26 febrero, 2014
Automatic /Capítulo 34
Me arrepentí al instante de haber dicho eso lo último.
Le había confesado que me gustaba, y ahora él me miraba como si yo fuese una loca, poniéndome nerviosa… y roja, y aún más nerviosa. El corazón me andaba a mil por minuto y me golpeaba el pecho con fuerza, la sangre me recorría el cuerpo a una velocidad vertiginosa, podía sentir el pulso en mi cabeza.
Bill se ruborizó al instante y tras un gran momento de silencio que se me hizo eterno, sus carcajadas resonaron en la habitación. Me quedé de piedra y dejé caer mi mano que cubría la boca de Emilie ¿porqué se reía? esto es algo serio, es importante. No es para reírse, ni burlarse. Son sentimientos, es el corazón.
Su risa no sonó bien. Los ojos se me llenaron de lágrimas y ahora estaba mucho más avergonzada que antes, estaba que me ponía de pie y salía disparada a mi habitación… una mierda con los yesos.
—Eres tonto, Bill, muy tonto —rió Emilie. Bill dejó de reír y yo aparté la vista rápidamente. Qué vergüenza —ahora sabes la verdad de tu vida, Bill: eres el más tonto que conozco. Suerte para ti que tengas a alguien que te lo diga… en ese caso yo. Y te lo digo porque te quiero: Tonto, idiota, descerebrado, SUBNORMAL, FRIO, ¡AUTOMÁTICO! —acabó gritando. Su sonrisa había desaparecido. Emilie comenzaba a asustarme —desde que me acuerdo eres igualito… eres un tonto —acabó por levantarse del sillón. La miré aterrorizada, ella fue a abrir la boca para seguir con sus gritos pero fue interrumpida:
—Emilie, ¿está todo bien aquí? —Juliette. Era ella. La miré rápidamente… venía saliendo de la cocina con mi padre y Simone detrás, seguramente habían escuchado los gritos de Emilie… quien no contestó, o al menos yo no la escuché —quiero que te comportes.
—Lo siento —se disculpó la rubia.
—¿Pasa algo, hija? —este había sido papá. Negué con la cabeza rápidamente, pero de nada servía si tenía las lágrimas a punto de caer. Bill me gustaba, se lo decía… y él se burlaba. Eso duele —¿qué pasó, Emilie? —le preguntó esta vez a mi hermana. Aparté la vista de papá y la miré.
—Es culpa de Bill, —apuntó al chico —toda la culpa es de él, yo estaba defendiendo a Karlie. Porque Bill es tonto y…
—Emilie —la cortó su madre con voz de reproche.
—Bill… —se quejó Simone, casi a la vez con Juliette —compórtate como el adulto que eres —me habían entrado ganas de mirar a Bill, pero no lo hice… y para no hacerlo aparté la vista para clavar los ojos en papá. Este prácticamente asesinaba a Bill con la mirada.
Y ahora, además de avergonzada, me sentía culpable ¿De qué?, no lo sé. Pero es que sentía como si algo me estuviese apretando el pecho, impidiéndome respirar con normalidad… y me dolía.
Nadie añadió otro comentario durante unos segundos incómodos en los que Simone regresó a la cocina con el ceño fruncido.
—Emilie, aprovechando que estás de pie y para que no armes peleas, ven y ayúdame con la cena antes de que Tom y Sam lleguen —¿por qué me haces eso, Juliette? no… si Emilie se iba, yo quedaría sola con Bill, y ese sería definitivamente, el fin de mi existencia… o de mi cordura.
—Que te ayude Bill —se quejó.
—Emilie, no te estoy dando una sugerencia, tampoco pido tu opinión. Vamos —su madre ya comenzaba a enojarse, había hablado en alemán, pero yo pude entenderla perfectamente. Emilie dijo algo entre dientes… eso no lo entendí y luego con los puños apretados se dirigió hacia la cocina con su madre vigilándola un paso más atrás.
Entonces papá me miró fugazmente, y luego volvió a dirigirse hacia Bill.
Le habló en alemán, con un tono bastante rudo. Quería salir corriendo de aquí.
Papá no le hizo caso a mis ojos suplicantes, y se metió en la cocina… dejándonos así, a Bill y a mí solos. Estos adultos carecen de corazón… o quizás de un cerebro ¿tan difícil era adivinar la situación?, no lo creo.
Dejé de mirar hacia la puerta y en vez de eso, miré mis manos. No me había dado cuenta de que estaba apretujando mi polerón, mientras jugaba con mis dedos, en un gesto de nerviosismo. Las lágrimas que luchaban por salir ya se habían ido… y ahora sólo quedaban mis mejillas rojas, mi cuerpo tembloroso y los rápidos latidos de mi corazón.
—Karla —genial. Ahora me llamaba. Yo no quería mirarlo. Porque… porque no. Quizás que cosas me decía y yo… me moriría de la vergüenza. Entonces lo escuche moverse, y el corazón casi se me sale al ver sus pies frente a los míos. Pasó de largo y se sentó a mi lado. Ni siquiera me moví, me había quedado de piedra —no era broma, ¿verdad? —¡¿broma?!, ¿él pensaba que había sido una broma? con este tipo de cosas no se juega… yo jamás haría un broma así. No. Lo que Emilie había dicho si había sido un chiste, pero lo mío no —Karla —volvió a insistir. Ya me había acostumbrado a que él fuese la única persona que me llamara por mi nombre.
Saqué el valor de donde no lo tenía guardado y alcé la vista… con cuidado de no toparme con sus ojos.
—No, no era broma —por suerte no me trabé. Me encogí de hombros y luego volví a bajar la mirada.
—Discúlpame, entonces. Yo pensaba que… en realidad yo —se calló. No alcanzaron a pasar dos segundos, cuando el contacto de su mano en mi mejilla me hizo estremecer. No opuse resistencia cuando él alzó mi rostro. Me sorprendí, pues el suyo estaba bastante cerca. Miré sus labios, su aliento me rozó y una extraña sensación se apoderó de mi cuerpo. El color se me subió a las mejillas. Cerré los ojos casi inconscientemente y me sentí morir cuando él juntó sus tibios labios con los míos.
Comenzó a mover sus labios sobre los míos, y yo no dudé en acompañar sus movimientos, saboreando su boca. Me encantaba, Bill me gusta… y mucho.
Cada vez me gusta más y es algo irresistible, inevitable. Ni siquiera mis miedos podían contra la atracción que yo sentía hacia él.
—¡Hijo! —pegué un salto, del susto que me había dado, al igual que Bill. Separamos nuestros labios se sopetón y ambos giramos el rostro. Era Siomone. Ay, no… que… vergüenza. No… Ella nos había visto y —apártense, apártense —susurró rápidamente, con los ojos como platos. Bill le obedeció, y rápidamente soltó mi rostro, para sentarse lo más lejos que pudo de mi. El timbre sonó en ese momento.
—¿Vas a abrir la puerta, Simone? que ya van dos veces que tocan el timbre —salió mi padre desde la cocina. Simone asintió y se dirigió hacia la puerta. Entonces papá clavó sus ojos en mí. Me observó, yo estaba roja de la vergüenza. Frunció el ceño y luego miró a Bill… quien seguramente estaría igual que yo.
—¿Qué pasó? —preguntó con un tono de voz que no me gustaba para nada.
—Nada —Bill se aclaró la garganta.
—Estaban peleando de nuevo, eso pasó —habló Simone desde la puerta, dando paso a Sam y Tom —pero Bill ya le pidió disculpas, al parecer, y Karlie aceptó sus disculpas —me entró el miedo. Simone había dicho todo eso con un tono de voz bastante sugerente. Ay, no —y ahora, son amigos ¿no es verdad, chicos? —se acercó, dejando a Sam y Tom en la puerta quitándose los abrigos —¿chicos? —insistió al ver que nos habíamos quedado mudos.
—Si.
—Si —contestamos a la vez. Y yo no sabía que hacer, pues papá no cambiaba la cara y argh ¿Acaso él nos había visto también?
—Ahora, mira esto Marc, tu hija y mi hijo…—tomó aire, yo abrí los ojos como platos ¡¿y si le decía?! Jo… no quería ni imaginar como se pondría Bill —se darán ahora mismo un abrazo, para demostrarte que ya están de amigos —solté el aire, aliviada.
Miré a Bill… él también me estaba mirando. Entonces e chico estiró los brazos y yo también estiré los míos, logrando un abrazo un tanto aparte. Mis mejillas estuvieron a punto de estallar, muy parecidas a las de Bill.
—Oh, ¿pero que les pasa?, no me van a decir que les dios vergüenza ahora que está Marc. Si estaban conversando de lo mejor cuando llegué… —dijo rápidamente. Y es que todo lo que Simone decía, me daba la impresión de que nos estaba delatando. Aunque un sordo se daría cuenta de que nos habíamos besado.
Sentí el corazón en la cabeza cuando Bill me abrazó más fuerte, pegándome a su cuerpo. Quería escapar de allí. Pero al parecer, en estos momentos, lo mejor era obedecer a Simone… Además, yo no podía salir de allí.
—Todo está bien ahora Marc —le dijo Simone a papá. Él me miró con expresión sugerente para luego entrar en la cocina —que no se repita Bill, al menos aguántense esta noche chicos. Si tu padre —me miró —se entera se enojará. Así que mantengan sus labios apartes.
—¿Se besaron? —salió Emilie de la cocina. Me separé de Bill y busqué a papá rápidamente. Pero él no estaba,
—¿Quién se besó con quién? —esta vez fue Tom ¡estaba pasando la vergüenza de mi vida!, ¿cómo se les podía ocurrir hacerme algo así? pero claro, yo no podía hablar porque me había quedado muda y… y… soy tan tonta.
Simone puso los ojos en blanco y volvió a meterse en la cocina, llevándose a Emilie.
Bajé la mirada, intentando ignorar la risa burlona de Tom. Sam no decía nada.
—Debiste haberte fijado más, hermanito —siguió burlándose Tom —lo sabía —murmuró más para si mismo que para nosotros. Aunque nos había avergonzado aún más —esto está mal… muy mal.
—Marc se enojará si se entera —siguió Sam… sentándose en el sillón con Tom —… y mucho. Karlie es su única hija. Nunca más te dejará entrar en esta casa —siguió Sam burlándose. Acabó por reír.
—¿Qué hay de malo en que la bese? —Bill ya había confirmado que nos habíamos estado besuqueando. O al menos, que él me había besado.
—Para mí, nada. Pero para Marc… —siguió Tom, haciéndose el gracioso.
—No le veo lo malo —añadió Sam —pero Tom tiene razón. Marc te cortará en pedacitos, Bill —ella y su novio se echaron a reír. Ya basta. Yo explotaría en cualquier momento, por la vergüenza que estaba sintiendo. Esto ya se había pasado de la línea, ahora estaban siendo crueles.
—Pero no te preocupes… mamá te va a defender —nuevamente estallaron en risas.
—Tom, ¿porqué mejor no te preocupas de tus cosas? como por ejemplo, tu hijo. El padre de Sam te matará cuando se entere —¿el padre de Sam no lo sabía? —además, a ustedes no les tiene que importar si beso a Karla…
—Karlie —lo interrumpió Tom.
—Es igual.
—Es Karlie, Bill. No seas cabeza dura, todo el mundo la llama así.
—Pero no es su nombre. Es Karla.
—A ella no le gusta que la llamen así —entonces la habitación quedó en silencio. Me sentí tan observada que tuve que alzar la vista. Me di cuenta de que los tres tenían los ojos clavados en mí.
—Am… eh, es igual —me encogí de hombros, volviendo a bajar la mirada.
—¿Ves?
—¿Ves? —dijeron a la vez.
—Es Karlie.
—Es Karla —siguieron muy bien sincronizados. Los gemelos ya se estaban peleando… y por la razón más estúpida.
—Tom, no empieces a contradecirme.
—Bill, no empieces a contradecirme —y es que eran tan iguales que incluso pensaban y decían las mismas cosas. Esto era realmente impresionante.
—¡Deja de copiarme!
—¡Deja de copiarme!
—Ya basta, chicos —interrumpió Sam —creo… creo que ya es hora de comer.
—Si… —Bill le dio la razón. Yo alcé la vista y miré hacia la mesa del comedor. Ya estaba todo casi listo y Emilie ya estaba sentada. Y por fin… la cena. Bien, ya faltaba menos para irnos a dormir. Miré a Bill… Este también me estaba mirando. Me sonrojé… al igual que él.
Que incómodo era todo esto.
—¡Mamá, ¿ya nos sentamos en la mesa? —gritó Tom hacia la cocina. Bill resopló y casi pude verlo poniendo los ojos en blanco.
—Si quieres sentarte en el baño, todo bien, cenas allí —le contestó Simone desde la cocina. Sam se echó a reír, al igual que Emilie… quien había escuchado todo desde su lugar en la mesa. Y yo, por más gracioso que me hubiese parecido, ni siquiera pude mover el rostro. Y es que la vergüenza podía conmigo. Ojala la cena terminara pronto y nos fuésemos a dormir.
¡Soy tan tonta! Podría haberme dado cuenta que el timbre de la casa había sonado, y así me habría separado de Bill antes de que Simone nos viera… y nos habríamos ahorrado todas las vergüenza y es que… argh. Pero como soy tan tonta, lo repito, me pongo como una boba cuando Bill se acerca demasiado y allí es cuando pasan las cosas que no tendrían que pasar. Igual, parte de la culpa la tiene él, ¿para qué se acerca? Pff, a quien engaño, me gusta que se acerque a mí, que me bese y que, de alguna manera, logre encantarme cada vez más.
Cada vez me gusta más… y más… y más. Es genial, pero a la vez es algo caótico y… desesperante. Más que nada porque no sé que hacer, porque nunca en mi vida había experimentado estas sensaciones… y jamás pensé que me sentiría así. Todo es nuevo para mí. Además, de la persona que me fui a enamorar. Bill es raro, muy raro… pero también es único. Aunque lo más complicado, es que yo no sé como él va a reaccionar si digo o hago tal cosa. Por eso prefiero no hacer nada y dejar que haga conmigo lo que se le antoje. Si me quiere besar, que me bese. Y es que realmente él me vuelve loca.
—Lo que me faltaba: que mamá se empiece a hacer la graciosa luego de casi delatarlos—bufó Tom.
—¿Intentas hacerte el gracioso? —le preguntó Bill, con un tono de voz que no me gustó para nada. Yo seguía con la vista baja, mirando mis manos y mi pie sobre la mesa de centro.
—Lo soy.
—Ya basta…
—Vale, vale. Dejaré de picarlos, pero sólo con una condición —aguardó en silencio unos momentos —¿quieres que deje de burlarme de ti, Karlie? —no dudé en asentir con la cabeza sólo una vez —entonces mírame, que quiero ver sus caras cuando diga esto —se aclaró la garganta. Dudé un momento si mirarlo o no. Quizás que cosa me decía y yo moriría de vergüenza. A pesar de todo, alcé la cabeza y miré a Tom, queriendo morirme allí mismo cuando vi su rostro con una mueca de risa contenida —se besan una vez más, para que Sam y yo estemos de testigo y podamos celebrar —se echó a reír. Sam lo miró como si estuviese loco.
—¡Ya me hartaste, Tom! —chilló Bill —¿por qué no te metes en TUS cosas? —su voz me asustó. Incluso la vergüenza desapareció. La sonrisa de Tom se borró de su rostro al instante y Sam arrugó la nariz —¿podrías dejarme en paz? No sé que mierda te pasa. Estás todo el puto día hablándome de “Karlie”, que “Karlie” esto que “Karlie” esto otro… ¡A la mierda con eso! La metes en mi cabeza a la fuerza, ¡me estás obligando a quererla!, y ahora qu…
—Ya, ya, ya, lo siento, lo siento —lo cortó Tom. Estoy segura de que mi corazón dejó de funcionar. ¿Entonces Bill me besaba sólo porque Tom…? —no hables de más, Bill. Tampoco es para tanto. A demás, Karlie está al lado tuyo y… —me señaló. De seguro yo tenía una mueca espantosa, horrible. Con lo que Bill había dicho, ya me había quedado más que claro que él no me quería en realidad. Que el hecho de que me besara había sido un acto resultado de las estupideces de Tom. Y es que no se le podían llamar de otra manera. Claro, él quería “hacer feliz” a su hermano, ¿y yo qué? Por eso me había pedido que “lo enamorara”. Algo IMPOSIBLE… que nunca podría pasar. Yo había terminado enamorada de él.
No sabía si enojarme con Tom, porque él había causado esto. Enojarme con Bill, por haberme besado… O conmigo, por se tan tonta y haberme enamorado de él.
Aunque Bill tenía toda la razón. Tom no podía obligarlo a quererme.
No pude evitar que los ojos se me llenaran de lágrimas. Quería irme a mi habitación de una buena vez.
De pronto me sentí tan observada, que incluso se me revolvió el estómago. Tom me miraba, Bill me miraba y Sam me miraba.
—Yo… voy a ayudar con la comida. Si —murmuró Sam, levantándose del asiento, huyendo de la tensión que había en el salón. Como me habría gustado poder ir con ella.
La observé hasta que desapareció en la cocina, y luego escuché una palmada de Tom.
—Yo también voy —lo observé, rogándole que se quedara. Pero no… el muy idiota, para joderlo todo aún más, se levantó del sillón y caminó hacia la cocina rápidamente. Dejándonos a Bill y a mi solos. El nerviosismo se apoderó de mi… y me puse torpe nuevamente. Bill, que se había puesto de pie durante la pelea, no dijo nada. Yo tampoco quise mirarlo. Hasta que sentí sus pasos. Lo miré rápidamente. Él me daba la espalda y se dirigía al pasillo, seguramente para meterse en el baño. Me entraron ganas de llorar. Y es que había comenzado a actuar tan fríamente…
Pero no lloré. Me aguanté, tragándome las lágrimas… Y papá no tardó en llegar para ayudar a acomodarme en la mesa. Al menos él me quería. Y sentí un alivio inmenso cuando me dio un beso en la frente y me acomodó los mechones de cabello detrás de la oreja, al terminar de sentarme bien en la silla. Sam y Tom no tardaron en llegar a hacernos compañía a Emilie y a mí. Con Emilie no había cruzado palabra.
Luego se sentó papá también en la mesa y Simone con Juliette trajeron la comida. Nadie sirvió nada en su plato, hasta que Bill llegó, enojado como siempre, a sentarse en la mesa. Ni siquiera lo miré.
Papá me ayudó a cortar la comida en trocitos, como cuando era pequeña… para que no me costara tanto comer con la mano izquierda. Se lo agradecí. Y luego de eso, nadie más me prestó atención.
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