22 marzo, 2012

Capítulo 10 /Wenn nichts mehg geht






Capitulo 10

Me incorporé en la cama tan bruscamente que sentí como si me enterrasen algo en la cabeza… 
Nuevamente las pesadillas.
Respiré profundo e intenté reconfortarme. Apagué el ipod que seguía encendido, me desenredé los audífonos del cuello y lo dejé en la mesita de noche. Aproveché para coger el móvil y mirar la hora… las 6:30 de la madrugada… dios. Que temprano era. Lo horrible era que ya se me había espantado el sueño.
Me levanté algo tambaleante, caminé hasta el espejo de mi habitación y me detuve frente a él. Mis ojos estaban cansados y tenía cara de muerta… unas negras ojeras que se extendía por debajo de mis ojos era lo que más resaltaba de todo eso… aunque con maquillaje se podría arreglar..
Como me había bañado la noche anterior, busqué ropa en el armario y me vestí.
Llevaba una camiseta de un hilo muy fino, color negra, de manga larga… junto con unos pantalones de tela muy ajustados de modelo escocés y unas converse negras. 
Me maquillé de una manera estratégica para cubrir las imperfecciones de mi rostro y me hice una línea negra en el parpado… cepillé mi cabello hasta hacer que todos los nudos desaparecieran. Me dirigí al armario nuevamente para coger una chaqueta gris muy delgada. Me la puse y luego salí de la habitación directo a la cocina.
Como lo suponía... todos dormían aún. 
Cogí leche y la eché en un vaso… la calenté unos segundos en el microondas y mientras escribía en una hoja:


Salí a la ciudad, volveré para el almuerzo… Abril. 

La dejé sobre la mesa justo en el momento que el microondas sonaba diciendo que ya estaba lista mi leche. Lo abrí y cogí el vaso para luego llevármelo a la boca y bebérmelo de un trago.
Luego de lavarme los dientes, coger el ipod y un pequeño bolso que combinaba con mi chaqueta, salí de casa. 
Caminé por el camino de piedrecillas hasta pararme al lado de la carretera. Estuve esperando alrededor de diez minutos hasta que apareció un autobús… no importaba cual tomar, no tenía un destino fijo… lo detuve y subí en él. Me senté en el primer asiento, ya que iba casi vacío… de no ser por la mujer de aspecto soñoliento que iba casi al final.
Esperé pacientemente hasta llegar a la primera parada… en un instituto de artes. Allí se subió un hombre y el autobús partió nuevamente.
En cuanto pude divisar la escuela a la que yo había asistido durante años y de la cual ya había salido y terminado todo, me puse de pié y le dije al chofer que parase allí.
Él lo hizo y yo me bajé con mucho cuidado de no caerme. 
Alcé la vista para mirar el gran cartel sobre la puerta que decía el nombre de la escuela.
Que recuerdos me traía ese lugar... si hubiese sido época de clases, el lugar en donde yo estaba de pie estaría lleno de chicos y sería imposible estar aquí. 
Recordé que a unas cinco calles quedaba un local donde vendían cosas de comer y golosinas. Tenía unas ganas tremendas de tener goma de mascar en mi boca.
Comencé a caminar hacia la derecha… esa calle que me llevaría hacia el local. 
Al llegar, me metí en él y compré mi deseada goma de marcar. Me la metí en el bolsillo y salí.
Caminé otra cuadra mas hasta llegar a un parque. Me detuve bajo un árbol... metí mi mano en el bolsillo con algo de ansiedad y saqué la goma de mascar. La abrí torpemente…
- Ya está. – dije con satisfacción, una vez la hube abierto y la tuve en mis manos. Me lo metí a la boca y masqué un par de veces. – delicioso… - reí. – Fresa… - suspiré. Cualquier que me hubiese visto pensaría que estaba loca. 
Pero no era así porque eran las 7:45 y a estas horas nadie estaba por las calles. 
De pronto… por una extraña razón, me sentí observada; por lo que giré sobre mi misma y me tope con alguien muy cerca mío. Levanté la vista para mirar a ese alguien…
Topándome con unos ojos color miel que me observaban con curiosidad y una sonrisa divertida… el pulso se me aceleró y mi corazón comenzó a latir con fuerza. ¿Cómo podía estar en todas partes?
Se quedó unos segundos en silencio, mirándome a los ojos; por un momento no me di cuenta de la extraña forma en que mi miraba, hasta que se aclaró la garganta y volteó la cabeza hacia un lado, dejándome ver el negro de la capucha que llevaba.
-Hola. – le saludé. Él pareció no escucharme porque no respondió. Se quedó callado en la misma posición – emm… ¿Bill?. – Al decir esto, el pareció reaccionar y volvió a mirarme con una amplia sonrisa.
- Lo siento. Es que… no sé. – rió. – Hola. – se aclaró la garganta. – ¿Qué haces por estos lugares a estas horas?
- La que debería preguntar eso soy yo. – me alejé un poco para separar nuestros cuerpos, me estaba poniendo nerviosa. – no podía dormir.
- Estoy aquí por lo mismo. – sonrió de medio lado… no apartaba la vista de mi y creo que enrojecí un poco. – que coincidencia encontrarnos. 
- Si. – reí nerviosa. 
- ¿No estás ocupada o sí? – yo negué con la cabeza mientras miraba el suelo. Sentí sus ojos clavados en mi… era bastante incómodo. – podríamos hablar de lo del miércoles. – dios, y encima me lo recordaba… que mal.
- Como quieras. – me encogí de hombros. 
- ¿Ibas hacia algún lugar en específico?. 
- No… - el rió. 
- Ven, vamos a dar un paseo. – comenzamos a caminar hacia el lado contrario del cual yo había venido. Ambos con las manos en los bolsillos y por lo menos yo, mirando mis pies. Aunque estaba casi segura que él me miraba a mí. Estaba incómoda.-. el silencio era incómodo. - Discúlpame por lo que te dije el otro día. – soltó de repente. Yo le miré.
- No te preocupes… no debí haber mojado a esa chica, fue culpa mía. – intenté sonreír.
- No, no... lo que pasó fue que yo no me di cuenta de que estaba siendo grosero al conversar con esa chica. 
- Yo no debí actuar así ¿Qué tal si olvidamos esto y ya está? – el asintió.
- Me parece una estupenda idea. – sonrió. No pude evitar desviar la vista hacia mis pies nuevamente. Por una extraña razón me sentía intimidada por él. – escuché que por aquí cerca había un zoológico. ¿Quieres ir? – preguntó enarcando una ceja.
- No tengo d…
- No te preocupes, yo invito. - me cortó.
- No creo que sea lo correcto. – dije algo avergonzada.
- ¡Vamos! Si me rechazas me sentiré muy mal. - Hizo un puchero con la boca, yo reí.
- Quieres presumirme todo el dinero que tienes, ¿verdad? – le di un empujón con el hombro.
- Pues sí, todos mis millones a tu disposición durante las siguientes horas. – dijo con voz de chulo creído. Yo lo miré de reojo.
- ¿A si? pues quiero algodón dulce. Amo los de color verde que hay en el zoológico. – Bill rió.
- ¿No te hacen mal las cosas dulces? - yo negué con la cabeza.
- Amo lo dulce, ¿lo sabías?
- Es bueno saberlo. – se encogió de hombros. Yo reí y me dediqué a observarlo con más detalle. Iba con su largo cabello recogido y escondido bajo la cachucha, y además caminaba un poco agachado, como si quisiera esconder su cara. En ese exacto momento, eso no me llamó la atención en lo más mínimo; otro de mis grandes errores, que después me llevarían a toda clase de problemas. – ¿crees que el zoológico esté abierto? – dijo sacándome de mis pensamientos.
- No lo sé… en todo caso tardaremos en llegar... no es que esté del todo cerca.
- ¿No? – preguntó algo alarmado.
- Pues… según. A algunas personas una hora y media caminando les parece poco. – me encogí de hombros.
- ¿Una hora y media?. – repitió alarmado.
- No me repitas. – dije en broma..
- Podríamos coger un taxi. – Puse los ojos en blanco.
- Caminar hace bien, Bill… no te vas a morir por caminar una hora y media. – bufé. – no tenía idea de cuanto te molestaba mi compañía que ya quieres llegar a la entretención con los animales. – dije divertida.
- Nadie es capaz de aburrirse contigo. – rió. Qué lindo era al decir eso… me derretía allí mismo, frente a él en medio de la calle... dios, ¿cómo podía ser tan perfecto? Sus rasgos, sus muecas, sus palabras… todo. Hasta su más mínimo detalle merecía ser observado… y a mí me hubiese encantado hacerlo algún día… - ¿Abril? 
- ¡Si, si! – me sobresalté pareciendo haber despertado de un sueño. De pronto se me vino algo a la cabeza. – esto… ayer estuve buscando cosas sobre el grupo ese que me habías dicho, Tokio hotel. – dije orgullosa de haber recordado el nombre.
- ¿De... de verdad? – yo asentí. Se notaba bastante nervioso.
- ¿Quieres escucharlo? gravé algunas canciones en mi ipod.
- Claro. – me sonrió amablemente. 
Yo busqué el aparato en el bolso y tras encontrarlo desenredé los audífonos. Eso me costó algo de tiempo. Le di uno a Bill y el otro lo dejé para mí. Lo acomodé en mi oído al igual que Bill en el suyo y lo encendí. 
Pasé rápidamente las canciones que no necesitaba, hasta llegar a “Don’t Jump”. Que era la que primero salía en la lista... le di a play y la música comenzó a sonar.
- Ame su música. – comenté mientras escuchaba la dulce voz de aquel chico.
- Es genial que te guste. – rió nervioso.
- Amé la voz del chico… - por un momento Bill se detuvo en seco. – ¿Pasa algo? – tuve que detenerme, ya que el audífono que yo llevaba puesto se había caído. Lo miré interrogante mientras él me examinaba con la mirada, su expresión era de horror… pero al ver que yo le miraba sin comprender dibujó una gran sonrisa en su rostro, cogió el audífono y me lo dio.
- Nada. Es sólo que… - se quedó callado.
- ¿Que…?
- Nada, nada... no te preocupes. 
- Lo sabré el veintisiete, ¿no?. – dije recordando las palabras de Bill en aquella tienda de accesorios. No pude evitar recordar lo de “esta ya está usada” y me sentí tonta al ser amable con ese chico que pensaba mal de mí. Él asintió.
- Por ahora te aguantas. – solté una risita algo incomoda. – ¿Qué música es la que escuchas?.. – cogió el ipod y comenzó a cambiar las canciones hasta llegar a aquellas que no eran de Tokio Hotel. Miró el nombre de algunas cuantas y de otras escuchó sólo el principio, mientras yo lo miraba algo extrañada. Era como si hubiese querido cambiar el tema de conversación. Pero no lo había disimulado los suficiente...yo me había dado cuenta de lo que intentaba hacer. – Tienes buena música. 
- Buen gusto. – le guiñé un ojo. Y vaya los gustos que tenía… pensé divertida.
El resto del camino lo pasamos tonteando como adolescentes de quince años…. Yo me subía sobre bancos y comenzaba a gritar cosas, Bill simplemente se reía y me miraba tiernamente para luego ayudarme a bajar. ¿Qué más daba? Si a estas horas nadie estaba por la calle... lo único que podríamos hacer era despertar a alguien con nuestras risas y juegos tontos.
Como en el caso de un pequeño cerco blanco que había en una de la villas que debíamos atravesar, me subí sobre el e hice equilibrio mientras Bill me sujetaba de la mano. Ya habíamos dejado de escuchar música, nos habíamos aburrido. 
Por el camino descubrí también el nombre del cuarto chico… el de cabello corto y rubio. Era Gustav. Me pareció que le nombre le asentaba muy bien… bleh, impresiones mías. 
- Ojalá este abierto. – dije antes que pudiésemos divisar las puertas de vidrio que eran la entrada… podría estar abierta… o cerrada. 
- Si no esperamos a que abran. – me miró divertido.
- ¿Y estar toda la mañana sentados esperando? No, me aburriré. 
- Pero tú nunca te aburres.-Se rió. 
- Yo lo decía por ti. Seguro te aburre lo que yo hago. – me comencé a reír. La verdad quería saber que era lo que él pensaba de mi, pero había que quitarle un poco de peso para que pareciese un broma, por lo que decidí reírme. 
- Contigo nadie se aburre. Eres como una niña de diez años, ¿lo sabías?. – rió.
- Aún así dices que estoy usada. – dije bajito. Pero creo que él escuchó.
- ¿Qué? – dijo alarmado. 
- Nada. – le sonreí. No le podía decir que había escuchado su conversación con Tom. Estaba claro que el me tenía catalogada como una niña inmadura… y usada. Ni pensar que yo le diría que había estado tras ese mostrador. Lo más probable sería que se enojara conmigo. Quizás... debía madurar un poco. – ¿Te parezco inmadura, Bill?
- No, eso lo dije porque estaba enojado, pero en realidad no lo eres. – quizás se refería a lo que me había dicho hace dos días en el coche. 
- Acabas de decir que parezco tener diez años. – fruncí el ceño.
- Es sólo una expresión. – me sonrió. 
- Vale… – me encogí de hombros y seguidamente iré hacia la entrada del zoológico. 
- ¡Esta abierto! - sonreí.
- Y no hay nadie. – lo comprendía. Caminar entre tanta gente era horrible. 
- ¡Vamos! – lo cogí de la mano y comencé a correr, el corría conmigo. Mientras ambos reíamos y nos dábamos empujones.
Llegamos a la puerta en un dos por tres. Yo estaba agotadísima… vaya resistencia. El otro día cuando bailaba me había ocurrido lo mismo… nunca antes me había cansado con tan poco ejercicio… esto era extraño. 
Bill fue a pagar la entrada mientras yo le esperaba con la espalda apoyada en la pared y respirando agitadamente… sentía que tenía algo en el pecho, que no dejaba que el aire pasara y a demás me causaba nauseas. 
Bill se acercó a mí con una gran sonrisa, pero al estar más cerca, esta se borró de su cara y me miró con preocupación.
- ¿Abril, estás bien? Está pálida… ¿qué ocurre? 
- No lo sé. Necesito agua. – dije como pude.
- De acuerdo… ehmm – lo notaba algo nervioso. – ven, allí dentro debe haber algo donde comprar agua embotellada. – pasó uno de sus brazos por mi cintura mientras yo un poco tambaleante daba un paso. Al arme cuenta de que el suelo se movía, lo abracé con fuerza y pegué mi rostro en su brazo.
- ¿El suelo se mueve…?- dije mas como una pregunta que como su hubiese dicho un hecho. 
- Cierra los ojos intenta estar bien, ¿sí? - le hice caso y cerré los ojos. Mientras él caminaba, y a pesar del mal estado en que yo me encontraba, me concentré en otras cosas que no fuesen las nauseas o el hecho de no poder respirar con normalidad. Me concentré en su olor, en el calor que su cuerpo emitía, en sentirlo cerca, en cada uno de sus movimientos… cada uno de sus pasos hacía que mi mente se alejara del mundo real y comenzara a crear alrededor nuestro una burbuja… su respiración, podía sentir como mis brazos en torno a su pecho se movían lentamente.
No me di cuenta cuando él me sentó en alguna parte y se separó de mí con cuidado. Apoyó ambas manos en mis hombros y me dijo:
- Iré a por el agua, tú espera aquí. – asentí y entreabrí los ojos. Vi como él se alejaba… estábamos en un local de comida, al parecer.
Los malos síntomas aún no desaparecía, y mi cabeza estaba por explotar. Apoyé mis brazos sobre la mesa y luego enterré allí mi cara. Así esperé hasta que Bill llegó... se me había hecho infinito.
Sentí como destapaba la botella y me picaba el hombro. Levanté mi cabeza, el estaba sentado en el asiento de enfrente.
- Aquí tienes. – Me la dio. – yo la cogí y tomé un trago. 
- Gracias… - aun me sentía igual… 
Pero a las 5 o 6 bocaradas, me comencé a sentir mejor. Bill estaba muy atento vigilándome. Casi podría decir que no parpadeaba. Estaba cruzado de brazos y creo que un poco enojado. 
- Ya... me siento mejor. – dejé el agua sobre la mesa.
- ¿No has ido a medico, verdad?. – con que esa era la razón de su enojo… él no se tenía que preocupar por mí. Yo no iría al médico.
- No. – negué con la cabeza. – no he tenido tiempo.
- Es por tu salud, tu bien personal ¿Cómo no vas a ir? – me encogí de hombros.
- No quiero ir… no me apetece.-Y los doctores me asustan.
- ¿No te apetece cuidarte?
- No me encuentro mal. – fruncí el ceño.
- Pero lo estás. 
- No es necesario que te preocupes por mí, Bill… - ya estaba comenzando a enojarme.
- Lo hago igualmente. 
- No tienes derecho. – lo miré enojada.
- ¿A no?- Dijo en el mismo tono que yo.
- No. 
- ¿Cómo sabes que es algo grave lo que tienes?
- Pues porque no lo es y ya. 
- Eres tan terca. – resopló molesto. 
- Y tú te entrometes en todo.
- No me entrometo, me preocupo que es diferente. – lo miré enojada.
- No te preocupes. – me crucé de brazos y miré hacia otro lugar.
Él me observaba a mi… creo que ya lo había agarrado por costumbre, lo hacía todo el tiempo. 
Poco a poco la culpabilidad de fue apoderando de mi. Me sentía horrible por haberme enojado con él. Bill sólo se preocupaba por mí y yo le respondía con malas palabras y gestos. ¿Qué clase de agradecimiento era ese?, definitivamente yo era la que estaba mal aquí.
No pude resistirlo más.
- Discúlpame. 
- Discúlpame. – dijimos a la vez. Yo solté una risita y él me miró divertido. – ¿quieres ir a ver a los animales? – era mejor cambiar el tema, no. Y Bill sí que sabía cómo hacerlo… aunque no muy bien como disimularlo. 
- Ok. – No levantamos y acomodamos las sillas. Él cogió la botella con agua hasta la mitad y me la dio.
- Es mejor prevenir. – me sonrió. Yo la cogí y la metí en mi bolso.
Salimos de allí, el lugar era muy bonito... yo solo había venido un par de veces cuando era pequeña y casi no recordaba cómo era estar en un lugar como este.
- Wow, esto es genial. – miré a Bill.
- Lo mejor es que todos los animales son para nosotros. 
- Exacto. No hay nadie más aquí. – dije mirando a mi alrededor.
- Así mejor. – comenzó a caminar, yo me puse a su lado… - ¿dónde iremos primero? 
- Por allí. – dije apuntando hacia el camino del lado derecho. Caminamos hacia allí riendo y haciendo comentarios tontos sobre el lugar. 
El primer animal que vimos fueron unos tigres blancos. Jamás había visto de esos y eran hermosos.
Tuvimos la suerte de que los alimentaban en ese preciso momento. Por lo que Bill habló con el encargado de esa tarea, no sé cómo lo logró pero él nos dejó darle comida…
Estuvimos alrededor de veinte minutos haciéndolo o intentándolo, puesto a que nos asustaba un poco. Por cierto, el encargado y Bill se reían de mí y de mis gritos… a mi no me hacía gracia.
- Eso fue fantástico. – dijo mientras retomábamos el camino. 
- Si... una oportunidad como esa, no siempre se tiene. – él me sonrió… y de la nada, sin darnos cuenta… nuestros dedos se entrelazaron y acabamos cogidos de la mano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario