CAPITULO 12
-Qué suerte
tienen, chicos. – habló con voz neutra, eso había sido lo único que había
podido salir de su boca en ese momento. Se le había hecho imposible no pensar
en que no vería a Bill tan seguido, y estaría sola, sin nadie que fuera su
compañía.
-Entonces te
parece bien.-Afirmó Bill, estudiándola con la mirada.
-Claro que
sí, me alegro mucho por ustedes, chicos, de verdad. – dijo con una sonrisa
forzada.
-Tengo
hambre – Todos miraron a Gustav y él se encogió de hombros. - ¿Qué?
-Yo igual
tengo hambre..
-Y yo..
-Siempre
pensando en lo mismo – negó Georg con la cabeza en signo de desaprobación.
-A mí se me
ha antojado un chicle. – todos estallaron en risas ante el comentario de Andreas…
excepto Alice que seguía y siguió sumida en sus pensamientos toda la tarde, no
habló casi nada. Cuando quiso darse cuenta de lo que ocurría, ya estaba
acostada en su cama, con la luz apagada y con tanto sueño que los ojos se le
cerraban solos.
Ya era día
nuevamente, Alice estaba en el balcón de su cuarto observando el cielo y
planeando una estrategia para hacer amigos en la escuela. El sol estaba
radiante y le daba directo a los ojos, por lo que los tenía algo cerrados; el
calor se calaba por entre el fino pijama que llevaba al igual que el aire tibio
de la mañana. Respiraba profundamente para intentar relajarse, no lo quería
aceptar, pero estaba nerviosa y aunque no hubiera razón aparente, lo estaba.
Las manos que tenía apoyadas sobre la barandilla le temblaban levemente al
igual que sus piernas. Escuchó gritos y risas provenientes de la casa de en
frente, seguido por un portazo que resonó por toda la calle. Automáticamente
dirigió la vista hacia allí y pudo distinguir las siluetas de Gustav, Bill,
Georg y Tom. Iban todos cargados de instrumentos y amplificadores, se reían a
viva voz, mientras gritaban payasadas y hacían el tonto… Alice suspiró y fijó
su mirada en Bill, ese chico que le había robado el corazón nada más verlo,
ella nunca había creído en el amor a primera vista… pero era increíble, con
Bill, todo era posible. Estuvo observándolos hasta que salieron del jardín
delantero de la casa de los gemelos. Bill la vio y la saludó con la mano, el
resto de los chicos lo imitaron. Ella les sonrió y les devolvió el saludo.
Luego entró a su habitación, los chicos se habían levantado muy temprano…
Se vistió lo
más rápido que pudo y salió a dar vueltas por la cuidad. Habían pasado ya las
cuatro de la tarde y estaba frente a la puerta de la discográfica, tenía dos
opciones: entrar, o seguir su camino… Meditó unos instantes y decidiéndose por
la primera opción, entró. Dentro era todo muy lujoso y moderno; se dirigió
hacia una señora que estaba en un mostrador…
-Hallo –
saludó con una sonrisa.
-Hola, ¿Qué
necesitas? – a Alice le entró una risa nerviosa.
-Necesito
saber si aquí se encuentran unos chicos, tiene un grupo, antes se llamaba
Devilish, pero creo que lo han cambiado… - dijo algo confundida.
- ¿Tokio
Hotel querrá decir? – Asintió un poco dudosa, ¿y si no eran ellos? El nombre le
sonaba pero… – Están en la sala del final del pasillo, hacia la izquierda. –
dijo la señora, volviendo a los papeles en los que minutos antes había tenido
la vista fijada.
-Gracias. –
se alejó de allí, pero vio dos pasillos, no sabía cuál era, volvió sobre sus
pasos donde la señora, quien no muy amablemente le dijo que era el de la
derecha.
Estaba fuera
de la puerta donde se suponía que estarían los chicos, estaba ansiosa por
entrar, pero, ¿y si no eran ellos?, los chicos le había dado el nombre de la banda,
pero ella no había prestado atención a eso.
Después de
observar la puerta detenidamente, respiró hondo, giró el pomo y entró.
Se
sobresaltó al encontrar a los chicos en plena guerra de comida, específicamente
de pizza. Dio un paso hacia atrás y gritó, intentando imitar la voz de alguien
mayor:
-¿QUE
DEMONIOS OCURRE AQUÍ?
-Na.. nada..
– Los chicos se giraron hacia la puerta lentamente esperando encontrarse con la
figura de alguno de los empleados de la discográfica, pero en vez de eso, se
encontraron con unos ojos verdes que los miraban acusadoramente. Miraron a
Alice enojados por haber interrumpido su “guerra de comida” y luego esa cara de
enojo cambió a una maliciosa. Se lanzaron miradas cómplices y Georg se acercó a
la puerta donde estaba la chica. Las tomó en brazos y cerró la puerta,
entrándola en la habitación , para luego tirarla sobre el sillón. No pasó ni un
segundo desde que Aly calló sobre el sillón, cuando sintió como trozos de algo
pegajoso se impactaban contra su cuerpo. Se intentaba tapar con los brazos pero
era imposible.
Cuando la
guerra acabó, todos estaban llenos de Pizza, al igual que la sala en donde se
encontraban. Alice se sacudió el cabello y trozos de queso salieron de allí
cayendo en el suelo. Se sacudió la camiseta llena de una mezcla de comida, pero
estaba demasiado pegada y no le salía…
Ya saliendo
de la discográfica Gustav y Georg se despidieron de los chicos y de su amiga ya
que su casa quedaba hacia el otro lado de la cuidad. Comenzaron a caminar en
dirección a sus casas, iban en silencio, pero no era de esos típicos silenciaos
incómodos, se podía decir que era un “silencio cómodo”. Hasta que Tom rompió ese
cómodo silencio.
-¡UN SABOR
NUEVO DE HELADO! – gritó a todo pulmón alzando los brazos hacia el cielo
mientras pasaban en frente de un heladería, Bill y Alice dieron un bote del
susto y abrieron mucho los ojos para mirar a Tom, al igual que toda la gente
que pasaba por allí cerca y había escuchado ese grito.
-Un...
¿helado? – dijo algo extrañada por la reacción de Tom al descubrir el nuevo
sabor en la pancarta del local.
-Si, si, lo
que pasa, es que yo.. – Bill lo cortó.
-Es fan de
los helados… - dijo rolando los ojos.
-Vaya… no lo
sabía.
-Ahora lo
sabes. – dijo adoptando posición de chulo y luego continuó – Cuando sea famoso
sabrás todo sobre el gran Tom Kaulitz.
-No te
ilusiones niño, que el único que podría ser llamado “gran”, es Bill – dijo
mirando a Bill con complicidad. Bill alzó las cejas rápidamente, para picar a
Tom. Este bufó y entro a la heladería. – Que raro es tu hermano. -Bill suspiró.
-Agradece
que no es tu hermano… lo he tenido que soportar toda la vida. – dijo haciéndose
la víctima, Alice rió.
-No seas
cruel, Bill. Debe ser genial tener un hermano así.
-No lo creo.
-¿Qué no
crees, Bill? – ambos miraron hacia el lugar de donde provenía la voz, y allí
estaba Tom, frente ellos, con un barquillo en la mano, y pasándole la lengua
sobre el helado color naranja.
-Nada...
-Ha.. –
pensó un poco – este helado es delicioso, ¿quieres? – dijo poniendo el helado
muy cerca de la cara de Bill, este negó con la cabeza echándose un poco hacia
atrás. – bueno, tú te lo pierdes.. ¿quieres? – dijo haciendo lo mismo pero a
Alice.
-No,
gracias.
-¿Por qué
gracias?, no te he dado nada.
-Tengo algo
que se llama educación, Tom
-Yo tengo un
helado. – dijo apuntándolo con el dedo índice. – y es color naranja – metió el
dedo en la crema naranja y se la llevó a la boca.. – mmm.. .deliciosa… ¿seguro
no quieren?
-Que no...
–dijeron a la vez. Tom se encogió de hombros y retomaron su camino hacia casa
haciendo el tonto y saludando a la gente que no conocían pero que tenían
aspecto simpático.
Los gemelos
fueron a dejar a Alice a la puerta de su casa, ella picó, abrió Luisa, le
informó que sus padres y Laila estaban cenado con los padres de los gemelos, a
si que les invitó a pasar. Entraron los tres al comedor y se dieron cuenta de
que todas las miradas estaban fijas en ellos.
- Hola –
Saludaron los recién llegados a la vez.
-Aly,
cariño, ven, siéntate, ustedes chicos igual tomen asiento.-Les invitó su madre.
-Claro... –
se sentaron los tres en la mesa acompañando a los demás, Luisa no tardó en
traerles la comida, estaba exquisita, y a todos les había fascinado. La cena
fue normal, igual que la anterior, los grandes hablaban sobre sus temas,
trabajo, dinero, política. Pero al igual muy diferente, ya que los gemelos y
las gemelas se hablaban entre ellos, y no como la vez anterior. Al terminar la
cena, la familia Kaulitz volvió a casa y las chicas se acostaron a dormir.
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