CAPITULO 16
Después de
este inconveniente la semana pasó muy rápido. Alice no había visto a Bill y lo
extrañaba demasiado, debía ir a verlo, para hablar con él.
Era sábado,
y hacía un hermoso día, el sol alumbraba el salón de su casa, donde sus padres
estaban sentados en los sofás conversando, al pasar frente a ellos, para salir
de casa, su madre la llamó:
-Aly,
cariño, tenemos algo que comunicarte..
-¿Si má? –
dijo volviendo sobre sus paso y sentándose en uno de los sillones pequeños.
-¿Ya sabes
que será tu regalo de cumpleaños?
-No.. ¿Qué
es? – dijo verdaderamente ilusionada.
-Viajaremos
a América.
-¡¿América?!
– se levantó del sillón y comenzó a dar pequeños saltitos por el salón y a
cantar – ¡iré a América, iré a América! - reía como una loca y gritaba. Una vez
terminó su “show”, dio las gracias a sus padres y preguntó cuándo sería el
viaje… el otro sábado….
Salió de su
casa tarareando una canción y se dirigió a la de en frente, picó al timbre y
segundos después abrieron la puerta, era Bill. – ¡Hola, Bill! ¿Quieres salir
hoy?
-¡Claro! ¡MAMA,
ME VOY CON ALY!- gritó y luego cerró la puerta. Comenzaron a caminar calle
abajo, en dirección a un parque, Alice no paraba de jugar pateando piedras que
habían por el camino y daba saltitos de vez en cuando, mientras tarareaba una
canción. – estás contenta hoy por lo que veo.
-Si, no
sabes cuanto… – dijo alzando los brazos. Bill rió.
-¿Se puede
saber el por qué?
-Pues, sabes
que mi cumpleaños es el Lunes de la próxima semana…
-Oh, cierto.
-Lo que
ocurre es que mis padres de regalo de cumpleaños nos llevarán a América.
-¿America? ¡Eso
es genial!
-Lo sé,
iremos a Estados unidos y luego a Canadá.
-Eso es
genialmente genial, Aly. ¿Y cuando te vas?
-El otro
sábado.
-Entonces no
te podré saludar en tu cumpleaños...
-Para eso existe
el teléfono, tonto.-Rió Aly.
-Bill: pero
no es lo mismo..
-Me saludas
cuando llegue. – dijo sonriendo.
-¿Cuando
regresas?
-Estaré allí
todo el verano. – Dijo Aly dando saltitos, Bill se quedó de piedra y abrió
mucho los ojos.
-¡SERAN
SEMANAS!
-Si, lo sé,
es genial.
-No, no es genial
¿Qué voy a hacer sin ti?
-Busca a
otra amiga – dijo despreocupada..
-¿¡Otra
amiga!?, no, no, claro que no, yo aquí te esperaré…- suspiró- y a eso…quiero
hablar contigo sobre algo… realmente importante. – dijo muy serio mientras se
sentaban en la hierba verde del parque.
-Sí, dime.
-No es fácil
para mí decir esto... – dijo algo tímido ya que temía cómo reaccionaría Alice.
-Vamos,
dímelo. No puede ser tan terrible. – le golpeó suavemente el hombro para darle
ánimos.
-De cierto
modo lo es..
-¡Pero no te
preocupes!, dímelo, que me he muerto de curiosidad desde el lunes, ¿Cómo te
atreves a dejarme así? – dijo con enfado fingido. Bill rió.
-Lo siento.
-Disculpado…
ahora… podrías.. – Bill la cortó
-Si, te lo
diré, solo que…
-¿Sólo que,
qué?... ¡vamos dímelo yaa! – dijo con un matiz desesperado en la voz.
-Está bien,
yo.. – de repente pareció recordar algo.. - ¿sabes que ya salió el video de
nuestro single?
-No, lo debo
ver, seguro está genial. –dijo sonriendo.
-Si, luego
vamos a mi casa y lo vemos, lo tengo en un CD.
-¡Claro! –
se quedó callada un momento y luego dijo: ¿eso era lo que tenías que decirme?
-No, esto..
ya.. aquí voy. Aly, yo… - Bill tenía la intención de seguir hablando pero
alguien le tocó el hombro, se dio la vuelta para ver quien había sido.
-Disculpa…
¿Tú eres el vocalista de Tokio Hotel? – era una chica rubia, un poco subida de
peso, que llevaba una pequeña libretita y un lápiz en la mano, miró hacia Alice
sin entender y luego sonrió a Bill.
-Sí, soy yo.
-¡AAH! ¡ERES
BILL! – gritó dando saltos de alegría. – ¿Me podrías firmar esto?
-Claro,
dámelo... – Bill cogió la libretita y el lápiz - ¿Cómo te llamas?
-Loreley –
dijo orgullosa de su misma. Bill escribió en la libretita y luego se la dio.
-Ya está,
Loreley.
-Gracias,
Bill, ¡te amo! – dijo casi gritando, Bill rió. Alice roló los ojos y se levantó
alejándose del lugar. – ¡de verdad te amo Bill! ¡Eres genial, realmente
genial!, ¡no sabes cuánto te admiro!
-Gracias.. –
ya de estaba comenzando a poner incómoda aquella situación, miró a Alice
buscando ayuda, pero no estaba. La buscó con la mirada casi desesperado y la
vio yendo en dirección a casa, le desesperó la idea de que le dejara solo con
una fan y a penas logró decir – yo ya me debo ir, discúlpame, adiós – y salió
corriendo en busca de Aly… llegó junto a ella, estaba con expresión seria y se
mordía el labio inferior algo nerviosa. – discúlpame, Aly.
-¿Por qué?
Dijo mirándole.
-Por dejarte
sola, lo siento de verdad, pero es que esa chica… - no pudo seguir hablando ya
que Alice lo cortó.
-No tengo
porqué disculparte... no hiciste nada malo, solo le firmaste un autógrafo a
Loreley – dijo sonriendo al recordar el nombre de la chica, le parecía gracioso
y ridículo.
-Entonces…
¿Por qué te fuiste así?
-Tenía frío
– mintió, en realidad se moría por decir: Me fui porque no soportaba que esa
chica te dijera te amo. Pero no podía decírselo, tan solo con pensarlo podía
sentir como sus mejillas ardían.
-¿Por qué no
lo dijiste entes? – Alice se encogió de hombros. Bill se quitó la chaqueta y se
la puso sobre los hombros. – te queda perfecta. – dijo sonriendo con
satisfacción.
-De verdad
que no tenías que hacerlo, Bill, ten.. – se la quitó y se la tendió. Bill negó
con la cabeza.
-Que te la
pongas, no quiero que arruines mi única oportunidad de quedar como un
caballero. –Alice rió y se puso la chaqueta – te queda muy bien el cuero, te
ves preciosa.
-Gra..
gracias.. – dijo sonrojándose.
-¿Qué harás
hoy por la noche?
-Supongo
que… dormir.-Bill rió.
-No me
refiero a eso, tontilla. ¿Quieres venir conmigo a algún lugar?
-Claro. –
dijo sonriente – ¿dónde iremos?
-Donde tú
quieras. – su voz sonaba increíblemente suave, como si Alice, de un momento a
otro, fuera asustarse y a salir corriendo.
-Lo dejo en
tus manos, Bill. Después de todo, tú eres quien me invitó.
-Si. –
sonrió, Alice creyó que se derretiría en cualquier momento… definitivamente ese
chico quería que ella muriese de un ataque al corazón.
Llegaron a
la puerta de la casa de Aly haciendo el tonto todo el camino...
-Adiós, te
veo luego. – dijo con una sonrisa que ya casi no le cabía en la cara.
-Hasta
pronto, paso por ti a las ocho.
-Adiós… -
susurró una vez que él se había dado la vuelta y caminaba hacia su casa. Lo
observó hasta que cerró la puerta y suspiró, se tenía que arreglar para su
“cita” con Bill. Cerró la puerta y miró el gran reloj de cuerda del salón, las
6:10. Tenía menos de dos horas para arreglarse, y quería ir realmente bonita el
día de hoy.
Prácticamente
corrió hacia su habitación, se miró en el espejo… iba con pantalones deportivos
y una musculosa ajustaba, definitivamente no podía ir así. Caminó en dirección
al armario y tras probarse unos cuantos modelitos, se decidió por uno que la
fascinó, le quedaba a la perfección y se ajustaba muy bien a su cuerpo. Se dio
la vuelta en el espejo mientras se contemplaba, así iría esta noche: unos
pantalones de tela (no brillante) negros, ajustados, pero no entubados,
adornados con un cinturón de tachas con la hebilla en forma de calavera, color
plateada; una camiseta blanca con una calavera en el centro color negro y rosa;
sus converse negras con diseños en blanco y la chaqueta de Bill. Cogió el
cuello de la chaqueta y lo acercó a su nariz, olía a él, ese dulce aroma, que
ella podría reconocer en cualquier lugar, ese aroma que la hacía subir hasta el
cielo y hacerla perder la cabeza…. se maquilló con la raya negra en el ojo,
pero esta vez estaba más esfumada. Ya estaba… Lista... se veía hermosa. Salió
de su habitación apagando la luz y sintió el timbre. Escuchó la voz de Bill y
la de Luisa y bajó las escaleras. Allí estaba Bill, guapo como siempre,
lo miró sonriéndole por unos segundos y se acercó a él, él la miró y luego
sonrió...

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