Capítulo DIEZ
La semana fue de lo más aburrida. Ni siquiera
pude juntarme con Nina para salir a alguna parte… y no es que no quisiera,
porque sí quería… pero… es que ella estaba muy ocupada con el tema de su
abuela. Quizás que tenía la pobre, porque tampoco quería hablarme sobre eso.
Debía de ser algo muy grave. A lo mejor era una enfermedad muy mala. Y la
comprendía, así que no le hice preguntas. Cómo mi abuela también está enferma…
sé lo que se siente.
El sábado por la tarde fui a su casa para ver
como se encontraba. Piqué al timbre.
-Hola.-La saludé con una sonrisa en cuanto
abrió la puerta. Esta semana habíamos estado alejadas y todo pero no por eso la
iba a dejar en un momento así.
-Hola, pasa.-Se hizo a un lado en la puerta y
me invitó a entrar. Pasé y luego ella cerró la puerta.
-¿Cómo estás? ¿Cómo está tu abuela?-le
pregunté.
-Bien, ¿quieres subir?-Asentí. Tenía la
sensación de que a Nina no le agradaba mi presencia. Aún así me quedé. Al
entrar a su habitación me di cuenta de que tenía el maquillaje desordenado
sobre la cama y ropa tirada al lado del armario.
-¿Ibas a salir?-Nina negó con la cabeza.
-No… estaba… haciendo un poco de orden.-se
sentó en la cama y comenzó a guardar el maquillaje, la ayudé.
Conversamos un rato en su habitación,
mientras la ayudaba a guardas sus cosas. Y mientras veíamos un programa en la
TV nos maquillamos la una a la otra y comenzamos a hacer las mismas estupideces
de siempre. Ya todo iba mejorando. A eso de las ocho la madre de Nina nos llamó
para que bajáramos a comer. Nos tardamos un poco porque primero nos queríamos
quitar el maquillaje en exceso y mal puesto. Nos metimos en el baño. A falta de
crema desmaquillante, buena es el agua y el jabón.
Acabé de limpiarme primero que Nina, me quedó
la cara roja, que mal. Salí del baño.
Mientras estaba afuera escuché sonar un
teléfono. Me fui a su habitación pensando que podría ser el mío… cómo le había
dejado allí. Pero no, era el de Nina y le había llegado un mensaje.
-¡Nina, tu teléfono!-Grité.
Enseguida lo tomé y miré la pantalla.
Era un mensaje de… de Andreas. ¿Era el
Andreas que yo pensaba que era? Me quedé sin respiración y casi sin pensarlo le
di al botón para leerlo.
Como
hoy ya no nos podremos ver ¿te parece mañana? Te llamaré antes de que te
duermas, linda
-Jenna, no.-Llegó a mi lado en ese momento y
me quitó su teléfono. Pestañeé un par de veces sin poder creerlo. Seguro era
otro Andreas, si. No era posible que Nina me hiciera algo así. Somos amigas,
como hermanas. Esto… no, yo debo estar confundida.
-Esa no era tu abuelita.-La miré. Nina, con
los ojos abiertos como platos y mordiéndose el labio inferior me observaba casi
con miedo.-¿Es lo que creo que es?-Pregunté, ya sabiendo la respuesta. Su
expresión lo había dicho todo. Nunca me lo habría podido imaginar. ¡Mi mejor
amiga!
Asintió levemente con la cabeza, dando un
paso hacia atrás. Sentí una punzada en el pecho y sentí como los ojos se me
llenaban de lágrimas. ¿Cómo había podido traicionarme de esta manera? Ella sabía
que Andreas me gustaba y aún así…
Agh. Le había escrito: “te llamaré antes de
que te duermas, linda” y claro, no se habían podido juntar hoy porque yo estaba
aquí. Por eso es que Nina tenía todo desordenado, porque quería verse bien para
Andreas. Y de seguro ni siquiera había una abuelita enferma… todo era mentira,
excusas para verse con el chico que me gustaba. Seguro había pensado que yo era
tonta o algo así, que no me daría cuenta. Dios, pero que estúpida fui.
Ya. Este era el fin. Ya no tenía nada que
hacer aquí.
Salí a paso rápido de la habitación.
-¡Jenna, espera!- No quería escucharla, no
quería hablar con ella nunca más.-¡Por favor, Jen, escúchame!-La sentía detrás
de mí. Bajé la escalera lo más rápido que pude. Al llegar abajo choqué con uno
de sus hermanos… ni idea quien fue, no le presté atención y ni siquiera le
contesté el saludo.-¡Jenna!
Y antes de que pudiera abrir la puerta me
tomó del brazo. Me di la vuelta, con los ojos llenos de lágrimas y unas ganas
enormes de golpearla en la cara.
-Tienes que escucharme, Jen.- me solté.-Perdóname,
nunca fue mi intención ha…
-¡¿Qué no fue tu intención?! No sé cómo
pudiste hacerlo.
-Sólo… sólo se dio… no quería dañarte, lo
juro.-Alcé una ceja. ¡Debería haberlo pensado antes! Ahora ya no se podía hacer
nada.
-Tú… tú…. Eres una puta.-La señalé.-Y no
quiero que me hables nunca más. Tú y yo dejamos de ser amigas.-en ese momento
me di cuenta de que su madre había salido de la cocina y nos observaba.
-¡Pero, Jenna! No te pongas así, no lo hice a
propósito… fue… -me giré hacia la puerta y la abrí.- agh, ¡Jenna!-Me volteé.
-Eres una mentirosa.-espeté.-saludos a tu
abuela enferma.-La miré por última vez y me fui.
No podía creerlo. Nina me
había estado mintiendo durante toda la semana y yo como una estúpida le había
creído. Estaba loca si pensaba que le volvería hablar. Acababa de romper la
confianza, de terminar con la amistad. Este era el final. Ya nunca más, nunca,
nunca, jamás, las cosas volverían a ser como antes. Y todo por culpa de un
chico. Nunca pensé que mi amistad con Nina terminaría por algo así, es más, ni
siquiera pensé que nuestra amistad terminaría. Yo pensaba que Nina era
diferente, que era mi amiga de verdad… nos conocíamos desde hace años y yo
confiaba totalmente en ella.
¿Y qué se suponía que tenía que hacer ahora? Era como si ya no tuviese amigos. Vale, si, hablaba con algunas chicas de la clase… pero no confiaba en ninguna… y ahora mucho menos. Si Nina, siendo mi mejor amiga, me había traicionado… mejor ni pensar en una de mis compañeras con las que con suerte compartía algunas risas por día.
En cuanto llegué a mi casa me di cuenta de que me había llamado. Apagué el teléfono. Después estuve un internet un rato. La bloqueé en todo lo que pude y me quedé hasta eso de las once jugando juegos estúpidos en la página de Disney. No tuve ganas de bajar a cenar, y debido a eso, mamá vino a mi habitación. Me hizo apagar el computador y después le conté los que había pasado. Para así finalizar el día soltando todas las lágrimas que me había aguantado durante la tarde.
Me miré en el espejo mientras me lavaba las manos. Me acomodé el cabello un poco, examiné mi piercing que se encontraba en proceso de cicatrización. Luego me fui a secar las manos. No estaba del todo mal andar sola en los recreos. Bueno, no podía hacer nada más. Había intentando juntarme con Matt y Ben pero ellos estaban con sus nuevos amigos muy divertidos y no quise ir a molestarlos. A demás no conocía a los otros chicos… y era más grandes y no… no.
Salí del baño y fue a comprarme unas galletas. Después me senté en el césped, porque no quería volver a la sala, y me dediqué a observar a las personas. No tuve nada interesante que observar hasta que aparecieron Nina y Andreas. Se sentaron en una banca de espaldas a mí, por lo que no podían verme. Observé con una mezcla de rabia, odio y pena como Andreas abrazaba a mi ex amiga. Me costó apartar la mirada, pero lo hice. No quería tortúrame más.
Me tiré de espaldas… el recreo parecía eterno. Y yo ya estaba lo suficientemente aburrida como para comenzar a buscarle forma a las nubes.
-¿Qué haces?- Pegué un salto al escuchar una voz al lado mío. Giré la cabeza, era mi hermana. Me levanté de golpe y los observé. Mi hermana, Tom y un chico rubio de pelo corto se encontraban en mi misma posición, de espaldas, y mirándome.
-¿Es una broma?-Pregunté, sin entusiasmo.
-En realidad, si.-Soltó mi hermana, incorporándose-Tuve la idea de que viniéramos a joderte un ratito. Te vez aburrida.-Me acomodé un mechón de cabello detrás de la oreja. Mi hermana y los otros chicos se levantaron también y se acomodaron de manera que quedamos todos sentados en un círculo.-Sé lo que pasó con Nina y el hijo de puta de Andreas- Genial. Seguro los otros dos también lo sabían. Qué vergüenza.
-¿Cómo lo sabes?
¿Y qué se suponía que tenía que hacer ahora? Era como si ya no tuviese amigos. Vale, si, hablaba con algunas chicas de la clase… pero no confiaba en ninguna… y ahora mucho menos. Si Nina, siendo mi mejor amiga, me había traicionado… mejor ni pensar en una de mis compañeras con las que con suerte compartía algunas risas por día.
En cuanto llegué a mi casa me di cuenta de que me había llamado. Apagué el teléfono. Después estuve un internet un rato. La bloqueé en todo lo que pude y me quedé hasta eso de las once jugando juegos estúpidos en la página de Disney. No tuve ganas de bajar a cenar, y debido a eso, mamá vino a mi habitación. Me hizo apagar el computador y después le conté los que había pasado. Para así finalizar el día soltando todas las lágrimas que me había aguantado durante la tarde.
Me miré en el espejo mientras me lavaba las manos. Me acomodé el cabello un poco, examiné mi piercing que se encontraba en proceso de cicatrización. Luego me fui a secar las manos. No estaba del todo mal andar sola en los recreos. Bueno, no podía hacer nada más. Había intentando juntarme con Matt y Ben pero ellos estaban con sus nuevos amigos muy divertidos y no quise ir a molestarlos. A demás no conocía a los otros chicos… y era más grandes y no… no.
Salí del baño y fue a comprarme unas galletas. Después me senté en el césped, porque no quería volver a la sala, y me dediqué a observar a las personas. No tuve nada interesante que observar hasta que aparecieron Nina y Andreas. Se sentaron en una banca de espaldas a mí, por lo que no podían verme. Observé con una mezcla de rabia, odio y pena como Andreas abrazaba a mi ex amiga. Me costó apartar la mirada, pero lo hice. No quería tortúrame más.
Me tiré de espaldas… el recreo parecía eterno. Y yo ya estaba lo suficientemente aburrida como para comenzar a buscarle forma a las nubes.
-¿Qué haces?- Pegué un salto al escuchar una voz al lado mío. Giré la cabeza, era mi hermana. Me levanté de golpe y los observé. Mi hermana, Tom y un chico rubio de pelo corto se encontraban en mi misma posición, de espaldas, y mirándome.
-¿Es una broma?-Pregunté, sin entusiasmo.
-En realidad, si.-Soltó mi hermana, incorporándose-Tuve la idea de que viniéramos a joderte un ratito. Te vez aburrida.-Me acomodé un mechón de cabello detrás de la oreja. Mi hermana y los otros chicos se levantaron también y se acomodaron de manera que quedamos todos sentados en un círculo.-Sé lo que pasó con Nina y el hijo de puta de Andreas- Genial. Seguro los otros dos también lo sabían. Qué vergüenza.
-¿Cómo lo sabes?
-Kevin me lo contó, las vio
peleando ayer y se lo preguntó a su hermana.-Se encogió de hombros.- Cómo sea…
este es Alger, Al o como quieras llamarle.-Señaló al chico rubio que me miraba
con una sonrisa.
-Hola.-Me saludó. Le devolví la sonrisa y el saludo.
Y así fue como comenzó una conversación bastante graciosa. No hablamos más que estupideces. “Hablamos”, porque yo también fui parte de la conversación. Estuvimos bromeando hasta que sonó el timbre para entrar a clases. Tom me fue a dejar a la puerta de mi salón porque quería aprovechar de ver “algo” que terminó siendo la chica que se sienta adelante mío, Jessie. Es bastante linda… y me hizo jurar que le hablaría bien sobre él. Ya que como Tom tenía fama de mujeriego… las cosas no salían como él lo esperaba. Pff, le hablaría bien de él aunque sabía que no era lo correcto. Y es que juré… aún así me podía dar cuenta de que Tom la quería nada más porque era linda y luego acabaría dejándola igual que a todas. Pobre Jessie. Tampoco es que ella fuese una santa. La había visto en la fiesta de Sophie en situaciones… comprometedoras.
A la hora de la salida, Niki me alcanzó… y se fue conmigo a casa. Nos fuimos también con sus amigos que vivían cerca: Una chica que ya había visto pero no sabía su nombre y los gemelos. Fue todo muy extraño. Principalmente porque Niki me hablaba y me trataba como si quisiera que yo perteneciera a su grupo de amigos. Aunque seguramente todo quedaría en sólo intenciones, porque yo no era como ellos.
-Hola.-Me saludó. Le devolví la sonrisa y el saludo.
Y así fue como comenzó una conversación bastante graciosa. No hablamos más que estupideces. “Hablamos”, porque yo también fui parte de la conversación. Estuvimos bromeando hasta que sonó el timbre para entrar a clases. Tom me fue a dejar a la puerta de mi salón porque quería aprovechar de ver “algo” que terminó siendo la chica que se sienta adelante mío, Jessie. Es bastante linda… y me hizo jurar que le hablaría bien sobre él. Ya que como Tom tenía fama de mujeriego… las cosas no salían como él lo esperaba. Pff, le hablaría bien de él aunque sabía que no era lo correcto. Y es que juré… aún así me podía dar cuenta de que Tom la quería nada más porque era linda y luego acabaría dejándola igual que a todas. Pobre Jessie. Tampoco es que ella fuese una santa. La había visto en la fiesta de Sophie en situaciones… comprometedoras.
A la hora de la salida, Niki me alcanzó… y se fue conmigo a casa. Nos fuimos también con sus amigos que vivían cerca: Una chica que ya había visto pero no sabía su nombre y los gemelos. Fue todo muy extraño. Principalmente porque Niki me hablaba y me trataba como si quisiera que yo perteneciera a su grupo de amigos. Aunque seguramente todo quedaría en sólo intenciones, porque yo no era como ellos.
Si bien lo pasaba estupendo
y podía mantener conversaciones con ellos, no seríamos nada más que conocidos.
Porque eran amigos de mi hermana, no míos.
A la mitad del camino, porque nos fuimos caminando, Bill se despidió de todos y se fue por una calle diferente. Y obviamente no se fue a su casa porque Tom seguía con nosotros. No le presté importancia… aunque no me resistí a mirarlo irse por la otra calle hasta que ya no fue posible seguir haciéndolo. Él era extraño, llamaba la atención. El resto de los amigos de Niki eran igual de raros… pero él tenía algo distinto, no lo sé. Quizás porque era más callado.
Niki no se fue a casa conmigo. Según me dijo, irían a casa de Tom… y me invitaron. Pero no quise ir… no era correcto. A demás después iba a llegar mamá y Alison… y Lulu estaba solita. No, miento. Y es que no quería ir porque de seguro de iba a llenar el cuerpo de humo y alcohol y a mi no me gustaban esas cosas.
Ok, lo acepto, habían resultado ser más simpáticos y normales que lo que yo había pensado… me caían bien y todo. Quizás más adelante, si es que volvían a invitarme, iría.
Entré a casa, tomé a Lulu y salí al jardín. Acomodé una silla en la sombra y me senté allí a hacer tiempo. Alison y mamá no tardaría en llegar... y mamá haría la once y comería algo rico. Y después... después me iría a estudiar.
Abrí los ojos costosamente. Mamá estaba al frente mío.
-La comida está lista, amor. Ven.-Me llevé la mano a los ojos.
A la mitad del camino, porque nos fuimos caminando, Bill se despidió de todos y se fue por una calle diferente. Y obviamente no se fue a su casa porque Tom seguía con nosotros. No le presté importancia… aunque no me resistí a mirarlo irse por la otra calle hasta que ya no fue posible seguir haciéndolo. Él era extraño, llamaba la atención. El resto de los amigos de Niki eran igual de raros… pero él tenía algo distinto, no lo sé. Quizás porque era más callado.
Niki no se fue a casa conmigo. Según me dijo, irían a casa de Tom… y me invitaron. Pero no quise ir… no era correcto. A demás después iba a llegar mamá y Alison… y Lulu estaba solita. No, miento. Y es que no quería ir porque de seguro de iba a llenar el cuerpo de humo y alcohol y a mi no me gustaban esas cosas.
Ok, lo acepto, habían resultado ser más simpáticos y normales que lo que yo había pensado… me caían bien y todo. Quizás más adelante, si es que volvían a invitarme, iría.
Entré a casa, tomé a Lulu y salí al jardín. Acomodé una silla en la sombra y me senté allí a hacer tiempo. Alison y mamá no tardaría en llegar... y mamá haría la once y comería algo rico. Y después... después me iría a estudiar.
Abrí los ojos costosamente. Mamá estaba al frente mío.
-La comida está lista, amor. Ven.-Me llevé la mano a los ojos.
-Ya voy, má.-Me sonrió y se
fue. Me levanté una manta cayó al suelo. Aún con la manta encima me había dado
frío. La dejé dentro de la casa y antes de ir a sentarme me metí en el baño.
Me miré en el espejo recordando mi sueño.
Era yo... mirándome a través del espejo retrovisor del auto de mamá. Llevaba un vestido rojo y a demás del piercing en la nariz tenía uno en el labio.
Observé la zona. Quizás uno allí no se vería tan mal. Uno pequeñito. Si... los piercings empiezan a gustarme.
Me miré en el espejo recordando mi sueño.
Era yo... mirándome a través del espejo retrovisor del auto de mamá. Llevaba un vestido rojo y a demás del piercing en la nariz tenía uno en el labio.
Observé la zona. Quizás uno allí no se vería tan mal. Uno pequeñito. Si... los piercings empiezan a gustarme.

holaaaaaaa!
ResponderEliminaracabo de subir nuevo capi de just tonight!
Ahora mismo me estaba poniendo al dia con la fic xd
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