Quité el cuchillo, despacio. Arrepintiéndome de lo que había hecho. Me costaba respirar… observé el arma llena de sangre y pude sentir como cada partícula de mi cuerpo se empapaba de miedo, desesperación, arrepentimiento y culpabilidad. Dios santo. ¡¿Qué había hecho?! Esta no era yo… Retrocedí un par de pasos, dejando a ese cuerpo quejumbroso revolcándose de dolor en el suelo, derramando sangre… y no pude hacer nada más que no fuese correr. Metí el cuchillo entre mi abrigo y corrí sin detenerme esa calle y media que me quedaba para llegar a la casa de Tom. Tendría que haberle obedecido, y no haber venido tan de noche hasta aquí… a estos lugares. ¿Y si aquel hombre no estaba solo?
Piqué a la puerta con desesperación, repetidas veces. Las luces ya estaban apagadas, seguramente ya estaban durmiendo y…
La puerta se abrió y yo, en cuanto divisé a Tom del otro lado, me lancé a su encuentro escondiendo mi rostro en su pecho. No tardé en echarme a llorar al sentirme tan culpable. Tom cerró la puerta y me rodeó con sus brazos. Me estaba hablando, pero yo no lograba entender que era lo que decía. Hasta que me sentó en el sillón, a oscuras y me separó de su cuerpo para limpiarme las lágrimas con los dedos y observarme. Yo también podía observar su rostro gracias a la luz de los faroles de la calle que se colaba a través de las cortinas.
- ¿Qué pasa? – Me preguntó. Analizando mi rostro con la mirada. No pude evitar soltar un sollozo y tuve que morderme el labio inferior. – Allyson… ¿Alguien te hizo algo? Dios… te dije que no vinieras por aquí a estas horas, es tan peligroso. Siempre me desobedeces, yo quiero cuidarte, tú sabes que aquí no se pued… - Quedó mudo al ver lo que saqué de entre mi abrigo. Me di cuenta de que tenía la mano manchada de sangre, al igual que la ropa. Los ojos se me nublaron, comenzaría a llorar. Le tendí la navaja con la mano temblorosa. – Es… la navaja que te di. – Murmuró. - ¿Estás herida? – Negué con la cabeza. Tom cogió el arma y la examinó con sumo cuidado. – No me digas que…
- Alguien se está muriendo allá afuera. – Chillé, avergonzada.

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