Capitulo
11
- Eso ha sido genial. – dije una vez habíamos traspasado las puertas, saliendo del lugar. Él me sonrió. Aún íbamos cogidos de la mano, pero eso no era para nada algo incómodo. Más bien, me sentía genial estando con él. – Gracias por traerme, de verdad… esto... luego te pagaré la entrada.-Bill negó con la cabeza.
- No tienes que pagarme nada.
- Pero…
- Gracias por acompañarme. - Me interrumpió. Yo simplemente bajé la cabeza avergonzada.
- ¿Qué hora es? – Bill miró en su móvil.
- ¿Las tres y cuarto, por? – oh, no. Lo había olvidado.
- Se supone que yo volvería para el almuerzo. – torcí el gesto algo molesta, con Bill me lo pasaba genial y no me quería ir a casa.
- ¿Te acompaño?
- Queda demasiado lejos, si no quieres, no importa.
- Quiero acompañarte… no tengo nada que hacer. – se encogió de hombros. Yo fruncí el ceño y lo miré divertida.
- Está bien… pero quítate eso. – dije apuntando a su gorro. - ¿no te mueres de calor?
- No. – rió nervioso. – me gusta traerlo puesto. – que chico más extraño… preferí no darle importancia a ese tema, el tendría sus razones y yo no podía entrometerme.
Caminamos unos quince minutos hacia la parada de autobuses más cercana, por suerte pasaba por allí el que me llevaría a casa.
Todo el camino fuimos conversando, riendo y haciendo el tonto. La gente en el autobús nos miraba con cara de poco amigos, pero a Bill no le importaba… por lo que decidí que a mí tampoco me importaría.
Cuando faltaban sólo segundos para llegar a mi casa, nos levantamos de los asientos y le dijimos al chofer que parase… nos bajamos a empujones, yo casi termino en el suelo, de no ser porque Bill me cogió del brazo con fuerza para sujetarme.
Caminamos hacia mi casa, atravesando el caminillo de piedras hasta llegar a la puerta. No quería separarme de Bill... pero era necesario.
Estiré la mano en un puño, pero Bill se adelantó. Y tras dar tres golpecitos bajó su mano, aprovechando también de bajar la mía que había quedado estirada a unos centímetros de la suya.
Esperamos unos minutos en silencio pero nadie abrió la puerta. Genial... habían salido y no me habían avisado…
- Fantástico… me he quedado fuera. – resoplé molesta.
- Mmm. Si quieres espero contigo hasta que llegue tu familia. – fruncí el ceño. Este chico era muy amable y… no podía ser real, era demasiado bueno.
- No es necesario. – reí. – Sería molestarte demasiado… a demás… a ver qué piensan ellos cuando lleguen y... – reí.
- ¿Por qué no? – alzó una ceja. – No ere nada fea. – se echó a reír. Sentí como poco a poco iba enrojeciendo, pero al parecer Bill no lo notó... o fingió no notarlo. Me quedaré aquí, contigo. - Afirmó. Yo simplemente bajé la mirada y giré mi cuerpo hacia otro lado. No quería que Bill me vise con la cara roja a estallar.
El carraspeó y en el momento que creí que ya estaba por volver a mi color natural, el me picó el hombro haciendo que me volteara a mirarlo con una sonrisa un tanto nerviosa.
- ¿No te apetece montar un caballo? – Me propuso. Y qué propuesta… me mordí el labio inferior.
Si me apetecía montar a Meer… y ver como Bill montaba a caballo. Estaba casi segura de que para él eso era algo imposible.
- Excelente. A ver qué tal montas, Bill. Dije con aire de competencia.
- ¿Me estás retando?.
- Nadie puede contra mí. – le sonreí. – ven, vamos. – lo cogí de la muñeca y tiré de él para comenzar a caminar hacia el establo donde estaba Meer junto con otro dos caballos, el de mi padre y el de mi madre... Alexa aún no tenía uno.
Mientras caminamos él se las arregló para deslizar su mano y terminar cogidos como en el zoológico.
Llegamos al “establo”, yo le llamaba así. Y nos metimos dentro… había un olor de mil demonios. Pero yo obviamente estaba acostumbrada, por lo que no era tanto… en cuanto a Bill, pude darme cuenta de cómo arrugaba la nariz al entrar.
- Si quieres sal de aquí, no es necesario que aguantes la peste… esto se limpia unas cuatro veces por semana y definitivamente este día no se ha limpiado. – el negó con la cabeza y me sujetó la mano más fuertemente. Suspiré y como pude saqué a Meer de allí junto en el caballo de mamá. Le dije a Bill que cogiera las monturas y las demás cosas que debíamos ocupar. Él lo hizo y como pudimos salimos cogidos de la mano, puesto a que él no me soltaba... y estaba más que claro que yo tampoco quería hacerlo.
- ¿Estás seguro? – dije
mientras ataba muy bien la montura del caballo de mama, ese sería el que Bill
montaría. Este asintió no muy convencido. Ya está. – me sacudí las manos y le
hice una señal para que se subiera. Bill miró hacia todos lados y luego se
quitó el gorro, por fin lo hacía. Apoyó ambas manos en la montura del caballo.
Yo resoplé y lo miré divertida.
Al darme cuenta de que se tardaría demasiado en subir, decidí hacerlo yo primero.
Con un salto ágil me subí sobre Meer y me abracé a ella mientras miraba a Bill intentando montar.
- Creo que necesito clases. – Rió.
- Vamos, sube. – reí. Él intentó unas tres veces, pero se hacía imposible. – vamos Bill, tu puedes. - este negó con la cabeza y me miró divertido.
- Creía que esto era fácil... se veía bastante fácil. – se encogió de hombros. Yo reí más fuerte.
- No quieres montar, ¿verdad?
- La verdad….
- Está bien. – reí. – quería ver que tan lejos llegabas con eso de que si sabías montar... casi hiciste que me lo creyera. – bajé de Meer de un salto. - ¿No te apetece dar un paseo por mi patio?
- Como quieras. – me sonrió. Yo le quité todos los aparatos a los caballos ante la mirada de Bill. Dejé todo bajo un árbol y decidí dejar allí a los caballos para que corriesen o comiesen o lo que quisieran. Retomamos camino hacia uno de los cerros más verdes, en el cual descansaba un gran árbol justo en la punta.
Al darme cuenta de que se tardaría demasiado en subir, decidí hacerlo yo primero.
Con un salto ágil me subí sobre Meer y me abracé a ella mientras miraba a Bill intentando montar.
- Creo que necesito clases. – Rió.
- Vamos, sube. – reí. Él intentó unas tres veces, pero se hacía imposible. – vamos Bill, tu puedes. - este negó con la cabeza y me miró divertido.
- Creía que esto era fácil... se veía bastante fácil. – se encogió de hombros. Yo reí más fuerte.
- No quieres montar, ¿verdad?
- La verdad….
- Está bien. – reí. – quería ver que tan lejos llegabas con eso de que si sabías montar... casi hiciste que me lo creyera. – bajé de Meer de un salto. - ¿No te apetece dar un paseo por mi patio?
- Como quieras. – me sonrió. Yo le quité todos los aparatos a los caballos ante la mirada de Bill. Dejé todo bajo un árbol y decidí dejar allí a los caballos para que corriesen o comiesen o lo que quisieran. Retomamos camino hacia uno de los cerros más verdes, en el cual descansaba un gran árbol justo en la punta.
De pronto recordé algo.
- ¡Mi bolso!
- Lo dejaste donde los caballos, no te preocupes.
- Está bien…
Seguimos caminando en silencio.
Subimos hasta la cima, y nos sentamos apoyados en el tronco… uno al lado del otro.
Desde allí arriba se podía observar la carretera y hasta la parte trasera de mi casa…
No pude evitar pensar en cómo sería un atardecer mirado desde allí arriba... yo no recordaba ninguno pero debían de ser hermosos. Miré a Bill, este ya me miraba desde antes y sonreía… quizás se reía de mi casa de boba con la que había quedado al mirar todo eso.
- Esto es genial. – dije apuntando hacia lo que se extendía ante nosotros.
- Si. – dijo sin despegar su vista de mi.
Yo bajé la mirada y lentamente apoyé mi cabeza en su hombro, él me cogió de la mano y comenzó a acariciarla con suma delicadeza, con uno de sus dedos. Yo simplemente cerré los ojos e intenté pensar que él me quería. Podía sentir como mis piernas temblaban un poco, puesto a que estaba nerviosa. Pero eso no impidió que yo pudiese disfrutar de ese momento.
De pronto recordé lo de ayer en la tarde… me separé de él y metí la mano dentro de mi camiseta, el frunció el ceño y me miró extrañado… pero luego sonrió al ver como yo sacaba la mano de allí con la calavera que ayer me había comprado.
- Lo dejaste donde los caballos, no te preocupes.
- Está bien…
Seguimos caminando en silencio.
Subimos hasta la cima, y nos sentamos apoyados en el tronco… uno al lado del otro.
Desde allí arriba se podía observar la carretera y hasta la parte trasera de mi casa…
No pude evitar pensar en cómo sería un atardecer mirado desde allí arriba... yo no recordaba ninguno pero debían de ser hermosos. Miré a Bill, este ya me miraba desde antes y sonreía… quizás se reía de mi casa de boba con la que había quedado al mirar todo eso.
- Esto es genial. – dije apuntando hacia lo que se extendía ante nosotros.
- Si. – dijo sin despegar su vista de mi.
Yo bajé la mirada y lentamente apoyé mi cabeza en su hombro, él me cogió de la mano y comenzó a acariciarla con suma delicadeza, con uno de sus dedos. Yo simplemente cerré los ojos e intenté pensar que él me quería. Podía sentir como mis piernas temblaban un poco, puesto a que estaba nerviosa. Pero eso no impidió que yo pudiese disfrutar de ese momento.
De pronto recordé lo de ayer en la tarde… me separé de él y metí la mano dentro de mi camiseta, el frunció el ceño y me miró extrañado… pero luego sonrió al ver como yo sacaba la mano de allí con la calavera que ayer me había comprado.
- Ayer me compré esto. –
se la enseñé. Él la tomó y la comenzó a mirar por todos lados. Yo me llevé las
manos al cuello y me la quité.
- Es muy bonita. – achicó los ojos observándola mejor. – yo la había visto antes… - yo simplemente reí y me apoyé nuevamente en su hombro… esta vez el comenzó a jugar con la calavera entre sus dedos, a veces sólo sujetándola de la cadena y haciendo que se moviese en círculos sin tocar el suelo… yo lo observaba y pensaba en lo especial que el comenzaba a ser para mi… hubo un momento en que su móvil comenzó a sonar, yo decidí no escuchar su conversación, por lo que cerré los ojos y casi me duermo. De no ser porque Bill, después de cortar, me sacudió un poco. Yo me sobresalté, levanté la cabeza y lo miré extrañada.
- Debo irme, Abril.
- De acuerdo – hice ademán de levantarme pero Bill me empujó hacia abajo hasta sentarme en el césped.
- Primero debes escucharme. – yo asentí. – Tu sabes que para el veintisiete queda exactamente una semana ¿no?. – ¿una semana? ¿Tan poco? Yo habría jurado que quedaba más tiempo.
- ¿Una semana?.
- Si. Y durante esa semana no te podré ver.
- ¿Cómo? – fruncí el ceño.
- Lo que oyes…
- Pe.,. pero. – fui a protestar pero él me cortó.
- Es muy bonita. – achicó los ojos observándola mejor. – yo la había visto antes… - yo simplemente reí y me apoyé nuevamente en su hombro… esta vez el comenzó a jugar con la calavera entre sus dedos, a veces sólo sujetándola de la cadena y haciendo que se moviese en círculos sin tocar el suelo… yo lo observaba y pensaba en lo especial que el comenzaba a ser para mi… hubo un momento en que su móvil comenzó a sonar, yo decidí no escuchar su conversación, por lo que cerré los ojos y casi me duermo. De no ser porque Bill, después de cortar, me sacudió un poco. Yo me sobresalté, levanté la cabeza y lo miré extrañada.
- Debo irme, Abril.
- De acuerdo – hice ademán de levantarme pero Bill me empujó hacia abajo hasta sentarme en el césped.
- Primero debes escucharme. – yo asentí. – Tu sabes que para el veintisiete queda exactamente una semana ¿no?. – ¿una semana? ¿Tan poco? Yo habría jurado que quedaba más tiempo.
- ¿Una semana?.
- Si. Y durante esa semana no te podré ver.
- ¿Cómo? – fruncí el ceño.
- Lo que oyes…
- Pe.,. pero. – fui a protestar pero él me cortó.
- Nada de peros. – dijo como su hubiese sido mi
madre o algún profesor. – te prometo que volveré. No te preocupes. – esta vez
fue él quien se levantó. – ¿crees que puedas prestármelo hasta que regrese? -
yo asentí. Y me levanté, di un paso hasta quedar frente a él. –Te llamaré. – Yo
asentí. – ¿Me pasas tu numero?.
- 47295375. – El lo anotó rápidamente en su móvil y se lo metió al bolsillo. Se veía apurado… - ya te vas…
- Si… pero te veré, ya te lo dije. – yo le sonreí y cogí la cadena de calavera… se la puse con cuidado mientras él, me miraba tiernamente. Y como si de una película se tratase, acercó sus rostro al mío… pude sentir como miles de mariposas se asomaban en mi estómago haciéndome cosquillas. El corazón me empezó a latir con fuerza... lo podía sentir en mi cabeza… mis manos comenzaron a temblar… no sabía por qué ocurría. Vi como él cerraba sus ojos, yo hice lo mismo. Y a los segundos sentí como unos tibios labios rozaron los míos tímidamente.
- 47295375. – El lo anotó rápidamente en su móvil y se lo metió al bolsillo. Se veía apurado… - ya te vas…
- Si… pero te veré, ya te lo dije. – yo le sonreí y cogí la cadena de calavera… se la puse con cuidado mientras él, me miraba tiernamente. Y como si de una película se tratase, acercó sus rostro al mío… pude sentir como miles de mariposas se asomaban en mi estómago haciéndome cosquillas. El corazón me empezó a latir con fuerza... lo podía sentir en mi cabeza… mis manos comenzaron a temblar… no sabía por qué ocurría. Vi como él cerraba sus ojos, yo hice lo mismo. Y a los segundos sentí como unos tibios labios rozaron los míos tímidamente.

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