22 marzo, 2012

Capítulo 9 /Wenn nichts mehg geht





Capitulo 9

Cogí el autobús. Me tardaría treinta minutos en llegar al centro comercial, por lo que había ido con cuarenta y cinco de anticipación. 
Llevaba puesto unos jeans ajustados color rosa fuerte, con una camiseta blanca, desgastada y rajada en algunas partes… unas zapatillas algo anchas y mi bolso deportivo color negro. Me había atado el cabello en una coleta y no me había maquillado. 
El viaje fue muy relajante,.. me relajaba viajar en autobús, me gustaba ir en mi propia burbuja, y ver a las demás personas como si se tratase de una película o algo parecido. 
Miré mi reflejo en la ventana. Luego desvié la vista hacia le gente que caminaba.
Me bajé del autobús junto a una bola de gente que tenía el mismo destino. Crucé la calle con ese mismo montoncito. Y entré en el centro comercial. 
Allí no hacía tanto calor… resoplé y subí hasta el tercer piso. Me dirigí hacia esa tienda. Como lo suponía, Amy aún no había llegado. Me llamaron la atención unas cadenas que habían colgadas del lado de los cinturones con tachas. Fui hacia allí y cogí una con una calavera metálica en la punta. Estaba hermosa. Le abrí el broche, y luego me la puse. Me miré en el pequeño espejo que había sobre los colgantes. No me quedaba nada mal. Es más... me la compraría. Me la volví a quitar y la llevé al mostrador. 
Esta tienda era bastante cara, por lo que casi no había gente. No sabía cuánto me saldría… pero daba igual, porque traía mucho dinero encima y estaba completamente enamorada de esa cadena para cuello. 
La dejé sobre el vidrio.
- Buenas tardes. – me saludó un chico del otro lado con una encantadora sonrisa. Era guapo. 
- Hola. Quiero llevar esto. - dejé mi bolso sobre el vidrio para buscar el dinero… antes de abrirlo le eché una mirada rápida hacia el cristal que daba hacia afuera.
El corazón me comenzó a latir deprisa… allí estaba.
Y estoy completamente segura de que me miraba con odio a través de esos lentes negros, del otro lado del cristal en una pose chula. Cómo no... era Tom. Seguro Bill le había contado sobre mi “pequeño accidente” de ayer. Las mejillas me comenzaron a arder y me apresuré en buscar el dinero. No escuché nada de lo que aquel chico me dijo, yo seguía con la mirada posada sobre Tom. Le di el dinero apresuradamente. Más rápido, mejor. 
Vi como Tom llamaba a alguien, y le hacía señas con las manos. Me giré hacia el chico que buscaba el cambio. Cogí la cadena y me la eché en el bolso. Luego le arrebaté las monedas y el recibo. Lo eché igualmente dentro del bolso, no me molesté en buscar el lugar indicado, después lo haría. Cerré el bolso rápidamente. Y me lo colgué al hombro. 
No me molesté en despedirme, ni dar las gracias. Simplemente busqué con la mirada algo que me sirviera para… ¡bingo! Allí estaba lo que buscaba. El mostrador de anillos, pulseras y aros. Me apresure en ir hacia allá y me escondí detrás. Miré por uno de los lados de este, Bill ya estaba fuera del cristal y miraba hacia adentro con la boca abierta. Llevaba lentes, al igual que Tom, pero no eran los mismos de ayer. Tom intentaba decirle algo, pero el estaba embobado mirando el mostrador de la vitrina. Y sin previo aviso entró dentro de la tienda. Me llevé la mano a la boca y me mordí el nudillo del dedo índice, siempre lo hacía cuando estaba nerviosa. Agudicé un poco el oído para poder escuchar.
- Esto es el paraíso… - observé como Bill cogía la misma cadena que yo había comprado. – que accesorios tan…
- ¡Vi a esa chica! – lo interrumpió Tom. – Créeme, la he visto aquí adentro.
- Aquí no hay nadie… - bufó.
- Si que hay, preguntémosle al vendedor.
- Tom, son imaginaciones tuyas, déjalo. 
- ¡Pero si era la chica! Esa que…
- ¿Con la que estuviste la noche anterior?- eché otro vistazo, Bill alzaba una ceja y Tom le miraba horrorizado.
- Si hubiese visto a esa chica, me abría ido corriendo de aquí. – Bill rió. 
- ¿Entonces a quien viste, Tom?. –suspiró.
- A la chica que estaba con Georg. Esa tal… no lo recuerdo. La de las motos, esa. – Bill frunció el ceño.
- ¿Abril? – qué bonito sonaba cuando él lo decía.
- ¡Esa misma! Hay que buscarla, debe estar por aquí… - dijo mientras observaba el lugar.
- Ya se habrá ido… mira estos anillos... – mierda. Yo estaba tras los anillos. Me acerqué más al mostrador y me senté en el suelo. Abracé mis piernas hacia un lado para intentar no se vista. – pienso ir a visitarla mañana. – comentó.
- ¿Visitarla? ¡Oh, vamos, Bill! Ya está usada. – eso fue un tanto… arg. Me sentí horrible al escuchar eso. La sangre me comenzó a hervir y a quemar mi cuerpo. Quería explotar. Salir de allí y darle en la nariz con el puño. Hacer que sangrase hasta que ya no quedara líquido en su cuerpo y que se muriese. Usado estaba él. Su madre, su tía, su abuela y todo lo que se me pasaba por la cabeza en esos momentos. 
- Si, pero es simpática y no nos conoce. – ¿conocerlos? No comprendí. Aunque algo de razón tenía. Encima había confirmado que “yo estaba usada” cuando dijo ese “si” al principio de la oración.
- ¿Y esa en qué mundo vive?. – rió. “esa”. Estúpido…
- No lo sé. – rió con Tom- me encargaré de que se ponga al corriente de las cosas. 
¿Cosas?, ¿Qué cosas?. 
- Sólo esperemos el veintisiete. – y nuevamente con eso.
- ¿Estás seguro?.
- Si. Completamente. 
- ¿Quieres que se entere, no?. – pude imaginar que él asentía, ya que no respondió. – se supone que son “amigos”. – ese amigos sonó algo… insinuante.
- Si, eso creo. La conozco desde hace muy poco tiempo… pero nos llevamos bien.
- ¿Y que crees que opine de ti cuando sepa la verdad? – ¿verdad? ¿Qué verdad?-Se volverá loca.-Esto ya se estaba saliendo de control. Era mejor no escuchar nada. Intenté ignorarlos mientras miraba a mi alrededor….
Perfecto.
Gateé por el suelo hasta llegar tras el mostrador de vidrio, donde estaba ese chico. Me daba igual que él me viese. Seguí mi camino y pasé bajo sus pies, el hablaba por el móvil por lo que no se dio cuenta de mi presencia.
Llegué hasta la puerta del local y suspiré aliviada. Le levanté y me acomodé un poco. Le eché una última mirada a los gemelos que seguían hablando en el mismo lugar de antes y salí de allí molesta. Apreté los puños y comencé a caminar hacia un lugar alejado. No quería que me viesen. Cuando de pronto, me choqué con alguien… 
- Fíjate por dónde vas. – le espeté.
- Que bueno humor te traes, amiga. – dijo con reproche. Yo alcé la vista y sonreí inocente. 
- ¡Amy! ¡Lo siento! Es que… estaba algo molesta y…
- No te preocupes. – rió. – ¿cómo has estado? No te he visto en ¿dos días? Va, no lo sé… ¡pero se me hizo infinito! – me abrazó. Yo igual lo hice. 
- Si. – reí. – mamá me dijo que habías llamado.
- Pues si… ¿estabas con un chico, no? – se separó de mí y me guiño un ojo. Yo reí.
- Y no te imaginas la vergüenza que pasé. ¡Dios!. 
- Cuéntame lo que ocurrió, a ti te ocurren cosas que a casi nade le ocurren. – y en eso tenía razón. La prueba estaba hacía unos minutos atrás. Cuando yo estaba tras un mostrador escuchando conversaciones ajenas.
Le conté a Amy todo lo que había ocurrido el día anterior... desde que Bill había llegado a mi casa, lo de Alexa, las cosquillas. Había omitido la parte del desmayo, no quería que ella se escandalizara como todos lo hacían. Le conté también lo del restorán, lo de la chica y el agua... Luego la pelea. Para llegar finalmente a la escena del coche y la sangre. Ella no pudo aguantar la risa y se burló de mí diciendo que había llegado tarde a la repartición de suerte y que había tocado muy poca de ella.
Nos fuimos a uno de los muchos lugares en los que vendían helados. Puesto a que no teníamos nada más que hacer, que no fuese conversar o comer algo.
- Mierda, que no encuentro el dinero. – dije hurgando en el bolso. 
- Llevas así más de cinco minutos y me estoy comenzando a aburrir. – se quejó.
- Ayúdame a buscarlo… no debía haber echado el dinero así como así. – me reclamé a mí misma.
- Bleh.. – resopló. – Yo te pagaré el helado. 
- ¿De verdad? – ella asintió. – ¡gracias, gracias! En cuanto encuentre el dinero te lo pagaré. 
- No te preocupes, que ya me invitarás tú a comer algo. – rió. – ¿de cuál quieres?.
- Chocolate. 
- Bien... iré a hacer la fila. - Dijo para luego desaparecer en ese mar de gente que se extendía fuera del local.
Suspiré y me apoyé en la pared. Amy lo solucionaba todo. Y me apoyaba. 
Me entretuve haciendo globos con la goma de mascar que me había comprado… ya casi no tenía sabor, pero me entretenía mascarla. Me pregunté donde estaría Bill. Qué estaría haciendo... quizás estaba hablando de mí. O pensando en mí… aunque lo más probable sería que pensara sobre ese “secreto” del cual me enteraría el veintisiete. Dios… faltaba un montón para que llegara esa fecha. 
Miré a la gente que pasaba por el lugar… chicos, chicas, novios, novias, mujeres, hombres, niños, ancianos… en fin… lo que me llamó la atención fueron unos hombres altos y con pinta de ser muy rudos. Estaban en la entrada de una de las tiendas, rodeados por chicas que querían entrar ¿Qué habrían en esa tienda? allí sólo vendían cosas deportivas, como gorras, camisetas, shorts... a ninguna de esas chicas le podían interesar, ¿o sí? El hecho era que esos hombres corpulentos, las detenían. Decidí no darle importancia al asunto. Un gran error. Busqué la cadena en mi bolso. Y la observé. Definitivamente había sido un buena inversión. Era un tanto grande... pero estaba genial.
Deslicé la calavera entre mis dedos, con un poco de dificultad. El metal estaba frío…
- A que tienes. – un helado apareció frente a mi rostro.
- ¡Gracias! - Lo cogí. Guardé la cadena nuevamente en su sitio y cerré el bolso.




Tokio Hotel.
Anoté en la casilla de los grupos para buscar en “Ares”. Le di a la opción de audio y luego a “Buscar ahora”. Esperé a que toda la música apareciera y luego le di clic a unas cuantas canciones… las que más llamaron mi atención. Como por ejemplo: Monsoon, que era la que a mí me encantaba y que Bill me había dicho el título de aquella. Ready, set, go. Love is dead, don’t jump… y unas cuantas más que venían en la lista hacia abajo. Esperé a que se bajaran mientras hablaba por vía Messenger con unos cuantos amigos. Al acabar, guardé toda la música en el ipod y me fui a dormir.
Me acosté, me cubrí con las mantas y encendí el reproductor, me puse los audífonos y comencé a pasar las canciones hasta llegar a las que acababa de cargar en el.
La música era genial. El ritmo, la melodía, las letras, la voz... dios, que voz más hermosa. Era tan frágil, pero tan fuerte a la vez... tan dulce y potente.
Cerré los ojos para disfrutar mejor de aquello. Deleitarme con ese tipo de música era lo mejor. ¿Cómo es que no los había descubierto antes?




Estaba sobre una azotea. El viento soplaba fuertemente agitando mi cabello y el de la persona que estaba a mi lado. Ambos estábamos en el borde. Y ese alguien era Bill… me cogía de la mano, que por cierto, estaba fría…
- Te amo.
- Te amo. – dijimos a la vez. El se veía extremadamente triste. Yo no sabía la razón. En su cuello estaba aquel colgante metálico de calavera. – Te amo. – repetí. El se acercó a mí y me besó en la frente. Me acarició la mejilla con delicadeza.
Justo en ese momento mis pies comenzaron a andar hacia el viento… Si no me detenía, caería. Una lágrima escurrió por mi mejilla y un sollozo ahogado salió de mi garganta.
- Lo siento. – Le dije.
- No somos inmortales…
Entonces nuestras manos se soltaron y yo caí al negro abismo que se extendía bajo nuestros pies.

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