—¿C…cómo? —Tom no contestó. Escuchaba su fuerte respiración del otro lado. No tuve el valor de preguntar cómo estaba mamá. Pestañeé seguidas veces y me obligué a respirar. Todo mi cuerpo parecía un verdadero flan —voy para allá.
Me levanté del asiento y prácticamente corrí hacia la salida, intentando guardar el móvil en el bolsillo. Lo logré luego de varios intentos. Busqué las llaves del coche con las manos temblorosas, le quité el seguro, me subí… Me costó un par de segundos ponerlo en marcha. No podía ser… un accidente. No sabía que tan grave había sido. Pero a juzgar por el tono de voz de Tom… agh, ni siquiera podía imaginarlo.
Y como soy un gran idiota, olvidé preguntarle a Tom en qué hospital estaba. Intenté llamarlo de nuevo, pero nadie contestó del otro lado. Bien, buscaría yo mismo el hospital. Me dirigí al de siempre, el de costumbre. Por suerte mamá se encontraba aquí. Me indicaron donde estaba…
Avancé a paso rápido hasta el ascensor, marqué el piso… Comencé a respirar entrecortadamente. En cuanto las puertas del ascensor se abrieron, prácticamente corrí en la dirección que me habían indicado. Me encontré con una puerta enorme. Sí, definitivamente aquí era donde atendían los peores casos. Tom debía estar allí. Empujé la puerta, y pasé hacia otro pasillo. Giré a la derecha, busqué a Tom con la mirada. Allí estaba. Me acerqué andando rápido. Pude distinguir a mi padrastro allí también.
—¿Cómo está? —fue lo primero que pregunté al llegar allí. Tom se levantó del asiento donde estaba sentado. Gordon ni siquiera se movió.
—No lo sabemos… no salen doctores aún —pestañeé seguidas veces y tragué saliva.
—¿Qué fue lo que pasó? —Tom bajó la mirada, negando con la cabeza despacio.
—Se estrelló contra un camión —abrí los ojos como platos ¿Un… un camión? me quedé en silencio y no supe que decir. Me entraron ganas de llorar ¿cómo era posible que algo así pasara? Me senté en el asiento más cercano. Tom se sentó a mi lado y escondió la cara entre sus manos.
No sabía que pensar, que suponer… estaba preocupado. Lo único que quería era que apareciera un doctor para darnos alguna noticia de cómo se encontraba. Sentía como si tuviese un agujero en el pecho, un doloroso agujero. Tenía los ojos húmedos. Sabía que si no me contenía iba a echarme a llorar. Mi madre era de las personas más importantes de mi vida y no soportaba la idea de que le pasara algo así de grave.
No sabía que pensar, que suponer… estaba preocupado. Lo único que quería era que apareciera un doctor para darnos alguna noticia de cómo se encontraba. Sentía como si tuviese un agujero en el pecho, un doloroso agujero. Tenía los ojos húmedos. Sabía que si no me contenía iba a echarme a llorar. Mi madre era de las personas más importantes de mi vida y no soportaba la idea de que le pasara algo así de grave.
El doctor salió luego de una hora casi agonizante para nosotros. Nos levantamos de golpe y nos acercamos a él para preguntarle cómo se encontraba. Según lo que nos explicó y yo logré escuchar con claridad, mamá se había golpeado fuertemente la cabeza y la columna. Sólo se había fracturado el brazo, no recuerdo donde… pero eso era lo de menos. Lo peor había sido el golpe de la cabeza y de la columna que a lo mejor podrían traer problemas. Justamente por eso era que el doctor debía evaluarla las siguientes horas para luego ver si se necesitaba una nueva cirugía o algo así. Por ahora, mamá estaba inconsciente… y estaba muy mal, a decir verdad. No quise seguir escuchando sus explicaciones y me volví al asiento. Tom y mi padrastro se quedaron allí.
Ok, era grave. Me encogí y agaché un poco la cabeza. No quería llorar, realmente no quería. Pero es que se me hacía imposible reprimir las lágrimas. Se trataba de mi madre.
Ya era tarde… habían pasado horas y más horas. Estaban operando nuevamente a mamá. Al parecer todo iba de mal en peor. Miré hacia la ventana. Ya era de noche. Ahora también nos acompañaba nuestra tía Marianne, hermana de mamá. Sentí como mi estómago gruñía. No había comido en horas, desde que había llegado aquí.
Me di cuenta de que todos allí habían desviado la cabeza hacia la misma dirección, los imité ¿qué hacían ellos aquí? fruncí el ceño. Para empezar, mamá estaba pasando por una situación muy delicada… además, todos estábamos tristes aquí, éramos los familiares más cercanos y ellos no tenían nada que hacer en este lugar. La madre de Meer no tendría que haber venido, con lo mal que nos caía a todos… mi madre era la única que la soportaba. El hombre ese, su esposo… pff, nadie lo conocía en realidad. Y Meer, pues ella… a juzgar por su expresión, la habían traído a la fuerza. No tendría que haber venido si no tenía ganas.
Aparté los ojos. La mujer esa llegó a saludarnos. Meer no dijo nada y yo intenté no prestarle atención ni a ella ni a su madre. Meer acabó por alejarse de grupo, pude verla de reojo… y se acercó a la ventana. Se notaba aburrida, seguro ni siquiera quería estar aquí. Tenía ganas de decirle que se marchara… pero no, eso sería grosero. A demás, su presencia era un poco tranquilizadora.
Gordon estuvo conversando con esa mujer, explicándole lo que le pasaba a mamá en estos momentos, los riesgos que corría y todo eso que yo no quería pensar.
Inevitablemente busqué a Meer con la mirada… se estaba poniendo unos guantes negros. Seguro intentaba tapar su cicatriz. No tendría que haberle hecho ese comentario hace un rato. Quizás no tendría que haberle recordado ese momento que había sido malo tanto para ella como para mí. Suspiré. La preocupación por mamá no se iba, es más… seguía aumentando.
—Holaaa, hola, hola —miré. Era Stella ¿cómo se había enterado? Pff, era lo único que faltaba, tenerla a ella aquí —hola, Bill. Vine en cuanto me enteré… ¿Cómo está Simone? —se sentó a mi lado, empujando a Tom.
—Hola —fue lo único que pude contestarle. No le dije nada más, quería que se fuera. Aparté la mirada y clavé los ojos en Meer, durante medio segundo… Vi como hablaba por el móvil, sonreía, se notaba feliz. Bien por ella… estaba feliz. Incluso yo podía escuchar su conversación, prácticamente gritaba. No tardó el cortar, al darse cuenta de que todos allí la mirábamos.
Estuve conversando con Stella un momento, ella no dejaba de preguntarme como se encontraba Simone, por lo que tuve que explicarle la situación.
Unos minutos después pude ver como Tom se levantaba del asiento y se iba dónde Meer. No le quité los ojos de encima. ¿Qué hacía él con Meer? Bien, si, lo acepto. No me gusta que esos dos hablen.
Estuve pensando, intentando no mirarlos… incluso intenté prestarle más atención a Stella, pero se me hacía imposible. Tom jugaba con la mano de Meer y esta no hacía nada. Realmente no sabía que era lo que había hecho Tom para que Meer se comportara tan bien con él ¿por qué conmigo era tan diferente? pff, de seguro me odiaba. No sabía qué hacer, qué pensar…Estaba pasando por uno de los peores momentos de mi vida y como si fuera poco me preocupaba también de Meer y Tom que conversaban de lo mejor. Estaba celoso, lo sé, lo acepto. Estaba celoso de mi hermano. ¿Cómo es que él podía hablar con Meer, incluso tomarle la mano y quitarle los guantes sin que ella le dijera algo o lo asesinara con la mirada? sentí sonar nuevamente mi estómago. Agh, moría de hambre.
Vi a Meer dejarle su bolso a Tom y luego levantarse e ir hacia el ascensor. Bien, yo también bajaría, pero sería para comprar algo de comer.
Me levanté del asiento, haciendo que Stella me soltara el brazo.
—¿A dónde vas, Bill? —me preguntó, levantándose ella también.
—A comprar algo de comer, muero de hambre… —solté rápidamente. A lo mejor, si me apuraba… podía encontrarla en el ascensor.
—¿Quieres que compre yo? —negué con la cabeza.
—No… no te preocupes. Vuelvo enseguida —no escuché su respuesta y me alejé andando rápido hasta el ascensor. Meer se había ido. Genial. Le di al botoncito ese y esperé.
Me di cuenta de que todos allí habían desviado la cabeza hacia la misma dirección, los imité ¿qué hacían ellos aquí? fruncí el ceño. Para empezar, mamá estaba pasando por una situación muy delicada… además, todos estábamos tristes aquí, éramos los familiares más cercanos y ellos no tenían nada que hacer en este lugar. La madre de Meer no tendría que haber venido, con lo mal que nos caía a todos… mi madre era la única que la soportaba. El hombre ese, su esposo… pff, nadie lo conocía en realidad. Y Meer, pues ella… a juzgar por su expresión, la habían traído a la fuerza. No tendría que haber venido si no tenía ganas.
Aparté los ojos. La mujer esa llegó a saludarnos. Meer no dijo nada y yo intenté no prestarle atención ni a ella ni a su madre. Meer acabó por alejarse de grupo, pude verla de reojo… y se acercó a la ventana. Se notaba aburrida, seguro ni siquiera quería estar aquí. Tenía ganas de decirle que se marchara… pero no, eso sería grosero. A demás, su presencia era un poco tranquilizadora.
Gordon estuvo conversando con esa mujer, explicándole lo que le pasaba a mamá en estos momentos, los riesgos que corría y todo eso que yo no quería pensar.
Inevitablemente busqué a Meer con la mirada… se estaba poniendo unos guantes negros. Seguro intentaba tapar su cicatriz. No tendría que haberle hecho ese comentario hace un rato. Quizás no tendría que haberle recordado ese momento que había sido malo tanto para ella como para mí. Suspiré. La preocupación por mamá no se iba, es más… seguía aumentando.
—Holaaa, hola, hola —miré. Era Stella ¿cómo se había enterado? Pff, era lo único que faltaba, tenerla a ella aquí —hola, Bill. Vine en cuanto me enteré… ¿Cómo está Simone? —se sentó a mi lado, empujando a Tom.
—Hola —fue lo único que pude contestarle. No le dije nada más, quería que se fuera. Aparté la mirada y clavé los ojos en Meer, durante medio segundo… Vi como hablaba por el móvil, sonreía, se notaba feliz. Bien por ella… estaba feliz. Incluso yo podía escuchar su conversación, prácticamente gritaba. No tardó el cortar, al darse cuenta de que todos allí la mirábamos.
Estuve conversando con Stella un momento, ella no dejaba de preguntarme como se encontraba Simone, por lo que tuve que explicarle la situación.
Unos minutos después pude ver como Tom se levantaba del asiento y se iba dónde Meer. No le quité los ojos de encima. ¿Qué hacía él con Meer? Bien, si, lo acepto. No me gusta que esos dos hablen.
Estuve pensando, intentando no mirarlos… incluso intenté prestarle más atención a Stella, pero se me hacía imposible. Tom jugaba con la mano de Meer y esta no hacía nada. Realmente no sabía que era lo que había hecho Tom para que Meer se comportara tan bien con él ¿por qué conmigo era tan diferente? pff, de seguro me odiaba. No sabía qué hacer, qué pensar…Estaba pasando por uno de los peores momentos de mi vida y como si fuera poco me preocupaba también de Meer y Tom que conversaban de lo mejor. Estaba celoso, lo sé, lo acepto. Estaba celoso de mi hermano. ¿Cómo es que él podía hablar con Meer, incluso tomarle la mano y quitarle los guantes sin que ella le dijera algo o lo asesinara con la mirada? sentí sonar nuevamente mi estómago. Agh, moría de hambre.
Vi a Meer dejarle su bolso a Tom y luego levantarse e ir hacia el ascensor. Bien, yo también bajaría, pero sería para comprar algo de comer.
Me levanté del asiento, haciendo que Stella me soltara el brazo.
—¿A dónde vas, Bill? —me preguntó, levantándose ella también.
—A comprar algo de comer, muero de hambre… —solté rápidamente. A lo mejor, si me apuraba… podía encontrarla en el ascensor.
—¿Quieres que compre yo? —negué con la cabeza.
—No… no te preocupes. Vuelvo enseguida —no escuché su respuesta y me alejé andando rápido hasta el ascensor. Meer se había ido. Genial. Le di al botoncito ese y esperé.
Quien quiera que haya sido que atendía el kiosco de golosinas, hacía mal su trabajo… pues no estaba aquí. Yo ya tenía elegido lo que me iba a comprar y todo, pero nadie llegaba a atenderme. Ya estaba por irme de allí y dirigirme a la cafetería cuando vi Meer acercarse. Seguro venía a comprar también… buen, no me iría. Si Tom podía hablar con ella y llevarse bien ¿por qué yo no podía hacerlo? Ok, Bill… relájate, allí viene. Quizás también podía pedirle disculpar por lo de hace un rato. No tendría que haberle hablado así. Quizás se habría comportado de forma amable conmigo de no ser porque yo me… bah, a quien engaño. Me ponía de muy mal humor su forma de mirarme, de actuar y de decir las cosas. No podía aguantarme a decirle algo feo.
Llegó a mi lado, esperó un momento mirando los dulces y todas esas cosas… después de un momento se afirmó sobre el mesón, seguramente a esperar. La mire… ahora era el momento, tenía que hablarle. A lo mejor acabábamos peleando como antes, pero al menos debía intentarlo.
Llegó a mi lado, esperó un momento mirando los dulces y todas esas cosas… después de un momento se afirmó sobre el mesón, seguramente a esperar. La mire… ahora era el momento, tenía que hablarle. A lo mejor acabábamos peleando como antes, pero al menos debía intentarlo.
—Hola —la saludé. Ella se tardó un poco en contestar. Me miró confundida.
—Hola —al menos no había sonado agresiva. Quizás sería lindo si le sonreía… pero simplemente no podía hacerlo. Me mordí el labio inferior, intentando pensar algo para decirle… para entablar algún tipo de conversación amigable.
—¿También quieres comprar algo? —eso era algo tan obvio. Por eso estaba aquí, se supone. Me imaginé que me contestaría algo así como: ¿no es obvio? o que se yo… pero en vez de eso, simplemente abrió la boca para soltar un simple:
—Si.
—Siento lo de hoy en el restaurante —me disculpé por haberla tratado de esa manera.
—Como quieras —no supe que decirle. Miré hacia otro lado, mordiéndome el labio inferior. Estaba nervioso —se te quedó todo el dinero.
—¿Ah? —¿dinero?... ¿Qué dine…? Ah… lo del almuerzo, claro. Había salido tan apurado que ni siquiera había esperado el vuelto, y tampoco le había dado su propina —Oh, Sí —volví a mirarla… ella se metió la mano en el bolsillo trasero de su pantalón y de allí sacó los billetes y las monedas.
—Ten —tomé todo con cuidado de que no se cayera. Genial, ocuparía esto para comprar.
—Hola —al menos no había sonado agresiva. Quizás sería lindo si le sonreía… pero simplemente no podía hacerlo. Me mordí el labio inferior, intentando pensar algo para decirle… para entablar algún tipo de conversación amigable.
—¿También quieres comprar algo? —eso era algo tan obvio. Por eso estaba aquí, se supone. Me imaginé que me contestaría algo así como: ¿no es obvio? o que se yo… pero en vez de eso, simplemente abrió la boca para soltar un simple:
—Si.
—Siento lo de hoy en el restaurante —me disculpé por haberla tratado de esa manera.
—Como quieras —no supe que decirle. Miré hacia otro lado, mordiéndome el labio inferior. Estaba nervioso —se te quedó todo el dinero.
—¿Ah? —¿dinero?... ¿Qué dine…? Ah… lo del almuerzo, claro. Había salido tan apurado que ni siquiera había esperado el vuelto, y tampoco le había dado su propina —Oh, Sí —volví a mirarla… ella se metió la mano en el bolsillo trasero de su pantalón y de allí sacó los billetes y las monedas.
—Ten —tomé todo con cuidado de que no se cayera. Genial, ocuparía esto para comprar.
—Gracias —suspiré. La miré, miré sus rostro… su ojos y no pude evitar preguntar —¿tu madre te trajo a la fuerza?
—No. Digo… me sacó de casa, pero yo no sabía dónde íbamos… veníamos —ah, bueno.
—Ah, pensé que… —cerré la boca. No quise seguir hablando, no quería echar a perder las cosas. En una de esas se enojaba si le decía que yo pensaba que había venido por obligación, sin tener la intención de apoyarnos a mí y a Tom en un momento así. Bueno, en realidad parecía que sólo apoyaba a Tom, y es que con todo lo que yo le había dicho hace un rato…
—…¿qué? —preguntó al yo quedarme callado.
—No... nada —intenté cambiar de tema rápidamente —¿qué quieres comprarte?
—Un capuchino, ¿y tú? —por suerte no preguntó más.
—Algo para comer, estoy muerto de hambre —intenté sonreír, para darle un poco de gracia al asunto. No resultó. Aun así ella pareció interesarse en mi intento de sonrisa.
—¿Desde cuando estás aquí?
—Horas. Mamá tuvo un accidente y la están operando… está bastante mal —miré mis zapatos.
—Tom me lo dijo —Tom, Tom, Tom. Claro… como había estado conversando con él desde que había llegado.
—Veo que ahora eres muy amiga de Tom… —solté sin pensar. Me arrepentí de haber dicho eso.
—Él me trata bien —la miré, Meer ya no me miraba.
—Ah… —suspiré. Desde ahora tenía que tratar bien a Meer, supongo. Para llevarme bien con ella —¿no te has visto con él durante la semana? —y nuevamente hablé sin pensar ¡pero que estúpido! claro, ahora quedaba como un estúpido celoso. Genial.
—No —uff.
—¡Hola!, ¿qué necesitas? —giré la cabeza un poco asustado… por fin alguien había llegado a atendernos.
—Necesito un café… —Amm… creo que a Meer quería —capuchino —y si, son deliciosos, a mí también me gustan —y una de estas —señalé el paquetito de galletas de chocolate bajo el mostrador.
—Ok —dijo ella. Dejé de mirarla y mientras ella preparaba todo miré a Meer. Miraba a la chica esta que me había atendido, asesinándola. Me pareció gracioso. Recibí las galletas y el café, luego le pagué.
—Gracias —le dije, guardándome el vuelto. Le tendí el café a Meer —Ten —me miró un momento sin entender. Luego, un poco cortada, tomó el café —un regalo —reí sin ganas, Meer sonrió. Estaba seguro de que me iba a dar las gracias, pero la chica que nos atendía interrumpió.
—¿Qué necesitas? —Meer la miró con los ojos entrecerrados.
—Nada —dijo para luego volver a mirarme.
—Gracias. Luego te lo pagaré —me dijo.
—No te preocupes —nos fuimos hacia el ascensor. Le di el botón… bien, esto iba bien. Ahora lo único que quería era llegar allí arriba para preguntar sobre mamá. Estaba muy preocupado por ella. El ascensor se abrió, nos subimos, íbamos solos allí adentro. Marqué el botón del piso y luego miré el paquete de galletas, quizás tendría que haber comprado más… pasa convidarle a Meer, a Tom, a Gordon… a tía Marianne. Seguro estos tres últimos tenían hambre también. Que poco considerado… pero bueno, tendríamos que conformarnos con poco.
Solté un grito al sentir algo caliente en mi cuerpo, me alejé, tomando la camiseta con las manos, separándola de mi piel. Agh, como ardía… miré rápidamente que había pasado, el ascensor se detuvo, Meer había apretado el botón. Dejó caer el vaso del café vacío… ¡me había quemado! y mierda, como dolía. Pero que torpe, ¡que torpe! Me enojé, realmente me enojé. Y sin quererlo, quizás porque estaba muy mal emocionalmente por lo de mi madre, le comencé a gritar… me había salido de control.
—¡Me quemaste! ¿qué mierda se te pasa por la cabeza? ¿¡Pero como…?¡ ¡No puedes ser más torpe! —estaba demasiado fuera de mi como para darme cuenta de que estaba exagerándolo todo.
—¡No me grites! —contestó. ¡Pero si ella me había quemado! Y dioooos, como dolía.
—¡¿Y te atreves a decir eso?! ¡estás loca! —grité.
—¡No me insultes!
—¡Oh, sí, claro! ¡¿Y qué es lo que tú has hecho durante todo este tiempo?! ¡y ahora vienes y me tiras el café encima! —la empujé dándole un golpe en el hombro. Ella retrocedió un par de pasos —Dios, eres una inútil. Con razón te echaron de la escuela. ¡estás loca! —miré mi camiseta. Lo único que faltaba era que me tiraran café encima.
—¡Cállate! —gritó más fuerte.
—No. Digo… me sacó de casa, pero yo no sabía dónde íbamos… veníamos —ah, bueno.
—Ah, pensé que… —cerré la boca. No quise seguir hablando, no quería echar a perder las cosas. En una de esas se enojaba si le decía que yo pensaba que había venido por obligación, sin tener la intención de apoyarnos a mí y a Tom en un momento así. Bueno, en realidad parecía que sólo apoyaba a Tom, y es que con todo lo que yo le había dicho hace un rato…
—…¿qué? —preguntó al yo quedarme callado.
—No... nada —intenté cambiar de tema rápidamente —¿qué quieres comprarte?
—Un capuchino, ¿y tú? —por suerte no preguntó más.
—Algo para comer, estoy muerto de hambre —intenté sonreír, para darle un poco de gracia al asunto. No resultó. Aun así ella pareció interesarse en mi intento de sonrisa.
—¿Desde cuando estás aquí?
—Horas. Mamá tuvo un accidente y la están operando… está bastante mal —miré mis zapatos.
—Tom me lo dijo —Tom, Tom, Tom. Claro… como había estado conversando con él desde que había llegado.
—Veo que ahora eres muy amiga de Tom… —solté sin pensar. Me arrepentí de haber dicho eso.
—Él me trata bien —la miré, Meer ya no me miraba.
—Ah… —suspiré. Desde ahora tenía que tratar bien a Meer, supongo. Para llevarme bien con ella —¿no te has visto con él durante la semana? —y nuevamente hablé sin pensar ¡pero que estúpido! claro, ahora quedaba como un estúpido celoso. Genial.
—No —uff.
—¡Hola!, ¿qué necesitas? —giré la cabeza un poco asustado… por fin alguien había llegado a atendernos.
—Necesito un café… —Amm… creo que a Meer quería —capuchino —y si, son deliciosos, a mí también me gustan —y una de estas —señalé el paquetito de galletas de chocolate bajo el mostrador.
—Ok —dijo ella. Dejé de mirarla y mientras ella preparaba todo miré a Meer. Miraba a la chica esta que me había atendido, asesinándola. Me pareció gracioso. Recibí las galletas y el café, luego le pagué.
—Gracias —le dije, guardándome el vuelto. Le tendí el café a Meer —Ten —me miró un momento sin entender. Luego, un poco cortada, tomó el café —un regalo —reí sin ganas, Meer sonrió. Estaba seguro de que me iba a dar las gracias, pero la chica que nos atendía interrumpió.
—¿Qué necesitas? —Meer la miró con los ojos entrecerrados.
—Nada —dijo para luego volver a mirarme.
—Gracias. Luego te lo pagaré —me dijo.
—No te preocupes —nos fuimos hacia el ascensor. Le di el botón… bien, esto iba bien. Ahora lo único que quería era llegar allí arriba para preguntar sobre mamá. Estaba muy preocupado por ella. El ascensor se abrió, nos subimos, íbamos solos allí adentro. Marqué el botón del piso y luego miré el paquete de galletas, quizás tendría que haber comprado más… pasa convidarle a Meer, a Tom, a Gordon… a tía Marianne. Seguro estos tres últimos tenían hambre también. Que poco considerado… pero bueno, tendríamos que conformarnos con poco.
Solté un grito al sentir algo caliente en mi cuerpo, me alejé, tomando la camiseta con las manos, separándola de mi piel. Agh, como ardía… miré rápidamente que había pasado, el ascensor se detuvo, Meer había apretado el botón. Dejó caer el vaso del café vacío… ¡me había quemado! y mierda, como dolía. Pero que torpe, ¡que torpe! Me enojé, realmente me enojé. Y sin quererlo, quizás porque estaba muy mal emocionalmente por lo de mi madre, le comencé a gritar… me había salido de control.
—¡Me quemaste! ¿qué mierda se te pasa por la cabeza? ¿¡Pero como…?¡ ¡No puedes ser más torpe! —estaba demasiado fuera de mi como para darme cuenta de que estaba exagerándolo todo.
—¡No me grites! —contestó. ¡Pero si ella me había quemado! Y dioooos, como dolía.
—¡¿Y te atreves a decir eso?! ¡estás loca! —grité.
—¡No me insultes!
—¡Oh, sí, claro! ¡¿Y qué es lo que tú has hecho durante todo este tiempo?! ¡y ahora vienes y me tiras el café encima! —la empujé dándole un golpe en el hombro. Ella retrocedió un par de pasos —Dios, eres una inútil. Con razón te echaron de la escuela. ¡estás loca! —miré mi camiseta. Lo único que faltaba era que me tiraran café encima.
—¡Cállate! —gritó más fuerte.
—¡Tu padre tuvo mucha razón con enviarte de vuelta! ¡Pff! ¡¿Quién mierda necesita a una torpe estúpida como tú?! —Meer negó con la cabeza, sin mirarme —¡Oh, vamos! Tú no le importas a nadie, ¿sabías? —Agh, la camiseta era un desastre. Me la quité —no eres más que algo inservible… Ni siquiera te va bien en la escuela. No eres nadie —me di la vuelta, apreté un poco la camiseta, para quitar el exceso de café. Luego comencé a buscar el botón para hacer andar el ascensor de nuevo —a ver como se hace andar esta cosa.
—Estúpido —lo dijo muy despacio, pero aún así pude escucharlo.
—Estúpido —lo dijo muy despacio, pero aún así pude escucharlo.
—¡¿Estúpido?! ¿Y lo dices tú?... ¿Sabes? Odio tu forma de ser, odio en lo que te has convertido —me encontraba de espaldas a ella, dándole todos los botones —jamás debiste haber vuelto. Es el peor día de mi vida y tengo que estar aquí encerrado… ¡Y contigo! ¡encima lleno de café! ¡Argh! No doy más.
—Fue un accidente.
—¡No fue un accidente, lo hiciste a propósito! ¡Agh, putos botones! —genial, no podía hacer funcionar esta cosa —podrías irte de aquí, todo estaba bien antes de que tú llegaras —me volteé. Dios, estaba más que enojado, esto era… agh. Seguro lo había hecho a propósito y todo, después, ni siquiera me pedía disculpas. La miré. Sentí una fuerte puntada en el pecho cuando la vi temblando… podía ver sus mejillas, estaban húmedas.
—Fue un accidente.
—¡No fue un accidente, lo hiciste a propósito! ¡Agh, putos botones! —genial, no podía hacer funcionar esta cosa —podrías irte de aquí, todo estaba bien antes de que tú llegaras —me volteé. Dios, estaba más que enojado, esto era… agh. Seguro lo había hecho a propósito y todo, después, ni siquiera me pedía disculpas. La miré. Sentí una fuerte puntada en el pecho cuando la vi temblando… podía ver sus mejillas, estaban húmedas.
Me invadió la culpabilidad, y me di cuenta de que lo había exagerado todo… me di cuenta en ese momento de que le había gritado a Meer soltando todo lo malo que sentía, explotando… había dejado salir la preocupación hacia mi madre y todo eso… a modo de gritos, como si ella fuese la culpable de todo lo malo que me pasaba. Esto no era justo, me había comportado como un tonto. Y… y ahora ella estaba así. Escuché sus sollozos. Había hecho llorar a una chica, a Meer. Sentí como si algo me aprisionara el pecho, dolía.
Miré avergonzado como se limpiaba las lágrimas. Hacer llorar a una chica no era digno de un hombre.
—Es… estás… —cerré la boca. Era obvio, estaba llorando. Ella se dio la vuelta, dándome la espalda. Pude ver como se llevaba las manos a los ojos, intentando limpiar las lágrimas. Pero no dejaba de llorar, seguía temblando y sollozando. Había herido sus sentimientos… lo del café había sido sólo un accidente.
¿Puedo ser más idiota? No sé qué me da últimamente de tratarla así… y luego arrepentirme. No quería verla en ese estado, y mucho menos si era mi culpa. Vale, si, me había quemado… pero no lo había hecho a propósito, no tendría que haber reaccionado así, no tendría que haberla llamado torpe.
Me di cuenta de lo delicada que era en realidad. Seguía siendo la misma pequeñita frágil de antes… todo ese mal humor y esa rudeza era una simple máscara. Y verla así, en el estado en que se encontraba, me partía el corazón.
Tomé su hombro despacio, temiendo alguna reacción de su parte. Pero ella ni siquiera se movió como para deshacerse del contacto. La giré hasta quedar frente a frente. Tomé con cuidado su rostro y lo alcé… miré sus ojos. Sentí como se me retorcía el estómago… era Meer, la misma de siempre. Era esa misma pequeñita débil de hacía tres años. Sus ojos estaban un poco rojos, cristalizados en lágrimas, las cuales seguían cayendo sin parar. Me odié por haberle hecho esto. Me sentí como el ser más asqueroso del planeta y luego, sin poder evitarlo, la rodeé con mis brazos, acercándola a mí, abrazándola. Meer comenzó a llorar con fuerza… esta no era mi intención, quería que dejara de llorar.
—Lo siento —me disculpé en voz baja —lo siento —repetí. Hacía tanto tiempo que no tenía a Meer entre mis brazos, esto me aliviaba… me hacía sentir mejor. Tenerla cerca era, era… no podría explicarlo, no habían palabras. La separé lentamente de mí, para secarle las lágrimas con los dedos —discúlpame —volví a hablar en voz baja. La miré. Su rostro, sus ojos, sus labios… estábamos demasiado cerca. No podía resistirme, yo… necesitaba… besarla.
Junté nuestros labios despacio, Meer entreabrió los suyos, pude sentir su aliento en mi boca. Y luego, como si mi vida dependiera de ello, junté nuestros labios con fuerza, para comenzar a besarla. La extrañaba. La había extrañado todo este tiempo, la había extrañado demasiado. Tomé su cintura y caminé, empujándola, hasta chocar contra la pared del ascensor. Ella llevó sus manos hasta mi cuello. Juntó más nuestros cuerpos… seguí besándola, explorando su boca con mi lengua, recordando todo esto… dándome cuenta de cuanto lo había necesitado, de cuanto me había hecho falta todo este tiempo.
Volvía a sentirme como antes. A estar loco, loco por ella. De nuevo me confundía y pensaba en lo mal que estaba todo esto.
Me separé despacio, esto… no estaba bien. Meer soltó mi cuello. La miré, aun tomándola de la cintura. Su mirada volvía a ser como antes, dulce, inocente… ésta era Mery. Ésta era mi chica. Intenté, en vano, acompasar los latidos de mi corazón pero se me hacía imposible, estaba demasiado alterado. Meer ya no estaba llorando, pero aún quedaban lágrimas en sus mejillas… solté su cintura y llevé las manos a su rostro. Limpié todo rastro de lágrimas y maquillaje.
—Discúlpame —susurré. Meer negó con la cabeza.
—No. Yo soy la estúpida aquí… lo siento, de verdad. Yo… —el encanto del momento se rompió cundo el ascensor comenzó a moverse. Carraspeé. Meer cerró la boca, dejó de hablar. Me separé de ella. Me sentí un idiota por haberla besado… no tendría que haberlo hecho. Ahora estaba más que confundido. Tenía otro problema más. Miré la camiseta húmeda y me la puse rápidamente antes de que el ascensor se abriera.
La miré. Quise decirle algo… que se olvidara de lo que acaba de pasar, que no volvería a repetirse. Pero no fui capaz ni si quiera de abrir la boca. Me insulté internamente. Aparté los ojos y salí del ascensor. Al no sentir sus pasos me volteé… las puertas del ascensor se habían cerrado y ella había vuelto a bajar.
Seguro iba por otro café.
—Es… estás… —cerré la boca. Era obvio, estaba llorando. Ella se dio la vuelta, dándome la espalda. Pude ver como se llevaba las manos a los ojos, intentando limpiar las lágrimas. Pero no dejaba de llorar, seguía temblando y sollozando. Había herido sus sentimientos… lo del café había sido sólo un accidente.
¿Puedo ser más idiota? No sé qué me da últimamente de tratarla así… y luego arrepentirme. No quería verla en ese estado, y mucho menos si era mi culpa. Vale, si, me había quemado… pero no lo había hecho a propósito, no tendría que haber reaccionado así, no tendría que haberla llamado torpe.
Me di cuenta de lo delicada que era en realidad. Seguía siendo la misma pequeñita frágil de antes… todo ese mal humor y esa rudeza era una simple máscara. Y verla así, en el estado en que se encontraba, me partía el corazón.
Tomé su hombro despacio, temiendo alguna reacción de su parte. Pero ella ni siquiera se movió como para deshacerse del contacto. La giré hasta quedar frente a frente. Tomé con cuidado su rostro y lo alcé… miré sus ojos. Sentí como se me retorcía el estómago… era Meer, la misma de siempre. Era esa misma pequeñita débil de hacía tres años. Sus ojos estaban un poco rojos, cristalizados en lágrimas, las cuales seguían cayendo sin parar. Me odié por haberle hecho esto. Me sentí como el ser más asqueroso del planeta y luego, sin poder evitarlo, la rodeé con mis brazos, acercándola a mí, abrazándola. Meer comenzó a llorar con fuerza… esta no era mi intención, quería que dejara de llorar.
—Lo siento —me disculpé en voz baja —lo siento —repetí. Hacía tanto tiempo que no tenía a Meer entre mis brazos, esto me aliviaba… me hacía sentir mejor. Tenerla cerca era, era… no podría explicarlo, no habían palabras. La separé lentamente de mí, para secarle las lágrimas con los dedos —discúlpame —volví a hablar en voz baja. La miré. Su rostro, sus ojos, sus labios… estábamos demasiado cerca. No podía resistirme, yo… necesitaba… besarla.
Junté nuestros labios despacio, Meer entreabrió los suyos, pude sentir su aliento en mi boca. Y luego, como si mi vida dependiera de ello, junté nuestros labios con fuerza, para comenzar a besarla. La extrañaba. La había extrañado todo este tiempo, la había extrañado demasiado. Tomé su cintura y caminé, empujándola, hasta chocar contra la pared del ascensor. Ella llevó sus manos hasta mi cuello. Juntó más nuestros cuerpos… seguí besándola, explorando su boca con mi lengua, recordando todo esto… dándome cuenta de cuanto lo había necesitado, de cuanto me había hecho falta todo este tiempo.
Volvía a sentirme como antes. A estar loco, loco por ella. De nuevo me confundía y pensaba en lo mal que estaba todo esto.
Me separé despacio, esto… no estaba bien. Meer soltó mi cuello. La miré, aun tomándola de la cintura. Su mirada volvía a ser como antes, dulce, inocente… ésta era Mery. Ésta era mi chica. Intenté, en vano, acompasar los latidos de mi corazón pero se me hacía imposible, estaba demasiado alterado. Meer ya no estaba llorando, pero aún quedaban lágrimas en sus mejillas… solté su cintura y llevé las manos a su rostro. Limpié todo rastro de lágrimas y maquillaje.
—Discúlpame —susurré. Meer negó con la cabeza.
—No. Yo soy la estúpida aquí… lo siento, de verdad. Yo… —el encanto del momento se rompió cundo el ascensor comenzó a moverse. Carraspeé. Meer cerró la boca, dejó de hablar. Me separé de ella. Me sentí un idiota por haberla besado… no tendría que haberlo hecho. Ahora estaba más que confundido. Tenía otro problema más. Miré la camiseta húmeda y me la puse rápidamente antes de que el ascensor se abriera.
La miré. Quise decirle algo… que se olvidara de lo que acaba de pasar, que no volvería a repetirse. Pero no fui capaz ni si quiera de abrir la boca. Me insulté internamente. Aparté los ojos y salí del ascensor. Al no sentir sus pasos me volteé… las puertas del ascensor se habían cerrado y ella había vuelto a bajar.
Seguro iba por otro café.

No hay comentarios:
Publicar un comentario