28 febrero, 2013

Rette mich /Capítulo 27






CAPITULO 27

Me estremecí. Intenté evitar el contacto de nuestras miradas, y me limité a examinar sus movimientos.
Su rostro tenía una expresión que no podría describir. Era de ¿tristeza? ¿arrepentimiento? ¿alivio?... Pero había algo más que no podría descifrar.
Se acercó a mi con movimientos automáticos. Mantuve mis ojos clavados en sus piernas, no me atrevía a buscar sus ojos No.
Hasta que de pronto ocurrió lo peor. Su cuerpo comenzó a deslizarse hacia abajo...
Tragué saliva, tensé la mandíbula, junté los dientes con fuerza e hice dos puños con mis manos.
Entonces, su rostro quedó a la altura del mío. Se había agachado hasta quedar frente a mi.
Desvié la mirada rápidamente, dirigiéndola a mis manos.
Los segundos se me hicieron eternos...
Hasta que pude sentir el contacto de su mano helada sobre la mía, la cual aparté al instante.
Annie me llamó. Yo no respondí. Ni siquiera me moví para darle a entender que lo había escuchado. Simplemente me quedé allí, quieta, con unas enormes ganas de salir corriendo Annie me volvió a llamar. Entonces, me cogió la barbilla con una de sus manos e hizo el ademán de girar mi rostro para que lo mirara. Pero aparté su mano de un manotazo y volví a mi antigua posición.
No iba a hablar con él.
Ya déjame le espeté. Y como había estado llorando hace poco, la voz se me quebró. Me odié por eso.
Annie volvió a insistir.
Vete de aquí, Bill lalargué la mano hasta alcanzar la radio y le di al botón de apagado. Pude notar el silencio que había en el lugar.
¿Podemos hablar? Por favor quiero explicarte lo... lo corté.
Quiero estar sola.
Sólo dame unos segundos...
No respondí cortante.
Sólo unos segundos... Sólo eso volvió a coger mi cara con una de sus manos. Pero yo la volví a apartar bruscamente.
Y hazme el favor de no tocarme Bill suspiró. Pero ese suspiro habia sido más bien un suspiro lastimoso.
Dame la oportuni...
No.
Déjame que te lo ex...
No.
Por
No.
Per
No.
Annie.
No.
Escúchame.
No quiero escucharte —le espeté. Entonces, él me cogió por los hombros y me empujó, de tal manera que mi espalda quedara contra la pared, de la cual yo no estaba afirmada. El movimiento no había sido brusco, pero no me había gustado.
Annie, se lo voy a decir a Kattie ¡¿qué?! ¿después de que la besaba?, ¿después de haberle quitado lo más sagrado que tiene una mujer? ¿acaso pensaba decirle que la había engañado conmigo? Imposible.
¡No! lo grité, apartándolo de un empujón. Me levanté de golpe, poniéndome de pie. Y sin tan siquiera mirarlo, le espeté: ni se te ocurra, Bill.
Es por nosotros habló poniéndose de pie, quedando a mi altura.
¿Qué nosotros, Bill? El nosotros ya no existe. Eres tú y yo, ¿está claro? —dije apuntándolo y apuntándome respectivamente.
Lo siento.
No tienes nada que sentir, Bill. A quien le tienes que pedir disculpas es a Kattie. A ella es a quien le pusiste los cuernos, no a mi. Ella es tu novia dije con el mismo tono de voz, mientras sentía que el pecho se me apretaba y los ojos se me nublaban.
Pero yo te quiero a ti.
¡No! Tú no... por primera vez en toda la conversación él fue quien me cortó.
Se lo diré, Annie. Ya lo pensé.
¡¿Qué?! No, no, no. Eres una mierda, Bill. Le quitas lo más sagrado que tiene, haces que ella te quiera ¿y luego le vas a decir que estuviste conmigo? ¿dónde quedó ese Bill que pensaba con la cabeza? ¿Eh? No pareces tú.
Entonces...
Entonces no le vas a decir nada. Vas a seguir con ella como siempre Dios, quería salir de allí. Sentía que ya iba a llorar. Y no quería hacerlo.
No puedo. No la quiero.
Tendrás que aprender a hacerlo lo miré. Y sus ojos me atraparon al instante. No me gustó su expresión, no me gustó interpretar lo que sus ojos decían. Sentía algo en el estomago y un fuerte dolor en el pecho, me vi obligada a apartar la vista —tienes que hacerla feliz solté antes de echarme a correr hacia la salida
¡Annie! no le hice caso. No iba a caer... No.

Rodeé la casa hacia el lado derecho y tuve que saltar y agacharme un par de veces entre la hierba para poder adentrarme aún más en el bosque.
No quería saber de nadie. No quería más. Quería que esto terminara de una vez...
Los ojos me escocían y odiaba la molesta sensación que tenía en el pecho. Era como si alguien estuviese apretándome algo allí dentro, quitándome la respiración y provocándome dolor. No me gustaba para nada.
Me detuve en cuanto me di cuenta de que no sabía donde estaba, veía todo borroso producto de las lágrimas que se acumulaban en mis ojos. Por suerte había corrido sólo en línea recta, así que sabría como llegar a la cabaña. Hice una línea en el suelo con el zapato y la remarqué más en un extremo. Listo. Así no estaría perdida.
Caminé hacia uno de los árboles y apoyando mi espalda en el tronco de este, me deslicé, dejándome caer hasta que quedé sentada en el suelo.
Estaba cansada.
Respiraba agitadamente y sentía como si el corazón se me fuese a salir del pecho en cualquier momento.
Doblé las piernas y apoyé mi cabeza sobre las rodillas. Estrujé la hierba con mis manos mientras me mordía el labio inferior, intentando no llorar. Pero todo intento fue nulo, ya que segundos después las lágrimas comenzaron a caer y mi cuerpo comenzó a temblar inconscientemente.
Que mierda de vida.
Todo era una puta mierda.
Odiaba el dolor.
Odiaba lo que estaba sintiendo.
Me odiaba.
Me asqueaba a mi misma por no haberme dado cuenta antes de lo que Bill sentía por mi. Y aún más importante, de lo que yo sentía por él ¿cómo es que todos lo sabían excepto yo? Soy estúpida, lo sé. Había sido algo tan obvio cuando me cogía de la mano y entrelazábamos nuestros dedos, por ejemplo... Ningunos amigos normales hacen eso. A no ser que sean algo más que amigos o que uno de los dos sienta algo más que amistad por el otro. Que gran mierda.
Soy una torpe, lo sé.
No me merezco a Bill.
Pero Kattie... ella también lo quiere.
Ojala Bill no hiciera lo que quería hacer. Yo no quería que Kattie sufriera por culpa de Bill. Con una sola persona ya bastaba y esa persona prefería ser yo antes que ella. Prefería su felicidad antes que la mía
Pero ¿Y si estaba siendo demasiado buena?
No, no. claro que no. Si tu haces cosas buenas se te devuelven cosas buenas. Yo no hacía esto para recibir una recompensa, claro que no. Lo hacía para que ella estuviese bien. A lo mejor, un día se cansaba de Bill, lo dejaba de querer y...
Pff ¿Pero que pienso? Cada día me convenzo más de que estoy mal de la cabeza.
Abracé mis piernas con los brazos.
Sentí el móvil vibrar en mi bolsillo, pero lo ignoré por completo.
Intenté detener el llanto pero se me hacía imposible.
¿Tanto quería a Bill en realidad?
Pues si. Incluso, creo que era algo más que querer. Yo lo amaba con mi vida. Pero me había dado cuenta demasiado tarde de eso y ahora no se podía hacer nada.
Porque solo yo lo puedo arruinar todo.
Poco observadora. Nunca creí que eso me afectaría.
No sé ver los sentimientos en los demás. Quizás solo pienso en mi y sólo en mi.
Todo lo que pienso se basa en suposiciones. En realidad, no puedo ver en los ojos de las personas si están tristes o felices. Porque siempre tengo la cabeza en otra parte.
Soy estúpida.
Como me hubiese gustado que Bill hubiese aparecido de la nada a consolarme. Pero por otra parte, no.
Aunque eso no iba a pasar.

Luego de un largo rato, cuando ya estaba por oscurecer, dejé de lamentarme y me concentré en pensar en otra cosa. Cualquier bobada, cualquier, estupidez que se me viniera a la cabeza.
Ya no tenía ganas de llorar. Las ganas se habían esfumado por completo.
Pero me dolía la cabeza, la cara me ardía... Y tenía hambre y mucho sueño. No podía evitar volver a pensar en el tema de Bill. Pero las lágrimas ya no salían.
Me levanté, sacudí mis pantalones y comencé a caminar en dirección a la caseta.
Busqué el teléfono con el fin de saber que hora era. Pero mis ojos se fueron a la parte inferior, donde marcaba que había un montó de llamadas perdidas y mensajes. Muchos, muchos mensajes. Me estremecí.... todo eran de Bill.
Abrí el primer mensaje. Cuidé de que no fuese el último que había llegado y lo leí.
Tampoco me iba a quedar con la duda de saber que decían aunque tenía unas enormes ganas de eliminarlos.
Fijé la vista en la pantalla, mientras seguía caminando en línea recta.

¿Dónde estás?.

Sólo decía eso. Lo cerré y fui al siguiente.

Oye, me tienes preocupado.

Oh, si, claro.
Y el siguiente

Annie, contéstame el móvil

Si, seguro lo haré Bill...

Me enojaré contigo si no contestas

¿Y ahora vienes con eso? Las chicas hacen ese tipo de comentarios, idiota.

Ok. No me puedo enojar contigo... por favor.

Quizás podamos hablar mejor las cosas. ¿Dónde estás?, ¿Porqué no me contestas?

Perdóname

No.

Yo no quería hacerlo pero es que ella fue un impulso. No quería.

Dícelo a alguien que te crea. Te va a crecer la nariz como pinocho, mentiroso.

Anne Grete Schwarz, TE AMO.

Oh, Bill se acordaba de mi -odiado- segundo nombre. Eso me sorprendió bastante. Pero más me sorprendió que me hubiese escrito TE AMO.

TE AMO.

TE AMO.

TE AMO.

Oye, te amo más que todo en el mundo

Me tomó un momento analizar la frase y comprender el significado, mi cerebro andaba mas que lento en ese momento.
Era como él típico: te amo más que a nada en el mundo. Pero dicho de la forma correcta.
Aunque incorrecta si sacábamos las cuentas de que Bill NO me tenía que amar.

Contéstame.

Por favor, Annie. Dime dónde estás.

Me voy de la cabaña, estaré en mi casa, ¿si? Por favor ven.

Oh, claro. Y yo iba a ir a su casa luego de eso. Claro que no.

Perdóname

Si quieres no se lo digo a Kattie. Pero es que quiero estar contigo.

Él no podía hacer eso...

Annie, yo te amo a ti y solo a ti.

Ya estoy en mi casa... Vuelve, me tienes preocupado.

¿Tienes idea de cuanto rato te estuve buscando en el bosque? Iré a tu casa.

Perdóname

Contesta mis llamadas

Hablemos, ¿si?

Me estoy desesperando ¿donde estás?

Estamos todos muy preocupados por ti

¿Todos preocupados por mi? ¿Qué? ¿Acaso Bill se las había dado de chismoso y le había dicho a todos que no sabía donde estaba? Estupendo, fantástico, genial... Ahora mi madre me iba a preguntar donde había estado. Y yo no iba a poder mentirle diciéndole que había estado con Bill. Que gran mierda. Este, definitivamente, era uno de los peores días de mi vida. Al parecer todas las cosas malas venían juntas y de sopetón.
Decidí dejar de pensar y abrí el siguiente mensaje. El último:

Annie, aclaremos las cosas. Déjame explicarte, busquemos una solución. Por favor.

¿Aclarar las cosas? A mi ya me parecían bastante claras. No había que darle más vueltas al asunto. Simplemente había que dejar las cosas como estaban y ya.
Lo dejaría de ver, lo dejaría de buscar, ya no le hablaría, haría como si él no existiera para mi. Dicen que el tiempo lo cura todo, ¿no?

Llegué a la casita minutos después, pensando en mis cosas. En que podía hacer para solucionar todo. Pero no tenía respuesta, no había nada que hacer. Tenía que dejar las cosas como estaban y ya.
Al menos Bill me amaba... aunque no debía hacerlo. Dios. Esto iba de mal en peor. Aunque, Dylan ya estaba fuera de mis problemas y... Esperen. Dylan no estaba fuera de mis problemas. Él se iba a vengar de Chels. O quizás no. Dylan era un cobarde pero... a lo mejor, posiblemente era peligroso. Entonces iba y le hacía algo a la novia de mi hermano. ¿Quien sabe?, él tenía amigos y podían...
Me quité esa idea rápidamente de la cabeza.
Comencé a caminar agachada entre la hierba para poder volver a la carretera y tomar un autobús que me llevara a la ciudad. Tenía que volver a casa. Mi mamá era tan exagerada y paranoica que si no llegaba pronto llamaba a policía, bomberos y ambulancia. Ah, también rescate aéreo y todo. Y con Bill "ayudando" de esta manera, pues... las situación no mejoraba mucho que digamos.
Simplemente llegaría y me acostaría a dormir. Nada más.
Él móvil me vibró otra vez en el bolsillo, me estaba poniendo nerviosa ¿Es que ese chico no se iba a cansar nunca?
Lo saqué del bolsillo, en cuanto estuve en la carretera, y le di al botón rojo para apagarlo. Listo. Problema resuelto, al menos por ahora.
Me subí en el primer autobús que vi pasar y avancé por el estrecho pasillo hasta el último asiento, donde me dejé caer del lado de la ventana.
El viaje se me hizo eterno. Pero me entretuve mirando a la gente y el paisaje que pasaba rápidamente por la ventana. No quería ponerme a pensar nuevamente en los problemas, no era plan de echarme a llorar en pleno autobús, claro que no después la gente se me quedaba mirando y todo. Mi principal centro de atención en ese momento, era un chico que iba de pie unos pasos más adelante. Él chico no dejaba de mirarme y no era nada feo. A decir verdad Era hermoso. Pero no tanto como Bill. ¿Pero que mierda pienso? A lo que iba... el chico tenía el cabello castaño claro, de podría decir que rubio oscuro y sus ojos verdes resaltaban en su piel tostada. Era bastante guapo. Y estaba en una pose chula, o sexy, sujeto de dos asientos y conversando con dos chicas a las cuales no les podía ver las caras. Sus miradas no pasaban desapercibidas Y si me hubiese ocurrido eso en otro momento, hubiese estado de ataque y colorada a más no poder. Pero ahora, justo ahora, estaba de lo más tranquila y con la cabeza en otro lado. Por lo que le aguanté la mirada durante todo el viaje.
Me bajé en la esquina de los Kaulitz. Allí era donde me debía bajar para ir a casa, ya que no tenía otro lugar para llegar. Si o si tenía que pasar frente a esa casa.
Apuré el paso cuando pasé frente a la casa, ni siquiera le dirigí una mirada. Intenté que nadie me viese. El corazón me latía fuertemente.
Me relajé al pasar de zona de peligro a la casa siguiente. Nadie me había visto. Qué suerte...
¡PAF!
Pegé un salto del susto al escuchar ese ruido. Había sido un portazo, demasiado fuerte. Algo me dio mala impresión y apuré aún más el paso. Comencé a trotar... ojala no fuese lo que suponía que era.
¡Annie! gritó él desde atrás. Como lo imaginaba.
Ay, no.







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