Capitulo
14
Creía quererlo tanto que había llegado a gritar a los cuatro vientos lo que yo sentía por él. Al final era mentiroso. Él era un falso sin corazón. Me ilusionaba y luego… bleh. Que importaba.
Aquí todo estaba claro: No lo quería ver más.
Me di la vuelta, estaba casi segura de que él seguía cantando en el mismo sitio, mientras miraba hacia “las fans” de ese sector, aunque sentía sus ojos clavados en mi espalda.
Iba a decirle permiso a una chica para que me dejase pasar, quería salir de allí. Cuando una mano me cogió del brazo.
- ¿Dónde vas? – Me preguntó Amy casi gritando.
- No me siento bien. – le contesté en el mismo tono. Pero ella me cogió las fuerte y me dio la vuelta.
-Disfruta amiga, la oportunidad es
única. – dijo para luego comenzar a gritar.
Yo dejé caer mis hombros y me agaché un poco, estaba avergonzada. ¿Cómo es que no me había dado cuenta antes? ¡Incluso había escuchado su música!
Miré a Bill, pero este miraba a las fans que estaban atrás de mí, luego me miró a mí. Nuestras miradas se encontraron y yo bajé la cabeza rápidamente.
El resto del concierto pasó muy lento. Lo único que quería era que terminara para poder irme de ese lugar de una vez. Mis energías de habían esfumado y me dejaba llevar por la masa de gente que me empujaba. De un lado a otro sin alzar la vista hacia el escenario donde él ya había comenzado a dar sus vueltas por todas partes.
Yo dejé caer mis hombros y me agaché un poco, estaba avergonzada. ¿Cómo es que no me había dado cuenta antes? ¡Incluso había escuchado su música!
Miré a Bill, pero este miraba a las fans que estaban atrás de mí, luego me miró a mí. Nuestras miradas se encontraron y yo bajé la cabeza rápidamente.
El resto del concierto pasó muy lento. Lo único que quería era que terminara para poder irme de ese lugar de una vez. Mis energías de habían esfumado y me dejaba llevar por la masa de gente que me empujaba. De un lado a otro sin alzar la vista hacia el escenario donde él ya había comenzado a dar sus vueltas por todas partes.
Al acabar, las chicas me
arrastraron hacia aquella sala donde los chicos se sacarían fotos y darían
autógrafos a las fans VIP. Yo fui allí con la expresión de odio grabada en el
rostro, pero ellas parecían estar muy alteradas como para darse cuenta de mi
situación.
Estuvimos esperando unos minutos interminables, hasta que ellos aparecieron. De cerca pude confirmarlo mejor. No tenía ninguna duda.
Me alejé del montón de gente que los rodeaba y me fui a la pared. Me paré al lado de un guardia de seguridad y me crucé de brazos echando mi cuerpo hacia atrás, de modo que mi espalda chocara contra el cemento.
Esperé pacientemente muchos minutos, hasta que todas esas fans locas que se ubicaban allí, contando con mis amigas, claro, acabaron de hacer todo lo que debían hacer…
De vez en cuando sentía que él me observaba, ya que su cabeza sobresalía de todo el gentío. Pero yo no le miraba, no directamente. Si no que por el rabillo del ojo. El parecía desconcertado… pero aquí la desconcertada debía ser yo.
Comenzaron a desalojar el lugar y yo me fui tras mis amigas, las cuales cotilleaban y me lanzaban miradas de extrañeza. Debieron hacer quedado sorprendidas al no verme allí con ellos y a que seguramente Amy se había dado cuenta de que eran los mismos chicos de la carrera de motos. Las dos habían conseguido una foto con la banda.
Fui la última en salir de allí, y gracias a mi mala suerte, alguien me cogió del brazo obligándome a girarme.
Estuvimos esperando unos minutos interminables, hasta que ellos aparecieron. De cerca pude confirmarlo mejor. No tenía ninguna duda.
Me alejé del montón de gente que los rodeaba y me fui a la pared. Me paré al lado de un guardia de seguridad y me crucé de brazos echando mi cuerpo hacia atrás, de modo que mi espalda chocara contra el cemento.
Esperé pacientemente muchos minutos, hasta que todas esas fans locas que se ubicaban allí, contando con mis amigas, claro, acabaron de hacer todo lo que debían hacer…
De vez en cuando sentía que él me observaba, ya que su cabeza sobresalía de todo el gentío. Pero yo no le miraba, no directamente. Si no que por el rabillo del ojo. El parecía desconcertado… pero aquí la desconcertada debía ser yo.
Comenzaron a desalojar el lugar y yo me fui tras mis amigas, las cuales cotilleaban y me lanzaban miradas de extrañeza. Debieron hacer quedado sorprendidas al no verme allí con ellos y a que seguramente Amy se había dado cuenta de que eran los mismos chicos de la carrera de motos. Las dos habían conseguido una foto con la banda.
Fui la última en salir de allí, y gracias a mi mala suerte, alguien me cogió del brazo obligándome a girarme.
Tuve que levantar la
vista para descubrir a un guardia, el mismo que había estado al lado mío
durante la firma.
- Hay alguien que necesita que entre, señorita.
- No quiero. – intenté soltarme, pero él me arrastró hasta dentro y cerró la puerta. – que maleducado, ¡suéltame! – grité mientras me revolvía, pero él no me soltó hasta dejarme frente a ese mentiroso.
Apreté mis manos en puños fuertemente y lo miré con rabia. El simplemente me miró… Esta vez no sentía nada.
- ¿Me sigues, por favor?. – se dio la vuelta y comenzó a caminar. Miré a la salida y al ver que no tenía escapatoria, le seguí. Entramos en otra habitación donde estábamos los dos solos. Quizás que cosas me diría. Yo a él no le quería dirigir la palabra.
- Hay alguien que necesita que entre, señorita.
- No quiero. – intenté soltarme, pero él me arrastró hasta dentro y cerró la puerta. – que maleducado, ¡suéltame! – grité mientras me revolvía, pero él no me soltó hasta dejarme frente a ese mentiroso.
Apreté mis manos en puños fuertemente y lo miré con rabia. El simplemente me miró… Esta vez no sentía nada.
- ¿Me sigues, por favor?. – se dio la vuelta y comenzó a caminar. Miré a la salida y al ver que no tenía escapatoria, le seguí. Entramos en otra habitación donde estábamos los dos solos. Quizás que cosas me diría. Yo a él no le quería dirigir la palabra.
Bill quedó de pie en
frente de la puerta y yo frente a él. No quise alzar la mirada, pero al parecer
él no hacía otra cosa que tener la suya pegada en mí. Lo sentí carraspear. Ni
siquiera me inmuté, estaba demasiado molesta con él.
- Abril… - Creí que diría algo más. En vez de eso lo sentí suspirar. Entrelacé mis dedos e intenté no pensar en nada, en no sentir nada. – ¿puedes mirarme? – no lo hice, no quería. – Abril…
- ¿Qué? – dije secamente mientras alzaba la vista y lo miraba a la cara. No logré descifrar su mirada, pero tenía una pizca de tristeza en ella, esa tristeza que a mí no me importaba en lo absoluto… yo lo miraba con asco. Lo asqueaba… qué persona más falsa. Odiaba a la gente así.
- ¿Estás enojada? – como toda respuesta eché la cabeza hacia un lado. - Lo siento, yo… no sabía que ibas a reaccionar así. Era una sorpresa… - negué con la cabeza en signo de desaprobación. – Abril…
- Eres un mentiroso. – dije fría.
- Abril…
- Eres un puto mentiroso.
- No me insultes, Abril. – Dijo serio. ¿Es que era necesario repetir tantas veces mi nombre?
- ¿Por qué no me lo dijiste? ¡Eres un... arg! ¡Bill, te odio! – le grité.
- Pero… no, no mira yo…
- Cierra la boca y es mejor que le digas a ese hombre que me deje salir de aquí. – dije señalando a la puerta.
- No, Primero quiero hablar contigo.
- ¿Hablar conmigo? ¿Sobre qué? – fue a hablar, pero lo interrumpí. – ¡Oh, Claro! ¡sobre la estúpida de Abril! ¡La chica de la cual te estuviste riendo durante todas estas semanas!
- No, jamás me reí de ti. Por favor, no te enojes. Yo... necesitaba a alguien...
- ¿Necesitabas a un payaso, verdad? – comencé a asentir, él sólo me miraba, igual que antes.- Yo creí que eras…. De otra manera, diferente.
- Pero yo soy Bill. Ese Bill que conociste durante estos días realmente soy yo. Y es que si te decía sobre esto…
- Claro, claro. – le interrumpí.
- Abril, escúchame, ¿quieres? – se estaba comenzando a poner nervioso, lo notaba.
- ¡No, no y no! Ya dejémoslo, no vale la pena.
- ¿Crees que porque soy famoso no tengo derecho a…?
- Si, claro, Bill. Quiero irme de aquí. – me crucé de brazos.
- Pero es que si te lo decía…
- Si me lo decías ya no te podrías burlar.
- Abril, no.. – se acercó a mí. Demasiado cerca para mi gusto. – escúchame, ¿sí? – negué con la cabeza. Entonces él me tomó la cara y juntó nuestros labios sin previo aviso. Yo salté hacia atrás en un acto reflejo y le di con mi mano en la cara, con todas mis fuerzas. Él se llevó su mano hacia la zona enrojecida por el golpe, sin siquiera mirarme.
- No vuelvas a hacer eso. - la voz se me había quebrado al final de la frase. Y mi cuerpo comenzaba a temblar… no me sentía nada bien. Tantas emociones juntas no me venían nada bien. Me había comenzado a marear.
- Tú no entiendes… - susurró. Yo no respondí. Retrocedí un paso hacia atrás. Y él me miró. – Yo pensaba que si te lo decía estarías conmigo sólo por lo que yo hacía, por mi dinero... mi fama… por favor, compréndeme.
- N…no. – me costaba hablar. Sentía la lengua dormida.
Tenía la sensación de que en cualquier momento caería desplomada al piso.
- ¿Te encuentras bien? – no pude responder. Estaba mareada... mis sentidos comenzaron a nublarse. Un nudo oprimía mi pecho impidiéndome coger aire. – Abril, me estás preocupando. – dijo mientras se acercaba a mí. Pero yo retrocedí otro paso y puse ambas manos frente a mi cuerpo en signo de que parase.
- Quiero ir a casa. – hablé como pude.
- ¿Quieres agua? – Asentí. La verdad es que no daba para más. Él se dio media vuelta y desapareció por la puerta.
- Abril… - Creí que diría algo más. En vez de eso lo sentí suspirar. Entrelacé mis dedos e intenté no pensar en nada, en no sentir nada. – ¿puedes mirarme? – no lo hice, no quería. – Abril…
- ¿Qué? – dije secamente mientras alzaba la vista y lo miraba a la cara. No logré descifrar su mirada, pero tenía una pizca de tristeza en ella, esa tristeza que a mí no me importaba en lo absoluto… yo lo miraba con asco. Lo asqueaba… qué persona más falsa. Odiaba a la gente así.
- ¿Estás enojada? – como toda respuesta eché la cabeza hacia un lado. - Lo siento, yo… no sabía que ibas a reaccionar así. Era una sorpresa… - negué con la cabeza en signo de desaprobación. – Abril…
- Eres un mentiroso. – dije fría.
- Abril…
- Eres un puto mentiroso.
- No me insultes, Abril. – Dijo serio. ¿Es que era necesario repetir tantas veces mi nombre?
- ¿Por qué no me lo dijiste? ¡Eres un... arg! ¡Bill, te odio! – le grité.
- Pero… no, no mira yo…
- Cierra la boca y es mejor que le digas a ese hombre que me deje salir de aquí. – dije señalando a la puerta.
- No, Primero quiero hablar contigo.
- ¿Hablar conmigo? ¿Sobre qué? – fue a hablar, pero lo interrumpí. – ¡Oh, Claro! ¡sobre la estúpida de Abril! ¡La chica de la cual te estuviste riendo durante todas estas semanas!
- No, jamás me reí de ti. Por favor, no te enojes. Yo... necesitaba a alguien...
- ¿Necesitabas a un payaso, verdad? – comencé a asentir, él sólo me miraba, igual que antes.- Yo creí que eras…. De otra manera, diferente.
- Pero yo soy Bill. Ese Bill que conociste durante estos días realmente soy yo. Y es que si te decía sobre esto…
- Claro, claro. – le interrumpí.
- Abril, escúchame, ¿quieres? – se estaba comenzando a poner nervioso, lo notaba.
- ¡No, no y no! Ya dejémoslo, no vale la pena.
- ¿Crees que porque soy famoso no tengo derecho a…?
- Si, claro, Bill. Quiero irme de aquí. – me crucé de brazos.
- Pero es que si te lo decía…
- Si me lo decías ya no te podrías burlar.
- Abril, no.. – se acercó a mí. Demasiado cerca para mi gusto. – escúchame, ¿sí? – negué con la cabeza. Entonces él me tomó la cara y juntó nuestros labios sin previo aviso. Yo salté hacia atrás en un acto reflejo y le di con mi mano en la cara, con todas mis fuerzas. Él se llevó su mano hacia la zona enrojecida por el golpe, sin siquiera mirarme.
- No vuelvas a hacer eso. - la voz se me había quebrado al final de la frase. Y mi cuerpo comenzaba a temblar… no me sentía nada bien. Tantas emociones juntas no me venían nada bien. Me había comenzado a marear.
- Tú no entiendes… - susurró. Yo no respondí. Retrocedí un paso hacia atrás. Y él me miró. – Yo pensaba que si te lo decía estarías conmigo sólo por lo que yo hacía, por mi dinero... mi fama… por favor, compréndeme.
- N…no. – me costaba hablar. Sentía la lengua dormida.
Tenía la sensación de que en cualquier momento caería desplomada al piso.
- ¿Te encuentras bien? – no pude responder. Estaba mareada... mis sentidos comenzaron a nublarse. Un nudo oprimía mi pecho impidiéndome coger aire. – Abril, me estás preocupando. – dijo mientras se acercaba a mí. Pero yo retrocedí otro paso y puse ambas manos frente a mi cuerpo en signo de que parase.
- Quiero ir a casa. – hablé como pude.
- ¿Quieres agua? – Asentí. La verdad es que no daba para más. Él se dio media vuelta y desapareció por la puerta.
Entre mi desesperación,
miré la habitación y al darme cuenta de que había sillones en ella, suspiré
aliviada, me acerqué a uno y me senté llevándome una mano a la cabeza. Cerré
los ojos y en medio segundo la puerta ya se había abierto dejando pasar a Bill
por ella, con el vaso de agua en la mano.
Se acercó y se sentó a mi lado, tendiéndome el vaso.
Yo lo cogí con mi mano temblorosa y lo acerqué a mi boca mientras miraba a ese chico… ¿A caso alguien como él podía ser malo? Actuaba conmigo igual que antes, me miraba igual que antes, sus gestos eran los mismos… vamos, era él.
Con la “insignificante” diferencia, que ahora yo ya sabía que él era una súper estrella internacional. Lo cual hacía que me sintiese estúpida. Como si él fuese un dios o algo por el estilo… es decir, yo sabía que él era una persona, como todos. Pero no podía evitar sentirme como una… “mortal” a su lado…
De pronto ya no estaba enojada… tampoco rabiosa. Ahora si quería hablar con él. Aunque me sintiese intimidada. Ahora dejaría que él me explicara todo… ya me había desahogado.
Se acercó y se sentó a mi lado, tendiéndome el vaso.
Yo lo cogí con mi mano temblorosa y lo acerqué a mi boca mientras miraba a ese chico… ¿A caso alguien como él podía ser malo? Actuaba conmigo igual que antes, me miraba igual que antes, sus gestos eran los mismos… vamos, era él.
Con la “insignificante” diferencia, que ahora yo ya sabía que él era una súper estrella internacional. Lo cual hacía que me sintiese estúpida. Como si él fuese un dios o algo por el estilo… es decir, yo sabía que él era una persona, como todos. Pero no podía evitar sentirme como una… “mortal” a su lado…
De pronto ya no estaba enojada… tampoco rabiosa. Ahora si quería hablar con él. Aunque me sintiese intimidada. Ahora dejaría que él me explicara todo… ya me había desahogado.
Separé el vaso de mi
boca y me mordí los labios. No me sentía mejor, pero por lo menos ya no me
costaba respirar.
- ¿Estás mejor? – Era el mismo chico atento y amable que antes.
- Eso creo… - nos quedamos en silencio un momento. ¿Y ahora qué? Me tenía que disculpar por haber actuado así, eso estaba claro... tenía que decirle que lo sentía. Que yo era una estúpida que se dejaba llevar por los impulsos, sin antes detenerme a pensar en lo que diría o haría.
- Abril
- Bill. – dijimos al mismo tiempo… - tu primero.
- Tu primero. – que coordinación.
- Lo siento. – me apresuré en decir.
- ¿Por qué? Yo soy el mentiroso aquí. – no había reproche en esas palabras…
- No… tu no querías decírmelo porque era lo mejor, supongo… - tragué saliva. – ¿No quieres explicarme todo ahora…? – él asintió.
- Si quiero. - se aclaró la garganta y empezó a jugar con sus dedos. Yo cada vez me sentía más pequeña, y mi autoestima ya estaba por los suelos. Me sentía ridícula hablando con él. Yo no encajaba allí… yo no encajaba en su mundo. – tú sabes que por ser famoso… - suspiró. – la gente no está conmigo por lo que yo en realidad soy. – asentí dándole la razón. – y pues, tenía miedo a que tu fueses mi amiga sólo por interés… por eso es que no te quería decir nada sobre esto. Pero no lo podía seguir ocultando porque, simplemente, no se podía. Tú te darías cuenta o… no lo sé. Algo me obligó a decirte la verdad... o más bien, a hacer que vieras lo que en realidad hago.
- Entonces no me lo dijiste porque…
- Tenía miedo. – terminó la frase. No era exactamente lo que yo iba a decir, pero si eso era lo que él sentía…- ¿Ya no estás enojada?
- No. – ahora me siento ridícula, pensé.
- Creí que no me querrías ver más… - se sinceró.
- Si... eso era lo que quería. – yo me sinceré también. – pero ahora no… - Él soltó una risita. – y dime… ¿ese era el gran secreto?.
- ¿Te parece poco?.- enarcó una ceja.
- La verdad… – reí. – oye, quiero que seamos amigos. – sabía que no iba a volver a ser lo mismo. Nada sería igual tras enterarme de aquello. Hasta me daría algo de vergüenza dejar que fuese a mi casa…
- Amigos. – susurró. – está bien. – sonrió de medio lado.
No pude contenerme más y me lancé sobre él para abrazarlo. Bill rió e igualmente lo hizo.
- Eres genial, eres el mismo de antes… - dije con mi cabeza enterrada en su hombro.
- ¿Lo dudabas? Este soy yo, Abril. – sonreí. No me podía haber enojado con él. Era tan dulce…
- ¿Estás mejor? – Era el mismo chico atento y amable que antes.
- Eso creo… - nos quedamos en silencio un momento. ¿Y ahora qué? Me tenía que disculpar por haber actuado así, eso estaba claro... tenía que decirle que lo sentía. Que yo era una estúpida que se dejaba llevar por los impulsos, sin antes detenerme a pensar en lo que diría o haría.
- Abril
- Bill. – dijimos al mismo tiempo… - tu primero.
- Tu primero. – que coordinación.
- Lo siento. – me apresuré en decir.
- ¿Por qué? Yo soy el mentiroso aquí. – no había reproche en esas palabras…
- No… tu no querías decírmelo porque era lo mejor, supongo… - tragué saliva. – ¿No quieres explicarme todo ahora…? – él asintió.
- Si quiero. - se aclaró la garganta y empezó a jugar con sus dedos. Yo cada vez me sentía más pequeña, y mi autoestima ya estaba por los suelos. Me sentía ridícula hablando con él. Yo no encajaba allí… yo no encajaba en su mundo. – tú sabes que por ser famoso… - suspiró. – la gente no está conmigo por lo que yo en realidad soy. – asentí dándole la razón. – y pues, tenía miedo a que tu fueses mi amiga sólo por interés… por eso es que no te quería decir nada sobre esto. Pero no lo podía seguir ocultando porque, simplemente, no se podía. Tú te darías cuenta o… no lo sé. Algo me obligó a decirte la verdad... o más bien, a hacer que vieras lo que en realidad hago.
- Entonces no me lo dijiste porque…
- Tenía miedo. – terminó la frase. No era exactamente lo que yo iba a decir, pero si eso era lo que él sentía…- ¿Ya no estás enojada?
- No. – ahora me siento ridícula, pensé.
- Creí que no me querrías ver más… - se sinceró.
- Si... eso era lo que quería. – yo me sinceré también. – pero ahora no… - Él soltó una risita. – y dime… ¿ese era el gran secreto?.
- ¿Te parece poco?.- enarcó una ceja.
- La verdad… – reí. – oye, quiero que seamos amigos. – sabía que no iba a volver a ser lo mismo. Nada sería igual tras enterarme de aquello. Hasta me daría algo de vergüenza dejar que fuese a mi casa…
- Amigos. – susurró. – está bien. – sonrió de medio lado.
No pude contenerme más y me lancé sobre él para abrazarlo. Bill rió e igualmente lo hizo.
- Eres genial, eres el mismo de antes… - dije con mi cabeza enterrada en su hombro.
- ¿Lo dudabas? Este soy yo, Abril. – sonreí. No me podía haber enojado con él. Era tan dulce…
- ¿Sabías que tienes una
voz hermosa? – me separé de él.
- Ya me lo habías dicho. – dijo divertido.
- En ese entonces yo no sabía que esa voz era tuya. – dije en el mismo tono. Me alegré al darme cuenta de que ya no me encontraba mal. – ¿te parece si dejamos este tema de lado? Es que como la noticia es reciente… creo que me siento extraña estando aquí… contigo. – me apresuré en decir.
- ¡Pero si acabas de decir que era el mismo!. – se quejó en broma.
- Es sólo que te veo de un modo diferente.
- ¿Como me ves? ¡Oye, que el peinado este me gusta!
- A mi igual. – reí. Su melena era hermosa. Me encantaba. Qué original... y que estilo tenía.
- ¿Como me ves? – volvió a repetir.
- Superior. – fue mi única respuesta.
- ¿Cómo superior? – me encogí de hombros. – Soy una persona. Como todos.
- No eres cualquier persona. – huí de su mirada... no la podía sostener.
- No pienses eso, somos amigos, no me hagas sentir mal. – dios, la que estaba mal aquí era yo…
Y me sentí aún peor al ver sobre la mesita de centro que allí había, una revista con el encabezado que decía:
- Ya me lo habías dicho. – dijo divertido.
- En ese entonces yo no sabía que esa voz era tuya. – dije en el mismo tono. Me alegré al darme cuenta de que ya no me encontraba mal. – ¿te parece si dejamos este tema de lado? Es que como la noticia es reciente… creo que me siento extraña estando aquí… contigo. – me apresuré en decir.
- ¡Pero si acabas de decir que era el mismo!. – se quejó en broma.
- Es sólo que te veo de un modo diferente.
- ¿Como me ves? ¡Oye, que el peinado este me gusta!
- A mi igual. – reí. Su melena era hermosa. Me encantaba. Qué original... y que estilo tenía.
- ¿Como me ves? – volvió a repetir.
- Superior. – fue mi única respuesta.
- ¿Cómo superior? – me encogí de hombros. – Soy una persona. Como todos.
- No eres cualquier persona. – huí de su mirada... no la podía sostener.
- No pienses eso, somos amigos, no me hagas sentir mal. – dios, la que estaba mal aquí era yo…
Y me sentí aún peor al ver sobre la mesita de centro que allí había, una revista con el encabezado que decía:
"¿BILL KAULITZ TIENE NOVIA DE NUEVO?”
La cogí
y la acerqué a mi rostro para leer lo que decía en letras más pequeñas:
Uno de nuestros camarógrafos captó estas imágenes del famoso cantante de rock con una chica desconocida, ¿será esto un nuevo amor?
Abrí la revista y
comencé a buscar como loca las páginas de ese “reportaje”. Dios, qué locura.
¿Bill tenía novia? Algo me decía que no era precisamente una novia…
Finalmente, logré llegar a las páginas. Eran cuatro… llenas de fotos de Bill y yo... de nosotros. Dios, había salido en una revista. Y es que si no fuera porque Bill estaba al lado mío me hubiese puesto a maldecir al fotógrafo y a todo el mundo que haya tenido algo que ver con eso. La hubiese roto en pedacitos y la hubiese quemado.
¿Por qué? Que rabia.
Finalmente, logré llegar a las páginas. Eran cuatro… llenas de fotos de Bill y yo... de nosotros. Dios, había salido en una revista. Y es que si no fuera porque Bill estaba al lado mío me hubiese puesto a maldecir al fotógrafo y a todo el mundo que haya tenido algo que ver con eso. La hubiese roto en pedacitos y la hubiese quemado.
¿Por qué? Que rabia.
Examiné las fotos. Eran
de esa “cena” sin terminar que habíamos tenido y del paseo al zoológico. Ya
entendía porque Bill se cubría tanto la cara. Y encima en las del zoológico
salíamos cogidos de la mano. Estaba completamente segura de que ahora todas las
chicas me odiarían… Levanté la vista y miré a Bill pidiéndole una explicación,
la rabia se apoderaba de mí nuevamente…
Bill
simplemente se encogió de hombros. No supe identificar su mirada. Le di la
revista y este la dejó sobre la mesa de centro, nuevamente. Seguramente él ya
la había visto.Resoplé y me puse de pié mareándome un poco. Miré a Bill, este no hizo absolutamente nada. Tomé uno de mis mechones de cabello y lo puse detrás de mi oreja, me mordí los labios… ¿y ahora que hacía? Me quería ir de allí, pero se suponía que ahora Bill era amigo mío… no era su culpa que ambos saliésemos en una revista… y si me iba podía echar a la basura esta “amistad” que teníamos entre nosotros.
Aún así, sabiendo las consecuencias, me di media vuelta y caminé hacia la puerta de la habitación sin decir nada… por un momento tuve la remota esperanza de que Bill me detuviera y no lo sé…
Esto no era su culpa y yo lo sabía.
Salí de allí mirando mis pies. Cerré la puerta, dejando a Bill sólo en esa habitación y una vez fuera, miré al mismo guardia de seguridad de hace un rato. Los mire desafiante, alzando una ceja. Un juego de niños, lo sé… pero es que me había caído bastante mal la actitud de ese hombre.
Caminé a la puerta y la abrí. Le eché la última mirada a toda la habitación y cerré la puerta.
De pronto sentí que mi vida se había ido a un hoyo. Ahora todo el mundo me odiaría. Por el simple hecho de que yo estuviera “saliendo” con Bill Kaulitz. Sería el centro de atención en algunos canales en la TV, a Bill le preguntarían por mí en sus entrevistas… en fin, si es que todo eso ocurría, no dudaba que dentro de poco tiempo se verían fans Tokio Hotel lanzándose por las ventanas de los edificios. Perfecto…
Me haría famosa, y no de una buena manera que digamos. Es más, jamás hubiera deseado ser famosa. ¿Para qué?, la gente se entromete en tu vida privada e inventan falsos rumores sobre ti.
Y para comenzar de buena manera mi futura carrera como “objetivo de la farándula”, justo en el momento en que salí del lugar, unos tres flashes me cegaron por completo. Me llevé una mano a los ojos, aprovechando también de cubrirme un poco la cara, y en mi mala suerte, choqué con un basurero haciendo que este se cayera y derramara toda la basura en medio de la calle. Podía imaginarme los titulares de las siguientes revistas de chismes: “La chica más torpe del planeta, la novia de Bill Kaulitz”. Fantástico.
Busqué con la mirada a mis amigas, pero al parecer ellas ya se habían ido de allí. Como se notaba que sentían mucho cariño por mí. Me abandonaban en un concierto. Que buenas amigas.
Seguí caminando mientras intentaba abrir mi bolso. Pero no, no pude... y no era porque el cierre se trabara, ni nada de eso. Si no, era porque ¡MI BOLSO NO ESTABA! Al principio me alarmé. Pero al ver nuevamente hacia atrás y descubrir una masa de periodistas y fotógrafos, no quise regresar, por lo que di mi bolso por perdido. Con móvil, Ipod, llaves, dinero y cosas personales dentro. Le diría a mi madre que me lo habían robado en el concierto.
Y es que algunas veces era tan descuidada. Seguro mañana me arrepentiría de no haber vuelto por mi bolso.
Como no tenía dinero, tuve que regresar a casa andando. Me dieron las dos y treinta de la madrugada, cuando estaba llegando. El viaje había sido larguísimo, pero había aprovechado de pensar sobre mis cosas. Y cuando me refiero a mis cosas, me refiero a Bill. Esto está claro, ¿no?
Atravesé el camino de piedrecillas de la entrada. Tropecé un par de veces, pero no llegué a caerme. Al llegar a la puerta, piqué al timbre, ya que no tenía llaves.
Esperé a que me abrieran mientras luchaba por mantener mis ojos abiertos. Tuve que picar unas tres veces más hasta que alguien abrió la puerta. Era mi madre, en pijama y con aires de dormida.
- Abril, cariño. Creía que habías llevado llaves. – dijo entremedio de un bostezo.
- Es que me han robado el bolso. – Entré por el lado libre de la puerta. La casa igualmente estaba oscura, incluso más de lo que afuera estaba.
- ¿Tu bolso? ¿Quién? ¿Por qué?
- No lo sé. – Bostecé. – Mañana hablamos, ¿te parece? – casi pude ver a mi madre asentir en la oscuridad. Me encaminé hacia la escalera y subí el primer escalón. Este crujió.
- Duerme bien. – Murmuró mamá.
Sonreí para mis adentros y seguí subiendo la escalera con un cuidado único. No quería caerme, hoy andaba bastante torpe.
Al llegar a mi habitación, me quité los zapatos y los pantalones para luego meterme a la cama en ropa interior y camiseta. Me acomodé lo más cómodamente que pude, cerré los ojos llenos de lágrimas por los bostezos y me quedé profundamente dormida.
Esa noche, que por cierto había sido bastante extraña, no soñé nada. Dormí como un bebe, sin interrupciones. Estaba agotada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario