Capítulo QUINCE
Pero me gustó. No estaba tan mal después de
todo. A pesar de la estúpida idea que tenía en la cabeza imaginándome en pleno
tratamiento de cáncer de pulmón… me había gustado. Hum… con que hacía se
sentía. Aunque no planeaba hacerlo de nuevo por la simple razón de que
molestaría a mi madre. A demás… ya era una experiencia nueva y bastaba con eso…
no planeaba hacerlo algo de todos los días como Niki. Ella sí que estaba loca.
-¿Crees que a Oliver le agrade que esté en su
casa?-Le pregunté. En un intento cobarde de negarme a ir. Pero ya estábamos
camino a su casa así que… no podía decirle “Bill, no iré. Me voy” de seguro me odiaría de por vida y se lo
contaría a todos.
-Es Oliver, no te preocupes… Todos estarán
allí.-Miró hacia adelante.-A demás, ya estamos por llegar. Vamos,
Jenna.-Entonces, en ese momento, sentí su mano sobre la mía. Estaba helada y
suave. Dejé de respirar y de sentir todo aquello que no fuese su mano tomando
la mía. Entrelazó nuestros dedos y yo me sentí morir. Me dio la impresión de
que mi mano se estaba quemando en ese momento y tuve el impulso de mirarla.
Pero no lo hice. Me costó tragar saliva. Intenté, en vano, desacelerar los
latidos de mi corazón… si yo los podía escuchar, de seguro Bill también… y toda
la cuadra, toda la ciudad… ¡de seguro los escuchaban también en Australia! Y es que el corazón se me
saldría de pecho en cualquier momento. Dios, las mejillas me iban a explotar.
Lo único que deseé en ese momento fue que la casa de Oliver estuviese lo
suficientemente lejos como para que se me quitara el rubor de las mejillas y me
calmara un poco. Era totalmente ridículo… porque sólo había tomado mi mano. No
me imagino cómo me pondría si me diera un abrazo o… un… agh, no, Jenna, ni lo
pienses. Pero de seguro, si es que llegaba a pasar, me daba un ataque al
corazón o simplemente saldría corriendo, gritando como loca hasta encontrar un
edificio lo suficiente alto y lanzarme a la muerte mientras me jalo el cabello,
todo esto por los nervios. Estúpidos nervios. Y es que cada día estoy más loca
y… Bill, Bill…. Bil me tiene así. Yo… ¡Pff! Desearía tener la suficiente fuerza
de voluntad como para soltar su mano en este momento, irme a casa y alejarme de
él por el resto de mi vida porque, simplemente, no lo quería en ella. ¿Por qué?
Pues porque cualquier estúpida se daría cuenta de que alguien que te mete un
cigarro a la boca y te invita a beber con amigos por la noche es una mala
influencia. Si, lo sé, tampoco es para tanto porque va a estar mi hermana…
¡Pero para mí sí lo es! Más bien, para ese yo desde hace unas semanas que
hubiese encontrado esto totalmente inaceptable. Seguía aferrándome a mis
antiguos “principios” y me costaba mucho darme cuenta de lo que estaba haciendo
y lo que acababa de hacer. Era como si alguien se hubiese apoderado de mí.
Alguien muy maligno cuya meta era arruinar mi vida.
Me di cuenta de que me había calmado un poco.
Intenté caminar como si nada. No quería que Bill se diera cuenta de que me
afectaba tanto que él tomara mi mano. De seguro era porque pensaba que en
cualquier momento me iría corriendo o me podría pasar algo porque ya estaba
oscuro. Debido a las nubes que había, principalmente.
Cuando llegamos lo supe enseguida porque se
escuchaba la música a todo volumen desde dentro de la casa. Bill picó al timbre
repetidas veces. Comentándome gracioso que en algún momento se darían cuenta de
que estaba sonando. Y así fue. Justamente mi hermana fue quien abría la puerta,
con una botella de algo en la mano. Le sonreí de medio lado, no del todo
convencida. Observé su cara hinchada por la pelea de ayer. Ay. Ella se limitó a
sonreírnos como una boba que bebió de más y a dejarnos pasar.
-Pensé que no ibas a venir.-Alguien gritó al
lado de nosotros. Me di cuenta de que Oliver le hablaba a Bill. Recibió la
botella que este le tendía.
-No podía perderme esto.-Le contestó.
-Ah, pensé que por…-Siguió gritando… pero
enseguida cerró la boca al darse cuenta de que yo estaba a su lado.-¡Oh, una
invitada! Hola hermana de Niki.-Su boca apestaba a alcohol y eso que se suponía
que esto había comenzado recién. Se “suponía”, claro. Lo saludé con una sonrisa
sin animarme a gritar aún.
Bill me guió hacia unos un sitio en el sillón
que estaba desocupado. Nos apretamos un montón hasta caber allí. Miré la
televisión… no tengo idea de porqué la tenían encendida si tenían la música
fuertísima y como si fuera poco conversaban todos a la vez. Me di cuenta de que
cuatro de cada cinco palabras eran groserías. Bill enseguida se unió a la
conversación. Y yo… simplemente me dediqué a mirarlos a todos allí. Mi hermana,
Kevin, Tom, Kim, Oliver… del resto no me sabía los nombres. Había dos chicas
más. Una se parecía mucho a Niki por su color de cabello y los piercings, la
otra era blanca al extremo, con cabello negro y mucho lápiz labial rojo. Se me
hizo conocida pero no logré recordar donde la había visto antes. De los chicos
había uno rapado que abrazaba a la chica parecida a Niki y otro que no dejaba
de golpear la mesa de centro con la mano hecha puño diciendo idioteces.
Agradecí que Andreas no se encontrara aquí. Miré a Bill, me sentía incómoda en
este lugar y ya quería irme a casa. Pero él tenía la vista fija en otra cosa… o
persona. Era la chica pálida que estaba hablando con él. Al estar aburrida me
percaté de que nuestras manos aún estaban unidas. Pero como si él hubiese leído
mis pensamientos se soltó y siguió conversando sin prestarme mucha atención.
Fue en ese momento cuando el resto de los chicos me incorporaron a su conversación.
No lograba escucharlos muy bien pero al menos tuve para reírme un bien rato.
Fue divertido porque incluso Niki se acercó a mí con una botella, se sentó en
mis piernas y me hizo beber un poco de “algo” que hizo que me ardiera la
garganta. Como nunca antes lo había sentido, un escalofrío me recorrió todo el
cuero. Y la sensación se quedó aún cuando había tragado… después, cada vez que
la botella llegaba a manos de Kim, que estaba a mi lado, y me ofrecía un poco,
me la pensaba en si tomar un sobo o no. Dije que no la mayoría de las veces
porque la sensación no era agradable. Pero no voy a negar que me llevé a
botella a la boca más de cinco veces. Supongo que estaba bien para ser la
primera ver que hacía esto. Cuando los chicos ya llevaban unas cuantas botellas
vacías sobre la mesa y comenzaban a hablar cosas de más, miré a Bill, que ya se
había reintegrado a la conversación. Él se dio cuenta enseguida de porqué lo
estaba mirando.
-¿Te quieres ir?-Me preguntó. Asentí.
Entonces él se levantó. Le avisó a los que preguntaban que me iría a dejar a
casa y volvía.
Mientras me levantaba del sillón miré a la
chica pálida. Me hizo sentir incómoda, pues no me quitó los ojos de encima y me
dio la impresión de que si hubiese tenido un arma en las mano no habría dudado
en usarla conmigo. Cuando Bill le dijo algo cambió enseguida su expresión y lo
miró con una sonrisa inocente. Tragué saliva y decidí no darle importancia a la
chica, seguramente nunca más la volvería a ver. Bill me tomó la mano y caminamos
hacia la puerta sin prisa. Aún me sentía rara ante el contacto. Pero me gustaba
y planeaba acostumbrarme.
Oh, no puedo creer que ese último pensamiento
hubiese sido mío.
…
Era domingo por la mañana y, sinceramente, no
quería levantarme. Tenía mucho sueño. Había dormido realmente mal esta noche…
no lo sé. Es como esas veces en que te da mucho calor cubierta con las
frazadas, luego te destapas y te da frío. A demás tuve un montón de sueños
extraños que me pusieron enojada. Aunque no logré recordar ninguno con claridad
al despertar.
Cerré los ojos y me abracé a la almohada.
Tenía ganas de abrir la ventana… quería un poco de aire fresco en la
habitación, pero no me entraban ganas de levantarme para hacerlo. Bill se me
vino a la cabeza en ese momento. No lo había visto desde el viernes, pero ayer
nos habíamos enviado un par de mensajes de texto. Me había pedido mi número de
teléfono el viernes cuando me había venido a dejar a casa. Estaba emocionada.
Me emocionaba la idea de que Bill me enviara un mensaje. Eso quería decir que
despertaba su interés. Que él estaba interesado en mí, quizás tanto como yo
estaba interesada en él. Oh, no puede ser. Estos no son mis pensamientos, no lo
hago a propósito. Estúpido subconsciente. Acabaría por volverme loca. Pero no…
no fue tan así porque al momento de bostezar, se me vino una imagen a la cabeza,
una imagen que me envió mi subconsciente. La chica pálida. Pero no estaba en la
fiesta… sino que estaba conversando con Bill… en el supermercado. ¡Pero claro!
¡Era ella! Por eso es que se me había hecho tan conocida. Ese día cuando mamá
me envió a comprar y Niki me pidió dinero… si, si, lo recuerdo perfectamente.
Cerré la boca que había abierto de la impresión, sin darme cuenta. Ok, no
entiendo porqué estoy tan preocupada por esa chica. ¡Como si me importara saber
de dónde salió! Eso no debería ser de mi
incumbencia, por lo tanto, no pensaría más en el tema.
Sonó mi teléfono. Estiré la mano para tomarlo
de la mesita de noche. Era un mensaje. Un mensaje de Bill.
¡De Bill! Pegué un salto y me puse de pie en
la cama sin darme cuenta. Me llevé una mano al pecho, intentando detener los
latidos de mi corazón. Esto era patético. Inhala, exhala… tranquila…
Ok, ok, estoy bien.
Le di al botón para poder leer el mensaje.
Quiero verte hoy
¡Me quiere ver, me quiere ver! Me di cuenta
de que había comenzado a dar saltos. Y es que yo igual quería verlo. Había
estado extrañándolo desde el viernes por la noche. Me apresuré en escribir.
Puede ser…
Enviar. Me lancé de rodillas a esperar la
respuesta. ¡Y es que si alguien me viese así! ¡Oh, yo muero! No puedo creer que
esté tan… tan… emocionada por esto. Es que… no lo puedo evitar, simplemente
todo se escapa de mi control, no puedo manejarlo, no puedo evitar sentirme así.
Realmente no sé si pensar que esto es la mejor sensación del mundo o la peor.
Mi parte racional del cerebro se inclina por la segunda opción… pero todo el
resto del cerebro y mi cuerpo entero… ahg. Para mi es inevitable comportarme así.
Hoy a las cuatro en
el parque :) Lleva a tu Lulu
Alí estaré :) Y tú
lleva a Venus.
Me mordí el labio inferior y miré a hora. La
una. LA UNA. ¿Cuánto tiempo había estado aquí en la cama, como una perezosa?
Dejé el teléfono encima de la cama y me levanté. Busqué ropa. Tardé un poco en
elegir… y como no podía decidirme llegué a la conclusión de que iría casual,
sin exagerar demasiado para que Bill no se diera cuenta que me emocionaba ir al
parque con él. Tomé un jean negro apretado, un sweater color azul bastante
lindo, de mi color favorito… y mis zapatillas converse de color rosa.
Me duché, vestí y arreglé. No quise secarme
el cabello porque el aire caliente del secador siempre acababa dañándolo
demasiado y tendría que cortarlo. Cosa que no quería hacer. Volví a mirar la
hora. Eran las dos con quince. ¿Tan rápido había pasado el tiempo? Me acomodé
el cabello detrás de la oreja y comencé a ordenar la habitación. Dejé el
teléfono en el bolsillo de mi sweater y arreglé la cama. Cerré las puertas del
armario, abrí la cortina y la ventana, recogí la ropa sucia del suelo y salí de
mi habitación. En cuanto lo hice la puerta se cerró con fuerza producto del
viento. Bajé las escaleras con cuidado. Lulu me estaba esperando abajo. Me metí
en la cocina, le di la ropa a mamá después de saludarla y me fui directo al
refrigerador. La comida estaría lista en minutos, pero yo tenía hambre. Saqué
un yogurt lo abrí y lo vacié en un pote. Después busqué una fruta… hum… una
manzana estaría bien. Mamá me ayudó a pelarla y picarla en pedacitos para
ponerla con mi yogurt. Una vez hecho salí de la cocina y me fui a la sala a
mirar la TV. Alison ya estaba allí pintando unos dibujos sobre la mesita de
centro, con un montón de lápices esparcidos por el suelo y los sillones. Incluso
Lulu mordisqueaba algunos. La saludé y me senté a comer mirando la tv. No había
nada interesante, pero la miraba sobre todo porque no quería ponerme nerviosa
por lo que pasaría a las cuatro. Me llevé las manos a la cara.
-¿Qué te pasa, Jenna?-era mi hermanita. Se
había incorporado y me sujetaba las manos. Las quité de mi rostro y la miré.
-Nada, Alison.-Le sonreí, mordiéndome el
labio inferior.-Es sólo que… necesitaba pensar y no podía concentrarme con la
TV allí, así que me cubrí los ojos para no verla.-Me miró y asintió convencida.
No puedo creer que se hubiese tragado esa mentira tan tonta. Era pequeña,
incluso creía cuando inventaba cosas como cuando le decía: eres la única
persona en el mundo que tiene ombligo. Nunca más se lo diría. Había ido a buscar
a mamá llorando y me había hecho sentir mal. Obviamente a Niki le había hecho
gracia.
Después de almorzar me metí al baño a
arreglarme un poco. Cuando faltaban quince minutos, recordé que no le había
avisado a mamá, así que lo hice y después busqué a Lulu. Le amarré su correa y
salimos de casa. Ella comenzó a correr por todas partes, queriendo oler,
atrapar y morder todo. Pero no la dejé detenerse en el camino. Ya tendría
tiempo en el parque para jugar un rato y no quería llegar atrasada. Cuando
llegué, miré en todas direcciones hasta dar con Bill. Estaba sentado en una
banca jugando con Venus utilizando una pelota pequeña.

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