Capitulo
16
Caminé hacia el armario
y cogí lo primero que encontré más un par de toallas y me dirigí al baño.
Una vez allí me duché y vestí. No quise arreglarme el cabello por lo que me limité a atarme una coleta alta… aun con el cabello mojado.
Salí y ordené un poco mi habitación. Aunque hubiese dormido sobre mi cama, había dejado la ventana abierta toda la noche sin darme cuenta y el viento había tirado unas cuantas hojas. Dejé todo limpio.
Miré la hora… supuse que sería bastante temprano y estaba en lo correcto. Las diez de la mañana… obviamente mamá y Alexa estarían despiertas y papá durmiendo… como todos los días en que él no trabajaba.
Decidí que bajaría a desayunar. Y luego a ver que hacía para entretenerme.
- ¡Hola! – saludé mientras entraba en la cocina. Alexa y mamá me saludaron sonrientes y siguieron con lo que hacían. Alexa comer y mamá limpiar.
- Tienes leche en el microondas y los cereales están sobre la mesa.
Una vez allí me duché y vestí. No quise arreglarme el cabello por lo que me limité a atarme una coleta alta… aun con el cabello mojado.
Salí y ordené un poco mi habitación. Aunque hubiese dormido sobre mi cama, había dejado la ventana abierta toda la noche sin darme cuenta y el viento había tirado unas cuantas hojas. Dejé todo limpio.
Miré la hora… supuse que sería bastante temprano y estaba en lo correcto. Las diez de la mañana… obviamente mamá y Alexa estarían despiertas y papá durmiendo… como todos los días en que él no trabajaba.
Decidí que bajaría a desayunar. Y luego a ver que hacía para entretenerme.
- ¡Hola! – saludé mientras entraba en la cocina. Alexa y mamá me saludaron sonrientes y siguieron con lo que hacían. Alexa comer y mamá limpiar.
- Tienes leche en el microondas y los cereales están sobre la mesa.
- Gracias mamá. Ya los
vi. – me serví un poco de cereal y un pote y luego eché el tazón de leche en
este. Lo revolví con una cuchara y me senté frente a Alexa a comer. Era
curioso… ella me miraba, yo la miraba, pero ninguna hablaba…
- Hija, ayer Amy llamó. – yo me di vuelta a mirarla... tenía las manos embetunadas en espuma que supuse sería de algún detergente.
- ¿Qué es lo que quería?
- Saber sobre Mark. – resoplé, genial… nuevamente con Mark. Me di la vuelta para seguir comiendo pero mi madre volvió a interrumpirme.-¿Qué tienes en el cuello? Está rojo. – dijo mi madre con un tono que no me gustó para nada.
- Alexa es un perro, mamá. – ella soltó un “ah”, con eso lo había entendido todo. Se dio la vuelta y siguió con su trabajo. Seguí comiendo mi los cereales y justo en el momento en que terminaba sentí como picaban al timbre... – yo voy. – Me levanté.
- Hija, ayer Amy llamó. – yo me di vuelta a mirarla... tenía las manos embetunadas en espuma que supuse sería de algún detergente.
- ¿Qué es lo que quería?
- Saber sobre Mark. – resoplé, genial… nuevamente con Mark. Me di la vuelta para seguir comiendo pero mi madre volvió a interrumpirme.-¿Qué tienes en el cuello? Está rojo. – dijo mi madre con un tono que no me gustó para nada.
- Alexa es un perro, mamá. – ella soltó un “ah”, con eso lo había entendido todo. Se dio la vuelta y siguió con su trabajo. Seguí comiendo mi los cereales y justo en el momento en que terminaba sentí como picaban al timbre... – yo voy. – Me levanté.
Caminé hacia la puerta y
la abrí, sin siquiera mirar quien era.
Una sonrisa boba se dibujó en mis labios al ver de quien se trataba… allí estaba el chico más perfecto del mundo… con esos ojos, esos labios, ese rostro… pero no sonreía.
Borré mi sonrisa en un instante y bajé la mirada. No había recordado lo de ayer y ahora lo hacía.
- Hola. – me saludó. No pude notar ninguna nota de calidez en su voz.
- Hola.
- Vine a entregarte esto. – puso su mano frente a mi cara, por lo que me vi obligada a alzar la vista. De inmediato supe a que se refería. Levanté mi mano y la situé bajo la suya, justo en el momento en que él la abría y dejaba caer la cadena.
- Gracias. - Fue lo único que se me vino a la mente. Nos quedamos en silencio unos segundos. Yo imaginé que él daría media vuelta y volvería al hotel… pero al no escuchar su despedida, ni ver como se iba me decidí a invitarlo a entrar. – ¿Quieres pasar?
- La verdad es que…
- Vamos, entra. – le dijo con una sonrisa. Este igual me sonrió… como amaba su sonrisa. Me había sonreído... entonces no estaba enojado.
Lo agarré del brazo y tiré de él para que entrara dentro. Guardé la cadena en el bolsillo trasero de mi pantalón. Empujé a Bill hacia el salón y luego cerré la puerta. Éste sólo rió, como siempre.
- ¿Ya comiste? – dije poniéndome a su lado.
- Emm… n..
- Ven, vamos por leche. – no lo dejé terminar y lo cogí nuevamente del brazo para arrastrarlo hacia la cocina. Debo decir que esto era extraño.
- No, Abril... no es necesario. – me decía mientras yo le daba leves empujoncitos.
- Má, este es Bill. Bill, mi mamá – los presenté al tenerlos frente a frente. Bill sonrió amablemente.
- Hola Sra…
- Llámame Aline, un gusto. – le sonrió igualmente... y con sus manos repletas de espuma se dirigió hacia él para darle dos besos. – ¿querían algo? – dijo luego mirándonos intermitentemente a Bill y a mí.
- N…
- Invité a Bill a comer algo. – le corté. – ¿no te molesta, verdad?.– sabía que no le molestaría. Pero no quería que Bill se sintiera incómodo.
- Claro que no. Bill, dile a esta chica que te de algo de comer. – Bill rió. Se notaba algo nervioso.
- Ven, vamos. – lo cogí del brazo nuevamente y rodeamos la mesa hasta quedar frente a Alexa.
- ¡Bill! – exclamó con la boca llena de comida. Yo acomodé a Bill en una silla y me senté a su lado.
- Hola, Alex.
- Bill, ¿Qué haces aquí?. – dijo con su voz de niña pequeña... toda chillona y aguda.
- Abril me
- Le prepararé el desayuno. – le corté.
- En todo el tiempo que he estado aquí me has cortado un montón de veces. – frunció el ceño. Alexa rió al igual que mi madre desde su posición, limpiando algunos muebles. Yo lo mire con furia fingida y luego le dije:
- ¿Y… qué te gustaría desayunar? – no escuché respuesta. – No será tan delicioso, ni variado como los desayunos que siempre comes pero será hecho con cariño.
Creo que me sonrojé un poco. Bill no rió. Simplemente me miró con los ojos entrecerrados… en cambio Alexa, estalló en risas.
Lo del desayuno iba enserio. Él estaba acostumbrado a todo tipo de caprichos y desayunos riquísimos. Ahora que lo pensaba, la había cagado… me estaba comenzando a sentir mal. Otra vez.
- ¿Y qué es lo que te gusta? ¿Quieres leche y cereales?. – mi madre me echó una mirada como diciendo “como le ofreces eso”.
- Está bien. – cogí un pote azul de uno de los muebles, y lo llené de leche y cereales... ambos ya estaban sobre la mesa.
Le dejé el pote a Bill y luego le di una cuchara.
Me senté a su lado nuevamente, pero mirando hacia él.
- Gracias.
- Como sea, ahora come. – Mi madre me echó otra mirada de las mismas y Bill cogió la cuchara. La metió en el pote y la sacó llena de cereales y leche… luego se la llevo a la boca. Masticó y saboreó para luego tragar.
Sonrió.
- Delicioso... no te imaginas el tiempo que llevo sin desayunar esto. – dijo apuntando su desayuno.
- He acertado. – reí. – ¿No, mamá? – dije para picarla... ella bufó.
- ¡Termine! – gritó mi hermanita, feliz. Bill y yo reímos. – ¿puedo ver la TV, mami?
- Claro.
Alexa bajó de su silla y desapareció corriendo.
- Que tierna es tu hermanita.
- También es chillona. – Bill rió. – Si quieres te la regalo.
Una sonrisa boba se dibujó en mis labios al ver de quien se trataba… allí estaba el chico más perfecto del mundo… con esos ojos, esos labios, ese rostro… pero no sonreía.
Borré mi sonrisa en un instante y bajé la mirada. No había recordado lo de ayer y ahora lo hacía.
- Hola. – me saludó. No pude notar ninguna nota de calidez en su voz.
- Hola.
- Vine a entregarte esto. – puso su mano frente a mi cara, por lo que me vi obligada a alzar la vista. De inmediato supe a que se refería. Levanté mi mano y la situé bajo la suya, justo en el momento en que él la abría y dejaba caer la cadena.
- Gracias. - Fue lo único que se me vino a la mente. Nos quedamos en silencio unos segundos. Yo imaginé que él daría media vuelta y volvería al hotel… pero al no escuchar su despedida, ni ver como se iba me decidí a invitarlo a entrar. – ¿Quieres pasar?
- La verdad es que…
- Vamos, entra. – le dijo con una sonrisa. Este igual me sonrió… como amaba su sonrisa. Me había sonreído... entonces no estaba enojado.
Lo agarré del brazo y tiré de él para que entrara dentro. Guardé la cadena en el bolsillo trasero de mi pantalón. Empujé a Bill hacia el salón y luego cerré la puerta. Éste sólo rió, como siempre.
- ¿Ya comiste? – dije poniéndome a su lado.
- Emm… n..
- Ven, vamos por leche. – no lo dejé terminar y lo cogí nuevamente del brazo para arrastrarlo hacia la cocina. Debo decir que esto era extraño.
- No, Abril... no es necesario. – me decía mientras yo le daba leves empujoncitos.
- Má, este es Bill. Bill, mi mamá – los presenté al tenerlos frente a frente. Bill sonrió amablemente.
- Hola Sra…
- Llámame Aline, un gusto. – le sonrió igualmente... y con sus manos repletas de espuma se dirigió hacia él para darle dos besos. – ¿querían algo? – dijo luego mirándonos intermitentemente a Bill y a mí.
- N…
- Invité a Bill a comer algo. – le corté. – ¿no te molesta, verdad?.– sabía que no le molestaría. Pero no quería que Bill se sintiera incómodo.
- Claro que no. Bill, dile a esta chica que te de algo de comer. – Bill rió. Se notaba algo nervioso.
- Ven, vamos. – lo cogí del brazo nuevamente y rodeamos la mesa hasta quedar frente a Alexa.
- ¡Bill! – exclamó con la boca llena de comida. Yo acomodé a Bill en una silla y me senté a su lado.
- Hola, Alex.
- Bill, ¿Qué haces aquí?. – dijo con su voz de niña pequeña... toda chillona y aguda.
- Abril me
- Le prepararé el desayuno. – le corté.
- En todo el tiempo que he estado aquí me has cortado un montón de veces. – frunció el ceño. Alexa rió al igual que mi madre desde su posición, limpiando algunos muebles. Yo lo mire con furia fingida y luego le dije:
- ¿Y… qué te gustaría desayunar? – no escuché respuesta. – No será tan delicioso, ni variado como los desayunos que siempre comes pero será hecho con cariño.
Creo que me sonrojé un poco. Bill no rió. Simplemente me miró con los ojos entrecerrados… en cambio Alexa, estalló en risas.
Lo del desayuno iba enserio. Él estaba acostumbrado a todo tipo de caprichos y desayunos riquísimos. Ahora que lo pensaba, la había cagado… me estaba comenzando a sentir mal. Otra vez.
- ¿Y qué es lo que te gusta? ¿Quieres leche y cereales?. – mi madre me echó una mirada como diciendo “como le ofreces eso”.
- Está bien. – cogí un pote azul de uno de los muebles, y lo llené de leche y cereales... ambos ya estaban sobre la mesa.
Le dejé el pote a Bill y luego le di una cuchara.
Me senté a su lado nuevamente, pero mirando hacia él.
- Gracias.
- Como sea, ahora come. – Mi madre me echó otra mirada de las mismas y Bill cogió la cuchara. La metió en el pote y la sacó llena de cereales y leche… luego se la llevo a la boca. Masticó y saboreó para luego tragar.
Sonrió.
- Delicioso... no te imaginas el tiempo que llevo sin desayunar esto. – dijo apuntando su desayuno.
- He acertado. – reí. – ¿No, mamá? – dije para picarla... ella bufó.
- ¡Termine! – gritó mi hermanita, feliz. Bill y yo reímos. – ¿puedo ver la TV, mami?
- Claro.
Alexa bajó de su silla y desapareció corriendo.
- Que tierna es tu hermanita.
- También es chillona. – Bill rió. – Si quieres te la regalo.
- No, gracias. Con Tom me vasta y me sobra. – esta vez la que rió
fui yo.
Luego reinó el silencio en la cocina... sólo se escuchaba como mi madre pasaba la esponja contra algo.
Contemplé a Bill que comía con ganas… ¿cómo podía ser tan hermoso? Era tan irreal, algo tan... imposible. Pero no, no era un sueño. Allí estaba, a mi lado... con un plato de cereales y leche .Me volvía loca.
Era tan caballero, tan simpático y sensible… y es que las cualidades no le faltaban.
- ¿Qué? – preguntó sacándome de mis pensamientos. Yo negué con la cabeza.
- Nada. – sonreí bobamente y bajé la mirada.
Para cuando la volví a subir, me encontré con la de Bill… mirándome entre horrorizado y molesto. La verdad es que no lo comprendía. Hacia unos minutos estaba feliz… pero ahora tenía la mirada fija en mí. Y no con una muy buena expresión que digamos. – ¿Qué? – esta vez fui yo quien preguntó.
Bill no me dijo nada. Su mirada poco a poco cambió a una de ¿tristeza?
Se levantó de la silla sin hacer ruido. Me miró. Yo seguía como una boba, allí sentada en la silla. Pero no podía levantarme… mis músculos no respondían.
Quería decirle algo, que él me dijera algo... pero es que yo era tan estúpida.
Y ahora, en estos momentos, era cuando yo me congelaba y no sabía qué hacer… ¿acaso se había enojado? Pero no se podía enojar así de la nada...
- Adiós, Aline. – le dijo a mi madre para luego atravesar la puerta a paso veloz.
Luego reinó el silencio en la cocina... sólo se escuchaba como mi madre pasaba la esponja contra algo.
Contemplé a Bill que comía con ganas… ¿cómo podía ser tan hermoso? Era tan irreal, algo tan... imposible. Pero no, no era un sueño. Allí estaba, a mi lado... con un plato de cereales y leche .Me volvía loca.
Era tan caballero, tan simpático y sensible… y es que las cualidades no le faltaban.
- ¿Qué? – preguntó sacándome de mis pensamientos. Yo negué con la cabeza.
- Nada. – sonreí bobamente y bajé la mirada.
Para cuando la volví a subir, me encontré con la de Bill… mirándome entre horrorizado y molesto. La verdad es que no lo comprendía. Hacia unos minutos estaba feliz… pero ahora tenía la mirada fija en mí. Y no con una muy buena expresión que digamos. – ¿Qué? – esta vez fui yo quien preguntó.
Bill no me dijo nada. Su mirada poco a poco cambió a una de ¿tristeza?
Se levantó de la silla sin hacer ruido. Me miró. Yo seguía como una boba, allí sentada en la silla. Pero no podía levantarme… mis músculos no respondían.
Quería decirle algo, que él me dijera algo... pero es que yo era tan estúpida.
Y ahora, en estos momentos, era cuando yo me congelaba y no sabía qué hacer… ¿acaso se había enojado? Pero no se podía enojar así de la nada...
- Adiós, Aline. – le dijo a mi madre para luego atravesar la puerta a paso veloz.
Al verlo desaparecer
pude reaccionar ¡se había ido!
Me levanté hecha una
bala de la silla y corrí hasta alcanzarlo en la puerta de entrada.
- ¡Bill! ¿Qué pasa? – no me respondió. Ni siquiera se dignó a mirarme. – ¿Bill, qué…? ¿pero qué...? – vale, ahora sí que parecía una estúpida… ¿Por qué se iba?
Este siguió caminando sin hacerme el mínimo caso.
- ¿Por qué te vas? ¡¿Qué hice ahora?! – le pregunté. No pude evitar que mi voz sonara desesperada... pero es que no quería que se fuera. No quería que se enojara conmigo.
Seguí caminando atrás de él.
- Bill, mira… sea lo que sea discúlpame. – ok, había caído bajo. Muy bajo.
Pero Bill ni siquiera me miró. Por lo que decidí no seguirlo.
Me detuve en medio del camino de piedrecillas y observé como él andaba rápidamente hasta el coche que se encontraba aparcado a una orilla de la carretera.
Abrió la puerta y volteó a mirarme. Hubiese preferido a que no lo hubiese hecho… esa expresión de asco me había dolido, demasiado.
Entró y ya no pude ver más… los vidrios estaban tinturados de negro.
Partió el coche y vi como desaparecía por la carretera. Me llevé una mano a la cabeza... ahora intercambiábamos papeles. Genial.
Sentí ganas de echarme a llorar. Pero no lo haría.
- ¡Bill! ¿Qué pasa? – no me respondió. Ni siquiera se dignó a mirarme. – ¿Bill, qué…? ¿pero qué...? – vale, ahora sí que parecía una estúpida… ¿Por qué se iba?
Este siguió caminando sin hacerme el mínimo caso.
- ¿Por qué te vas? ¡¿Qué hice ahora?! – le pregunté. No pude evitar que mi voz sonara desesperada... pero es que no quería que se fuera. No quería que se enojara conmigo.
Seguí caminando atrás de él.
- Bill, mira… sea lo que sea discúlpame. – ok, había caído bajo. Muy bajo.
Pero Bill ni siquiera me miró. Por lo que decidí no seguirlo.
Me detuve en medio del camino de piedrecillas y observé como él andaba rápidamente hasta el coche que se encontraba aparcado a una orilla de la carretera.
Abrió la puerta y volteó a mirarme. Hubiese preferido a que no lo hubiese hecho… esa expresión de asco me había dolido, demasiado.
Entró y ya no pude ver más… los vidrios estaban tinturados de negro.
Partió el coche y vi como desaparecía por la carretera. Me llevé una mano a la cabeza... ahora intercambiábamos papeles. Genial.
Sentí ganas de echarme a llorar. Pero no lo haría.
Caminé arrastrando los pies
nuevamente hasta mi casa. Entré y cerré la puerta. Una vez allí vi como me madre
se asonaba desde la cocina.
- ¿Se ha ido? –asentí. – que mal educado es, ¿no? – yo puse los ojos en blanco y me apresuré en subir la escalera.
Entré a mi habitación y cerré la puerta con violencia. Me paré frente al espejo y me dediqué a mirarme como quien mira al asesino más cruel del mundo entero.
Siempre tenía que echar a perder todo. Siempre, aunque a veces sin darme cuenta o saber el porqué... pero siempre lo arruinaba todo. De una u otra manera.
-Soy un fracaso. – Susurré.
Caminé hacia mi cama y me lancé.
Luego cogí el control de la TV y la encendí.
Aburrido, aburrido, aburrido. Repetía en mi mente una y otra vez mientras pasaba los canales... hasta que uno llamó mi atención.
Dios, era Bill. Bill y los otros chicos. Creo que era un video de música.
Lo vi…
No supe la razón de porqué pero sentí una gran amargura al darme cuenta de lo lejos que estaba de él en estos momentos.
Verlo allí, metido dentro de esa caja me pareció extraño… ese parecía no ser “mi Bill”.
Al terminar el video apagué la TV. Dios, cuanto amaba su voz. Su rostro, sus ojos color miel, sus labios, su sonrisa, su todo... vamos que yo lo amaba y lo sabía desde hacía ya tiempo.
- ¿Se ha ido? –asentí. – que mal educado es, ¿no? – yo puse los ojos en blanco y me apresuré en subir la escalera.
Entré a mi habitación y cerré la puerta con violencia. Me paré frente al espejo y me dediqué a mirarme como quien mira al asesino más cruel del mundo entero.
Siempre tenía que echar a perder todo. Siempre, aunque a veces sin darme cuenta o saber el porqué... pero siempre lo arruinaba todo. De una u otra manera.
-Soy un fracaso. – Susurré.
Caminé hacia mi cama y me lancé.
Luego cogí el control de la TV y la encendí.
Aburrido, aburrido, aburrido. Repetía en mi mente una y otra vez mientras pasaba los canales... hasta que uno llamó mi atención.
Dios, era Bill. Bill y los otros chicos. Creo que era un video de música.
Lo vi…
No supe la razón de porqué pero sentí una gran amargura al darme cuenta de lo lejos que estaba de él en estos momentos.
Verlo allí, metido dentro de esa caja me pareció extraño… ese parecía no ser “mi Bill”.
Al terminar el video apagué la TV. Dios, cuanto amaba su voz. Su rostro, sus ojos color miel, sus labios, su sonrisa, su todo... vamos que yo lo amaba y lo sabía desde hacía ya tiempo.
Nunca había considerado la
opción de decírselo. ¿Y si él no sentía lo mismo por mi? Estaba insegura…
aunque de una u otra manera yo quería que se enterara de todo lo que le quería.
Yo lo NECESITABA cera de mi. Necesitaba de su voz, su risa, sus abrazos… ¡y qué
más da! Sus besos. Y aunque sólo hubiesen sido tres roces… yo quería más de esos
roces. Yo lo quería a él.
De eso estaba completamente segura.
Suspiré, tenía que averiguar por qué Bill se había enojado.
Cogí el móvil y comencé a debatir mentalmente si llamarlo o no.
¿Y que si me colgaba o no me cogía el teléfono?
No le di más vueltas y apreté el botón verde, a veces era mejor no pensar mucho las cosas.
De eso estaba completamente segura.
Suspiré, tenía que averiguar por qué Bill se había enojado.
Cogí el móvil y comencé a debatir mentalmente si llamarlo o no.
¿Y que si me colgaba o no me cogía el teléfono?
No le di más vueltas y apreté el botón verde, a veces era mejor no pensar mucho las cosas.
A unos cuantos pitidos,
alguien contestó.
- ¿Hola? – pero esa no era la voz de Bill ¡hay no!
- ¿Hola? – pero esa no era la voz de Bill ¡hay no!
- Ho… hola. – reí. Era
la voz de una chica… por un momento me temí lo peor-
- ¿A quien necesitas? – preguntó la chica del otro lado. Por una extraña razón, su voz se me hizo muy familiar… quizás me había equivocado de número.
- A Bill... este es su móvil, ¿no? – Pregunté frunciendo el ceño.
- ¿Sabes quién es Bill? – escuché a lo lejos. Seguro tapaba el móvil con la mano.
- Dame eso. – escuché otra voz. – ¿Hola? – este era un chico. Su acento era aún más extraño que él de Bill. No era él.
- Hola… ¿Bill?
- No. El ha dejado su móvil en mi habitación ¿con quien hablo?
- ¿Me puedes dar la dirección del hotel por favor? es que necesito hablar con él.
- No me has respondido.
- Es mejor que no sepas quien soy, creo. Por favor, dame la dirección del hotel.
- No puedo dar ese tipo de información, lo siento.
- Pero, pero… ¡espera! – dije para que no me cortara. Creo que ya sabía quién era la persona con la que estaba hablando y no le podía decir quién era yo. Eso podría traer algún tipo de conflicto.
- ¿Qué quieres…?
- La dirección. Por favor. – lo último lo dije en un susurro. No era propio de mí rogarle a mis “enemigos”.
- Mira, me dirás torpe, pero no se me la dirección. Lo siento. – respondió como su hubiese explicado por décima vez algo a un niño pequeño que no sabe hablar.
- ¿Algún indicio? O algo que me señale donde está.
- Emm… – se quedó en silencio un tiempo.
- Por favor no me hagas ir por cada hotel de la ciudad, que son muchos… - Él rió y luego cogió aire.
- Está en frente de una librería. Y cerca de un zoológico… a unas seis calles. – me informó. Una gran sonrisa se dibujo en mi rostro. Era exactamente donde yo recordaba.
- Wow, gracias, Tom. Oh, ho.. – se me había salido.
- ¿Cómo sabes mi nombre?
- He adivinado. – reí nerviosa. – ¿Bill está allí?
- Si. ¡Oh, Dios. Yo no te tendría que decirte todo esto!
- No te preocupes. Sigue con tu chica que ya nos veremos… adiós. – despegué el móvil de mi oído sin esperar respuesta y le di al botón rojo para cortar la llamada.
Sonreí. Hablaría con Bill y arreglaría las cosas... de eso estaba completamente segura.
A demás, aun no era hora de almorzar, por lo que podría ir y volver para la comida. No tardaría tanto.
Me levanté de la cama y caminé hacia el espejo. Me retoqué un poco el pelo... aunque no sabía para que, me despeinaría en el camino…
Cogí mi bolso que estaba sobre el escritorio y me lo colgué en el hombro.
Luego salí de la habitación a paso rápido y bajé las escaleras casi corriendo.
- Me voy, maaa. – grité mientras pasaba frente a la cocina.
- Que feliz te veo, ¿no estabas triste hace un rato? –la escuché comentar desde la cocina.
- Todo se arregla, me llevaré la moto. ¡Adiós, mami! – abrí la puerta y salí.
- ¡Mucho cuidado! – escuché desde dentro antes de cerrarla.
Caminé hacia el pequeño garaje y abrí la puerta haciendo fuerza. Me mareé un poco al hacerlo pero no le di importancia... mi mente estaba centrada en otra cosa; Bill.
Me acerqué a la moto y la cogí, luego la arrastré hacia afuera y la dejé allí mientras buscaba el casco de protección y una chaqueta de cuero de mi padre.
Dejé el casco sobre el asiento de la moto y me puse la chaqueta… como lo suponía, me quedaba grandísima. Hoy iría vestida como Tom, pensé divertida. Pero es que se me había olvidado coger una de mis chaquetas y me daría frío si no llevaba nada puesto.
Me abroché la chaqueta. Imaginé que me vería como una damnificada. Me puse el casco y luego me monté sobre mi querida moto... y con una patada en el pedal, la encendí.
Comencé a andar rápido, quería llegar cuanto antes. Si me apresuraba ya estaría en el hotel en media hora.
Como dije antes, amaba esa sensación del viento que me daba a la cara. Aunque esta vez llevase casco… igualmente podía sentirlo y eso me encantaba.
Mi cuerpo temblaba de vez en cuando al sentir la gélida brisa entrar por las mangas de la chaqueta. Eso hacía que me relajara... ya que de por sí, iba muy nerviosa. Ojala no me encontrara con ninguna sorpresa al llegar.
- ¿A quien necesitas? – preguntó la chica del otro lado. Por una extraña razón, su voz se me hizo muy familiar… quizás me había equivocado de número.
- A Bill... este es su móvil, ¿no? – Pregunté frunciendo el ceño.
- ¿Sabes quién es Bill? – escuché a lo lejos. Seguro tapaba el móvil con la mano.
- Dame eso. – escuché otra voz. – ¿Hola? – este era un chico. Su acento era aún más extraño que él de Bill. No era él.
- Hola… ¿Bill?
- No. El ha dejado su móvil en mi habitación ¿con quien hablo?
- ¿Me puedes dar la dirección del hotel por favor? es que necesito hablar con él.
- No me has respondido.
- Es mejor que no sepas quien soy, creo. Por favor, dame la dirección del hotel.
- No puedo dar ese tipo de información, lo siento.
- Pero, pero… ¡espera! – dije para que no me cortara. Creo que ya sabía quién era la persona con la que estaba hablando y no le podía decir quién era yo. Eso podría traer algún tipo de conflicto.
- ¿Qué quieres…?
- La dirección. Por favor. – lo último lo dije en un susurro. No era propio de mí rogarle a mis “enemigos”.
- Mira, me dirás torpe, pero no se me la dirección. Lo siento. – respondió como su hubiese explicado por décima vez algo a un niño pequeño que no sabe hablar.
- ¿Algún indicio? O algo que me señale donde está.
- Emm… – se quedó en silencio un tiempo.
- Por favor no me hagas ir por cada hotel de la ciudad, que son muchos… - Él rió y luego cogió aire.
- Está en frente de una librería. Y cerca de un zoológico… a unas seis calles. – me informó. Una gran sonrisa se dibujo en mi rostro. Era exactamente donde yo recordaba.
- Wow, gracias, Tom. Oh, ho.. – se me había salido.
- ¿Cómo sabes mi nombre?
- He adivinado. – reí nerviosa. – ¿Bill está allí?
- Si. ¡Oh, Dios. Yo no te tendría que decirte todo esto!
- No te preocupes. Sigue con tu chica que ya nos veremos… adiós. – despegué el móvil de mi oído sin esperar respuesta y le di al botón rojo para cortar la llamada.
Sonreí. Hablaría con Bill y arreglaría las cosas... de eso estaba completamente segura.
A demás, aun no era hora de almorzar, por lo que podría ir y volver para la comida. No tardaría tanto.
Me levanté de la cama y caminé hacia el espejo. Me retoqué un poco el pelo... aunque no sabía para que, me despeinaría en el camino…
Cogí mi bolso que estaba sobre el escritorio y me lo colgué en el hombro.
Luego salí de la habitación a paso rápido y bajé las escaleras casi corriendo.
- Me voy, maaa. – grité mientras pasaba frente a la cocina.
- Que feliz te veo, ¿no estabas triste hace un rato? –la escuché comentar desde la cocina.
- Todo se arregla, me llevaré la moto. ¡Adiós, mami! – abrí la puerta y salí.
- ¡Mucho cuidado! – escuché desde dentro antes de cerrarla.
Caminé hacia el pequeño garaje y abrí la puerta haciendo fuerza. Me mareé un poco al hacerlo pero no le di importancia... mi mente estaba centrada en otra cosa; Bill.
Me acerqué a la moto y la cogí, luego la arrastré hacia afuera y la dejé allí mientras buscaba el casco de protección y una chaqueta de cuero de mi padre.
Dejé el casco sobre el asiento de la moto y me puse la chaqueta… como lo suponía, me quedaba grandísima. Hoy iría vestida como Tom, pensé divertida. Pero es que se me había olvidado coger una de mis chaquetas y me daría frío si no llevaba nada puesto.
Me abroché la chaqueta. Imaginé que me vería como una damnificada. Me puse el casco y luego me monté sobre mi querida moto... y con una patada en el pedal, la encendí.
Comencé a andar rápido, quería llegar cuanto antes. Si me apresuraba ya estaría en el hotel en media hora.
Como dije antes, amaba esa sensación del viento que me daba a la cara. Aunque esta vez llevase casco… igualmente podía sentirlo y eso me encantaba.
Mi cuerpo temblaba de vez en cuando al sentir la gélida brisa entrar por las mangas de la chaqueta. Eso hacía que me relajara... ya que de por sí, iba muy nerviosa. Ojala no me encontrara con ninguna sorpresa al llegar.
Estaba casi segura de
que habría un montón de chicas allí fuera. Y a todo esto… había olvidado por
completo preguntarle a Tom donde quedaba la habitación de Bill… ahora estaba
obligada a preguntárselo a recepción o a pasar por todas las habitaciones,
picar a la puerta, esperar a que me abran y preguntar caso Bill Kaulitz se
encuentra allí dentro. Aunque eso era mejor que andar de hotel en hotel
preguntando donde estaban los chicos.
Sonreí al ver las primeras villas. Ya faltaba poco. En quince minutos estaría en el zoológico. Y unos tres minutos después seguro que en el hotel.
Pero y cuando llegara… ¿qué haría cuando estuviera frente a Bill?
“ ¡Hola, Bill! Vengo a…”. no, definitivamente no…
“Bill, discúlpame” no, no esto era muy… degradante.
“ Bill, ¿Por qué te has ido de mi casa de esa ma…?” demasiado agresivo.
“ Bill, yo venía a ver que te ocu..” no.
Que estúpida que soy… ¿Qué hago pensando esas cosas? Se supone que eso es lo que hacen los chicos antes de invitar a salir a una chica. Era ridículo que yo lo hiciera... porque más bien yo era alguien que no pensaba mucho las cosas antes de hacerlas… y eso a veces me traía consecuencias. Pero el punto es que diría lo primero que se me viniera a la cabeza, lo primero que me saliera por la boca.
Y si no me salía nada, si me quedaba congelada… pues a joderse.
De pronto mis dientes comenzaron a castañear. Tenía frío… al parecer la chaqueta de cuero no me servía de mucho.
Sonreí al ver las primeras villas. Ya faltaba poco. En quince minutos estaría en el zoológico. Y unos tres minutos después seguro que en el hotel.
Pero y cuando llegara… ¿qué haría cuando estuviera frente a Bill?
“ ¡Hola, Bill! Vengo a…”. no, definitivamente no…
“Bill, discúlpame” no, no esto era muy… degradante.
“ Bill, ¿Por qué te has ido de mi casa de esa ma…?” demasiado agresivo.
“ Bill, yo venía a ver que te ocu..” no.
Que estúpida que soy… ¿Qué hago pensando esas cosas? Se supone que eso es lo que hacen los chicos antes de invitar a salir a una chica. Era ridículo que yo lo hiciera... porque más bien yo era alguien que no pensaba mucho las cosas antes de hacerlas… y eso a veces me traía consecuencias. Pero el punto es que diría lo primero que se me viniera a la cabeza, lo primero que me saliera por la boca.
Y si no me salía nada, si me quedaba congelada… pues a joderse.
De pronto mis dientes comenzaron a castañear. Tenía frío… al parecer la chaqueta de cuero no me servía de mucho.
Doblé a una esquina.-.
en cinco estaría fuera de las puertas del zoológico. Y creo que a medida de que
la moto avanzaba, yo me ponía mas y mas nerviosa.
¿Quién no lo estaría?
Porque si analizamos todo esto nos podemos dar cuenta de que no es algo de todo los días. No todos los días conoces a un hermoso chico, que resulta ser un rockstar. El cual te besa y te regala entrada para un concierto. Y te llama y se preocupa por ti cuando algo malo de pasa… que luego de que se lleven de maravilla se enoje así como así y que tu luego tengas que telefonear a su hermano gemelo para que te diga cómo llegar al lugar en que él está, para hablar con él y arreglar las cosas..
Definitivamente, ni de todos los días, años, siglos. Dios, es que esto parecía más bien una película que la vida de una torpe chica que hace cosas de chicos y que vive a las afueras de una ciudad.
No sé si me doy a entender... pero no es exactamente lo que le suele ocurrir a cualquier persona.
¿Quién no lo estaría?
Porque si analizamos todo esto nos podemos dar cuenta de que no es algo de todo los días. No todos los días conoces a un hermoso chico, que resulta ser un rockstar. El cual te besa y te regala entrada para un concierto. Y te llama y se preocupa por ti cuando algo malo de pasa… que luego de que se lleven de maravilla se enoje así como así y que tu luego tengas que telefonear a su hermano gemelo para que te diga cómo llegar al lugar en que él está, para hablar con él y arreglar las cosas..
Definitivamente, ni de todos los días, años, siglos. Dios, es que esto parecía más bien una película que la vida de una torpe chica que hace cosas de chicos y que vive a las afueras de una ciudad.
No sé si me doy a entender... pero no es exactamente lo que le suele ocurrir a cualquier persona.
Me detuve en frente del
hotel. No vi ningún lugar donde dejar mi moto por lo que la subí a la vereda y
la dejé apoyada bajo un árbol… luego le diría al portero que la vigilara.
Me saqué el casco. La chaqueta no me la sacaría, puesto a que las chaquetas de cuero eran muy costosas y no me podía arriesgar... añadiendo también que era de mi padre y si se la perdía… vaya castigo que me iba a llevar.
Me saqué el casco. La chaqueta no me la sacaría, puesto a que las chaquetas de cuero eran muy costosas y no me podía arriesgar... añadiendo también que era de mi padre y si se la perdía… vaya castigo que me iba a llevar.
Y como no era una de
esas chicas que se avergüenzan por su apariencia, caminé hacia la entrada. Algunas
de las personas, generalmente chicas que estaba sentadas en el suelo me miraron
extrañadas. Pero yo no le di importancia... ahora sólo me tenía que concentrar
en mi propósito.
- ¿Me vigila la moto, por favor? – le pregunté al portero. Este me sonrió amable.
- Claro.
Le devolví la sonrisa y entré. Para pasar dentro del hotel habían dos puertas, las dos de vidrio. Traspasé la segunda y justo en ese momento una mano se posó en mi hombro.
Giré la cara hacia esa mano, di un salto del susto. Era grande, muy grande.
- Lo siento, pero no puede entrar. – escuché la voz grave de… alguien. Lo miré. Era un hombre corpulento y muy, muy alto. Estaba vestido de negro y a su lado había otro igual a él, sólo que éste llevaba lentes oscuros.
- Necesito entrar, ¿me entiende? – intenté que mi voz no se quebrara… de verdad que esos hombres parecían unos asesinos en series salidos de uno de esos reportajes de asesinatos que dan en la TV.
- Ya le he dicho que no puede.- Volvió a insistir con esa voz.
- Y yo ya le he dicho que necesito entrar. – tragué saliva. Entonces éste hizo fuerza con su mano en mi hombro y me sacó fuera.
– ¿Quieres registrarte y quedarte una noche aquí? – preguntó.
- No, yo...
- ¿Me vigila la moto, por favor? – le pregunté al portero. Este me sonrió amable.
- Claro.
Le devolví la sonrisa y entré. Para pasar dentro del hotel habían dos puertas, las dos de vidrio. Traspasé la segunda y justo en ese momento una mano se posó en mi hombro.
Giré la cara hacia esa mano, di un salto del susto. Era grande, muy grande.
- Lo siento, pero no puede entrar. – escuché la voz grave de… alguien. Lo miré. Era un hombre corpulento y muy, muy alto. Estaba vestido de negro y a su lado había otro igual a él, sólo que éste llevaba lentes oscuros.
- Necesito entrar, ¿me entiende? – intenté que mi voz no se quebrara… de verdad que esos hombres parecían unos asesinos en series salidos de uno de esos reportajes de asesinatos que dan en la TV.
- Ya le he dicho que no puede.- Volvió a insistir con esa voz.
- Y yo ya le he dicho que necesito entrar. – tragué saliva. Entonces éste hizo fuerza con su mano en mi hombro y me sacó fuera.
– ¿Quieres registrarte y quedarte una noche aquí? – preguntó.
- No, yo...
- Lo siento, chica. Pero
no se reciben fans. Si quieres puedes quedarte con las otras allí afuera. – me
interrumpió para luego cerrarme la puerta en la cara.
Yo lo fulminé con la mirada y me quedé de pié en el lugar. ¿A caso no se daba cuenta de que esto era importante?
Me crucé de brazos esperando la ocasión para entrar. Justo en ese momento salió un hombre con uno de los botones cargado de maletas... yo estiré el pié hacia un lado disimuladamente y lo conseguí. El botones cayó al piso al igual que las maletas abiertas.
Los dos hombres se agacharon para ayudar a recoger las cosas, yo salté sobre el desastre y corrí hacia el ascensor.
- ¡Hey! – sentí como uno de esos hombres gritaba tras de mí. Abrí los ojos como platos y seguí corriendo. Le di al primer botón que vi y esperé a que la puerta se cerrara. Le enseñé la lengua y el dedo del corazón a ese hombre y luego me volteé hacia el espejo. No estaba tan mal... y por suerte el ascensor estaba vacío.
Resultó que le había dado al último piso. Me bajé y miré hacia ambos lados del pasillo.
¿Y ahora que hacía? estuve meditando un tiempo. Tiempo que no tenía porque ya se comenzaban a escuchar pasos provenientes de la escalera que estaba a mi lado tras esa puerta semi abierta. Corrí hacia la primera puerta que vi, la abrí de golpe y entré.
Yo lo fulminé con la mirada y me quedé de pié en el lugar. ¿A caso no se daba cuenta de que esto era importante?
Me crucé de brazos esperando la ocasión para entrar. Justo en ese momento salió un hombre con uno de los botones cargado de maletas... yo estiré el pié hacia un lado disimuladamente y lo conseguí. El botones cayó al piso al igual que las maletas abiertas.
Los dos hombres se agacharon para ayudar a recoger las cosas, yo salté sobre el desastre y corrí hacia el ascensor.
- ¡Hey! – sentí como uno de esos hombres gritaba tras de mí. Abrí los ojos como platos y seguí corriendo. Le di al primer botón que vi y esperé a que la puerta se cerrara. Le enseñé la lengua y el dedo del corazón a ese hombre y luego me volteé hacia el espejo. No estaba tan mal... y por suerte el ascensor estaba vacío.
Resultó que le había dado al último piso. Me bajé y miré hacia ambos lados del pasillo.
¿Y ahora que hacía? estuve meditando un tiempo. Tiempo que no tenía porque ya se comenzaban a escuchar pasos provenientes de la escalera que estaba a mi lado tras esa puerta semi abierta. Corrí hacia la primera puerta que vi, la abrí de golpe y entré.
Entonces escuché una voz
tras de mí. Muy conocida debo decir… yo la había escuchado antes. Y era la
misma que me había contestado el móvil de Bill… ¿pero qué…?
Me giré lentamente... creo que sabía con lo que me encontraría.
Y como lo supuse. Allí estaba... bajo unas sábanas blancas con Tom a su lado.
Si el corazón ya me andaba rápido por los nervios, y por haber corrido… con esto ya era como para que me diese un infarto.
Abrí la boca horrorizada al igual que Tom. Ella sólo me sonrió nerviosa y miraba intermitentemente mi expresión y la del chico que estaba a su lado.
Nadie habló.
Mi mente ya comenzaba a pensar cosas e inventar historias tan incoherentes como que un robot espacial se adueñara de toda el agua de la tierra y le quitara un ojo a cada humano… dios, es que ¿Cómo era posible? ¿Cómo podía existir tal “coincidencia”? Esto realmente me aterraba… pero es que era tan imposible como que Bill se enamorara de mí.
La verdad no me sentí traicionada… era sólo la impresión que me había llevado. Y el susto… ella era mi mejor amiga y si no me había hablado sobre eso, no era porque no me quisiese, ni porque no confiara en mi. Quizás era porque no quería que nadie se enterara o no había tenido oportunidad de decírmelo… tampoco yo la iba a obligar a que me contara sus cosas.
- Amy. Hola. – dije cuando logré reaccionar.
- Hola. – rió nerviosa.
- ¿Se conocen? – Preguntó Tom mirándonos a ambas algo confundido.
- Es mi mejor amiga.
- Es mi mejor amiga. – dijimos a coro. Tom frunció el ceño y luego ladeó la cabeza hacia un lado…
- ¿Y tú estás aquí por….?-Me miró.
- Buscaba a Bill. – dije rápidamente.
- Esta no es su habitación.
- ¿Tú fuiste quien llamó?.- Preguntó mi amiga. Asentí. Luego miré a Tom para contestarle el “esta no es su habitación”.
- Ya me di cuenta… pero es que me siguen los de seguridad. - me mordí el labio inferior.
- ¡Y es que con las pintas que traes! – resopló mi amiga divertida. – deben pensar que eres un terrorista o algo así. – me miré... si, aún traía la gran chaqueta de cuero.
- No te burles que he venido en moto. – suspiré. – oye Tom, ¿me podrías decir cuál es la habitación de…?
- La del lado. – me cortó. – ahora vete. – . Se notaba muy molesto. Creo que los había interrumpido o algo por el estilo… aunque no sentía vergüenza. Eran ellos los que estaban desnudos bajo unas sábanas, no yo.
- ¡Gracias! Luego te llamo, Amy.
- Hablamos. – me sonrió. Yo me despedí con la mano de ambas. Amy imitó el gesto y Tom sólo me miró como diciéndome “vete luego”.
Me di la vuelta y salí por la puerta.
Enseguida miré hacia los lados, no había ningún guardia… perfecto.
Di unos cuantos pasos hasta llegar a la puerta y di tres golpes suaves. Ojala estuviese… rogaba mentalmente para que me abriera.
Esperé. Pero nadie abría la puerta por lo que piqué nuevamente. ¿Y si había ido a alguna parte?
Examiné la puerta y me di cuenta de que tenía unos de esos agujeritos para ver desde dentro... quizás se había enojado y al verme había decidido no abrirme.
Apoyé mi oído en la puerta y volví a picar.
Esperé, esperé y esperé. Pero nada. ¿A caso Tom me había dicho que Bill estaba en otra habitación?
Me di la vuelta quedando con la espalda apoyada en la puerta. Resoplé y miré mis zapatos…
Volví a picar, esta vez un poco más fuerte. Tenía que ser insistente.
Y justo en ese momento, sentí una voz grave…
- ¡Hey, tú!- dios, ese hombre nuevamente. Las piernas me comenzaron a temblar otra vez. Ya me había visto y venía corriendo a toda velocidad desde el otro lado del pasillo. Lo único que faltaba era que diese un salto antes de llegar donde yo estaba y que se me lanzase encima a esposarme.
- Por favor no. – susurré. Apreté los puños, y justo en el momento en que golpeaba a puerta nuevamente, esta se abrió… yo perdí el equilibrio y caí de espalda en el suelo. Pegándome en la cabeza y haciéndome daño. – ay – Enseguida abrí los ojos. Me encontraba entre dos piernas. Qué vergüenza.
Bill me miraba desde arriba. No tenía expresión. De ser otra ocasión se hubiese reído pero al parecer hoy no estaba de humor... o se había comido una piedra.
Los pasos de la bestia de seguridad se detuvieron al estar frente a mí y sentí como algo golpeaba mi pié con un poco de fuerza… me había pegado. Y es que si seguía así… dándome esos sustos, ese hombre se las iba a ver conmigo y con mi moto. Si señores, aunque luego me fuese a la cárcel por asesinato.
- Disculpe Sr. kaulitz. No pude detener a esta fan. – ¿Fan, yo? Había ido al concierto pero no era como para llamarme “fan”.
- Descuida… es una conocida. Por favor vete. – le dijo a la “bestia”. Ok, creo que empezábamos “bien”. Al menos me había defendido. La bestia se fue y yo seguí en el mismo lugar.
Creí que Bill me ayudaría a levantarme, porque él era muy caballero y todo eso… pero nada. Salió de allí y se adentró en la habitación. Por lo que me vi obligada a levantarme por mis propios medios y con el dolor de cabeza que tenía. Me incorporé sentándome en el piso y me llevé una mano a la nuca, en la zona que me dolía por ese tremendo golpe que había resonado por todos los sitios. Encogí las piernas y con un pie le di impulso a la puerta para que se cerrara. Ahora era el momento en que tendría que decirle a Bill lo que me saliera por la boca. Suspiré y me levanté algo tambaleante. Me di la vuelta y lo busqué con la mirada…Estaba tumbado en “su” cama, viendo TV. Ignorándome… como si yo no estuviese aquí. Carraspeé, pero él no se dignó a mirarme.
- Bill, tu… – dudé en que decir. ¡Él no me miraba! Caminé un par de pasos y me situé frente ala TV. – ¿estás enojado? – este movió la cabeza
hacia un lado, haciendo omiso caso a mis palabras. – Bill, mírame. – nada. – ¿por
favor…?. – se lo pedí. Pero no hubo respuesta de su parte… ¿Me hacía la ley le
hielo? ¡Já! Él me hablaría si o si... hoy conseguiría arreglar todo... de eso
estaba segura. – Bill. – me salí de allí y rodeé la cama hasta ponerme a su
lado.
Le arrebaté el control de la TV y le di al botón más grande para apagarla.
- ¡Hey! – me miró enfadado.
Me giré lentamente... creo que sabía con lo que me encontraría.
Y como lo supuse. Allí estaba... bajo unas sábanas blancas con Tom a su lado.
Si el corazón ya me andaba rápido por los nervios, y por haber corrido… con esto ya era como para que me diese un infarto.
Abrí la boca horrorizada al igual que Tom. Ella sólo me sonrió nerviosa y miraba intermitentemente mi expresión y la del chico que estaba a su lado.
Nadie habló.
Mi mente ya comenzaba a pensar cosas e inventar historias tan incoherentes como que un robot espacial se adueñara de toda el agua de la tierra y le quitara un ojo a cada humano… dios, es que ¿Cómo era posible? ¿Cómo podía existir tal “coincidencia”? Esto realmente me aterraba… pero es que era tan imposible como que Bill se enamorara de mí.
La verdad no me sentí traicionada… era sólo la impresión que me había llevado. Y el susto… ella era mi mejor amiga y si no me había hablado sobre eso, no era porque no me quisiese, ni porque no confiara en mi. Quizás era porque no quería que nadie se enterara o no había tenido oportunidad de decírmelo… tampoco yo la iba a obligar a que me contara sus cosas.
- Amy. Hola. – dije cuando logré reaccionar.
- Hola. – rió nerviosa.
- ¿Se conocen? – Preguntó Tom mirándonos a ambas algo confundido.
- Es mi mejor amiga.
- Es mi mejor amiga. – dijimos a coro. Tom frunció el ceño y luego ladeó la cabeza hacia un lado…
- ¿Y tú estás aquí por….?-Me miró.
- Buscaba a Bill. – dije rápidamente.
- Esta no es su habitación.
- ¿Tú fuiste quien llamó?.- Preguntó mi amiga. Asentí. Luego miré a Tom para contestarle el “esta no es su habitación”.
- Ya me di cuenta… pero es que me siguen los de seguridad. - me mordí el labio inferior.
- ¡Y es que con las pintas que traes! – resopló mi amiga divertida. – deben pensar que eres un terrorista o algo así. – me miré... si, aún traía la gran chaqueta de cuero.
- No te burles que he venido en moto. – suspiré. – oye Tom, ¿me podrías decir cuál es la habitación de…?
- La del lado. – me cortó. – ahora vete. – . Se notaba muy molesto. Creo que los había interrumpido o algo por el estilo… aunque no sentía vergüenza. Eran ellos los que estaban desnudos bajo unas sábanas, no yo.
- ¡Gracias! Luego te llamo, Amy.
- Hablamos. – me sonrió. Yo me despedí con la mano de ambas. Amy imitó el gesto y Tom sólo me miró como diciéndome “vete luego”.
Me di la vuelta y salí por la puerta.
Enseguida miré hacia los lados, no había ningún guardia… perfecto.
Di unos cuantos pasos hasta llegar a la puerta y di tres golpes suaves. Ojala estuviese… rogaba mentalmente para que me abriera.
Esperé. Pero nadie abría la puerta por lo que piqué nuevamente. ¿Y si había ido a alguna parte?
Examiné la puerta y me di cuenta de que tenía unos de esos agujeritos para ver desde dentro... quizás se había enojado y al verme había decidido no abrirme.
Apoyé mi oído en la puerta y volví a picar.
Esperé, esperé y esperé. Pero nada. ¿A caso Tom me había dicho que Bill estaba en otra habitación?
Me di la vuelta quedando con la espalda apoyada en la puerta. Resoplé y miré mis zapatos…
Volví a picar, esta vez un poco más fuerte. Tenía que ser insistente.
Y justo en ese momento, sentí una voz grave…
- ¡Hey, tú!- dios, ese hombre nuevamente. Las piernas me comenzaron a temblar otra vez. Ya me había visto y venía corriendo a toda velocidad desde el otro lado del pasillo. Lo único que faltaba era que diese un salto antes de llegar donde yo estaba y que se me lanzase encima a esposarme.
- Por favor no. – susurré. Apreté los puños, y justo en el momento en que golpeaba a puerta nuevamente, esta se abrió… yo perdí el equilibrio y caí de espalda en el suelo. Pegándome en la cabeza y haciéndome daño. – ay – Enseguida abrí los ojos. Me encontraba entre dos piernas. Qué vergüenza.
Bill me miraba desde arriba. No tenía expresión. De ser otra ocasión se hubiese reído pero al parecer hoy no estaba de humor... o se había comido una piedra.
Los pasos de la bestia de seguridad se detuvieron al estar frente a mí y sentí como algo golpeaba mi pié con un poco de fuerza… me había pegado. Y es que si seguía así… dándome esos sustos, ese hombre se las iba a ver conmigo y con mi moto. Si señores, aunque luego me fuese a la cárcel por asesinato.
- Disculpe Sr. kaulitz. No pude detener a esta fan. – ¿Fan, yo? Había ido al concierto pero no era como para llamarme “fan”.
- Descuida… es una conocida. Por favor vete. – le dijo a la “bestia”. Ok, creo que empezábamos “bien”. Al menos me había defendido. La bestia se fue y yo seguí en el mismo lugar.
Creí que Bill me ayudaría a levantarme, porque él era muy caballero y todo eso… pero nada. Salió de allí y se adentró en la habitación. Por lo que me vi obligada a levantarme por mis propios medios y con el dolor de cabeza que tenía. Me incorporé sentándome en el piso y me llevé una mano a la nuca, en la zona que me dolía por ese tremendo golpe que había resonado por todos los sitios. Encogí las piernas y con un pie le di impulso a la puerta para que se cerrara. Ahora era el momento en que tendría que decirle a Bill lo que me saliera por la boca. Suspiré y me levanté algo tambaleante. Me di la vuelta y lo busqué con la mirada…Estaba tumbado en “su” cama, viendo TV. Ignorándome… como si yo no estuviese aquí. Carraspeé, pero él no se dignó a mirarme.
- Bill, tu… – dudé en que decir. ¡Él no me miraba! Caminé un par de pasos y me situé frente a
Le arrebaté el control de la TV y le di al botón más grande para apagarla.
- ¡Hey! – me miró enfadado.
- ¡Hasta que te dignas a
mirarme! – exclamé alzando los brazos ridículamente.
- Dame eso. – frunció el ceño y me arrebató en control de las manos para luego volver a encender la TV.
- ¿Es que no tienes educación? ¿O es que una chica como yo no queda bien en tu perfecta vida de rockstar? – le espeté. Ya me estaba cansando.
Bill me miró. Esta vez aún más mosqueado.
- Deja de aparentar que te importo, ¿si? puedes irte. – dijo cortante.
- ¡Me importas!
- No lo parece.
- Eres, eres… Mi amigo. – bajé la mirada.
- No lo creo... los amigos por interés no cuentan como “amigos”. A demás, te llevas con el rubio ese. Ve con él. Eres su puta y eso está claro.
Esperen, esperen, alto…. Analicemos las palabras “sin sentido” de Bill. Me había dicho: Los amigos por interés no cuentan como amigos. Es decir ¿decía que yo era una interesada? ¿Que estaba con él por su dinero y fama? y es que yo no era así... claro que no. Nunca fui materialista.
Ahora la otra cosa... nuevo amigo y puta. Creo que se refería a Mark. Y comenzando, él no es mi amigo. Como segunda cosa, yo no soy ninguna puta. ¿Pero por qué decía eso? yo no se lo permitiría... no.
- ¡¿Puta?! ¿A quien llamas puta pedazo de…?
- A ti. – me cortó.
- Dame eso. – frunció el ceño y me arrebató en control de las manos para luego volver a encender la TV.
- ¿Es que no tienes educación? ¿O es que una chica como yo no queda bien en tu perfecta vida de rockstar? – le espeté. Ya me estaba cansando.
Bill me miró. Esta vez aún más mosqueado.
- Deja de aparentar que te importo, ¿si? puedes irte. – dijo cortante.
- ¡Me importas!
- No lo parece.
- Eres, eres… Mi amigo. – bajé la mirada.
- No lo creo... los amigos por interés no cuentan como “amigos”. A demás, te llevas con el rubio ese. Ve con él. Eres su puta y eso está claro.
Esperen, esperen, alto…. Analicemos las palabras “sin sentido” de Bill. Me había dicho: Los amigos por interés no cuentan como amigos. Es decir ¿decía que yo era una interesada? ¿Que estaba con él por su dinero y fama? y es que yo no era así... claro que no. Nunca fui materialista.
Ahora la otra cosa... nuevo amigo y puta. Creo que se refería a Mark. Y comenzando, él no es mi amigo. Como segunda cosa, yo no soy ninguna puta. ¿Pero por qué decía eso? yo no se lo permitiría... no.
- ¡¿Puta?! ¿A quien llamas puta pedazo de…?
- A ti. – me cortó.
Lo mire enojada y me di
cuenta de que tenía su vista fija en mi... pero no en mis ojos. Ni en mi
rostro. Si no que en… Dios, ojala no pensara que…
¡Pero qué lío!
- No soy ninguna puta, Bill. – la voz se me quebró al final de la frase y me llevé una mano al cuello. – ¿lo dices por esto? – Bill se encogió de hombros. – Bill, esto no es lo que parece.
- ¿Y qué es? ¿Te salen marcas así por así en la piel?
- Si, digo no. Es que ¡arg! ¡Esta marca me la han hecho!
- ¿Quién? ¿El rubio ese?. – dijo con desprecio… había mal interpretado mis palabras.
- No, Bill. Déjame explicarte.
- No hay nada que explicar. – suspiró mientras se levantaba de la cama. Se paró frente a mí y me cogió de ambos brazos.
- Pero, pero... déjame que te explique. – le rogué.
- No somos nada, no te preocupes. – me sonrió.
- No es lo que crees.
- Sólo hagámonos la idea de que yo no te conozco y que tú no me conoces. – siguió sin hacer caso a mis palabras. Comenzó a caminar, llevándome de espaldas hacia la puerta.
- Por favor déjame ha…
- No tengo tiempo. Soy una persona muy ocupada. – seguía sonriendo. ¿Cómo podía sonreír en una situación así?
- Pe. Pero…
- No soy ninguna puta, Bill. – la voz se me quebró al final de la frase y me llevé una mano al cuello. – ¿lo dices por esto? – Bill se encogió de hombros. – Bill, esto no es lo que parece.
- ¿Y qué es? ¿Te salen marcas así por así en la piel?
- Si, digo no. Es que ¡arg! ¡Esta marca me la han hecho!
- ¿Quién? ¿El rubio ese?. – dijo con desprecio… había mal interpretado mis palabras.
- No, Bill. Déjame explicarte.
- No hay nada que explicar. – suspiró mientras se levantaba de la cama. Se paró frente a mí y me cogió de ambos brazos.
- Pero, pero... déjame que te explique. – le rogué.
- No somos nada, no te preocupes. – me sonrió.
- No es lo que crees.
- Sólo hagámonos la idea de que yo no te conozco y que tú no me conoces. – siguió sin hacer caso a mis palabras. Comenzó a caminar, llevándome de espaldas hacia la puerta.
- Por favor déjame ha…
- No tengo tiempo. Soy una persona muy ocupada. – seguía sonriendo. ¿Cómo podía sonreír en una situación así?
- Pe. Pero…
- Soy una persona famosa,
¿lo recuerdas? – me empujó dejándome fuera de la habitación. Aún me cogía de
los brazos y me miraba con esa sonrisa… que supuse sería fingida. O al menos
eso era lo que yo quería suponer.
- No puedes enojarte conmigo si no sabes lo que…
- ¡No te preocupes! No estoy enojado. No te conozco. – seguía con ese tono de sarcasmo que no me gustaba para nada... al igual que esa sonrisa.
- ¡Bill, no te comportes como un niño pequeño! – lo miré a los ojos. Pero este apartó la vista rápidamente.
- Adiós, puta. – despegó sus manos de mis brazos. Y luego cogió el pomo de la puerta. – por cierto, linda chaqueta. – Me guiñó un ojo y cerró la puerta en mi cara.
- No puedes enojarte conmigo si no sabes lo que…
- ¡No te preocupes! No estoy enojado. No te conozco. – seguía con ese tono de sarcasmo que no me gustaba para nada... al igual que esa sonrisa.
- ¡Bill, no te comportes como un niño pequeño! – lo miré a los ojos. Pero este apartó la vista rápidamente.
- Adiós, puta. – despegó sus manos de mis brazos. Y luego cogió el pomo de la puerta. – por cierto, linda chaqueta. – Me guiñó un ojo y cerró la puerta en mi cara.

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