19 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 57


































CAPITULO 57


Apagué el motor frente a la casa de mamá. Miré a Mery no muy convencida de todo esto… el plan era entrar a su casa, mientras no hubiese nadie, para poder sacar sus cosas… o al menos lo que pudiésemos sacar. Yo había pensado en ir por las buenas, hablar con su madre y pedirle amablemente que nos dejara entrar, o al menos dejara entrar a Mery para que buscara sus cosas. Suspiré, ella me imitó.
—Hay que hacerlo… de otra manera perderé todo —frunció el ceño.
—Mery…
—Bill… tu sabes cómo es —asentí. Bien… lo haríamos a su manera. Ya habíamos tenido el tiempo suficiente como para pensarlo y planearlo... hacer nuestro plan. Ahora era el momento de ejecutarlo. Sólo era tomar lo más importante… sólo lo más importante. Nos bajamos del coche. No lo voy a negar, más nervioso no podía estar.
Mientras Mery se las arreglaba para bajar de los asientos traseros una maleta enorme y unas cuantas cajas para echar sus cosas, yo me acerqué al timbre de la casa de mamá… para asegurarme de que en la casa vecina no hubiese nadie. Le había pedido que estuviese atenta por si salían… y hacía quince minutos me había llamado avisando que se habían ido, pero podrían haber regresado.
Abrió la puerta. Era Tom.
—¿No han vuelto? —le pregunté. Este negó con la cabeza.
—¿Necesitan ayuda? —preguntó. En realidad, no sabía cuántas cosas tenía Mery en esa casa, pero su ayuda no nos vendría mal. Asentí. Tom dejó la puerta a medio cerrar y nos acercamos a Mery, quien ya llevaba como podía la maleta y una gran cantidad de cajas. Tom la saludó y la ayudamos a cargar las cosas.
Me sentí nervioso a estar frente a la puerta. Mery estaba igual o quizás peor que yo. Me dedicó una mirada un poco confundida.
—Ábrela —la animé. Ella, con las manos temblorosas, metió la llave en la cerradura y la giró despacio. La puerta se abrió ante nosotros. Nos quedamos inmóviles, presos del pánico durante algunos segundos que pasaron mucho más lentos que lo normal.
Pero no había nadie.
—Uff. Ya pensaba yo que esa mujer saldría con un revolver a matarnos a todos —soltó Tom, entrando en la casa. Mery rio —no hay nada ¡Hola, hola! ¡¿hay alguien en casa? —comenzó a hacer el tonto gritando hacia las escaleras con las manos alrededor de la boca.
—Ya basta, Tom —reí, entrando en la casa. Mery ya se me había adelantado e iba camino a las escaleras. Cerré la puerta y seguí a mi pequeña y mi gemelo que ya se habían adelantado bastante.
Una vez en la habitación de Mery, abrió la maleta sobre la cama y abrió el armario. ¿Seguía teniendo más ropa? Wow, con toda la que ya tenía en casa…
—Chicos, pueden revisar los muebles… también tengo cosas allí —tomé una de las cajas que había dejado caer a un lado de la puerta de la habitación y me acerqué a su mesita de noche. Abrí el primer cajón. Había unos cuantos cuadernos, hojas, un par de lápices y… cosas de chicas. Los tomé y los metí en la caja. Abrí el siguiente cajón. En este había una caja plástica, transparente. La tomé y miré su contenido sin abrirla. Eran cuentas de colores. Seguro las tenía desde pequeña o que se yo… la metí en la caja. En el último cajón había mucho más papeles y un frasco de vidrio repleto de monedas de poco valor. A la caja.
—Linda ropa interior —escuché comentar a Tom. Me levanté de golpe y clavé los ojos en él. Sostenía con ambas manos un brasier color blanco, repleto de flores rosas y verdes.
—¿Qué haces? —cuestioné ¿cómo se atrevía a hurgar entre la ropa interior de mi chica?
—T… Tom suelta eso —miré a Mery, sus mejillas ya estaban rojas e iba directo hacia Tom. Le arrebató la prenda de las manos, la metió en el cajón ya abierto y lo cerró de golpe —yo guardaré esto. Tú… tu puedes ir metiendo en esa caja mis peluches.
—Ok, ok —rio burlón. Mery puso los ojos en blanco y volvió a su armario. Miré a Tom amenazante… —¿qué? —me preguntó. No contesté… le di la espalda, volviendo a lo mío.
Tomé la lámpara y al ver que no había espacio suficiente en la caja, avancé con ella hasta la puerta y la metí en la más pequeña que había. Luego me fui hacia su escritorio. Tomé todo lo que había sobre este, algunos portalápices, lápices obviamente, un cajita con clips y ese tipo de cosas… a un lado, también, había un pequeño estuche. Revisé los cajones y guardé todo. Dejando el mueble completamente vacío.
—En el baño tengo maquillaje, Bill… —escuché hablar a Mery, al terminar.
—¿Dónde está? —le pregunté. Ella me sonrió.
—Ya sabes dónde está el baño —dijo, mientras intentaba cerrar la maleta repleta de ropa —el maquillaje está en el mueble de la pared.
—Bien. Pero primero… ¿No quieres que te ayude? —le pregunté. Mery asintió.
—Yo voy a buscar el maquillaje —habló Tom.
—Si, pero no le revises la ropa interior a mi madre, seguro tiene todo tirado por ahí —se burló. Tom dejó salir un sonido de asco y abandonó la habitación.
Ayudé a Mery a cerrar la maleta… esto era casi una misión imposible.
—Tienes demasiadas cosas —le comenté —vamos a romper esto… —me refería al cierre de la maleta, claro.
—Agh, ni me lo digas… quizás tenga que dejar algunas cosas…
—Ni hablar —me lancé sobre la tapa, intentando cerrarla, con todo mi peso encima —¿cuánta… cuanta ropa tienes? —tomé el cierre y la logré cerrar un poco, sólo quedaba la mitad.
—No lo sé.
—Todo es negro, es impresionante —comenté. Mery rio. Logré cerrarlo.
—¡Bien! —aplaudió dos veces para luego abrir los brazos y rodear mi cuello con ellos. Me agaché para poder juntar nuestros labios. Nos separamos al escuchar a Tom acercarse.
—¿Falta algo? —le pregunté.
—En la repisa de arriba tengo algunas cosas —señaló el armario —guardaré los CD’s y los libros.
—Podrías guardar tu ropa interior antes de que llegue Tom —alcé una ceja, mirándola divertido.
—No… es ropa vieja, ya no me queda —hizo un gesto con la mano, restándole importancia.
—Humm… eso explica el tamaño de ese… —preferí cerrar la boca al ver su expresión. No le había gustado mi comentario, para nada —lo siento, lo siento —es que había hablado sin pensar. Ella resopló.
—Guardemos todo rápido y salgamos de aquí antes de que llegue esa mujer —se separó de mí y avanzó hacia el otro lado de la habitación. Tom llegó en ese momento y la ayudó con los CD’s y los libros, mientras yo sacaba un montón de cajas de zapatos que ella tenía en la repisa superior de su armario. Estaban bastante pesadas, a saber que tenían adentro. Las dejé todas sobre la cama, eran cinco.
Tardamos alrededor de cinco minutos en guardar todo lo que faltaba, los zapatos, la ropa de cama y todas esas cosas que Mery quería llevarse. Ya no volvería más, entonces era conveniente llevarnos todo lo que ella pudiera necesitar.
Sólo dejamos los muebles y las cortinas en la habitación… el resto de las cosas ya estaban empacadas. Guardamos todo en el coche y después de despedirnos de Tom y saludar a mamá, volvimos a casa. No queríamos estar allí para cuando la madre de Mery regresara.
Estuvimos toda la tarde acomodando sus cosas, y ya por la noche decidimos divertirnos un poco. Mañana sería el primer día en la universidad… para Mery, claro. Para mí era como cualquier día de trabajo.

Desde ese día todo comenzó a ir más rápido. Mery iba a la universidad, yo iba al trabajo… nos encontrábamos por la noche, cuando yo llegaba a casa, agotado. Ella ya tenía todo listo para que comiera. Y luego de compartir un poco nos íbamos a dormir. Esa era nuestra rutina diaria. Yo había comenzado a trabajar más horas que antes, para poder ganar más dinero. Que, a decir verdad, se me hacía poco. Tenía que encargarme de la casa, el coche, la universidad, de Mery… sus necesidades, nuestras necesidades. Realmente me quedaba muy poco tiempo para estar con ella, con Tom y mamá… y eso no me agradaba. Pero de otra manera no podría tener lo suficiente como para vivir el mes entero. De pronto mi vida se había visto fuertemente azotada por la responsabilidad. La responsabilidad de una casa. Lo que más odiaba, definitivamente era llevarme trabajo a casa. Eso me quitaba mucho, pero mucho más tiempo con Mery. Y nuestra relación como pareja se deterioraba gracias a eso, al trabajo, mi trabajo. Como pasábamos tan poco tiempo juntos… a penas teníamos tiempo de conversar, de ponernos al tanto de lo que nos pasaba. Rara vez nos tomábamos un tiempo para discutir que podríamos comer, o que haríamos el fin de semana. A veces, simplemente llegaba con ganas de estar con Mery en la cama y no hacíamos más que eso… después hablábamos de amor hasta dormir, prometíamos intentar estar más cerca el uno del otro. Pero al día siguiente todo seguía igual, nos distanciábamos… aunque, obviamente, eso no se interponía en nuestros sentimientos. Yo la seguía amando igual o incluso más que antes… y estoy seguro de que a ella le pasaba lo mismo conmigo. Pero es que era tal el estrés y el agotamiento con que suerte podía instalarme un jueves por la noche a ver la televisión junto a mi chica. Los fines de semana, generalmente visitábamos a mamá y a Tom, comíamos con ello, conversábamos con normalidad. Nuestra vida parecía fácil, divertida, un cuento de hadas.
Mery había conseguido un trabajo… dos en realidad. Pero en ambos la habían despedido ¿Por qué?, porque solía no cumplir horarios y había veces en que no le agradaban las órdenes del jefe y hacía lo que ella pensaba era correcto. Había hablado con ella sobre el tema, pero era lo suficientemente terca como para intentar convencerme de que ella tenía la razón. Obviamente ella tenía la razón pero… pero tampoco podía pelear con quien le daba el trabajo, eso significaba un despido.
El colmo llegó un día por la mañana… cuando el coche no encendió. Además de tener que irnos en autobús el resto de la semana el arreglo me costó demasiado. Lo que me obligó a llevarme más trabajo a casa. Todo iba de mal en peor, económicamente hablando. Aun así tenía la TV con mayor cantidad de canales, compraba cosas inservibles para la casa, muchas cosas para Mery y comíamos como reyes. Estábamos demasiado acostumbrados a la buena vida y era difícil renunciar a eso.




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