12 febrero, 2013

1000 Meere /Capítulo 39






CAPITULO 39

Cerré la puerta de casa fuertemente. Ya era hora de que siguiera yendo a la escuela. Mi madre me había obligado a asistir. Y si, con pierna y yeso incluido. Comencé a caminar lo más normal que se me era posible. Me guardé las manos en los bolsillos... por suerte no hacía tanto frío. Había salido media hora antes de lo normal, para no llegar atrasada, ya que el problemilla de mi pierna me hacía demorarme en caminar. 
Escondí mi cara entre mi cabello, por suerte nadie pasaba a esas horas por la calle… 
Bill y yo seguíamos con todo secretamente ocultado… al parecer nadie sospechaba nada. Y eso era bueno. 
Una sonrisa se dibujó en mi rostro, nada más ayer me había vuelto a escapar con él y habíamos ido a dar vueltas por la ciudad. Me iba escapando casi todos los días, ya que mi madre siempre salía… aunque, ella me tenía bien vigilada. Todos los días me preguntaba que había estado haciendo y ese tipo de cosas. Yo siempre contestaba con lo mismo: Nada. Y si ella insistía, le decía que eso a ella no tenía que importarle. 
Doblé a la esquina, sumisa en mis pensamientos, hasta que un fuerte ruido me sacó de ellos bruscamente. Miré hacia el lado y pude ver el coche de Bill estacionado, con Bill sonriéndome en el asiento del conductor. Una enorme sonrisa se dibujó en mi rostro. Le hice una seña con la mano y luego me acerqué a la puerta, la abrí.
—Hallo, princesa —me saludó Bill. 
—Hola —dije mientras me subía dentro. Me acerqué a él rápidamente y lo besé en los labios, para luego acomodarme en el asiento. 
—Te llevaré a la escuela.
—Lo supuse —cerré la puerta y acomodé mi bolso en mis piernas. Bill echó a andar el coche.
—Que linda estás hoy… —dijo para sacar un tema de conversación, solté una risita y resoplé. 
—Estoy como siempre… 
—No. Hoy estás diferente… —me miró fugazmente.
—¿Por qué?
—Te veo feliz —resoplé de nuevo, bufando.
—Siempre estoy feliz cuando tú estás conmigo —lo miré con una sonrisa y él me la devolvió, aunque mirando hacia adelante. Alcé la mano para limpiar la ventanilla… en ese momento me di cuenta de que se me había olvidado ponerme los guantes.
—Mierda… —susurré. Y me apresuré en abrir lo bolso. Si estaban allí, me salvaba... y si no tendría que volver a casa por ellos. 
—¿Qué pasa, Mery? —me preguntó Bill.
—Mis guantes… no los traje, se me olvidó… ¡argh! —dije mientras revolvía todo lo que tenía dentro de bolso, intentando buscar algo que seguramente no estaba allí —¡no están! ¡y justamente tenía que ser hoy! —le di al bolso un fuerte golpe. 
—Hey, tranquila… 
—¡No! mira —acerqué mi mano a su rostro —tendré que ir con esto. Todos me verán ¡no quiero! —le enseñé la gran cicatriz. 
—Mery, no te dirán nada.
—Oh, si, claro… como si la pierna rota fuera poco ¡y ahora con esto! me van a decir cualquier cosa… —me quejé. Y ni siquiera iba a poder defenderme como las otras veces… —me odian…
—Pero si todos te fueron a visitar al hospital… —dijo mientras detenía el coche.
—Lo sé, pero luego se les olvida y… —me cortó poniendo uno de sus dedos en mis labios.
—Eres la persona más maravillosa que ha pisado el planeta. No se les olvidará… Ya vas a ver como todo el mudo te trata bien. 
—No… eso a mí nunca me pasa —negué con la cabeza —sabes que no me llevo bien con la gente —Bill asintió con la cabeza.
—¿Has intentado llevarte bien con la gente? —y ahora que lo pensaba… no. No contesté y me limité a bajar la cabeza. No le había dado la oportunidad a nadie de conocerme… trataba mal a la gente y luego quería que ellos fueran buenos conmigo si yo dar nada a cambio —¿ves? hoy lo vas a arreglar todo ¿y sabes?, tu cicatriz no es fea. A mí me gusta —la acaricié levemente con mi mano.
—Hace un tiempo dijiste que era horrenda. 
—No lo es —volví a alzar la vista y lo miré —lo siento
—No te preocupes —posó una de sus manos sobre la mía, la de la cicatriz. 
—Esto fue culpa mía.
—No pasa nada… a lo mejor si no hubiese pasado, no estaríamos juntos —entrelazó mis dedos con los de él. Y me miró. Una hermosa sonrisa se dibujó en su rostro, contagiándomela también a mí. 
Entonces, comencé a amar esa cicatriz, que ya había tomado un sentido diferente. Jamás me la volvería a cubrir, desde ese momento se convirtió una especie de símbolo. 
Se acercó a mí con lentitud y juntó nuestros labios. Sentí esa sensación de las mariposas en el estómago, esas cosquillas… me encantaba. 
Se separó de mí despacio, mirándome directamente a los ojos.
—Te amo.
—Y yo.
Seguidamente puso el coche nuevamente en marcha y nos dirigimos hacia la escuela ¿qué mejor forma de comenzar el día? 

El día fue completamente diferente a como me lo había imaginado. Todos los chicos de mi clase me habían saludado… incluso algunos que yo ni siquiera había visto. Y eso me sorprendió. Pero quedé aún más sorprendida cuando una chica se fue a sentar a mi lado y comenzó a conversar conmigo. Yo hice lo que Bill me había aconsejado. Traté bien a la gente. 
Me fui a casa con una gran sonrisa en el rostro… me había ocurrido lo menos esperado. 
Bill me estaba esperando a una calle de la escuela… me llevó a casa en coche, ya que mi madre no estaba y yo lo invité a pasar. 
Y así seguimos por toda la semana. Él me esperaba todos los días a una calle de mi casa y me dejaba a una calle de la escuela, lo mismo de vuelta. Me pasaba horas hablando con él por móvil cuando le tocaba turno a Tom de cuidar a su madre… y cuando él estaba del otro lado de la ventana, nos pasábamos la noche hablando. Y claro, cuando mi madre salía, que era casi siempre, yo lo invitaba a casa…. o él me invitaba a cenar a algún lado. Mi mundo se había vuelto algo completamente perfecto en cuestión de días. Pero estaba segura que la felicidad no duraba para siempre, y que, tarde o temprano volvería a estar como antes… porque no todo es felicidad en la vida. Y menos aún si esa vida es la mía.
Me planteé varias veces la idea de que mis compañeros de clase fuesen buenos conmigo sólo por lástima. Eso me provocaba repulsión. No me gustaba que la gente sintiera lástima por mi… aunque me auto convencía de que no era así. De que todo estaba cambiando porque tenía que cambiar y porque yo podía cambiar. 
Con Tom no había vuelto a hablar desde que nos habíamos besado, hacía mucho tiempo. Y sinceramente no extrañaba a hablar con él. Pues nunca habíamos sido tan amigos. A demás, yo ya tenía al gemelo que necesitaba. Sé que suena algo estúpido, pero cuando realmente estás enamorada, tu vida entera gira en torno a una sola persona y el resto del mundo que se joda. Y esa persona, alrededor de la cual giraba mi mundo, era Bill. Él era todo. 
Me sentía algo presionada. Pues Bill me estaba obligando a estudiar. Él quería que me fuese bien en la escuela. En especial porque era lo último que quedaba. Ya que si no me ponía a estudiar como una loca iba a repetir el curso y eso sería catastrófico. Pero bueno, estaba bien que Bill me exigiera y todo. Aunque él no era mi padre ni nada de eso. Él era mi novio y los novios no te mandan a estudiar todo el día. Llevaba una semana así. Pero ya me estaba acostumbrando. Además, él me explicaba lo que debía aprenderme… Y me había ofrecido una especie de premio si es que pasaba el curso y terminaba la escuela. No tenía idea de lo que sería, pero estaba segura de que estaría bueno. 

Los tres meses que quedaban para acabar las clases pasaron rapidísimos. No sabía si era porque estaba llena de cosas por hacer y no paraba en todo el día o porque comenzaba a divertirme en la escuela. Incluso la extrañaría. Me había hecho amigas y unos cuantos amigos, con los que me había juntado un par de veces para salir. Sin Bill, claro, ya que nadie se tenía que enterar de que éramos novio. El yeso de mi pierna ya lo habían quitado y estaba de lo más normal. Aunque a veces me dolía un poco y había algunos movimientos los cuales no podía hacer. Pero eso no impedía que algunas noches, cuando Bill se quedaba con su madre, yo cruzara de ventana a ventana y pasara tiempo con él. 
Todo iba de maravilla. Mi madre me había felicitado por haber pasado el curso… ella ya había pensado que repetía, pero no había sido así. Aunque sus felicitaciones no me habían importado. Ella no me importaba. Incluso habían preparado una cena “familiar” para celebrarlo. Y acabó cenando sólo ella y su esposo. Del cual, no recordaba su nombre. Pero ahora me parecía simpático… Ya que me había visto un día con Bill y no le había dicho nada a mi madre. Me había guardado el secreto y eso estaba bien, por lo que lo trataba de bien. 
De Emma había vuelto a saber muy poco. Nos habíamos vuelto a llamar solo un par de veces luego de que ella se hubiese ido a América. A lo mejor se había olvidado de mí. pero yo no la necesitaba, pues tenía a Bill.
Y así es como caigo nuevamente en él. Bill. Él es el centro de mi vida. Me hubiese gustado hacer público lo que había entre nosotros dos. Pero teniendo a mi madre allí mismo era imposible. Además, había que cuidarse de posibles Eddy’s que pudieran delatarnos. 
Y Helena ¿Recuerdan a Helena? si, esa que me hizo meter la mano en aceite hirviendo, la que me dejó esa grande cicatriz en la mano… Ella estaba muerta. Bill me había dicho que había sido un accidente, nada más. No había querido darme más detalles o que se yo. Pero tampoco me importó. Con lo feliz que estaba había dejado todas esas cosas de lado.
Quedaba un mes para mi cumpleaños… Y eso me ponía más contenta aún. Iba a ser mayor de edad y podría irme de casa. No vería a mi madre nunca más, no volver a soportarla ni a ella ni a sus gritos… iba a ser una vida perfecta. Aunque no sabía de donde sacar el dinero que ocuparía para perfeccionar aún más mi vida. Vamos, que siempre dicen que el dinero no compra la felicidad. Y lo sé, pero como está el mundo hoy en día, es muy caro darse los gustos que uno quiere. Aunque con mi padre teniendo mucho dinero todo está bien. Ahora sólo a esperar a que muera y me deje todos sus millones.
Que mala. 
Abrí la ventana nada más llegar a mi habitación. Sabía que Bill estaba en casa de Simone, porque había visto su coche afuera. La luz de la habitación no estaba encendida. Pero su ventana estaba entreabierta. Estiré la mano todo lo que pude, sujetándome con la otra del borde de la ventana para no caerme, y la logré a abrir por Me subí en el borde de la ventana y luego pasé a la de Bill. Ya no me costaba para nada hacerlo. 
Una vez estuve del otro lado, volví a cerrar un poco la ventana y caminé a ciegas por la habitación de mi novio buscando el interruptor de luz. Lo encontré luego de estar un buen rato dando manotazos por todos lados. La habitación se iluminó y pude ver mejor. Me sentía una intrusa.
Sonreí, imaginando como sería el rostro de Bill cuando entrara en la habitación y me viera aquí, esperándolo. Seguro estaría con Simone, era de noche y probablemente hacía que se durmiera. Me pregunté si Bill aún buscaba a alguien que cuidara de ella. Él y Tom no podían estar toda la vida turnándose para cuidarla... y ya llevaban unos cuantos mese haciéndolo. 
Caminé hacia la cama y me senté en el borde. 
Mientras esperaba a que Bill llegara comencé a pensar.
Quedaba sólo un escaso mes para mi cumpleaños. Quizás un poco más o un poco menos. Tampoco me iba a poner a hacer una cuenta regresiva… y no tenía idea de que fecha era. Lo único que sabía, era que estábamos en verano, de vacaciones. Y el resto de las cosas ya no eran importantes. 
Acabé por recostarme en la cama. Me estaba aburriendo y Bill no venía. 
De lo aburrida que estaba comencé a buscarle formas al techo.
Hasta que sin darme cuenta, me dormí.

Abrí los ojos torpemente, al darme cuenta de que me había dormido. Sentía como si hubiese estado durmiendo apenas unos segundos. Pero la luz apagada demostraba lo contrario. No podía ver nada debido a la oscuridad, pero sentía algo cálido pegado a mí. Supuse que era Bill, puesto a que sus brazos rodeaban mi cuerpo estrechándome contra él. Podía sentir su tibia respiración en mi mejilla. Era pausada y lenta… por lo que caí en la cuenta de que estaba durmiendo. No tenía la menor idea de que hora era. Pero tampoco importaba mucho…. El tiempo no importa cuando estás al lado de la persona más maravillosa del planeta.
Moví levemente mi cuerpo hacia un lado. Él se acomodó un poco entre sueños, mientras yo pasaba uno de mis brazos por encima de su pecho, también abrazándolo. Me gustaba tenerlo allí. Tan cerca de mí… así dormido me parecía tierno, aunque no pudiese ver su rostro. 
Me dieron ganas de que amaneciera de una vez, para besarlo, abrazarlo y apretujarlo… decirle que lo amaba y esas cosas. Lo apreté más contra mí. Me dieron ganas, también, de despertarlo. Pero debería de estar cansado… 
Como no pude dormirme de nuevo, comencé a imaginarme como habría sido la reacción de Bill al encontrarme en su habitación. Seguro se había puesto de lo más feliz. Una genial sorpresa de mi parte, creo…
De pronto, una genial idea se me vino a la cabeza… así podría cuidar a Simone, estar en esta casa sin que mi madre se enojara, podría ganar dinero en un trabajo muy cercano y además, podría ver a Bill ¿qué mejor? Nada. 
Yo sería la persona que cuidara de Simone.
Se lo diría a Bill por la mañana. De seguro él se mostraría entusiasmado.

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