10 marzo, 2012

Capítulo 12 /Leb die sekunde




CAPITULO 12

-Qué suerte tienen, chicos. – habló con voz neutra, eso había sido lo único que había podido salir de su boca en ese momento. Se le había hecho imposible no pensar en que no vería a Bill tan seguido, y estaría sola, sin nadie que fuera su compañía.
-Entonces te parece bien.-Afirmó Bill, estudiándola con la mirada.
-Claro que sí, me alegro mucho por ustedes, chicos, de verdad. – dijo con una sonrisa forzada.
-Tengo hambre – Todos miraron a Gustav y él se encogió de hombros. - ¿Qué?
-Yo igual tengo hambre..
-Y yo..
-Siempre pensando en lo mismo – negó Georg con la cabeza en signo de desaprobación.
-A mí se me ha antojado un chicle. – todos estallaron en risas ante el comentario de Andreas… excepto Alice que seguía y siguió sumida en sus pensamientos toda la tarde, no habló casi nada. Cuando quiso darse cuenta de lo que ocurría, ya estaba acostada en su cama, con la luz apagada y con tanto sueño que los ojos se le cerraban solos.

Ya era día nuevamente, Alice estaba en el balcón de su cuarto observando el cielo y planeando una estrategia para hacer amigos en la escuela. El sol estaba radiante y le daba directo a los ojos, por lo que los tenía algo cerrados; el calor se calaba por entre el fino pijama que llevaba al igual que el aire tibio de la mañana. Respiraba profundamente para intentar relajarse, no lo quería aceptar, pero estaba nerviosa y aunque no hubiera razón aparente, lo estaba. Las manos que tenía apoyadas sobre la barandilla le temblaban levemente al igual que sus piernas. Escuchó gritos y risas provenientes de la casa de en frente, seguido por un portazo que resonó por toda la calle. Automáticamente dirigió la vista hacia allí y pudo distinguir las siluetas de Gustav, Bill, Georg y Tom. Iban todos cargados de instrumentos y amplificadores, se reían a viva voz, mientras gritaban payasadas y hacían el tonto… Alice suspiró y fijó su mirada en Bill, ese chico que le había robado el corazón nada más verlo, ella nunca había creído en el amor a primera vista… pero era increíble, con Bill, todo era posible. Estuvo observándolos hasta que salieron del jardín delantero de la casa de los gemelos. Bill la vio y la saludó con la mano, el resto de los chicos lo imitaron. Ella les sonrió y les devolvió el saludo. Luego entró a su habitación, los chicos se habían levantado muy temprano…

Se vistió lo más rápido que pudo y salió a dar vueltas por la cuidad. Habían pasado ya las cuatro de la tarde y estaba frente a la puerta de la discográfica, tenía dos opciones: entrar, o seguir su camino… Meditó unos instantes y decidiéndose por la primera opción, entró. Dentro era todo muy lujoso y moderno; se dirigió hacia una señora que estaba en un mostrador…

-Hallo – saludó con una sonrisa.
-Hola, ¿Qué necesitas? – a Alice le entró una risa nerviosa.
-Necesito saber si aquí se encuentran unos chicos, tiene un grupo, antes se llamaba Devilish, pero creo que lo han cambiado… - dijo algo confundida.
- ¿Tokio Hotel querrá decir? – Asintió un poco dudosa, ¿y si no eran ellos? El nombre le sonaba pero… – Están en la sala del final del pasillo, hacia la izquierda. – dijo la señora, volviendo a los papeles en los que minutos antes había tenido la vista fijada.
-Gracias. – se alejó de allí, pero vio dos pasillos, no sabía cuál era, volvió sobre sus pasos donde la señora, quien no muy amablemente le dijo que era el de la derecha.
Estaba fuera de la puerta donde se suponía que estarían los chicos, estaba ansiosa por entrar, pero, ¿y si no eran ellos?, los chicos le había dado el nombre de la banda, pero ella no había prestado atención a eso.
Después de observar la puerta detenidamente, respiró hondo, giró el pomo y entró.
Se sobresaltó al encontrar a los chicos en plena guerra de comida, específicamente de pizza. Dio un paso hacia atrás y gritó, intentando imitar la voz de alguien mayor:

-¿QUE DEMONIOS OCURRE AQUÍ?
-Na.. nada.. – Los chicos se giraron hacia la puerta lentamente esperando encontrarse con la figura de alguno de los empleados de la discográfica, pero en vez de eso, se encontraron con unos ojos verdes que los miraban acusadoramente. Miraron a Alice enojados por haber interrumpido su “guerra de comida” y luego esa cara de enojo cambió a una maliciosa. Se lanzaron miradas cómplices y Georg se acercó a la puerta donde estaba la chica. Las tomó en brazos y cerró la puerta, entrándola en la habitación , para luego tirarla sobre el sillón. No pasó ni un segundo desde que Aly calló sobre el sillón, cuando sintió como trozos de algo pegajoso se impactaban contra su cuerpo. Se intentaba tapar con los brazos pero era imposible.

Cuando la guerra acabó, todos estaban llenos de Pizza, al igual que la sala en donde se encontraban. Alice se sacudió el cabello y trozos de queso salieron de allí cayendo en el suelo. Se sacudió la camiseta llena de una mezcla de comida, pero estaba demasiado pegada y no le salía…
Ya saliendo de la discográfica Gustav y Georg se despidieron de los chicos y de su amiga ya que su casa quedaba hacia el otro lado de la cuidad. Comenzaron a caminar en dirección a sus casas, iban en silencio, pero no era de esos típicos silenciaos incómodos, se podía decir que era un “silencio cómodo”. Hasta que Tom rompió ese cómodo silencio.

-¡UN SABOR NUEVO DE HELADO! – gritó a todo pulmón alzando los brazos hacia el cielo mientras pasaban en frente de un heladería, Bill y Alice dieron un bote del susto y abrieron mucho los ojos para mirar a Tom, al igual que toda la gente que pasaba por allí cerca y había escuchado ese grito.
-Un... ¿helado? – dijo algo extrañada por la reacción de Tom al descubrir el nuevo sabor en la pancarta del local.
-Si, si, lo que pasa, es que yo.. – Bill lo cortó.
-Es fan de los helados… - dijo rolando los ojos.
-Vaya… no lo sabía.
-Ahora lo sabes. – dijo adoptando posición de chulo y luego continuó – Cuando sea famoso sabrás todo sobre el gran Tom Kaulitz.
-No te ilusiones niño, que el único que podría ser llamado “gran”, es Bill – dijo mirando a Bill con complicidad. Bill alzó las cejas rápidamente, para picar a Tom. Este bufó y entro a la heladería. – Que raro es tu hermano. -Bill suspiró.
-Agradece que no es tu hermano… lo he tenido que soportar toda la vida. – dijo haciéndose la víctima, Alice rió.
-No seas cruel, Bill. Debe ser genial tener un hermano así.
-No lo creo.
-¿Qué no crees, Bill? – ambos miraron hacia el lugar de donde provenía la voz, y allí estaba Tom, frente ellos, con un barquillo en la mano, y pasándole la lengua sobre el helado color naranja.
-Nada...
-Ha.. – pensó un poco – este helado es delicioso, ¿quieres? – dijo poniendo el helado muy cerca de la cara de Bill, este negó con la cabeza echándose un poco hacia atrás. – bueno, tú te lo pierdes.. ¿quieres? – dijo haciendo lo mismo pero a Alice.
-No, gracias.
-¿Por qué gracias?, no te he dado nada.
-Tengo algo que se llama educación, Tom
-Yo tengo un helado. – dijo apuntándolo con el dedo índice. – y es color naranja – metió el dedo en la crema naranja y se la llevó a la boca.. – mmm.. .deliciosa… ¿seguro no quieren?
-Que no... –dijeron a la vez. Tom se encogió de hombros y retomaron su camino hacia casa haciendo el tonto y saludando a la gente que no conocían pero que tenían aspecto simpático.
Los gemelos fueron a dejar a Alice a la puerta de su casa, ella picó, abrió Luisa, le informó que sus padres y Laila estaban cenado con los padres de los gemelos, a si que les invitó a pasar. Entraron los tres al comedor y se dieron cuenta de que todas las miradas estaban fijas en ellos.

- Hola – Saludaron los recién llegados a la vez.
-Aly, cariño, ven, siéntate, ustedes chicos igual tomen asiento.-Les invitó su madre.
-Claro... – se sentaron los tres en la mesa acompañando a los demás, Luisa no tardó en traerles la comida, estaba exquisita, y a todos les había fascinado. La cena fue normal, igual que la anterior, los grandes hablaban sobre sus temas, trabajo, dinero, política. Pero al igual muy diferente, ya que los gemelos y las gemelas se hablaban entre ellos, y no como la vez anterior. Al terminar la cena, la familia Kaulitz volvió a casa y las chicas se acostaron a dormir. 

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