20 febrero, 2014

Automatic /Capítulo 23



 Gracias —le dije, luego de haber tragado. Las mejillas me ardían… y estaba más que nerviosa ¿Seguro no quieres un chocolate? —él negó con la cabeza sólo una vez. Con una media sonrisa dibujada en sus labios. Intenté apartar mis ojos de esa zona, a lo mejor era incómodo para él… miré sus lentes, intentando ver sus ojos. Pero era imposible… lentes muy, muy oscuros —oye, Bill —me dio la impresión de que nunca lo había llamado por su nombre ¿cómo está el día allí afuera?
Bueno… ya hay nieve. No mucha… por la mañana había más —se encogió de hombros.
Ok… supongo que ahora hay sol, ¿no? —entrecerré los ojos. Pero él no cambió su expresión, ni nada por el estilo.
No… estamos en diciembre —se mordió el labio inferior. Que tierno podía ser a veces…
Amm… lo sé ¿por qué traes los lentes de sol puestos? estamos en un hospital —y luego me arrepentí de haber hecho ese comentario. Seguramente me estaba metiendo en sus cosas, y él se enojaría, como todas las otras veces, y se cerraría en sí mismo y… —porque estoy horrible —sonrió nuevamente, y luego soltó una leve risita, agachando un poco la cabeza. Por unos segundos estuve completamente segura de que si él hacía ese gesto nuevamente… definitivamente, iba a morir. Y es que por un momento se me olvidó todo… y me pareció tan tierno…
Pff. Estoy peor que tu, eso es seguro —le devolví la sonrisa. Y no quería imaginar como estaba. Es que Dios… debía estar horrible. Digo, más horrible que lo normal. Y eso está mal…
No lo creo —volvió a alzar la cabeza, supuse que ahora me estaba mirando.
¿Te las quitas? —parpadeé un par de veces, mirando sus lentes negras. El chico negó con la cabeza rápidamente.
No…
Oh, vamos. No me digas que te da vergüenza —reí.
No, no, no es eso… —alzó un poco la voz, para detener mi risa.
¿Entonces? vamos, quitatelas —lo animé.
N…
No me burlaré de ti, lo prometo —volví a pestañear seguidas veces. Bill suspiró… y luego llevó una de sus manos hacia sus lentes. Pero la dejó allí.
No dirás nada…
Nada de nada —prometí. Volvió a suspirar y se quitó las lentes oscuras, dejándolas sobre la cama. Luego lazó el rostro y me miró, torciendo los labios hacia un lado. Inconscientemente lo imité, haciendo el mismo gesto al ver las ojeras que marcaban su rostro —uh… —preferí callarme. Sus ojos estaban más cerrados de lo habitual y se notaba cansado. Tan cansado que incluso me dieron más ganas de dormir ¿te sientes bien?
Si… no es nada —volvió a sonreír. ¡Cuantas sonrisas!
Pero te ves cansado…
Si, estoy cansado, pero no es nada —claro, nada. Ese chico necesitaba más horas de sueño.
Deja de decir que no es nada.
…pero si no es nada —fruncí el ceño y lo miré enojada. Entonces clavé mis ojos en los suyos. Me había dedicado sólo a mirar sus ojeras… pero no sus ojos. Y este chico seguía dándome sorpresas. Sus ojos no estaban fríos, ni nada de eso. Es más, me miraba como si… como si… argh, no.

No pude evitar bostezar… y los ojos se me llenaron de lágrimas.

¿Tienes sueño? —me preguntó él. Asentí, cerrando los ojos al momento en que caía una lágrima —mejor duerme. Tienes que descansar, supongo —volví a abrir los ojos. No quería dormir si él estaba allí.
No quiero. Sería mejor si tú durmieras…
No… no es nada —puse los ojos en blanco. Nuevamente con eso.
Oh, vamos… —suspiró.
Sabes que después llegará Emilie… y Tom con Sam. Sam tiene que darse cuenta de que sigo viva ¿Qué tan terrible fue? —le pregunté de sopetón, después de todo, él había estado allí.
No te voy a hablar sobre eso —resoplé. Y luego volví a bostezar —lo siento —clavé mis ojos en él ¿qué sentía? No tenía que sentir nada… ni siquiera habíamos peleado esta vez.
No lo sientas… ¿qué sientes? no lo sientas —volví a repetir, sonriendo. Él también sonrió de medio lado.
¿Recuerdas esas dos veces cuando yo estaba y…?
Si —lo corté —gracias. La tercera es a vencida.
Karla, si yo hubiese estado pendiente de ti y no del mierda de Andreas, quizás esto no habría pasado y… —volví a cortarlo.
Pero no es tu culpa, tampoco de Andreas. Es mi culpa… porque soy torpe y siempre estoy en las nubes, y nunca me fijo si viene un coche o no, y soy muy…
No ganas nada descalificándote —me cortó. Fruncí el ceño ¡Pero si todo el mundo sabía que yo era una torpe idiota! Yo ya lo tenía asumido… y no me molestaba. Para nada —esto no habría pasado si el estúpido de Andreas no te hubiese invitado a salir.
Me invitó a salir porque le dije que Emilie quería salir con él.
No. Pero el idiota insistió. Además, yo nunca tendría que haberte soltado… así no te habría ido. ¿Por qué cruzaste la calle? Tienes que cruzar en la otra dirección para irte a tu casa —volví a fruncir el ceño, confundida. La otra dirección… soy una idiota.
No lo sabía Bill suspiró —me mudé hace poco… estaba enojada, no lo sabía.
Lo sé, no te alteres. No es tu culpa —volvió a coger las lentes y se las puso.
No te las pongas —lo regañé —no puedo ver tus ojos…
¿…Y?
Que hoy miras diferente —el chico volvió a sonreír. Y yo sentí como el color se me subía nuevamente a las mejillas. Él también se ruborizó un poco.
¡Llegamos! —la puerta de la habitación se abrió. Bill y yo miramos automáticamente hacia la puerta. Era Tom… quien pasó dentro cogido de la mano con Sam y Emilie detrás de ellos con un vaso de jugo de naranja.
¿Interrumpimos? —preguntó esta última, cerrando la puerta de a habitación. Bill no contestó… y yo tampoco.
Hola… —saludó Sam, luego de un momento de silencio.
Hola —le contesté con una sonrisa. La pobre se notaba nerviosa. No entendía muy bien su comportamiento… pero vale, era sensible.
¿Ves que está bien? está viva, y pronto se recuperará… Tom soltó su mano y a abrazó por la cintura pegándola a su cuerpo. La chica sonrió de medio lado. Estaban bastante alejados…
¿Y… como te sientes? —me preguntó Sam.
Bien… en realidad, no me duele nada. Aunque me siento inmovilizada y eso me pone nerviosa ¿mencioné alguna vez que odio sentirme encerrada? Es para entrar en pánico.
Ah… pero no te duele nada… es lo mejor, si, está bien —abrazó a Tom con ambos brazos, mirándome con una sonrisa.
Si, si, está bien. Mira traje tu jugo de naranja… me pillé con tus abuelos en la cafetería, son muy simpáticos Emilie se acercó a mí con una pequeña botella. ¿y ella como sabía quienes eran mis abuelos? —los veo aquí desde hace cinco días… son muy amables, ten —me tendió la botella. Iba a alzar la mano para cogerla, pero Bill la cogió antes que yo con mis movimientos lentos. Emilie frunció el ceño, pero Bill no le dijo nada y se limitó a abrir la botella.
Amm… te raje algo, Karlie. Para que te sientas mejor —sonrió Sam, enseñándome una bolsa de colores que traía en la mano. Que despistada soy, no me había dado cuenta antes de la bolsita.
No debiste molestarte, de verdad…
Oh, vamos… Sam le dio la bolsa a Emilie, me daba la impresión de que no me quería tocar. Y luego Emilie la dejó sobre mi vientre.
Muchas gracias —le dije a Sam, mirándola con una sonrisa. Luego cogió la bolsa con mi mano buena… me dí cuenta de que aún tenía el colgante ¿me lo dejas en la mesita, por favor? —se lo tendí a Bill, este asintió y cogió el colgante para dejarlo donde yo lo había indicado. Aprovechó también para darme la botella. La cogí y la intente acercar a mi boca. Pero mi mano buena, tenía el hombro inmovilizado… con hueso raro y todo, así que no pude llegar, sacando las risas de Tom.
¡Pero si estarás como reina! van a tener que darte la comida en la boca y todo —se echó a reír. Que algo bueno tenga este accidente, ¿no? Me iban a atender todo el tiempo. Bill me quitó la botella y Emilie se la quitó a este de las manos. Luego me acercó la botella a la boca y yo tomé un pequeño sorbo. Por suerte no se me calló nada…
Ya, abre tu regalo, Karlie —me animó Sam. Le sonreí y luego metí la mano dentro de la bolsa de papel. Emilie me ayudó un poco para poder sacar el regalo… era una pequeña cajita. Y una vez la tuve en mis manos me di cuenta de lo que era: Un perfume. Sonreí ampliamente… me gustaba oler bien.
Muchas gracias —volví a repetir —no debiste haberte molestado, de verdad.
Es que quería traerte algo lindo —volvió a sonreír, abrazando a Tom por la espalda. Caí en la cuenta de que en todo el tiempo que habíamos estado allí, después de que todos llegaran, Bill no había abierto la boca. —que bien que ya estás mejor —no pude reprimir un bostezo. Quería dormir, estaba agotada… pero repito: Ese chico estaba aquí.
Creo que está cansada —habló Tom.
Tiene que descansar… —le siguió Emilie —vamos. Dejémosla dormir un poco…
Las dejaré en casa… Bill —llamó a su hermano. Este se levantó del asiento enseguida, acomodándose los jeans.
Jo… pues, bueeeno, nos vemos otro día, Karlie —se despidió Sam, haciendo una seña con la mano. Salió al instante de la habitación, soltando a Tom y abriendo la puerta a velocidad record. Creo que yo la estaba asustando un poco… llena de vendas y cosas moradas.
Recupérate pronto —me sonrió Tom. Le devolví una media sonrisa, mientras volvía a bostezar. Y es que no daba más… Tom salió tras Sam, miró hacia los dos lados, antes de salir corriendo a la siga de su novia.
Supongo que… volveré mas tarde con mamá —suspiró Emilie —nuestro plan está funcionando muy bien. —alzó las cejas repetidas veces, sonriendo con suficiencia —se agradan demasiado… mamá apoyó mucho a tu padre con el accidente y eso. Lo apoya, digo. Y me dijo que vendría un poco más tarde con tu padre, me llamó hace un rato… está acompañándolo en tu casa, con tu tía y una prima tuya… —suspiró —tu familia es muy agradable —asentí. Y es que era la mejor familia del mundo —nos vemos en un rato… hermana —se echó a reír, yo también reí. Ella había comenzado a caminar de espaldas hacia la puerta mientras hablaba… —ya, los dejo a solas para que se despidan —me guiñó un ojo, antes de salir de la habitación y cerrar la puerta, dando un portazo. Sentí mi rostro arder nuevamente. Volvíamos a estar solos… lo miré. Él sostenía mi jugo de naranja… y le estaba poniendo la tapa.
Ok, nos vemos —dejó la botella sobre la mesita —descansa y recuperate —asentí.
Tú también descansa —bostecé.
¿Quieres algo más antes de dormir…?. ¿te sientes bien o…?
Me siendo bien, sólo tengo sueño —lo corté.
Entonces, hasta pronto.
Si, hasta pronto… y descansa —le sonreí.
Preocúpate sólo de ti, ¿si? —lo miré frunciendo el ceño —no te preocupes por mí, no debo importarte.
¿Por qué no? me agradas —si hubiese podido, me habría encogido de hombros…
Porque no —rodeó la cama, acercándose a la ventana —solo cierra los ojos… y duerme —cerró las cortinas de la habitación —descansa todo lo que puedas, ponte bien —cogió el control de la TV y la apagó, volviendo a dejar el pequeño aparato sobre el sillón.
De a cuerdo… ¿vendrán a visitarme otro día? —le pregunté, con un hilo de voz, temiendo su contestación… en realidad lo preguntaba por él, quería saber si él iba a venir otra día a visitarme. A lo mejor el sólo se hacía el bueno conmigo porque le daba pena mi estado… y yo ya estaba pensando que podría llegar a caerle bien.
Emm… quizás yo no.
¿Por qué? —cerré los ojos de golpe, el sueño me podía… pero volví a abrirlos.
Tengo cosas que hacer… —comenzó a caminar hacia la puerta… la abrió y salió —adiós —se despidió antes de volver a cerrarla.

No voy a mentir, no me sentí bien… estaba decepcionada. Suspiré. Y luego cerré los ojos.

Tenía que dejar de pensar tanta mi erda. Bill no era lindo… Bill no es mi tipo y nunca lo será.
Nunca.


Karla, no es el fin del mundo. No lo es.
No te gusta Bill… No me gusta, lo tengo muy claro. Sólo siento un poco de curiosidad hacia él.
¡¿Entonces por qué me preocupo tanto por él?! Me preocupo por él sólo porque… es curioso y llama la atención nada más.

¿Pero que mierda pienso

Me estoy confundiendo más haciéndome esas estúpidas preguntas para lograr en vano aclararlo todo. Se me hace imposible pensar con claridad cuando estoy así de cansada. También me cuesta dormir.

Vamos a ver… es que este chico me confunde. A veces es tan lindo y tierno… y su sonrisa… y sus ojos fríos. Pero cuando pone esos ojitos llenos de sentimientos es tan… encantador.

No, no puedo pensar así de un chico. A mí no me puede gustar un chico, se supone que no debería…

Pero es que Bill es tan diferente al resto de los hombres. Y exactamente por eso es que me da curiosidad… y me intereso por saber de él. Porque no es igual a las otras personas. No es mi culpa, es su culpa. Pero me cae bien, aunque me confunda y a veces me haga pensar estupideces. A demás, siempre está oliendo bien… huele muy rico y me gusta. Es un aroma especial, es único. Y su risa es tan… tan hermosa. Como si llevara años practicándola.

Aún recordaba con mucha claridad ese día en el que había estado apunto de besarme… cuando me había perdido en sus ojos, a tal punto que me había despegado de la realidad… y me había hundido en ellos, husmeando su alma, queriendo ver lo que sentía. Ni siquiera me había dado cuenta de que él estaba tan cerca, hasta que había sentido su respiración sobre mis labios.

Me estremecí al recordarlo ¿Y si no me hubiese apartado? quizás las cosas ahora serían diferentes. Quizás seríamos algo…

¡Pero qué digo! Bill no es así, se habría alejado de mí y me seguiría gritando. Hice lo mejor, si… después él habría pensado que yo sólo quería fama. Él es el vocalista de Tokio Hotel es alguien importante. Y famoso. Me pregunto si le gustará la fama… una vez que logras fama, ya no te la puedes quitar de encima. Seguramente a veces era incómodo y pasaban cosas raras, como con las fans rubias de ese día en el que él me había ido a dejar a la escuela y todo había resultado un caos. Cuando me había salvado por primera vez de la “muerte”, o de romperme huesos con nombres extraños. Ese día me había abrazado… me había sentido protegida entre los brazos, como con papá. Nunca me había sentido así con alguien que no fuese papá.

De lo que estaba realmente segura, era que Bill no era mala persona. Estaba triste, y eso lo hacía alguien automático. Eso lo convertía en alguien que parecía no tener sentimientos. Pero era sólo porque tenía tristeza en su corazón. Y a lo mejor intentaba alejarse en el mundo, para no ser dañado nuevamente. No lo culpaba… aunque a lo mejor, si él hubiese querido superarse las cosas estarían diferentes. El chico se cerraba en sí mismo y se ponía a la defensiva, agresivo… pero cuando abría su alma, cuando sus ojos se volvían cálidos… era tan diferente. Era de lo más simpático, de lo mejor. Cunado sonreía… aunque nunca lo hubiese visto realmente feliz… después de todo, lo conozco desde hace muy poco tiempo.

Y esa caja… aún tenía ganas de saber que era lo que contenía. Jamás podría averiguarlo, Bill no me lo permitiría… iba a quedarme con la ganas por el resto de mi vida.

Bill… y es que se me apuraba el corazón de sólo pensar en él. Y cuando está frente a mi… se me pone la piel de gallina, siento las mejillas calientes y cosquillas en el estómago. No es culpa mía, yo intento evitarlo. Pero es que él… él produce todos esos efectos en mí.

A lo mejor era alérgica a los Bill’s Kaulitz’s. Vale, no. Eso es imposible.

A lo mejor era alérgica a lo Automático… sistemático…

Mmm… rima. Genial. Algún día quizás podría usarlo en una canción.

Bill me gusta cuando es lindo, no cuando es automático…

No, no es lindo. No me gusta. No, no, no.
Y no.

Bostecé. Cada vez tenía más sueño, ya no podía seguir con mis pensamientos. Odio sentirme tan cansada hasta para pensar.
Bill no me había dado el jugo de naranja. No importa, lo tomaría cuando despertara. También es lindo cuando se ruboriza… Vamos, siempre es lindo. Incluso cuando es automático.
Dios, que contradicciones.
Suspiré…

Si lo seducía iba a ganar mucho dinero… digo, por la apuesta que había hecho con Emilie. Tenía que convertirlo en un chico no-automático. Pero seré sincera conmigo misma. Me daba miedo. Si lo seducía, quizás terminaría enamorándome de él. Y eso implicaría besos, abrazos, manoseo y ese tipo de cosas.

No me gusta que la gente toque mi cuerpo.
Intente respirar más lento…

Pero Bill es diferente.

No. Todos los hombres son iguales. Bill es hombres, por lo que es igual al resto de los otro hombres y… ¿A quien engaño?. Soy una estúpida con fobia a los hombre, con fobia al amor, con fobia al sexo. Le temo a todo ¡ni siquiera me fijo bien antes de cruzar la calle!

Pero ahora que lo pienso bien… quizás, sólo quizás… podría permitir que Bill… No, él nunca querría estar con una chica como yo. ¿por qué me rayo con esto? pienso sólo estupideces. Él es mucho para mi. A demás, soy mas pequeña… y los chicos mayores no se enamoran de niñas pequeñas. Porque son más pequeñas… y eso les haría parecer perdedores.

Volví a bostezar.

No tengo oportunidad. Así que es mejor si no me gusta. Porque no me gusta… no. Y nunca va a poder gustarme, porque es un idiota.

A la mierda con la apuesta y los €300.

Si alguna vez sedujera a Bill, lo haría por motivos propios… y no por una estúpida apuesta con una chica hiperactiva que probablemente se convierta en mi hermana.

Karla, Bill no es para ti…
Y tú no eres para Bill.

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