Capitulo
7
Bill suspiró aliviado y luego rió.
- ¿Podrías buscar debajo del asiento un par de lentes de sol y una gorra? – No comprendí. – por favor… - dijo gentilmente.
- Claro. – dije mientras me agachaba. Algo no andaba bien aquí. ¿Lentes de sol y una gorra? ¿Para qué? Y es que ya ni siquiera había sol Estaba por anochecer y sería extraño llevar gafas… quizás sus ojos se dañaban con la luces artificiales. Vale, si, eso no podía ser... pero había que buscarle algo de lógica al asunto. No creo que haya sido sólo para verse mejor y que la gente se diera cuenta de que es extranjero.
Tomé dos lentes que allí habían y la gorra negra. Luego me levanté con todo eso en la mano y le los tendí.
- Gracias. – cogió la gorra y uno de los lentes. – ponte eso. – me indicó las lentes que seguían en mi mano.
- ¿Por qué? – pregunté extrañada.
- Tú sólo hazme caso.
- Ok… - dije indecisa… pero terminé por ponérmelos. Me miré en el espejo que había sobre mi cabeza, en el coche, me alegré al darme cuenta de que no me quedaban nada mal. – esto es extraño. – comenté mientras miraba a Bill. Este ya tenía puesta la gorra y los lentes.
- No para mí. – se encogió de hombros. Aquí había algo que no sabía, si, lo vuelvo a repetir… este chico me ocultaba algo… quizás se aclaraba todo el veintisiete. ¿Pero quién soy yo para juzgar a un Alemán desconocido? Quizás era de esos hombres que toman a chicas como rehenes y luego…
Creo que he visto
demasiadas películas.
- ¿Puedo encender la radio?-Le pregunté
- Si quieres. –alargué el brazo y la encendí dejándola en la estación que estaba. Le subí un poco el volumen y me volví a acomodar en el asiento.
Apoyé mi cabeza en la ventana mientras esperaba a que acabase la canción que sonaba, no me gustaba para nada... y cuando lo hizo comenzó a sonar una canción que me encantaba. La había escuchado una par de veces antes en la radio o al andar por las tiendas… creo que era un canción de moda, muy popular, porque la ponían en todos sitios, a todas horas y en todos los momentos. Aunque nunca me había dado el tiempo de buscarle el artista ni el nombre.
Comencé a mover la cabeza al ritmo de la música, al igual que mi pierna…
Miré a Bill, quizás este grupo sí l gustaba. Sonreí al darme cuenta de que cantaba la canción en silencio, sólo moviendo los labios, mientras le daba leves toquecitos al volante con el dedo.
- ¿Te gusta esta canción? – le pregunté.
- Ha sido un éxito. – me miró. Yo asentí.
- Si, la ponen en todos los lugares, a todas las horas… es genial.
- Supongo… - dijo divertido. – Monsoon.
- ¿Disculpa?. – no le había entendido… quizás era una palabra alemana o algo…
- El nombre de la canción. – soltó una risita.
- ¡Oh, genial! ¿Eres fan del grupo?
- Bill: Mi hermano lo es.
- Yo pensaba que él escuchaba otro tipo de música… - le miré con la boca algo abierta.
- No... – rió. – él escucha Hip hop o rap, la verdad no lo sé. Pero se considera fan de Tokio Hotel. – se encogió de hombros.
- Tokio hotel… - repetí. – ¿Y tú no?– se encogió de hombros.
- En realidad no lo sé, no soy como Tom. – soltó una risita. Yo no lo comprendí por lo que ladeé la cabeza hacia un lado mientras analizaba cada una de sus palabras… igualmente no lo comprendí. Pero no quise preguntar… Después se sentiría incómodo y lo más probable sería que no me respondiera.
Él era un gran misterio para mi…
- ¿Cuál es tu apellido? – preguntó pensativo.
- Wells. ¿Y el tuyo? – ¿esto tenía que ser parejo, no?.
- Kaulitz.
- ¡Bonito! Bill Kaulitz.
- Abril Wells… suena genial. – reí.
El resto del viaje estuvimos conversando y riéndonos de cosas sin importancia. Que a nadie le interesaban, salvo a él y a mí, porque esas cosas nos divertían y nos salvaban de estar en una situación incómoda. Y yo no era de esas personas a las que les agrada la tensión.
Me sorprendí un poco al darme cuenta del lugar en donde Bill había aparcado el coche: En el aparcamiento del restorán más caro y delicioso de toda la ciudad de Marsella. Yo no andaba con el dinero suficiente, ni siquiera podría comprarme un postre en este lugar…
- ¿A... aquí? – pregunté sin atreverme a abrir la puerta.
- Aquí. – confirmó. Luego de eso se bajó del coche y cerró la puerta. Intenté hacer memoria de cuánto dinero traía encima. Pero antes de terminar de acordarme de cuantos billetes había guardado, la puerta se abrió y una mano apareció frente a mi cara. La cogí, vale... si no tenía con que pagar me quedaría fregando la loza, pero no desaprovecharía esta oportunidad que me daba la vida de estar en una “cita” con el chico más hermoso del planeta.
Me bajé del coche y el cerró la puerta tras mi paso. Nos soltamos las manos y nos miramos sonrientes.
- Qué lugar más bello. – “aunque comparado contigo no llega ni a la mitad…” pensé.
- ¿Jamás habías venido a comer aquí?. – Preguntó algo extrañado.
- No. Y... no me parece buena idea que lo hagamos. -le agarré del antebrazo y lo detuve.
- ¿Por qué?. Vamos. – hizo ademán de seguir caminando pero yo lo detuve nuevamente. – ¿Qué pasa? – me miró. Yo respiré hondo y miré hacia el suelo. Eso no era muy agradable de decir, que digamos… y me daba algo de vergüenza.
- No puedo pagar... eso. – me mordí el labio inferior nerviosa.
- Yo pagaré, no te preocupes. – levantó mi rostro con su mano y me sonrió dejándome aturdida. Y aprovechándose del momento de aturdimiento, soltó su brazo y lo pasó por sobre mis hombros, pegándome a él y empujándome hacia adelante para obligarme a caminar.
- Pero me sentiré muy incómoda allí dentro. Y… me sentiré horrible si dejo que lo pagues todo tú.. – reaccioné intentando detenerme, pero él seguía avanzando.
- Déjame invitarte. Harás que me sienta mal. – hizo un puchero. Suspiré. – si quieres… luego me lo pagas. Pero no arruines esta noche, ¿sí?
- Está bien… - Me rendí. Sabía que él no se iba a rendir, por lo que decidí acortar las cosas aceptando a la primera… o más bien la tercera.
Él me sonrió encantadoramente y seguimos caminando hacia el lujoso lugar.
En el momento en que entramos, me di cuenta de que no pintábamos allí. La gente estaba vestida muy elegante y nosotros íbamos con chaquetas de cuero y ropa común y corriente.
A Bill parecía no importarle nada de eso. Le habló a uno de los mozos y le dijo muy específicamente donde y como quería la mesa: una mesa para dos, al segundo piso, frente al ventanal y en un lugar apartado… me di cuenta de que él ya había estado aquí y que sabía tratar con personas y ser muy educado.
El mozo nos indicó que le siguiésemos y eso fue exactamente lo que hicimos. Aunque se me hizo algo incómodo subir las escaleras... y no era precisamente por los tacones, si no que porque Bill aún no me había soltado y se adelantaba un paso más que yo.
En la segunda planta había pocas personas., cosa que agradecí. Pasamos por entre las mesas hasta llegar al fondo, justo en frente de una pared de cristal. Era transparente y se podía observas parte de la ciudad por la noche… bajo un cielo azul oscuro adornado con pequeñas luces que brillaban a lo lejos. El mozo acomodó mi silla y Bill se sentó en la suya.
- ¿Puedo encender la radio?-Le pregunté
- Si quieres. –alargué el brazo y la encendí dejándola en la estación que estaba. Le subí un poco el volumen y me volví a acomodar en el asiento.
Apoyé mi cabeza en la ventana mientras esperaba a que acabase la canción que sonaba, no me gustaba para nada... y cuando lo hizo comenzó a sonar una canción que me encantaba. La había escuchado una par de veces antes en la radio o al andar por las tiendas… creo que era un canción de moda, muy popular, porque la ponían en todos sitios, a todas horas y en todos los momentos. Aunque nunca me había dado el tiempo de buscarle el artista ni el nombre.
Comencé a mover la cabeza al ritmo de la música, al igual que mi pierna…
Miré a Bill, quizás este grupo sí l gustaba. Sonreí al darme cuenta de que cantaba la canción en silencio, sólo moviendo los labios, mientras le daba leves toquecitos al volante con el dedo.
- ¿Te gusta esta canción? – le pregunté.
- Ha sido un éxito. – me miró. Yo asentí.
- Si, la ponen en todos los lugares, a todas las horas… es genial.
- Supongo… - dijo divertido. – Monsoon.
- ¿Disculpa?. – no le había entendido… quizás era una palabra alemana o algo…
- El nombre de la canción. – soltó una risita.
- ¡Oh, genial! ¿Eres fan del grupo?
- Bill: Mi hermano lo es.
- Yo pensaba que él escuchaba otro tipo de música… - le miré con la boca algo abierta.
- No... – rió. – él escucha Hip hop o rap, la verdad no lo sé. Pero se considera fan de Tokio Hotel. – se encogió de hombros.
- Tokio hotel… - repetí. – ¿Y tú no?– se encogió de hombros.
- En realidad no lo sé, no soy como Tom. – soltó una risita. Yo no lo comprendí por lo que ladeé la cabeza hacia un lado mientras analizaba cada una de sus palabras… igualmente no lo comprendí. Pero no quise preguntar… Después se sentiría incómodo y lo más probable sería que no me respondiera.
Él era un gran misterio para mi…
- ¿Cuál es tu apellido? – preguntó pensativo.
- Wells. ¿Y el tuyo? – ¿esto tenía que ser parejo, no?.
- Kaulitz.
- ¡Bonito! Bill Kaulitz.
- Abril Wells… suena genial. – reí.
El resto del viaje estuvimos conversando y riéndonos de cosas sin importancia. Que a nadie le interesaban, salvo a él y a mí, porque esas cosas nos divertían y nos salvaban de estar en una situación incómoda. Y yo no era de esas personas a las que les agrada la tensión.
Me sorprendí un poco al darme cuenta del lugar en donde Bill había aparcado el coche: En el aparcamiento del restorán más caro y delicioso de toda la ciudad de Marsella. Yo no andaba con el dinero suficiente, ni siquiera podría comprarme un postre en este lugar…
- ¿A... aquí? – pregunté sin atreverme a abrir la puerta.
- Aquí. – confirmó. Luego de eso se bajó del coche y cerró la puerta. Intenté hacer memoria de cuánto dinero traía encima. Pero antes de terminar de acordarme de cuantos billetes había guardado, la puerta se abrió y una mano apareció frente a mi cara. La cogí, vale... si no tenía con que pagar me quedaría fregando la loza, pero no desaprovecharía esta oportunidad que me daba la vida de estar en una “cita” con el chico más hermoso del planeta.
Me bajé del coche y el cerró la puerta tras mi paso. Nos soltamos las manos y nos miramos sonrientes.
- Qué lugar más bello. – “aunque comparado contigo no llega ni a la mitad…” pensé.
- ¿Jamás habías venido a comer aquí?. – Preguntó algo extrañado.
- No. Y... no me parece buena idea que lo hagamos. -le agarré del antebrazo y lo detuve.
- ¿Por qué?. Vamos. – hizo ademán de seguir caminando pero yo lo detuve nuevamente. – ¿Qué pasa? – me miró. Yo respiré hondo y miré hacia el suelo. Eso no era muy agradable de decir, que digamos… y me daba algo de vergüenza.
- No puedo pagar... eso. – me mordí el labio inferior nerviosa.
- Yo pagaré, no te preocupes. – levantó mi rostro con su mano y me sonrió dejándome aturdida. Y aprovechándose del momento de aturdimiento, soltó su brazo y lo pasó por sobre mis hombros, pegándome a él y empujándome hacia adelante para obligarme a caminar.
- Pero me sentiré muy incómoda allí dentro. Y… me sentiré horrible si dejo que lo pagues todo tú.. – reaccioné intentando detenerme, pero él seguía avanzando.
- Déjame invitarte. Harás que me sienta mal. – hizo un puchero. Suspiré. – si quieres… luego me lo pagas. Pero no arruines esta noche, ¿sí?
- Está bien… - Me rendí. Sabía que él no se iba a rendir, por lo que decidí acortar las cosas aceptando a la primera… o más bien la tercera.
Él me sonrió encantadoramente y seguimos caminando hacia el lujoso lugar.
En el momento en que entramos, me di cuenta de que no pintábamos allí. La gente estaba vestida muy elegante y nosotros íbamos con chaquetas de cuero y ropa común y corriente.
A Bill parecía no importarle nada de eso. Le habló a uno de los mozos y le dijo muy específicamente donde y como quería la mesa: una mesa para dos, al segundo piso, frente al ventanal y en un lugar apartado… me di cuenta de que él ya había estado aquí y que sabía tratar con personas y ser muy educado.
El mozo nos indicó que le siguiésemos y eso fue exactamente lo que hicimos. Aunque se me hizo algo incómodo subir las escaleras... y no era precisamente por los tacones, si no que porque Bill aún no me había soltado y se adelantaba un paso más que yo.
En la segunda planta había pocas personas., cosa que agradecí. Pasamos por entre las mesas hasta llegar al fondo, justo en frente de una pared de cristal. Era transparente y se podía observas parte de la ciudad por la noche… bajo un cielo azul oscuro adornado con pequeñas luces que brillaban a lo lejos. El mozo acomodó mi silla y Bill se sentó en la suya.
- En seguida les traigo
el menú. – y dicho esto se retiró. Yo observé el lugar… una vista general. Era
todo muy bonito y elegantísimo, muy bien decorado y perfectamente limpio. Los
colores que dominaban el lugar eran el dorado y el crema. Y las mesas eran de
fina madera, muy bien tallada… cubierta con un mantel con varios calados, color
blanco invierno.
- Esto es… muy… lujoso. Es bonito. – miré a Bill.
- Si miras a tu derecha verás algo mucho mejor.
- ¿Mi derecha? – él asintió. Yo me giré y vi a través de aquel ventanal. No me había dado cuenta de lo hermosa que estaba la luna esa noche ¿alguna vez has visto era luna color amarillo, tan inmensamente grande y redonda? Pues así es como estaba. Y el color semi brillante contrastaba con el oscuro del cielo. – es preciosa… - dije alucinada.
- Como tú. – a penas logré oír. Pero si lo hice. Me giré hacia él.
- ¿Qué decías? – le pregunté. Era mejor hacerse la que “no ha escuchado”, pero no pude evitar que mi corazón de apurase al igual que mi respiración mientras intentaba evitar que el color rojo tomara gran posesión de mi rostro.
- Nada, nada. – me sonrió.
- Bien.- dije mientras luchaba por regular mi respiración. El mozo llegó con el menú de comidas y una bandeja con dos vasos de agua con gas. Dejó una frente a mí y la otra frente a Bill y nos dio un libro a cada uno.
- Gracias. – dijo en cuanto se lo dio.
- Esto es… muy… lujoso. Es bonito. – miré a Bill.
- Si miras a tu derecha verás algo mucho mejor.
- ¿Mi derecha? – él asintió. Yo me giré y vi a través de aquel ventanal. No me había dado cuenta de lo hermosa que estaba la luna esa noche ¿alguna vez has visto era luna color amarillo, tan inmensamente grande y redonda? Pues así es como estaba. Y el color semi brillante contrastaba con el oscuro del cielo. – es preciosa… - dije alucinada.
- Como tú. – a penas logré oír. Pero si lo hice. Me giré hacia él.
- ¿Qué decías? – le pregunté. Era mejor hacerse la que “no ha escuchado”, pero no pude evitar que mi corazón de apurase al igual que mi respiración mientras intentaba evitar que el color rojo tomara gran posesión de mi rostro.
- Nada, nada. – me sonrió.
- Bien.- dije mientras luchaba por regular mi respiración. El mozo llegó con el menú de comidas y una bandeja con dos vasos de agua con gas. Dejó una frente a mí y la otra frente a Bill y nos dio un libro a cada uno.
- Gracias. – dijo en cuanto se lo dio.
- Gracias. – le imité.
El mozo no respondió y desapareció por las escaleras.
Luego de intentar leer TODO, y al descubrir que era imposible… me decanté por una opción fácil, que conocía muy bien y que su nombre no se me hacía extraño.
- Espaggetty . – le dije a Bill este me miró alzando una ceja.
- ¿Quieres espaggetty?. – yo asentí. – vale… - le hizo una seña al mozo, que atendía otra mesa, y este vino hacia nuestra mesa.
Le pidió la orden… con entrada, primer y segundo plato incluidos... además el postre y el vino… vino. No me gustaba, pero esta era una ocasión especial y no podía negarme a aquello.
-Y Ahora a esperar a que llegue la comida. – resoplé.
- Podríamos hablar. – sonrió de medio lado.
- Me parece Bien… ¿de qué hablamos?.
Luego de intentar leer TODO, y al descubrir que era imposible… me decanté por una opción fácil, que conocía muy bien y que su nombre no se me hacía extraño.
- Espaggetty . – le dije a Bill este me miró alzando una ceja.
- ¿Quieres espaggetty?. – yo asentí. – vale… - le hizo una seña al mozo, que atendía otra mesa, y este vino hacia nuestra mesa.
Le pidió la orden… con entrada, primer y segundo plato incluidos... además el postre y el vino… vino. No me gustaba, pero esta era una ocasión especial y no podía negarme a aquello.
-Y Ahora a esperar a que llegue la comida. – resoplé.
- Podríamos hablar. – sonrió de medio lado.
- Me parece Bien… ¿de qué hablamos?.
- Emm… podríamos…
- Cuéntame sobre ti. – le sonreí.
- Pues… no hay mucho que contar… - rió nervioso. – Nací en Leipzig y viví allí toda mi vida hasta que comencé con el trabajo… de un principio viajé sólo por Alemania. Seguimos por Europa… y ahora ya estamos en gi… viajes mundiales. – Eso era inmensamente genial.
- ¡Genial! Debe de ser fantástico estar de país en país. Viajando por el mundo y conociendo lugar nuevos… – el sonrió de medio lado.
- No es agradable vivir en hoteles, aviones y buses. Aunque, tampoco está mal…
- Eres un chico con mucha suerte.
- Eso creo. – suspiró.
- Me encantaría estar en tu posición.
- No cualquiera puede estar en mi posición.
- Creído. – le enseñé mi lengua juguetona.
- Quizás lo soy, es parte de mi vida. – dijo misterioso… y a decir verdad, esta conversación estaba llena de misterios Al parecer él hablaba de algo diferente a lo que yo hablaba... o quizás era lo mismo pero interpretado de diferentes maneras. Y si no… ¿Cómo explicaría esas respuestas un tanto extrañas? Nuevamente pensé que no se lo podía preguntar. No quería que se sintiese incómodo.
Estuvimos alrededor de diez minutos hablando sobre cosas extrañas, sin sentido y divertidas… Bill me parecía un chico muy agradable y era muy hablador. Antes no me había dado cuenta de ese don suyo, pero en cuanto tomamos un poco más de confianza comenzó a contarme anécdotas y cosas graciosas sobre él y Tom cuando eran pequeños. En sus relatos Tom no parecía tan desagradable como lo era a simple vista…
Comimos mientras reíamos y conversábamos con la voz un tanto fuerte, haciendo que la gente nos mirara. Creo que Bill estaba acostumbrado a la atención de la gente, por lo que no le importaba que le mirasen… esa sí que era una GRAN personalidad. Creo que yo estaba algo “cohibida”. Vamos, que yo soportaba que la gente me mirase... pero no todo el tiempo. Aunque creo que lo miraban más a él… y no me extraña porque era muy guapo.
Y aunque lo conociese desde hacía muy poco tiempo, era como si lo hubiese conocido de toda la vida y le tenía mucha confianza… no parecía una persona mentirosa. Aunque las apariencias a veces engañan.
- Debo… ir al baño. – reí. Él asintió mientras tragaba.
- No tardes.
- No lo haré. – le guiñé un ojo en broma.
Caminé por entre las mesas y entré por la puerta en la que había un cartel que decía que era para chicas. Entré dentro y cerré la puerta tras de mí.
Hice lo que debía hacer y después de eso me arreglé un poco el cabello, lavé mis manos y luego las sequé con mucho cuidado, no las quería dejar húmedas. Ya que luego me daba por secármelas en la ropa, una costumbre que tenía desde pequeña. Le sonreí al espejo un par de veces, siempre lo hacía. Luego busqué en mi bolso un labial transparente con brillo y me lo apliqué sobre mis labios. No quise dejar a Bill comiendo solo por más tiempo. Por lo que salí de allí. Empujé la puerta pero esta no se abrió. Lo intenté nuevamente, pero nada. Luego de eso me sentí tonta al darme cuenta de que se habría hacia adentro. Resoplé molesta conmigo mismo. A veces pensaba que estaba mal de la cabeza... aunque eso lo pasaba a cualquiera, ¿no?... caminé nuevamente por entre las mesas, pero Bill no estaba sólo… también había una chica.
Fruncí el
ceño y me mordí los labios. La chica estaba conversándole muy entusiasmada,
mientras él, con una encantadora sonrisa asentía con la cabeza. No se
percataron de mi presencia por lo que me hice a un lado y me escondí tras un
“árbol” que había dentro de una gran maseta de cerámica que me llegaba un poco
más abajo de la altura de la cintura. Miré por entremedio de las ramas, pude
ver como la chica se sentaba en mi silla y daba pequeños saltitos sobre esta
mientras le cogía las manos a Bill. Este se dejaba hacer y seguía con la misma
sonrisa amigable en su rostro. Apreté los puños y puse los ojos en blanco. ¿A
caso no se acordaba que había sido YO la que salía con él esta noche? Quizás
con cuantas chicas más había salido.- Cuéntame sobre ti. – le sonreí.
- Pues… no hay mucho que contar… - rió nervioso. – Nací en Leipzig y viví allí toda mi vida hasta que comencé con el trabajo… de un principio viajé sólo por Alemania. Seguimos por Europa… y ahora ya estamos en gi… viajes mundiales. – Eso era inmensamente genial.
- ¡Genial! Debe de ser fantástico estar de país en país. Viajando por el mundo y conociendo lugar nuevos… – el sonrió de medio lado.
- No es agradable vivir en hoteles, aviones y buses. Aunque, tampoco está mal…
- Eres un chico con mucha suerte.
- Eso creo. – suspiró.
- Me encantaría estar en tu posición.
- No cualquiera puede estar en mi posición.
- Creído. – le enseñé mi lengua juguetona.
- Quizás lo soy, es parte de mi vida. – dijo misterioso… y a decir verdad, esta conversación estaba llena de misterios Al parecer él hablaba de algo diferente a lo que yo hablaba... o quizás era lo mismo pero interpretado de diferentes maneras. Y si no… ¿Cómo explicaría esas respuestas un tanto extrañas? Nuevamente pensé que no se lo podía preguntar. No quería que se sintiese incómodo.
Estuvimos alrededor de diez minutos hablando sobre cosas extrañas, sin sentido y divertidas… Bill me parecía un chico muy agradable y era muy hablador. Antes no me había dado cuenta de ese don suyo, pero en cuanto tomamos un poco más de confianza comenzó a contarme anécdotas y cosas graciosas sobre él y Tom cuando eran pequeños. En sus relatos Tom no parecía tan desagradable como lo era a simple vista…
Comimos mientras reíamos y conversábamos con la voz un tanto fuerte, haciendo que la gente nos mirara. Creo que Bill estaba acostumbrado a la atención de la gente, por lo que no le importaba que le mirasen… esa sí que era una GRAN personalidad. Creo que yo estaba algo “cohibida”. Vamos, que yo soportaba que la gente me mirase... pero no todo el tiempo. Aunque creo que lo miraban más a él… y no me extraña porque era muy guapo.
Y aunque lo conociese desde hacía muy poco tiempo, era como si lo hubiese conocido de toda la vida y le tenía mucha confianza… no parecía una persona mentirosa. Aunque las apariencias a veces engañan.
- Debo… ir al baño. – reí. Él asintió mientras tragaba.
- No tardes.
- No lo haré. – le guiñé un ojo en broma.
Caminé por entre las mesas y entré por la puerta en la que había un cartel que decía que era para chicas. Entré dentro y cerré la puerta tras de mí.
Hice lo que debía hacer y después de eso me arreglé un poco el cabello, lavé mis manos y luego las sequé con mucho cuidado, no las quería dejar húmedas. Ya que luego me daba por secármelas en la ropa, una costumbre que tenía desde pequeña. Le sonreí al espejo un par de veces, siempre lo hacía. Luego busqué en mi bolso un labial transparente con brillo y me lo apliqué sobre mis labios. No quise dejar a Bill comiendo solo por más tiempo. Por lo que salí de allí. Empujé la puerta pero esta no se abrió. Lo intenté nuevamente, pero nada. Luego de eso me sentí tonta al darme cuenta de que se habría hacia adentro. Resoplé molesta conmigo mismo. A veces pensaba que estaba mal de la cabeza... aunque eso lo pasaba a cualquiera, ¿no?... caminé nuevamente por entre las mesas, pero Bill no estaba sólo… también había una chica.
Seguí mirando. La muy puta lo estaba abrazando por encima de la mesa. Pasando a llevar su camiseta con mi plato de comida… yo no comería de eso. A ver si luego se me pegaba lo estúpida.
Sentí como me ardía la sangre y como una rabia incontrolable se apoderaba de mí. No iba a admitir que eran celos... pero en el fondo si lo eran y yo lo sabía. Intenté calmarme, mientras hacía un gran esfuerzo por relajar los músculos de mis brazos y piernas, que estaba tensados por la rabia. Debía ir allí y sacar a esa zorra de…
- ¡Señorita!. – una voz me sacó de mis pensamientos de odio. Me di la vuelta enseguida con la peor cara que tenía. Miré al mozo muy molesta y luego me llevé el dedo índice de la mano izquierda a la boca.
- ¡Shht! – Él caballero me miró indignado, se acomodó el traje y siguió caminado con la bandeja hacia otra mesa que quedaba por allí cerca. Le di una patada al piso al ver de nuevo y comprobar que la chica seguía allí. Me quité las lentes que Bill me había pasado y las miré para comprobar que no tuviesen ningún tipo de manchas. Era estúpido, pero si quería parecer una chica “impresionante” debían estar relucientes... y así podría ahuyentar a esa zorra. Me las volví a poner y luego salí de mi escondite. Caminé lo más natural posible hasta la mesa. Bill se había dado cuenta de mi presencia, pero al parecer la chica no. Ya que seguía “elogiando” a Bill mientas le acariciaba las manos y jugaba con sus anillos. Que puta.
- Con permiso. – dije algo amable… no quería quedar mal con Bill. La chica no reaccionó. Siguió con su discurso e hizo caso omiso a mis palabras. – hey, este es mi asiento. - la chica tampoco respondía. – ¡Hey! – Bill dio un pequeño bote. Pero no le presté demasiada atención. El hecho de que esa chica me ignorara me había puesto con mucho mas mal humor del que tenía hace unos segundos. Le di unos toquecitos en la espalda. Entonces la chica pareció darse cuenta y se volteó a mirarme. – ¿podrías dejarme el lugar? – ella alzó una ceja.
- ¿Y tú quien te crees que eres? Ven en otro momento, yo estoy con él ahora.
- Pero... – que mal, la chica se había vuelto a voltear para mirar a Bill, había comenzado nuevamente ese discurso que a mí no me interesaba escuchar.
Puse los ojos en blando y resoplé. Una idea se me vino a la cabeza. Sería algo un poco inmaduro y probablemente no me haría quedar bien con Bill. Pero la rabia me cegaba.
Miré a ambos lados, asegurándome de que ningún mozo me estuviese mirando, cogí mi vaso a medio beber que estaba sobre la mesa, como supuse, ella no se dio cuenta.
No me molesté ni en avisar, ni en mirar a Bill… simplemente, sin previo aviso… el vaso se derramó accidentalmente sobre la espalda y el cabello de la chica mojándola por completo.
- ¡Ah! ¿¡Pero que…?! – se dio la vuelta hacia mí, soltando las manos de Bill bruscamente.
- ¡Ops!, lo siento... te he mojado. – me llevé la mano a la boca.

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