19 marzo, 2012

Capítulo 3 /Wenn nichts mehg geht






Capitulo 3

Él resto del día me lo pasé montada sobre la moto. Debía ganar la carrera. Yo era la única chica que participaba y eso hacía que me sintiese importante. Era “el poder femenino” como decía Amy. Que por cierto... no supe nada de ella hasta la noche, cuando ella me llamó al móvil para ver cómo me encontraba.
Me encantaba la sensación que experimentaba al recorrer la mini pista de carreras que tenía en mi casa, bueno... en mi casa no.. si no que un poco alejada de ella, en mi patio por así decirlo… el viento azotaba mi cara y era como si volase, liberaba todas mis tensiones y mi mente se despejaba haciendo un lado los problemas y las preocupaciones… simplemente, lo mejor. 
Por la noche mis padres y mi hermana llegaron, habían ido a visitar a la abuela… y no me habían avisado… aunque como yo no era su nieta favorita… no importaba mucho. 
El día siguiente fue más de lo mismo. Entrenar y entrenar y entrenar. Llegué a mi casa cerca de las 10:30 PM. Estaba oscuro, por lo que no podía seguir con mi práctica… dejé la moto en el garaje, junto con el casco de protección y luego entré en casa. 
- ¡Ya estoy aquí! – grité. Mi madre se asomó al instante por la puerta de la cocina, mostrándome una gran sonrisa. A ella nunca le había gustado que yo practicara “ese tipo de deportes” por lo que se alegraba mucho al verme entrar a la casa en una sola pieza.
- ¿Quieres comer algo?. – yo asentí y me acerqué a ella. Abrí los brazos para abrazarla pero ella se alejó. 
- ¡Oye!. – dije enfadándome falsamente.
- Tienes tierra, Abril. – rió. Mientras sacaba un vaso de uno de los muebles. 
- Lo sé. – yo igual reí. Mi madre sirvió un poco d jugo en el vaso y me lo tendió. – gracias. – lo cogí y me lo bebí de sopetón. Estaba delicioso. Me pasé la lengua por el labio inferior. – ¡rico!. - me miró tiernamente.
- Te bañarás, ¿no?. – me encogí de hombros.
- No me molesta estar llena de tierra. – mi madre me miró con cara de circunstancia, ella era adicta a la limpieza… - enseguida me baño.. – me di la vuelta pesadamente y salí de la cocina. Caminé por el pasillo hasta las escaleras y comencé a subir.
- ¡Abril! – una vocecita aguda y estridente resonó en mi oídos… alcé la vista. Era Alexa, mi hermana pequeña, estaba parada en la puerta de su habitación con una gran sonrisa y los ojos brillantes… creo que de alegría.
- ¡Enana!. – la saludé. Ella corrió hacia mí con los brazos abiertos, o no... se iba a manchar… y su lindo pijama era blanco.. – ¡alto!. – le grité antes de que me tocase. Ella se paró en seco y me miró hacia arriba. – te vas a manchar. – señalé mi ropa. Ella retrocedió un paso.
- Es verdad… ¿me llevarás contigo mañana?. – a esa vocecita y a esa carita de ángel que tenía no se le podía negar nada… resoplé.
- Sólo si mamá y papá te autorizan, ¿de acuerdo?. – ella asintió sonriendo. 
- De seguro tu ganas... eres muy rápida. Te he visto desde la ventana de mi habitación. – sus grandes ojos celestes reflejaban admiración… me mordí el labio inferior y le lancé un beso.
- Eso no es seguro... ahora me ducharé. Tu duerme, ¿si?.. mañana le preguntas a papá si es que puedes ir.
- Él irá... y me llevará a mi también. – me enseñó la lengua y corrió hacia su habitación nuevamente. Una sonrisa se dibujó en mi rostro, esa niñita me alegraba la vida. Tenía algo especial que era imposible describir... pero algo tenía, de eso estaba segura. 
Me metí en mi habitación y busqué una toalla y mi pijama para luego meterme en el baño. Observé mi rostro sucio y me quité la ropa, la dejé echa un muño a un lado de la puerta y luego abrí el grifo… Me metí dentro e intenté relajarme… tenía que estar bien para mañana, ¿no? Yo sería la ganadora… y todos esos hombres, la mayoría repletos de tatto’s, sería vencidos por una chica. 
- Vencidos por una chica. – Susurré con una sonrisa… y vaya, sonaba genial. Estaba orgullosa de mi misma. Por ser una “buena chica”, tener un cerebro desarrollado, prioridades, aunque no hubiese representado eso la otra noche. Aún así, estaba orgullosa de ser yo…

Cerré el grifo y busqué la toalla. Me envolví en ella… el baño estaba lleno de vapor, me costaba respirar... me estaba comenzando a agobiar… nunca antes me había pasado eso. Pero al parecer todo estaba en mi contra. Estiré el brazo y abrí la ventana. Apoyé mi espalda en la pared de cerámica fría y me dejé caer hasta quedar sentada. Respiré profundo. Era horrible. De pronto, todo se volvió negro... como su hubiesen apagado me cerebro con un interruptor.


Abrí los ojos de golpe, ¿Qué había ocurrido? Esto estaba mal, muy mal… me di cuenta de que estaba fría. Genial, todo el vapor calentito se había ido por la ventana junto con mi temperatura corporal. Me levanté de allí temblando y me apresuré en ponerme el pijama.
Luego de eso me cepillé los dientes, me sequé el cabello y me acosté… no tenía por qué alarmare… sólo me había desmayado… no era nada.

Era un parque, lleno de hierbas verdes y flores por todos lados… me encontraba sentada sobre una roca incrustada en la tierra… él aire soplaba despacio y el sol alumbraba con fuerza, vamos el día ideal. De pronto, alguien estaba a mi lado, ese alguien era Bill. Sus ojos color miel se volvían una línea negra producto de la gran sonrisa que se dibujaba en su rostro. Yo igual le sonreí. Él me rodeó con sus brazos y me estrechó contra su pecho. Me sentía genial… miles de mariposas revoloteaban en mis estómago haciéndome cosquillas… yo igualmente lo abracé. Lo quería. Le besé el pecho y él se separó de mí. Cogió mi cara entre sus manos y aproximó su rostro hacia él mío… terminó por juntar nuestros labios con un beso lleno de cariño. La sensación era genial… nada podía ser mejor… sus labios eran cálidos y.. y… no lo podía describir. 
De pronto, sentí como alguien jalaba de mi camiseta hacia atrás, me separaba de Bill con violencia y me alejaba de aquel parque… comencé a patalear y a gritar. Intentaba alcanzarlo, pero no podía hacerlo… sus ojos se llenaban de lágrimas mientras veía como me alejaban de allí poco a poco. ¿Por qué no hacía nada?
- No somos inmortales.. – susurró con la voz quebrada. No lo comprendí. Comencé a llorar y a desesperarme. Yo lo quería, quería quedarme con él. Estar con él por siempre y para siempre… yo lo amaba. 
Pero esa fuerza era mucho más poderosa, y no me dejaba escapar…

Me incorporé en la cama respirando agitadamente. Sólo había sido un sueño… pero parecía tan real… hasta el amor, los llantos y el beso habían sido casi reales. La frase que había susurrado, esa su voz… la recordaba perfectamente. ¿Pero por qué soñaba con él? Casi no lo conocía… era un extraño. No podía soñar con un extraño que jamás volvería ver.
Me levanté de la cama, todo estaba oscuro. Manoteé hasta llegar a la puerta y encendí la luz de la habitación.
Luego me encaminé por el pasillo que estaba un poco iluminado y bajé las escaleras hasta la cocina. 
Me serví un vaso de agua, mas bien, un sorbo y el resto del agua lo boté. Dejé el vaso en su lugar y volví a mi habitación. Apagué la luz y caminé arrastrando los pies hasta mi cama. Me sentía mal... que cambios de ánimo tenía. 
Me acurruqué con todas las mantas y cerré los ojos con fuerza… esperando no volver a soñar semejante pesadilla…

- ¡Es el día! ¡Es el día!. – los grititos agudos de cierta persona que me zarandeaba con todas sus fuerzas me despertaron. Bostecé y miré a mi hermanita.
- ¿Qué hora es?. – le pregunté con un ronroneo.
- ¡No lo sé! ¡Pero levántate! ¡Hay que llegar antes al lugar! ¡Papá me ha dejado ir con ustedes! ¡También irá mamá! – la pequeña rubia daba saltitos de alegría por toda mi habitación. Yo reí como pude.
- Si quieres que me levante, sal de aquí. – ella asintió y abandonó la habitación marchando como soldado. Qué niña más tierna… y estúpida. Bueno, era la edad.
Me levanté de un salto y corrí a mirarme al espejo. Todo estaba bien… como siempre.. mi pálida cara con expresión de sueño y cansancio… esperen… no había vuelto a soñar con Bill… en realidad no había soñado nada.
Eso estaba bien. Sonreí para darme ánimos, para alcanzar a llegar al baño para arreglare, y luego abandoné mi habitación hacia mi destino.
Me había puesto unos jeans oscuros, un poco ajustados.. juntos con una blusa de a cuadrillos negros y grises que me fascinaba; mis viejas zapatillas Adidas y me había alisado el pelo para luego atarlo en una coleta alta. 
Caminé hacia la cocina para tomar el desayuno y entré con una gran sonrisa.
- ¡Hooolaaaa!. – canturrié para saludar a mis padres y a Alexa, los tres sentados en la mesa… papá con un periódico y su taza de café y mamá intentando hacer que Alexa se comiese un plato de frutas con yogurt.
-¡Abril!. – dijo con la boca llena de comida. Mi padre levantó la vista del periódico y me miró sonriendo.
- Abre la boca, Alex. – le dijo mamá a la pequeña.
- Hola pá. – me acerqué a él y le besé en la mejilla. Luego hice lo mismo con mamá y me senté en la mesa frente a la taza de leche que mi madre me había preparado.
- ¿Y? estás bien para la carrera? – Me preguntó mi padre, yo asentí con la cabeza sonriendo, cogí mi taza y le di un sorbo.
- Ganaré. – mi madre puso los ojos en blanco.
- Si no llegas a casa te habrás ganado un castigo. – me dijo. A ver… veamos.. hay que ponerse en el lugar de un accidentado. Si yo me accidentaba y me quebraba algo.. y luego, encima de eso, mi madre me castigaba… sería de lo más extraño.
- Mamá. – fulminó a mi madre con la mirada. – Abril ganara, ya verás. Ella es la mejor. – mi mamá no dejó que siguiese hablando y le metió la cuchara llena de fruta a la boca. – he anaha a odos y ehpue a apauhia – dijo con la boca llena, yo reí. Y mi padre negó con la cabeza medio riendo. 
- En cuanto termines nos iremos. – me dijo mi padre. – hay que estar antes para que conozcas el terreno. – yo asentí y le di un gran sorbo a mi leche, hasta acabármela. 
- ¿Yo igual iré?-Preguntó mi hermanita.
- No. – dijo mi madre mientras se levantaba y dejaba el plato donde anteriormente había estado la fruta sobre un mueble repletos de platos sucios para lavar luego. 
- Irás en la carrera. Mamá te llevará. Yo debo ir con Abril antes. – le aclaró mi padre, Alexa hizo un puchero y sus ojos se cristalizaron.
- Ya nos veremos enana. – me levanté de la mesa, le besé la frente y abandoné la cocina hacia el baño para lavarme los dientes. 
Los hice todo lo más rápido que pude, busqué mi móvil bajé las escaleras…
- ¿Ya estás?. – me preguntó mi padre desde la puerta.
- ¡Sí! – Avancé hasta allí y pasé a través de la puerta, la cual mi padre había abierto y ahora sujetaba. Él cerró la puerta y caminamos haciendo él tonto hasta el coche. Si había algo que me encantaba de mi padre, era su personalidad infantil. Era único. Nos montamos en el coche y él arrancó el motor. – estoy nerviosa. – comenté.
- No lo estés, es sólo una carrera. – me animó.
- Si, sólo una carrera. – repetí para mí misma. Quería darme ánimos para no estar nerviosa. Ya que el estar nerviosa me podría perjudicar… y quien sabe... quizás no ganaba gracias al nerviosismo. 
Él resto del viaje lo pasamos en silencio. Mi padre golpeaba el volante con el dedo pulgar al ritmo de la música mientras yo intentaba por todos los medios relajarme un poco. Respiraba profundamente y me hacía elogios interiormente. 
Ahora sólo tenía que probar la pista, no era nada que no hubiese hecho antes… tampoco era la primera vez que competía… los años anteriores igual lo había hecho, y él en último había obtenido el tercer lugar. Este año planeaba superarme. ¿Pero… y si todo salía mal?
- ¿Traes la moto? – le pregunté antes de bajarnos, mi padre ya había aparcado y apagaba el motor.
- Por la mañana pedí que la trajeran. – abrió la puerta y salió, yo le imité y caminamos juntos hasta él llegar dónde se suponía que estaba mi moto y todo mi equipo, él que debía ocupar obligatoriamente para competir.
Era una especie de casa… o más bien una bodega. Allí, a un lado estaba mi moto negra junto con toda la ropa, casco y protecciones. Había un par de hombres conversando a viva voz por el otro lado. Al vernos entrar caminaron hacia nosotros y nos saludaron. Yo ya los había visto antes, yean amigos de mi padre, por lo que no tardaron en apartarme de la conversación. Yo aproveché ese momento para ponerme el traje negro y blanco que ocuparía, las protecciones necesarias y enganchar el caso en la moto.
- Me iré a probar la pista. – les avisé. Nadie pareció escucharme por lo que me encogí de hombros y salí de allí con la moto. Una vez afuera, me monté sobre ella, metí la llave y tras tres intentos la logré encender. Aceleré y… wow, nuevamente esa sensación tan placentera que experimentaba siempre que me montaba en una de esas. 
Esta vez el viento no me llegaba a la cara, ya que llevaba el casco, pero si sentía cómo me llegaba directo al pecho, calándose por entre los agujeros de mi ropa, ya que había cerrado el traje hasta la mitad. 
La primera vuelta fue lenta, para investigar bien la pista de carreras. No quería encontrarme con sorpresas. Y tras vuelta y vuelta, fui aumentando la velocidad, hasta llegar al límite que mi padre me permitía. Claro estaba que en la carrera lo sobrepasaría. Pero no estaba en la carrera. 
Otros competidores también llegaron a probar la pista, luego de mí, claro.
Conté cuatro chicos sobre sus motos cuando abandoné la mía a un lado para comer algo, tenía hambre y ya era hora de almuerzo. Me había pasado toda la mañana en eso. Supuse que el resto de los participantes habría venido ayer a investigar el terreno por lo que hoy no se molestaban en llegar antes y llegarían justo a la hora. 
Caminé hacia esa especie de bodega con mi casco bajo el brazo y lo dejé en la repisa donde anteriormente estaba. Me quité el traje y luego con este mismo me limpié el sudor de la frente… era verano y hacía calor, había estado horas bajo el sol y estaba deshidratada. Dejé el traje junto el casco y me dirigí hacia el coche. Lo abrí y de una bolsa cogí un sándwich junto con una botella de agua con gas. Me apoyé en este y me concentré en recobrar fuerzas.
Las cinco horas que quedaban se pasaron muy lentas. La carrera era a las 6 PM… 
Me la pasé tumbada en la hierba, bajo la sombra de un auto. Ya me había cansado de practicar y me sentía mareada.. quería estar bien para poder ganar la carrera. Ese era mi objetivo.

Quince minutos, faltaban sólo quince minutos... yo ya estaba lista con mi traje y mi casco bajo el brazo, parada al lado de la moto en la pista. Algunos participantes andaban de un lado a otro sobre sus motos, pero yo prefería quedarme en el lugar. Quería pensar un poco antes de “arriesgar mi vida” como decía mamá. La cual, junto con Alexa, ya habían llegado y estaba sentada entre el gentío allí en las graderías. Mi padre estaba de pié a un costado de la pista conversando con los mismos hombres de hace un rato... y otros dos más que acababan de llegar. 
- ¡ABRIL!. – escuché como alguien gritaba mi nombre. Miré hacia la aglomeración de gente, dónde pude distinguir a Alexa. La saludé agitando la mano mientras le sonreía ampliamente... pero algo detrás de ella me llamó la atención.
Una extraña sensación que no sabría describir recorrió todo mi cuerpo poniéndome los nervios de punta. Ahora sentía pánico a hacerlo mal y equivocarme…
Agaché la cabeza mientras dejaba caer mi mano y me monté en la moto.
La empujé con los pies hasta el punto de partida, dónde ya estaban acomodados más de la mitad de los competidores. Yo era la número seis. No era mi número de la suerte… pero yo no era supersticiosa así que no importó.
Faltaban tan sólo tres minutos para comenzar… encendí el motor e hice funcionar el acelerador… Miré hacia la masa una vez más. Miré a Alexa, mi madre y cierta gente detrás de ellas.
Ya estábamos por partir... me puse en posición y al sentir la señal, solté el embriague rápidamente y salí disparada hacia adelante. Grité al darme cuenta de que iba a la delantera... y así fue hasta el final de la quinta vuelta, cuando la carrera culminó. La emoción y la alegría se apoderaron de mí, haciéndome frenar con brusquedad. Me quité el casco con rapidez, dejando que todos viesen el rostro de una chica, la ganadora. Le sonreí al gentío mientras el resto de los participantes detenían sus motocicletas. Mi padre y otras personas se acercaron a mí corriendo, yo me bajé de la moto, di algunos pasos y luego todo se volvió negro… escuché un “oh” proveniente de la multitud justo antes de sentir un gran golpe en la cabeza.

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