20 febrero, 2014

Automatic /Capítulo 27


¡No!, ¿pero que estoy pensando? Bill… él… él… ¡No! Es que no puede ser, ¡es imposible!. Yo… yo… él… No. No, no y definitivamente no. Pero es que él… con su rostro, sus sonrisas, sus labios y… y… argh.

Podía conmigo.

Cálmate. Karla, tranquila.

Ahora, tenía que aclarar mi mente, porque estaba hecha un verdadero lío. Bien, para empezar… No puedo. No puedo pensar con coherencia.

Bill me gusta, me gusta, me gusta y lo tengo claro. Pero no estoy enamorada de él… no, claro que no. No puedo estar enamorada de alguien que conozco tan poco. En los libros, las novelas y en la TV las cosas no eran así. ¿O sí? ¡Es que yo no sabía nada sobre esto! me ponía completamente nerviosa al pensar en algo así… y el miedo… ese miedo que no existía con Bill. Era tan extraño… Jamás tendría que haberme mudado a Alemania. Dios. Aunque también habían cosas buenas… pero es que Bill… ese chico… ¿por qué justamente él? ese idiota automático. Un robot que actúa como un humano. Un… un… un estúpido que esconde sus sentimientos. Pff, como si no me hubiese dado cuenta de que nada más se reía cuando estábamos solos. Pero… pero hoy había sido diferente. Si. A lo mejor por la noticia del bebe de los chicos y por el café que le había lanzado a Andreas ¿pero que hacía yo sacando conclusiones? Yo no planeo contarle a Emilie que Bill me gusta, tampoco planeo decírselo a él, ni a nadie… mucho menos hacer que “algo” pasara con Bill. Porque era imposible. Completamente imposible.

Aunque Emilie… me había dicho que siguiera a mi corazón ¡como las cursilerías de las novelas de la TV o las películas de Disney! no… eso en la vida real no existía. Soy una aburrida, lo sé. Pero hay cosas que no existen: como el “Dios” que se inventan las personas, como el infierno, santa, el conejo de los huevitos, el hada de los dientes, la felicidad absoluta, el amor verdadero… o simplemente los novios que jamás engañan a sus novias con otras chicas. Porque son cosas completamente improbables. Yo no quería enamorarme, tampoco que me gustara un chico. Porque me daba miedo, terror… de encontrarme con algo malo. Yo había superado las pruebas que la vida me había puesto… algunas muy difíciles de superar. Pero me habían dejado secuela, habían cambiado mi forma de pensar, de ver el mundo y de hacer las cosas… y eso no lo quería cambiar. Por miedo.

Pero es que la idea cursi de “seguir el corazón” era tan tentadora. Es que Bill… él… era tan hermoso y… cuando sonreía o reía… o simplemente me ayudaba a comer o me conversaba cualquier cosa… Aw. Yo… yo… hay que admitirlo, me convertía en una babosa de primera. Y las cosquillas en el estómago, los nervios y toso eso… y… y… esa atracción inexplicable que sentía hacia él ¿por qué? pero cuando él se comportaba mal, cuando me gritaba. Aún recordaba esa vez en que me había hecho llorar. Automático. Pero luego… cuando salía de ese “estado”, era una persona tan tierna…

Bueno, piénsalo —dijo Emilie al ver que yo no decía nada. Salí de mis pensamientos confundidos y volví a mirarla, estaba sonriendo de medio lado —creo que te hice pensar demasiado. Intenta pensar menos, chica, que luego te explota el cerebro —se rió de su propio chiste y luego cogió otro chocolate. Me pareció gracioso lo que ella me había dicho, pero no tenía ánimos. Cogí un chocolate y me lo metí a la boca ¿estás bien?
¿Ah?, si, estoy bien —sonreí de medio lado.
Mmmm… ¿qué te pareció lo de Sam y Tom?, ¿no es genial? cambió de tema, que bien.

Seguimos conversando durante el resto de la tarde. Hasta que llegaron mi padre y Juliette. Pobre Juliette, era la única que no sabía la maravillosa noticia… quizás no tan maravillosa para ella, en un principio, claro… luego lo iba a aceptar, estaba segurísima y le encantaría que Sam tuviera un bebé.

Por la noche, mi padre fue a dejar a ambas a su casa, ya que los novios no dieron señales de vida, como los otros días. Me dejaron sola, con mis pensamientos y complicaciones. Bill… y es que no podía dejar de pensar en él.
Antes de que la hora de visitas acabara, llegó papá. Se despidió de mí, me preguntó si necesitaba algo y luego se fue. Ya no dormía en el hospital conmigo, pues tenía trabajo y esas cosas… eran más importantes. Si no trabajaba no podría pagar mi recuperación. Y yo quería recuperarme.

Esa noche no pude dormir. Eran cerca de las cuatro de la madrugada y yo seguía sin poder cerrar los ojos. Bill se me venía a la cabeza al instante y eso me desesperaba, además, me ponía muy nerviosa. No podía dejar de pensar en él. Y por consecuencia, el día siguiente estuve dormida hasta que Emilie llegó a visitarme.

Ese día vinieron los de siempre. Papá, Juliette, Sam y Tom. Al parecer aún no le decían la noticia a Juliette. Pff. Yo ya se lo habría dicho, pero allá ellos. Lo que extrañé, y se notó bastante, pues Tom me lanzo un comentario un poco de mal gusto, fue que Bill no me viniera a visitar. Pero era de suponer, con lo que había pasado el día anterior…

Esa noche, como estaba cansada, dormí en cuanto papá se fue.

El día siguiente, miércoles, también vinieron a visitarme las mismas personas. Sólo que esta vez Juliette ya sabía la noticia y estaba un poco mosqueada. Pero papá se arreglaría de calmarla. Ja. Emilie llegó más temprano que de costumbre y con ropa metida en un bolso. Como navidad estaba a la vuelta de la esquina, ya no iba a la escuela, o a decir verdad, ella ya no asistía porque no le apetecía, ya que eran los últimos días… La cosa es que se quedaría a dormir conmigo. Como una pijama party pero el en hospital.

Esa noche lo pasamos genial. Me olvidé de Bill por unas cuantas horas, cosa que fue realmente impresionante. Acabé con todos los yesos que habían en mi cuerpo, rayados y las uñas, tanto de manos como pies, barnizadas de color azul metálico. Emilie me contó que no había vuelto a hablar con Andreas, al parecer se había ido de vacaciones con su familia, también me contó la reacción de su madre al saber la noticia del bebe. Un nuevo integrante de su familia. Era difícil imaginar que Simone y Juliette serían abuelas… se veían jóvenes.

El siguiente día, me dieron la noticia de que me enviarían a casa el domingo, ya que estaba mejor, para poder pasar las navidades con papá. Aunque tenía que llevarme medicamentos para el dolor y tendría que tener mucho reposo. Aún no podía lanzarme a caminar… papá iba a contratar una enfermera para que cuidara de mi y me ayudara durante el día.

También extrañé ver a Bill ese día. Últimamente verlo se estaba volviendo una necesidad no satisfecha… pero no iba a admitirlo. A demás, tenía que estar feliz. Eran tiempos de navidad… aunque no pudiese comprar regalos.

El viernes, dos días antes de irme a casa, me hicieron millones de exámenes y luego me pusieron a dormir el resto del día. No tengo idea de quien fue a visitarme y que me hicieron.

El sábado ya me había puesto un poco nerviosa. Quizás de la emoción por “regresar a casa”. Lo más extraño que pasó ese día… fue, que al llegar papá y Juliette del trabajo… entraron por la puerta cogidos de la mano.

¡DE LA MANO! ¿es que el plan con Emilie había funcionado? ¡ni siquiera habíamos trabajado en el plan! Dios, había salido solo, por arte de magia. No lo podía creer, era imposible.

¡Mamá! —chilló Emilie al instante en que ambos entraron por la puerta. Yo abrí los ojos como platos. Que impresionante.
¡Hola, hija, Emilie! —soltó bobamente Juliette, apartando su mano y separándose un poco de papá. ¿Pero que creía que estaba haciendo? cógele la mano, no seas tonta, Juliette.
Hola —sonrió papá de medio lado ¿como estás, Karlie? —se acercó a la cama hasta situarse a mi lado.
Bien, ¿y tú?, ¿qué tal todo? —entrecerré los ojos y le sonreí insinuante.
Bien, bien, muy bien, excelente —intenta no ponerte tan nervioso, anciano.
Marc, ¿sales con mamá? —saltó Emilie, en el momento en que mi padre me daba un beso en la frente, provocando que él se separara de mí rápidamente con los ojos muy abiertos. Se hizo un incómodo silencio en la habitación. A mí me habían entrado ganas de reír. Él y Juliette parecían unos verdaderos adolescentes.
¿O es que pensaban que nosotros no nos íbamos a dar cuenta de que había algo entre ellos?. Estaban muy cercanos. Incluso hoy, sábado, la madre de Emilie había ido al trabajo, como nunca. Ella siempre se tomaba libre los sábados… aunque, nadie nos puede asegurar de que realmente estaban en el trabajo.

El silencio fue interrumpido por una risotada de Emilie.

¿Cómo…? Juliette cortó a mi padre.
P-pensaba decírtelo en casa, Emilie, cariño —se acercó a pasos agigantados a su hija… con un gesto de preocupación en el rostro.
¿Entonces si están saliendo? —mi amiga se mordió los labios, seguramente aguantando la risa… aunque tenía expresión seria. Podría servir de actriz.
No quiero que te lo tomes a mal, hijita, tampoco que tengas alguna rivalidad con Marc, sé que tú quieres mucho a tu padre y…
¡Mamá…! —se quejó Emilie —no te pongas en ese plan. Quiero a papá, pero ustedes están separados… —suspiró. Miré a papá, él estaba con la vista clavada en sus pies. Es que estos viejos se creían que habían cometido un delito —además, —dijo con un poco más de humor en la voz. Le cogí la mano a papá ¿quién fue que te aconsejó que salieras con el padre de Karlie…? —estuve a punto de estallar en risas. Papá, que había vuelto a mirarme, miró a Juliette rápidamente, y esta sonrió un poco avergonzada. Emilie siempre metía en aprietos a los enamorados… Juliette y Marc, Bill y yo… Dios, no, no, no. Bill no está enamorado de mí. Sólo yo de él. Digo, me gusta, no estoy enamorada. No ¿me vas a contestar? —estalló en risas. Y yo no pude reprimir una sonrisa… papá me miró. Parecía un perrito asustado…
¿Están saliendo? —le pregunté, alzando una ceja. Él no hizo nada más que no fuese asentir con la cabeza. Y ante esto, Emilie lanzó tal grito, que seguramente oyeron hasta los internados del otro hospital de la ciudad.
¡Pero que felicidad! —dijo después ¿y cuando es la boda?
… Emilie —le reprochó su madre.
¿Sabes que significa eso, Karlie? —le hizo caso omiso a Juliette… me tocó el hombro seguidas veces, hasta que la miré ¡seremos hermanas! —no pude evitar lanzar yo también un pequeño gritito. Probablemente, si hubiese estado sana, me habría puesto a saltar por la habitación.

Aunque por otra parte… mamá. Me daba una cosa en el estómago al pensar en ella. Pero… Juliette sólo era para que papá no estuviese sólo si… porque después, Emilie y yo seríamos famosas, si, eso. Unas estrellas de Rock. Como Bill y Tom… Sam iba a tener su familia con Tom… y los dos ancianos iban a estar solos… pero era mejor que estuviesen solos juntos, que solos separados. Eso. Precisamente por eso iba a aceptar esto. También, porque papá iba a estar feliz. Si quería a Juliette todo bien. Por mamá no importaba… ella siempre iba a vivir tanto en su corazón, como en el mío. Uno no se puede olvidar de las personas así como así. Pero hay que superar los obstáculos de la vida, seguir adelante y acercarse lo máximo posible a la felicidad. Papá era fuerte… porque tenía el valor de comenzar a amar de nuevo. Si.

Ya, basta, basta. Emilie, deja de chillar, que te sacarán del hospital —la regañó su madre. Mi amiga cerró la boca al instante. Y papá pasó su mano por mis cabellos, acomodando un mechón detrás de mi oreja.
¿Qué opinas Karlie? —le sonreí ampliamente, y al ver esto, él también sonrió, logrando marcar un poco más sus arruguitas que ya comenzaban a aparecer.
Que es genial —me mordí el labio inferior —te dije. Te dije que iban a acabar con ella, papá —él acarició mi rostro con una de sus grandes manos. Seguramente pensaría que yo iba a ponerme celosa. Pero no… porque los cariños que uno siente por las personas son todos diferentes. Porque cada persona es diferente y está en un lugar diferente dentro de nuestros corazones. Papá me ama porque soy su hija… amó a mamá por haber sido su esposa, su mujer… seguramente aún la ama. Pero también, ama a Juliette… por, por estar con él en este momento. Si no la amara, él no estaría con ella.

Me sorprendí de lo madura que estaba siendo al aceptarlo así de fácil. Aunque no me sentía muy bien… pero terminaría por aceptarlo. A demás, Juliette era una buena persona, me caía bien.

Luego de saber “la nueva noticia”, llegaron Tom y Sam. Emilie obligó a su madre para que les contara a los chicos… como siempre, entrometiéndose donde no debe. Así que papá y Juliette acabaron por contárselo a los chicos. A Tom le pareció fabuloso. Aunque a Sam no pareció hacerle mucha gracia. Aunque sonrió y los felicitó igualmente.

Esa noche, Emilie también se quedó conmigo… y luego de que todos se fueran, comenzó a hacer los planes de nuestra vida. Viviríamos juntas. Ella con un novio sexy y yo con Bill… Y Bill también con Tom… y Tom con Sam… y nuestros padres con nosotros, para que no estuviesen solos… también Simone.

En conclusión: Viviríamos cerca de veinte personas en una casa, contando nuestros hijos. Idioteces de ella… a veces podía ser muy graciosa.

Me dio la impresión de que papá quería hablar conmigo sobre lo de Juliette. Pero como Emilie no se despegaba de mi lado, no lo hizo. Igual, podíamos hablar cuando yo estuviese en casa.

Cerca de la una de la madrugada, nos dormimos. El día siguiente, domingo, estaría de vuelta en casa…
¿Qué mejor?. Nada. O quizás, si… podría haber algo mejor: Que Bill me visitara.


Karlie, Kaaaarlie, despiertate… hermaaaaanaaaa —abrí los ojos de golpe. No quería despertar. “Hermana”… ¿hermana? Oh… ya recuerdo. Solté un quejido con la garganta… volviendo a cerrar los ojos —oh, vamos, ya sé que estás despierta —bufó Emilie —vamos, despierta, que hoy te vas a tu casa —me movió un poco.

A casa… por fin en casa. Tenía la impresión de que había pasado la vida entera en este hospital… ¡pero ya no! ahora iba a estar en casa, en mi cama, con mis cosas.

Bostecé, volviendo a abrir los ojos, con unas ganas inmensas de estirar los brazos.

Que dormilona eres. Querían hacerte exámenes hace un rato, antes de que te fueras… pero como estabas dormida… te llevaran antes de almuerzo y luego te vas —suspiró, con una media sonrisa en el rostro, bastante graciosa.
Ah… ok —me aclaré un poco la garganta, ya que estaba ronca, producto del sueño. Pestañeé un par de veces y me pasé la mano por los ojos. Emilie ya se había cambiado de ropa… y estaba con el cabello mojado. Seguramente había usado el baño de la habitación ¿no ha venido Bill? —se me escapó. Emilie abrió mucho los ojos, y una gran sonrisa se apoderó de su rostro. No tendría que haber dicho eso… ¡odio pensar en voz alta!. No me gusta… ella… no dejaría de molestarme jamás. Ay, no…
Nnno. Pero si quieres llamo a Sam para que obligue a Bill a v…
No, no. Digo… es que no quiero que venga, por eso —mentí ridículamente.
Claro, como digas —se aclaró la garganta, sólo para molestarme. La fulminé con la mirada. en ese momento, alguien abrió la puerta de la habitación, y Emilie se calló al instante. Como no… era el doctor, con dos ayudantes… los tres vestidos de blanco. Le pidieron a Emilie que saliera de la habitación, y una vez ella estuvo afuera, me revisaron y volvieron a revisar. No me hicieron exámenes, por suerte. Pero revisaron las cosas básicas. El doctor me regañó por haber rayado el yeso, pero yo no le di importancia… y no le dije nada.

Cuando ellos se fueron, Emilie volvió a entrar, y tras ella venía la señora que entregaba los almuerzos. Me había saltado el desayuno… así que mi último desayuno en el hospital había sido el de ayer. Mi último almuerzo acá sería este.

Emilie se burló de mi al verme comer con la mano izquierda. Pero acabó ayudándome… y así terminé rápidamente mi almuerzo.

Cerca de la una de la tarde, llegó papá para recogerme. Se disculpó por no haber llegados más temprano, pero es que había estado ocupado. No pude evitar ponerme a pensar cochinadas sobre ella y Juliette, que por cierto, lo acompañaba, pero reprimí esos pensamientos de mi cabeza al instante. Que asco.

Fue gracioso como me sacaron del hospital. Como aún no podía andar, me llevaron en una silla, con el pie levantado y todo. Seguramente era una escena muy graciosa… y yo me moría de vergüenza camino a la puerta. A gente se me quedaba mirando raro… pero ya pasaría. No volvería a ver a esas personas nunca más. Al menos, había cumplido mi sueño en andar en una de esas sillas para discapacitados. Aunque no como yo lo había planeado… ni siquiera podía mover la silla yo sola… y no es divertido cuando una enfermera te lleva a paso tortuga por los pasillos.

Cuando salimos afuera, el frío me dio directo al rostro. Me sorprendí al ver todo lleno de nieve ¡me encanta la nieve! y es que todo se ve tan hermoso de color blanco… por suerte iba bien abrigada. Hacía mucho frío.

Papá me tomó en sus brazos para subirme en el coche. Me sentó en los asientos de atrás, con la pierna también sobre los asientos y mi espalda contra la puerta. Emilie se subió al lado de mi pierna “mala”, o más bien, bajo mi pierna mala… pues ella la llevaba encima. Por suerte, el doctor había dicho que para el principio de enero, ya podría andar, pero con mucho, mucho cuidado, y cuando fuese realmente necesario. Para que sanara bien. A demás, me iban a cambiar el yeso por otra cosa que me inmovilizara sólo ese hueso. Jueliette nos acompañó hasta casa, con su hija, mi “hermana”. Una vez allí, papá volvió a bajarme en brazos… entró conmigo a la casa, aún en sus brazos, y me dejó sobre el sillón. Dijo que por la noche me dejaría en mi habitación, para que no me aburriese allí arriba, sola. Ya que Sam llegaría dentro de poco y cenaría con nosotros. Una vez estuve en casa, acomodada en el sillón, me di cuenta de que las costillas no me dolían ni siquiera un poquito. A lo mejor, era efecto de los calmantes… o que se sanaba rápido. Aunque lo más probable era que fuese efecto de los calmantes.

Después de que papá dejó las cosas en mi habitación, él y Juliette salieron a hacer algunas comprar para la cena, dejándonos solas a Emilie y a mí.

¿Crees que Bill venga a cenar? —me preguntó, con la vista clavada en la TV. Pues no… claro que no. Bill no podía venir, porque papá no lo había invitado. A lo mejor, Tom si venía, porque era el novio y el padre del bebe de Sam… pero Bill no.
No lo creo.
Mmm… —en realidad, tenía ganas de que viniera, pero no quería hacerme ilusiones. Me había dado cuenta de que después del “accidente” él no había querido aparecer… a lo mejor no quería volver a verme nunca más …debería venir.
¿Por qué? —ella me miró, como si estuviese haciendo la pregunta más obvia del mundo.
Porque se besaron. Te debe explicaciones —alzó ambas cejas. Esta chica no tenía remedio.
Emilie, fue accidente. Los dos tenemos la culpa. Aunque creo que yo más, pero ese no es el punto. El punto es… que él no tiene por qué darme explicaciones —fruncí el ceño.
Genial… y ahora lo defiendes, sólo por que te gusta —bufé, poniendo los ojos en blanco. Emilie jamás dejaría de molestarme. Argh.
Pero antes de que le pudiera contestar, o simplemente decirle que cerrara la boca, picaron al timbre…
Ya voy —gritó Emilie levantándose del sillón rápidamente —si es Bill, me debes cincuenta —me dijo, entrecerrando los ojos… Se acercó hasta la puerta, y la abrió.
Holaaaaaa —chilló su hermana desde el otro lado ¡y es que sus gritos eran tan reconocibles y únicos!
—Llegaron temprano “llegaron”—pasen, pasen —miré como Emilie se movía hacia un lado, para dejar espacio en la puerta. Sam entró primero, y luego Tom, cogido de la mano de ésta. Me pareció extraño verlos examinar la casa. Ambos… miraban hacia las escaleras, el salón, la puerta de la cocina… ¿por qué?

Seguro por lo de mi prima… seguramente ellos también la conocían y en consecuencia conocían también esta casa. Probablemente estaban viendo los detalles y los cambios de la casa. Fruncí el ceño, sin querer. Mi prima había sido la chica que había estado con Bill… que lo había besado, seguramente ¿celosa? ¿celosa yo? ay, no…

Emilie cerró la puerta… y entonces me di cuenta de que Bill no venía. Genial.

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