25 febrero, 2013

Rette mich /Capítulo 15




CAPITULO 15 

Tom me miró extrañado y yo bajé la mirada hasta mis zapatillas. Me sentía extraña. Sentía vergüenza, por cierta parte... Aunque, por otra parte, sentía cierta repulsión hacia Bill. Aún no podía pensar con claridad, pero el estómago se me revolvía al pensar en lo que había pasado y lo peor era que no podía dejar de pensar en eso. Ni siquiera podía analizar lo suficientemente bien la situación como para ver si estaba mal o no. 
Creo que ya estaba más que claro, que lo que había pasado no era nada bueno. Sólo necesitaba ver la magnitud del asunto. 
Me tomé las manos, entrelazando los dedos nerviosamente. 
Ahmm. Vale. —escuché decir a Tom. A lo mejor se me había notado demasiado que no quería quedarme a solas con Bill de nuevo. Estaba más que segura de que Bill le iba a contar sobre eso a Tom y yo me iba a morir de la vergüenza. 
Como ninguno de nosotros habló, Tom decidió iniciar la conversación de nuevo. 
¿Y qué hacemos ahora? ¿Quieren hacer algo divertido? ¿O ponerse a estudiar ahora mismo y luego hacer algo divertido? 
Me encogí de hombros. Al final de cuentas iba a ser igual, pues tenía que estudiar si o si con Bill, aunque fuese lo que yo menos quería hacer en ese momento. Me daba terror. Bill actuaba tan extraño que era irreconocible. Nosotros no nos habíamos arreglado, más que nada porque él no me había pedido disculpas por no hablarme durante semanas y enojarse conmigo sin razón. Y con un beso las cosas no se arreglaban, así era como se arreglaban los novios, no los mejores amigos. Quizás que cosas tenía en la cabeza ese chico. 
Podríamos estudiar ahora mismo —reprimí una mueca. Oh, si, claro. Estudiar ahora mismo. Luego de haber hecho semejante estupidez, y con toda la vergüenza. Pero pensándolo bien... esa podría ser una perfecta oportunidad para hablar. Preguntarle sobre lo que había pasado, o mas bien, sobre lo que había hecho. Y, finalmente, si se daba la situación arreglar las cosas. 
Me di cuenta de que me estaba comenzando a enojar ¡Me había besado! Así como así, sin motivo, sin ninguna razón, ¡sin preguntármelo! Y ambos con novia y novio respectivamente ¿acaso estaba mal de la cabeza? Vamos, que por más bien que besara, eso no era justificativo como para que lo hiciera. Pff. Y hasta bien besaba el chico. Que suerte la de Kattie. 
Borré ese último pensamiento de mi cabeza en un instante. Odioso Bill, estúpido Bill.  
Pff. Que aburrido —bufó Tom. Lo miré, él tenía la mano metida en el bolsillo del pantalón —no creo que sea tan tarde como para llamar a Cinthia —dijo más para si mismo, que para nosotros ¿Qué no era tarde? Pff. Quizás que cochinadas él quería hacer con esa tal Cinthia, que por cierto, yo no la conocía suerte en el estudio, chicos mientras miraba atentamente la pantalla de su móvil, se daba media vuelta hacia las escaleras —intenten hablar un poco más, que se les resecará la boca —bromeó. Inevitablemente una sonrisa se dibujó en mi rostro ¡mamá! ¡voy a casa de Cinthia, vuelvo en unas hora! —gritó hacia arriba y luego volvió a voltearse hacia nosotros. Se acercó y luego con una sonrisa graciosa en los labios nos miró intermitentemente a ambos ¿se mueven de la puerta o es que quieren hacer una acampada allí? —solté un pequeño "oh" y me hice a un lado. Bill hizo lo mismo, aunque este le susurró algo en el oído a su hermano, algo que no pude escuchar. Tom abrió la puerta. Miré a Bill, éste estaba sonriendo y con los ojos clavados en el piso —hasta lu... ¡Hola, Cinthia!  —su despedida llegó hasta la mitad y lego cerró la puerta tras haber pasado del otro lado. Supuse que la casa de esa chica no quedaría tan lejos... digo, si pensaba irse caminando... 
Bill tosió falsamente, aclarándose la garganta. Clavé los ojos en él, queriéndolo matar allí mismo. Me dio la impresión de que sus ojos tenían la misma expresión que los míos ¿vamos arriba? 
Lo miré durante unos largos segundos y moví la boca hacia un lado en signo de repulsión, para finalmente asentir. 
Él comenzó a caminar hacia las escaleras y yo lo seguí a un paso mas calmado. No lo quería alcanzar, no me quería ir con él. Tenía demasiadas emociones mezcladas dentro de mi, completamente contradictorias unas de otras... Y no se sentía bien estar así. 
¿Qué es lo que tenemos que estudiar? —me preguntó Bill desde arriba de las escaleras, yo aún iba en el segundo escalón, iba bastante lento. Bill no sabía ni siquiera lo que teníamos que estudiar, vamos que se había convertido en un vago total, lo de los viernes después de clase en mi casa no habían dado resultados... él se había alejado de mi y todo se había ido a la mierda.  
Biología —contesté cortante —él dejó ir un suspiro bastante fuerte, que hasta yo escuché y luego entró en su habitación. Yo lo seguí a paso lento, queriendo no llegar a mi destino.  
Entré en la habitación algo cortada. No me sentía bien. Estaba de los nervios, iba a volver a estar a solas con Bill. Aunque por otra parte, me tranquilizaba en hecho de que estuviese su madre y la mía en casa. Y era extraño Porque ya me empezaba a poner paranoica. Y cuando me ponía paranoica, era insoportable. 
Bill estaba moviendo algunas cosas que tenía sobre su escritorio. Camisetas, cuadernos, papeles, envases de comida entre otras cosas que no prefiero mencionar, como ropa interior, por ejemplo... 
Qué lindo se veía Bill arreglando las cosas. Aunque, a decir verdad, él de por sí era lindo. Sus brazos siempre me habían parecido sexys. Sacudí la cabeza repetidas veces para sacar esos pensamientos estúpidos. Pero es que Bill se veía tan tierno... y dios su hubiese sido chocolate me habría derretido allí mismo. 
¿Pero qué mierda pienso? Pff. 
Bill abrió la puerta se su closet, luego cogió las cosas amontonadas de escritorio y las tiró dentro, volvía a cerrar la puerta, se sacudió las manos y suspiró.  Listo —dijo para luego coger su mochila, que estaba casi metida debajo de su cama y abrirla. De allí sacó su cuaderno y libro de biología y luego avanzó hacia el escritorio. Los dejó sobre este y acomodó un poco la silla ¿no vienes? —preguntó mirándome. Me di cuenta de que estaba de pie en la puerta de la habitación, como una boba —sé que no he limpiado la habitación, pero tampoco es que esté tan sucia —se excusó con una sonrisa, a la cual yo no pude corresponder. Me acerqué al escritorio —siéntate aquí —me señaló la silla que estaba junto a él —yo iré a por otra silla —medio sonrió. Lo miré extrañada y luego me senté —espérame un poco, tú por mientras puedes buscar las páginas en el libro. 
Comenzó a caminar hacia la puerta de la habitación, dejándome sola. Vale, que yo casi no hablaba pero es que, ¿quién podía hablar después de algo así? Sólo Bill, claro ¿acaso no le daba vergüenza?, ¿no se sentía mal? ¿Culpable o algo similar? 
Sacudí la cabeza y seguidamente abrí el libro para comenzar a buscar las páginas que había que estudiar. Por suerte había leído la materia en casa, así le podía enseñar a Bill... Y enseñarle bien. Aunque en realidad, no tenía idea de porqué le quería enseñar si se suponía que yo me había enojado con él por lo que había pasado. 
¿Me tenía que enojar no? Y lo estaba, mucho. Aunque en el fondo, me había gustado todo eso... Y mucho más. En el fondo, sentía deseos de más. 
Bill volvió a entrar en la habitación arrastrando una silla. Me di media vuelta y miré hacia la puerta. Era la silla de Tom. 
Se acercó con movimientos torpes, luego afirmó la silla a mi lado, por suerte tenía rueditas, por lo que no se le hizo tan difícil. 
Lo estuve observando todo el rato y él tan siquiera me miró. 
Se sentó a mi lado con mucho cuidado de no golpearme la pierna con la silla y luego apoyó las manos en el escritorio con fuerza, sobre el libro. Suspiró.  
Ya está, ¿comenzamos? —me miró alzando una ceja. La verdad, me sentía torpe. Muy torpe, quizás demasiado torpe... Tenía la impresión de que si me ponía a leer iba a acabar tartamudeando como una completa idiota. 
Le quité el libro de las manos y lo dejé más hacia mi lado para luego retroceder una página, hasta el comienzo del tema. 
Me aclaré la garganta. 
El cuerpo humano —l el título. Bill se acercó más a mi, seguramente para poder ir leyendo junto conmigo. No me gustó eso. Sentí su respiración en mi mejilla y eso me hizo estremecer. Cogí la parte de arriba de la hoja y comencé a juguetear con ella mientras retomaba la lectura. 
  
¿Ya lo entendiste? —le pregunté a Bill por enésima vez. Se lo había explicado millones de veces, pero él parecía estar en el otro mundo o estar en un viaje espacial por la luna. Tenía la leve impresión de que no estaba escuchando lo que yo decía y que sólo asentía porque sí, sin entender nada de lo que yo le explicaba. Eso me ponía nerviosa. Pero me ponía aún más nerviosa, el hecho de que no me quitara los ojos de encima. Había estado todo el tiempo intentando tener la vista pegada en el libro, pero cuando la levantaba... allí estaba él, bastante cerca y con los ojos calvados en mi. Cuando eso ocurría, me daban unas incontrolables cosquillas en el estómago y sentía que iba a empezar a temblar en cualquier momento. 
Si.  Me contestó Bill asintiendo con la cabeza, no muy convencido —esta vez si entendí.  
¿Me lo podría explicar ahora tú a mi? —le pregunté. Así me quedaba claro que él se había aprendido las cosas.  
Pero si tú ya lo sabes —dijo rápidamente.  
Quiero saber si tú lo sabes —los ojos de Bill se achicaron un poco y me di cuenta como desviaba la vista hacia el libro disimuladamente.  
No espíes, sin trampa —cerré el libro con un movimiento rápido y haciendo un fuerte ruido. Bill pegó un pequeño saltito en el lugar y me volvió a mirar.  
Esperé a que me comenzara a explicar lo que habíamos estudiado sobre el cuero humano, pero dudo que él tan siquiera hubiese hecho un pequeño esfuerzo por formular alguna respuesta o recordar algo. No tenía cara de estar pensando y parecía más bien, esperar alguna explicación mía, para luego repetir todo de nuevo. Como vi que no respondía nada, y que tampoco iba a responder algo, volví la vista hacia el libro de nuevo y lo volví a abrir. Entonces algo se me vino a la cabeza. Tragué saliva y sentí mi rostro arder... Pero no me importó. Mira, Bill Dios. Se me había hecho enormemente extraño decir su nombre, hacía mucho que no lo llamaba por su nombre —si no me puedes explicar esto —dije refiriéndome a lo de biología —entonces, hazme el favor de explicarme que fue lo que sucedió hace un rato allí abajo. Porque estoy segura de que tú lo sabes. 
La voz me había salido bastante dura. Bill desvió la vista rápidamente hacia la puerta y tampoco contestó. 
Me obligué a mi misma a hablar nuevamente, insistiendo...  
Dímelo, Bill —inconscientemente le cogí el brazo. Al darme cuenta de lo que había hecho, quité la mano rápidamente de allí. Él me volvió a mirar. Esta vez mas serio, pero no enojado.  
¿Y qué quieres que te diga?  ¿Porqué lo hiciste? —pregunté rápidamente.  
Tú también lo hiciste —frunció el ceño. Me mordí el labio inferior. Vale, que yo me había dejado llevar y todo. Pero ese no era motivo como para para eso. Pff.  
Pero tú lo comenzaste.  Nadie te obligó a seguirme el beso —resoplé —esa fue tu elección. No fue culpa mía, tu ves lo que haces contigo misma, ¿sabes? me podrías haber apartado y...  —lo corté.  
¡Acababas de despedir a tu novia!, ¡No puedes andar besando a la gente así! —su mano llegó a mi boca rápidamente. Me estremecí.  
Baja la voz —dijo para luego volver a quitarla ¿qué tiene que ver lo de Kattie? Ella sólo se estaba yendo, y ya. 
Exactamente por eso.  Me dieron ganas de besarte, ya está —se levantó de la silla con brusquedad. Yo lo imité. 
Y es que ¡No te pueden dar ganas de besarme! —le volví a gritar y él puso la cara de haber chupado un limón con mucha, mucha sal ¡además, luego le dices a Tom que ya arreglamos todo! A lo mejor tú arreglaste todo ¡Pero yo no! Estoy enojada contigo ¡Me dejaste de hablar por casi dos meses!... y ahora vienes y ¡Me be...! —me volvió a cubrir mi boca con su mano y esta vez me miró más seriamente. Se llevó el dedo índice a la boca, en signo de silencio.  
Mi madre va a escuchar, habla más despacio, ¿quieres? O es mucho mejor que te calles —aparté su mano.  
¡Pero es qu...! —me volvió a cubrir la boca.  
Si quieres que te pida disculpas, discúlpame.  Lancé un grito que tan siquiera pude escuchar ya que Bill me cubría la boca con la mano. Moví la cabeza hacia un lado. 
¿Y ahora lo dices? ¡No puede ser que después de to...! Entonces perdóname.  Pff ¿Perdonar? ¡! Como si bastara sólo con pedir disculpas —puso los ojos en blanco y me miró cansado. Yo intentaba ignorar todos esos típicos síntomas. Ahora mezclados con rabia, se sentían de una forma horrible. 
Ya me estoy cansando de esto. Sabes que me canso rápido de las cosas.  ¡Y ahora te haces el serio! ¡Le diré a Kattie lo que hiciste! 
¡¿Qué?! me miró con los ojos muy abiertos. 
Se lo diré, porque, porque, ¡porque sí! Dios, este chico me ponía de los nervios. Ya comenzaba a parecer una estúpida. 
—Ay, dios, ya cállate. 
¡Pe...! —entonces, en un movimiento rápido, que tan siquiera me di cuenta de que hizo, se acercó a mi y cogiéndome por la nuca, pegó su cuerpo al mío y juntó nuestros labios.   
 






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