26 febrero, 2014

Automatic /Capítulo 33


Ni si quiera lo miré cuando regresó de la cocina a sentarse en el mismo sitio. Estaba molesta ¿cómo se le podía ocurrir hacer semejante estupidez? estaba hablando con Andreas y el muy idiota me arrebataba el teléfono. Andreas también es mi amigo y si me llama a mi será por algo, ¿no? Bill no tenía porque entrometerse en mis cosas, mucho menos si estaba en mi casa ¿quién se creía?, ¿el rey del mundo? Pff. Claro, como yo ni siquiera puedo moverme se aprovecha de las circunstancias. Aunque por otra parte, había estado bien. Pero por la parte de Emilie, para que ella hablara con su enamorado. De todas formas, podría haberme pedido el teléfono antes de quitármelo y el gesto habría sido menos grosero.

Y aquí estaba yo, nerviosa, enojada… y sin saber que hacer. Podría haber estado ayudando en la cocina o en mi habitación. Esto de no poder andar sola ya comienza a hartarme. Ni siquiera podía ir al baño tranquila. Jamás debí haber molestado a Andreas y Emilie, Andreas no debí haberme invitado al cine jamás, Bill tampoco se tendría que haber metido en nuestra conversación y yo… yo no tendría que haberme ido, mucho menos sin mirar hacia los lados antes de cruzar. O al menos, si me hubiese muerto en el accidente no estaría pasando por esto y no me sentiría así de inútil como me siento ahora. Ni siquiera me entra la ropa ajustada, por los yesos y toda esa mierda. Suspiré.

Cogí el control de la TV y le cambié de canal, lo hice solo para picar a Bill, ya que él estaba viendo el programa. Seguro se molestó, pero no me dijo nada. Como si fuese a hablarme… claro, me había besado, me había dejado como una loca y ahora se enojaba. Me había hecho cambiar todos los pensamientos que anteriormente yo había tenido, los había hecho desaparecer en un segundo ¿y para qué?, para nada. Quizás que cosas le había hecho mi prima, también había que pensar eso. Entonces la culpa no era del todo suya… pero tampoco era culpa mía parecerme tanto a ella. Ni siquiera la conocía y a saber donde estaba ahora. Quizás con su padre en… ¿Francia?, ¿era Francia? Ya no lo recuerdo, pero no importa. Y a todo esto, se me seguía olvidando preguntarle a papá sobre ella. Y es que soy tan torpe algunas veces.

De pronto sentí celos, muchos celos, a tal punto que me ruboricé… por vergüenza de tener celos. Y es que esa chica había estado con él ¿Y si regresaba y yo tenía que irme? No. Eso no podía pasar porque… porque no. Miré disimuladamente a Bill por el rabillo del ojo. Él me estaba mirando. Se dio cuenta de que yo lo espiaba y desvió la vista rápidamente. Entonces yo giré el rostro y lo miré. Pero él se hizo el tonto, clavando los ojos en la TV. Genial, fantástico, excelente. ¿Y yo que hacía ahora?

Cambié la TV nuevamente, Disney Channel… y es que ese es el único canal de toda la TV alemana que yo conozco. Le subí un poco el volumen y en cuanto Bill volvió a mirarme, yo aparté la vista. Haciendo lo mismo que él anteriormente. Intenté entender la caricatura de la TV. Decían algo de… ¿un árbol mágico?, ¿o era un arcoiris?, quizás un oso… la cosa es que tenían que buscarlo. Lo bueno de estos monitos era que hablaban lento, para los niños pequeños, entonces se me hacía mucho más fácil entender, o al menos intentarlo.

¿Quieres ver eso? —preguntó extrañado. Por fin me hablaba. Lo miré, alzando una ceja. Sus mejillas se tiñeron de rosa, e incontrolablemente las mías también al verlo. Asentí como una boba y aparté la vista rápidamente. Y como soy tan estúpida y no pienso bien las cosas, le lancé el control. Por suerte el lo atrapó.
Mejor busca algo para ver que vergüenza, y es que incluso había hablado como una idiota. Por suerte no le di con el control en la cabeza, aunque estuve a punto. Es que lo había lanzado con la mano izquierda. Bill asintió con la cabeza, un poco cortado, y volvió a mirar la TV haciendo una extraña mueca con sus labios. Me ruboricé aún más cuando me di cuenta de que estaba mirando sus labios y aparté la vista rápidamente. Me pasé la mano por el cabello un par de veces, nerviosa. Él acabó por poner una película de comedia. Estaba en inglés y tenía subtítulos en alemán… perfecto para los dos. Aunque no dudaba que Bill entendiera la película sin los subtítulos, al igual que todos los de esta casa. Y ahora que lo pensaba, eran todos unos bilingües.
¿Te gusta eso? —me estaba pidiendo la opinión. No me lo esperaba… con lo extraño que había estado después del beso. Lo miré y asentí, volviendo a ruborizarme. Él apartó la mirada rápidamente, y se recostó en el sillón, en una posición mas relajada. Mirá la TV cuando me di cuenta de que me había quedado como una boba mirándolo. Y es que se había vuelto tan… irresistible. Mirarlo era algo inevitable.
Chicos, ¿saben donde están Sam y Tom? —salió de pronto Simone de la cocina. La miré y negué con la cabeza, entonces sentí un suspiro de Bill.
Tom está buscando sus regalos. Sam lo acompañó —su voz había sonado completamente diferente al dirigirse hacia su madre, prácticamente destilaba cariño. Claro, es su madre.
Bien… cuando lleguen vamos a cenar. Ya está todo casi, casi. En una media hora más ya estaríamos sirviendo todo ¿nos ayudas a arreglar a mesa, Bill? —que inútil soy, Dios. Y es que hasta Bill ayuda y yo ni siquiera me puedo levantar.
¿Ahora? —no le vi el rostro a Bill, pues tenía los ojos clavados en Simone, pero su tono de voz sonó molesto esta vez.
Si, mejor que lo hagas ahora… luego vuelves a ver la película.
Habría sido mucho mejor haber contratado a alguien para que nos cocinara… —se quejó. Lo miré. Se suponía que era navidad, había que estar en familia. Nadie trabaja en estas fechas… además, la comida de Juliette es riquísima, y con la ayuda de Simone, papá y Emilie, seguro quedaba espectacular.

Bill se levantó del sillón, y su madre no dijo nada más. Los dos se metieron en la cocina… y momentos después Bill volvió a salir, pero por la otra puerta.

… Suerte para mi que nuestro salón no fuese separado del living. Digo, por una pared. Porque la mesa del comedor estaba lejos. Aún así, podía ver a Bill, unos metros más allá acomodando todas las cosas.

Lo miré llevando las copas, los platos, los tenedores y todas esas cosas. No iba de muy buen humor, que digamos… pero al menos lo hacía. Seguro Bill estaba acostumbrado a que lo atendieran siempre. Ya me lo imagino gritando como loco si su mamá le pide que limpie el baño. Igualmente acabaría limpiándolo, es un hijo de mami… y le obedece en todo.

Cuando acabó, se acercó a paso lento al salón, yo lo observé todo el tiempo sin poder apartar la vista. Él parecía enojado, pues tenía el ceño fruncido.

¿Quieres dejar de mirarme? —espetó al pasar frente a la TV, para volver al pequeño sillón.

Dejé de respirar por un momento, sin saber que hacer o que decir. Bill me podía decir que lo quisiera y a mi no me salía la voz para contestarle. Ni siquiera podía pensar bien. Lo único que pude hacer, fue bajar la mirada y sentirme muy avergonzada. Soy una mirona… y soy tan tonta. Ni siquiera sé disimular bien. Con esto ya le confirmaba que era verdad lo que a Emilie se le había escapado. Y es que argh, seguro Bill se enoja conmigo por eso. Podría apostar que a él no le gusta que a mi me guste. Sus razones debe tener. Pero la culpa no es mía. Yo nunca quise que él me gustara. Pero aún hay algo que no entiendo. Él me había dicho que quería estar lejos de mí, hace tiempo, y ahora me besaba. Como si yo fuera cualquier cosa… claro, como no me gusta quejarme por todo, ni ser de esas chicas que arman escándalos. Y es que lo habría hecho, de nos ser porque me había quedado de piedra, como una idiota… al final me había gustado, pero no es el punto.

Bill se acomodó en el sillón, sólo lo escuché, pues ya no lo miraba. No quería que me dijera eso otra vez, ya bastante avergonzada me encontraba… además, después todo podía convertirse en una pelea y no era un buen plan pelearse para noche buena, arruinaríamos la cena.

Comencé a jugar con mis dedos ¿porqué todo tiene que ser tan complicado? me sentía metida en un lío que ni siquiera existía… o quizás si. Y es que era una lucha interior. Y las luchas interiores son de lo peor, porque uno no sabe que pensar, o como actuar. Yo deseo hacer las cosas bien pero… pero a la vez quiero hacer lo que se me antoja, y en este momento realmente se me antojaba mirar a Bill.

Y no lo pensé más. Lo miré ¿y con qué me encontré?, con sus ojos… él me había estado mirando todo este tiempo. Me sentí cohibida pero aún así, no dudé en espetarle:

¿Quieres dejar de mirarme? —repetí sus mismas palabras, pero no me importó… al parecer a él si, pues me miró sorprendido y apartó la vista rápidamente hacia la TV, sin decir nada. ¿Con qué derecho me decía que no lo mirara cuando él me miraba después?, es ridículo.
Bill, ¿puedes llamar a Tom y Sam? Simone nuevamente había salido de la cocina, la miré y ella me sonrió fugazmente, para luego volver a mirar a su hijo —diles que se vengan rápido porque ya se está haciendo tarde y vamos a cenar —y acto seguido volvió a entrar en la cocina. Giré nuevamente el rostro y miré a Bill, este ya estaba con el móvil en la mano, seguramente buscando el número de su hermano.
Puedes mirarme todo lo que quieras —murmuró, sin dirigirme la mirada. Supuse que lo decía sarcásticamente. Pero como una idiota, le tomé la palabra y no le quité los ojos de encima. Se llevó el aparato al oído y luego se levantó del sillón ¿Tom, donde estás? —hablaba en alemán. Que genial soy, pude entenderle —ya está todo listo y mamá quiere… blablabla. Afundgaufun. No entendí nada más. Lo miré mientras él se paseaba dos pasos hacia un lado y tres hacia el otro, frente al silloncito. Me miraba cuando venía de vuelta y yo me ruborizaba, luego se daba la vuelta y caminaba en la otra dirección, dándome la espalda. No supe que era lo que hablaba tanto con Tom, pero sonaban a bromas… además, Bill había reído un par de veces. Este chico si que era extraño.

Acabó la llamaba y guardó el aparato en su chaqueta, aún de pie.

Tú también puedes mirarme todo lo que quieras —le dije sin pensar, igual que antes: imitando sus palabras. En seguida me di cuenta de que no tendría que haber dicho eso, pues por tercera vez, Bill se ruborizó… y me contagió el rosa a mí también. Él miró hacia otro lado, sin decir nada y volvió a sentarse en el sillón. Que bien le quedaba su nuevo peinado. Aunque aún no olvidaba lo del teléfono y Andreas.

Nos pasamos el siguiente minuto en silencio, sin saber que hacer. Yo nerviosa y con el corazón andándome rápido, debido al ambiente tenso.

Jo… hasta que termino. Me hicieron picar cebollas, ¿sabes lo que es eso?, jamás lo hagan —entró parloteado Emilie en el salón. Bill y yo la miramos… a ella parecía habérsele quitado el enojo con Bill. Debí suponerlo, Bill y Sam eran amigo desde hacía tiempo, por ende, Emilie y Bill deberían tener alguna especie de relación como “casi-amigos”… o quizás solo era cariño que se habían agarrado con el tiempo. La chica se sentó a mi lado, lanzándose sobre el sillón y cruzó sus dedos detrás de la cabeza, en una pose bastante relajada. Quité mis ojos de ella y miré a Bill fugazmente. Él me miró a la vez. Que sincronizados. Me estremecí y aparté la vista hacia cualquier sitio ¿se aburren…?
Si.
Un poco —dijimos al mismo tiempo. La del “si”, fui yo. Emilie nos miró a ambos intermitentemente y luego torció una sonrisa. Seguro le llegaba a picar la lengua de las ganas que tenía de molestarnos. Pero no dijo nada, por suerte. Y es que ya había hecho mucho el día de hoy... Había hecho enojar a Bill y luego se le había salido que a mi me gustaba.

Me ruboricé nuevamente… y no quise mirar a Bill.

Amm… ¿Y ya le contaste a Bill sobre Bill? —tuve que detenerme dos segundos a analizar sus palabras.

¡¿Qué?! Que no fuera a salir ahora con la mentira para “arreglar todo”, con eso terminaba de joderme.

¿Qué Bill de Bill, de… ah? —me ruboricé aún más. Se me trababan las palabras, soy un fracaso. Emilie miró a Bill, yo no tuve el valor de hacerlo.
Ya sabes, el Bill que te gusta. No este, el otro, el de Noruega, ese que me contaste… el de la foto, ¿te acuerdas? cállate. Le hice una mueca, molesta. Pero Emilie estaba muy concentrada en mirar la expresión de Bill. ¡Y es que esta mentira no se la creía ni un niño pequeño!, mucho menos Bill. Y es que inventar cosas así era de niñitas de diez años. ¿Qué iba a pensar ahora Bill de mi? —es que… —hizo sonar la lengua —yo te voy a contar sobre esto, Bill —y ahora se hacía la interesante. Dios, ¿el sufrimiento no acaba nunca? Pero claro, ella no me miraba, ni siquiera me prestaba atención… y eso que la estaba jalando de la manga de su chaleco … pasa que Karlie, antes de venir aquí, a Alemania… fue a Noruega. Osea, después de Japón, para estar con sus abuelos… y pasa, que un chico nuevo se mudó a la casa del lado de su abuela.
Tiene músculos y es rubio y tiene unos ojos azules pero que te mueres… juega en el equipo de fútbol de su escuela y es de lo mas cool. Karlie me lo contó todo. Tuvo un romance de dos semanas con él… era algo pasajero, pero ahora se dio cuenta de que en realidad le gusta, y quiere volver a Noruega para ser su novia… porque… porque Bill, así se llama el chico, está bueno… y él la quiere. Y a Karlie le gust… —no lo soporté más y le cubrí la boca con la mano, como pude. En ese momento, Emilie se dio cuenta de que estaba echando a perder las cosas cada vez más ¿Cómo se le podían ocurrir todas esas bobadas? Yo ni siquiera salía con chicos… pero que estupidez, “un romance de dos semanas”. Miré a Bill, este tenía una muy marcada mueca en el rostro, de disgusto. Seguro ahora pensaba que yo era una cualquiera que andaba con “romances de dos semanas” y esas cochinada ¡Ay, no! Y es que eso, realmente, no podía ser. Prefería ser sincera y madura, antes que ser una niñita mentirosa.
Bill, no hay un Bill en Noruega, Emilie lo acaba de inventar todo. Y me gustas —solté de golpe.






1 comentario:

  1. Amo la actitud de esta chica! Así se habla! Me has provocado un mini infarto.

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