19 marzo, 2012

wenn nichts mehg geht





Introducción

Abril Wells… se podría decir que era una chica afortunada… era preciosa, su cabello rubio oscuro caía con suaves ondas hasta la altura de su pecho, haciéndola ver natural. Poseía unos grandes ojos verdes que adoraban su pálida y perfecta cara, junto con una blanca y perfecta sonrisa… era delgada y rondaba el metro setenta. Adoraba bailar y practicar todo tipo de deportes, siempre habían sido su gran pación desde muy pequeña, aunque no lo veía como algo profesional, mas bien como un hobby. 
Era una chica traviesa, mala para mentir, por no decir que era un asco. Un poco enojona y contestona, muy curiosa y buena confidente. Vamos, que tenía su personalidad…
Desde pequeña siempre había vivido en el mismo sitio: Una casa de campo, pero lujosa en las afueras de la ciudad de Marsella, Francia. Con sus padres, Aline y Ethan y su hermana pequeña de cinco años llamada Alexa.
Era una buena estudiante, aunque no de las mejores, pero siempre tenía buenas calificaciones debido a su gran capacidad para memorizar cosas, se tomaría un año de descanso antes de comenzar la universidad y estaba segura de que sería el mejor año de su vida … tenía dieciocho años y exactamente en tres meses cumpliría los diecinueve. 
Ese día se encontraba en el centro comercial con su mejor amiga. Compraban ropa y accesorios para la noche, ya que abría una fiesta muy buena en uno de los mejores pub de la ciudad donde ellas habían sido invitadas “generosamente” por una de las chicas más populares de la escuela. 
- ¿Que tal este, Amy?. – Preguntó Abril mientras salía de uno de los probadores con un vestido algo corto, por debajo del muslo y muy ajustado color blanco. 
- Date la vuelta. – le dijo su amiga, quien esperaba sentada en una pequeña banquita con alrededor de cinco bolsas en las manos. Abril se dio la vuelta llevando una mano a la cabeza y la otra en la cadera como toda una modelo. – No te ofendas, pero pareces…
- ¿Puta?. – dijo terminando la oración. Amy asintió lentamente y Abril se echó a reír. – vale, me probaré otro. – se metió al probador nuevamente y se cambió el vestido por uno un poco mas largo, por debajo de la rodilla y mucho vuelo, color negro. No tenía tiritas ya que el corsé que traía en la parte de arriba se ajustaba perfectamente a su pecho. Volvió a salir del probador y a hacerle la misma pregunta a Amy:
- ¿Y este?. 
- Pues, ese está mucho mejor. – dijo sonriendo de medio lado. 
- Me lo llevaré. – y acto seguido se metió dentro nuevamente, se observó en el espejo un par de veces mas para estar segura de su compra y se lo quitó para ponerse su ropa. 
Luego de salir del ese lugar atestado de gente se dirigieron hacia el coche del padre de Amy, quien las esperaba para llevarlas hacia su casa, que quedaba a cinco calles del pub, apara que las chicas se prepararan.
- ¿Qué tal les ha ido?. – les preguntó nada mas entrar en el coche y cerrar la puerta.
- Bien. – contestaron al unísono con una sonrisa pintada en el rostro. El padre miró por el espejo retrovisor y les sonrió. 
-Esto va a ser genial, es la mejor fiesta de la ciudad.. y nosotras estaremos allí! – dijo entusiasmada
- ¡Lo sé! Será genial.
- Muy genial. – repitió. - habrá chicos guapos. – le susurró al oído a su amiga.
- No busco amores ni momentáneos, ni duraderos. – dijo en el mismo tono.
- ¡Pues yo si! y este es mi día de suerte… ¿que mejor que una fiesta para cuando una está sola? 
- ¡Oh, sí! ¡es genial! ¡Los chicos bebidos y medio locos, Que mejor partido! – Amy alzó una ceja y miró con cara de circunstancia a Abril. - ¿Qué? Es verdad. – se encogió de hombros.

- No te burles que acabarás sola y amargada en una fea casa, con un jardín desastroso y sin podar. Viviendo con un gato que te haga de compañía hasta que seas muy vieja y mueras dejándole a él todos tus millones. 
- Pero tendré millones. – dijo para luego comenzar a reír como una loca.

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