21 marzo, 2012

Capítulo 6 /Wenn nichts mehg geht





Capitulo 6

Entonces me cogió de la cintura pasando su brazo por mi espalda. Tiró de mi hasta ponerme de pié y caminó con migo hasta el árbol. Una vez allí abracé el tronco de éste algo tambaleante. Intenté regular mi respiración.
- Gracias. – suspiré. Miré a Alexa… o más bien las Alexas. Ella no se había dado cuenta, seguía jugando en el neumático como si nosotros nos estuviésemos aquí.
- ¿Segura que estás bien?. – Vale, esta vez no mentiría… si les digo que veía doble y borroso, que todo se daba vueltas, que me dolía la cabeza, las piernas  me temblaban y que tenía ganas de vomitar… es poco.
- N... no. – negué con la cabeza. Bill me miró alarmado, por lo que distinguí. Al parecer o sabía qué hacer en estos casos. -creo que voy a… - me llevé la mano a la boca intentando no botar nada... gracias a dios el líquido aún no comenzaba a subir por mi garganta. Sólo era nauseas. 
- Te llevaré a tu casa. – puso uno de sus brazos detrás de mi nuca, y el otro debajo de mis piernas... hizo fuerza hasta cogerme.– Alexa… a casa. – No supe nada más… no escuché la respuesta de Alexa, ni sentí a Bill caminar… sólo acurruqué mi cara en su chaqueta, aspiré su olor y todo acabó.


Un olor repugnante entró en mi nariz, abrí los ojos de golpe. Me encontré con un pedazo de algodón. Era alcohol. Ahora sí que veía todo normal... y ya no me sentía mareada. Era como si estuviese recién despertándome… aunque sabía que me había desmayado. Otra vez… dios, esto iba de mal en peor. Tendría que ir a ver a un médico o algo. Quizás era algo grave y yo no lo sabía… o quizás… no... eso no podía ser. ¿O si? Imposible, no ocurre tan luego.
- ¿Cómo te encuentras?. – la voz de Bill me sacó de mis pensamientos. Giré la cabeza hacia un lado para mirarlo… sus ojos estaban inyectados de preocupación, al igual que los de Alexa que me miraban llenos de lágrimas desde el pecho de Bill, quien la abrazaba… y aunque estuviese en esta situación, no pude evitar pensar en lo tierno y caballero que era ese chico.
- Bien. – la voz me salió algo ronca… me percaté de que mi garganta estaba seca y sentía mi boca algo espesa.
- Estás amarilla. – o este estaba bromeando o se le había ocurrido por cambiarle el nombre a los colores. Normalmente dicen: estás blanca o pálida... ¿pero amarilla?. Aunque a juzgar por el tono en que lo dijo…
- ¿Amarilla?. – me levanté, quedando un poco mareada. – no juegues, Bill.
- No estoy jugando. – se encogió de hombros. – Alexa, ve a por agua para Abril. – la niña asintió y se separó de él para dirigirse a la cocina. – ¿seguro que no tienes que tomar ninguna medicina?.
- No estoy enferma. 
- No opino lo mismo. – bajó mis piernas de sillón, y se sentó en el lugar de ellas. – si quieres yo te podría acompañar…
- No, no te preocupes… ya le diré a mi madre que me acompañe. – le sonreí. – de todas maneras, gracias por preocuparte. – una media sonrisa se dibujó en su rostro. Bill era un chico algo extraño, se preocupaba demasiado por mí y no me conocía desde hace más de una semana. Se confiaba mucho en las personas extrañas y… no lo sé, algo debió haber visto en mi. Pero yo estaba segura de que el ocultaba algo… porque una persona no podía ser así, tener esa forma de pensar y ese modo de ser sacada de la nada. Yo diría que esas personas son muy pocas… y sumando su personalidad, o lo que yo conocía de ella, con su belleza… wow, se hacía una combinación perfecta, por así decirlo. Aunque yo nunca hubiese creído en la perfección.
Quizás el si era la persona perfecta… 
- No tienes por qué dármelas. – suspiré.
- ¿Es como si te conociese desde hace mucho, sabes?.
- A mi me ocurre exactamente lo mismo. – me sonrió. Yo reí.
- Dentro de… - miré el reloj de pared que había en el salón, detrás de la TV. – media hora llegan mis padres del trabajo…¿ quieres salir?. – Bill me sonrió. Su sonrisa era provocativa y sexy, pero a la vez muy inocente. – digo, porque no creo que hayas disfrutado mucho atendiendo a una muerta. – me eché a reír.
- No ha estado nada mal… ahora sé primeros auxilios. – rió conmigo. En ese momento llegó Alexa con el vaso de agua. Me lo tendió sin mirarme y yo lo cogí.
- ¿Estás bien?. – me preguntó con un hilo de voz y la mirada clavada en el suelo.
- Si, sólo me eh desmayado, cariño. 
- Eso es lo que Bill me dijo– me miró. – ¿es malo… desmayarse? – vale, estas eran unas de las preguntas complicadas que te puede hacer una niña pequeña. Es decir, si le digo que no le estaría mintiendo… y eso estaría mal, a demás Bill estaba presente y yo no quería quedar como una chica mentirosa. Pero si le decía que si la niña se preocuparía y lo más probable sería que se pusiese a chillar.
- Eh…-Pero no fue necesario que diera una respuesta.
- No si después de desmayarte vas al médico. – se apresuró en decir Bill. Alexa le miró asintiendo, y luego me miró a mí. Yo hice un gesto dándole la razón a Bill y me llevé el vaso a la boca.
- Le diré a mamá que te lleve, entonces. 
- No es necesario, cariño... ya se lo diré yo. – le dije algo nerviosa. La verdad no quería ir a ver un médico. Sentía pánico… y no se la razón… vamos, que yo era fuerte para todas las cosas, incluso podría llegar a atarme a una cuerda de bungee y saltar de un puente. Pero argh… mis estúpidos miedos. Díganme si alguna vez vieron a alguien que le tuviese miedo a las mariposas… pues yo era ese alguien. Le temía casi tanto a las mariposas como a los doctores.
Alexa resopló y se lanzó al sillón junto a mí, del lado opuesto al que Bill estaba, dejándome entre ellos dos.
- ¿Puedo encender la TV?-Peguntó la pequeña.
- Claro, eso no se pregunta. – le sonreí. 
- Es por si a Bill le molesta. ¨Porque antes, cuando te trajimos aquí, él la apagó. – dijo como si me estuviese acusando a alguien muy malvado.
Y es que ella era pequeña y todo le parecía la gran cosa.
- Puedes encenderla si quieres, no me molesta. – Habló Bill divertido. Entonces cogió el mando de la TV y antes de encenderla miró a Alexa. – ¿qué canal quieres ver?
- ¡Disney!. – gritó entusiasmada,yo reí.
-Ok. – Entonces Bill sacó la lengua por un lado de la boca y achicó los ojos… como preparándose para hacer algo complicado. Entonces le dio al botón rojo para encenderla. La imagen aún no se ponía de color cuando él comenzó a avanzar los canales a la velocidad de la luz, sin dejar ver ninguno claramente… hasta llegar al Disney y suspirar victorioso.
- Qué rápido. – Murmuró Alexa y lo miró asombrada.
- Gracias. – dejó el mando sobre la mesita.
- Al parecer te llevas muy mal con los televisores…-  bromeé.
- ¿Yo? –se hizo el indignado, llevándose una mano al pecho. 


Me había cambiado por unos jeans claros y una camiseta blanca ceñida en el pecho, pero que caía con mucho vuelo hasta un poco más arriba de mi trasero. Me calcé unos tacones blancos un poco altos. Puse unas cuantas pulseras metálicas en los brazos, un collar largo con un corazón plateado en la punta y un anillo con un bonito diamante, que por cierto, había sido el regalo de navidad que me había regalado mi querida abuela que estaba en sus últimos días internada en un hospital del otro lado del planeta. 
Cogí una chaqueta de cuero blanco con las costuras en negro y me la puse… iría igual que Bill, pensé divertida. Y fue aún más divertido al escuchar las risas provenientes de abajo. Seguro que Bill se estaba divirtiendo con mis padres. 
Me arreglé un poco el cabello y lo dejé caer suelto por mis hombros… no quise retocarme el maquillaje, me daba un poco de vergüenza que Bill pensase que me arreglaba por él. Me miré por última vez en el espejo y le sonreí. Estaba bien, bastante pasable y presentable. Cogí el bolso blanco que había sobre el escritorio y me lo colgué en un hombro. Luego de eso salí de la habitación, apagué la luz y cerré la puerta. Bajé la escalera teniendo cuidado de no caerme con los tacones, mientras pensaba en lo genial que lo pasaría esta noche. Ojala Bill no fuese de esos chicos “fiesteros”, porque realmente no me apetecía ir a una fiesta después de lo que pasó la última vez. Aunque no tenía cara de ser amante de las fiestas... más bien, parecía algo formal o no sé... suposiciones mías.
- Ya estoy lista. – dije al llegar abajo. Mis padres me sonrieron y yo les devolví la sonrisa. En cambio Bill se levantó del sillón y caminó hacia mí. 
- ¡Qué bonita! – exclamó mi padre, genial, ahora sentía vergüenza de salir así. Como toda respuesta le sonreí y luego miré a Bill. Este igual lo hacía. – Quiero que vuelvas temprano. – yo asentí. Fui a abrir la boca para decir algo pero Bill me quitó las palabras.
- La traeré antes de las 12. – dijo como si yo fuese un encargo o algo parecido.
- Eso espero. – mi padre usó su voz autoritaria, aunque era de broma, claro está. Bill rió y pasó su brazo por mis hombros, empujándome para salir de casa.
- Adiós, mamá. Adiós pá y Alexa. – me despedí.
- Adiós.
- ¡Que les vaya excelente! – dijo mi madre. Y como era de suponer, Alexa no contestó. Estaba pegada a la TV... si seguía así algún día le traería consecuencias a la vista.
No alcanzamos siquiera a cerrar la puerta cuando ya escuchamos la risa de mis padres. Bill se veía algo incómodo y no le encontraba el porqué. 
- ¿Dónde vamos? – le pregunté mientras caminábamos hacia su coche.
- ¿Quieres cenar? – me encogí de hombros. – Eso es lo que haremos. – llegamos al coche y él abrió la puerta del copiloto para dejarme subir. 
- Genial. – le sonreí.
- Por cierto… estás preciosa. – y dicho esto cerró la puerta. No lo puedo creer, ese chico precioso me había llamado preciosa a mí ¡A mí! resoplé y me miré las manos mientras intentaba no volverme un tomate. 
Segundos después Bill ya había rodeado el auto y se estaba subiendo en el asiento del conductor. 
- ¿Tienes algún lugar en mente? – pregunté mientras él encendía el motor.
- ¿Tú que crees...?. – me miró sonriendo. – déjalo a mi elección, no te arrepentirás. – añadió con algo de misterio.
- Si no es un bar donde dancen mujeres desnudas, está bien.
Bill estalló en risas.
- Si quieres ir a uno de esos te llevo, ¿eh? 
- No, no… – reí. – si fuesen chicos yo encantada. – Bill me miró y negó con la cabeza aún con la cara llena de risa…
- Tus padres son… divertidos. – dijo una vez se había calmado por completo. Yo torcí el gesto. No era que mis padres me avergonzaran ni mucho menos, si no que no me apetecía hablar de ellos, no era un buen tema de conversación.
- Si. Aunque si tuvieses que pasar las veinticuatro horas del día los siete días de la semana con ellos… ¡Pff! 
- No desperdicies el tiempo con ellos. Es genial estar con los padres… ya verás cuando te alejes de ellos y los extrañes. – dijo con una media sonrisa. Miraba hacia adelantes por lo que no pude ver lo que expresaban sus ojos.
- ¿No estás con tus padres?
- Es por temas de trabajo. – apretó el volante con las manos fuertemente, haciendo que las venas se le marcasen y sobresaliesen de la piel. Fijé mi mirada en ellas. Realmente me parecía sexy…. Y creo que el se dio cuenta de que le miraba por lo que se relajó un poco. 
- Sé que no es de mi incumbencia, pero… ¿en que trabajas? – le miré. Él se quedó en silencio unos segundos. Creo que buscando una respuesta... aunque uno no necesitaba pensar tanto para decir en que trabajaba. Se suponía que debías saberlo.
- En una discográfica. – sí, eso ya lo sabía. Fui a abrir la boca para hace la siguiente pregunta pero él me cortó. – Más adelante te lo diré. – soltó una risita.
- ¿Me dejarás con la duda? – me miro fugazmente y alzó una ceja. Yo reí y el volvió nuevamente la vista hacia la carretera.
- No quiero que lo sepas... aun. – ¿Tan horrible era su trabajo que no quería decírmelo? Esto estaba raro. El me ocultaba algo importante… estaba segura.
- ¿Por qué?– pregunté como una niña pequeña.
- Aún no. Quiero conocerte mejor. – dobló a una esquina.
- Pues el mes que estarás en la ciudad no te alcanzará, querido. – esta vez fui yo quien alzó la ceja. El resopló.
- Lo sabrás el veintisiete. – fue su única respuesta.
- ¿Qué hay el veintisiete?
- Ya lo sabrás.
- ¡Queda una semana! – me quejé. Y es que yo no quería quedarme con esa gran duda… vamos que Bill era un extraño… pero un extraño al cual me interesaba conocer. ¿Por qué? Pues, no tengo idea. Pero su personalidad me atraía. Era como si se tratase un imán. Y yo era el trozo de metal. 
- Pues te aguantas. – se encogió de hombros. Suspiré.
- ¿Tendré que resignarme a esperar? – el asintió. – ¿no puedo rogarte un poquito más? – dije con una dulce voz. 
- No. – dijo frunciendo los labios… reprimiendo una sonrisa.
- ¡Por favor! ¿Sí? ¡Bill, dímelo! ¿Sí? ¿sí? soy tu nueva amiga. – le hice ojitos. Entonces él se giró a mirarme con los ojos y la boca un poco abiertos.
- ¿Amigos? – yo asentí. – ¿Tú... no me conoces de ningún otro lugar, no?
- Si es que tengo alguna enfermedad en la cabeza que hace que se me olviden las personas, cosa que dudo mucho, pues sí. – esperé a que Bill riera, pero no lo hizo.
- ¿Entonces nunca, jamás en tu vida me has visto?
- No. – negué con la cabeza. Él suspiró aliviado. 

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