Capitulo
17
¿Y éste que se creía? ¡ME HABIA LLAMADO PUTA! Y es que aunque fuese el dueño del mundo NO podía llamarme así. Yo no era una puta. Yo no había hecho nada.
En ese momento sentí tanta rabia que pude sentir fuego en la garganta. Quería destrozar la puerta a patadas y matarlo a golpes. ¿A caso no tenía respeto por los demás? Era un estúpido. No me había escuchado. No había querido escuchar la explicación del asunto. ¡Genial! ¡Como todos los hombres! Se enojaba y no me hablaba. Bien. Él no me conocía, yo no lo conocía.
Quise irme de allí. Pero mis piernas no reaccionaban. Estaba aún parada frente a esa puerta de madera teñida de blanco. Con la punta de la nariz afirmada en ella y con los puños apretados por la rabia… que de no ser porque cuando una está enojada no duele nada, ya estaría dando saltos por el lugar mientras agitaba la mano y me quejaba por el dolor.
Quise saber qué estaría haciendo Bill allí adentro. Se habría puesto a ver
De pronto sentí como algo húmedo resbalaba por mi mejilla, no se despegaba de mi piel. Hasta llegar a mi cuello. Perfecto, lo único que faltaba era que me echase a llorar.
Me limpie la lágrima con violencia mientras daba un pequeña saltito producido por un sollozo.
Apreté los labios intentando no hacer ningún sonido… pero no podía. Otra lágrima… esto estaba mal. Me la sequé con la misma rapidez del anterior y me separé un paso de la puerta.
Miré a ambos lados del pasillo. No quería que nadie me viese… di otro pequeño saltito y solté un pequeño hipo. Esto iba de mal en peor… me llevé el puño cerrado a la boca y bajé la mirada, intentado esconder mi rostro en esa chaqueta de cuero de mi padre.
Y para cuando quise limpiarme nuevamente las lágrimas, mis mejillas ya estaba completamente humedecidas y mis manos ya no me servirían. Seguro tenía los ojos rojos.
De pronto caí en la cuenta de que seguía allí parada como una estúpida.
Le eche una última mirada a la puerta y comencé a caminar hacia el ascensor…
Me había llamado puta.
La palabra se repetía una y otra vez en mi mente. Bill ya no me quería... y quizás nunca lo había hecho.
Intenté no tragar aire, quizás así disminuían los sollozos... pero sólo conseguí un fuerte dolor en el pecho.
Y justo en el momento en que pasaba en frente de la habitación de Tom donde también estaba mi mejor amiga… la puerta se abrió y choqué con alguien.
Di un paso hacia atrás e intenté esquivar a ese alguien… pero ese alguien me habló haciendo que yo me detuviera en seco.
- Abril. – alce la mirada ligeramente y miré a Tom por entre mis húmedas pestañas. Intenté contestar pero sólo conseguí dar otro pequeño saltito. – ¿Qué ocurre? – su voz no tenía odio, ni nada que se le pareciera… estaba muy diferente que la de hace un rato. Intenté responder nuevamente, pero no lo conseguí. Por lo que volví a bajar la mirada avergonzada. Por entre la “neblina” de mis ojos pude distinguir mis zapatillas, y como una gota caía sobre ellas. – ¿está bien? – negué con la cabeza. Guardé mis manos en los bolsillos y me balanceé levemente hacia atrás… estaba comenzado a marearme. – vamos, entra. Amy sigue aquí. – posó su mano en mi espalda y me empujó hasta entrar en la habitación. Yo sólo me dejé llevar mientras me preguntaba como Tom podía ser tan amable conmigo… se suponía que él me odiaba sin motivo aparente.
- ¡Abril, cariño! ¿Qué ocurre? – La voz de Amy traspasó mis oídos. Tom despegó su mano de mi espalda y al instante sentí como unos delgados brazos me rodeaban… yo me abracé a mi mejor amiga y apoyé mi cara en su hombro.- ¿Pero qué…? – al parecer se dirigía a Tom, porque fue él quien respondió.
- No lo sé... estaba en el pasillo.
- Amiga, no llores. – me susurró. Yo negué con la cabeza... la cual ya me comenzaba a dar vueltas. Estaba harta de que esto me pasara.
Entonces Amy apoyó sus manos en mis hombros y me separó suavemente de ella. Yo continué con la mirada en mis zapatillas.
Entonces ella me cogió con una mano de la barbilla y me obligó a mirarla. Pero yo hice fuerza para no hacerlo. Yo gané, ella no lo consiguió.
- ¿Abril, qué ocurre…?- No respondí. Cada vez me mareaba mas y mas y mi estómago ya comenzaba a revolverse.
- Debe de haber sido por Bill. – soltó Tom de repente.
- O quizás se cayó en el pasillo. – opinó mi amiga. ¡Pero que estúpida era! ¡Yo no estaría llorando de esa manera por una simple caída!.
- No lo creo, Amy. Es por Bill ¿a que si, Abril? – Un sonido casi desgarrador salió de mi garganta... genial. Les había dado la confirmación. Amy me abrazó nuevamente.
- ¿Qué te ha hecho?
- A que eran novios y Bill la cortó. – nuevamente Tom dando su opinión.
- Ellos no eran novios, Tom. Ella me lo habría dicho. – sentí el resonar de sus palabras…
- Tienes razón, si hubiese sido así. Bill hubiese estado aún mas histérico que como lo est…. – se calló de repente. No había entendido nada. Y creo que él se había dado cuenta de que había metido la pata.
- ¿Cómo? – Tom no respondió. – Vamos, Tom, dímelo. – poco a poco las voces de ambos se ibas volviendo más lejanas y despacio.
- Es que Bill estaba…
- ¡Oh, Tom ayúdame! – fue lo último que escuché antes de que todo se volviera negro.
Abrí los ojos. Lo primero que vi fue el techo blanco de… en realidad no recordaba donde estaba.
Me incorporé con cuidado y descubrí que estaba en una cama. Miré a mi alrededor... era una habitación bastante lujosa y… vale, ya lo recordaba… estaba en el hotel. Por… dios, y es que… parecía de amanecida… un tenue luz entraba por la ventana abierta y nadie estaba allí conmigo.
Al instante recordé a Bill. Una horrible amargura me inundó. me sentía horrible. ¿Pero... por qué? Yo no tenía la culpa de nada… o eso era lo que yo pensaba.
Me refregué los ojos algo deprimida y justo en ese momento sentí algunos ruidos provenientes de una puerta a unos metros.
No pude evitar asustarme un poco. Di un brinco al sentir como le quitaban el cerrojo a la puerta... vi atentamente como el pomo se giraba y la puerta se abría…
Allí pareció Tom, quien me miraba con cara de sorpresa. ¡Tom!
Salió del baño sin dejar de mirarme y luego cerró la puerta nuevamente. Llevaba unos pantalones bastante sueltos y hacia arriba no traía nada.
Me sonrió de medio lado
y se acercó, sentándose frente a mí en la cama.
Me miró, yo lo meré... y él me siguió mirando.
- ¿Qué pasó? – hablé de repente.
- Te desmayaste.
- Oh… - fue mi única respuesta. – ¿Cuanto llevo aquí?
- Am… o mucho. Todo el día y la noche. Tienes el sueño pesado. – abrí los ojos como platos. – Amy ya se fue. Su madre la llamó anoche. – dios, ¡mi madre! Ella no sabía, yo no le había avisado… y... ¡y mi moto! Seguía allí afuera. Esto era un verdadero caos.
- ¿Qué? Tengo que irme de aquí. – hice el ademán de levantarme pero Tom me detuvo cogiéndome de un brazo y volviéndome a sentar sobre la cama.
- Ayer estuviste con Bill. – Que directo... su voz no había sido nada prepotente pero igualmente me hizo sentir mal
- Si. – respondí algo insegura.
- ¿Te hizo algo malo?
- P… pues… - me quedé callada. No sabía que responder.
- ¿Qué hablaste con él ayer? ¿Te gritó? – ¿y él como sabía eso? quizás como eran gemelos se lo debió de haber contado… pero no supe en qué momento. Bajé la mirada y comencé a jugar con las sábanas de la cama. – Él no sabe que estás aquí. Si quieres puedes contármelo. Ya que él no dejó que le explicaras como fue que... – Me señaló el cuello. Lo miré. ¿Por qué estaba tan... amable y comprensivo? – yo puedo hablar con él luego.
Me miró, yo lo meré... y él me siguió mirando.
- ¿Qué pasó? – hablé de repente.
- Te desmayaste.
- Oh… - fue mi única respuesta. – ¿Cuanto llevo aquí?
- Am… o mucho. Todo el día y la noche. Tienes el sueño pesado. – abrí los ojos como platos. – Amy ya se fue. Su madre la llamó anoche. – dios, ¡mi madre! Ella no sabía, yo no le había avisado… y... ¡y mi moto! Seguía allí afuera. Esto era un verdadero caos.
- ¿Qué? Tengo que irme de aquí. – hice el ademán de levantarme pero Tom me detuvo cogiéndome de un brazo y volviéndome a sentar sobre la cama.
- Ayer estuviste con Bill. – Que directo... su voz no había sido nada prepotente pero igualmente me hizo sentir mal
- Si. – respondí algo insegura.
- ¿Te hizo algo malo?
- P… pues… - me quedé callada. No sabía que responder.
- ¿Qué hablaste con él ayer? ¿Te gritó? – ¿y él como sabía eso? quizás como eran gemelos se lo debió de haber contado… pero no supe en qué momento. Bajé la mirada y comencé a jugar con las sábanas de la cama. – Él no sabe que estás aquí. Si quieres puedes contármelo. Ya que él no dejó que le explicaras como fue que... – Me señaló el cuello. Lo miré. ¿Por qué estaba tan... amable y comprensivo? – yo puedo hablar con él luego.
- Me vio esto. – dije
tras pensar un poco mientras llevaba la mano a mi cuello y señalaba la mancha
que supuse seguí allí.
- Oh… fue un tal Mark, ¿no? Es el hermano de Amy. – eso me sorprendió bastante. ¿Cómo es que sabía todo eso? ¿Habían hablado Bill, Tom y Amy mientras yo dormía? Negué con la cabeza rápidamente.
- No. – dije firme.
- ¿Entonces quien ha sido? ¿un chico? – negué nuevamente.
- Mi hermana pequeña.
- ¿Qué? – dijo abriendo los ojos como platos.
- Ese día ella creía que era un perro… o algo así. – dije mientras sentía como se me subía el color a las mejillas.
- ¿Entonces tu hermana es todo el problema? – ¿y él cómo se había enterado del problema? ¿Es que no podía tener un poco de privacidad en mi vida, en mis problemas?
- ¿Y tú como sabes del problema?
- Bill me…
- Ese chico tiene la boca más grande que la de un hipopótamo. – puse los ojos en blanco y me levanté nuevamente de la cama. Esta vez Tom no me detuvo.
- ¿Por qué no se lo dijiste?
- No me dio la oportunidad de hacerlo. – busqué con la mirada la chaqueta. La divisé a los pies de la cama. Me acerqué a ella y la cogí.
- ¿Ahora te irás? ¿No hablarás con él? – Me detuve un instante y lo miré hace un momento estaba completamente decidida de que me iría de allí cuanto antes... pero ahora…
- Oh… fue un tal Mark, ¿no? Es el hermano de Amy. – eso me sorprendió bastante. ¿Cómo es que sabía todo eso? ¿Habían hablado Bill, Tom y Amy mientras yo dormía? Negué con la cabeza rápidamente.
- No. – dije firme.
- ¿Entonces quien ha sido? ¿un chico? – negué nuevamente.
- Mi hermana pequeña.
- ¿Qué? – dijo abriendo los ojos como platos.
- Ese día ella creía que era un perro… o algo así. – dije mientras sentía como se me subía el color a las mejillas.
- ¿Entonces tu hermana es todo el problema? – ¿y él cómo se había enterado del problema? ¿Es que no podía tener un poco de privacidad en mi vida, en mis problemas?
- ¿Y tú como sabes del problema?
- Bill me…
- Ese chico tiene la boca más grande que la de un hipopótamo. – puse los ojos en blanco y me levanté nuevamente de la cama. Esta vez Tom no me detuvo.
- ¿Por qué no se lo dijiste?
- No me dio la oportunidad de hacerlo. – busqué con la mirada la chaqueta. La divisé a los pies de la cama. Me acerqué a ella y la cogí.
- ¿Ahora te irás? ¿No hablarás con él? – Me detuve un instante y lo miré hace un momento estaba completamente decidida de que me iría de allí cuanto antes... pero ahora…
- Si. – dije firme. No
me haría cambiar de opinión. Me puse la chaqueta mientras soltaba un bufido.
- Deberías hablar con él. Explícale lo ocurrido, quizás hoy...
- No tengo nada que explicar. – suspiré. – ya no nos conocemos. – dije a recordar sus palabras.
- Pero…
- Le das saludos. Adiós, Tom. – le sonreí de medio lado y me encaminé hacia la puerta. La abrí pesadamente y salí de la habitación arrastrando los pies… quería llorar.
- Deberías hablar con él. Explícale lo ocurrido, quizás hoy...
- No tengo nada que explicar. – suspiré. – ya no nos conocemos. – dije a recordar sus palabras.
- Pero…
- Le das saludos. Adiós, Tom. – le sonreí de medio lado y me encaminé hacia la puerta. La abrí pesadamente y salí de la habitación arrastrando los pies… quería llorar.
No me molesté en dejar
la moto en el garaje. Simplemente me limité a salirme de encima de ella, sacarme
el casco y la enorme chaqueta. Dejé todo eso en la entrada de casa y me
apresuré en sacar las llaves de mi bolso para abrir la puerta.
Al no encontrarlas, suspiré cansada y piqué al timbre…
Pero al pasar los minutos y al intentarlo una y otra vez, me di cuenta de que no había nadie. Genial, seguro habían salido o algo.
Saqué el móvil de mi bolsillo y en la pantalla salía un sobre de esos de los mensajes. Lo abrí para luego leer el contenido:
Hija, al ver que no llegabas viajamos a Paris, tu tía está muy mal y la veremos en el hospital. Hay dinero en el lugar que tu sabes… volveremos en cinco días. No destroces la casa y no hagas nada malo.
Te quiere, mamá.
Me volví a echar el móvil al bolsillo. No me habían esperado… y eso era genial. Porque no me llevaría un castigo por no haber avisado que no llegaría, y podría estar en paz los siguientes cinco días.
Rodeé la casa hasta llegar a la ventana de la cocina, e hice un esfuerzo sobre humano para subirme en el borde... por suerte estaba abierta.
No pude evitar recordar la última vez que esto me había ocurrido. Bill había estado conmigo…
Negué con la cabeza intentando no pensar en ello y salté hacia el otro lado.
Me sorprendí al darme cuenta de que por ese poco esfuerzo que había hecho, me había agotado un montón. Ahora respiraba muy agitadamente y el corazón me latía a mil por minuto.
Me acerqué, cogí un vaso que se estaba lleno de jugo allí y lo lavé. Para luego llenarlo de agua y beber un poco.
Creo que mi estado de salud había empeorado demasiado este último mes. Pero le tenía terror a los hospitales y yo no iría a uno.
Llené el vaso nuevamente y respiré profundo. Ya no sentía el molestar en el pecho, pero si unas enormes nauseas.
Decidí recostarme un rato. Salí de la cocina y me dirigí al salón. Una vez allí cogí el control dela TV y la encendí. La dejé en el
mismo canal en que estaba, me recosté en el sillón y cerré los ojos.
Al no encontrarlas, suspiré cansada y piqué al timbre…
Pero al pasar los minutos y al intentarlo una y otra vez, me di cuenta de que no había nadie. Genial, seguro habían salido o algo.
Saqué el móvil de mi bolsillo y en la pantalla salía un sobre de esos de los mensajes. Lo abrí para luego leer el contenido:
Hija, al ver que no llegabas viajamos a Paris, tu tía está muy mal y la veremos en el hospital. Hay dinero en el lugar que tu sabes… volveremos en cinco días. No destroces la casa y no hagas nada malo.
Te quiere, mamá.
Me volví a echar el móvil al bolsillo. No me habían esperado… y eso era genial. Porque no me llevaría un castigo por no haber avisado que no llegaría, y podría estar en paz los siguientes cinco días.
Rodeé la casa hasta llegar a la ventana de la cocina, e hice un esfuerzo sobre humano para subirme en el borde... por suerte estaba abierta.
No pude evitar recordar la última vez que esto me había ocurrido. Bill había estado conmigo…
Negué con la cabeza intentando no pensar en ello y salté hacia el otro lado.
Me sorprendí al darme cuenta de que por ese poco esfuerzo que había hecho, me había agotado un montón. Ahora respiraba muy agitadamente y el corazón me latía a mil por minuto.
Me acerqué, cogí un vaso que se estaba lleno de jugo allí y lo lavé. Para luego llenarlo de agua y beber un poco.
Creo que mi estado de salud había empeorado demasiado este último mes. Pero le tenía terror a los hospitales y yo no iría a uno.
Llené el vaso nuevamente y respiré profundo. Ya no sentía el molestar en el pecho, pero si unas enormes nauseas.
Decidí recostarme un rato. Salí de la cocina y me dirigí al salón. Una vez allí cogí el control de
Desperté cuando ya era de noche. Sentía como su una mano estuviese dentro de mi cráneo exprimiéndome el cerebro. Abrí los ojos con lentitud y me di cuenta de que
Me levanté de allí y con las manos aún puestas en la cabeza, caminé hacia la cocina.
Busqué en uno de los mueble algo que me sirviera para quitar el malestar. Los ojos me ardían y sentía los labios demasiado calientes... aunque tenía frío.
Me tomé una pastilla. Con eso seguro se me quitaba.
Luego me preparé un leche de chocolate con unas tostadas con dulce de mora y me los llevé al salón.
Allí me senté en el sillón nuevamente y me acomodé de manera que la leche no se diese vuelta.
Alargué la mano hacia el control y le di más volumen a la TV.
Dirigí mi vista hacia la pantalla y suspiré…
Estaban dando un video musical de hip hop. No estaba mal…
De pronto el video terminó y algo que llamó mucho mas mi atención apareció allí.
Una foto, o mas bien, una especie de foto roja con sombras, similares a la del disco de Tokio Hotel. Y si, lo era…
Por que luego, en unas letras gigantes, apareció el nombre y comenzó a sonar una de las canciones… “scream” o algo así.
Puse más atención en el momento que una voz comenzó a anunciar unas cuantas fechas.
En la pantalla apareció en blanco un cuadro. El primer cuadro ya estaba tachado, y habían otro tres sin tachar. El segundo estaba marcado en rojo…
Mañana. Si, mañana en la noche sería el último concierto de Tokio hotel aquí en Marsella. Luego habrían dos en Paris.
No supe la razón, ni el por qué. Pero me aterró la idea de que Bill se fuera.
Fijé la vista en
Sentí como la angustia comenzaba a apoderarse de mí. Busqué rápidamente el control y apagué la TV. Ahora todo estaba completamente oscuro.
Dejé el tazón de leche y as tostadas a medio comer a un lado y me dejé caer de lado sobre el sillón.
Abracé mis propias rodillas y hundí mi cara en ellas. Haciendo una fuerte presión en mis ojos. No quería llorar. No quería llorar por él.
Intentaba convencerme a mi misma de que esta angustia no era por Bill, pero en el fondo sabía que si lo era. Que era por él. Por mí. Por todo… porque yo lo amaba y lo sabía. Sentía como mis ojos se humedecían y mi respiración comenzaba a hacerse más costosa… y justo en el momento que creía soltar un sollozo… me vi asustada, dando un leve brinco en el sillón.
Era mi móvil. Metí la mano en mi bolsillo y lo saqué.
Me refregué los ojos con
una de mis manos para intentar leer, ya que tenía la vista borrosa... a demás,
si le añadimos que mis ojos no estaban acostumbrados a aquella luz porque todo
estaba oscuro…
La cosa es que entre la “neblina” pide divisar el nombre de Bill.
Genial. Justo lo que necesitaba.
Debatí interiormente entre contestar o no… ¿y si sólo llamaba para burlarse de mí? ¿Y si me quería pedir disculpas?
Terminé por darle al botón verde y acercar el móvil a mi oído.
Del otro lado pude escuchar una respiración y unas cuantas risas un poco más alejadas.
- ¿Hola? – silencio... o más bien nadie me contestó… Porque las risas no eran para nada silenciosas que digamos. Esperé en silencio a que él contestara. Pero sólo escuchaba una respiración demasiado cerca, y me dañaba el oído. – ¿Hola? – volví a repetir. Mas silencio… resoplé. Estaba lista para colgar cuando de pronto escuché mi nombre del oro lado…
- Abril. – era más bien un murmullo. Quise contestar. Pero es que en ese momento me sentí tan feliz, que no pude hacerlo. Algo me hizo cosquillas en el estómago y me dieron ganar de ponerme a gritar como una histérica.
- ¡Hey, Bill! Deja eso y ven aquí. – escuché eso seguido de mas y mas risas. Por suerte la voz había sido de un chico.
- A... adiós.-Volvió a murmurar.
- ¿Pero qué? ¡Hey, no me cor…! - esto era genial. Me había cortado.
La cosa es que entre la “neblina” pide divisar el nombre de Bill.
Genial. Justo lo que necesitaba.
Debatí interiormente entre contestar o no… ¿y si sólo llamaba para burlarse de mí? ¿Y si me quería pedir disculpas?
Terminé por darle al botón verde y acercar el móvil a mi oído.
Del otro lado pude escuchar una respiración y unas cuantas risas un poco más alejadas.
- ¿Hola? – silencio... o más bien nadie me contestó… Porque las risas no eran para nada silenciosas que digamos. Esperé en silencio a que él contestara. Pero sólo escuchaba una respiración demasiado cerca, y me dañaba el oído. – ¿Hola? – volví a repetir. Mas silencio… resoplé. Estaba lista para colgar cuando de pronto escuché mi nombre del oro lado…
- Abril. – era más bien un murmullo. Quise contestar. Pero es que en ese momento me sentí tan feliz, que no pude hacerlo. Algo me hizo cosquillas en el estómago y me dieron ganar de ponerme a gritar como una histérica.
- ¡Hey, Bill! Deja eso y ven aquí. – escuché eso seguido de mas y mas risas. Por suerte la voz había sido de un chico.
- A... adiós.-Volvió a murmurar.
- ¿Pero qué? ¡Hey, no me cor…! - esto era genial. Me había cortado.
Alejé el móvil de mi
oído y lo lancé al piso.
Se estaba riendo de mí. Eso era seguro. Y lo peor es que yo... me había “ilusionado”. Lo sé, soy una estúpida.
De pronto ya no tenía hambre y lo único que deseaba en ese momento era morir. Si, morir. Pero no cometería el mismo error de nuevo. Esta vez no sería tan idiota.
Me levanté y caminé entre la oscuridad hasta llegar a la puerta de salida.
Cogí un abrigo, no me importó cual, de uno de los que estaban colgados sobre el lugar donde se dejaban los paraguas.
Me lo colgué al brazo y salí de casa. Supuse que sería más de media noche. Comencé a caminar hacia mi “patio trasero”. Me tomé mi tiempo en subir toda la colina que me llevaba hacia ese enorme árbol. Ese árbol donde yo había estado con Bill hacía un tiempo. Cuando le había dado la cadena. O más bien prestado.
Medité sobre mis cosas mientras caminaba. Decidí que desde ese momento me dejaría llevar por la marea. Esa marea que moldeaba mi vida a su antojo. Ya no lucharía para que todo fuese mejor. Ya no podía ser mejor.
De pronto mi familia había pasado a segundo plano y todo mi mundo se había concentrado en una sola persona. En esa persona…
Y es que justo tuvo que se él. ¿A caso no podía ser alguien más a mi alcance?
Se estaba riendo de mí. Eso era seguro. Y lo peor es que yo... me había “ilusionado”. Lo sé, soy una estúpida.
De pronto ya no tenía hambre y lo único que deseaba en ese momento era morir. Si, morir. Pero no cometería el mismo error de nuevo. Esta vez no sería tan idiota.
Me levanté y caminé entre la oscuridad hasta llegar a la puerta de salida.
Cogí un abrigo, no me importó cual, de uno de los que estaban colgados sobre el lugar donde se dejaban los paraguas.
Me lo colgué al brazo y salí de casa. Supuse que sería más de media noche. Comencé a caminar hacia mi “patio trasero”. Me tomé mi tiempo en subir toda la colina que me llevaba hacia ese enorme árbol. Ese árbol donde yo había estado con Bill hacía un tiempo. Cuando le había dado la cadena. O más bien prestado.
Medité sobre mis cosas mientras caminaba. Decidí que desde ese momento me dejaría llevar por la marea. Esa marea que moldeaba mi vida a su antojo. Ya no lucharía para que todo fuese mejor. Ya no podía ser mejor.
De pronto mi familia había pasado a segundo plano y todo mi mundo se había concentrado en una sola persona. En esa persona…
Y es que justo tuvo que se él. ¿A caso no podía ser alguien más a mi alcance?
Pero como siempre el
destino es cruel. Es una cosa que no merece tener el nombre de destino. Pues,
nunca estás conforme con él. Nunca estás conforme con lo que te toca vivir. Pues
el destino no es generoso y no te da lo que deseas.
Tenía un lío en la cabeza…
Llegué hasta el árbol.
Me senté en la hierba y apoyé mi espalda en el enorme tronco… Bill me había besado aquí. Lo recordaba como si hubiese sido ayer.
Cubrí mi cuerpo con el abrigo de piel de mi madre. Me cubrí hasta el cuello, para no tener frío… y luego subí la vista hasta toparme con las estrellas…
Como lo había supuesto ese día, se veía un hermoso paisaje nocturno… el cielo negriazul y esas pequeñas “luces” incrustadas en él… con la media luna brillando casi tanto como el sol por él día… tan blanca y… dios, la envidiaba. Que tonta.
Intenté no pestañar. No tenía sueño y no quería perderme de semejante hermosura. La noche estaba hermosa.
Contemplaba todo los ojos nublados. Por las lágrimas... hoy había llorado un montón de veces. Aunque deben tener en cuenta que mi “hoy” era desde ese día en que fui a ver a Bill al hotel.
Me acurruqué aún más en el abrigo. Necesitaba a alguien para llorar. Para abrasar.
Lloré en silencio…
Tenía un lío en la cabeza…
Llegué hasta el árbol.
Me senté en la hierba y apoyé mi espalda en el enorme tronco… Bill me había besado aquí. Lo recordaba como si hubiese sido ayer.
Cubrí mi cuerpo con el abrigo de piel de mi madre. Me cubrí hasta el cuello, para no tener frío… y luego subí la vista hasta toparme con las estrellas…
Como lo había supuesto ese día, se veía un hermoso paisaje nocturno… el cielo negriazul y esas pequeñas “luces” incrustadas en él… con la media luna brillando casi tanto como el sol por él día… tan blanca y… dios, la envidiaba. Que tonta.
Intenté no pestañar. No tenía sueño y no quería perderme de semejante hermosura. La noche estaba hermosa.
Contemplaba todo los ojos nublados. Por las lágrimas... hoy había llorado un montón de veces. Aunque deben tener en cuenta que mi “hoy” era desde ese día en que fui a ver a Bill al hotel.
Me acurruqué aún más en el abrigo. Necesitaba a alguien para llorar. Para abrasar.
Lloré en silencio…
Y así me quedé. Pensando
en mis cosas, en Bill. Bill era mi único tema y es que… cuando conoces a un
chico como él, no puedes pensar en otra cosa… quizás que sería de mi en los
próximos años. Cuando él no estuviese conmigo y se olvidara que alguna vez conoció
a una chica llamada Abril en la ciudad de Marsella, Francia. Y yo me pasara los
todo el resto de mis días pensado en un chico llamado Bill, vocalista de una
exitosa banda Alemana. Un final muy cruel, ¿no?
Y es que hoy estaba muy pesimista y ya empezaba a inventarme todo tipo de cuentos.
Cuando el sol ya comenzaba a alumbrar por entre los montes que se extendían frente a mí, fue el momento en que me vi vencida por el sueño. Cerré los ojos y pensado en ese chico… me dormí.
Y es que hoy estaba muy pesimista y ya empezaba a inventarme todo tipo de cuentos.
Cuando el sol ya comenzaba a alumbrar por entre los montes que se extendían frente a mí, fue el momento en que me vi vencida por el sueño. Cerré los ojos y pensado en ese chico… me dormí.
Desperté cuando el sol ya estaba en lo alto del cielo. No sentía frío. Sólo un fuerte dolor de cabeza y mareos, nuevamente. Ojala no hubiese tomado un resfrío por haberme quedado allí toda la noche.
Me levanté costosamente, los ojos me ardían y me costaba mirar hacia el cielo. Me estiré y bostecé hasta lograr estar un poco mas despierta como para conseguir llegar hasta mi casa sin dormirme en el camino y me quité el abrigo.
Me levanté y lo doble cuidadosamente para luego colgarlo en mi brazo.
Dios, me sentía sucia... no me cambiaba de ropa desde hacía días y quizás estaba comenzado a apestar.
Aproveché ese momento para meter mi mano en el bolsillo trasero de mi pantalón y sacar la cadena que me había guardado el día que Bill me la había venido a entregar.
La dejé caer sobre la hierba, junto al tronco del árbol y comencé a caminar colina abajo…
Una vez llegar a mi casa y darme cuenta de que no había traído llaves, tuve que volver sobre mis pasos hasta la ventana de la cocina y hacer lo mismo que la noche anterior.
Me duché y vestí rápidamente, con lo primero que encontré y no me molesté en tan siquiera secar mi cabello.
Alrededor de las cuatro y treinta de la tarde ya había tomado un remedio para los malestares que sentía y estaba cómodamente viendo la TV, en el mismo sillón de anoche. Sólo que esta vez, por alguna extraña razón estaba feliz. Y tenía un buen presentimiento. Algo bueno pasaría y de eso estaba segura.
Como no tenía apetito, no me molesté en comprar comida. Creo que estaba un poco más delgada, pero las ganas de comer no me llegaban ni por si acaso.
Mientras cambiaba el canal de
Inspeccioné el lugar con la mirada y suspiré aliviada, bueno no tan aliviada al encontrarlo desarmado a los pies del sillón.
Me agaché y cogí todas las piezas para luego intentar armarlo nuevamente. Fracasé a la primera, puesto a que me había sobrado una pieza... y dios, es que mamá me mataba si se enteraba de esto…
Por lo que lo desarmé nuevamente y logré armarlo bien, según yo. Después de todo, nadie me mandaba a empotrar el móvil contra el piso.
Lo encendí y tuve que esperar un par de minutos para que comenzara a andar bien. Luego de eso… llegó un mensaje de texto.
Lo abrí y comencé a leer en voz alta.
- Tienes una llama… - fui interrumpida por otro mensaje en la pantalla. Decidí abrir ese nuevamente, pero enseguida llegó otro. Intenté hacer lo mismo, le di al botón para leer. Pero apareció otro mensaje.
Y otro, y otro, y unos veinte más por lo mínimo.
Cuando ya me hube asegurado de que no llegarían más, abrí el último.
Y esta vez leí sólo para mi, en mi mente… claro.
“Usted tiene una llamada perdida de: Bill”…
Abrí los ojos como platos y el corazón se me comenzó a apresurar. Leí la hora y la fecha, había sido hoy por la mañana…
Seguí leyendo los anteriores, todos decían lo mismo, sólo que con horas muy distintas…
El primer mensaje que no había alcanzado a leer tenía la hora de las cinco de la madrugada, de este mismo día ¿Pero quién llamaría a alguien a esa hora?
Definitivamente Bill estaba loco.
Me pregunté si llamarle o no ¿me contestaría? pero es que la duda era tan grande que… dios. Tenía unas enormes ganas de llamarlo y preguntarle qué ocurría… o tendría que estampar nuevamente el móvil contra el suelo o anda a saber yo donde caía esta vez.
Suspiré y dejé el móvil a un lado para seguir cambiando los canales de la TV. Pero justo en ese momento volvió a sonar.
Lo cogí sin siquiera ver
quién era y le di al botón verde a la velocidad de la luz. Me lo llevé al oído
en menos de un segundo, para luego decir…:
- ¿Hola?.
-No hubo contestación. Sólo una respiración. Similar a la de anoche.
- ¿Hola? – volví a repetir otra vez aún maás confusa… escuché un resoplido del otro lado y luego una voz un tanto lejana.
- ¡Eh! Que el ensayo continúa. El concierto es esta noche.. Era la voz de alguien mayor, de eso estaba segura…
Si, lo había olvidado. El concierto de los chicos era esta noche. Era el último aquí en Marsella y luego se irían a Paris. Un lugar muy lejos de mi alcance.
- ¿¡Hola!? – volví a repetir. Escuche otro resoplido y luego un “ya v…” que supuse sería: Ya voy. Me cortaron.
Miré en el móvil quien había sido... Bill, como lo sospechaba y era obvio.
Esta vez la del resoplido fui yo. Dejé el aparato a un lado y me concentré en ver esa peli que había encontrado. Un asco de verdad… pero lo que más quería era dejar de pensar en Bill y en ese mal entendido que teníamos. El cual no se solucionaría jamás, ya que él se iría a Paris. Y como dije anteriormente, me olvidaría… así como se olvida a una mascota que te duró sólo un día, porque se te escapó y ya no la encontraste… a la cual, cuando raramente la recuerdas, la recuerdas con gracia y chiste.
La tarde se me pasó demasiado lenta para mi gusto.
Para el final del día me entretuve limpiando un poco la casa. No era algo que yo hiciera comúnmente.
- ¿Hola?.
-No hubo contestación. Sólo una respiración. Similar a la de anoche.
- ¿Hola? – volví a repetir otra vez aún maás confusa… escuché un resoplido del otro lado y luego una voz un tanto lejana.
- ¡Eh! Que el ensayo continúa. El concierto es esta noche.. Era la voz de alguien mayor, de eso estaba segura…
Si, lo había olvidado. El concierto de los chicos era esta noche. Era el último aquí en Marsella y luego se irían a Paris. Un lugar muy lejos de mi alcance.
- ¿¡Hola!? – volví a repetir. Escuche otro resoplido y luego un “ya v…” que supuse sería: Ya voy. Me cortaron.
Miré en el móvil quien había sido... Bill, como lo sospechaba y era obvio.
Esta vez la del resoplido fui yo. Dejé el aparato a un lado y me concentré en ver esa peli que había encontrado. Un asco de verdad… pero lo que más quería era dejar de pensar en Bill y en ese mal entendido que teníamos. El cual no se solucionaría jamás, ya que él se iría a Paris. Y como dije anteriormente, me olvidaría… así como se olvida a una mascota que te duró sólo un día, porque se te escapó y ya no la encontraste… a la cual, cuando raramente la recuerdas, la recuerdas con gracia y chiste.
La tarde se me pasó demasiado lenta para mi gusto.
Para el final del día me entretuve limpiando un poco la casa. No era algo que yo hiciera comúnmente.
Pero aprovechando que
nadie me miraba y que quería dejar de pensar por el resto de mi vida, lo hice.
Y así fue como la casa quedó completamente reluciente y yo muy cansada.
Me lancé en el sillón nuevamente mientras sentía como el dolor de cabeza y las nauseas se apoderaban nuevamente de mi. Me levanté con cuidado, me mareé un poco al hacerlo... comencé a caminar hacia la cocina.
Pero antes de entrar me di cuenta de que había una gota roja en el suelo.
Sangre. Pensé al instante... miré hacia atrás y un caminito de pequeñas gotas me seguía.
Me llevé la mano a la nariz como una reacción automática. Y comencé a “correr” hacia el baño. Chocándome con las paredes y manchando el piso encerado hace poco.
Para cuando logré detener la hemorragia e miré al espejo, aún con un poco de papel higiénico en la nariz. Por primera vez creí darle la razón a Bill de cuando él me había dicho: Estás amarilla. Si mal no lo recuerdo... yo me había burlado de su comentario. Ahora veía que estaba en lo cierto y me asusté un poco. Parecía un Simpson.
Acerqué mi cara al espejo e hice lo que tantas veces mi madre me había hecho cuando yo era pequeña.
La parte de abajo de mi ojo, la tiré con cuidado dejando ver la delicada piel de dentro.
Como lo suponía, estaba blanco y no de rojo. Estaba enferma... pero no sabía de qué.
Y así fue como la casa quedó completamente reluciente y yo muy cansada.
Me lancé en el sillón nuevamente mientras sentía como el dolor de cabeza y las nauseas se apoderaban nuevamente de mi. Me levanté con cuidado, me mareé un poco al hacerlo... comencé a caminar hacia la cocina.
Pero antes de entrar me di cuenta de que había una gota roja en el suelo.
Sangre. Pensé al instante... miré hacia atrás y un caminito de pequeñas gotas me seguía.
Me llevé la mano a la nariz como una reacción automática. Y comencé a “correr” hacia el baño. Chocándome con las paredes y manchando el piso encerado hace poco.
Para cuando logré detener la hemorragia e miré al espejo, aún con un poco de papel higiénico en la nariz. Por primera vez creí darle la razón a Bill de cuando él me había dicho: Estás amarilla. Si mal no lo recuerdo... yo me había burlado de su comentario. Ahora veía que estaba en lo cierto y me asusté un poco. Parecía un Simpson.
Acerqué mi cara al espejo e hice lo que tantas veces mi madre me había hecho cuando yo era pequeña.
La parte de abajo de mi ojo, la tiré con cuidado dejando ver la delicada piel de dentro.
Como lo suponía, estaba blanco y no de rojo. Estaba enferma... pero no sabía de qué.
A lo mejor se me quitaba
con el tiempo. Porque yo no iría a un hospital. Aunque me amarrasen con cadenas
y candados... no lo haría.
Me eché hacia atrás nuevamente y me observé con detenimiento otra vez. “No es nada” me convencí a mí misma”.
Me quité el papel de sobre la nariz y lo tiré en el inodoro.
Me preocupé de limpiar muy bien la casa esa noche. O mas buen, la alfombra y el suelo. No quería que mis padres viesen eso… o peor aún. Si Alexa veía sangre se pondría como una loca.
Cerca de las 9:30 yo ya estaba en pijamas dando vueltas por la casa. Me sentía un poco mejor. Gracias a los milagrosos remedios.
Encendíla
TV sin nada que hacer y le puse en uno de esos canales de
música. Quería ver si…
…Y así era. Estaban mostrando el concierto de Tokio Hotel.
En vivo.
Me acerqué aún más a la pantalla y le di todo el volumen. Me arrodillé frente a ella e intenté no parpadear para no perderme nada... era genial. Extremadamente espectacular. Y es que tenía unas ganas de estar allí…
No me di cuenta cuando ya estaba con la boca abierta mirando a “mi Bill” cantando sobre el escenario... que aunque ya “no lo conociese”, sabía que lo amaba. Eso era seguro. Bueno, sólo yo y mi padre lo sabíamos… a parte de ese árbol, el viento, la hierba y esas cosas sin vida que están en cierto cerro donde yo alguna vez había gritado a los cuatro vientos que amaba a cierto vocalista de una exitosa banda Alemana.
Me eché hacia atrás nuevamente y me observé con detenimiento otra vez. “No es nada” me convencí a mí misma”.
Me quité el papel de sobre la nariz y lo tiré en el inodoro.
Me preocupé de limpiar muy bien la casa esa noche. O mas buen, la alfombra y el suelo. No quería que mis padres viesen eso… o peor aún. Si Alexa veía sangre se pondría como una loca.
Cerca de las 9:30 yo ya estaba en pijamas dando vueltas por la casa. Me sentía un poco mejor. Gracias a los milagrosos remedios.
Encendí
…Y así era. Estaban mostrando el concierto de Tokio Hotel.
En vivo.
Me acerqué aún más a la pantalla y le di todo el volumen. Me arrodillé frente a ella e intenté no parpadear para no perderme nada... era genial. Extremadamente espectacular. Y es que tenía unas ganas de estar allí…
No me di cuenta cuando ya estaba con la boca abierta mirando a “mi Bill” cantando sobre el escenario... que aunque ya “no lo conociese”, sabía que lo amaba. Eso era seguro. Bueno, sólo yo y mi padre lo sabíamos… a parte de ese árbol, el viento, la hierba y esas cosas sin vida que están en cierto cerro donde yo alguna vez había gritado a los cuatro vientos que amaba a cierto vocalista de una exitosa banda Alemana.
Los minutos se me
pasaron volando y para cuando terminó yo ya tenía una cara de “un poco más por
favor”. Pero de nada servía pedirle más a una televisión.
Le cambié el canal enseguida. Al siguiente… y que sorpresa me llevé cuando escuché el nombre de la banda: Tokio Hotel.
Retrocedí unos cuantos pasos y me fui a sentar nuevamente en el sillón. Abracé uno de los cojines y le presté atención.
Por lo que alcancé a oír, estaban esperando a los chicos para una entrevista.
Interesante... fue la única palabra que se me pasó por la mente.
Al llegar los chicos, los flashes se comenzaron a ver por todas partes. Les acercaron micrófonos y mas que algún grito se podía oír.
Las primeras preguntas eran sobre el país. Como ellos veían a Francia, Marsella y ese tipo de cosas.
Pero como siempre, las preguntas personales y privadas no pueden faltar:
Le cambié el canal enseguida. Al siguiente… y que sorpresa me llevé cuando escuché el nombre de la banda: Tokio Hotel.
Retrocedí unos cuantos pasos y me fui a sentar nuevamente en el sillón. Abracé uno de los cojines y le presté atención.
Por lo que alcancé a oír, estaban esperando a los chicos para una entrevista.
Interesante... fue la única palabra que se me pasó por la mente.
Al llegar los chicos, los flashes se comenzaron a ver por todas partes. Les acercaron micrófonos y mas que algún grito se podía oír.
Las primeras preguntas eran sobre el país. Como ellos veían a Francia, Marsella y ese tipo de cosas.
Pero como siempre, las preguntas personales y privadas no pueden faltar:
Bill Kaulitz, ¿tienes novia o alguna chica especial escondida
por allí?
Bill le sonrió como a
todos y enseguida apagué la TV.
Cerré los ojos intentando concentrarme en otra cosa. Repetía en mi mente una y otra vez que eso no tenía que importarme y… acabé por dormirme.
Cerré los ojos intentando concentrarme en otra cosa. Repetía en mi mente una y otra vez que eso no tenía que importarme y… acabé por dormirme.
Abrí los ojos de golpe
al sentir que picaban la puerta. Me levanté muy asustada. ¿Y si era un asesino
en serie o algo así? Definitivamente la película de terror me había asustado.
Caminé de puntillas hacia la puerta… encima la oscuridad de la noche le daba un
toque más terrorífico. Qué rabia.
Posé mi mano en el pomo
y la abrí un poco temerosa…
No se imaginan la sorpresa que me llevé al ver quien estaba del otro lado… un poco mas y habría soltado un grito aterrador.
- Hola, Soy Bill. – dijo ese alguien muy amablemente. Q.U.E M.I.E.D.O.
No se imaginan la sorpresa que me llevé al ver quien estaba del otro lado… un poco mas y habría soltado un grito aterrador.
- Hola, Soy Bill. – dijo ese alguien muy amablemente. Q.U.E M.I.E.D.O.
En este momento prefería
mil veces al demonio de la película.

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