Capitulo
2
Desperté gracias a la luz del sol que me deba a la cara. Sentía un horrible dolor de cabeza, que tan sólo con abrir los ojos me mareaba… los abrí lentamente y descubrí que no estaba en mi habitación. Si no en otra... mucho más desordenada y… extraña. Me incorporé en la cama como pude. Sentía como su hubiese una mano dentro de mi cráneo y estrujara mi cerebro… nada podía ser peor…
Corrijo, todo podía ser
peor. Me di cuenta de que estaba desnuda y que mi ropa se esparcía por todo el
lugar. Me apresuré a recogerla, haciendo caso omiso a los mareos y el dolor. Me
vestí rapidísimo, con lo mismo de ayer, claro... y justo en el momento en que
me calzaba los zapatos alguien abrió la puerta.
- Veo que ya has despertado. – me sonrió un chico de cabello liso, rubio y un poco largo... con un cuerpo con los músculos bien marcados que se había asomado a la puerta.
- Eh.-. si. – fue lo único que logré decir.
- ¿Quieres comer algo? – yo negué con la cabeza, esta me dolió aún mas – ¿Te quieres ir? – asentí pesadamente. No esperé a que él me respondiera y salí de allí pasando a su lado en la puerta. – ¡oye! ¡No puedo ir a dejarte a casa! No estoy vestido. – me gritó desde la habitación. “voy sola” pensé. Aunque sería un viaje muy largo, considerando que mi casa quedaba por las afueras de la ciudad. – ¡Tom!. –escuché nuevamente la voz del chico. –¿Puedes acercarla a su casa?
- NO. – Dijo alguien con voz cortante desde el sillón, miré hacia allí y pude ver a un chico con ropa extremadamente ancha y con rastas. Me pareció algo gracioso… Aunque no era un muy buen momento para reír.
- No te preocupes, ya iré yo. – otra voz más... dios, ¿Cuántos chicos habían en esta casa?.. si es que era una casa, caro. Porque se parecía más a un hotel. Me di la vuelta a mi derecha, tuve que subir la mirada un poco para poder toparme con una gran sonrisa. Algo se revolvió en mi interior, y estoy segura que no era producto del alcohol de la noche anterior… el chico tenía el cabello negro y liso con unas cuantas mechas color blanco, sus ojos eran color miel y los traía maquillados. Sinceramente, me pareció hermoso. Creo que se dio cuenta de cómo lo miraba, ya que alzó una ceja y borró la sonrisa del rostro. – ¿Quieres?. – no comprendí.
- ¿Eh…?
- ¿Quieres que te acerque a tu casa? – dijo separando cada palabra y diciendo todo muy lentamente.
- Esto… si no es molesta.. yo.. no quiero molestar. – reí por lo bajo un poco nerviosa.
- No molestas, ven. – comenzó a caminar delante de mí. Yo le seguí. Vale, si, mis predicciones había sido correctas... estábamos en un hotel. Genial. Avancé mas rápido hasta quedar a su altura. Él me miró nuevamente – Así que has pasado la noche con Georg…
- ¿Georg? – fruncí el ceño.
- Si… el chico con el que has estado. – vaya, con que así se llamaba, pensé. Le rogué a dios que nunca, jamás en mi vida lo fuera a volver a ver… me daría una vergüenza… ¡y es que no era para menos!.
- Ah.. – torcí el gesto. Mientras entrábamos en el ascensor, él marcó el botón de subterráneo.
- ¿No sabías su nombre?. – yo me encogí de hombros.
- Él nunca me lo dijo. – él chico puso los ojos en blanco y soltó una risita.
- Georg le ha ganado a Tom. – dijo simplemente. Me comencé a sentir mareada, quizás por eso no comprendí lo que él quería decir.
- ¿Disculpa?.
- No te vayas a ofender ni nada por el estilo... pero estos hacen apuestas de quien coge la mejor presa. – ¿Presa? ¿Qué presa? todo se estaba volviendo borroso poco a poco, y mi cerebro no lograba entender lo que él me decía. Me llevé una mano a la cabeza. La puerta del ascensor se abrió y comenzamos a caminar en dirección a un auto, eso era obvio - Wow.. ¿estás bien? – me preguntó yo asentí con la cabeza. Justo antes de que todo se volviera negro y sentir como chocaba contra algo duro. “mierda”, fue lo último que oí, lo había dicho ese chico… que por cierto, tenía una hermosa voz…
- Veo que ya has despertado. – me sonrió un chico de cabello liso, rubio y un poco largo... con un cuerpo con los músculos bien marcados que se había asomado a la puerta.
- Eh.-. si. – fue lo único que logré decir.
- ¿Quieres comer algo? – yo negué con la cabeza, esta me dolió aún mas – ¿Te quieres ir? – asentí pesadamente. No esperé a que él me respondiera y salí de allí pasando a su lado en la puerta. – ¡oye! ¡No puedo ir a dejarte a casa! No estoy vestido. – me gritó desde la habitación. “voy sola” pensé. Aunque sería un viaje muy largo, considerando que mi casa quedaba por las afueras de la ciudad. – ¡Tom!. –escuché nuevamente la voz del chico. –¿Puedes acercarla a su casa?
- NO. – Dijo alguien con voz cortante desde el sillón, miré hacia allí y pude ver a un chico con ropa extremadamente ancha y con rastas. Me pareció algo gracioso… Aunque no era un muy buen momento para reír.
- No te preocupes, ya iré yo. – otra voz más... dios, ¿Cuántos chicos habían en esta casa?.. si es que era una casa, caro. Porque se parecía más a un hotel. Me di la vuelta a mi derecha, tuve que subir la mirada un poco para poder toparme con una gran sonrisa. Algo se revolvió en mi interior, y estoy segura que no era producto del alcohol de la noche anterior… el chico tenía el cabello negro y liso con unas cuantas mechas color blanco, sus ojos eran color miel y los traía maquillados. Sinceramente, me pareció hermoso. Creo que se dio cuenta de cómo lo miraba, ya que alzó una ceja y borró la sonrisa del rostro. – ¿Quieres?. – no comprendí.
- ¿Eh…?
- ¿Quieres que te acerque a tu casa? – dijo separando cada palabra y diciendo todo muy lentamente.
- Esto… si no es molesta.. yo.. no quiero molestar. – reí por lo bajo un poco nerviosa.
- No molestas, ven. – comenzó a caminar delante de mí. Yo le seguí. Vale, si, mis predicciones había sido correctas... estábamos en un hotel. Genial. Avancé mas rápido hasta quedar a su altura. Él me miró nuevamente – Así que has pasado la noche con Georg…
- ¿Georg? – fruncí el ceño.
- Si… el chico con el que has estado. – vaya, con que así se llamaba, pensé. Le rogué a dios que nunca, jamás en mi vida lo fuera a volver a ver… me daría una vergüenza… ¡y es que no era para menos!.
- Ah.. – torcí el gesto. Mientras entrábamos en el ascensor, él marcó el botón de subterráneo.
- ¿No sabías su nombre?. – yo me encogí de hombros.
- Él nunca me lo dijo. – él chico puso los ojos en blanco y soltó una risita.
- Georg le ha ganado a Tom. – dijo simplemente. Me comencé a sentir mareada, quizás por eso no comprendí lo que él quería decir.
- ¿Disculpa?.
- No te vayas a ofender ni nada por el estilo... pero estos hacen apuestas de quien coge la mejor presa. – ¿Presa? ¿Qué presa? todo se estaba volviendo borroso poco a poco, y mi cerebro no lograba entender lo que él me decía. Me llevé una mano a la cabeza. La puerta del ascensor se abrió y comenzamos a caminar en dirección a un auto, eso era obvio - Wow.. ¿estás bien? – me preguntó yo asentí con la cabeza. Justo antes de que todo se volviera negro y sentir como chocaba contra algo duro. “mierda”, fue lo último que oí, lo había dicho ese chico… que por cierto, tenía una hermosa voz…
Abrí los ojos lentamente,
esperando no marearme… ¿Qué había ocurrido?, lo último que recordaba era la voz
de ese chico, que por cierto, no me sabía su nombre… parpadeé un par de veces
antes de poder enfocar bien la vista, encontrándome con unos ojos color miel,
tenían una expresión un tanto… preocupada.
- ¿Qué ocurrió?. – mi voz sonó ronca, más de lo habitual.
- Te has desmayado, ¿no lo recuerdas? – yo negué con la cabeza.
- ¿Donde estoy? – pregunté al darme cuenta de que estaba sentada, pero no veía nada más que aquel chico desconocido.
- En mi coche.
- Ah… ¿Me llevas a casa?. – él asintió. Y se quitó de delante de mí, se acomodó en el asiento del conductor y echó a andar el coche… sentía la boca seca y pastosa, era una sensación horrible.. aunque ya no estaba mareada.
- ¿Cómo te llamas?. – me preguntó una vez habíamos salido del subterráneo y ya todo se veía con más claridad.
- Abril. Ve por allí. – dije indicándole el lado derecho de la carretera.
- Lindo nombre… Yo soy Bill. – me miró sonriendo y yo le devolví la sonrisa.
- No sabía tu nombre. – él rió bajito. – ¿De donde eres?.. digo, nunca te había visto por aquí y tu acento es… extraño. – Bill rió aún más.
- No, estoy aquí con unos amigos… sólo estaremos un mes, soy de Alemania.
- Eso explica el hotel.. – reí. – dobla hacia la izquierda y sigue derecho hasta la carretera para abandonar la ciudad. – le indiqué.
- ¿No vives aquí?.
- Em.. si y no. Mi casa queda a las afueras de la ciudad. Unos diez minutos. – él asintió. – ¿Qué tal es Alemania?. – dije para buscar algún tema de conversación.
- No me quejo… por lo general viajamos mucho. Casi no estamos en casa.
- ¡Genial! No te molesta viajar tanto?. – Bill se encogió de hombros, no quitaba la vista de la carretera y tenía expresión pensativa…
- Es trabajo. – Solté un pequeño “ah” y luego decidí que cerraría la boca, al menos hasta la mitad del camino… a la gente no le gustaba que yo hablase tanto, no me podían callar y eso hacía que se desesperaran. - ¿estás mejor ahora? ¿No necesitas que te lleve a un hospital o algo así? – ¿mejor? ¡Claro!
- Si. Digo, estoy mejor. – se mordió el labio inferior.
- ¿Qué edad tienes?.
- Dieciocho. ¿Y tú?
- Diecinueve. – el resto del camino lo pasamos en silencio… me carcomía el cerebro para buscar tema de conversación ¡pero no había ninguno! Eso me disgustaba bastante… ese chico hacía que mi cabeza volara hacia otro lugar lejos de mi cuerpo y no pudiera pensar bien. Bill era un tanto extraño… su trabajo debería ser… extraño… ya que por su extraña, pero bonita, apariencia… no aparentaba ser más que un bello chico extraño. Hasta su forma de vestir era extraña.. nadie normal se vestiría así para ir por la calle. Pero a él le quedaba genial. Vale, me enredé.
Pensé que ya no lo volvería a ver, que luego de que me dejara en casa él sería nuevamente un extraño… o quizás lo vería por la calle, pero no me atrevería a gritar su nombre para saludarlo, no era de esas personas.
Me dediqué a mirarlo y estudiar cada una de sus facciones. Él estaba algo tenso, creo que se dio cuenta de la forma en que lo miraba. Aún así, no despegó la vista de la carretera para mirarme. Y nuevamente, no pude evitar pensar que era hermoso, vale, me estaba pareciendo a Amy. Pero quiero aclarar que yo no soy ninguna puta. La noche anterior aparenté serlo, lo sé. Pero esa no era yo… esa era otra yo con un vaso lleno de alcohol.
- Me avisas…
- ¿Eh? – no había entendido a que se refería.
- ¿Qué ocurrió?. – mi voz sonó ronca, más de lo habitual.
- Te has desmayado, ¿no lo recuerdas? – yo negué con la cabeza.
- ¿Donde estoy? – pregunté al darme cuenta de que estaba sentada, pero no veía nada más que aquel chico desconocido.
- En mi coche.
- Ah… ¿Me llevas a casa?. – él asintió. Y se quitó de delante de mí, se acomodó en el asiento del conductor y echó a andar el coche… sentía la boca seca y pastosa, era una sensación horrible.. aunque ya no estaba mareada.
- ¿Cómo te llamas?. – me preguntó una vez habíamos salido del subterráneo y ya todo se veía con más claridad.
- Abril. Ve por allí. – dije indicándole el lado derecho de la carretera.
- Lindo nombre… Yo soy Bill. – me miró sonriendo y yo le devolví la sonrisa.
- No sabía tu nombre. – él rió bajito. – ¿De donde eres?.. digo, nunca te había visto por aquí y tu acento es… extraño. – Bill rió aún más.
- No, estoy aquí con unos amigos… sólo estaremos un mes, soy de Alemania.
- Eso explica el hotel.. – reí. – dobla hacia la izquierda y sigue derecho hasta la carretera para abandonar la ciudad. – le indiqué.
- ¿No vives aquí?.
- Em.. si y no. Mi casa queda a las afueras de la ciudad. Unos diez minutos. – él asintió. – ¿Qué tal es Alemania?. – dije para buscar algún tema de conversación.
- No me quejo… por lo general viajamos mucho. Casi no estamos en casa.
- ¡Genial! No te molesta viajar tanto?. – Bill se encogió de hombros, no quitaba la vista de la carretera y tenía expresión pensativa…
- Es trabajo. – Solté un pequeño “ah” y luego decidí que cerraría la boca, al menos hasta la mitad del camino… a la gente no le gustaba que yo hablase tanto, no me podían callar y eso hacía que se desesperaran. - ¿estás mejor ahora? ¿No necesitas que te lleve a un hospital o algo así? – ¿mejor? ¡Claro!
- Si. Digo, estoy mejor. – se mordió el labio inferior.
- ¿Qué edad tienes?.
- Dieciocho. ¿Y tú?
- Diecinueve. – el resto del camino lo pasamos en silencio… me carcomía el cerebro para buscar tema de conversación ¡pero no había ninguno! Eso me disgustaba bastante… ese chico hacía que mi cabeza volara hacia otro lugar lejos de mi cuerpo y no pudiera pensar bien. Bill era un tanto extraño… su trabajo debería ser… extraño… ya que por su extraña, pero bonita, apariencia… no aparentaba ser más que un bello chico extraño. Hasta su forma de vestir era extraña.. nadie normal se vestiría así para ir por la calle. Pero a él le quedaba genial. Vale, me enredé.
Pensé que ya no lo volvería a ver, que luego de que me dejara en casa él sería nuevamente un extraño… o quizás lo vería por la calle, pero no me atrevería a gritar su nombre para saludarlo, no era de esas personas.
Me dediqué a mirarlo y estudiar cada una de sus facciones. Él estaba algo tenso, creo que se dio cuenta de la forma en que lo miraba. Aún así, no despegó la vista de la carretera para mirarme. Y nuevamente, no pude evitar pensar que era hermoso, vale, me estaba pareciendo a Amy. Pero quiero aclarar que yo no soy ninguna puta. La noche anterior aparenté serlo, lo sé. Pero esa no era yo… esa era otra yo con un vaso lleno de alcohol.
- Me avisas…
- ¿Eh? – no había entendido a que se refería.
- Me dices cuando
detenga el auto. – Yo asentí y volví la vista hacia la ventanilla, ya nos
acercábamos a casa. Rogué a dios internamente, que mis padres estuviesen en
casa. Si no tendría que esperar a que llegaran… y no me apetecía sentarme en la
hierba a buscarle forma a las nubes…
- Es aquí. – Bill detuvo
el coche a un lado de la carretera y miró hacia mi casa, que no quedaba a más
de unos veinte metros del coche.
- Es linda. – yo sonreí y le miré, pero él no lo hacía.
- Gracias. – Abrí la puerta del coche.
- ¿Quieres que te deje en la puerta?. – Esta vez si me miró.
- No, no... no te preocupes. – me bajé del auto y me arreglé un poco la ropa, luego asomé la cabeza por la puerta para despedirme, pero él se estaba bajando. Me limité a cerrar la puerta y a comenzar a caminar. Él me siguió en silencio y se puso a mi altura. Suspiré. ¿Por qué lo hacía?
- Creía que te podía pasar algo… - yo le miré boquiabierta. Me había leído el pensamiento. ¿Pero qué me iba a pasar? Quizás pensaba que me desmayaría. – ¿Qué?. – me encogí de hombros.
- Nada… - nos quedamos en silencio- ¿te… te gusta el campo?. – le pregunté para buscar tema de conversación. El silencio era un tanto... incómodo.
- No. Es más, lo odio. – yo le miré expectante – no sé cómo soportas este lugar… hay animales pequeños y… bichos. – me eché a reír, él me miró con expresión divertida.
- A mí me encanta. – hice como que tragaba aire con fuerza y lo solté con un “ahhh”, como diciendo “amo este lugar”. Esta vez el que rió fue Bill.
- ¿Tienes animales?. – yo asentí. Este tema de conversación me gustaba…
- ¡Si!. tengo caballos. Soy buena montándolos. – dije con superioridad. – también soy buena haciendo todo tipo de deportes… especialmente los de riesgo.
- Yo siempre pensé que los que practicaban deportes de riesgo eran los chicos… pero tu…
- Soy la excepción a toda regla. – completé su frase. Ambos reímos. Giramos hacia la izquierda, ya que comenzaba el pequeño caminito de piedras que llevaba a la puerta de mi casa.
- ¿Y qué tal con la música?. - me encogí de hombros.
- No soy buena en nada que tenga que ver con el arte. – reí. – me inclino mas por el lado de la ciencia... y los deportes – me apresuré en decir. Él rió nuevamente mientras yo picaba al timbre. Apoyé mi espalda en la puerta y al ver que nadie abría piqué nuevamente. – mierda…
- ¿Pasa algo?
- Creo que no hay nadie… - me mordí el labio inferior y piqué al timbre con fuerza. Nos quedamos en silencio esperando a que abrieran... pero como anteriormente ocurrió, nadie nos abrió.
- ¿Esperaremos a que alguien llegue?. – yo negué con la cabeza.
- No. Yo esperaré… tu puedes irte. – le dije con una sonrisa.
- Quiero quedarme… - resoplé. – quiero verte montar un caballo. Sabes que no te creo demasiado. – dijo retándome.
- Tú eres quien no sabe montar uno. Ven. – lo cogí de la muñeca y comencé a caminar arrastrando a Bill. Él simplemente reía y no se oponía a seguirme. – ¿Por qué te quedas?
- No sé... me apetecía quedarme.. – no pude ver su expresión, pero juraría que se había encogido de hombros.
- No te asustarás con el caballo, ¿verdad?. – soltó una risita.
- Es diferente que no me gusten a que me asusten.
- ¡Já!. Mi linda Meer te asustará, ya verás.
- ¿Meer?.
- Ese es el nombre de mi yegua. – le dije como si fuese algo obvio.
- Ah. – vale, ahora que lo pensaba... esto estaba mal. Había traído a casa a un extraño... bueno, técnicamente no estábamos dentro de mi casa pero era exactamente lo mismo, creo… a parte ¿cómo iba a montar un caballo con un vestido como el que traía? Era imposible. Aunque si no lo hacía quedaría como una mentirosa que no sabe montar un caballo... pero ¿Qué más da? Él tampoco sabe…
Intenté buscar una excusa rápidamente, hasta que algo se me vino a la cabeza…
Me detuve, dejé caer su mano y me di la vuelta.. Bill me miró confundido.
- ¿Qué ocurre?
- Es linda. – yo sonreí y le miré, pero él no lo hacía.
- Gracias. – Abrí la puerta del coche.
- ¿Quieres que te deje en la puerta?. – Esta vez si me miró.
- No, no... no te preocupes. – me bajé del auto y me arreglé un poco la ropa, luego asomé la cabeza por la puerta para despedirme, pero él se estaba bajando. Me limité a cerrar la puerta y a comenzar a caminar. Él me siguió en silencio y se puso a mi altura. Suspiré. ¿Por qué lo hacía?
- Creía que te podía pasar algo… - yo le miré boquiabierta. Me había leído el pensamiento. ¿Pero qué me iba a pasar? Quizás pensaba que me desmayaría. – ¿Qué?. – me encogí de hombros.
- Nada… - nos quedamos en silencio- ¿te… te gusta el campo?. – le pregunté para buscar tema de conversación. El silencio era un tanto... incómodo.
- No. Es más, lo odio. – yo le miré expectante – no sé cómo soportas este lugar… hay animales pequeños y… bichos. – me eché a reír, él me miró con expresión divertida.
- A mí me encanta. – hice como que tragaba aire con fuerza y lo solté con un “ahhh”, como diciendo “amo este lugar”. Esta vez el que rió fue Bill.
- ¿Tienes animales?. – yo asentí. Este tema de conversación me gustaba…
- ¡Si!. tengo caballos. Soy buena montándolos. – dije con superioridad. – también soy buena haciendo todo tipo de deportes… especialmente los de riesgo.
- Yo siempre pensé que los que practicaban deportes de riesgo eran los chicos… pero tu…
- Soy la excepción a toda regla. – completé su frase. Ambos reímos. Giramos hacia la izquierda, ya que comenzaba el pequeño caminito de piedras que llevaba a la puerta de mi casa.
- ¿Y qué tal con la música?. - me encogí de hombros.
- No soy buena en nada que tenga que ver con el arte. – reí. – me inclino mas por el lado de la ciencia... y los deportes – me apresuré en decir. Él rió nuevamente mientras yo picaba al timbre. Apoyé mi espalda en la puerta y al ver que nadie abría piqué nuevamente. – mierda…
- ¿Pasa algo?
- Creo que no hay nadie… - me mordí el labio inferior y piqué al timbre con fuerza. Nos quedamos en silencio esperando a que abrieran... pero como anteriormente ocurrió, nadie nos abrió.
- ¿Esperaremos a que alguien llegue?. – yo negué con la cabeza.
- No. Yo esperaré… tu puedes irte. – le dije con una sonrisa.
- Quiero quedarme… - resoplé. – quiero verte montar un caballo. Sabes que no te creo demasiado. – dijo retándome.
- Tú eres quien no sabe montar uno. Ven. – lo cogí de la muñeca y comencé a caminar arrastrando a Bill. Él simplemente reía y no se oponía a seguirme. – ¿Por qué te quedas?
- No sé... me apetecía quedarme.. – no pude ver su expresión, pero juraría que se había encogido de hombros.
- No te asustarás con el caballo, ¿verdad?. – soltó una risita.
- Es diferente que no me gusten a que me asusten.
- ¡Já!. Mi linda Meer te asustará, ya verás.
- ¿Meer?.
- Ese es el nombre de mi yegua. – le dije como si fuese algo obvio.
- Ah. – vale, ahora que lo pensaba... esto estaba mal. Había traído a casa a un extraño... bueno, técnicamente no estábamos dentro de mi casa pero era exactamente lo mismo, creo… a parte ¿cómo iba a montar un caballo con un vestido como el que traía? Era imposible. Aunque si no lo hacía quedaría como una mentirosa que no sabe montar un caballo... pero ¿Qué más da? Él tampoco sabe…
Intenté buscar una excusa rápidamente, hasta que algo se me vino a la cabeza…
Me detuve, dejé caer su mano y me di la vuelta.. Bill me miró confundido.
- ¿Qué ocurre?
- No puedo montar. – el
alzó una ceja sin comprender. Me señalé a mí misma, para que se diese cuenta de
la ropa que llevaba encima…
- ¡Oh! Ya entiendo.
- Pero tengo una mejor idea. – él me sonrió. Ojala no estuviese pensando… no… el no parecía ser ese tipo de chico. Me miró expectante esperando a que yo comenzara a hablar. – ¿Me ayudas a entrar por la cocina? – él rió.
- Vamos. – dijo imitándome, me cogió de la muñeca y me llevó hasta la ventana… del baño.
- Creo que te has equivocado. – reí. – es por aquí. – caminé unos cuantos pasos hasta llegar a la ventana con persianas de frutas, por cierto... odiaba esas persianas. Revisé si estaba abierta.. y tuve suerte, si lo estaba.. ahora, la ventana era muy alta y no podía subir yo sola. La abrí lo más que pude y me aferré al borde con las manos. – ¿me ayudas?. – intenté hacer fuerza para subir mi cuerpo, me costaba demasiado… hasta que mi peso se volvió mucho más liviano y casi flotaba en el aire. Me di cuenta de que Bill me había cogido de la cintura y me alzaba para que pudiese pasar. Sonreí para mis adentros y pasé una pierna del otro lado. Luego pasé el resto del cuero y la otra, hasta quedar sobre la pequeña mesa que había allí pegada a la pared. Me di la vuelta y miré a Bill hacia abajo. – ve a la puerta. – No esperé respuesta y corrí hasta allí. No sin antes echarle una ojeada a la casa, podía estar desordenada… quien sabe.
Abrí la puerta y me encontré con Bill nuevamente, como era de suponer.
- Gracias.
- Por nada. – en ese momento sonó una melodía… - ¡Oh!, espera un momento. – se dio la vuelta y sacó de su bolsillo un móvil, supongo que le habría dado al botón verde… decidí no escuchar. No era de esas personas que se entrometían en la vida de la gente. Me lancé al sillón del lado de la puerta, abrí los brazos y eché la cabeza hacia atrás. Ya luego tendría tiempo para meditar sobre lo que había ocurrido anoche… me debía bañar y cambiar de ropa… y tomarme una taza de café, había escuchado que así se quitaban los malestares producidos por el alcohol... nunca creí que eso iba a funcionar, pero no perdía nada con intentarlo.
- Eh... Abril. – dijo picándome el hombro. Yo abrí los ojos de golpe y le miré.
- ¿Amm?
- Debo irme.., tengo trabajo. – rió nervioso. – un gusto conocerte. – me levanté del sillón, quedando frente a él.
- Adiós.. – se acercó a mí. Mi corazón comenzó a latir muy de prisa. Lo podía escuchar en mis oídos y lo sentía en la garganta… en algún momento rompería mis costillas…
- ¡Oh! Ya entiendo.
- Pero tengo una mejor idea. – él me sonrió. Ojala no estuviese pensando… no… el no parecía ser ese tipo de chico. Me miró expectante esperando a que yo comenzara a hablar. – ¿Me ayudas a entrar por la cocina? – él rió.
- Vamos. – dijo imitándome, me cogió de la muñeca y me llevó hasta la ventana… del baño.
- Creo que te has equivocado. – reí. – es por aquí. – caminé unos cuantos pasos hasta llegar a la ventana con persianas de frutas, por cierto... odiaba esas persianas. Revisé si estaba abierta.. y tuve suerte, si lo estaba.. ahora, la ventana era muy alta y no podía subir yo sola. La abrí lo más que pude y me aferré al borde con las manos. – ¿me ayudas?. – intenté hacer fuerza para subir mi cuerpo, me costaba demasiado… hasta que mi peso se volvió mucho más liviano y casi flotaba en el aire. Me di cuenta de que Bill me había cogido de la cintura y me alzaba para que pudiese pasar. Sonreí para mis adentros y pasé una pierna del otro lado. Luego pasé el resto del cuero y la otra, hasta quedar sobre la pequeña mesa que había allí pegada a la pared. Me di la vuelta y miré a Bill hacia abajo. – ve a la puerta. – No esperé respuesta y corrí hasta allí. No sin antes echarle una ojeada a la casa, podía estar desordenada… quien sabe.
Abrí la puerta y me encontré con Bill nuevamente, como era de suponer.
- Gracias.
- Por nada. – en ese momento sonó una melodía… - ¡Oh!, espera un momento. – se dio la vuelta y sacó de su bolsillo un móvil, supongo que le habría dado al botón verde… decidí no escuchar. No era de esas personas que se entrometían en la vida de la gente. Me lancé al sillón del lado de la puerta, abrí los brazos y eché la cabeza hacia atrás. Ya luego tendría tiempo para meditar sobre lo que había ocurrido anoche… me debía bañar y cambiar de ropa… y tomarme una taza de café, había escuchado que así se quitaban los malestares producidos por el alcohol... nunca creí que eso iba a funcionar, pero no perdía nada con intentarlo.
- Eh... Abril. – dijo picándome el hombro. Yo abrí los ojos de golpe y le miré.
- ¿Amm?
- Debo irme.., tengo trabajo. – rió nervioso. – un gusto conocerte. – me levanté del sillón, quedando frente a él.
- Adiós.. – se acercó a mí. Mi corazón comenzó a latir muy de prisa. Lo podía escuchar en mis oídos y lo sentía en la garganta… en algún momento rompería mis costillas…
- Ya nos veremos. – me
besó en la mejilla y se separó lentamente. Yo asentí algo cortada.
- A..adiós. – dije nuevamente. ¡Estaba quedando como una idiota! Él me sonrió y se dio la vuelta. Lo observé caminar por el pequeño caminito de piedrecillas y luego pasar por el césped hacia su auto, no me había dado cuenta antes... pero era genial. Casi tan genial como la moto que me esperaba en el garaje. Lista para la competencia de pasado mañana. Lo vi montarse en él, creo que sonrió. Le hice una seña con la mano a la cual él respondió y luego de eso arrancó el auto.
Me di la vuelta, entré en casa y cerré la puerta… resoplé agotada y me dirigí al baño.
Me quité toda la ropa y me observé en el espejo, me alegré al no descubrir ninguna marca de dientes o labios que pudiese haber. Abrí el grifo de agua fría y a la cuenta de tres, entré dentro.
No sabía porque me había desmayado, pero eso en estos momentos era irrelevante. Lo importante ahora era entrenar… bueno, después del baño, claro.
Pero habían pensamientos que rondaban mi cabeza, no los podía sacar de allí... intentaba no pensar en ellos pero era imposible…
Sentía vergüenza de mi misma… como había dicho Bill anteriormente, era una “presa”. No me gustó para nada haber sido catalogada de esa manera. Ahora Bill pensaría que yo era una cualquiera o una putilla de esas. ¿Pero por qué me importaba lo que un completo extraño pensara de mi?. Ok. completo extraño no era… pero extraño si.
No lo volvería a ver nunca más.. al igual que ese tal Georg y a ese otro chico de rastas.. Probablemente era el tal Tom, que había nombrado Bill.
- A..adiós. – dije nuevamente. ¡Estaba quedando como una idiota! Él me sonrió y se dio la vuelta. Lo observé caminar por el pequeño caminito de piedrecillas y luego pasar por el césped hacia su auto, no me había dado cuenta antes... pero era genial. Casi tan genial como la moto que me esperaba en el garaje. Lista para la competencia de pasado mañana. Lo vi montarse en él, creo que sonrió. Le hice una seña con la mano a la cual él respondió y luego de eso arrancó el auto.
Me di la vuelta, entré en casa y cerré la puerta… resoplé agotada y me dirigí al baño.
Me quité toda la ropa y me observé en el espejo, me alegré al no descubrir ninguna marca de dientes o labios que pudiese haber. Abrí el grifo de agua fría y a la cuenta de tres, entré dentro.
No sabía porque me había desmayado, pero eso en estos momentos era irrelevante. Lo importante ahora era entrenar… bueno, después del baño, claro.
Pero habían pensamientos que rondaban mi cabeza, no los podía sacar de allí... intentaba no pensar en ellos pero era imposible…
Sentía vergüenza de mi misma… como había dicho Bill anteriormente, era una “presa”. No me gustó para nada haber sido catalogada de esa manera. Ahora Bill pensaría que yo era una cualquiera o una putilla de esas. ¿Pero por qué me importaba lo que un completo extraño pensara de mi?. Ok. completo extraño no era… pero extraño si.
No lo volvería a ver nunca más.. al igual que ese tal Georg y a ese otro chico de rastas.. Probablemente era el tal Tom, que había nombrado Bill.

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