CAPITULO 11
-Hola, Bill
– se escuchó del otro lado de la línea, todos miraron expectantes, era la voz
de un hombre. A Bill le pareció familiar y le sonrió a los chicos para que no
se preocuparan.
-Si ¿qué
ocurre?
-Se ha
adelantado el trabajo del single, para mañana por la mañana… quisiera saber si
a caso tendrían algún inconveniente... – Bill miró a Tom quien le hizo una
gesto con la cabeza para hacer entender de que no había ningún problema, luego
hablarían el resto de la banda.
-No, no, no
hay problema, estaremos allí… ¿Cómo a qué hora debemos ir?
-Rondando
las 10 AM
-Ok, gracias
por avisar… Adiós – cortó antes de que la persona que estaba al otro lado de la
línea pudiera despedirse – dios, que temprano. – dijo llevándose una mano a la
nuca. – ¿no habrá que dormir ya? – Laila se encogió de hombros y Tom soltó un
bufido.
-¡Pero si es
tempranísimo!
-Las 2:30 de
la madrugada… – dijo Alice como si nada, echándose un puñado enorme de palomitas
de maíz en la boca, el cual masticó lenta y costosamente.
-¡Es tarde!,
ya debemos acostarnos, Tom.
-¿Se pueden
quedar las chicas? – dijo como un niño pequeño que quiere un capricho. Bill las
miró unos instantes, Laila lo miraba esperando su respuesta al igual que Tom, y
Aly miraba la película tan pegada a la pantalla que parecía que se metería
dentro en cualquier momento. Bill sonrió para sus adentros.
-Claro, solo
si ellas quieren. – Laila asintió, dando a entender que si quería, los tres
miraron a Alice, esta se sintió observada y giró la cabeza en su dirección…
-¿Qué?
-¿Quieres
quedarte a dormir?
-Claro, ya
me estaba dando sueño… – bostezó, se levantó del piso y apagó la TV y el
reproductor de DVD, seguidamente dejó el embase donde ya no habían palomitas
sobre una mesita – ¿vamos? – Todos asintieron... comenzaron a subir las
escaleras.
-Yo dormiré
con Laila en mi habitación, y tu, Bill, te llevarás a Aly a la tuya.
-Si... –
dijo resignado, no podía hacer nada, ya que el resto de las habitaciones estaba
inhabitables y Alice no podía dormir en el sillón. La idea de gustaba quizás
más de lo que debería.
Alice se
quitó la ropa quedando solo en camiseta y ropa interior. Y se metió a la cama,
esperando a que Bill saliese del baño. Estuvo pensando que Bill antes había
estado en la misma posición que ella, esperando a que saliese del baño. Sonrió
para sí misma y la puerta del baño se abrió. Bill salió con unos pantalones de
pijama y una camiseta blanca, no estaba maquillado, pero igualmente iba hermosísimo.
Se acostó junto a la chica y luego de darle las “buenas noches”, se dio vuelta
al lado opuesto de la cama, dándole la espalda y se durmió. Alice se extraño un
poco de la reacción de Bill, pero decidió no darle más vueltas al asunto y se
obligó a cerrar los ojos.
Despertó
cuando Bill se acomodaba hacia el lado donde ella estaba y la abrazaba por la
cintura, se estremeció al sentir el contacto con las manos de aquel angelical y
dulce chico que estaba a su lado. Lo contempló por unos instantes, era
perfecto... en todo sentido… pero no era de ella, se repetía una y otra vez. Al
salir de sus pensamientos estiró el brazo como pudo y cogió el móvil, miró la
hora, las 9, ya era tarde, debía despertar a Bill. Con el dolor de su corazón
comenzó…
-Bill, Bill,
despierta – decía en susurros mientras lo zarandeaba, pero él ni se movía –
Bill, la debes grabar tu single hoy… ¿recuerdas?, -dijo algo más fuerte..- aún
así, Bill no despertaba. – Vamos Bill, levanta ya… - le dio pequeños empujoncitos.
– cómo duerme este chico – habló para sí misma, miró a Bill quien todavía
estaba agarrado a su cintura. Le comenzó a acariciar el cabello, dándole
pequeños tironcitos de vez en cuando, intentando despertarlo.
Finalmente
lo logró, Bill levantó los párpados lentamente y se encontró con un par de
grandes ojos verdes. Le sonrío y ella le devolvió la sonrisa.
-Buenos
días, Aly – no la había llamado princesa.
-Buenos
días… Bill, ya es tarde..
-¿Para qué?
– preguntó extrañado.
-¿No lo
recuerdas? – Bill pensó un poco y finalmente respondió.
-No...
-¡Hoy
trabajan en su single! – Bill abrió mucho los ojos.
-¡Mierda! ¡No
le he avisado a los chicos y no me eh vestido! ¿qué hora es? – dijo
desesperado.
-Pasadas las
nueve.
-Mierda,
mierda, mierda... ¿y ahora qué hago?
-No te
preocupes, yo llamaré a los chicos. Tú ve y vístete… te quiero guapo,¿ eh? –
Bill sonrió, esa chica parecía tener la solución para todos los problemas.
Se dirigió
al baño y se vistió, de pudo unos jeans oscuros, zapatillas, una camiseta negra
con azul, se maquilló los ojos de negro, y se acomodó el fleco y los pelos de
punta.
Se miró al
espejo por última vez, y salió del baño, Alice ya estaba vestida y le sonreía
calurosamente.
-Te ves
bien.
-Gracias, tu
igual. – Alice se miró y luego rió.
-No lo creo...
estoy recién levantada, debo de estar horrible..
-Créeme, que
cuando digo que estás guapa, es porque estás guapa. A demás, no necesitas
arreglarte para estarlo, ya lo eres naturalmente. – dijo mientras le guiñaba un
ojo, Alice quedó con cara de embobada mirándolo y sintió como el color subía a
sus mejillas, agachó la cabeza para que Bill no la viese, pero era demasiado
tarde, la había visto. – Incluso sonrojada estás bonita – Le dijo.
-¿Y le has
avisado a los chicos? – le preguntó Bill cuando salían por la puerta junto con
Tom y Laila.
-Si, han
dicho que los esperarán allá.
-Gracias,
Aly... ¿quieres venir con nosotros? –La chica le sonrió, con la risa sincera y
dulce que tenía.
-Bill, estoy
con la misma ropa que ayer – soltó una carcajada.
-Pero aún
así estás hermo… – no alcanzó a terminar ya que su hermano tiró de su brazo.
-Ya vamos
Bill , que llegaremos tarde.. – dijo mientras lo arrastraba hacia la calle.
Las chicas
suspiraron y volvieron a casa.
Pasaron en
día cada una en su habitación haciendo las cosas que a cada una les gustaba hacer.
No habían ido a la escuela y el día siguiente tendrían que ir para conseguirse
los apuntes de las clases de ese día y de los dos días anteriores, en el caso
de Alice, sería viernes y las clases serían más cortas.
Las clases
pasaron normales para Alice, Bill si fue a la escuela y estaban como siempre.
Por la tarde volvieron a casa haciendo el tonto en el autobús. El chofer lo
miraba con cara de quererlos echar de allí, ya que molestaban a la gente, pero
no se atrevía a decirles nada.
Al llegar se
despidieron y cada uno entró a en su casa dando botes de felicidad.
La semana
siguiente pasó igual de rápido que la anterior. Al igual que las siguientes
tres semanas, en la cuales los padres de las gemelas ya habían vuelto de su
viaje de negocios y ya hacía cuatro días que el single de los chicos estaba
sonando en las radios, y se estaban haciendo muy populares.
Era sábado y
hacía un hermoso día, el cielo estaba despejado, y el sol brillaba con fuerza.
Estaban Georg, Gustav, Laila, Andreas, Alice, Tom y Bill sentados formando un
círculo en la hierba en un parque que quedaba cerca de la casa de Gustav. Los
chicos les tenían que dar una “noticia” a Andreas y las gemelas.
-Y bien... ¿
ya nos van a decir?
-Y llevamos
media hora aquí…
-Y aún no nos
dicen nada.. – dijeron los tres protestando..
-Si le
diremos, entiendo que quieran saber sobre mi futuro, y entiendo que sientan
admiración por mí, pero deben ser pacientes.-Soltó Georg, burlándose.
-Más te
gustaría.-Bufó Alice.
-Seguro a ti
te gustaría estar en mi lugar… –comentó malicioso.
-¿Sobre popó
de perro? – Contraatacó Alice. Todos rieron y Georg se levantó rápidamente para
mirar el suelo, pero no había nada, solo había hierba y… hierba.
-Que mala
eres. - todos comenzaron a reír, hasta que un grito les interrumpió.
-¡Quiero
saber ya lo que tienen que decirnos! – Laila alzó los brazos, ya harta de la
situación llena de intriga.
-No te
impacientes cariño… - dijo Tom abrazándola por lo hombros.
-Bien...-Bill
suspiró.- tendré que ser yo quien lo diga.. – dijo encogiéndose de hombros.. –
todos lo miraban expectantes, incluso los chicos que ya lo sabían, pero querían
escuchar de qué modo lo decía Bill. – Dejaremos la escuela. – dijo finalmente.
A Alice se
le congeló la sonrisa, no podía ser, el era su único amigo allí, y a pesar de
que era el chico más popular, ella no lo era, y no creía que la aceptaran, a
demás, lo echaría de menos, tendría que vivir sin él cada segundo y no creía
poderlo soportar, ella lo quería, aún lo quería, y demasiado… salió de sus
pensamientos y se pudo dar cuenta de que todos la miraban, seguramente por la
cara que había quedado al escuchar la noticia.

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