CAPITULO 35
Me sentía asustado, no sabía el estado de Meer, ningún doctor había salido de la habitación y ya llevaba una hora aquí sentado. Al parecer estaba condenado a pasarme el mes metido en el hospital. Por lo de mi madre y ahora por lo de Meer. Su madre ya estaba aquí con su esposo, conversaban de lo mejor, bebiendo café. Tom acababa de llegar y estaba al igual que yo, en silencio… esperando noticias. Lo único que deseaba en estos momentos era que Meer no tuviera algo grabe. Sería demasiado. Lo de mamá… ahora lo de Meer. Ya no quería más. Sólo quería que se recuperara, no me importaba si después ella se negaba a hablarme o se alejaba… lo único que deseaba era verla bien y en una pieza si no era mucho pedir. Y es que todo esto era mi culpa, no podía sentirme peor.
El doctor salió de la habitación y preguntó por los familiares de Meer. Me levanté de un salto y me acerqué a preguntarle cómo se encontraba. Su madre llegó después, a la mitad de la conversación… al parecer ni siquiera se había dado cuenta de que el doctor ya estaba aquí.
No voy a negar que me entraron ganas de llorar cuando mencionó que Meer no reaccionaba y que no estaba bien. Se había roto algunas costillas y una pierna, pero eso era lo de menos. El golpe en la cabeza le había provocado una hemorragia y se encontraba muy mal.
Ya habían pasado tres semanas desde el día del accidente de Meer. Ella seguía en el mismo estado, no reaccionaba, no despertaba. Yo la visitaba todos los días… me pasaba todo el tiempo libre en el hospital, viendo también a mamá, obviamente. Pero ella ya se encontraba mejor. Al menos ella estaba despierta. Lo que me preocupaba enormemente era el estado de Mery.
Había podido entrar a verla casi todos los días, cuando su madre no se encontraba… bah, es que ella nunca estaba aquí. Al fin y al cabo era mejor. No creo que a Meer le agradara tenerla cerca y a mí tampoco.
Entré a la habitación, al igual que un montón de veces antes… me senté en la silla que yo mismo había acercado a la camilla horas antes. Tomé aire… intentando calmarme, ya me había echado a llorar varias veces aquí, al verla en este estado.
—Mery… —comencé a hablar, como todas esas veces anteriores en que le había hablado sobre mis sentimientos y de lo preocupado y angustiado que me sentía —por favor despierta… —y es que eso era lo único que yo quería. Quería que despertara… aunque fuese sólo para decirme: vete de aquí, idiota. Quería verla bien, como antes —Mery, por favor… No me vayas a dejar… —tomé su mano entre las mías. Su mano estaba tibia, más que tibia a decir verdad —Dios, estas ardiendo… —temí que se hubiera enfermado o algo, a lo mejor tenía fiebre. Llevé mi mano a su rostro. Llegué a la conclusión de que era yo quien se moría de frío. Volví a tomar su mano entre las mías —ponte bien, amor —susurré despacio. Comencé a acariciar esa cicatriz con cuidado de no pasar a llevar esas cosas que Meer tenía pegadas en las manos. Siempre me habían dado nervio ese tipo de cosas —por favor discúlpame… Todo fue mi culpa… yo… quería que... —no valía la pena seguir hablando. Ya se lo había dicho millones de veces antes. Lo único que quería era que todo volviera a ser como antes, que ella me perdonara por todo.
La observé… parecía dormir, se veía como un ángel. Me mordí el labio inferior. Si no hubiese dejado que esto pasara, si hubiera hecho bien las cosas desde el principio todo esto sería diferente. Ella no estaría sufriendo ni estaría en este momento… así. Dejé caer con suavidad mi cabeza sobre su panza. Con cuidado de no aplastarla…
El doctor salió de la habitación y preguntó por los familiares de Meer. Me levanté de un salto y me acerqué a preguntarle cómo se encontraba. Su madre llegó después, a la mitad de la conversación… al parecer ni siquiera se había dado cuenta de que el doctor ya estaba aquí.
No voy a negar que me entraron ganas de llorar cuando mencionó que Meer no reaccionaba y que no estaba bien. Se había roto algunas costillas y una pierna, pero eso era lo de menos. El golpe en la cabeza le había provocado una hemorragia y se encontraba muy mal.
Ya habían pasado tres semanas desde el día del accidente de Meer. Ella seguía en el mismo estado, no reaccionaba, no despertaba. Yo la visitaba todos los días… me pasaba todo el tiempo libre en el hospital, viendo también a mamá, obviamente. Pero ella ya se encontraba mejor. Al menos ella estaba despierta. Lo que me preocupaba enormemente era el estado de Mery.
Había podido entrar a verla casi todos los días, cuando su madre no se encontraba… bah, es que ella nunca estaba aquí. Al fin y al cabo era mejor. No creo que a Meer le agradara tenerla cerca y a mí tampoco.
Entré a la habitación, al igual que un montón de veces antes… me senté en la silla que yo mismo había acercado a la camilla horas antes. Tomé aire… intentando calmarme, ya me había echado a llorar varias veces aquí, al verla en este estado.
—Mery… —comencé a hablar, como todas esas veces anteriores en que le había hablado sobre mis sentimientos y de lo preocupado y angustiado que me sentía —por favor despierta… —y es que eso era lo único que yo quería. Quería que despertara… aunque fuese sólo para decirme: vete de aquí, idiota. Quería verla bien, como antes —Mery, por favor… No me vayas a dejar… —tomé su mano entre las mías. Su mano estaba tibia, más que tibia a decir verdad —Dios, estas ardiendo… —temí que se hubiera enfermado o algo, a lo mejor tenía fiebre. Llevé mi mano a su rostro. Llegué a la conclusión de que era yo quien se moría de frío. Volví a tomar su mano entre las mías —ponte bien, amor —susurré despacio. Comencé a acariciar esa cicatriz con cuidado de no pasar a llevar esas cosas que Meer tenía pegadas en las manos. Siempre me habían dado nervio ese tipo de cosas —por favor discúlpame… Todo fue mi culpa… yo… quería que... —no valía la pena seguir hablando. Ya se lo había dicho millones de veces antes. Lo único que quería era que todo volviera a ser como antes, que ella me perdonara por todo.
La observé… parecía dormir, se veía como un ángel. Me mordí el labio inferior. Si no hubiese dejado que esto pasara, si hubiera hecho bien las cosas desde el principio todo esto sería diferente. Ella no estaría sufriendo ni estaría en este momento… así. Dejé caer con suavidad mi cabeza sobre su panza. Con cuidado de no aplastarla…
—no te debería haber dejado ir… fue todo culpa mía. Todo lo malo que te pasa, es por mi culpa… quizás, tendría que irme. Así tu podrías ser feliz… —de tan sólo pensarlo un escalofrío me recorría toda la espalda. Dejarla… me aterraba la idea de dejarla y no volver a verla jamás. Lo único que quería era verla bien pero yo era demasiado egoísta como para abandonarla para hacerla feliz. No podía… yo la necesitaba —pero no puedo… Yo… yo te amo. Y te amaré siempre —sonreí, al recordar ese papel que había dejado hace años entre mis libros —¿lo recuerdas? —aún lo guardaba… junto con sus fotos de antes y todos esos recuerdos de ella.
Escuché golpecitos en la puerta. Era la hora de que revisaran como se encontraba. Me levanté, soltando su mano despacio.
—Mi vida, debo irme… ya volveré dentro de muy poco, te amo —me agaché y suavemente junté nuestros labios en modo de despedida.
Salí de la habitación andando despacio. El horario de visitas ya terminaba y tenía que alcanzar a ver a mamá antes de irme… también preguntaría cuando es que le dan el alta.
Escuché golpecitos en la puerta. Era la hora de que revisaran como se encontraba. Me levanté, soltando su mano despacio.
—Mi vida, debo irme… ya volveré dentro de muy poco, te amo —me agaché y suavemente junté nuestros labios en modo de despedida.
Salí de la habitación andando despacio. El horario de visitas ya terminaba y tenía que alcanzar a ver a mamá antes de irme… también preguntaría cuando es que le dan el alta.
Saludé a la enfermera que entraba a hacerle los chequeos a Meer, luego me apresuré en ir hacia donde mamá.
Ya casi había pasado un mes… y Meer no despertaba. Mamá ya estaba en casa… Tom y Gordon la cuidaban mientras yo me pasaba el día en el hospital, esperando alguna noticia de mi pequeña. Todo se estaba complicando. Gordon se iría de viaje dentro de un mes y Tom y yo tendríamos que organizar el día de manera que pudiéramos cuidar a mamá. Estaba pensando seriamente en pedir mis vacaciones. Anteriormente había pedido días libres… ahora tenía que convencer al padre de Stella que me diera vacaciones o algo así. Le explicaría lo que pasaba con mi madre y todo eso. Además se le agregaba otro problema a mi lista. Y es que yo me quería pasar el día entero esperando a que Meer reaccionara y despertara del “sueño”. Y se me hacía imposible estar cuidando a mamá y estar en el hospital a la vez.
Ya casi había pasado un mes… y Meer no despertaba. Mamá ya estaba en casa… Tom y Gordon la cuidaban mientras yo me pasaba el día en el hospital, esperando alguna noticia de mi pequeña. Todo se estaba complicando. Gordon se iría de viaje dentro de un mes y Tom y yo tendríamos que organizar el día de manera que pudiéramos cuidar a mamá. Estaba pensando seriamente en pedir mis vacaciones. Anteriormente había pedido días libres… ahora tenía que convencer al padre de Stella que me diera vacaciones o algo así. Le explicaría lo que pasaba con mi madre y todo eso. Además se le agregaba otro problema a mi lista. Y es que yo me quería pasar el día entero esperando a que Meer reaccionara y despertara del “sueño”. Y se me hacía imposible estar cuidando a mamá y estar en el hospital a la vez.
Ese mismo día una amiga de Meer llegó de América para verla. Se había enterado del accidente de mi pequeña e hizo todo lo posible para venir a visitarla. Desconocía el hecho de que Meer tuviese amigas, cuando yo la conocía nada más hablaba con chicos. La chica esa se llamaba Emma, tenía el cabello teñido de rubio… aunque más que rubio parecía amarillo y dejaba un poco ciego cuando la luz se reflejaba en él. Vale, exagero. La cosa es que era simpática… y maté el tiempo hablando con ella.
Una semana después Meer comenzó a responder ante estímulos… pero los doctores decidieron mantenerla sedada mientras le hacían exámenes. Despertaría en cuestión de horas o días.
Ese día me había levantado temprano para ir al trabajo… sabía que probablemente Meer despertaría hoy y quería ver como estaba. Habían probabilidades de que despertara desorientada, se le olvidaran algunas cositas o incluso también podía olvidar muchas cosas, también podía ser que tuviera problemas de comunicación o algo por el estilo. Justamente por todos esos riesgos le hacían exámenes y esas cosas antes de dejarla abrir los ojos.
Estuve todo el día en el trabajo sin poder hacer nada bien. No podía quitármela de la cabeza… en la hora de almuerzo, llamé a mi madre, como de costumbre para hablar con ella un poco y ver como estaba. Le dije que la iría a ver luego del trabajo… como siempre lo hacía. Después de visitarla iba a lo de Meer. Aunque ahora estaba demasiado impaciente por ver qué pasaba, quizás mi visita donde mamá iba a ser corta. Estaba pensando en ir a pasar algunos días en su casa, para cuidarla mejor cuando Gordon se fuera, para poder estar en las noches con ella también. A demás, claro… la casa de mamá quedaba más cerca del trabajo, más cerca del hospital y mucho más cerca de la casa de Meer.
A eso de las cuatro de la tarde recibí una llamada al móvil de un número desconocido.
—¿Hola?
—¡Bill, no sabes lo que acaba de pasar! —era Emma. Yo sabía a qué se refería… Meer había despertado. Sentí mi corazón latir con fuerza, me costó respirar de la emoción.
—¿Es… es Meer? —pregunté casi sin aliento.
—¡Sí! Despertó hace un rato. Creo que está bien. Tienen que hacerle unos exámenes… y… y luego podremos verla nosotros, sólo su madre puede hacerlo ahora. —tragué saliva.
—En cuanto pueda estaré allá —inevitablemente sonreí. Meer había despertado. ¡Mery estaba despierta!
—Preguntó por ti al despertar —mencionó luego de un prolongado silencio. Me entraron ganas de ponerme a gritar como un loco ¡Había preguntado por mí! ¿Podía pasarme algo mejor en un momento así? Lo dudo.
—¿De… de verdad?
—¡Sí! —la escuché reír del otro lado —tengo que dejarte… no me queda más dinero para continuar la llamada. Nos vemos.
—Ok, hasta pronto —corté.
Esto… esto era… ¡uff!, lo mejor que me había pasado en días. Me sentía tan feliz que ni siquiera podía concentrarme en el trabajo. Que suerte que se me había ocurrido darme mi número a Emma para que me avisara cualquier cosa de Meer.
Al terminar con el trabajo, pasé a casa de mi madre. Tom ya estaba allí… los saludé a todos con una sonrisa en el rostro, obviamente se dieron cuenta de que algo me pasaba y me vi en la obligación de decirles lo de Meer. Y aunque Tom y mi padrastro me dijeron que fuera a verla ahora mismo, tuve que negarme porque mamá me obligó a quedarme para la cena que había preparado Tom. Hoy había cocinado él… habían otros días donde Gordon lo hacía y otro donde cocinaba yo. Tom era el único que no había cocinado para todos nosotros y hoy era el día en que probaríamos su comida.
Resultó no estar tan asquerosa como pensé. Es más, sabía excelente. Durante la cena le dije a mamá que dentro de la semana volvía a vivir a esta casa temporalmente. Y a ella le pareció excelente. Le gustaba que Tom y yo estuviésemos con ella. Aunque creo que iba a ser mucho mejor si contratábamos a alguien que se preocupara de ella durante el día para así poder trabajar tranquilos. Mi madre no podía valerse por sí misma… no podía caminar.
Me apenaba verla así… pero estaba bastante bien en comparación a lo que le podría haber pasado. Podríamos haberla perdido. De todas maneras entre los tres pagaríamos el tratamiento de meses y meses, para poder verla caminar de nuevo. No esperábamos una recuperación completa o algo milagroso… sólo queríamos que ella pudiera ser independiente de nuevo.
Me despedí de todos y me subí en el coche para ir directo al hospital. Estaba nervioso… no sabía con qué Meer me iba a encontrar allí. Primero iba a hablar con el doctor para preguntarle el estado de mi pequeña… si es que daba con él, claro. Luego entraría a verla. Era tarde, ya estaba oscureciendo.
Estuve todo el día en el trabajo sin poder hacer nada bien. No podía quitármela de la cabeza… en la hora de almuerzo, llamé a mi madre, como de costumbre para hablar con ella un poco y ver como estaba. Le dije que la iría a ver luego del trabajo… como siempre lo hacía. Después de visitarla iba a lo de Meer. Aunque ahora estaba demasiado impaciente por ver qué pasaba, quizás mi visita donde mamá iba a ser corta. Estaba pensando en ir a pasar algunos días en su casa, para cuidarla mejor cuando Gordon se fuera, para poder estar en las noches con ella también. A demás, claro… la casa de mamá quedaba más cerca del trabajo, más cerca del hospital y mucho más cerca de la casa de Meer.
A eso de las cuatro de la tarde recibí una llamada al móvil de un número desconocido.
—¿Hola?
—¡Bill, no sabes lo que acaba de pasar! —era Emma. Yo sabía a qué se refería… Meer había despertado. Sentí mi corazón latir con fuerza, me costó respirar de la emoción.
—¿Es… es Meer? —pregunté casi sin aliento.
—¡Sí! Despertó hace un rato. Creo que está bien. Tienen que hacerle unos exámenes… y… y luego podremos verla nosotros, sólo su madre puede hacerlo ahora. —tragué saliva.
—En cuanto pueda estaré allá —inevitablemente sonreí. Meer había despertado. ¡Mery estaba despierta!
—Preguntó por ti al despertar —mencionó luego de un prolongado silencio. Me entraron ganas de ponerme a gritar como un loco ¡Había preguntado por mí! ¿Podía pasarme algo mejor en un momento así? Lo dudo.
—¿De… de verdad?
—¡Sí! —la escuché reír del otro lado —tengo que dejarte… no me queda más dinero para continuar la llamada. Nos vemos.
—Ok, hasta pronto —corté.
Esto… esto era… ¡uff!, lo mejor que me había pasado en días. Me sentía tan feliz que ni siquiera podía concentrarme en el trabajo. Que suerte que se me había ocurrido darme mi número a Emma para que me avisara cualquier cosa de Meer.
Al terminar con el trabajo, pasé a casa de mi madre. Tom ya estaba allí… los saludé a todos con una sonrisa en el rostro, obviamente se dieron cuenta de que algo me pasaba y me vi en la obligación de decirles lo de Meer. Y aunque Tom y mi padrastro me dijeron que fuera a verla ahora mismo, tuve que negarme porque mamá me obligó a quedarme para la cena que había preparado Tom. Hoy había cocinado él… habían otros días donde Gordon lo hacía y otro donde cocinaba yo. Tom era el único que no había cocinado para todos nosotros y hoy era el día en que probaríamos su comida.
Resultó no estar tan asquerosa como pensé. Es más, sabía excelente. Durante la cena le dije a mamá que dentro de la semana volvía a vivir a esta casa temporalmente. Y a ella le pareció excelente. Le gustaba que Tom y yo estuviésemos con ella. Aunque creo que iba a ser mucho mejor si contratábamos a alguien que se preocupara de ella durante el día para así poder trabajar tranquilos. Mi madre no podía valerse por sí misma… no podía caminar.
Me apenaba verla así… pero estaba bastante bien en comparación a lo que le podría haber pasado. Podríamos haberla perdido. De todas maneras entre los tres pagaríamos el tratamiento de meses y meses, para poder verla caminar de nuevo. No esperábamos una recuperación completa o algo milagroso… sólo queríamos que ella pudiera ser independiente de nuevo.
Me despedí de todos y me subí en el coche para ir directo al hospital. Estaba nervioso… no sabía con qué Meer me iba a encontrar allí. Primero iba a hablar con el doctor para preguntarle el estado de mi pequeña… si es que daba con él, claro. Luego entraría a verla. Era tarde, ya estaba oscureciendo.

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