Cuando ya estábamos casi por terminar y pasar al postre… que por cierto, es muy raro tener postre en una cena, pero en fin… cuando ya estábamos por llegar al postre, se me ocurrió alzar la vista y mirar a Bill que estaba al lado de Emilie… Emilie estaba al frente mío, por lo que Bill también estaba cerca.
Nuestras miradas se encontraron y yo en seguida me di cuenta de que tenía los ojos rojos. Me sorprendí y aparté la vista rápidamente, al igual que él. No supe si él me había pillado mirándolo o si yo lo había pillado mirándome. En cualquier caso, era exactamente lo mismo.
Terminamos de cenar, y todos se quedaron sentados en la mesa conversando. Me aburrí descomunalmente y casi me quedo dormida luego de dos horas allí sentada. Nadie me prestó atención y lo agradecí enormemente, no me interesaban sus conversaciones sin sentido, por más que gritaran y hablaran como si fuese lo más gracioso del mundo.
Hasta que a Simone se le ocurrió que era ora de abrir los regalos. Entonces retiraron todo lo que había sobre la mesa, y cada uno fue a por sus regalos. Papá fue por lo míos… y Juliette fue en busca del reloj que yo le regalaría a papá.
No tardaron nada en dejar todos los regalos sobre la mesa, que eran un montón debo decir… ya que cada uno había comprado regalos a parte para cada persona.
No se si a más personas además de a mi les pasa, pero cuando regalo algo, me da vergüenza porque a veces pienso que los regalos no pueden ser del agrado de quien recibe… aunque debería no importarme pero, no lo sé.
Como todos querían abrir los regalos y prácticamente lanzarse obre la mesa nos pusimos de acuerdo, o más bien ellos se pusieron de acuerdo, en que papá iría cogiendo los regalos y leyendo el “Para:… De:…”, para luego entregarlos a la persona.
… Y así fue como comenzó la cosa.
—Este es de parte de… Emilie —todas las miradas se clavaron en la chica, quien sonrió ampliamente, como si nada —y es para Tom.
—Dame el regalo, Santa —le dijo Tom a papá, en modo de broma. Todos se echaron a reír y papá le dio el regalo a Tom, para luego coger otro regalo más sobre la mesa.
—Este es para… para… ¿quien escribió esto?, no entiendo nada —hizo una mueca. Por mientras miré como Tom abría su regalo. No era nada del otro mundo. Una camiseta gigante y una revista pornográfica. Sam asesinó a su hermana pequeña con la mirada, al ver el regalo que le había dado… ¿cómo había podido comprar una revista así?, ¿a Emilie no le daba vergüenza? Yiuu… —es para Simone. De tu hijo, Tom… —así que Tom era el de la letra monstruosa. Papá le dio el regalo a Simone, quien lo recibió y lo dejó en sus piernas, sin abrirlo aún —y este otro de aquí… es de Juliette para… ¡oh!, es para mí.
—¡Oh! —exclamó Sam irónicamente, burlándose de papá. Emilie la imitó e incluso Tom y Juliette se unieron al “¡Oh!”.
—Este de aquí… Amm… me equivoqué con este. Lo traje accidental, es para Andreas, —dijo rápidamente como si nada, dejándolo a un lado —luego se lo entregas, hija —asentí y miré a Emilie rápidamente. No se notaba enojada… y lo agradecí enormemente. Vamos, que se podía poner celosa y todo. No pude evitar echarle una mirada a Bill… quien con el rostro lleno de rabia me miraba. Volví la vista hacia papá e intenté no prestarle atención a Bill —y este… esteeeeeee es para Simone, de parte de Karlie —le dio el regalo a Simone. Ella hizo lo mismo que había hecho anteriormente con el de Tom, lo dejó en sus piernas. Según papá, era algo así como un adorno para la casa —eh… voy a hacer una aclaración. Si no les gustan los regalos de Karlie, es todo culpa mía, pues yo los compré, ella no los pudo elegir… pero se los da con todo el cariño, ¿no es así, Karlie?
—Si —asentí un par de veces.
—Aw, no importa. Confío en el gusto de Marc —comentó Emilie. Todos rieron, no se de qué.
—Y hablando de los regalos de Karlie, este es para… es para Bill —su voz sonó totalmente ruda y casi le lanza el regalo a Bill en la cabeza. Pero por serte, Bill se levantó y lo recogió. No lo miré… sabía que no me daría las gracias. Además, me daba un poco de vergüenza regalar lentes de sol… pero es… es lo que hay. Yo no podía andar por las tiendas buscando el regalo perfecto —bien… sigamos —se acaró la garganta, lanzándola una mirada amenazante a Bill. Me sentí culpable de ello —este es de Sam para Emilie…
Y así seguimos durante un tiempo que se me hizo eterno. Recibí los regalos de todos. De Emilie, Sam, Tom, Juliette, Simone… y Bill. Los abrí a medida que me los daban. Emilie me regalaba un especie de cuaderno, rosa y lleno de plumas en la tapa… me pareció lindo, muy lindo. Además tenía decoraciones con perlitas brillantes y olía bien… como a Barbie o algo así. Sam me dio un CD de música de un grupo que me gustaba, una vez le comenté a Emilie que me gustaba el grupo… seguro ella se lo había dicho a su hermana. Lo increíble era que Emilie lo recordara. Tom me dio la discografía entera de Tokio Hotel. Los novios se habían puesto de acuerdo para darme CD’s. Le agradecí enormente el regalo, ahora no tenía excusa para no escuchar Tokio hotel. Juliette me dio unas botas, de esas de andar por casa… eran de todos colores, listadas y peludas. Me gustaron mucho. Simone me dio un bolso hipergenial color negro y con algunas aplicaciones en el mismo color… también me gustó mucho. Finalmente Bill me dio una chaqueta de cuero color negro, bastante linda, de mi talla y… linda, si, muy linda.
—Marc, ¿no le compraste un regalo a tu hija? —le preguntó Juliette, haciendo teatro. Yo ni siquiera me había dado cuenta de que no había recibido un regalo de parte de papá.
—Si… pero creo que no podrá usar su regalo hasta que pueda caminar solita. Por eso es que no me apresuro en dárselo —se levantó de la silla en que estaba sentado y se acercó hacia el armario que había debajo de la escalera.
—OOOOOOOH, se me hace a que es algo grande —gritó Emilie. Seguro ya sabía que era. Entonces papá abrió la puerta del armario y se metió dentro.
Pero… que…yo… ¿eso?... hace tiempo que yo no…
—¡Qué cruel, Marc! —le reclamó Tom, estallando en risas ¡¿cruel?!, no, no era cruel… era, era…
Hacía mucho tiempo que no me subía a una bicicleta.
—¿De qué le sirve una bici, Marc? —lo picó Sam.
—¿De qué le sirve una bici, Marc? —lo picó Sam.
—Eh… que es para cuando se recupere ¿qué dices, Karlie?, ¿te gusta? —lo único que pude hacer, fue asentir. Era una bici muy femenina… color verde agua y tenía un canasto en la parte delantera. Hermosa… No me subía a una bicicleta desde que tenía nueve. ¡Qué emoción!
—¿Cómo le puedes regalar algo así? casi se mata andando a pie, se va a matar en esa cosa —por primera vez en toda la cena, él habló. Todo clavamos los ojos como platos en él. Quien enseguida se dio cuenta de que la había cagado enormemente. Al menos… si hubiese puesto voz de broma. Pero no.
Dios… papá… papá podría hacer añicos a Bill en un dos por tres.
—Tiene razón. Karlie tiene mala suerte —añadió Emilie. Papá los miró sin saber que decir y el resto estalló en risas.
—Karlie tiene ojos para ver por donde va —contestó papá.
—Van dos veces que salvo a Karla de ser aplastada y…
—Ya basta, Bill —le habló Simone por lo bajo a su hijo.
—¿Has estado con ella antes? —preguntó papá. Abrí los ojos como platos y quise morirme en ese instante. ¿por qué papá me hacía esto? Me daba mucha vergüenza que se pusiera sobre protector cuando habían personas delante.
—Somos un...
—Grupo de amigos.
—Si —hablaron alternadamente las rubias, saliendo a la defensa de Bill. Papá me miró con expresión de estar pidiendo unas explicaciones.
Le sonreí de medio lado, un poco asustada.
—Oh, claro —fue lo único que respondio —espero que te guste la bicicleta.
—Me gusta. Gracias, papá —me estaba sintiendo extremadamente incómoda. Todo el mundo me miraba.
—Siento haber dicho lo de la bicicleta —habló Bill. Al instante me di cuenta de que se disculpaba a pedido su madre, pues estaban hciendo un... intenso contacto visual —lo siento Marc y Karlie.
—Muy bien, entonces está todo perfecto ¿alguien dijo cerveza? —Juliette se levantó de la mesa al instante, sonriendo e intentando volver la situación a la normalidad.
—Yo.
—Yo quiero muchas —ese fue Tom.
—¡Yo! ¡yo! ¿puedo mamá? —Esa fue Emilie. Juliette suspiró y asintió con la cabeza.
Enseguida Simone también se levantó y se adentraron en la cocina.
Los chicos comenzaron a conversar. Miré el reloj de la pared. vaya, se había hecho muy tarde y ni siquiera tenía sueño. Aún así me sentía un poco cansada de la situación y quería meterme en la cama. Quería, más que nada, pensar un poco sobre todo lo que había pasado esta tarde-noche, respecto a Bill... si, Bill tenía mi cabeza echa un lío. Estas eran, definitivamente,las navidades más inquietantes.
—¿Has estado con ella antes? —preguntó papá. Abrí los ojos como platos y quise morirme en ese instante. ¿por qué papá me hacía esto? Me daba mucha vergüenza que se pusiera sobre protector cuando habían personas delante.
—Somos un...
—Grupo de amigos.
—Si —hablaron alternadamente las rubias, saliendo a la defensa de Bill. Papá me miró con expresión de estar pidiendo unas explicaciones.
Le sonreí de medio lado, un poco asustada.
—Oh, claro —fue lo único que respondio —espero que te guste la bicicleta.
—Me gusta. Gracias, papá —me estaba sintiendo extremadamente incómoda. Todo el mundo me miraba.
—Siento haber dicho lo de la bicicleta —habló Bill. Al instante me di cuenta de que se disculpaba a pedido su madre, pues estaban hciendo un... intenso contacto visual —lo siento Marc y Karlie.
—Muy bien, entonces está todo perfecto ¿alguien dijo cerveza? —Juliette se levantó de la mesa al instante, sonriendo e intentando volver la situación a la normalidad.
—Yo.
—Yo quiero muchas —ese fue Tom.
—¡Yo! ¡yo! ¿puedo mamá? —Esa fue Emilie. Juliette suspiró y asintió con la cabeza.
Enseguida Simone también se levantó y se adentraron en la cocina.
Los chicos comenzaron a conversar. Miré el reloj de la pared. vaya, se había hecho muy tarde y ni siquiera tenía sueño. Aún así me sentía un poco cansada de la situación y quería meterme en la cama. Quería, más que nada, pensar un poco sobre todo lo que había pasado esta tarde-noche, respecto a Bill... si, Bill tenía mi cabeza echa un lío. Estas eran, definitivamente,las navidades más inquietantes.
—¿Quieres que te deje en el sillón, hija?
—Quiero irme a dormir —No me arriesgaría a vivir otra de estas situaciones.
—Oh, de acuerdo.
—¡Pero, Karlie! Jo... lo estábamos pasando bien. Y yo que traje las cartas y todo. A Simone y mamá les encanta jugar, ¡quédate! es divertidísimo... -comenzó Emilie.
—Estoy cansada, lo siento —bostecé. Ni siquiera tuve que fingirlo, salió naturalmente.
—¡Pero, Karlie! Jo... lo estábamos pasando bien. Y yo que traje las cartas y todo. A Simone y mamá les encanta jugar, ¡quédate! es divertidísimo... -comenzó Emilie.
—Estoy cansada, lo siento —bostecé. Ni siquiera tuve que fingirlo, salió naturalmente.
—Yo creo que también tengo que descansar, para que mi bebe esté sanito… —Sam se levantó del asiento —¿dónde puedo dormir un poco, Marc?
—Puede ser en la habitación al lado de la de Karlie.
—Gracias. Nos vemos en un rato entonces —sonrió. Enseguida se acercó a Tom y lo besó en la boca de manera corta y rápida, para luego comenzar a subir las escaleras.
Papá ya se había acercado a mi e intentaba mover los asientos y todo, para poder tomarme y llevarme a mi habitación.
—Puede ser en la habitación al lado de la de Karlie.
—Gracias. Nos vemos en un rato entonces —sonrió. Enseguida se acercó a Tom y lo besó en la boca de manera corta y rápida, para luego comenzar a subir las escaleras.
Papá ya se había acercado a mi e intentaba mover los asientos y todo, para poder tomarme y llevarme a mi habitación.
—Bill, ¿quieres esta revista? —Tomhabía comenzado a molestar a su hermano. Emilie le seguía el juego y todo. En eso llegaron Juliette y Simone.
Juliette se desocupó las manos, y en vez de sentarse y unirse al grupo para jugar cartas, me dijo que iría a arreglar mi habitación para que y pudiese acostarme de una vez, que tenía cara de estar muy cansada. Ella me ayudaría con el pijama y todo eso.
Juliette se desocupó las manos, y en vez de sentarse y unirse al grupo para jugar cartas, me dijo que iría a arreglar mi habitación para que y pudiese acostarme de una vez, que tenía cara de estar muy cansada. Ella me ayudaría con el pijama y todo eso.
Papá comenzó a subir conmigo las escaleras, lentamente. Luego entró a mi habitación y me dejó sobre la cama. Me dio las buenas noches, para después dejarme a sola con Juliette
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—Así que... Bill y tu se besaron —comenzó, mientras acomodaba cojines a mi alrededor —Simone me lo comentó.
—¿Crees que papá lo sepa? —ella torció la cara en una mueca un tanto rara.
—Yo creo que sospecha algo. Nadie le ha comentado nada pero... es un poco obvio que algo pasa entre ustedes dos —me cubrió con la manta —¿de verdad te gusta ese chico?
—¿Crees que papá lo sepa? —ella torció la cara en una mueca un tanto rara.
—Yo creo que sospecha algo. Nadie le ha comentado nada pero... es un poco obvio que algo pasa entre ustedes dos —me cubrió con la manta —¿de verdad te gusta ese chico?
No supe que contestarle. Aunque mi expresión era del todo obvia.
—Ya veo... —suspiré —estás preocupada, Karlie. No hablaste en toda la cena ¿hay algo mal con Bill? ¿temes lo que dirá tu Marc...? —acabó por sentarse a mi lado, la conversación iba para largo.
—En realidad un poco de ambos —no entendía como lograba abrirme tan fácilmente ante Juliette. Contarle mis cosas de esta manera, como nunca antes lo había hecho.
—Humm... No te preocupes por lo de tu padre. Puedo notar que es un poco celoso contigo, pero todos los padres lo son. Aún cree que eres pequeña, supongo que ese es nuestro problema. A mi me costó mucho aceptar que Sam ya creció y ahora será madre —se encogió de hombros —ya verás como todo se va a solucionar pronto. Dale tiempo a Bill, él no lo ha pasado muy bien este último tiempo.
La miré, buscando en su expresión algún indicio, lo que sea, que me dijera que era lo que había sucedido con Bill.
—¿Bill tuvo algún problema? —Juliette negó con la cabeza y peinó uno de mis mechones de cabello, apartándolo de mi cara.
—Supongo que te hablará de eso algún día —sonrió de medio lado —en el fondo es un buen chico.
—Si... pero tampoco creo que estemos juntos alguna vez —bostecé. Entonces Juliette se acercó para besarme en la frente.
—Eso no podrás saberlo en este minuto pero... el tiempo lo dirá —sonrió de medio lado —fuera esas preocupaciones y duérmete, para que sanes más rápido y puedas usar el regalo de tu padre.
—Buenas noches —reí.
—Buenas noches, cariño —me miró con una sonrisa sincera antes de apagar la luz y abandonar la habitación.
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