20 febrero, 2014

Automatic /Capítulo 25


¿Y él que hacía aquí? ¿por qué venía a visitarme. No, que se fuera.
Hola —murmuró el chico rubio, a la vez que entraba por la puerta y la cerraba tras su paso. Me obligué a reprimir una mueca de desagrado. Ni siquiera me había acordado de él. Pobre Emilie, que gran idiota. No le respondí y como pude empujé la bandeja, separándola de mi cuerpo. No quería comer más, el hambre había desaparecido —vine a verte… a ver si estás mejor —lo miré. Él sonrió de medio lado… y a mí se me comenzó a ablandar el corazón. No podía echarlo, por más que quisiera… no podía.
Estoy bien.
Que bueno… —scercó a la cama, hasta llegar a la silla donde siempre se sentaban Emilie y papá… y se sentó. No me gustó que se acercara demasiado. Él ya me había dejado muy claro que quería algo conmigo, y ahora tenía la impresión de que… argh. Estaba demasiado cerca, hablaba con una voz muy… puaj… y eso hacía que me sintiera acosada. A demás, no dejaba de mirarme y… me ponía nerviosa ¡porque no quería que me mirara!

Se aclaró la garganta, haciendo un pequeño ruido, quizás para llamar mi atención, pues yo estaba con a vista clavada en la ventana y las cortinas cerradas.
Yo… venía a disculparme —murmuró ¿se disculpaba? ¿pero de que? ¿por invitarme a salir… o por ser un idiota?.
No tienes porqué disculparte —si hubiese podido, me habría encogido de hombros.
Fue mi culpa, si no hubiese sido tan idiota… —negó con la cabeza, mientras suspiraba —y Emilie… es que yo pensé que, no lo sé. A lo mejor te podía gustar. Pero me equivoqué —asentí con la cabeza.
Si. Te equivocaste —había sonado un poco fría al decir eso, pero no me importó.
Discúlpame —bufé ¿De qué se suponía que lo tenía que disculpar? —ya me di cuenta de que te gusta Bill y…
¿Qué? —lo corté Andreas, no me gusta Bill, ¿de acuerdo?
¿Y tú crees que soy estúpido y no me doy cuenta? alcé una ceja, ya molesta.
Oye, si viniste a inventar cosas sobre mí, es mejor que te largues —le espeté. Y luego me sentí mal… yo no acostumbraba hacer ese tipo de cosas… tampoco me gustaba hacerlas. Miré hacia otro lado, no quería que la mueca de Andreas se me grabara en la cabeza. Me haría sentir culpable… pero es que su presencia ya no me caía bien. Me daban ganas de salir corriendo. Pero ni siquiera podía moverme.
Ok, discúlpame, es que… yo pensaba que… no lo sé —soltó una risita ¡pero que chico mas tonto! y yo aún más estúpida, ya lo empezaba a “odiar”. Andreas era odioso. O quizás, era el encierro que me tenía así… odiando a todo el mundo —y bueno… ¿cómo estás?
Bien.
Veo que estabas comiendo —vale, cambiaba rápido de tema. Pero eso no iba a hacer que se me fuera el enojo.
Si.
… No te acabaste la comida —no contesté. El idiota decía lo evidente… ¿quieres que te ayude? se me hace a que tienes problemas para comerla.
No. Es que no quiero más —lo miré con el ceño fruncido.
Pero… si no comes no se te sanan los huesos ¿quién lo había dejado entrar a verme?
¿Cómo llegaste hasta aquí? —le pregunté.
Jess me dijo cual era tu habitación —puse los ojos en blanco. Esa chica, ni siquiera me conocía y le empezaba a dar mi número de habitación de hospital a todo el mundo … no te molesta, ¿verdad? es que quería venir a verte. Me sentía un poco culpable, porque la pelea había comenzado por mi culpa. Sé que tú sólo tratabas de ayudar a Emilie, porque yo le gustaba. Creo que ahora ya no le gusto, no me habla… y también soy un idiota porque ella me gustaba y yo no…
Creo que podrías hablar un poco más lento y con menos palabras —lo corté. Como si el chico fuese tonto… pero al terminar de analizar la frase completa, me di cuenta de algo ¿te gusta Emilie? —le pregunté asombrada.
Mira, te seré sincero. No te vayas a enojar —lo miré. Esta vez menos molesta, la curiosidad podía conmigo —es que ella siempre me gustó. Pero tú llegaste y creo que me sentí atraído hacia ti. Quizás era por lo que Bill decía, eso de “llega la nueva y blabla” —suspiró —la cosa es que ahora me doy cuenta de que en realidad me gusta Emilie y no tú. Sólo te veo como una amiga —hizo una pausa. Que rápido hablaba este chico, decía todo lo que sentía y pensaba de sopetón … a demás, te parecer a una chica que era mi amiga —mi prima…
¿Ah, sí? —entrecerré un poco los ojos.
Si. Pero no me gusta hablar de eso —se encogió de hombros. Tampoco iba a obligarlo, aunque estuviese muriendo de curiosidad¿me disculpas? me gustaría que fuésemos amigos… —aparté la vista rápidamente. Es que aún tenía un poco de rabia contra él. Pero… pobre, estaba arrepentido y me había pedido disculpas cerca de tres veces… no le podía decir que no.
Ok…
Uy, que bien —sonrió —entonces, amiga, ¿sabes algo de Emilie? —que rápido y directo era este chico…
Si… viene a visitarme seguido.
Oh… ¿te ha dicho algo sobre mí?
Está molesta contigo. Eres idiota —se me salió. Andreas suspiró.
Lo sé, iré a buscarla a la escuela —se pasó la lengua por los labios. Pobre chico, Emilie seguramente lo dejaría en ridículo frente toda la escuela. Ella era así, la creía capaz de hacer eso.
Suerte —fue lo único que dije, reprimiendo una risita.
¿Te parece si le llevo flores? ¿para que te golpee con ellas? que romántico.
Si.
Ah, que bien —sonrió, mientras acercaba la bandeja de comida que anteriormente yo había alejado de mí —ahora, como eres mi amiga, quiero que te cuides y comas todo tu desayuno. Te hace bien… —cogió la cuchara que estaba metida en el pote que contenía yogurt y cereales... y comenzó a revolverlos un poco mas. La comida no estaba nada mal. A veces hasta que traían un trozo de pastel. Andreas cogió un poco e mi desayuno y acercó la cuchara a mi boca —abre—me dijo. Yo le hice caso y abrí la boca, recordando a Bill y el chocolate.

Tragué, después de haber masticado… y luego Andreas me dio un poco más de comida.

Escuché dos pequeños toquecitos a la puerta y luego se abrió.
Miré hacia la puerta instintivamente, al igual que Andreas.
¡Hola! —saludó Tom, entrando por la puerta con Sam cogida de su mano.
¡Holaaaaa! —cantó Sam. Se veía bastante feliz… en realidad, los dos se veían bastante felices. Era extraño que vinieran. Era bastante temprano.
Hola —los saludé a los dos con una sonrisa. Andreas bajó la cuchara, dejándola en el plato y luego se movió en la silla, un poco nervioso.
Oh, Andreas ¿qué haces aquí?—le preguntó Tom al chico.
Vine a ver a Karlie… —le contestó como si fuese lo más obvio del mundo —estaba ayudándola a comer… —acto seguido se encogió de hombros.
Humm… ya veo.
Deberías irte —interrumpió Sam a su novio —Bill viene en camino y no está de muy buen humor. Intenta no pillarte con él, está comprando un café ¿y porqué se tenía que ir Andreas si…?

¡Bill!. Bill, Bill, Bill, Bill. ¡Viene Bill!

No, no, esperen… Se suponía que Andreas y Bill eran amigos… ellos…

¿Por qué tiene que irse? —pregunté, sin pensarlo… y es que me moría de curiosidad.
Bill está enojado con Andreas… y como ha estado estos días. Uff, tiene un humor… —suspiró —también te recomiendo la retirada, Andreas. No tengo nada contra ti, pero te lo digo enserio. Bill acaba de despertar… eres mi amigo y te lo digo porque te quiero y porque no quiero verte en una camilla con más huesos rotos que Karlie —dijo rápidamente. Sam se echó a reír, al igual que Tom. Y yo no pude contenerme… pero tuve que detenerme en medio ataque de risa, ya que el costado izquierdo comenzó a dolerme. Que gran mierda. Me dí cuenta de que Andreas no se había reído. Seguramente estaba triste. Porque Bill era se amigo, ¿no? y estaban peleados. Yo también me pongo triste cuando peleo con mis amigas… o mis amigos.
¿Crees que ya es tiempo de que hable con él? —le preguntó Andreas a Tom, cogiendo mi cuchara nuevamente.
Pues, tocaste una fibra sensible, no creo que sea muy conveniente que hables con él ahora. Ya sabes como es, él mismo te buscará cuando se le pase el enojo… ¡pero que lindo Bill!

¿Fui yo la que pensó eso? Si, tonta, es tu cabeza… Dios, el encierro me afecta el cerebro. O a lo mejor fue el golpe del accidente. Estoy cada día peor. ¿Bill indo? ¡NO!

Am… vale —se encogió de hombros, pero ni siquiera se movió —deja, que termino de ayudar a Karlie a comer esto y me voy —tomó una porción del desayuno con la cuchara y me la acercó a la boca. No tuve más remedio que abrir la boca y tragar la comida rápidamente. Para que se fuera de una vez.

Sam suspiró y Tom bufó, burlón. Luego ambos se sentaron en el sillón, no sin antes Tom quitarme el control de la TV. Luego comenzaron a cambiar los canales.
… Y Andreas seguía con la comida.

En realidad, Sam interrumpió el silencio —veniamos a contarte algo. Pero Bill quiere estar aquí —rió un poco —es una buena noticia —sonrió. Una noticia… genial. Y mucho mejor si era buena ¡es que ya no me aguanto! —soltó un gritito histérico.
Cariño, sé paciente Tom le pasó el brazo por los hombros, pegándola a su cuerpo… luego se acercó insinuantemente a sus labios, y yo me obligué a apartar la vista y mirar Andreas, un poco cortada. Me daban nervios cuando veía parejas besarse frente a mí, no sabía hacia donde mirar.
La noticia es… extraña —murmuró Andreas.
¿Ya lo sabes? —le pregunté. Él asintió con la cabeza, metiéndome otra cucharada de comida a la boca.
Ayer me contaron —sonrió de medio lado. Mastiqué un poco y luego tragué, aún mirándolo ¡pero que ganas de saber la noticia! la curiosidad me mataba.
¿Qué es? —le pregunté.
No te lo puedo decir. No quiero que Tom se enoje conmigo ahora. Son mis únicos amigos —suspiró —además, Sam también está extraña conmigo, por lo de Emilie —seguía sosteniendo la cuchara cerca de mi boca, mientras hablaba de sus cosas. Y creo que incluso pensó unos momentos, pues ni siquiera se movió… se había quedado como un bobo. A veces pasa.
Llegué —al instante alcé el rostro y clavé la vista en la puerta. Bill… era Bill ¡Bill!

Me sentía extraña de nuevo. Incluso olvidé respirar y… es que el corazón me andaba tan fuerte que en cualquier momento me rompería otra costilla. Él clavó la vista en mí, mientras entraba por la puerta… y luego miró a Andreas, frunciendo el ceño. Traía un café en su mano derecha… y no traía lentes oscuros, sólo un gorro y un abrigo.

Pude notar la mueca de disgusto de Bill… la cual, medio segundo después, fue transformada en indiferencia.

Hola —habló frío, como siempre, cortante, con esa voz automática.
Hola… —le contesté. Por lo menos había saludado. Andreas dejó la cuchara en el plato, con el resto de comida que quedaba… Tom comenzó a silbar, seguramente aguantando la risa. Entonces Andreas se levantó de la silla.
Adiós, Karlie. Quizás mañana venga a visitarte —sonrió de medio lado —tengo que irme, ya que el señor “me enojo por todo porque soy un caprichoso” está aquí —no me gustó ese comentario. Y seguramente a Bill tampoco. Miré a Andreas con el ceño fruncido. Era un idiota ¿por qué hacía eso? él mismo había dicho que se quería arreglar con Bill y luego comenzaba con esto… —nos vemos mañana, linda —entonces se agachó, y me besó la mejilla… quizás, demorándose más de lo debido. Yo solo miré mis manos y asentí con la cabeza.
Adiós —le dije, al momento en que él se separaba de mí.
—Adiós, chicos —se despidió el rubio, mientras comenzaba a avanzar hacia la puerta. El rostro de Bill era una clara mueca de asco, mezclada con rabia… y no lo sé, estaba molesto. Andreas pasó a su lado, con una sonrisa… y salió de la habitación. Bill aún seguía en la puerta. Miré a Sam y Tom. Estos estaban en silencio, aguantando la risa. Entonces Bill salió de la habitación, en la misma dirección en que Andreas había ido anteriormente… casi corriendo.
Oh, oh… —murmuró Tom. No lo comprendí.

Y bueno… no lo comprendí hasta que…

—¡Ah!, ¡pero qué haces! ¡esto quema, idiota! ¡ah! ¡estúpido Bill! —y seguidamente Tom cerró la puerta. Los gritos ya no se oían ¿en que momento Tom había avanzado hacia la puerta? que rápido. Suspiré, más que impresionada… ¿Qué mierda le había hecho Bill a Andreas?
¿Qué pasó? —pregunté con los ojos muy abiertos, mirando a Tom. Él suspiró y negó con la cabeza.
Le dije que se fuera… —seguidamente se encogió de hombros y avanzó de nuevo hacia el sillón. Vi como abrazaba a Sam por la espalda y ella se pegaba a su cuerpo con una sonrisa en el rostro. Eran tan tiernos… Y sin quererlo, una sonrisa apareció en mis labios también.
¿Y me van a decir la noticia?
Pues…
Sht, sht Tom, calló a Sam enseguida —esperemos a que Bill venga, que si no se va a enojar… ¿o quieres que te lance algo encima? Sam se echó a reír y pasó un brazo sobre Tom, divertida. Ellos realmente se amaban, podía notarlo.

Que lindo debería ser tener a alguien así. Que siempre estuviera contigo, que te abrazara, te diera cariño y te sacara sonrisas. Me gustaría tener a alguien que me amara, sólo a mí. Que quisiera estar conmigo siempre, que me tratara con cuidado, que me llamara con apodos cursis o que simplemente me dijera “amor”…
Estaba comenzando a contradecirme. Tenía que dejar de pensar esas cosas. Se suponía que yo no… Ya, Karla, Basta.

¿Qué? —preguntó Sam, pegada al pecho de su novio, sacándome de mis pensamientos… me di cuenta de que me había quedado como una boba mirándolos.
Es que se ven muy bonitos juntos —sonreí de medio lado.
Lo sé —contestó Tom. Que creído. Sam se comenzó a reír. Luego Tom le dijo algo en alemán a su novia… ella le contestó y me di cuenta de que sobraba. Así que me dediqué a ver la TV.
… Pero cuando estaba en eso, la puerta se abrió y yo clavé la vista en quien venía entrando.
Ahora si, llegué Bill estaba tan serio como siempre, como si nada hubiese pasado. Sam y Tom lo miraron, al igual que yo, con los ojos entrecerrados ¿y Andreas? pobre, se debió haber quemado entero… pero por suerte este era un hospital… así que no había mucho problema ¿cómo estás, Karla? —cerró la puerta de la habitación. Me había preguntado como estaba.
Bien.
¿Ya le contaron? —dibujó una sonrisa en su rostro, mirando a su hermano y a Sam. Realmente me sorprendió, estaba sonriendo… y no estábamos solos. Esta si que era una buena noticia. Que impresionante. Me moría de ganas por escucharla.
No… esperábamos a que llegaras, Bill Sam se levantó del sillón y Tom tras ella, sonriendo ampliamente, con emoción contenida. La chica comenzó a jugar con sus dedos y Tom la rodeó con sus brazos por la cintura, pegándola a su cuerpo. Yo sólo observaba la escena en silencio. Que lindo sería tener a alguien como Tom… pero para mí. Basta.
¿…Y bien? —lo apresuró Bill, al ver que ninguno de los dos hablaba. Tom cogió aire, abrió la boca para decir algo… y luego soltó todo el aire de sopetón, sin decir nada.
Y yo muriéndome de la curiosidad…
Bueno… —comenzó Sam —como ya te tomamos cariño y todo eso, te queríamos contar, personalmente… que —no continuó y soltó un grito histérico. Me entró la risa, pero me aguanté. Bill puso los ojos en blanco y Tom sonrió. La sonriso ocupaba la miad de su cara… estaba feliz. Sam suspiró —que…
Tendremos un bebé —no se aguantó Tom, soltando todo. Un bebe… ¿un bebé? ¿a caso era una broma? Abrí los ojos como platos, impresionada.
¿Están bromeando? —les pregunté, sin creérmelo aún ¡es que era imposible! Sam negó con la cabeza y situó sus manos sobre las de Tom, que estaban en su vientre…
Tiene dos meses.
¿Entonces, es enserio? —no lo podía creer.
Si —contestó Tom, en vez de Sam —ayer por la mañana lo confirmamos con el doctor… —no pude controlar la sonrisa, que de pronto, apareció en mi rostro ¡un bebé!, iban a tener un bebé… Y es que era algo tan difícil de creer y… y… ellos se querían y… wow.
¿No es genial? —preguntó Sam con una sonrisa. Yo la miré…
¡Más que genial! —dije sonriendo.
Pero que o se te vaya a escapar, porque mi madre aún no lo sabe Sam hizo una mueca, mirando a Tom —por eso es que ayer con te dijimos nada…—seguidamente suspiró.
Juliette me odiará Sam bufó.
¿Cómo te va a odiar? claro que no —me metí en su conversación.
Siempre le echan la culpa al hombre, no sé si te has dado cuenta Tom miró al piso, pero luego Sam lo besó en los labios. Yo no podía quitar la sonrisa de mi rostro ¡un bebé! de esas cositas chiquitas…
¡Pero que dices, Tom! Juliette no se enojará… tú quieres a Sam de verdad —ambos rieron… y yo aparté la vista rápidamente, no me agradaba ver sus besos. Me di cuenta de que Bill también había apartado la mirada y ahora tenía sus ojos clavados en mí. Me sentí nerviosa y mi corazón comenzó a andar más rápido. Quité la sonrisa de mi rostro, mientras sentía que las mejillas se me calentaban más de lo debido y aparté la vista, mirando la comida que aún quedaba en la bandeja. Ni siquiera había podido verlo a los ojos.
Podrían dejar que corra el aire un poco… —habló Bill. Tom se rió y Sam no dijo nada. Yo ni siquiera los miré. Es que Bill estaba tan… extraño que me confundía. O a lo mejor era el encierro… o la noticia del bebé… o porque había dormido poco la noche anterior. No lo sé.
Felicidades, chicos —ensanché mi sonrisa.
Jou, gracias.
Gracias ¡seré padre! ¡Padre, padre, padre! —comenzó a cantar Tom, separándose un poco de Sam y comenzando a moverse de manera graciosa. Sam se echó a reír y lo golpeó con la mano. Luego volvió a mirarme.
¿Quieres que te ayude con eso, Karlie? —me preguntó señalando la comida. O el resto de comida que quedaba. Iba a abrir la boca para contestarle, pero antes de que pudiera hacerlo, alguien más se metió en nuestra conversación:
Deja, que yo la ayudo.

Clavé mis ojos en Bill. Estaba cada vez más sorprendida. Quería ayudarme con la comida… ¿porqué actuaba así? Ok, yo sabía que habíamos quedado bien la vez anterior que él me había visitado. Pero si se toma en cuenta el hecho de que lo había hecho a la fuerza...

A lo mejor era la noticia del bebe, como dije antes. Es que Bill era el gemelo de Tom… entonces, sería más que obvio pensar que se alegraba por su gemelo, Tom estaba feliz. A demás, Bill sería tío. “El tío Bill”. Me daba risa de sólo pensarlo… o Tom, “papá”. Seguro sería un excelente padre y Sam una excelente madre. Aunque un poco histérica. ¿Cómo sería el bebe?, ¿niña o niño? y es que de sólo pensarlo me moría de ternura. Aunque yo nunca tendría uno.
La verdad es que… ya no tengo hambre —hice una mueca sólo mirando a Sam, no a Bill.
Emilie me dijo que te gustaba el jugo de naranja… te traje uno —sonrió, Sam… luego miró hacia el sillón. ¡No! me olvidé el jugo en el coche —se quejó, mirando a Tom.
No es necesario, gracias de todas maneras —le dije, aunque en realidad la boca se me había hecho agua al pensar en un rico jugo de naranja.
Tienes ganas de jugo de naranja —se burló Tom —lo veo en tu rostro… Iré a buscarlo.
No es necesario, de verdad.
Oh, vamos, Karlie. Deja que te mimen un poco, estás… estás… bueno, estás saliendo de un accidente —corrigió rápidamente, al ver que no encontraba la palabra adecuada —vamos, Tom —le cogió la mano a su novio, entrelazando sus dedos y luego tiró de él hacia la puerta.
En un momento estamos aquí —se despidió Tom.
Vale —contesté. Sam abrió la puerta, saliendo fuera de ha habitación. 
¡Traeremos masticables y esas cosas! de las máquinas de dulces del primer piso y… —plaf. Tom cerró la puerta.

Me sentí estremecer. No es que sea exagerada, pero… ¡estaba sola con Bill! de nuevo. No lo soportaba, ya comenzaba a ponerme nerviosa y probablemente a convertirme en una torpe, en una boba de primera. Y es que no sabía por qué me sentía así. ¿Qué hice para merecer esto? Y es que soy tan estúpida. Me había pasado la semana completa esperando a que viniera a visitarme. Y ahora que él ya estaba aquí y de buen humor, quería que se fuera. A lo mejor ya me había acostumbrado a Bill automático… justamente el Bill que hoy no había entrado por la puerta. Aunque a decir verdad, estaba muy callado… y casi no se había metido en la conversación con Sam y Tom.

Miré como Bill se acercaba más a la cama y se sentaba en la misma silla de la vez anterior. No me miraba. Y yo tampoco a él, estaba avergonzada… sin saber porqué.

¿Cuándo sales del hospital? —me preguntó, rompiendo el silencio y la tensión de la habitación… aunque no del todo. Me demoré un poco en contestar.
Aún no sé cuando estaré en casa. Es que necesito reposo, y papá no puede cuidarme… ese es el problema. Pero estoy bien. Mañana me quitaran las cosas esas del brazo así que podré moverme mejor.
Que bien… —sonrió, mirando sus manos. Que lindo se veía sonriendo así… ¿tan rápido se mejora tu brazo?
Es que no era fractura…
Ya veo… que bien —volvió a repetir ¿de verdad no tienes hambre? —me miró. Esta vez fui yo quien apartó la vista, para no pillarme con sus ojos. Sentí como se me revolvía el estómago y todo… es que me ponía demasiado nerviosa y las sensaciones eran inexplicables.
No. Gracias de todos modos —suspiré… él suspiró. Suspiramos casi al mismo tiempo. Y luego ambos soltamos una risita ¿qué pasó con Andreas? —le pregunté, volviéndolo a mirar. Pero él apartó la vista, esquivando mi mirada… esto parecía un juego. Borró la sonrisa de su rostro y se mordió los labios. 
Nada —cerró la boca por unos segundos. Que labios… Deja de pensar en eso, estúpida … me saca de quicio. Es insoportable —se aclaró la garganta para rápidamente cambar el tema —es genial lo de los chicos —me volvió a mirar… y yo volví a apartar la vista, esquivando su mirada.

Seguíamos con el jueguito.

- Si, son realmente encantadores. Se nota que se quieren mucho —sonreí —debe ser genial tener a alguien así —solté sin pensar. Y luego me arrepentí. Había confesado algo que no… no debía… ¡Yo no quería alguien así conmigo!
Tienen mucha suerte —se calló del golpe… el ambiente se estaba volviendo incómodo.
¿Sam sigue con el psicólogo? —le pregunté, cambiando el tema de conversación.
No… era psicóloga. Y ahora Sam la odia —suspiró —cuando Tom la fue a buscar hace unos días, ella le pidió un autógrafo e intentó coquetearle. Tampoco era tan vieja… y acabaron peleándose con Sam y pff. Un lío —jo… me lo imagino.
Oh… wow, no lo sabía rió un poco.
Ya ves… Sam es terrible cuando se enoja, así que no se lo recuerdes. 
Humm… ¿tan terrible como tú? ¿es de esas que lanzan el café y queman a la gente? —lo había dicho. ¡Tengo que dejar de pensar en voz alta! soy tan estúpida. Me miró, entre sorprendido e indignado y yo aparté la vista rápidamente. 
N…no.
Pobre Andreas —suspiré. Que mal amigo… Bill malo.
¿Te gusta? —abrí los ojos como platos y alcé la cabeza para volver a mirarlo. Pero él me esquivó nuevamente la mirada, clavándola en sus manos.
No me gusta —le contesté rápidamente ¿qué le pasaba a todos que intentaban emparejarme?
Oh, vamos… y ahora me vas a decir que no lo encentras guapo —y tú que sabes... —estoy seguro de que no aceptaste la cita sólo por tu amiga, de ser por ti, habías salido con él —yo no soy de ese tipo de personas. Me estaba comenzando a enojar.
Jamás saldría con Andreas, ni con nadie. No te metas en mis cosas —le espeté.

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