22 marzo, 2012

Capítulo 12 /Wenn nichts mehg geht





Capitulo 12

Bill se separó de mi y caminó rápidamente entre la hierba, en dirección a la carretera. Yo simplemente me quede inmóvil observando sus movimientos… esto era imposible, no lo creía… 
Al verlo subirse a un autobús el tiempo pareció acelerarse al igual que mi pulso, me llené de energía. Tenía ganas de ponerme a rodar cerro abajo.
- No has atado los caballos. – una voz extrañamente familiar me sacó de mis pensamientos. Me di la vuelta aún en trance para mirar a mi padre… yo lo miré, él me miró.
Sonreí. 
- ¡ME BESO, ME BESO! – comencé a gritar a todo pulmón mientras daba brincos y reía como una loca. 
- ¿Eh? – Mi padre me miró extrañado, yo puse ambas manos en su camisa y lo atraje hacia mí.
- ¡QUE ME BESO! – le grité. Él se separó de mí con brusquedad y se llevó las manos a los oídos. Yo simplemente seguí saltando y revolcándome por todo el lugar.
- Vaya, ¿y quién ha sido el chico?.
- ¡BILL, PAPA! ¡FUE BILL! ¡LO AMO, PAPA, LO AMO! 




- Estar enferma es terrible. – Le dije a Amy para sacar tema de conversación. Al perecer el paseo de ayer por la mañana me había hecho bastante mal. Sentía como la cabeza me ardía al igual que los ojos… pero tenía frío. 
- Díselo a quien te acompaña. – dijo mientras ojeaba una revista. Yo suspiré y cerré los ojos. Pero no estaba mejor… es más, los ojos me seguían ardiendo de igual modo como me ardían cuando los tenía abiertos.
- Ayer Bill me besó. – sabía que ese tema de conversación atraería la atención de mi amiga. Vamos que yo estaba enferma y encima aburrida. Tenía que conversar con alguien.
- ¿¡Cómo!?. – dejó la revista sobre mí. Yo respondí tapándome más y tirándola al suelo. 
- Pues que me besó. – sonreí picarona. Ella me destapó hasta la altura de las rodillas.
- No debes abrigarte tanto… - vale que era mi amiga y se preocupaba por mí. Aunque a veces no los pareciera. Me miró con cierta picardía y me picó el hombro. – tú no opusiste resistencia, ¿verdad?
- Pues…
- Es el chico que te saludó en las motos, ¿no?. – Me cortó. Yo asentí con la cabeza. - ¿Qué tal besa?
- Eh…
- ¿Cómo es él?.. me refiero a su personalidad. – me cortó nuevamente.
- Pues, él es… 
- ¿Te trata bien?. – yo enarqué una ceja. – ¿Es de los cursis?
- Est…
- ¿Te gusta? – esa vez fruncí el ceño y le cubrí la boca con mi mano.
- Pues no, no me opuse. Si, es el chico que me saludó en las motos. No sé como besa porque sólo fue un roce. Él es una persona maravillosa, especial… me trata excelente, es algo cursi y sí, creo que me gusta. – le respondí todas las preguntas… creo que ya les comenté que tenía una excelente memoria. Quité la mano de su boca. 
- ¡Uy, Bill!


El siguiente día, ya me sentía mucho mejor. Aunque mis padres no me dejaron salir de casa. 
Por la mañana me había levantado demasiado temprano y a eso de las seis de la tarde ya se me había agotado las ideas y formas de entretención. 
Me tumbé en la cama boca arriba, con los brazos extendidos y comencé a buscar formas en el techo… de pequeña lo hacía. Y créanme si les digo que no lo hacía desde hacía años, cuando no podía dormir por la noche… 
De pronto me di cuenta de que mi vida ya no era aburrida y monótona como antes. La llegada de Bill había sido lo esencial para que en pocos días mi vida fuese casi perfecta. Ya no le tomaba demasiada importancia a los deportes ni al bello trofeo que me había ganado hace unos días en la competencia de motocicletas. Ahora sólo me quedaban días días, sin contar este que ya estaba por terminar, y podría saber en secreto de Bill. Interesante. No voy a mentir diciendo que no me encontraba nerviosa… porque en realidad sí que los estaba.
Ahora, si pensara en Bill como persona, podía rescatar muchas cosas de él. Aunque a veces era algo presumido… se preocupaba por mí y eso estaba claro. Era alguien extraño. No cualquiera se preocupa por alguien semi desconocido… pero él si lo hacía. Recordé a mi mejor amigo de la escuela. Él siempre había actuado igual a Bill, sólo que nunca me había besado. Aunque como siempre llegó el momento en que fuimos dejándonos de hablar poco a poco… y ahora creo que ya no es mi amigo. 
El sonido de la vibración del móvil contra la mesita de noche me sacó de mis pensamientos. Me incorporé en la cama con agilidad, haciendo que me doliera la cabeza y cogí el móvil con rapidez. Miré la pantalla:
Numero desconocido.
No le di más vueltas y apreté el botón verde.
- ¿Hola?
- ¿Abril? – No pude evitar sonreír al darme cuenta de que esa era la voz de Bill.
- ¡Bil! – Bill rió.
- ¿Cómo estás?
- ¡Excelente! – y con tu llamada mucho mejor, pensé divertida… y es que no le podía decir sobre esa “enfermedad” con la que había estado ayer. Luego me habría preguntado si fui al médico y comenzaríamos a discutir como la vez anterior. ¿Y tu cómo estás?
- Aprovecho de llamarte en mi tiempo libre. – casi pude verlo sonreír frente a mí. Estúpida, me dije a mi misma.
Suspiré.
- ¿Me extrañas? – preguntó divertido.
- No te imaginas cuanto. – dije intentando que mi voz sonara de dramatización… porque yo lo extrañaba. Él rió.
- Quizás mañana pase por tu casa... debo dejarte un regalo.
- ¿Regalo?
- Si. Seguro que te gusta. 
- Pe..pe.. – fui a protestar, pero como siempre, me cortó.
- Es un regalo, lo tendrás que recibir. -Resoplé con enfado fingido.- No te enojes, que te encantará. 
- Bueno…
- Ya debo irme. Cuídate, Abril. – No me dio tiempo a responder y cortó.
Dejé el móvil sobre la mesita de noche nuevamente… quizás su tiempo libre había acabado y tenía que volver al trabajo.
Al menos había hablado con él. Y mañana se pasaría por aquí. No me había dicho la hora y yo había quedado con Amy en el centro comercial. Quizás Bill llegaba y yo no estaba… 


Desperté alarmada y respirando agitadamente. Como siempre un sueño que me atormentaba, y todos tenían algo que ver con Bill. Ahora que me daba cuenta... mi mundo había comenzado a girar en torno a él. 
Me levanté rápidamente de la cama y me apresuré en ir a abrir la persiana y la ventana. El viento soplaba fuertemente y me llegaba a la cara. Vaya día…
Al menos no llovía.
Me duché y vestí con rapidez… había quedado con Amy a la una y eran las once y treinta. 
Me pude unos pantalones ajustados color blanco con una camiseta maga larga a rayas negras y blancas… unos tacones negros y con el bolso a juego. 
En el cabello me puse una cinta del mismo diseño de la camiseta y lo deje caer natural por mis hombros. 
Desayuné una leche y tostadas que por cierto, eran de mi padre, el cual aún no llegaba a comer y salí de casa. 
Me subí al autobús y esperé allí sentada otra media hora y no sé cuanto habrá sido hasta el centro comercial…
No fue necesario que entrara, ya que me topé con Amy en la entrada.
A eso de las siete de la tarde, regresaba a casa cargada de bolsas con ropa. Ya me había terminado de gastar todo el dinero que tenía ahorrado. 
Me subí en el autobús que me llevaría a mi casa, pagué el pasaje y me senté en el asiento más adelante posible. Apoyé en el otro mis bolsas, dejándolas contra la ventana y me apoyé en ellas. Estaba agotadísima…
Los ojos se me cerraban solos, como si una fuerza invisible tirara de mis párpados hacia abajo. 
Luché todo el viaje por mantenerlos abiertos… no me podía dormir… luego no avisaba mi parada y me dejaban en quién sabe dónde.
Me bajé del autobús casi sin fuerzas… esta vez no me tropecé… aunque estuvo bien porque yo no iba con Bill para que me sujetase. Cogí las bolsas, las cuales había lanzado autobús abajo para poder bajar mejor. Vamos, que soy de ideas locas y no me daba vergüenza… 
El autobús siguió su camino y yo me dispuse a cruzar la calle…
Pero algo me detuvo. Había un coche negro aparcado frente a mi casa. Intenté ver quien estaba allí dentro, pero los cristales de este eran demasiado oscuros. 
Debe de ser algún conocido de papá, pensé. Y me encaminé hacia mi casa.
Atravesé el camino de piedrecillas como en un sueño. No sentía las piernas y era como si me fuese a quedar dormida mientras caminaba. Algo no tan imposible en mi… con todas las cosas que me ocurrían. 
Bostecé y dejé las bolsas a un lado de la puerta. Estiré mis brazos y eché la cabeza hacia atrás. Luego de hacer todo eso para despertarme un poco más busqué la llave en mi bolso. Con el sueño que tenía y las lágrimas que cubrían mis ojos producto del bostezo me costó un poco encontrarlas. La acerqué a la cerradura y justo en ese momento…
- ¡ABRIL! – escuché a alguien gritar tras de mí. Al instante parecí despertar del trance en el que me encontraba, una sonrisa se adueño de mi rostro y me di la vuelta… Bill venía corriendo hacia mí, como siempre hermoso y perfecto… con algo blanco en la mano derecha. Lo miré detenidamente mientras se acercaba y se detenía a escasos centímetros.
- Hola, Bill. – Él acercó su rostro al mío y me depositó un beso en cada mejilla.
- Te… vine a traer esto. – me tendió el sobre. Yo lo miré dubitativa y él rápidamente añadió sonriendo. – es mi regalo, ¿recuerdas? – vaya, el regalo…
- Si.. – Asentí, para luego cogerlo. Bill se quedó con la mano en la misma posición. – Gracias.
- Ábrelo. – me mordí el labio inferior y lo cogí con ambas manos para abrirlo con mucho cuidado. Adentro pude ver, en realidad no sabía que eran, hasta que las saqué de allí y distinguí tres entradas para un concierto… y no cualquier concierto… si no que era de nada más y nada menos que de Tokio Hotel. Abrí mucho los ojos y lo miré sonriendo. – Te gusta Tokio Hotel, ¿verdad?
- E.. eso creo.. – aún no me lo creía ¿Cómo las había conseguido?. – eres genial Bill. – suspiré…- gracias. – Sentía unas inexplicables ganas de abrazarlo y apretarlo contra mí, pero debía contenerme. Y lo hice… pero al parecer él no se resistió, estiró los brazos, me rodeó con ellos y me acercó hacia él. Yo igualmente aproveché el momento y lo abracé. Cerré los ojos mientras aspiraba su olor y recordaba porqué me gustaba tanto… sentí como el suspiraba sobre mi cabeza. podía sentir también como respiraba… lenta y rítmicamente… me hubiese quedado hacía por siempre, de no ser porque Bill me apartó con cuidado y me escaneó con la mirada. Decidí no tomar en cuenta ese gesto algo grosero y simplemente le dije:
- ¿Irás conmigo al concierto? 
- No podré ir, tengo un compromiso. – sonrió nervioso. 
- Pe...pero si es el veintisiete. – Reproché. No pude evitar que mi voz sonara alarmada.
- Justamente por eso te recompenso… pero luego de que el concierto termine iré por ti. Y hablaremos… - se cayó de repente.. ¿hablar?, ¿Sobre qué?.. a caso sería sobre ese “beso” que nos habíamos dado?. A lo mejor era para decirme que no sentía nada por mi y ya está… yo como una estúpida me hacía ilusiones. ¿Pero por qué? Se suponía que yo estaba “usada”. Abril eres estúpida, me dije a mi misma. 
- Y...ya. – dije simplemente y miré hacia otro lugar.
- ¡No te enojes! – cogió mi cara y la movió de manera que nos quedáramos mirando… el estaba sonriendo ¿Por qué lo hacía?. – seguro que tienes amigas con quienes ir. – asentí molesta. – ¡excelente!... entonces cuando yo te lleve, ellas podrán volver juntas a casa y así no abandonas a nadie.. – wow, había pensado en todo… aunque su plan no me agradaba del todo, había algo que no andaba muy bien aquí. – ¿ves? Lo he pensado todo. – Rolé los ojos.
- No será divertido si tú no estás. 
- Si estaré. – me dio un toquecito en la nariz con el dedo índice, haciendo que yo soltara una risita.
- Pero tenías un compromiso. – no comprendía nada.
- Si. Peero… - rió. Y luego volvió la vista hacia el auto negro que estaba aparcado en la carretera. – Nos vemos allí. – Me sonrió. 
- Claro. – dije con incredulidad.
- Confía en mí, ya nos veremos. – acercó su rostro al mío, el cual aún estaba cogido por su mano y sin previo aviso, sin dejarme tiempo para ponerme nerviosa juntó nuestros labios con una beso. 
- Adiós. – me soltó rápidamente la cara y se dio media vuelta. Casi corrió hasta llegar al coche y se subió en el dejándome en estado de shock con la boca y los ojos como platos. Me había besado…. De nuevo.
Minutos después de que el coche desapareció por la carretera, parecí reaccionar… definitivamente los besos de Bill en la vida real eran mucho mejor que los de los sueños extraños que tenía todas las noches. Me llevé la mano a los labios… esta vez no gritaría, no armaría un escándalo para que después mis padres salieran a ver qué ocurría. 
Guardé las entradas nuevamente en el sobre blanco… cogí las bolsas y metí la llave en la cerradura… esta vez no fui interrumpida por lo que logré entrar en casa. 
Nada más cerrar la puerta sentí como Alexa se lanzaba a abrazarme. 
- ¡Llegaste! – chilló con esa vocecita estridente tan típica de ella y de todas las niñitas de su edad. 
- ¡Si! - Reí. - ¿Me extrañaste? - dije lanzando las bolsas al suelo, luego me eché el sobre en el bolsillo trasero de mi pantalón, por suerte era lo bastante grande aunque sobresalía un poco. Cogí a Alexa y me dirigí a la cocina mientras jugaba con ella haciendo como que se me caía o ese tipo de cosas… ella reía y gritaba. Esos eran los momentos en que yo agradecía no tener vecinos. 
- ¿Y toda esa alegría? - preguntó mi madre cuando entramos en la cocina.
- ¿Te besó de nuevo? - preguntó mi padre mientras se metía un trozo de pan a la boca. ¿Cómo había adivinado? yo los mire entrañada y Alexa dio un par de palmadas.
- ¿Quien besó a quien? - preguntó mi madre. Cómo siempre la más seria de la casa. Mi padre rió.
- Es una "amigo" de Abril. – dijo papá haciendo hincapié en la palabra "amigo"… me comenzaba a sentir incómoda.
- ¿Quién? ¿Bill?-Intentó adivinar mi hermanita.
- ¿Bill?- repitió mi madre. 
- Era Bill, ¿no, Abril?. - Siguió mi padre. Yo dejé a Alexa en el suelo y retrocedí un paso.
- Pues… si. Era é... digo, ¡NO! 
- No me vengas con esas cosas, Abril. Sabes que luego quedas mal parada, hija. No te metas con cualquier chico que eso está mal. - ya estaba cansada de oír esos consejo… los había escuchado mínimo unas dos mil quinientas veces. Bufé y me di la vuelta.
- No es cualquier chico, Aline. - Le dijo mi padre a mi madre. Eso fue lo último que escuché. Porque salí de la cocina, cogí las bolsas y me encerré en mi habitación con un portazo.
Ella no tenía porque meterse en mis asuntos… si yo quería hacer algo, lo haría igual teniendo o no su consentimiento... ¡no me importaban sus concejos! Yo sabía muy bien lo que estaba bien y lo que no. Yo ya era grande, vamos que la mayoría de edad llegaba después de los dieciocho, se suponía que una ya era madura… aunque yo no aparentara serlo. 
Dejé las bolsas bajo el escritorio y saqué el sobre de mi pantalón. Me senté en la cama y cogí mi móvil. 
Busqué en las llamadas recientes el número de Amy y le di al botoncito verde.
Esperé un par de pitidos hasta que contestó.
- ¿Hola? – escuche del otro lado.
- ¡Amyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy..!- seguí con el “y” hasta que ella me hizo callar de con un grito.
- ¡CALLATE, ABRIL WELLS, CIERRA LA BOCA!
- Qué humor.. – me quejé divertida... amaba hacerla enojar.

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