11 marzo, 2012

Capítulo 15 /Der letzte tag







Capítulo QUINCE

Pero me gustó. No estaba tan mal después de todo. A pesar de la estúpida idea que tenía en la cabeza imaginándome en pleno tratamiento de cáncer de pulmón… me había gustado. Hum… con que hacía se sentía. Aunque no planeaba hacerlo de nuevo por la simple razón de que molestaría a mi madre. A demás… ya era una experiencia nueva y bastaba con eso… no planeaba hacerlo algo de todos los días como Niki. Ella sí que estaba loca.
-¿Crees que a Oliver le agrade que esté en su casa?-Le pregunté. En un intento cobarde de negarme a ir. Pero ya estábamos camino a su casa así que… no podía decirle “Bill, no iré. Me voy”  de seguro me odiaría de por vida y se lo contaría a todos.
-Es Oliver, no te preocupes… Todos estarán allí.-Miró hacia adelante.-A demás, ya estamos por llegar. Vamos, Jenna.-Entonces, en ese momento, sentí su mano sobre la mía. Estaba helada y suave. Dejé de respirar y de sentir todo aquello que no fuese su mano tomando la mía. Entrelazó nuestros dedos y yo me sentí morir. Me dio la impresión de que mi mano se estaba quemando en ese momento y tuve el impulso de mirarla. Pero no lo hice. Me costó tragar saliva. Intenté, en vano, desacelerar los latidos de mi corazón… si yo los podía escuchar, de seguro Bill también… y toda la cuadra, toda la ciudad… ¡de seguro los escuchaban también  en Australia! Y es que el corazón se me saldría de pecho en cualquier momento. Dios, las mejillas me iban a explotar. Lo único que deseé en ese momento fue que la casa de Oliver estuviese lo suficientemente lejos como para que se me quitara el rubor de las mejillas y me calmara un poco. Era totalmente ridículo… porque sólo había tomado mi mano. No me imagino cómo me pondría si me diera un abrazo o… un… agh, no, Jenna, ni lo pienses. Pero de seguro, si es que llegaba a pasar, me daba un ataque al corazón o simplemente saldría corriendo, gritando como loca hasta encontrar un edificio lo suficiente alto y lanzarme a la muerte mientras me jalo el cabello, todo esto por los nervios. Estúpidos nervios. Y es que cada día estoy más loca y… Bill, Bill…. Bil me tiene así. Yo… ¡Pff! Desearía tener la suficiente fuerza de voluntad como para soltar su mano en este momento, irme a casa y alejarme de él por el resto de mi vida porque, simplemente, no lo quería en ella. ¿Por qué? Pues porque cualquier estúpida se daría cuenta de que alguien que te mete un cigarro a la boca y te invita a beber con amigos por la noche es una mala influencia. Si, lo sé, tampoco es para tanto porque va a estar mi hermana… ¡Pero para mí sí lo es! Más bien, para ese yo desde hace unas semanas que hubiese encontrado esto totalmente inaceptable. Seguía aferrándome a mis antiguos “principios” y me costaba mucho darme cuenta de lo que estaba haciendo y lo que acababa de hacer. Era como si alguien se hubiese apoderado de mí. Alguien muy maligno cuya meta era arruinar mi vida.
Me di cuenta de que me había calmado un poco. Intenté caminar como si nada. No quería que Bill se diera cuenta de que me afectaba tanto que él tomara mi mano. De seguro era porque pensaba que en cualquier momento me iría corriendo o me podría pasar algo porque ya estaba oscuro. Debido a las nubes que había, principalmente.
Cuando llegamos lo supe enseguida porque se escuchaba la música a todo volumen desde dentro de la casa. Bill picó al timbre repetidas veces. Comentándome gracioso que en algún momento se darían cuenta de que estaba sonando. Y así fue. Justamente mi hermana fue quien abría la puerta, con una botella de algo en la mano. Le sonreí de medio lado, no del todo convencida. Observé su cara hinchada por la pelea de ayer. Ay. Ella se limitó a sonreírnos como una boba que bebió de más y a dejarnos pasar.
-Pensé que no ibas a venir.-Alguien gritó al lado de nosotros. Me di cuenta de que Oliver le hablaba a Bill. Recibió la botella que este le tendía.
-No podía perderme esto.-Le contestó.
-Ah, pensé que por…-Siguió gritando… pero enseguida cerró la boca al darse cuenta de que yo estaba a su lado.-¡Oh, una invitada! Hola hermana de Niki.-Su boca apestaba a alcohol y eso que se suponía que esto había comenzado recién. Se “suponía”, claro. Lo saludé con una sonrisa sin animarme a gritar aún.
Bill me guió hacia unos un sitio en el sillón que estaba desocupado. Nos apretamos un montón hasta caber allí. Miré la televisión… no tengo idea de porqué la tenían encendida si tenían la música fuertísima y como si fuera poco conversaban todos a la vez. Me di cuenta de que cuatro de cada cinco palabras eran groserías. Bill enseguida se unió a la conversación. Y yo… simplemente me dediqué a mirarlos a todos allí. Mi hermana, Kevin, Tom, Kim, Oliver… del resto no me sabía los nombres. Había dos chicas más. Una se parecía mucho a Niki por su color de cabello y los piercings, la otra era blanca al extremo, con cabello negro y mucho lápiz labial rojo. Se me hizo conocida pero no logré recordar donde la había visto antes. De los chicos había uno rapado que abrazaba a la chica parecida a Niki y otro que no dejaba de golpear la mesa de centro con la mano hecha puño diciendo idioteces. Agradecí que Andreas no se encontrara aquí. Miré a Bill, me sentía incómoda en este lugar y ya quería irme a casa. Pero él tenía la vista fija en otra cosa… o persona. Era la chica pálida que estaba hablando con él. Al estar aburrida me percaté de que nuestras manos aún estaban unidas. Pero como si él hubiese leído mis pensamientos se soltó y siguió conversando sin prestarme mucha atención. Fue en ese momento cuando el resto de los chicos me incorporaron a su conversación. No lograba escucharlos muy bien pero al menos tuve para reírme un bien rato. Fue divertido porque incluso Niki se acercó a mí con una botella, se sentó en mis piernas y me hizo beber un poco de “algo” que hizo que me ardiera la garganta. Como nunca antes lo había sentido, un escalofrío me recorrió todo el cuero. Y la sensación se quedó aún cuando había tragado… después, cada vez que la botella llegaba a manos de Kim, que estaba a mi lado, y me ofrecía un poco, me la pensaba en si tomar un sobo o no. Dije que no la mayoría de las veces porque la sensación no era agradable. Pero no voy a negar que me llevé a botella a la boca más de cinco veces. Supongo que estaba bien para ser la primera ver que hacía esto. Cuando los chicos ya llevaban unas cuantas botellas vacías sobre la mesa y comenzaban a hablar cosas de más, miré a Bill, que ya se había reintegrado a la conversación. Él se dio cuenta enseguida de porqué lo estaba mirando.
-¿Te quieres ir?-Me preguntó. Asentí. Entonces él se levantó. Le avisó a los que preguntaban que me iría a dejar a casa y volvía.
Mientras me levantaba del sillón miré a la chica pálida. Me hizo sentir incómoda, pues no me quitó los ojos de encima y me dio la impresión de que si hubiese tenido un arma en las mano no habría dudado en usarla conmigo. Cuando Bill le dijo algo cambió enseguida su expresión y lo miró con una sonrisa inocente. Tragué saliva y decidí no darle importancia a la chica, seguramente nunca más la volvería a ver. Bill me tomó la mano y caminamos hacia la puerta sin prisa. Aún me sentía rara ante el contacto. Pero me gustaba y planeaba acostumbrarme.
Oh, no puedo creer que ese último pensamiento hubiese sido mío.

Era domingo por la mañana y, sinceramente, no quería levantarme. Tenía mucho sueño. Había dormido realmente mal esta noche… no lo sé. Es como esas veces en que te da mucho calor cubierta con las frazadas, luego te destapas y te da frío. A demás tuve un montón de sueños extraños que me pusieron enojada. Aunque no logré recordar ninguno con claridad al despertar.
Cerré los ojos y me abracé a la almohada. Tenía ganas de abrir la ventana… quería un poco de aire fresco en la habitación, pero no me entraban ganas de levantarme para hacerlo. Bill se me vino a la cabeza en ese momento. No lo había visto desde el viernes, pero ayer nos habíamos enviado un par de mensajes de texto. Me había pedido mi número de teléfono el viernes cuando me había venido a dejar a casa. Estaba emocionada. Me emocionaba la idea de que Bill me enviara un mensaje. Eso quería decir que despertaba su interés. Que él estaba interesado en mí, quizás tanto como yo estaba interesada en él. Oh, no puede ser. Estos no son mis pensamientos, no lo hago a propósito. Estúpido subconsciente. Acabaría por volverme loca. Pero no… no fue tan así porque al momento de bostezar, se me vino una imagen a la cabeza, una imagen que me envió mi subconsciente. La chica pálida. Pero no estaba en la fiesta… sino que estaba conversando con Bill… en el supermercado. ¡Pero claro! ¡Era ella! Por eso es que se me había hecho tan conocida. Ese día cuando mamá me envió a comprar y Niki me pidió dinero… si, si, lo recuerdo perfectamente. Cerré la boca que había abierto de la impresión, sin darme cuenta. Ok, no entiendo porqué estoy tan preocupada por esa chica. ¡Como si me importara saber de dónde salió!  Eso no debería ser de mi incumbencia, por lo tanto, no pensaría más en el tema.
Sonó mi teléfono. Estiré la mano para tomarlo de la mesita de noche. Era un mensaje. Un mensaje de Bill.
¡De Bill! Pegué un salto y me puse de pie en la cama sin darme cuenta. Me llevé una mano al pecho, intentando detener los latidos de mi corazón. Esto era patético. Inhala, exhala… tranquila…
Ok, ok, estoy bien.
Le di al botón para poder leer el mensaje.

Quiero verte hoy

¡Me quiere ver, me quiere ver! Me di cuenta de que había comenzado a dar saltos. Y es que yo igual quería verlo. Había estado extrañándolo desde el viernes por la noche. Me apresuré en escribir.

Puede ser…

Enviar. Me lancé de rodillas a esperar la respuesta. ¡Y es que si alguien me viese así! ¡Oh, yo muero! No puedo creer que esté tan… tan… emocionada por esto. Es que… no lo puedo evitar, simplemente todo se escapa de mi control, no puedo manejarlo, no puedo evitar sentirme así. Realmente no sé si pensar que esto es la mejor sensación del mundo o la peor. Mi parte racional del cerebro se inclina por la segunda opción… pero todo el resto del cerebro y mi cuerpo entero… ahg. Para mi es inevitable comportarme así.

Hoy a las cuatro en el parque :) Lleva a tu Lulu

Alí estaré :) Y tú lleva a Venus.

Me mordí el labio inferior y miré a hora. La una. LA UNA. ¿Cuánto tiempo había estado aquí en la cama, como una perezosa? Dejé el teléfono encima de la cama y me levanté. Busqué ropa. Tardé un poco en elegir… y como no podía decidirme llegué a la conclusión de que iría casual, sin exagerar demasiado para que Bill no se diera cuenta que me emocionaba ir al parque con él. Tomé un jean negro apretado, un sweater color azul bastante lindo, de mi color favorito… y mis zapatillas converse de color rosa.
Me duché, vestí y arreglé. No quise secarme el cabello porque el aire caliente del secador siempre acababa dañándolo demasiado y tendría que cortarlo. Cosa que no quería hacer. Volví a mirar la hora. Eran las dos con quince. ¿Tan rápido había pasado el tiempo? Me acomodé el cabello detrás de la oreja y comencé a ordenar la habitación. Dejé el teléfono en el bolsillo de mi sweater y arreglé la cama. Cerré las puertas del armario, abrí la cortina y la ventana, recogí la ropa sucia del suelo y salí de mi habitación. En cuanto lo hice la puerta se cerró con fuerza producto del viento. Bajé las escaleras con cuidado. Lulu me estaba esperando abajo. Me metí en la cocina, le di la ropa a mamá después de saludarla y me fui directo al refrigerador. La comida estaría lista en minutos, pero yo tenía hambre. Saqué un yogurt lo abrí y lo vacié en un pote. Después busqué una fruta… hum… una manzana estaría bien. Mamá me ayudó a pelarla y picarla en pedacitos para ponerla con mi yogurt. Una vez hecho salí de la cocina y me fui a la sala a mirar la TV. Alison ya estaba allí pintando unos dibujos sobre la mesita de centro, con un montón de lápices esparcidos por el suelo y los sillones. Incluso Lulu mordisqueaba algunos. La saludé y me senté a comer mirando la tv. No había nada interesante, pero la miraba sobre todo porque no quería ponerme nerviosa por lo que pasaría a las cuatro. Me llevé las manos a la cara.
-¿Qué te pasa, Jenna?-era mi hermanita. Se había incorporado y me sujetaba las manos. Las quité de mi rostro y la miré.
-Nada, Alison.-Le sonreí, mordiéndome el labio inferior.-Es sólo que… necesitaba pensar y no podía concentrarme con la TV allí, así que me cubrí los ojos para no verla.-Me miró y asintió convencida. No puedo creer que se hubiese tragado esa mentira tan tonta. Era pequeña, incluso creía cuando inventaba cosas como cuando le decía: eres la única persona en el mundo que tiene ombligo. Nunca más se lo diría. Había ido a buscar a mamá llorando y me había hecho sentir mal. Obviamente a Niki le había hecho gracia.
Después de almorzar me metí al baño a arreglarme un poco. Cuando faltaban quince minutos, recordé que no le había avisado a mamá, así que lo hice y después busqué a Lulu. Le amarré su correa y salimos de casa. Ella comenzó a correr por todas partes, queriendo oler, atrapar y morder todo. Pero no la dejé detenerse en el camino. Ya tendría tiempo en el parque para jugar un rato y no quería llegar atrasada. Cuando llegué, miré en todas direcciones hasta dar con Bill. Estaba sentado en una banca jugando con Venus utilizando una pelota pequeña. 

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