CAPITULO
16
Cerré la puerta y miré hacia ambos
lados en la calle. Comencé a caminar despacio, con las manos en los bolsillos…
pensando ¿de verdad estaba enamorado de Meer?, lo había dicho
inconscientemente, sin pensarlo. A lo mejor mi cabeza ya lo sabía. Sabía que yo
estaba enamorado de ella, y lo sabía antes que yo. Esto era estúpido. Estaba
comenzando a pensar incoherencias. A demás… ¿Cómo podía estar enamorado de
Meer? Yo la quería mucho, está claro. Pero enamorarse es algo serio. Y las
personas no se enamoran de un día para otro. ¿O sí? Pues, no… creo que no. Ok,
no lo sé. Pero decir que yo estaba enamorado de Meer era… fuerte.
Alcé la mirada, y como si fuese magia, vi a Meer frente a mí. Sonreí bobamente al verla caminar con un montón de bolsas, dando pasos cortitos. Ella no se dio cuenta de que yo estaba allí y dejó las bolsas en el suelo. Pobre… mejor la ayudaba ahora, si no quería que mi cita de esta noche llegara hecha pedacitos a su casa. Me acerqué para coger sus bolsas.
—¡Suelta eso! —chilló, volteándose a mirarme, con las manos apretadas en puño y a punto de golpearme. Ella se quedó tiesa. Tenía la boca entreabierta, y me miraba como si yo fuera un fantasma. Sonreí, se veía linda incluso cuando me miraba de esa manera.
—Hola —decidí saludarla para romper el hielo. Bajó el puño con cuidado, pestañeó un par de veces y luego soltó una risita.
—Hola —clavó los ojos en sus bolsas… que a decir verdad, pesaban bastante.
—Yo las llevo hasta tu casa —volví a sonreírle, mirándola embobado.
—No te preocupes, yo puedo —intentó quitarme algunas bolsas. Que tonta era, Meer no tenía fuerzas. Era una chica pequeña, delgada y delicada. Obviamente estando yo ella no tendría que llevar las bolsas.
—Meer, no te las puedes —reí burlón. Comenzó a caminar, para dejarla en su casa. Antes de que entrara le diría mis planes para esta noche. Mis planes SANOS para esta noche. Me di cuenta de que Meer no venía a mi lado, miré hacia atrás, allí estaba de pie, en la misma posición, mirando hacia la nada —Meer —la llamé. Ella pareció salir de sus pensamientos y se apresuró en alcanzarme, la noté un poco sofocada y nerviosa. Yo estaba igual.
—¿No me das una para ayudarte a llevarlas? vamos, dame esta, que así me siento mejor —la miré, ella estaba sonriendo dulcemente mientras tomaba una de las bolsas, sin mirarme. No pude evitar sonreír. Le di la bolsa, ella la acomodó entre sus manos y luego me miró —¿qué? —¿cómo qué? si la miraba así era porque era demasiado bonita como para quitarle los ojos de encima.
—¿Qué harás por la noche? —pasé la lengua por los labios. No lo voy a negar, me puse algo tenso, esperaba una respuesta positiva.
—Nada —se encogió de hombros —dormir, como la gente normal ¿no? —alcé una ceja. No conocía esta faceta irónica de Meer.
—Ja,ja. Estás graciosa hoy —le seguí el luego. Ella me miró… me perdí en sus ojos medio segundo. Luego pude volver a pensar con claridad —a lo que iba ¿no quieres salir… conmigo?
—¡Claro! —contestó sin pensarlo. Ese hecho me hizo sentir bien.
—Te avisaré por la ventana —me mordí el labio, conteniendo toda la emoción que me llenaba el cuerpo en ese momento.
—Vale —y ya no supe que más decirle. Eso era a lo que había querido llegar. Meer miraba hacia el frente y yo aproveché para observarla, hasta que llegamos a la puerta de su casa. Dejé las bolsas en el suelo con cuidado y me apresure en tomarle la mano que iba directo hacia el timbre de su casa. Primero tenía que despedirme. Miré hacia los lados asegurándome de que nadie nos estuviera espiando, ya que se vería mal lo que tenía planeado hacer. La miré, parecía un verdadero ángel… y luego me acerqué hacia su oído. Por poco me olvido lo que iba a decir al aspirar su aroma. Olía a dulces.
—Te veo en la noche… te quiero. —susurré. Reí nervioso y me separé de ella, para luego chocar sus labios con los míos fugazmente.
—Yo también —contestó, luego se mordió los labios, sin dejar de mirarme. Meer era un amor. Un poco atontado, acaricié su mejilla torpemente con mi mano y luego me separé de ella para ir a mi casa. Ya estaba todo arreglado. Hoy en la noche saldríamos. Esto iba cada vez mejor. Cerré la puerta, sintiéndome todo un ganador. Esto era estúpido, pues ni siquiera al acostarme con Helena me sentía tan genial como ahora. Era completamente ilógico, pero también era lindo.
Dios, a veces puedo llegar a ser tan cursi e idiota.
Me metí a la habitación de mamá, ella estaba sobre la cama leyendo una de esas novelas que tanto le gustaban, la TV estaba encendida. Me acomodé a su lado y me acosté de tal manera que podía mirarla fácilmente.
Alcé la mirada, y como si fuese magia, vi a Meer frente a mí. Sonreí bobamente al verla caminar con un montón de bolsas, dando pasos cortitos. Ella no se dio cuenta de que yo estaba allí y dejó las bolsas en el suelo. Pobre… mejor la ayudaba ahora, si no quería que mi cita de esta noche llegara hecha pedacitos a su casa. Me acerqué para coger sus bolsas.
—¡Suelta eso! —chilló, volteándose a mirarme, con las manos apretadas en puño y a punto de golpearme. Ella se quedó tiesa. Tenía la boca entreabierta, y me miraba como si yo fuera un fantasma. Sonreí, se veía linda incluso cuando me miraba de esa manera.
—Hola —decidí saludarla para romper el hielo. Bajó el puño con cuidado, pestañeó un par de veces y luego soltó una risita.
—Hola —clavó los ojos en sus bolsas… que a decir verdad, pesaban bastante.
—Yo las llevo hasta tu casa —volví a sonreírle, mirándola embobado.
—No te preocupes, yo puedo —intentó quitarme algunas bolsas. Que tonta era, Meer no tenía fuerzas. Era una chica pequeña, delgada y delicada. Obviamente estando yo ella no tendría que llevar las bolsas.
—Meer, no te las puedes —reí burlón. Comenzó a caminar, para dejarla en su casa. Antes de que entrara le diría mis planes para esta noche. Mis planes SANOS para esta noche. Me di cuenta de que Meer no venía a mi lado, miré hacia atrás, allí estaba de pie, en la misma posición, mirando hacia la nada —Meer —la llamé. Ella pareció salir de sus pensamientos y se apresuró en alcanzarme, la noté un poco sofocada y nerviosa. Yo estaba igual.
—¿No me das una para ayudarte a llevarlas? vamos, dame esta, que así me siento mejor —la miré, ella estaba sonriendo dulcemente mientras tomaba una de las bolsas, sin mirarme. No pude evitar sonreír. Le di la bolsa, ella la acomodó entre sus manos y luego me miró —¿qué? —¿cómo qué? si la miraba así era porque era demasiado bonita como para quitarle los ojos de encima.
—¿Qué harás por la noche? —pasé la lengua por los labios. No lo voy a negar, me puse algo tenso, esperaba una respuesta positiva.
—Nada —se encogió de hombros —dormir, como la gente normal ¿no? —alcé una ceja. No conocía esta faceta irónica de Meer.
—Ja,ja. Estás graciosa hoy —le seguí el luego. Ella me miró… me perdí en sus ojos medio segundo. Luego pude volver a pensar con claridad —a lo que iba ¿no quieres salir… conmigo?
—¡Claro! —contestó sin pensarlo. Ese hecho me hizo sentir bien.
—Te avisaré por la ventana —me mordí el labio, conteniendo toda la emoción que me llenaba el cuerpo en ese momento.
—Vale —y ya no supe que más decirle. Eso era a lo que había querido llegar. Meer miraba hacia el frente y yo aproveché para observarla, hasta que llegamos a la puerta de su casa. Dejé las bolsas en el suelo con cuidado y me apresure en tomarle la mano que iba directo hacia el timbre de su casa. Primero tenía que despedirme. Miré hacia los lados asegurándome de que nadie nos estuviera espiando, ya que se vería mal lo que tenía planeado hacer. La miré, parecía un verdadero ángel… y luego me acerqué hacia su oído. Por poco me olvido lo que iba a decir al aspirar su aroma. Olía a dulces.
—Te veo en la noche… te quiero. —susurré. Reí nervioso y me separé de ella, para luego chocar sus labios con los míos fugazmente.
—Yo también —contestó, luego se mordió los labios, sin dejar de mirarme. Meer era un amor. Un poco atontado, acaricié su mejilla torpemente con mi mano y luego me separé de ella para ir a mi casa. Ya estaba todo arreglado. Hoy en la noche saldríamos. Esto iba cada vez mejor. Cerré la puerta, sintiéndome todo un ganador. Esto era estúpido, pues ni siquiera al acostarme con Helena me sentía tan genial como ahora. Era completamente ilógico, pero también era lindo.
Dios, a veces puedo llegar a ser tan cursi e idiota.
Me metí a la habitación de mamá, ella estaba sobre la cama leyendo una de esas novelas que tanto le gustaban, la TV estaba encendida. Me acomodé a su lado y me acosté de tal manera que podía mirarla fácilmente.
—¿Qué pasa, Bill? —me preguntó apartando
el libro.
—Nada —suspiré —sólo te venía a hacer compañía.
—Nada —suspiré —sólo te venía a hacer compañía.
Ella me sonrió y retomó la
lectura. Dios… si ella supiera que iba a salir con Meer me mataría antes de
dejarme llevar a la pequeñita a algún lugar.
Pestañeé repetidas veces y luego bostecé. Aún no eran horas de salir con Meer… aún había un poco de sol, y las estrellas aún no aparecía. Esperaría hasta que se hiciera de noche. Después la buscaría para salir.
Sin darme cuenta me dormí al lado de mi madre. No recuerdo lo que soñé, pero me sentí extraño al despertar.
Mamá estaba durmiendo. De pronto, recordé que tenía que salir con Meer. Pegue un salto y me apresuré en levantarme de allí y correr hacia mi habitación. Miré la hora en el móvil. Uff, sólo me había dormido cuarenta y cinco minutos. Me asomé a la ventana. Ya era hora. Lancé la primera cosa pequeña que encontré sobre el escritorio y le di a su ventana. Meer apareció sonriendo de medio.
—Hola ¿lista? —ella asintió al mismo tiempo que contestaba.
—Si —la observé hacer impulso en la ventana ¿acaso planeaba saltar o algo así? Me preocupé, ¡podía caerse!
—Hey, ¿qué haces? —pregunté asustado. Se me paralizó por un momento, pero luego siguió con los suyo.
—Voy a tu casa.
—¿Qué, que? —¿estaba loca? ¡Iba a saltar hacia mi ventana!
Pestañeé repetidas veces y luego bostecé. Aún no eran horas de salir con Meer… aún había un poco de sol, y las estrellas aún no aparecía. Esperaría hasta que se hiciera de noche. Después la buscaría para salir.
Sin darme cuenta me dormí al lado de mi madre. No recuerdo lo que soñé, pero me sentí extraño al despertar.
Mamá estaba durmiendo. De pronto, recordé que tenía que salir con Meer. Pegue un salto y me apresuré en levantarme de allí y correr hacia mi habitación. Miré la hora en el móvil. Uff, sólo me había dormido cuarenta y cinco minutos. Me asomé a la ventana. Ya era hora. Lancé la primera cosa pequeña que encontré sobre el escritorio y le di a su ventana. Meer apareció sonriendo de medio.
—Hola ¿lista? —ella asintió al mismo tiempo que contestaba.
—Si —la observé hacer impulso en la ventana ¿acaso planeaba saltar o algo así? Me preocupé, ¡podía caerse!
—Hey, ¿qué haces? —pregunté asustado. Se me paralizó por un momento, pero luego siguió con los suyo.
—Voy a tu casa.
—¿Qué, que? —¿estaba loca? ¡Iba a saltar hacia mi ventana!
—E... so. Que no puedo salir por
la puerta, está el novio de mi madre y sería incómodo —dios, ya estaba sentada
con los pies hacia fuera. Y yo tenía los nervios de punta.
—No te estarás escapan —ella me cortó.
—¡No! cómo crees —rio. Luego estiró los brazos hacia mí —¿me ayudas? —tomé sus manos con firmeza.
—Claro —hice fuerza para traerla conmigo… y, realmente no sé cómo lo hizo pero logró pasar desde su ventana hacia la mía. Lo malo fue que no tuvo un buen aterrizaje. Me preocupé tanto de que no se cayera entre el hueco que había entre las dos casas que no me di cuenta de que venía directo a tragarse el piso.
—No te estarás escapan —ella me cortó.
—¡No! cómo crees —rio. Luego estiró los brazos hacia mí —¿me ayudas? —tomé sus manos con firmeza.
—Claro —hice fuerza para traerla conmigo… y, realmente no sé cómo lo hizo pero logró pasar desde su ventana hacia la mía. Lo malo fue que no tuvo un buen aterrizaje. Me preocupé tanto de que no se cayera entre el hueco que había entre las dos casas que no me di cuenta de que venía directo a tragarse el piso.
Me entraron ganas de echarme a
reír pero la preocupación me ganó. Ayudé a Meer a levantarse despacio… y una
vez estuvo de pie frente a mí, la observé. Ella tenía los ojos abiertos a tope
y miraba un punto fijo frente a ella. Parecía impresionada.
—Wow —pestañeó un par de veces. En ese momento me di cuenta de que se había lastimado el labio.
—¿Estás bien? —miré su herida aterrorizado… no se veía tan mal pero estaba sangrando.
—No fue nada, sólo un golpecito —se encogió de hombros, restándole importancia. ¿Un golpecito?, eso no había sido precisamente un “golpecito”, era como para romperse todo lo que se llama cara.
—Sí, un golpecito y sangras, ¿no? —me acerqué a ella para observar mejor su labio —déjame ver eso —tomé su cara suavecita entre mis manos y observé con los ojos —entrecerrados. Se había pegado fuerte —auch —incluso sentía que me dolía a mí —¿no habría sido más fácil salir por la puerta?
—Emm… —no me contestó, simplemente se encogió de hombros y bajó la mirada. Estaba seguro de que se había escapado. Estaba totalmente seguro. Tampoco había que ser un gran genio para darse cuenta… fingiría creerle —¡Ay!, no hagas eso —sin darme cuenta, había estirado un poco su labio, separando los lados de la herida. ¡Pero que torpe podía ser a veces! Meer se alejó de mí, y luego, mirándome asustada se llevó las manos a la boca —me duele —se quejó.
—Lo siento. Vamos a limpiar eso —me acerque a ella y la llevé hacia el baño. Genial, ahora mi salida se arruinaba porque Meer se estaba desangrando. Había sido mi culpa, si la hubiese sujetado mejor, su escape habría sido exitoso, no se habría caído y ahora estaríamos en camino a ese lugar.
Una vez en el baño, Meer cerró la puerta y yo abrí el grifo. Seguidamente le di un empujoncito, para agacharla un poco. Lavé su boca y su mentón hasta que se detuvo la hemorragia. Luego, cerré el grifo. La solté un momento y me agaché para buscar una toalla en el mueble. Sequé con cuidado sus mejillas, su nariz, su mentón y le di pequeños toquecitos alrededor de la herida. Sonreí al notar que tenía todo el rostro arrugado, como su hubiese chupado un limón. Que linda…
—Ya está —dejé la toalla en el mueble nuevamente. Me enderecé para mirar su herida. No era tan grande —está hinchado —no pude evitar llevar las manos a su rostro y palpar alrededor de la herida con cuidado de no hacerla sangrar de nuevo.
—Ya sanará —se separó de mí y se volteó para mirarse en el espejo —Que feo —murmuró con el ceño fruncido. Se iba a tocar la herida, pero le tomé la mano para impedírselo.
—No te toques que sangraras de nuevo —bajé su mano con cuidado y no quise soltarla. Meer asintió sin dejar de mirarme, y yo idiotizado me perdí en esos hermosos ojos azules. Quizás… quizás si estaba enamorado.
Me acerqué a ella, y con sumo cuidado besé el lado no herido de sus labios. Me separé de ella despacio y volví a mirarla a los ojos.
—¿Vamos?
—Si —entrelacé nuestros dedos y salimos del baño. Apagué la luz y cerré la puerta. La miré, Meer me sonrió.
Bajamos las escaleras en silencio. Era mejor no despertar a mi madre… si veía a Meer por acá a estas horas y saliendo conmigo me metería en graves problemas. Nos subimos en el coche y antes de arrancar la miré fugazmente.
—¿Qué ocurre? —la notaba muy callada. Meer sonrió de medio lado.
—Nada —le devolví la sonrisa, Dios que linda era. Encendí el motor.
—¿Dónde vamos? por favor dímelo y no salgas con eso de que es sorpresa —reí, me gustaba escucharla hablar así. Era graciosa.
—A otro lugar —esperé a que me interrumpiera pero no lo hizo, por lo que seguí hablando yo —es bonito y… quiero llevarte allí
—No sé si te has dado cuenta, pero no me entero de nada —me miró con expresión cómica en el rostro. Es que era obvio que no se iba a enterar de nada. Era una sorpresa.
—Ya verás cuando lleguemos. Va a gustarte —me mordí el labio inferior, con los ojos puestos enfrente en el camino. Estaba ansioso por llegar.
—Si —suspiró —¿nos demoraremos en llegar?
—No. No tanto… sólo un poco —resopló ¡pero que impaciente! Bah, si yo estaba igual —pero no te molestes, está a unos diez minutos de aquí —o unos quince… o treinta, o cuarenta y cinco.
—Si… no es tanto —se quejó. Tampoco podía tele transportarnos y llegar en dos segundos.
—No te enojes… —sonreí. Luego estiré el brazo despacio, la miré fugazmente para dar con su rostro y acaricié su mejilla con delicadeza.
—No me enojo —tomó mi mano despacito. Meer tenía unas manos realmente pequeñitas y suaves, me encantaban. Dejamos caer las manos unidas sobre una de sus piernas. No quise soltarla. Así iba mucho más cómodo. Acaricie su mano con mis dedos y ella imitó ese gesto.
—Wow —pestañeó un par de veces. En ese momento me di cuenta de que se había lastimado el labio.
—¿Estás bien? —miré su herida aterrorizado… no se veía tan mal pero estaba sangrando.
—No fue nada, sólo un golpecito —se encogió de hombros, restándole importancia. ¿Un golpecito?, eso no había sido precisamente un “golpecito”, era como para romperse todo lo que se llama cara.
—Sí, un golpecito y sangras, ¿no? —me acerqué a ella para observar mejor su labio —déjame ver eso —tomé su cara suavecita entre mis manos y observé con los ojos —entrecerrados. Se había pegado fuerte —auch —incluso sentía que me dolía a mí —¿no habría sido más fácil salir por la puerta?
—Emm… —no me contestó, simplemente se encogió de hombros y bajó la mirada. Estaba seguro de que se había escapado. Estaba totalmente seguro. Tampoco había que ser un gran genio para darse cuenta… fingiría creerle —¡Ay!, no hagas eso —sin darme cuenta, había estirado un poco su labio, separando los lados de la herida. ¡Pero que torpe podía ser a veces! Meer se alejó de mí, y luego, mirándome asustada se llevó las manos a la boca —me duele —se quejó.
—Lo siento. Vamos a limpiar eso —me acerque a ella y la llevé hacia el baño. Genial, ahora mi salida se arruinaba porque Meer se estaba desangrando. Había sido mi culpa, si la hubiese sujetado mejor, su escape habría sido exitoso, no se habría caído y ahora estaríamos en camino a ese lugar.
Una vez en el baño, Meer cerró la puerta y yo abrí el grifo. Seguidamente le di un empujoncito, para agacharla un poco. Lavé su boca y su mentón hasta que se detuvo la hemorragia. Luego, cerré el grifo. La solté un momento y me agaché para buscar una toalla en el mueble. Sequé con cuidado sus mejillas, su nariz, su mentón y le di pequeños toquecitos alrededor de la herida. Sonreí al notar que tenía todo el rostro arrugado, como su hubiese chupado un limón. Que linda…
—Ya está —dejé la toalla en el mueble nuevamente. Me enderecé para mirar su herida. No era tan grande —está hinchado —no pude evitar llevar las manos a su rostro y palpar alrededor de la herida con cuidado de no hacerla sangrar de nuevo.
—Ya sanará —se separó de mí y se volteó para mirarse en el espejo —Que feo —murmuró con el ceño fruncido. Se iba a tocar la herida, pero le tomé la mano para impedírselo.
—No te toques que sangraras de nuevo —bajé su mano con cuidado y no quise soltarla. Meer asintió sin dejar de mirarme, y yo idiotizado me perdí en esos hermosos ojos azules. Quizás… quizás si estaba enamorado.
Me acerqué a ella, y con sumo cuidado besé el lado no herido de sus labios. Me separé de ella despacio y volví a mirarla a los ojos.
—¿Vamos?
—Si —entrelacé nuestros dedos y salimos del baño. Apagué la luz y cerré la puerta. La miré, Meer me sonrió.
Bajamos las escaleras en silencio. Era mejor no despertar a mi madre… si veía a Meer por acá a estas horas y saliendo conmigo me metería en graves problemas. Nos subimos en el coche y antes de arrancar la miré fugazmente.
—¿Qué ocurre? —la notaba muy callada. Meer sonrió de medio lado.
—Nada —le devolví la sonrisa, Dios que linda era. Encendí el motor.
—¿Dónde vamos? por favor dímelo y no salgas con eso de que es sorpresa —reí, me gustaba escucharla hablar así. Era graciosa.
—A otro lugar —esperé a que me interrumpiera pero no lo hizo, por lo que seguí hablando yo —es bonito y… quiero llevarte allí
—No sé si te has dado cuenta, pero no me entero de nada —me miró con expresión cómica en el rostro. Es que era obvio que no se iba a enterar de nada. Era una sorpresa.
—Ya verás cuando lleguemos. Va a gustarte —me mordí el labio inferior, con los ojos puestos enfrente en el camino. Estaba ansioso por llegar.
—Si —suspiró —¿nos demoraremos en llegar?
—No. No tanto… sólo un poco —resopló ¡pero que impaciente! Bah, si yo estaba igual —pero no te molestes, está a unos diez minutos de aquí —o unos quince… o treinta, o cuarenta y cinco.
—Si… no es tanto —se quejó. Tampoco podía tele transportarnos y llegar en dos segundos.
—No te enojes… —sonreí. Luego estiré el brazo despacio, la miré fugazmente para dar con su rostro y acaricié su mejilla con delicadeza.
—No me enojo —tomó mi mano despacito. Meer tenía unas manos realmente pequeñitas y suaves, me encantaban. Dejamos caer las manos unidas sobre una de sus piernas. No quise soltarla. Así iba mucho más cómodo. Acaricie su mano con mis dedos y ella imitó ese gesto.
El resto del viaje estuvimos en
silencio con las manos unidas todo el tiempo. Esto era realmente extraño porque
hace meses, esto me habría parecido imposible. Me refiero a estar con Meer en
una situación así. Hacía cinco meses ni siquiera recordaba su existencia… o si
pensaba en ella, era sólo porque vivía en la casa del lado y era muy tierna.
Hacía cinco meses yo empezaba a salir con Helena, interesado sólo en su cuerpo
y ahora, ahora estaba empezando a salir con Meer y estaba interesado en ella y
todo lo que se ligara o relacionara a su perfecta existencia. Y era realmente
loco porque ella era cinco años menor que yo. Quizás no era una gran
diferencia, pero a esta edad se notaba demasiado. En unos tres o cuatro años
más no habría sido problema. Pero justamente ahora era cuando ese interés
escondido que tenía hacia Meer había despertado. Yo no podía hacer nada. Sólo
quería estar con ella, no me importaba nada más.
La miré… era injusto. Sabía que esto nos traería problemas, podía echar marcha atrás en este momento y dejar todo como estaba, no seguir con esta locura. Pero no podía. Nunca me caractericé por tener fuerza de voluntad para dejar algo. Cuando me obsesionaba se convertía en vicio y no podía dejarlo. Como los videojuegos cuando era pequeño o los cigarrillos antes de que mamá me hubiese hecho prometer que no volvería a fumar, me quitara la mesada y me amenazara con meterme a uno de esos centros de “rehabilitación”. Ella siempre había exagerado respecto al cigarrillo.
La miré… era injusto. Sabía que esto nos traería problemas, podía echar marcha atrás en este momento y dejar todo como estaba, no seguir con esta locura. Pero no podía. Nunca me caractericé por tener fuerza de voluntad para dejar algo. Cuando me obsesionaba se convertía en vicio y no podía dejarlo. Como los videojuegos cuando era pequeño o los cigarrillos antes de que mamá me hubiese hecho prometer que no volvería a fumar, me quitara la mesada y me amenazara con meterme a uno de esos centros de “rehabilitación”. Ella siempre había exagerado respecto al cigarrillo.
Pero ahora, todo era diferente.
Meer se estaba convirtiendo en una obsesión para mí y no creo que existieran
centros de rehabilitación para los locos anónimos por Meer’s.
Salí de mis estúpidos pensamientos cuando me di cuenta de que ya habíamos llegado. Detuve el coche, solté la mano de Meer, me guardé las llaves en el bolsillo y luego me bajé. Cerré la puerta sintiéndome como en una nube. Esperaba una buena noche… Rodeé el coche, completamente nervioso para ir en busca de la princesa protagonista.
Salí de mis estúpidos pensamientos cuando me di cuenta de que ya habíamos llegado. Detuve el coche, solté la mano de Meer, me guardé las llaves en el bolsillo y luego me bajé. Cerré la puerta sintiéndome como en una nube. Esperaba una buena noche… Rodeé el coche, completamente nervioso para ir en busca de la princesa protagonista.
Abrí la puerta de Meer y le tendí
la mano para ayudarla a bajar. Ella salió del coche un poco desorientada.
—¿Hay que caminar? —preguntó casi con reproche. Cerré la puerta y reí. Incluso quejándose por cualquier cosa era linda.
—No. Ya estamos aquí —me giré hasta quedar cara a cara con ese antiguo tren. Era bastante viejo, estaba oxidado e inservible… pero podía darnos una vista maravillosa. Estaba ansioso por subir allí arriba con Meer. Podríamos conversar un largo rato allí, a la luz de la luna y de las estrellas.
La miré. Tenía los ojos pegados en el tren, lo miraba con la boca abierta, impactada. Segundos después, se volvió para mirarme. Aún se notaba asombrada.
—No me dirás que esto es tuyo —casi gritó. Reí. No… claro que esto no era mío. En realidad, no sabía a quién le pertenecía, pero lo había encontrado hacía unos cuantos meses, dando vueltas en el coche por estos lugares.
—No.
—Dios, es genial —se mordió el labio inferior, sonriendo y luego volvió a pegar los ojos en el tren. Me sentí satisfecho al verla así de emocionada. Se acercó hacia el tren, y yo la seguí.
—¿Te gusta? —Meer asintió y extendió la mano para tocar el metal.
—Lo sabía —solté sin pensar. Ella me miró al instante, apartándose un poco del viejo vagón.
—Wow.
—Sí, wow. Ven que te muestro algo aún mejor —le tomé su mano y despacito tiré de ella. Su mano parecía un cubito de hielo —estás helada.
—No tengo frío —me siguió andando a mi ritmo. No dimos más de cinco pasos cuando ya habíamos llegado hacia esa escalerilla que nos daría el paso para subirnos sobre el vagón —¿vamos a subir? —asentí.
—Ve tu primero —le dije. Así yo la cuidaba desde abajo para que no se fuera a caer o a golpear. Solté su mano y la tomé de la cintura para subirla en la escalera. Después, ella subió solita, mientras yo mantenía las manos en alto por cualquier cosa. Me di cuenta de que le costó un poco poder subir… pero lo logró.
Me dispuse a subir. Me costó hacerlo ya que estaba oscuro… pero pude hacerlo. Al llegar arriba miré a Meer… tenía los ojos fijos en la luna, seguí su mirada… la luna estaba inmensa, incluso parecía tener luz propia. Me gustaba cuando había luna llena… pero, definitivamente, me gustaba mucho más estar con Meer contemplándola. Miré la ciudad, completamente iluminada con las luces, incluso iluminaban un pedazo de cielo… nunca pensé que se vería de esa manera, era mucho mejor de lo que yo había planeado en un principio. Era una perfecta atmósfera.
Volví a mirar a Meer y tomé su mano con cuidado, entrelazando nuestros dedos despacio. Ella me dio un leve apretón… y luego se volteó para mirarme directamente a los ojos. Sentí esa extraña sensación en el estómago de nuevo.
—Esto es hermoso —comentó, hablando despacito con voz suave.
—Tú eres más hermosa —solté sin pensarlo, y es que la luna, las estrellas y todo esto no era nada en comparación a la chica que tenía a mi lado, ella era mil veces más bonita. Meer negó con la cabeza sin quitarme los ojos de encima. Me gustaban las chicas lindas que no tenían idea de lo lindas que podían ser… pero me gustaba mucho más que Meer fuese así.
—Claro que sí. Eres mi niña… pequeña —sonreí… y sintiéndome un poco acalorado, solté su manito, para poder abrazarla.
—¿De verdad lo soy? —murmuró despacito. Sentí que me derretía, la abracé más fuerte, reteniéndola entre mis brazos… cerré los ojos, volví abrirlos al instante.
—Claro que sí, te amor —volví a hablar sin pensarlo. Me quedé sin respiración… no podía haberlo dicho. “Te amo” eran palabras fuertes… y aún no tenía muy claro todo esto. Tendría que haber cerrado la boca. Ahora ya no podía retractarme.
—Yo más —mi corazón comenzó a latir de manera desenfrenada al escuchar su respuesta. Si hacía medio segundo había tenido ciertas dudas al decirlo… ahora era todo lo contrario. La pegué más a mi cuerpo y la besé en el cabello suavemente. Olí tan bien… ¿Cómo podía ser tan perfecta?, era algo casi imposible. Comencé a jugar con su cabello. Aún no podía entender cómo podía obsesionarme tanto.
Nos sentamos sobre el vagón, sin soltarnos en ningún momento. Ella se acomodó entre mis piernas, afirmada sobre mi pecho. Yo no la solté en ningún momento, me gustaba sentirla allí, aspirar su aroma y sentir que estaba cerca. Meer tomó una de mis manos y entrelazó nuestros dedos. Dejó caer su cabeza sobre mi pecho… la miré. Tenía los ojos cerrados, y una tranquila sonrisa se dibujaba sobre sus labios. No podía quitarle los ojos de encima.
Estuvimos así unos cuantos minutos… hasta que Meer habló, sin abrir los ojos.
—No creo que hayan sido diez minutos de viaje —reí despacio. Claro que no habían sido diez minutos… había sido casi una hora.
—Pues no, pero para ser media hora de aburrimiento viajando no está mal —respondí con algo de pereza. Suspiré.
—Si… ¿Cómo llegamos a este lugar? —abrió los ojos y miró hacia el cielo nuevamente.
—Lo encontré hace un tiempo. Al parecer esto no tiene dueño y nadie sabe que está aquí. Creo —contesté a su pregunta.
—Entonces sólo nosotros dos conocemos este lugar —mi Meer estaba lista hoy.
—Si —Meer sorió y se levantó, para girar el cuerpo y quedar frente a mí. Bastante cerca.
—Te quiero —susurró hablando tan bajito que tuve que deducir lo que acababa de decir. Nuevamente mi corazón comenzó a latir rápidamente. Me acerqué a ella y junté nuestros labios despacito, teniendo cuidado de no dañar su herida. Volví a separarme, para mirarla.
—Yo más —esta vez fue ella quien se acercó a darme un besito en los labios —eres lo más hermoso que existe en el mundo, ¿sabías? —Meer rio, sin separar nuestros labios. Luego, volvió a besarme.
—Te amo, te amo —no podía creer lo que escuchaba. No podía creer que Meer me amara. La mayoría de las personas “normales” lo veían como algo serio, decían que era un sentimiento que se lograba con el tiempo. Pero yo ya había estado bastante tiempo cerca de Meer como para darme cuenta de que… estaba enamorado de ella.
—¿Hay que caminar? —preguntó casi con reproche. Cerré la puerta y reí. Incluso quejándose por cualquier cosa era linda.
—No. Ya estamos aquí —me giré hasta quedar cara a cara con ese antiguo tren. Era bastante viejo, estaba oxidado e inservible… pero podía darnos una vista maravillosa. Estaba ansioso por subir allí arriba con Meer. Podríamos conversar un largo rato allí, a la luz de la luna y de las estrellas.
La miré. Tenía los ojos pegados en el tren, lo miraba con la boca abierta, impactada. Segundos después, se volvió para mirarme. Aún se notaba asombrada.
—No me dirás que esto es tuyo —casi gritó. Reí. No… claro que esto no era mío. En realidad, no sabía a quién le pertenecía, pero lo había encontrado hacía unos cuantos meses, dando vueltas en el coche por estos lugares.
—No.
—Dios, es genial —se mordió el labio inferior, sonriendo y luego volvió a pegar los ojos en el tren. Me sentí satisfecho al verla así de emocionada. Se acercó hacia el tren, y yo la seguí.
—¿Te gusta? —Meer asintió y extendió la mano para tocar el metal.
—Lo sabía —solté sin pensar. Ella me miró al instante, apartándose un poco del viejo vagón.
—Wow.
—Sí, wow. Ven que te muestro algo aún mejor —le tomé su mano y despacito tiré de ella. Su mano parecía un cubito de hielo —estás helada.
—No tengo frío —me siguió andando a mi ritmo. No dimos más de cinco pasos cuando ya habíamos llegado hacia esa escalerilla que nos daría el paso para subirnos sobre el vagón —¿vamos a subir? —asentí.
—Ve tu primero —le dije. Así yo la cuidaba desde abajo para que no se fuera a caer o a golpear. Solté su mano y la tomé de la cintura para subirla en la escalera. Después, ella subió solita, mientras yo mantenía las manos en alto por cualquier cosa. Me di cuenta de que le costó un poco poder subir… pero lo logró.
Me dispuse a subir. Me costó hacerlo ya que estaba oscuro… pero pude hacerlo. Al llegar arriba miré a Meer… tenía los ojos fijos en la luna, seguí su mirada… la luna estaba inmensa, incluso parecía tener luz propia. Me gustaba cuando había luna llena… pero, definitivamente, me gustaba mucho más estar con Meer contemplándola. Miré la ciudad, completamente iluminada con las luces, incluso iluminaban un pedazo de cielo… nunca pensé que se vería de esa manera, era mucho mejor de lo que yo había planeado en un principio. Era una perfecta atmósfera.
Volví a mirar a Meer y tomé su mano con cuidado, entrelazando nuestros dedos despacio. Ella me dio un leve apretón… y luego se volteó para mirarme directamente a los ojos. Sentí esa extraña sensación en el estómago de nuevo.
—Esto es hermoso —comentó, hablando despacito con voz suave.
—Tú eres más hermosa —solté sin pensarlo, y es que la luna, las estrellas y todo esto no era nada en comparación a la chica que tenía a mi lado, ella era mil veces más bonita. Meer negó con la cabeza sin quitarme los ojos de encima. Me gustaban las chicas lindas que no tenían idea de lo lindas que podían ser… pero me gustaba mucho más que Meer fuese así.
—Claro que sí. Eres mi niña… pequeña —sonreí… y sintiéndome un poco acalorado, solté su manito, para poder abrazarla.
—¿De verdad lo soy? —murmuró despacito. Sentí que me derretía, la abracé más fuerte, reteniéndola entre mis brazos… cerré los ojos, volví abrirlos al instante.
—Claro que sí, te amor —volví a hablar sin pensarlo. Me quedé sin respiración… no podía haberlo dicho. “Te amo” eran palabras fuertes… y aún no tenía muy claro todo esto. Tendría que haber cerrado la boca. Ahora ya no podía retractarme.
—Yo más —mi corazón comenzó a latir de manera desenfrenada al escuchar su respuesta. Si hacía medio segundo había tenido ciertas dudas al decirlo… ahora era todo lo contrario. La pegué más a mi cuerpo y la besé en el cabello suavemente. Olí tan bien… ¿Cómo podía ser tan perfecta?, era algo casi imposible. Comencé a jugar con su cabello. Aún no podía entender cómo podía obsesionarme tanto.
Nos sentamos sobre el vagón, sin soltarnos en ningún momento. Ella se acomodó entre mis piernas, afirmada sobre mi pecho. Yo no la solté en ningún momento, me gustaba sentirla allí, aspirar su aroma y sentir que estaba cerca. Meer tomó una de mis manos y entrelazó nuestros dedos. Dejó caer su cabeza sobre mi pecho… la miré. Tenía los ojos cerrados, y una tranquila sonrisa se dibujaba sobre sus labios. No podía quitarle los ojos de encima.
Estuvimos así unos cuantos minutos… hasta que Meer habló, sin abrir los ojos.
—No creo que hayan sido diez minutos de viaje —reí despacio. Claro que no habían sido diez minutos… había sido casi una hora.
—Pues no, pero para ser media hora de aburrimiento viajando no está mal —respondí con algo de pereza. Suspiré.
—Si… ¿Cómo llegamos a este lugar? —abrió los ojos y miró hacia el cielo nuevamente.
—Lo encontré hace un tiempo. Al parecer esto no tiene dueño y nadie sabe que está aquí. Creo —contesté a su pregunta.
—Entonces sólo nosotros dos conocemos este lugar —mi Meer estaba lista hoy.
—Si —Meer sorió y se levantó, para girar el cuerpo y quedar frente a mí. Bastante cerca.
—Te quiero —susurró hablando tan bajito que tuve que deducir lo que acababa de decir. Nuevamente mi corazón comenzó a latir rápidamente. Me acerqué a ella y junté nuestros labios despacito, teniendo cuidado de no dañar su herida. Volví a separarme, para mirarla.
—Yo más —esta vez fue ella quien se acercó a darme un besito en los labios —eres lo más hermoso que existe en el mundo, ¿sabías? —Meer rio, sin separar nuestros labios. Luego, volvió a besarme.
—Te amo, te amo —no podía creer lo que escuchaba. No podía creer que Meer me amara. La mayoría de las personas “normales” lo veían como algo serio, decían que era un sentimiento que se lograba con el tiempo. Pero yo ya había estado bastante tiempo cerca de Meer como para darme cuenta de que… estaba enamorado de ella.
Y ella había estado bastante
tiempo conmigo como para darse cuenta de que se había enamorado de mí. Después
de todo, yo la conocía desde que era una niña, al igual que ella a mí…
simplemente no nos habíamos hablado tanto. Se acomodó para quedar de rodillas
frente a mí —te amo —me besó. Tragué saliva, luego sonreí y rodeé su cintura
con mis brazos.
—¿Sabes que todo eso se queda corto si lo comparamos con todo lo que yo te amo? —susurré.
Meer se quedó quieta, incluso pareció dejar de
respirar por un momento… Tenía la boca entreabierta y los ojos clavados en
nada. Me asusté.—¿Sabes que todo eso se queda corto si lo comparamos con todo lo que yo te amo? —susurré.
—Meer, ¿Estás bien?
—Sí, sólo pensaba —pues nunca la había visto pensar así. Yo solía quedarme pegado mirado la nada y pensando… y a Meer también le pasaba. Juntó sus labios con los míos, y luego volvió a separarse. Entre mi aturdimiento logré preguntar:
—¿En qué pensabas?
—En lo extraño que es que esto nos pase a nosotros… yo nunca imaginé que —la corté, en cuanto algo se me vino a la cabeza.
—Yo tampoco —la besé despacito —Meer… —pronuncié s nombre para llamar la atención en cuanto nos separamos.
—¿...Eh? —Meer soltó mis mejillas y tomó mis hombros con sus manos.
—Nadie debe saber sobre esto —me costó decirlo. Lo que yo más quería en ese momento era gritarle a todo el mundo lo que pasaba entre nosotros. Pero no… no se vería bien, no era posible. Y eso me hacía sentir culpable.
—¿Por qué? —preguntó inocentemente.
—Porque podría traer consecuencias —solté su cintura y tomé sus manitos.
—¿Consecuencias de qué? —me encogí de hombros y la miré a la cara. Meer se notaba confundida.
—A la mayoría de la gente no le agradaría verte con alguien de mi edad, ¿comprendes? —asintió con la cabeza luego de un par de segundos. No se notaba muy convencida.
—Las personas no pueden meterse donde no deben —frunció el ceño.
—Pero si lo hacen —y no quería que eso pasara. Luego todo el mundo en la universidad sabría que salía con una niña, los de la escuela de Meer sabrían que yo salía con ella y todo el vecindario nos miraría mal.
—Eso está mal —asentí —pero no por eso hay que esconderse —Dios… ¿y ahora como le explicaba lo difícil que era la situación? Es que Meer no podía ver las consecuencias de todo esto.
—Mi vida, entiende que no se puede —solté una de sus manos y acaricié su rostro con suavidad.
—Si, entiendo. Nadie va a enterarse de esto —me miró. Ojala fuese así.
—Quizás más adelante se pueda —le sonreí. Cuando Meer ya no se viera tan pequeña, creciera poco, tuviera curvas y rostro de chica grande. Me quedé como un bobo observándola cuando me devolvió la sonrisa. Y luego ella se lanzó a besarme.
Estuvimos mucho tiempo diciéndonos cosas completamente cursis y dándonos besitos. Hasta que se me ocurrió la gran idea de hacer un juego con Meer, para conocerla un poquito más.
—Ok, ok, es mi turno ¿cuál es tu color favorito? —me preguntó.
—El negro ¿cuál es el tuyo?
—Azul… o Verde. Quizás el naranja, no lo sé —frunció el ceño —el rosa también es lindo… y el amarillo. Pero prefiero el azul… y el verde. Aunque el rosa es mi favorito. ¡No!, el naranja es mejor —pero que indecisa. No me había quedado muy claro.
—Entonces tu favorito es el ¿rosa? —asintió.
—Pero el azul, el verde, el naranja y el amarillo también me gustan —sonrió no muy convencida. Reí. Era extraño ver a Meer en una situación así —me toca preguntar de nuevo. Tú me copiaste la pregunta, tienes que ser más original, Bill —volví a reír. Y ella también lo hizo. La besé en la mejilla.
Después de jugar alrededor de media hora, cuando yo ya sabía todo lo que quería saber de ella y más, lo dejamos. Me di cuenta de que Meer tenía sueño, por lo que decidí que era mejor irnos… La ayudé a bajar con cuidado y en cuanto estuvo sentada en el coche, cerró sus ojitos y se durmió.

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