábamos de nuevo? ¿Y si volvíamos a pasar por lo mismo? ¿Y si en realidad él no me quería? Eso era poco probable… ¿Y si él tenía algo con Emma y yo no lo sabía? ¿Y si Emma dejaba de hablarme sólo por eso? ¿Y si a ella realmente le gustaba MI Bill?
No quería ni imaginarlo… Entré en pánico y apenas me salió la voz.
—B… Bill… mira yo… creo que… es que…. T.Tengo miedo… y… y... pienso que, sería mejor si… emm… somos sólo… amigos —lo miré analizando su expresión.
Estaba aterrada ¿Y si se enojaba conmigo?
—¿Sólo amigos? —habló sin que yo me lo esperara.
—Si… —asentí —por favor discúlpame… 
—No hay problema… yo… debí haber esperado un poco más… quizás —volví a bajar la cabeza y lo apreté contra mí. 
—Lo siento, de verdad… —sentí un pinchazo en el pecho y los ojos me comenzaron a arder.
—No te preocupes… como amigos está bien, como tú quieras —su voz no tenía nada más que no fuese una decepción. Me sentí muy mal por eso. 
Cerré los ojos intentando controlar las lágrimas, para que no cayeran. Y luego, sentí la mano de Bill acariciando suavemente mi cabello.
—Lo siento… —volví a repetir. 
—Mery… —me llamó.
—¿Qué? 
—¿Por qué? —preguntó suavemente. A penas había podido oírlo.
—Porque no puedo… discúlpame —me mordí los labios.
—¿Ya no me quieres…?
—Si te quiero. Incluso más que eso, pero es que… —me quedé callada, sin saber que decir y apreté los ojos con fuerza.
—Y si me quieres… ¿Qué es lo que te preocupa? —me encogí de hombros…
—No lo sé —suspiré —creo que ahora soy buena… —Bill rio tristemente y acomodó un mechón de mi pelo detrás de mí oreja. Al parecer no entendió mi comentario, ya que luego agregó:
—No importa, como amigos está bien —enseguida me dio un pequeño beso en la cabeza y nos quedamos en silencio.
No pude evitar, después de unos segundos, derramar algunas lágrimas.

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