CAPITULO 12
Terminé de comer primero que todos. Ya le había avisado a mi madre que iba a salir y todo. Ella me había dicho que luego iba a buscarme y aprovechaba de hablar un poco con Simone.
Me levanté de la mesa, luego de disculparme, y me dirigí a la cocina para dejar el plato sobre uno de los muebles. Luego alguien lo limpiaría. Subí las escales rápidamente, como aún estaba en pijama, tenía que vestirme y arreglarme en tiempo récord, antes de que Dylan llegara a buscarme. Entré en mi habitación y me dirigí al armario. De allí saqué un pantalón de tela negro, muy ajustado y una camiseta manga larga del mismo color, con un motivo en blanco muy llamativo en el centro, parecido a una calavera. Para finalizar me puse unos zapatos con un pequeño taco, color negros y muy modernos, que me encantaban. Me los había comprado el domingo... y hacían muy buen juego con una de mis chaquetas de cuero negra... que obviamente, llevaría puesta.Me maquillé los ojos con una línea negra en la parte superior y no me hice nada más. Tampoco me quería ver recargada. Me arreglé un poco el flequillo. Mi cabello se veía claro en comparación con mi ropa. Algún día lo teñiría de negro... así como Bill. Dios, Bill. De tan sólo acordarme, se me retorcía el estómago... Escuché sonar el timbre. Dylan ya había llegado. Me apresuré en bajar las escaleras, no quería que alguien más abriera la puerta.Adelanté a mi madre, y aún corriendo, abrí la puerta. —¡Hola! —saludé a Dylan —¡ya me voy, má! —le grité para luego cerrar la puerta. Le sonreí a Dylan ampliamente.
—¿Estás bien? —me preguntó alzando una ceja, extrañado. Ese gesto me hizo recordar a Bill. Tensé la mandíbula y con los dientes apretados le respondí:
—Si, estoy bien —intenté sonreír. No estaba bien... estaba nerviosa, incluso más que eso. Dylan se acercó a mi y me besó en los labios suavemente. Me sonrió.
—Estás extraña...
—No —lo abracé y comenzamos a caminar.
—... Y te ves bien.
—Lo sé —le guiñé un ojo. Dylan se echó a reír.
Seguimos caminando mientras hablábamos de tonterías. Dylan hoy estaba simpático. Al menos iba con buena disposición a la casa del enemigo. A lo mejor se llevaban bien y todo ¿quién sabe? Las cosas podían cambiar mucho en un día de películas. Hay que pensar en lo que pasó ese viernes tiempo atrás...
Estaba nerviosa... nervios, nervios, nervios. Y estaba segura de que esta salida no iba a ser sólo una salida... Estaba segura de que iba a volver a casa viendo las cosas de otra manera. Era un presentimiento. Esperaba acertarle... Porque habían veces en que mis presentimientos eran sólo sensaciones que nunca pasaban. Pff. "Estúpida" Me dije a mi misma, segura de que todo lo que pensaba era debido al nerviosismo que sentía. Dylan me seguía hablando sobre lo que había echo el fin de semana... Y yo no podía ponerle atención, por mas que quisiera hacerlo. Mi mente iba directo a una sola persona, imaginada su rostro, sus ojos, sus labios. Dios, sus labios. Me moría por probar sus labios... de nuevo. Con Bill había dado mi primer beso. Suspiré, hundiéndome en mis recuerdos.
... Ambos estábamos en ese lugar. Nuestro lugar secreto. Una vieja y desastrosa cabaña abandonada a las afueras de la ciudad, en medio del bosque. La habíamos descubierto un día mientras andábamos en bicicleta.. y desde ese día habíamos ido allí todos los fines de semana. Sólo Bill y yo. Bill estaba recostado contra la pared y yo a su lado, ambos sentados en el suelo, mirando hacia la sucia ventana que estaba en la pared del frente. Sólo podía ver un pedazo de cielo rodeado de ramas y verdes hojas. Pero me parecía hermoso. Hacía unas cuantas semanas que Bill y yo andábamos con el tema del "primer beso". Ninguno de los dos había dado su primer beso... y nos había llegado toda curiosidad debido a una película que habíamos visto con su madre un día en su casa. —¿Y cómo crees que se sienta? —le pregunté por enésima vez ese mismo día.
—No lo sé. Jamás lo he sentido —me contestó lo mismo que las veces anteriores.
—¿No te gustaría saber que se siente?
—Si me gustaría. —Igual a mí —no supe la razón, pero sentí mis mejillas arder un poco.
—¿Y qué te pareces si lo intentamos? —mis ojos se abrieron al máximo y lo miré impresionada.
—¿Que dices? ¿cómo? —él se encogió de hombros.
—Nosotros dos, ya sabes. Podemos intentar hacerlo como en esa película —lo miré pensativa. No tenía idea de como debía hacerlo.
—Hagámoslo —dije convencida, luego de unos segundos.
—Bien... —Bill se movió un poco hasta quedar de rodillas frente a mi, muy cerca —¿estás lista? —me preguntó con una sonrisa nerviosa.
—Si —asentí —¿recuerdas como era?
—Eso creo... —hizo una mueca —a ver... —movió sus manos con delicadeza, posando cada una a un lado de mi cabeza, sobre mis mejillas. Las sentí frías y su contacto me... gustó —iba... algo.. así —tragué saliva —prepárate... —dijo bajito, con su voz de niño pequeño.
Asentí y cerré las manos en puños a cada lado de mi cuerpo, cogiéndome la camiseta.
—¿E... estás lista? —preguntó.
—¿Estás seguro? —le respondí con una pregunta.
—S... si.
—Estoy lista —intenté sonreír, pero sólo logré mover un poco un lado de mis labios... estaba demasiado nerviosa. Podía sentir el corazón golpeando fuertemente mi pecho y el pulso en mi cabeza.
—Cierra los ojos —le obedecí. Cerré los ojos, dudando un poco... Iba a dar mi primer beso, iba a saber lo que se sentía... Bill me iba a besar.
Esperé. La espera se me hizo eterna.
Suspiré. Esperando sus labios...
Sabía que se trataba sólo de un juego, pero con mi mente de niña pequeña, no podía evitar darle una importancia inmensa, como si de ese beso dependiera mi vida. Entonces, sentí algo cálido y suave sobre mis labios. Sentí mi cuerpo temblar. Las manos de Bill apretaron un poco mis mejillas, pegándome más a él. El estómago se me revolvió. Y luego, con un movimiento rápido, nos separamos. Ambos mirándonos impresionados. —Wow —dijo Bill con una cara de asco que se le notaba a kilómetros. Y creo que mi rostro estaba igual... o peor.
—Si, wow. No sé como a ellos...
—...les gusta hacer eso —completó la frase. Suspiré.
—Fue extraño —comenté con una sonrisa.
—Si... jamás volveré a besar a alguien, no me ha gustado —se arrastró en el suelo hasta sentarse a mi lado.
—Yo tampoco —afirmé.
Me di cuenta de que ya habíamos llegado a la casa de los Kaulitz, estábamos frente a su puerta. Me vi obligada a salir de mis pensamientos y recuerdos de cuando tenía diez años. Me parecía un recuerdo tan lejano...
Piqué al timbre y miré a Dylan con una media sonrisa en el rostro. —Intenta no causar problemas... —le susurré con una sonrisa.
—Lo intentaré —me contestó. Lo besé nuevamente.
La puerta se abrió en ese instante. Me separé de Dylan y miré a Simone que estaba frente a nosotros.
—¡Hola, Simone! —la saludé. Me acerqué a ella, sin soltar la mano de mi novio, y le di un beso en la mejilla.
—¡Hola, Anne! ¿Que tal, querida?
—Bien, bien. —¿Y este chico de aquí? —preguntó ella amablemente.
—Es mi novio, Dylan —Simone lo saludó sonriendo.
—Un gusto, Dylan. Puedes llamarme Simone.
—Igual... —le contestó Dylan con un beso... Que caballero, me volvía loca.
—Pasen, pasen —nos invitó Simone haciéndose a un lado en la puerta y dejándonos espacio —los chicos ya están en el salón —nos avisó. Y si, yo ya los había visto. Estaban todos.
Sam estaba revisando unos DVD junto a Andreas, mientras peleaban, como la vez anterior.
Kattie y Bill estaban sobre el sillón. En realidad, sólo podía ver sus cabeza juntas... Estaban abrazados. Y Tom, estaba en uno de los sillones pequeños mirándonos a mi y a Dylan. Le sonreí y le hice una seña con la mano mientras comenzaba a caminar hacia los chicos, arrastrando a Dylan conmigo.—¡Hola! —los saludé. Todos fijaron sus ojos en mi y mi acompañante. Sam, no demoró ni medio segundo en reaccionar. Soltó los DVD's y se abalanzó sobre nosotros a saludarnos.
—¡Hola Anne! ¡Hola novio de mi amiga! ¿cómo están? —me abrazó —ay, hace tiempo que no te veía, tonta —me apretujó como pudo. Me vi obligada a soltar la mano de Dylan. Seguro el estaba pensando que Sam era una demente —yo soy Sam —se presentó. —Samantha, realidad, pero llámame Sam. No me gusta Samantha, ¿Y tú? ¿cómo te llamas? —Dylan la miró impresionado.
—Dylan...
—Oh, si, ya lo sabía —nos cogió de la mano a ambos —¿nos ayudan a elegir la película? Queremos una de terror, pero no sabemos cual.
Sam se volvió a agachar junto a Andreas, para seguir viendo los DVD's.
—Hola —nos saludó Andreas desde el suelo —que bien que ya llegaron...
—Si —le sonreí.
—¡Hola, Anne! —casi gritó Kattie desde su posición, en los brazos de Bill.
—Hola —le hice un gesto con la mano y luego miré a Bill. En él no hubo cambio alguno... Por lo que me fijé en Tom —¡Hola Tom! —lo saludé. Me acerqué a él y le di un beso en la mejilla.
—Hola.
Como el ambiente estaba algo tenso por parte de todos excepto Sam y Andreas, decidí que era mejor que nos sentáramos. Tomé a Dylan de la mano y nos dirigimos hacia uno de los sillones pequeños, donde él se sentó primero y yo me acomodé sobre sus piernas. Rodeó mi cuerpo con sus brazos y apoyando mi cabeza en su hombro nos pusimos a escuchar la TV. Estaban dando un documental de sucesos paranormales, estaba interesante. O por lo menos estaba más interesante que la pelea entre Sam y Andreas. Había sido una mala idea traer a Dylan. Ya tenía claro que el resto de la tarde sería aburridísimo. Como siguiéramos así de separados íbamos a acabar por quedarnos dormidos.
—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! —un grito histérico resonó por todo el salón, haciéndonos pegar un bote a todos.
—Mierda —dijimos Dylan y yo a la vez, mientras mirábamos alarmados a Sam. Ésta se había levantado de un salto. Con una de sus manos en el aire, sobre su cabeza, agitaba un DVD.
—¿¡Que mierda te pasa?! —le gritó Tom. Yo lo miré molesta. A Sam le gustaba Tom... y él no tenía que tratarla de esa manera, se iba a sentir mal.
Pero al parecer a ella no le importó. Ya que seguidamente exclamó:
—¡Encontré la película perfecta! —vi como Tom ponía los ojos en blanco.
—A ver... —dijo Andreas mientras se levantaba y le arrebataba la película de las manos —si, está buena.
—Pff —Tom bufó —espero que no sea de terror.
—Es de terror.
—¡Argh! —se quejó gruñendo. Ya me había quedado claro que Tom odiaba las películas de terror.
—¿Cuál es? —preguntó Kattie. La miré. También aproveche de mirar a Bill... No me gustaba lo cerca que estaban, lo repito.
Y por cierto... Bill estaba precioso. Incluso me parecía mas hermoso que ayer, y que siempre. Aunque pareciera imposible.
Intenté consolarme de cierta forma, pensando en que tenía la perfección personificada a mi lado. Dylan no era más que perfección.—La que más me gusta de todas —respondió Sam. Y luego se acercó al mueble de la TV —¿la vemos ahora?
—Como quieras —le dijo Tom —igualmente, será una mierda..
—Tom... —se quejó ella —si ya todos sabemos que las películas de terror te asustan.
—¿Asustarme a mi?, claro que no... —bufó y se acomodó en el sillón.
Andreas se levantó de allí y se sentó a un lado de la pareja, digo, Bill y Kattie... para ver la película.
Y luego, tras haber puesto la película, Sam se dejó caer sentada, apoyando su esplada en el sillón y frente a frente con la TV. Me pregunté si la película sería aburrida. Aunque estaba segura de que sería el doble de aburrida si contaba la situación en que nos encontrábamos... Todos mudos y sin decir nada. Distantes. Bill no había hablado nada... Al menos desde que yo había llegado, y ya comenzaba a echar de menos escuchar su voz. Me acurruqué aún más en el pecho en Dylan, quedando con la cara vuelta hacia Bill, y no hacia la película. Después de todo, no me interesaba. Dylan me abrazaba fuertemente, pegándome a su cuerpo y eso me gustaba. Me gustaba escuchar su respiración... sentir como el aire entraba en sus pulmones y luego salía de allí. Él tenía su cabeza sobre la mía, en una posición que seguramente, las personas que la veían, la encontrarían romántica o tierna. Me gustaba tenerlo así, pues casi nunca estábamos así. Él casi nunca estaba así de cariñoso conmigo. Y cuando lo estaba, era de lo mejor. Me encantaba... Él me encantaba. Era perfecto. Y era mío. Sólo mío. Yo lo amaba.
Miré a Bill... Estaba con uno de los mechones de cabello de Kattie entre sus dedos, estaba jugueteando con él mientras miraba hacia la pantalla de la TV. Sus brazos rodeaban a Kattie con delicadeza, como si ella se fuese a romper en cualquier momento. La envidiaba, y odiaba pensar eso... Pues yo tenía a la persona más perfecta del mundo y... quería algo diferente. Deseaba a otra persona. No me gustó la palabra "desear". Pero lo que si me gustó, y mucho, fueron los labios de Bill. Estaban entreabiertos y tenían un aspecto apetitoso. Se veía extremadamente sexy... Dios. No debería pensar ese tipo de cosas... no con él. Pero es que... no lo podía evitar.
De pronto, su mirada chocó con la mía. Fingí estar acomodándome en el pecho de Dylan y cerré los ojos... mantuve abierto uno de ellos, mirando por entre el flequillo que me cubría el rostro. Bill no había apartado la vista... Y nos estudiaba con expresión pensativa. Me comencé a poner nerviosa. Él no tenía que hacer eso... No. Porque él no me tenía que mirar... dios, el corazón me había comenzado a andar demasiado rápido. El rostro me ardía y las cosquillas en el estómago habían vuelto. Me mordí el labio inferior sin saber que hacer. Y aún sin pensarlo, me separé un poco de Dylan y sin previo aviso, lo besé, mirando por el rabillo del ojo a Bill.
Tampoco apartó la vista y siguió allí, en la misma posición... mirándonos. Cogí el rostro de Dylan con mis manos y él bajo las suyas hasta mi cintura. Podía sentir sus labios sobre los míos, pero todos mis sentidos estaban puestos en otra persona.
En Bill. Quien rápidamente cogió a Kattie por la nuca y la besó, también sin previo aviso.
Sentí rabia, celos y dolió. Aún así, no me separé de Dylan.
Pero Bill... ¿por qué hacía esto?

Muuy bueno!
ResponderEliminar