CAPITULO 8
A la mañana
siguiente, despertó al sentir chocar algo duro contra el lado derecho de su
cuerpo. Abrió los ojos por la sorpresa al ver calcetines, muñequeras, cintas
para el pelo, collares, pantalones, zapatos… todo estaba tirado.
Se dio
cuenta de que era debajo de su cama, se había caído…
-Mierda,
como duele… - Se quejó, se levantó de allí como pudo y se fue a duchar. Se secó
el cabello y se dirigió al armario. Tenía un montón de ropa, y aún así no sabía
que ponerse – vamos a ver que hay – dijo mientras abría el armario.
Se miró al
espejo por última vez, estaba preciosa. Llevaba un short negro, una camiseta de
tirantes blanca, unos tacones altos muy modernos color negro. De accesorios
llevaba un colgante de cadenas con un corazón en el extremo, un cinturón con
tachas plateadas, y una gorra negra con unos detalles en un rosa muy fuerte. El
cabello lo llevaba tomado en una coleta alta, pero conservando su fleco. Y los
ojos pintados de negro. Salió de la habitación cogiendo su saco y cerró la
puerta, buscó a Laila, necesitaba hablar con ella, pero no la encontraba por
ningún sitio. Intentó llamarla al móvil, pero nada… finalmente se decidió a
esperar a que Bill llegase a por ella, se sentó frente al televisor y lo
encendió, comenzó a ver videos de música mientras cantaba las canciones.
El timbre
sonó y Alice corrió a abrir la puerta, allí se encontró con una sonrisa y unos
ojos color miel que la miraban.
Sus labios
se estiraron en una sonrisa y cerró la puerta tras ella.
-Hallo, Bill
-Hola.. ¿estás
lista?
-si.. – río
suavemente.
-Entonces
vamos. – dijo comenzando a caminar, Alice le siguió acercándose a su lado.
-¿Dónde
iremos?
-Donde
quieras ir… - la sonrió picadamente, eso hizo que a Aly se le detuviera el
corazón por unos segundos.
-No lo sé –
rió, mientras pensaba, contigo iría a cualquier lugar... – Demos un paseo por
la cuidad. – exclamó dando pequeños saltitos, cosa que a Bill le hizo gracia y
ensanchó aún más su sonrisa.
-Vale.
Caminaron
por la cuidad hablando de cualquier cosa sin importancia, pero que los
divertía. Todo el tiempo se lo pasaron riendo y haciendo el tonto. Hasta que
Bill vio algo…
-Aly, ven
conmigo… - La cogió de la mano y corrió junto con ella, hasta llegar donde un
chico rubio, con un estilo muy parecido al de Bill. – Hola, Andreas.
-Hallo –
saludó con una sonrisa a Bill, luego miró para Alice. - Hola. Soy Andreas.
-Sí, lo he
oído. – los tres rieron. – soy Aly.- dijo extendiéndole la mano, pero él se la
cogió y la tiró hacia él, para darle un beso en la mejilla. Ella se ruborizó
sin saber porqué. Los dos se miraban sin prestar atención a Bill quien los
miraba intermitentemente a uno y al otro, como intentado averiguar algo.
Finalmente Bill carraspeó y los chicos lo miraron. - ¿Qué ocurre?
-Nada..
-Entonces,
¿porqué interrumpes nuestro saludo? Nos estamos conociendo.
-Yo no he
interrumpido nada... ¿o sí?
-Bill, no te
preocupes.. – rió la chica.
-Nosotros ya
nos íbamos, nos vemos. Adiós, Andreas.
-Pero.. –
intentó protestar pero Bill la cortó.
-Que nos
vamos, Aly – dijo entre dientes
-Esto,
vale.. – dijo resignada – adiós Andreas, ya nos veremos.
-Adios guapa.
– Bill roló los ojos y tomó a Alice de la mano para seguir caminado.
-No te cae
bien tu amigo.. ¿verdad?
-Si me cae
bien, es mi mejor amigo..
-Pues no lo
parece… - dijo bajito para que Bill no escuchara.
-¿has dicho
algo?
-¿yo?
-No, la
chica que va en la calle de enfrente…
-Ah.. pues,
si le hablas así de despacio no te oirá, yo le grito. ¡EH, T…! – no pudo
terminar ya que Bill le había puesto la mano en su boca para evitar que
gritara.
-¡¿Qué haces,
estás loca?!
-pf
gfrfrfttf pfra qfe – Bill le quitó la mano de la boca al darse cuenta de que no
podía hablar si estaba allí. – pues, estaba gritando a ver si escuchaba… – dijo
inocentemente.
-Serás tonta,…
era una ironía..-dijo como si eso fuese algo obvio.
-Lo mío era
una broma.. – rió, Bill intentó estar serio, pero no lo consiguió y comenzó a
reír.
Siguieron
caminando, dando su paseo, y conversando, hasta que al parar por frente a un
gran ventanal, donde por el otro lado se veían objetos viejos y de gran valor,
ambos se dieron cuenta que aun iban tomados de la mano. Se soltaron lo más
rápido que pudieron, sonrojados.
Y así paso
ese día, lleno de risas y juegos de niños pequeños, ambos estaban felices. Por
la noche Bill dejó a Alice en su casa y se dirigió a la suya.
Alice entró
a su casa dando pequeños saltitos de alegría, el día había sido perfecto, ¿Qué
mas podría pedir, por ahora?, simplemente nada… estaba feliz como estaba, aun
sabiendo que Bill no la quería como ella quisiese que la quisiera, pero estaba
feliz. Corrió a la habitación de Laila, no la había visto en todo el día y
necesitaba hablar con ella, para contarle todo lo ocurrido últimamente. Picó la
puerta y desde adentro se escuchó un “adelante”, Aly empujó la puerta con
suavidad y entró.
-Hallo
Laila. Hace mucho tiempo que no te veía – dijo con cierto rintintín y se tiró
sobre la cama de su hermana, se acomodó con las manos debajo de la nuca
mientras miraba el techo
-Aly, - giró
la silla del escritorio donde estaba sentada - ¿Qué quieres?
-Hablar
contigo.. – dijo simplemente..
-wow – puso
cara de sorpresa.- ¿de que quieres hablarme? – dijo acercándose a ella y
tumbándose a su lado.
-De Bill –
suspiró.
-¿Bill? –
Aly asintió con desgana – ¿te gusta Bill?
-Eso creo…y
lo peor de todo es que el no me ve mas que como una amiga… - dejo tristemente
llevándose las manos a la cara.
- … y tiene
novia – agregó a lo que su hermana había dicho hace unos segundos.
-¡Sí, pero
hoy lo pasé genial! – casi gritó levantándose de un salto en la cama para luego
quedar sentada. Laila se asustó ante el repentino cambio de estado de su
hermana y dio un respingo, luego la imitó.
-¿Por? –
preguntó verdaderamente interesada.
-Pasé todo
el día con Bill – dijo riendo – fue genial, paseamos por la cuidad y hablamos
de muchas cosas, hasta me ha presentado a un chico, Andreas, se llama y es muy
simpático.
-Comienzas
bien, querida, ya verás como luego consigues a Bill, y si no.. te quedas el
amigo – dijo divertida, ambas rieron y se abrazaron.
-Y ahora
dime, ¿Qué hay con Tom?
-¿Con Tom?
Nada… – dijo disimulando una sonrisa mordiéndose el labio inferior.
A la mañana
siguiente, ambas despertaron tumbadas en la cama de Laila, hacia frío, mucho
frío, Laila se levantó de la cama a abrir las cortinas y una luz
amarilla-transparente y cálida entró en la habitación. Alice, con los ojos
pequeños por culpa del sol, dijo los buenos días a Laila y salió de su
habitación dispuesta a vestirse. Era lunes y había escuela.
Una vez
había terminado de tomar su desayuno, buscó su bolso y salió de casa junto a su
hermana, caminaron hasta la parada de autobuses y estuvieron esperando. Pasaron
diez minutos y el autobús ya había llegado. Las gemelas subieron y se sentaron
juntas, fueron hablando todo el camino hasta llegar al instituto, y una vez
allí se separaron, para ir cada una con su grupo de amigas. Liala fue con las chicas
rubias engreídas, y Aly quedó sola dando vueltas por allí y por acá, puesto que
ella no tenía amigas, la única persona con la que ella estaba en la escuela era
Bill, de quien no habían señales aún.
El timbre
marcó el comienzo de las clases, todos entraron a sus respectivos salones.
Alice entró al suyo, se sentó en el asiento de siempre, Bill no estaba, no
había llegado. Eso la preocupaba un poco, pero no le dio importancia, quizás
llegaría mas tarde. Abrió el libro en la página que el profesor había indicado,
apoyó los codos sobre éste y su cabeza sobre las manos, serró los ojos y se
durmió.

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