28 marzo, 2012

Capítulo 18 /Wenn nichts mehg geht








Capitulo 18

Si, era Bill. Estaba frente a mí, mojado y con gotas cayéndole del cabello. Su maquillaje estaba corrido y se veía que respiraba con algo de dificultad. Seguro había estado corriendo bajo la lluvia claro, estaba lloviendo… esto era muy extraño. 
Me decidí por poner mi mayor cara de asco posible. Él me había llamado... como me había llamado. ¡No hacía falta repetirlo! 
- ¿Qué quieres? – Le espeté furiosa.
- Yo… - su cuerpo temblaba, seguro tenía frío. Pero no lo haría pasar aquí dentro… no a mi casa. 
- Vete de aquí, ¿quieres? – le espeté. Me acerqué a él un paso y él se alejó otro. Percibiría el peligro ya que yo luchaba contra mi mano para contenerme. No le quería dar en toda la perfec... en toda la cara. – ¿Qué esperas? ¡Vete de aquí! 
- Ab…
- ¡No me vuelvas a dirigir la palabra! No nos conocemos. Pues bien. Adiós. –dije recordando sus palabras.
- No voy a irme de aquí
- Entonces te obligaré. ¿Te parece bonito invadir la privacidad de una ch… mi privacidad? – dios, hasta las palabras se me trababan.
- Escúchame por... – quiso tocarme, pero yo le quité la mano de un manotazo.
- Tú no quisiste escucharme. Ahora sabes cómo se siente. – dije rabiosa. – ¿Qué tal se siente? ¿Muy bien, no? ¡Perfecto!- dios, es que cada vez estaba más histérica... el malestar que había sentido durante todos esos día ya había pasado a segundo plano. Ahora en lo único que me concentraba era en darle su merecido a Bill. Estúpido.
- Mi...
- No, no, no. Más vale que hayas traído tu coche con ropa seca. Porque te quedarás allí afuera. – di un paso para meterme dentro de la casa y quise cerrar la puerta, cosa que no pude, ya que Bill puso el pié en esta y la empujó con una mano…
- Por favor, hablemos.
- No hay nada que hablar. – dije en el mismo tono frío que él había utilizado conmigo.
- Me equivoqué, ¿vale? – él empujaba fuertemente. Ninguno de los dos iba ganando. Por ahora… 
- No. Deja de empujar mi puerta, ¿sí? déjame dormir. 
- Abril...
- Si, ese es mi nombre. Ahora, por favor déjanos a mí y a mi puerta en paz. – Mis pies ya comenzaban a resbalarse hacia adelante… si no soltaba la puerta caería sentada en el suelo. 
- No te dejaré. Vamos, déjame pasar... o lo aré por las malas. – eso me sonó a haberlo escuchado en una peli… pero no era tiempo de estar pensando esas cosas. 
- No te dejaré entrar a mi casa. – entonces lo escuché resoplar bajo el sonido de las gotas de lluvia. Empujó la puerta con demasiada fuerza, como para que yo la pudiera sujetar. Lanzándome hacia los pies de el sillón más pequeño. Debía comer más si quería vencer al flacucho de Bill. Levanté la vista y lo miré con odio... sólo podía distinguir su silueta mojada mirándome desde arriba. Sus ojos brillaban por la poca luz proveniente de afuera y podía notar algo de arrepentimiento en ellos. Fruncí el ceño y me mordí el labio inferior mirándole igual que antes: con asco.
Él se agachó hasta quedar a mi altura…
- Discúlpame.
- No. 

- Abril…
- Nada de nada, Bill.
- ¿Me podrías escuchar? – negué con la cabeza mientras miraba el suelo. Entonces él me cogió del brazo y me levantó con suavidad… y una vez estuve de pié, le di un empujón para que me soltase. – Pues no me iré hasta que me escuches. 
- Muy bien… ya puedes ir acomodándote, pero detrás de la puerta. – puse énfasis en las últimas palabras y luego me dirigí hacia el sillón. Me senté y busqué el control, para luego encenderla.
Estaban dando una propaganda de agua mineral, pero no quería cambiar de canal, por lo que la dejé donde estaba.
- En todo caso… - se calló.. – mira, te hablaré así quieras escuchar o no. – no dije nada. Se suponía que yo no lo escuchaba. – Discúlpame. Yo… no sabía que… - suspiró. – tu hermana... y esto… del perro que no era Mark... y... de tu hermana y eso… - me dio un poco de risa lo que había dicho, era completamente ridículo. Había balbuceado sin sentido. No cualquiera le hubiese entendido. Pero no lo miré, no lo haría. – Perdón. 
Supuse que estaría de pié aún dentro de mi casa. Estilando, y con su peinado todo desarmado. ¿Y ahora que hacía? ¿Le decía que no había problema? ¿O qué? ¿O lo corría de mi casa a patadas? Dios, qué lío.
Suspiré, mientras analizaba la situación.
- Abril… - dijo apresurándome.
- Te gusta mi nombre, ¿no? – me volteé hacia él. Mi voz no fue nada ruda esta vez. Él me sonrió, dejando que sus ojos se iluminasen.
- Mucho. – susurró. Y es que él se lo pasaba repitiéndolo una y otra vez. – ¿Me disculpas? – dijo algo tímido.
- Pues...- me levanté del sillón y comencé a caminar en su dirección. – No quiero que te vayas y quedemos enojados. – una sonrisa aún más grande se dibujó en su rostro. Que bella, bella, bella sonrisa….
- Ven aquí. – me extendió los brazos, yo di un paso y me acurruqué entre ellos, los cuales me rodearon cálidamente…. O mejor dicho, húmedamente. Bill estaba mojado. – Te mojo.
- No importa. –suspiré. Dios, el corazón me andaba a mil por minuto…
- Debí haber dejado que me explicaras. – rió un poco, yo igual lo hice. – Ahora ya sé como se siente que no te escuchen. Y… jamás me enojaré contigo otra vez. 
- Eres genial – sonreí. Aunque creo que él no me vio. Ya que además de la oscuridad que allí había, tenía mi cara entre su ropa. Podía estar aspirando su olor, su dulce y… ¿pero qué digo? 
- Sabes que te estoy mojando y te enfermarás. – Bill rió. Se separó de mí y me siguió sonriendo con ternura… si. Eso creo.
- Tú eres el que puede enfermarse… ¿Qué hora es?
- Salí hacia acá a las tres. – Que tarde era... o más bien temprano. No nos haría mal dormir un poco más.
- ¿Quieres que te pase algo para… que te pongas? Ya sabes... porque, estás mojado. – él se encogió de hombros.
- No quiero molestar en realidad.
- No molestas. Estoy sola y… tengo unas camisetas de chico muy grades… si quieres te doy una para que duermas.– le ofrecí.
- ¿Quieres que me quede a dormir aquí?
- Quiero que me acompañes... no tengo nada que hacer. – Enrojecí quizás por la mala interpretación. Pero finalmente le sonreí de medio lado y lo cogí de la mano para luego caminar hacia la escalera, encender la luz y comenzar a subir, mientras Bill iba dejando pequeños charquitos en los peldaños.
Llegamos a mi habitación, yo le solté la mano y me dirigí al armario. Busqué mi pijama y una camiseta enorme, después de todo yo no le podía dar ropa interior o pantalones... no le quedarían. – aquí tienes. – se la di. Y luego me encaminé hacia la salida.
- ¿Dónde vas?
- ¿Quieres que me cambie de ropa frente a ti? – enarqué una ceja. 
- No estaría mal. – Sonrió. Yo abrí un poco la boca, haciéndome la indignada… luego él se apresuró en decir: – apresúrate.
Me di media vuelta y salí de la habitación, para irme directo hacia el baño.
Una vez allí me lavé los dientes, cambié de ropa y todas esas cosas que uno generalmente hace antes de dormir y luego volví a la habitación.
Bill estaba en ropa interior y la camiseta, que por cierto, le quedaba perfectamente… tumbado sobre mi cama y con la TV encendida. También había una en mi habitación. Sólo que esta era más pequeña que la del salón.
- ¿Lista?
- ¡Si! – me acerqué a él y lo empujé para acostarme a su lado. 
- No tengo sueño.
- Ni yo. – y es que estaba animadísima con eso de que él estuviese aquí.
Nos quedamos en silencio mientras el cambiaba los canales de la TV. Finalmente se quedó en una peli… que yo nunca había visto, pero tenía pinta de ser de esas cursis de romanticismo.
La película estaba recién comenzando por lo que ambos estuvimos en silencio viendo el inicio. Hasta que yo de un salto, me levanté de la cama y corrí hacia mi bolso que estaba sobre el escritorio.
- ¿Qué haces? – dijo riendo. Yo busqué en mi bolso mi reproductor se lo enseñe. 
- ¿No estás cansado de escuchar Tokio Hotel? – le sonreí maliciosa y luego me acerqué hacia unos parlantes que ocupaba para en notebook algunas veces. Conecté el Ipod a ellos y luego lo encendí. 
Tokio Hotel comenzaba a sonar.
Bill apagó la TV y me sonrió. Yo me acerqué a él y me tumbé nuevamente a su lado. De pronto todo ese enojo y esa tristeza habían desaparecido. 
Estuvimos en silencio escuchando su música… él pasó con suavidad su brazo por debajo de mi cabeza hasta abrazarme mientras yo poco a poco iba corriendo mi cabeza cada vez más, hasta apoyarla en su pecho.
- Cantas genial. Me encanta.
- Gracias. – Soltó una risita. Yo le seguí y luego lo miré… estábamos bastante cerca. – Tú eres genial. Me encantas. – susurró.
Entonces, poco a poco fui cerrando mis ojos, mientras esos escasos centímetros entre su rostro y el mío iban disminuyendo según nos acercábamos. Nuevamente, mi corazón andaba rápido y sentía ese típico cosquilleo en el estómago. Acabamos por juntar nuestros labios con suavidad… logrando así un beso bastando romántico. O al menos para mí. Fui moviendo mi cuerpo con mucho cuidado de no arruinar el momento. Hasta acabar sobre él... llevé mis manos a su cuello y mejillas mientas el posaba las suyas en mi cintura… él entreabrió su boca dejando que su lengua tocara con suavidad mis labios aún cerrados, fue allí cuando reaccioné y el beso comenzó a ser mucho más apasionado que el primero. 
Nos separamos para coger un poco de aire, el aire que nos faltaba. Suspiré y me lancé nuevamente a sus labios. Él comenzó a introducir sus manos en el interior de mi camiseta, acariciando suavemente mi piel. 
El ambiente era perfecto… la música que resonaba en la habitación hacía que todo fuese más… mágico. 
Me acomodé para quedar con una pierna a cada lado de sus caderas… entonces el apoyó sus mano en mi trasero y rodó en la cama hasta quedar sobre mí. Bajó sus besos con suavidad hasta llegar a mi cuello, donde comenzó a darme pequeños mordiscos… solté un suspiro.
- Ahora yo soy… - me besó en la barbilla. – un… - suspiró mientras volvía a mi cuello y presionaba sus labios contra este. – …perro. – finalizó por morderme con delicadeza. Yo solté una risita y llevé mis manos a su cabello. Haciéndole, de algún modo, cariño… 
Entonces el bajó sus besos hasta mi escote. Con sus manos acariciaba el contorno de mi cuerpo…
Volvió a mi boca y juntó nuestros labios nuevamente. Sonreí, el también lo hizo mientras exhalaba aire con fuerza. Pude sentir su aliento en mi garganta… dios, como lo amaba.
Posó sus manos en el borde de la camiseta y la comenzó a tirar hacia arriba. Yo me dejé a hacer e incluso le ayudé un poco, intentando separar lo menos posible nuestras bocas… 
El acarició lo desnudo de mi cuerpo y luego me desabrochó la ropa interior, casi sin dificultad, y me la quitó con sumo cuidado. 
Bajó nuevamente por mi cuello, con suaves mordiscos… sólo que esta vez llegó un poco más abajo…
Suspiré fuertemente e hice ademán de quitarle la camiseta, pero él quitó mis manos de esta y se apresuró en desabrochar el botón de mi pantalón. Introdujo su mano dentro de este y me lo quitó. 
Hice un nuevo intento por quitarle la camiseta, esta vez sí pude hacerlo… lo abracé a mi mientras nos besábamos, pegando nuestros cuerpos desnudos, soltando suspiros.
Me quitó la última prenda mientras seguía con sus caricias y besos, ya estaba completamente desnuda…
Entonces yo le bajé un poco los bóxers, con los que se había quedado para “dormir”. Besó mi cuello nuevamente mientras yo intentaba quitárselos. Y lo conseguí.
Seguidamente levantó la vista y me sonrió. Sus ojos tenían un brillo especial. Cierta excitación y…no lo sé.

Lo miré. Él respiraba agitado, tumbado a mi lado, boca abajo. Con una sonrisa en los labios. Yo igualmente dibujé una en los míos. Pero nadie dijo nada... estábamos demasiado cansados.
Bill se acercó un poco hacia mí y rodeó mi cintura con uno de sus brazos, atrayendo mi cuerpo al suyo… Acomodé como pude una mantilla que estaba a los pies de la cama, y la puse sobre nosotros.


Abrí los ojos muy lentamente. Intentando no dañarme con la luz proveniente de la ventana. La música seguía sonando. Más bajo que antes... pero igualmente podía oírla.
Lo de anoche había sido lo mejor de mi vida, de eso no había duda alguna.
Volteé la cara hacia un lado, Bil estaba allí, lo sabía, ya que tenía su brazo aún en mi cintura.
Le miré. Tenía una sonrisa dibujada en el rostro. Igual que la noche anterior…
- Bueno días. – dijo con un ronroneo.
- ¿Despertaste hace mucho? – bostecé. El se encogió de hombros.
- No lo sé. El tiempo se me pasa rápido cuando estoy contigo… - le sonreí. 
- E... eh.. – no sabía que decir. Pero ambos sonreímos nuevamente. Estoy segura de que estábamos como esas típicas parejillas del corta tu, no corta tu… aunque con la única diferencia de que nosotros no éramos pareja. No éramos novios, ni nada que se le pareciera... pero yo lo amaba y de eso estaba segura al cien por ciento.
- ¿No están tu padres?
- Llegan en algunos días. – suspiré. 
- Genial. – ¿Por qué genial? ¿A caso no se tenía que ir?. Bueno, eso lo conversaríamos luego. – ¿no quieres levantarte e ir a comer algo? 
- ¿Qué hora es…?-Le pregunté.
- Las cinco. – ¿tanto había dormido? Unas doce horas y aún tenía sueño. Esto iba de mal en peor… digo, lo de dormirme horas y horas.
- Yo podría ir a cocinar algo… - sonreí. 
- Pensaba sacarte a comer a algún lado. – suspiré.
- Como quieras. – él me besó la frente y luego se levantó. Cogió sus cosas y creo que se dirigió hacia el baño. 
Que hermoso era… “lo amo, lo amo, lo amo” me dije a mi misma. Él lo era todo.
Tomé una bocanada de aire y luego me levanté rápidamente. 
Busqué mi ropa interior y me la puse, junto con el pijama…
Comencé a buscar que ponerme el día de hoy, o lo que quedaba de este. Me decidí por un vestido negro, veraniego, por encima de las rodillas y con un poco de vuelo junto con unas sandalias planas igualmente negras. Hoy hacía mucho calor. Lo que era muy raro puesto a que ayer había estado lloviendo con fuerza.
Pude escuchar como Bill encendía la ducha. Luego me ducharía yo y saldríamos a comer.
Detuve la música en cuanto me di cuenta de que la batería de mi Ipod estaba por agotarse y lo puse a cargar. Entonces sentí algo vibrar... miré por todos lados.
Hasta enfocar mi vista en la mesita de noche. Ese era el móvil de Bill…. Me pregunté si cogerlo o no… ¿el cogería el mío? Estoy segura que sí, pero…
Vale, que no pude resistir la curiosidad y lo cogí, le di al botón correspondiente, se notaba que era de esos móviles súper modernos y carísimos. Me lo llevé al oído…
- ¿Hola?
- ¿Quién es? – preguntó una voz del otro lado.
- ¿Quién eres tú? 
- ¿Qué haces con el móvil de mi hermano? – puso énfasis en las últimas palabras… entonces ya sabía quién era. Tom. ¿Sería el mismo de siempre? ¿El que me odiaba? ¿O ya no lo hacía y ahora le caía bien?
- Billl está ocupado. No puede atenderte ahora… - pareció pensárselo un poco.
- Dile que en cuanto esté disponible me llame. 
- Bien, Adiós.
- Adiós, Abril. – cortó. Tom sabía que hablaba conmigo.
Decidí no darle más vueltas a eso y dejé en móvil donde estaba.

Al final habíamos decidido no salir. Ya que Bill no había venido en su coche y no quería exponerse en un autobús. Por lo que me “obligó a preparar unos sándwiches para irlos a comer a los pies de cierto árbol que ambos conocíamos.
Los eché en una bolsa de papel y luego salí de la cocina con la bolsa en la mano. Bill estaba espatarrado en el sillón, con el control de la TV en la mano y con la vista pegada en esta.
- Ya están listos. – dije refiriéndome a la comida.
- Perfecto. – apagó la TV y dio una palmada mientras se levantaba y caminaba hacia mí. Me sonrió y me cogió de la mano.
Que perfecto era.
Y que perfecto momento.
Si no hubiese sido porque había tomado una pastilla para los malestares típicos, esto no podría haber sido tan perfecto. 
Le sonreí.
- Vamos. – él asintió y comenzamos a caminar hacia la salida. Recordé la llave, pero que mas daba… podía entrar por la cocina ya se me había hecho costumbre.
Cerramos la puerta tras pasar y rodeamos la casa para dirigirnos hacia ese hermoso lugar.
Caminamos mientras reíamos y nos dábamos leves empujones mientras jugábamos y uno que otro beso.
Sabía que si se iba yo sufriría mucho... pero no podía desperdiciar este momento.. 
Una vez llegamos arriba, nos sentamos igual que la vez anterior... sacamos la comida mientras seguíamos con nuestros jueguitos y comenzamos a comer…
- Eres un estúpido. – dije después de que él hubiese estallado en risas, contagiándome también a mí, haciendo que yo me atorara y comenzara a toser frenéticamente. 
- La culpa no es mía. – dijo riendo aún, mientras me daba leves golpecitos en la espalda. Me limpié las lágrimas y me reí, o quejé... no sé realmente que fue lo que hice. – aww, eres una lindura. – eso me recordó a Mark. Que por cierto... eso dicho por Bill era miles de veces mejor que dicho por ese idiota de Mark. Me sonrojé un poco y bajé la mirada.
- Tom llamó por la mañana. – dije para cambiar de tema, ya que se me había venido a la cabeza de repente.
- Argh, luego lo llamo. – Se quejó.- ¿Qué es lo que quería?
- Que le llamaras luego. – Bill no dijo nada. Se limitó a morder nuevamente su pan. Yo apoyé mi cabeza en su hombro. Pero este se libró con un movimiento. Fruncí el ceño y lo miré enojada. Pero él en cambio, me sonrió con cariño y me dio un fugaz beso que me dejó como loca.
Dejé el sándwich a un lado y me lancé sobre él, para besarlo nuevamente. Billl se sorprendió un poco pero luego me siguió el beso con el mismo o más entusiasmo que el mío.
Acabamos los dos sobre la hierba, yo sobre él, claro está. Entonces me separé, apoyando ambos en el suelo. Uno en cada lado de su cabeza. Le sonreí, él me sonrió.
Desvié la mirada hacia un lado, algo avergonzada…
De pronto, vi algo que me llamó bastante la atención.

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