20 febrero, 2014

Automatic /Capítulo 29



Dormí bien esa noche. No recuerdo haber soñado… pero desperté muy bien, descansada y sin ganas de seguir durmiendo. Quizás porque ya estaba en casa, y me encontraba en mi ambiente… y no en un hospital.

Faltaba poco para navidad. Y yo no tenía regalos… siempre había regalado cosas en navidad, desde los doce, creo… a mis amigos, a papá, los abuelos, tía Marie, su esposo y Seli. Pero ahora, yo no tenía regalos… no podía comprarlos. A ¿demás, tampoco podríamos viajar como lo hacíamos todas las navidades.

Emilie no se pasó por mi casa ese día. Sólo Juliette… quien me había dado las mil y una disculpas por su hija, pues hoy las dos rubias chillonas iban a salir con su padre ¿sería su padre igual a ellas? lo dudo.
Juliette me ayudó con el aseo personal y también a vestirme y todo eso… realmente me agradaba. Era sorprendente la forma en como me sonreía… con cariño. Yo ni siquiera era su hija… a lo mejor, estaba ya enamorada de papá.

Cuando Juliette se fue, después del almuerzo, le pedí a papá que comprara regalos para la familia. Le especifiqué muy bien todo lo que quería que comprara: Un vino de los caros para el abuelo, un par de aros con perlas lindas para la habuela, para tía Marie unos zapatos de cuero que ella me había dicho quería tener… y para Seli, ahí fue un poco más complicado elegir un regalo, pero papá y yo optamos por una buena cantidad de dinero para que ella comprara su propio regalo. Otras veces nos había pasado que a ella no le gustaban los regalos.

Era extraño, porque papá y yo regalaríamos en conjunto, no aparte como siempre lo hacíamos… pero bueno, también servía para economizar un poco.

El anciano anotó todo en una hojita para que no se le fuese olvidar, y luego me preguntó si quería comprar regalos para mis amigos, y que él pagaba todo. Realmente debió haber quedado asustado por mi accidente, pues anteriormente, yo pagaba los regalos para mis amigos.

Terminé por aprovecharme de la situación. Y luego de haberlo pensado unos minutos, le pedí las siguientes cosas: Algo que le sirviera para la casa… a Juliette, para Emilie un brazalete para la amistad, pedí para Sam algún perfume, para Tom unos lentes de sol… lo mismo para Bill, ya que siempre llevaban puestos los lentes de sol… les servirían. Y finalmente, para mi nuevo “amigo”, Andreas, algún tipo de broma no pesada… de esos regalos que venden en las tiendas de manualidades.

Luego de eso, papá se fue con la lista de regalos al centro comercial, dejándome sola en el salón de la casa.

Estuve viendo películas el resto de la tarde. Papá se iba a demorar un buen tiempo en comprar todo… Lo peor, es que no tenía un regalo para él. Ni siquiera sabía que regalarle… yo no era mala hija por eso, ¿o si? No, no lo era. Pero es que ya tenía como costumbre comprarle un regalo a papá.

No lo dudé más tiempo y busqué mi móvil en los bolsillos… cuando di con el número de la casa de Emilie, le di al botoncito verde y esperé, cruzando los dedos, para que Juliette contestara.

Hablé con ella cerca de quince minutos, pensando en algo para regalarle a papá. Ella no se molestó en darme ideas… pero finalmente acabé optando por un reloj. Ya que su antiguo reloj se le había echado a perder hacía meses. Le pedí a Juliette que cuando pudiese, antes de navidad, lo comprara… que yo se lo pagaría.

Cerca de las nueve de la noche, cuando ya estaba oscuro y yo de lo aburrida ya quería irme a dormir, llegó papá con un montón de bolsas. Las acomodó todas en el armario que había debajo de la escalera y luego me subió a mi habitación… yo media dormida me dejé hacer. Y él, con cuidado me quitó el chaleco que traía puesto, me metió en la cama y me cubrió hasta el cuello.

El día siguiente, desperté igual que el día anterior. Era martes… martes 23. Mañana sería noche buena. Y luego navidad. Era extraño no estar con la familia… pero no le di importancia. Les enviaría un correo a todos y les informaría que tenía sus regalos guardados.

Como el día anterior, llegó Juliette a ayudarme con todo. Fue horrible cuando me metió en el baño y yo pude mirarme al espejo. Me di cuenta… me di cuenta de que los dientes, los de abajo… estaban chuecos. Genial, los dos años de ortodoncia no me habían servido de nada. El puto accidente lo había jodido todo. Mi perfecta dentadura ya no era tan perfecta. Pff. ¡Ahora tenía los dientes de abajo chuecos! por suerte, Juliette logró calmarme antes de que entrara en pánico y comenzara a gritar maldiciones para todas las cosas vivientes.

¡Pero es que soy tan torpe! si me hubiese fijado antes de cruzar… ahora estaría bien. Me podría mover con normalidad, no habría estado semanas en un hospital, no tendría que necesitar ayuda para moverme ni para asearme, y mis dientes se habrían quedado tal cual estaban.


Emilie llegó después del almuerzo. Lo primero que hice, fue contarle sobre mi gran tragedia… pero ella me consoló diciéndome que no se notaba, que ella ni siquiera se había dado cuenta. Pero no me dejó del todo convencida…

Tom y Sam llegaron un poco más tarde, como de costumbre… muy juntitos y todo eso.

Estuvimos conversando hasta que se hizo de noche… y para cuando se fueron, la familia Kaulitz y nosotros, ya estábamos invitados a la cena que Juliette prepararía… en nuestra casa. Habíamos decidido hacerla aquí, ya que mi traslado era… pff. Muy molesto. También, “decidimos” que todos se quedarían a dormir en casa. Ya que era más bien grande y tenía otras habitaciones… cabíamos todos, pero nadie más. Luego, el día de navidad, llegarían aquí las visitas de Juliette, y los Kaulitz se irían a su casa, para recibir sus visitas. Cuando supe el “plan de navidad”, no pude evitar pensar, que Bill vendría a mi casa, y se quedaría a dormir.

Me parecía gracioso pensar en como las familias se relacionaban… digo, Papá y Juliette, yo era hija de papá, Juliette tenía dos hijas, de las cuales la mayor estaba de novia con uno de los Kaulitz… entonces los Kaulitz, también quedaban involucrados dentro de nuestra familia.

Antes de dormir, le conté a papá lo que él no sabía: sobre Tokio Hotel. El pobre no tenía idea y se sorprendió bastante, no me lo creía… tuve que decirle que lo buscara en Internet, y allí se diera cuanta de que yo no mentía, ni me estaba inventando cuentos producto del golpe en la cabeza que me había dado en el accidente. Y por cierto, aún no escuchaba la música de Tokio Hotel, lo había olvidado. Ya luego escucharía que tal tocaban.

El día siguiente, papá llegó a despertarme. “Hoy es noche buena”, fue lo que casi gritó al entrar en mi habitación y abrir las cortinas. Me informó que Juliette ya estaba a punto de ayudar, para ayudarme en mis cosas… también me dijo que luego de año nuevo se conseguiría una enfermera. No quería tener a “su Juliette” atendiéndome. Yo sólo lo piqué un poco, diciéndole que era la enfermera sexy.

El 25, día de la navidad, ya se acercaba… pero lo que realmente me tenía nervosa, era el hecho de que Bill viniera a mi casa ¿le traería recuerdos? a lo mejor, se ponía Automático de nuevo, si le sumamos lo del pequeño accidente…


Y el día de noche buena llegó. Fue lo primero recordé al despertar. Mañana sería navidad… y el año se iría así de rápido. A veces, es preocupante que el tiempo pase tan rápido. Pero había algo más preocupante que el tiempo y su rapidez… eso tan preocupante tenía nombre y apellido: Bill Kaulitz. ¡Vendría a casa para la cena! y como si fuera poco, se quedaría también a dormir. No me imaginaba el humor que traería encima, siempre acababa sorprendiéndome. Aunque… lo más probable, es que estuviese en estado robótico automático, ya que habrían mas personas en la casa. Quizás… podíamos tener tiempo para estar a solas. ¿Pero qué estoy pensando? yo no quiero estar a solas con Bill. Él… él me gusta. Pero sólo es eso… me gusta y punto, nada más. Me agrada cuando es bueno conmigo… Si, eso también.

Sus cambios de humor tan rápido no los entiendo. Es una persona completamente diferente cuando estamos Tom yo, que cuando hay más personas presentes. Sus razones tendrá, supongo. Pff… nunca podré estar en su cabeza para entenderlo.

Karlie… —una voz cantarina me obligó a salir de mis pensamientos. Era Juliette… y seguramente entraba a la habitación para despertarme Karlie, despierta… hoy es noche bue… ya estás despierta, que bien —sonrió ampliamente al verme con los ojos abiertos. La miré, hacia arriba. Ella me sonreía, como siempre… me sonreía de verdad. Acercó su boca a mi mejilla luego me dio un beso bastante sonoro —buenos días, ¿cómo amaneciste?
Acostada… y con los ojos cerrados Juliette se echó a reír, para seguidamente quitarme las sábanas de encima y dejarlas todas a los pies de la cama.
Ya van a ser las doce, Karlie… así que… —hizo fuerza, ayudándome a que me incorporara, para quedar sentada —quiero vestirte antes de almuerzo… Emilie y Sam vienen a almorzar con nosotros —me ayudó ahora a bajar mi pierna de la cama, y a apoyarla despacio en el suelo —luego Marc y yo iremos a comprar cosas para la cena —y seguía con el resumen del día… siempre era así Simone se vendrá temprano, para ayudarme también con la comida. Haremos algo especial. Te gustará —se sentó en la cama y me ayudó a levantarme, como siempre lo hacía. Yo sostuve casi todo mi peso con la pierna buena… comenzamos a “caminar” hacia el baño. Para mis “aseos matutinos”, como ella llamaba a lavarme el cabello, los dientes y limpiar mi cuerpo por secciones… yo hacía lo más privado de todo eso, claro.
—Seguro que sí, tú y Simone cocinan riquísimo —le sonreí.
Que encantadora eres —fue toda su respuesta. Siempre decía que yo era encantadora ¿soy encantadora?... no lo creo.

Al terminar de hacer mis “aseos matutinos”, ella me ayudó con la ropa. No estaba obligada a vestirme con algo elegante, por lo que cogí unos pantalones de deportes muy anchos color gris, un calcetín con círculos de colores, una zapatilla de andar por casa de un cerdito rosa, una camiseta simple de manga larga color verde… un poco ancha, y un polerón blanco, un poco ancho también. Para que cupiera todo mi cuerpo y mis cosas inmovilizantes dentro. Iría vestida como Tom. Juliette me arregló el cabello y me puso una pequeña traba sujetándome el flequillo hacia un lado. Y listo.

Finalmente, llamó a papá para que viniera a darme los buenos días… y me bajara hasta el primer piso, para el almuerzo.

Papá había cocinado... ¿qué mejor que cocina pizza? es lo mejor que él hacía, lo más fácil. Si. Con un solo ingrediente: el teléfono, y dos pasos en la receta: Llamar y esperar. Listo.

Papá ayudó a acomodarme en la mesa, mientras Juliette cortaba mi pizza en trocitos… como a una niña pequeña, aunque así era mejor, y yo podía comer más fácilmente. Ya que todo se complicaba cuando la única mano que llegaba normalmente a mi boca era la izquierda.

Nos tardamos un bien tiempo en comer. Dieron las dos de la tarde cuando acabamos. Era tan extraño que Juliette se pasara todos los días en mi casa… ayudándonos a mí y a papá. Luego habría una enfermera, cuando papá y Juliette volvieran al trabajo, después de año nuevo.

Juliette era la mejor… me caía excelente, me gustaba que estuviera con papá. Definitivamente, era la mejor opción para el anciano… Por otra parte, me parecía completamente romántico que ella se hubiese enamorado de su jefe.

Papá me acomodó como todos los días en el sillón grande del salón, con la pierna apoyada sobre la mesita de centro y rodeada de cojines. Y cuando estaba en eso, acomodándome, mientras Juliette ordenaba la cocina y hacía una lista de compras… picaron al timbre. Papá terminó de acomodar los cojines a mi alrededor, “por cualquier cosa”, y luego se dirigió hacia la puerta.

¡Hola! Emilie.
Hola, Emilie… pasa —giré la cabeza, para ver a mi amiga… esta ya había entrado en la casa y seguramente ya habría saludado a papá.
¿Cómo estás? —le preguntó a papá, mientras se quitaba la chaqueta.
Excelente…
Para la cena, que bien —lo cortó ella ¿sabes donde está mamá?
¡Aquí! —gritó Juliette desde la cocina.
Luego la saludo… ahora, voy a saludar a ¡mi hermana! —chilló, con sus ojos clavados en mí. Se acercó rápidamente y yo aproveché de mirar a papá. Estaba un poco desconcertado, pobre ¿cómo amaneciste, HERMANA? —seguro era uno de sus famosos planes esos para picar a las gente, en este caso papá y Juliette.
Bien ¿y tú, HERMANA? —le seguí el juego.
Bien también, HERMANA —se sentó a mi lado en el sillón ¡mamá!
¿Si? Juliette salió por la puerta de la cocina.
Sam viene después, con Tom… que fueron al médico —pestañeó un par de veces ¿vas a ir a comprar con tu novio y me dejarás a cargo de mi HERMANA? —era genial ponerle énfasis a esa palabra. Juliette se avergonzó un poco, quizás de su hija, y luego miró a mi padre.
Si, Emilie… iremos a comprar las cosas para la cena.
¿Ahora? Juliette miró a papá, y este le hizo una seña con la cabeza.
—Si, ahora. Que después nos cierran los supermercados —recibió el abrigo que le tendría papá.
Amm… vale ¿me traes algo rico? para mi y Karlie. ¿Si? —le hizo ojitos a si madre. Esa le contestó poniendo los ojos en blanco. Y luego de que los adultos se arreglara y abrigaran… salieron a comprar la cena.

¿Sabes?, la chica del vestido podría haber hecho el papel de mala, no la otra… no le queda, en realidad. —comentó Emilie viendo la TV. Era una novela, como cualquier novela… de esas que ven las ancianitas aburridas en su casa. No las juveniles, las de viejos… y yo, claro, no entendía casi nada… y es bueno que sea “casi nada”, pues ya no es “nada”.
Amm… si —le di la razón. Yo que ni siquiera le prestaba atención a esa cosa… llevábamos cerca de media hora viendo el mismo programa y yo ya me comenzaba a aburrir.
Ayer Andreas me llamó.
Oh, que bien… ¿qué te dijo? —la miré, con interés. Por fin algo interesante de que hablar.
Nada, no contesté. Y él insistió y yo apagué el móvil. Es un idiota. Está muy equivocado si piensa que yo lo voy a perdonar… —la corté, antes de que siguiera regañando, luego se iba a poner de mal humor.
Emilie… a lo mejor Andreas sólo te quería desear una feliz navidad —le dije… pero ella negó con la cabeza, frunciendo el ceño.
No, porque después me envió mensajes… lo odio. Argh.
Ay, pero cálmate… no te preocupes, si está baboso por ti —casi pude distinguir una sonrisa en sus labios, que disimuló rápidamente con un bufido. En el fondo, aún le gustaba Andreas… pero no quería aceptarlo. Lo sabía, yo la conocía muy bien. Y esa sonrisa me daba todo por confirmado. Tarde o temprano acabarían juntos esos dos… pero yo no me iba a entrometer, no de nuevo. Que por haberme burlado de ellos, había acabado en el hospital. Definitivamente burlarme de los enamorados no iba conmigo… pero si con Emilie.
Es de lo peor… te invita a salir y después… Pff. No es tu culpa, Karlie… pero cuando me acuerdo de eso me da rabia contigo —la miré impresionada… ella apagó la TV y se llevó las manos al rostro —te lo confieso porque te quiero mucho. Pero es que… no lo puedo evitar. Andreas me gusta —acabó por quitarse las manos de su rostro, el cual había adquirido una tonalidad más rosa. Era comprensible que le diera rabia conmigo. A mi también me daría si Bill invitara a salir a Emilie. Porque Bill me gusta. Quizás no tanto como a Emilie le gusta Andreas, pero si lo suficiente como para sentir celos —discúlpame, si quieres enojate conmigo o…
¿Cómo se te ocurre que me podría enojar contigo? eres mi HERMANA —alcé un poco la voz en esa última palabra, Emilie rió y alzó la vista para mirarme —además, eres sincera conmigo… y yo también te quiero mucho —acabé por sonreír ampliamente. Emilie asintió con la cabeza una vez y se levantó de golpe en el sillón, para seguidamente abrazarme con suavidad … y por cierto, no tienes porqué ponerte celosa, él te quiere a ti, porque tú eres una persona hermosa —volvió a separarse de mí… —además, a mí sólo me gusta Bill…
Uy, lo sabía —soltó una risita —y ahora que me acuerdo, te llevarás una gran sorpresa al ver a Bill hoy… Como amaré ver tu cara —volvió a sentarse en el sillón y encendió la TV ¿qué tenía Bill?
¿Qué pasó con Bill? —le pregunté, llena de curiosidad.
Ya verás… no te diré nada —y ahora me quedaría con la curiosidad… genial. Hubiese sido mucho mejor que hubiera omitido ese comentario.

Emilie acabó por cambiar el canal de la TV, a uno de esos de música. Y luego de unos minutos subió a buscar el portátil, ya que yo se lo había pedido, para enviarle un correo electrónico a tía Marie y a todos.
Le escribí algo así:

¡Hola tía Marie! Ojala estén todos muy bien por allá. Te envió este correo para desearte una feliz navidad y les des mis saludos a los abuelos y a toda la familia. Que lástima que estas navidades no las podamos pasar juntos, como siempre… Pero nos quedan muchas más navidades para celebrar juntos.
Les tengo sus regalos en casa, cuando papá y yo los vayamos a visitar, se los daré. Quizás en las vacaciones de verano, cuando mis huesos ya estén del todo sanos y me pueda mover un poco para subirme en un avión. Jajaja.
Espero que pasen unas muy felices fiestas, y no nos extrañen a papá y a mí, pensaremos en ustedes todo el tiempo. Les deseo también un muy feliz año nuevo… que les vaya estupendo en todo lo que tengan planeado para el 2009… y vamos, lo típico, que todos sus sueños se cumplan.
LOS QUIERO MUCHO.
Karlie.

Envié el mensaje, y luego abrí otra plantilla, para mis amigos… Escribiría sólo un mensaje en general, pero sería para todos.

Hola :D. Te deseo feliz navidad y próspero año nuevo.
Que la pases bien con tu familia, se cumplan todos tus deseos, alcances tus metas y te vaya bien en todo :). No te olvides de que tienes una buena amiga aquí en Alemania. Espero algún día poder vernos de nuevo…
Con cariño, Karlie.

Listo… se lo envié a todos mis amigos más cercanos. No hacía falta algo más elaborado. En cuanto cerré el portátil y se lo di a Emilie para que lo dejara sobre la mesita de centro… el timbre sonó. Genial, visita. A lo mejor eran Sam y Tom… O Simone.
Quizás Bill.

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