CAPITULO 21
-¿C.con
T..Tom?
-Sí, ¿que…
ocurre? – preguntó preocupada.
-¡Es que eso
es fabuloso! ¡Felicitaciones!
-Gracias,
gracias. – dijo mientras reía.
-A ver, que
creo que ya es demasiado... ten. – dijo extendiéndole tres pequeñas cajitas.
Lis las cogió algo tímida.
-Esto... son
tres..
-Si, si.
Este... –dijo señalando la cajita más pequeña color blanco. – lo he comprado en
Canadá. Este – señaló a la cajita más grande color rosa – lo eh comprado en LA.
Y este – señaló la última cajita que quedaba – es de NY.
-Gracias...
yo igual tengo algo para ti. – dejó las cajitas sobre el silloncito y se
dirigió hacia un pasillo algo angosto, a los segundos volvió con una caja color
crema algo grande, de la tendió a Alice con una gran sonrisa. – feliz
cumpleaños, Aly. Atrasado… -rió.
-Gracias,
Lis. – se abrazaron cariñosamente. – ¡Ábrelos!
-Bien, bien,
no te desesperes… – dijo divertida mientras abría la primera cajita. – ¡wow! ¡Aly
esto es genial! ¡Gracias! – Observaba incrédula lo que sus ojos veían, era una
cadena gruesa para el cuello, de oro blanco con una piedra en forma de corazón,
color púrpura, que adornaba el extremo.
-No tienes
por qué agradecer, ahora abre el otro regalo. – Lis asintió y abrió el
siguiente regalo, para seguidamente llevarse la mano a la boca por la sorpresa.
Era una cajita de música, que brillaban en el contraste con el sol, abrió la
pequeña cajita y comenzó a sonar una hermosa melodía, acompañada de una
bailarina de vidrio que giraba con los brazos y una de las piernas alzadas.
-¡Gracias
Aly!
-Vamos Lis,
el siguiente. – La animó.
-Me pregunto
que será. – dijo nerviosa, mientras dejaba la cajita de música sobre una
mesilla, junto al collar de oro blanco. Abrió la caja, esta vez era la mediana
y sacó de allí un osito de peluche color blanco, muy suave y esponjoso. Lo
apretó contra ella, abrazándolo y seguidamente dio gracias a su amiga. – Tu
turno, ¡abre mi regalo! – dijo impaciente.
-¡Ok! – miró
la cajita por todos lados, era color crema, casi plana y muy grande... quitó la
tapa con suma delicadeza, y contempló lo que se encontraba dentro de ella. Lo
miró incrédula por unos segundos y luego se tiró a los brazos de su amiga. – ¡gracias,
gracias, gracias!
-¿Te ha
gustado?
-Es hermosísimo.
– dijo quitando el vestido de la caja para contemplarlo mejor: era negro con
tachas y cosas brillantes esparcidas por todas partes, la parte de arriba era
como un corsé, solo que de cuero y abajo era como un tutú. – gracias. – dijo
sincera, agradeciendo nuevamente a su amiga.
Pasaron la
tarde hablando sobre bobadas sin importancias, pero que las divertían. Reían
sin parar y se contaban lo que habían vivido en el verano y en las vacaciones,
aunque por parte de Lis no había mucho que contar.
Lis le contó
a Alice, que los chicos se habían hecho muy famosos en Alemania, y que
planeaban extender su música por toda Europa. Su disco ya había salido a la
venta y escucharon algunas de las canciones del CD que Tom le había regalado a
Lis. De las canciones las que más destacó, fueron, vive el segundo ya que Aly se acordaba perfectamente de cómo
iba la letra, desde la vez que la había leído en casa de Bill. Le encantó como
había quedado el instrumental de ambas canciones, sin duda, esos chicos
llegaría lejos, eran de lo mejor que había.
Se despidió
de Lis con la mano y se encaminó hacia su casa… las canciones aún sonaban en su
cabeza y las tarareaba despacito, solo para que ella las oyese. Sin darse
cuenta ya estaba entrando en su casa pero algo la hizo quedarse quieta al
instante.
-¡ALY! – Se
volteó y pudo ver aquel rostro perfecto... esos ojos color miel que la hacían
perder la cabeza, potenciados con esa hermosa sonrisa que la volvía loca. No se
había dado cuenta de que tan cerca estaba, hacía solo unos segundos estaba a la
mitad de la calle, y ahora estaba frente a ella… o quizás, tan solo quizás,
había perdido la noción del tiempo teniéndolo frente a ella. – Hola, Aly. – le
saludó tímidamente.
-Hola, Bill.-
sonrió algo avergonzada, aún recordaba aquel beso.
-Necesito
hablar contigo.. – Aly asintió…– en... otro lugar, si estás de acuerdo.
-Claro.
Comenzaron a
caminar en dirección al parque, que quedaba a 20 minutos de donde estaban.
-¿Cómo te
fue en las vacaciones? – preguntó Bill para romper el silencio mientras
caminaban.
-Podría
decir que bien... – dijo sonriéndole encantadoramente. Bill entrecerró los
ojos. - ¿Qué?
-Te ves muy
bonita cuando sonríes. – Aly se sonrojó… como odiaba que eso le sucediera. – te
ves hermosa cuando cambias de color. – le sonrió divertido.
-No, me veo
como una estúpida. Tú haces que me sonroje…– lo miró acusadoramente por un
momento.
-No es mi
culpa que seas así de bella… el arte se aprecia, ¿vale?
-Pues yo no
soy una pieza de arte. – dijo mientras le enseñaba la lengua.
-Pero estás
muy cerca de serlo… ¿o me equivoco?
-¡Estás
totalmente equivocado, Bill Kaulitz Trümper!
-Vamos, que
el gran Bill nunca se equivoca. – dijo apuntándose con el dedo a sí mismo.
-Eres un
creído.
-¿Yo? – dijo
con tono ofendido. – mira yo no soy… - no pudo seguir hablando ya que algo le
picaba en la espalda, se dio la vuelta hacia atrás, Alice hizo lo mismo.
- Disculpa...
¿Bill Kaulitz, no?.. ¿el de Tokio Hotel?
-Si, si, soy
yo.
- ¿Me firmas
un autógrafo?
-Claro, dame
el lápiz. – la chica le dio el lápiz a Bill y él se quedó con la mano extendida
en dirección a la chica.
-¿Qué?
-La..
libreta..
-¿Libreta?– se
echó a reír. – No, no, Billy... fírmame aquí, anda. – dijo entusiasmada indicando
su escote. Bill miró a Alice, quien miraba hacia otro lugar.
-Esto, yo…
-¡Por
favor!, ¡Bill! ¡Te amo! – Bill hizo una mueca y acercó su mano al escote de la
chica...
3 Minutos después…
-¡Aly!, ¡no
fue culpa mía!, ¡yo no la quería besar!, ¡fue ella!... ¡Aly!. – gritaba Bill,
intentando caminar al mismo ritmo que la chica.
Pero ella no
quería detenerse, le picaban los ojos, nuevamente, y le ardía el pecho,
haciendo que se le dificultara respirar. No quería girarse ni detenerse... no,
no lo haría… si lo hacía, estallaría en llanto y no quería que Bill la viese
así… pero ya estaba harta, ¿Qué se creía?, ¿el rey del mundo?, No, el no podía
estar jugando con ella todo el tiempo, la quería, o no la quería... y eso era
todo.. era muy simple. Si él la quería, bien, todos felices.. pero si no.. el
feliz sería solo el.
Alice aspiró
hondo para relajarse, y soltó el aire lentamente.
Apretó los
puños y se giró, tan repentinamente que quedó bastante cerca de él, ya que la
iba siguiendo.
Intentó
ordenar sus ideas, no sabía cómo se lo podría decir… estalló en lágrimas, que
brotaron desde las comisuras de sus ojos dejando marcas negras de maquillaje
por sus mejillas, las que terminaban en su boca.
Segada por
la rabia, tomo una gran bocanada de aire y abrió la boca, para seguidamente
ponerse a gritar entre sollozos como una loca…

No hay comentarios:
Publicar un comentario