Capítulo
OCHO
Dos semanas habían pasado desde lo ocurrido
después de la fiesta. Dos semanas sin recibir señales de vida por parte de Matt
y Ben. Dos semanas aburridas y monótonas. Dos asquerosas semanas.
Era lunes, estábamos en descanso entre clases y Nina
y yo nos encontrábamos sentadas en una banca comiendo papas fritas de esas que
vienen en bolsa y tienen sabor a todo excepto papas fritas.
-¡Oh, mira, mira! Es la papa más grande que he
visto en mi vida, Jenna. Jamás, nunca, en mi vida me la comeré y la guardaré
hasta que le salgan hongos…- La tomé de un manotazo y a la velocidad de la luz
me la metí a la boca. Se rompió y cayó la mitad al piso. -¡Jenna!-Se quejó.
-Hasta que le salgan hongos o hasta que yo me la
coma.-hablé aún sin tragar.
-Agh ¡Te odio!-Iba a contestarle, pero justo en
ese momento me di cuenta de que Andreas estaba solo, sentado en el césped a
unos metros de nosotras.
-¿Me… me… me compañas?-Dije levantándome de la
banca. Tomé a Nina del brazo.
-Oh, claro, te comes la papa más genial que he
visto en mi vida y ahora me pides que te acompañe ¡pff! Que mala amiga. No
puedo creer que me junte con esta clase de personas.-se quejó en broma.
-¡Lo siento!-La miré.- fue, fue un impulso, me
conoces, no lo puedo evitar…-me disculpé apresuradamente.
-Como cuando ves un pie sin calcetín y no puedes
evitar hacer cosquillas.-Soltó casi sin emoción. Ella odiaba que yo hiciera eso
cuando iba a dormir a su casa o ella venía a la mía.
-Si… si, ya sabes.
-Como también sé que no lo sientes en
realidad.-Resopló. No le hice caso. Tiré de ella hasta acercarnos lo suficiente
como para que Nina se diera cuenta hacia dónde nos dirigíamos y pudiera
seguirme. –Hey, hey, hey… que ni se te ocurra.
-¡Está solo!-Lo señalé disimuladamente.- Es mi
oportunidad.
-¿Recuerdas todo eso que te dijo hace unos días?
Lo siento, amiga, pero no te dejaré ir. Lo hago por tu salud mental, y la mía,
y tu autoestima que se verá gravemente afectado si te rechaza de nuevo. Me
niego a dejarte ir. No, no y no.
-No voy a ir a pedirle una oportunidad o a
arrastrarme… sólo quiero hablar con él.-Era un buen plan.-¿te imaginas después
quiere salir conmigo porque se da cuenta de que soy su tipo? Oh, vamos…
-Jenna, no.
-Nina, por favoooor. Tú irás conmigo. Nada malo va
a pasar y si vemos que algo malo va a pasar nos alejamos y punto.
-Bien.-Aceptó de mala gana.-Pero si me doy cuenta
de que a Andreas no le gusta nuestra visita nos iremos al instante,
¿entendido?-asentí
-Si.
Caminamos hasta donde Andreas se encontraba. Me di
cuenta de que estaba leyendo. LEYENDO.
-Hola, Andreas.-Me agaché en el pasto, a su
altura, sonriéndole y haciéndole una seña con la mano. Andreas quitó los ojos
del libro y los clavó en mí.
-Ah. Hola, Jenna.-enseguida volvió a lo que estaba
haciendo, sin prestarme más atención. Miré a Nina, esta me hizo una seña para
que nos fuésemos de allí. Pero yo quise intentarlo una vez más.
-Y… ¿Cómo has estado?-Le pregunté. Intentado
buscar algún tema de conversación que, obviamente, no encontraría.
-Bien, gracias.-Contestó sin mirarme.
-Que… que bueno. ¿Estás my ocupado…leyendo?- que
incómodo era esto. Me miró, supe enseguida que lo único que yo hacía era
molestarlo. Pero no fue necesario disculparme ni nada de eso… porque justo en
ese momento escuché que alguien gritó mi nombre. Miré mi alrededor, podía ser
que llamaran a otra Jenna. Di con Matt que estaba solo y me hacía señas. Que…
oportuno. No me había hablado en todo este tiempo y justo hoy, en este momento,
se le ocurría hacerlo.
-Vuelvo enseguida.-Anuncié. Me levanté y me fui,
dejando a Nina con Andreas.
Me acerqué a Matt, no con la mejor cara, por
haberme interrumpido… obviamente.
-Hola.-Lo saludé.
-Hola, Jenna…-Sonrió. Se acercó para besarme en la
mejilla.-Y, am…¿Cómo… cómo has estado?
-Nada fuera de lo normal.-Me encogí de hombros
para no entrar en detalles.
-Uhm, si, que bien. Tú sabes que en una semana es
mi cumpleaños ¿verdad?- Asentí. Aunque en realidad no lo recordaba, pese a que
me sabía la fecha de memoria no le había prestado atención. Quizás porque ya no
era importante para mi.-Bueno… quería invitarlas, a Nina y a ti, a mi
celebración, como somos amigos...-Hizo una pausa para luego añadir:-Me gustaría
que las cosas volvieran a ser como antes.
-También me gustaría.-Sonreí. La verdad es que lo
pasábamos bastante bien los cuatro. Y… extrañaba eso.
-Entonces cuento contigo.-Sonrió el también.-Te
veo el domingo. Será algo más bien “privado” por así decirlo.-Hizo comillas con
los dedos.-Irán pocas personas. En mi casa, a eso de las seis. Habrá pizza,
algo para beber y después podemos irnos
de fiesta, a bailar a algún lugar o no lo sé… lo que salga.
-Ok, te veo el domingo entonces.-tuve intenciones
de despedirme, pero Matt siguió hablando.
-Jenna… ¿Crees que podamos volver a ser amigos
como antes?
-Matt… es… bueno… lo que pasó no es algo tan
terrible. Danos tiempo, no lo sé… todo esto es más que nada por la impresión
que nos llevamos, no lo esperábamos. Pero tampoco es que no queramos hablarles…
seguimos considerándolos amigos.
-Está bien… pero no faltes ¿si? Vamos, Jenna,
ustedes son importantes para nosotros… supongo, supongo que a ustedes no le
importa que seamos... gays.
-De eso no te preocupes Matt. Somos amigos y es lo
que importa.
-Ok, te lo agradezco, Jen- me besó en la
mejilla.-espero que podamos hablar antes de domingo.-Me sonrió.
-Si.-le devolví la sonrisa.
-Nos vemos, no faltes.
-No lo haré.-le hice una seña con la mano y di
media vuelta para ir donde Andreas y Nina.
Antes de llegar me di cuenta de que se encontraban
conversando animadamente. Apresuré el paso.
-Nina,-La interrumpí a la mitad de lo que estaba
diciendo.-Estamos invitadas al cumpleaños de Matt.
-Oh, genial.-Se levantó.. y es que hasta que había
sentado en al lado de Andreas y todo. Se limpió las rodillas con las
manos.-¿Vamos?-Me tomó del brazo y comenzó a tirarme, llevándome con ella.
-Adiós, Andreas.
-Adiós.
-¿Qué hablaron?-Pregunté sin poder evitarlo cuando
estuvimos lo suficientemente lejos de él como para que no escuchara.
-Nada… idioteces para no aburrirnos mientras
estabas con Matt.-Se encogió de hombros.
-Ah. ¿No dijo nada sobre mi?-Pregunté, con una
pizca de esperanza.
-No.
-Ok.

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