10 marzo, 2012

Capítulo 22 /Leb die sekunde




CAPITULO 22

Segada por la rabia, tomó una gran bocanada de aire y abrió la boca, para seguidamente ponerse a gritar entre sollozos como una loca:
-¡ESTOY HARTA! – Bill retrocedió un paso y toda la gente que pasaba por allí cerca clavó sus ojos e ellos. - ¡BILL KAULITZ, ESTOY HARTA DE TI!, ¿ME OYES?, ¡YA NO MAS! ¡NO!.TODO LO QUE HACES ME JODE, ¿NO TE DAS CUENTA?, DEBES DE SER CIEGO, ¿EH?, ¿QUE QUIERES DE MI?, ¿ME QUIERES MATAR?, NO BILL, NO... –Se pasó la mano por los ojos. –YA NO MAS... YA NO MAS… ¿SABES? HE ESTADO ENAMORADA DE TI DESDE EL PUTO DÍA QUE LLEGUÉ A ESTA PUTA CIUDAD. ¡PERO NO SE QUE TE OCURRE, BILL!. ME DAS ESPERANZAS Y LUEGO ME DEJAS CAER. ME BESAS Y ME DICES LAS COSAS MAS BONITAS DEL MUNDO, Y LUEGO LO DESTRUYES TODO, TODA MI FELICIDAD SE DESVANECE.. y todo por tú culpa. ¿Qué quieres de mi?, - dijo bajando el tono de voz mientras sollozaba. Bill la miraba con los ojos muy abiertos de la impresión que se había llevado. – mira, Bill.. yo.. esto.. lo siento. – Miró al chico con los ojos llenos de culpa, se mordió el labio inferior para reprimir un sollozo, se dio media vuelta y comenzó a correr en cualquier dirección. Lo había hecho… le había dicho todo a Bill. Se sentía mejor consigo misma… aunque quizás Bill jamás le volvería a dirigir la palabra.
Se detuvo una vez había salido de la ciudad, llevaba corriendo y caminando más de una hora y le dolían las piernas fuertemente, aparte de que le molestaban los ojos de tanto llorar, los sentía hinchados y le escocían al parpadear. Respiraba costosamente por culpa del cansancio y de los sollozos a la vez, tenía un aspecto horrible y se sentía horrible.
Se dejó caer en la hierba verde que cubría todo el lugar, debajo de un árbol, el más grande que había encontrado en su camino. Respiró profundo un par de veces y por el agotamiento terminó por dormirse, sin darse cuenta…
En todo el tiempo que estuvo dormida, no soñó nada, solo veía negro y nada más…
Despertó esperando sentirse incómoda por haberse dormido tirada en la hierba y en una mala posición, pero no… estaba cómoda, la superficie en donde estaba apoyada su cabeza subía y bajaba… estaba blanda y cálida.
Dio un respingo al darse cuenta de lo que pasaba… levantó la vista y allí estaba él, la miraba con expresión apenada y de arrepentimiento. Sus ojos reflejaban pena… en realidad se reflejaba la pena en ambos chicos.
Bill abrió la boca para decir algo, pero la volvió a cerrar, pensó bien lo que diría antes de abrirla nuevamente:
-Aly…
-No, Bill. No es necesario que me hables... creo que me lo merezco. – dijo bajando la mirada. Bill pareció no comprender.
-¿Qué es lo que no te mereces?
-Que me hables. – dijo con un hilo de voz, intentando evitar que las lágrimas volvieran a escapar de sus ojos.
-¿Qué?
-Pues eso..
-No, no Aly. – la cogió de la barbilla para que la chica lo mirara a los ojos. – yo soy quien no te merece, de verdad, no te merezco. No merezco si quiera una mirada tuya, Aly.. nada.. porque.. porque te he hecho daño, yo no lo sabía... ¿me disculpas?. – Aly bajó la mirada otra vez, rehuyendo de eso ojos color miel que tanto la fascinaban. Y lanzó un sollozo ahogado. – Aly, no, no llores,-suspiró.- creo que es el momento.. – dijo mas para sí mismo que para Alice. Tomó una gran bocanada de aire y seguidamente abrió la boca.. – Aly, yo.. yo te.. te quiero… y creo que desde hace mucho, solo que no me daba cuenta, pensé que te quería solo como amiga, y eso me confundía.. pero no es solo amistad… yo te amo… - dijo, y seguidamente alzó la cara de la chica entre sus manos y depositó suavemente sus labios sobre los de ella.
Luego de unos segundos, que para ambos fueron eternos, se separaron.. Aly se limpió una lágrima con el dorso de la mano y Bill la ayudó con la yema de sus suaves dedos. Ambos rieron.
-Siento lo que te dije..
-Querrás decir, lo que me gritaste. - rió, contagiando a Aly.
-¡No fue mi culpa!, ha salido solo…
-Sola, sola saldrá tu risa. – dijo travieso, con mirada pícara.
-Oh,oh.. – y seguidamente se levantó y comenzó a correr sobre la hierba, Bill la perseguía... ambos reían, estaban completamente felices...
Bill perseguía a la chica por todo el lugar, corriendo y gritando bobadas sin sentido, hasta que finalmente él la cogió de la cintura, Alice perdió el equilibrio y cayeron.
Pasaron la tarde juntos, riendo, disfrutando cada segundo, haciéndose mimos, diciéndose palabras de cariño.
Bill sabía muy bien lo que vendría… pero no quiso arruinar esa tarde en que por fin, uno sus deseo mas grandes se había cumplido, y lo vivía en carne propia... pero su otro sueño lo llamaba... y él no podía hacer nada para evitar sacrificar el deseo con Alice para seguir el otro.
Por la tarde, alrededor de las nueve, Bill dejó a la chica en su casa, y ella muy educadamente le invitó a pasar…
-¿Qué haces mañana? – preguntó Alice. Estaba tumbada en la cama, sobre el pecho de Bill, las manos de este le acariciaban delicadamente la cabeza y el negro cabello. Bill suspiró y pareció pensar un poco, luego dijo:
-Debo ir a una reunión. – ella puso mala cara y resopló; se levantó de la cama torpemente y caminó hacia el armario, Bill la miraba expectante, abrió el armario y cogió una cajita color gris que estaba dentro de él. Se acercó donde estaba Bill, que ya se había sentado en la cama, y se sentó a su lado.
-Ten. – dijo extendiendo su mano hacia Bill con la pequeña cajita.
-¿Qué es?
-El recuerdito que te prometí, ¿Lo recuerdas? – Bill asintió.
-¡Claro! – tomó la cajita con sumo entusiasmo y la abrió, teniendo mucho cuidado en no romperla. Vio lo que contenía: Una esclava de plata. Miró el reverso y allí encontró las palabras “Te Quiero” grabadas allí, y un poco más pequeña, en la parte de abajo, con una caligrafía fina decía el nombre de Alice. Bill sonrió y levantó la cabeza de la esclava para mirar a la chica. – Gracias.
-¿Te ha gustado?
-¿Qué si me ha gustado?, ¡Claro que si!. – dijo, y enseguida la rodeó con sus brazos. – mi regalo se quedará corto en comparación con esto…
-¿Regalo?
-Si, ya sabes, tu cumpleaños.
-¡Oh! Se me había olvidado..
-Que chica.. – dijo meneando la cabeza con desaprobación fingida.
-¿Cuando me darás mi regalo? – preguntó entusiasmada, con los ojos brillante de emoción, como una niña pequeña.
-Mañana.
-Pero debías ir a la reunión.
-Si, debo ir… pero solo en la mañana. – Alice asintió. – pasaré por ti a las cuato, ¿te parece bien?
-¡Si!, uy Ya quiero que llegue mañana. – dijo dando pequeños saltitos sobre el colchón. Bill rió.
-Debo informarte algo…
-¿Qué? – Bill abrió la boca para hablar, pero antes de que saliera palabra, Aly lo cortó. – ¡No, no, no me lo digas, dímelo mañana!
-Pero es sumamente import.. – Aly lo cortó nuevamente. Levantó la mano en señal de “stop” diciendo:
-He dicho que mañana, Bill – Bill suspiró y esperó un momento, seguidamente miró la hora en su móvil, ya era demasiado tarde y se debía ir a casa.
-Esto, ya me tengo que ir... – Alice asintió y bajó la mirada.
Entonces Bill se acercó a ella lentamente, acercó sus labios a los de la chica, rozándose levemente, el labio inferior de Bill estaba entre los de Aly, los cerró levemente, dando paso a un beso lleno de cariño, necesidad… las manos de Bill se entrelazaron con el ondulado cabello de la chica, y esta a la vez llevó sus estilizadas y suaves manos al cuello de él, lo acariciaba delicadamente, intentando, de alguna manera, acercarlo más a ella… tras unos instantes se separaron. Ambos suspiraron y Bill se fue de la habitación, despidiéndose de Aly con otro beso, esta vez más corto.

Al día siguiente, Alice despertó con un estrepitoso ruido, seguido de un grito ahogado de Laila. Dio un bote en la cama y se levantó lo más rápido que pudo, temía por su hermana. Corrió en pijama por la habitación, abrió la puerta violentamente… 

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