19 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 51



























CAPITULO 51


Me desperté con un tambor sonando en mi cabeza, y los rayos de un sol lúgubre dándome en pleno rostro. Abrí los ojos lentamente, la cabeza se me partía de dolor. Tal vez habían sido más de dos copitas las que había bebido la noche anterior en la despedida que mis compañeros de trabajo habían hecho para mí.
Me senté en la cama, me rasqué el pecho desnudo mientras bostezaba. Había algo diferente en el ambiente. Me enderecé lentamente, y me estiré desperezándome una vez estuve de pie junto a mi cama. Caminé automáticamente hacia el calendario. Era hoy…
Ahogué un grito de sorpresa mientras comenzaba a caminar, casi corriendo, por toda la casa. No sabía qué hacer, el dolor de cabeza se agudizaba pero la euforia lo superaba, haciéndome estar histérico. Tomé mi móvil con las manos temblorosas.
Es hoy, mi amor
Escribí un mensaje de texto a toda velocidad y con la sonrisa más grande que me cabía en el rostro. Se lo envié a Meer y volví a mi tarea de correr por toda la casa. Pero esta vez con una finalidad útil… empacar.
Llamé a mamá en cuanto me subí al coche y cerré la puerta. Ella no tardó en contestar.
—¿Hola?
—¿Aún no se va, verdad? —pregunté. La había estado llamando toda la semana cada dos horas. Estaba exagerando… pero es que no podía dejar que ella se fuera.
—Iré a ver… —esperé unos segundos en silencio. Las manos me temblaban, estaba nervioso. Hoy era su cumpleaños y le daría la sorpresa. Me había pasado todo el día empacando y arreglando los últimos detalles para que el viaje fuese perfecto —creo que van a salir.
—A… salir. Ok. Si ves que se van me llamas.
—Ok —corté y me metí el móvil al bolsillo. Enseguida encendí el motor y arranqué el coche. Comencé a manejar a la mayor velocidad permitida ¿y si justo salían para irse al aeropuerto? no podía arriesgarme. De camino fui repasando todo el mi cabeza, todo estaba perfecto, todo estaba bien. No faltaba nada. O es que en este momento nada se me venía a la cabeza. Las manos me temblaban y el corazón se me saldría del pecho en cualquier momento. Hacía dos semanas que no veía a Mery. La extrañaba mucho, demasiado. Pero es que se me había hecho imposible, había estado todo el tiempo planificando el viaje y trabajando, dejando todo listo para que en mi regreso no tuviera que llevarme trabajo a casa. Encendí la radio y busqué alguna buena canción, eso podría relajarme. Es que… dios, estaba nervioso. Me preguntaba cuál sería la reacción de Mery al verme. A lo mejor me golpeaba enojada… o quizás se ponía del todo feliz al ver el regalo que llevaba para ella. O tal vez no quería verme… No, ella tenía que verme porque esta misma noche nos iríamos a Italia. No perdería el avión y tampoco mis vacaciones con mi chica.
Antes de doblar a la esquina miré hacia su casa. Pude distinguirla, mirando hacia su casa… luego se daba media vuelta y se subía en el coche, cerrando la puerta ¡se iba!, de otra manera Mery jamás se habría subido a ese coche, no si no era por alguna buena razón. Me alarmé, y aceleré a fondo, al punto de casi chocar el coche donde Mery se encontraba. Tragué saliva, sentía el corazón en la garganta. Miré el rostro de su madre y de su esposo. Ambos con los ojos abiertos a tope, me miraban impactados. No le di importancia, nada malo había pasado. Abrí la puerta y me bajé. Prácticamente corrí hasta su ventana. Ella giró la cabeza en ese momento. Apoyé las manos en el vidrio, acercándome y miré suplicante sus ojos azules que me cuestionaban, su rostro lleno de sorpresa.
Ella desvió la mirada, observó a su madre. Intenté dejar de tiritar, dejar de sentirme así de asustado. Aquella mujer le dijo algo a la pequeña y esta asintió. Volvió a mirarme, estaba seria, aunque podía darme cuenta de que sus ojos se habían humedecido. Abrió la puerta y me vi obligado a retroceder, para dejarla salir del coche. La cerró. La escaneé con la mirada, estaba hermosa… perfecta. Acabé atrapado en sus ojos, observándola como un bobo sin remedio. Esta era la chica que me tenía enamorado, calado hasta los huesos, obsesionado y no dejaría que la alejaran de mí. Reprimí las enormes ganas que tenía que abrazarla y correr con ella sin dar explicaciones, simplemente le tomé la mano torpemente y tiré de ella levemente para alejarnos del coche y de su madre que había abierto la ventanilla. Me detuve. Mery no se había resistido, esto estaba bien, no iba tan mal después de todo. Comenzaba a pensar que todo esto se arreglaría, que el plan funcionaría. No pude aguantarme más y rodeé su cuerpo con los brazos, pegándola a mí, sintiendo su aroma. Cerré los ojos. Había extrañado tenerla así de cerca. Besé su cabello y en seguida me separé de ella. La miré… no podía creer que mi pequeña princesa tuviera dieciocho años ya.
—Feliz cumpleaños, mi vida —sonreí. Ella me miró sorprendida, abriendo los ojos a tope. Se quedó en silencio un momento, mirándome aún sin entender, pensando que se trataba de una broma. Ella no lo recordaba… nadie le había deseado un feliz cumpleaños en todo el día. Me pregunté si había mirado bien la fecha al levantarme. Hoy era veintiséis ¿verdad? Si, claro que si… no podría haberme equivocado, no soy tan tonto.
—¿Qué? —me miraba, sin entender aún.
—Es veintiséis —afirmé. Vi como sus ojos se iluminaban de a poco, contuvo el aliento… —eres libre —sonreí más ampliamente —felicidades. Ya eres toda una adulta —me acerqué, para besarla en la frente. Ella seguía en shock, si moverse, sin hablar… La observé. Continuaba mirándome con la boca entreabierta. De a poco formó una sonrisa en sus labios y justo en el momento en que yo menos me lo esperaba, tomó mi rostro con sus manos y me acercó a ella de golpe para juntar nuestros labios repetidas veces. No pude evitar reír ante aquel gesto que me había parecido realmente tierno.
No podía estar más feliz… y su felicidad también era enorme… y eso que todavía no sabía sobre nuestras vacaciones en Italia.
Tuve que separarla de mí, tomándola por los hombros. Si ella seguía besándome así no podría darle mi regalo.
—Eso no es todo —le dije, emocionado. Metí la mano en el bolsillo, buscando los pasajes —tengo tu regalo —saqué los pasajes y se los tendí. Ella los miró medio segundo y enseguida los tomó, acercándoselos al rostro. Reí al ver su rostro cambiar tan drásticamente de expresión y casi me voy de espaldas cuando ella se lanzó sobe mi para juntar nuestros labios. Me besó unos segundos y en seguida se separó de mí, mirándome con una sonrisa enorme.
—¿Es… estás bromeando? —preguntó. Tenía cara de no creérselo aún.
—Son nuestras vacaciones… —me morí el labio inferior. Ella pareció enloquecer y se lanzó a abrazarme mientras chillaba como loca, dando saltitos.
—¡Gracias, gracias, gracias, gracias! —se separó de mí, con la respiración entrecortada y las mejillas rojas —¡Sí! —rio como loca acercándose a mis labios para besarme — te amo, te amo, te amo —pronunció con sus labios sobre los míos. Rodeé su cintura con los brazos, juntando nuestros cuerpos.
—Te amo mucho, mucho más —separé nuestros labios, dejando nuestras frentes unidas.
—Sabes que no es cierto —rodeó mi cuello con sus brazos.
—Meer, al coche —su madre interrumpió el momento, llamándola. Mery se separó de mi y tomó mi mano, entrelacé nuestros dedos. Negó con la cabeza, aun sonriendo.
—No iré, mamá —se mordió el labio inferior, mirando a esa mujer con expresión divertida.
—No juegues, ven aquí ahora mismo —regaño, abriendo la puerta del coche. Pero antes de que lograra bajarse, Mery caminó hacia ella, llevándome a mí también y acercó al rostro de su madre los pasajes para Italia. Esta, luego de leer de qué se trataba, se rio con burla —ahora dime como piensas hacer que te firme el permiso para ir a Italia.
—No lo necesito —se encogió de hombros aun sonriendo —¿recuerdas lo que pasó un día como este hace dieciocho años? —miró impresionada a Mery, con el rostro desfigurado —es mi cumpleaños —se acomodó el cabello detrás de la oreja —y me voy con Bill —sonreí, con los ojos clavados en mi pequeña — ya no puedes alejarme de él. No tienes derecho sobre mi —la mujer se quedó en silencio, con la boca abierta a más no poder —Adolf, ¿puedes abrir el maletero? —con que así se llamaba el esposo de su madre. Solté su mano y me acerqué a la parte posterior del coche, ya estaba sin seguro por lo que no me molesté en preguntar y simplemente la abrí. Dios… eran dos maletas pero eran enormes. Las bajé, Mery se acercó para llevar una y yo la ayudé con la otra. Cerré todo y caminé hacia mi coche.
—¿Y vas a hacerme esto? —Mery se detuvo frente a ella. Yo también lo hice.
—No te hagas la víctima ahora. Me voy y nunca volveré a verte.
—¡Soy tu madre! —exclamó.
—Por desgracia… —suspiró fuertemente.
—Me… me vas a dejar sola —ella se lo había ganado, no tenía que quejarse.
—Tú sabes por qué. Vamos, Bill —comenzó a caminar. La seguí hacia el coche. Miré rápidamente hacia la casa de mamá. Ella miraba desde la ventana, le hice señas con la mano para que viniera con nosotros. Tenía que despedirme de ella. Acomodamos las maletas en los asientos traseros, ya que atrás estaba ocupado con las mías y estas dos cosas gigante no entrarían. Mamá llegó con nosotros en ese momento. Me despedí de ella, al igual que Mery, y luego de recibir un montón de besos y abrazos pudimos liberarnos para subir al coche.
Esto… esto era genial.




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