Su delicioso aroma entro en mis pulmones. Mis músculos se tensaron, dejé de respirar, mi corazón pareció detenerse, un escalofrío recorrió mi columna, sentí cosquillas en el estómago, el pecho dolió, la cara me ardió. Todos esos típicos síntomas juntos, a la vez.
Temí a su reacción, sentía miedo a lo que me fuera a decir. Estaba tan cerca de él... hacía mucho que no estábamos así de cerca. Mi cuerpo estaba prácticamente pegado al suyo. Y sinceramente, no quería que nos separásemos. Me gustaba tenerlo cerca de mi, me gustaba sentirlo. No me había dado cuenta de toda la necesidad que sentía por él, de cuanto lo necesitaba. Y no era precisamente una necesidad de amistad, era algo completamente diferente, que con el hecho de solo pensarlo me ponía más nerviosa de lo que ya estaba, teniéndolo frente a mi... tan cerca.
Me di cuenta de que él no se movía, seguía allí, quieto como una estatua, una hermosa estatua. A pocos milímetros de distancia y encerrándome entre el pequeño espacio que había entre él y la puerta. Hice puños con ambas manos, dándome ánimos internamente para alzar la vista.
Y lo hice.
Levanté la cabeza unos cuantos centímetros, hasta que su mirada se topó con la mía, atrapándome por completo. Su rostro de ángel, sus labios entreabiertos, su expresión de seriedad y desesperación a la vez, sus ojos color miel levemente maquillados que me miraban interrogantes... me encantaba. Parecía pensativo. Tenía la sensación de que sus ojos miraban a través de los míos para ver que era lo que yo pensaba en ese momento. Dicen que los ojos son las ventanas del alma. Y Bill... me conocía tan bien, que tan sólo con una mirada ya podría haber averiguado como me sentía.
Pero él no apartaba la vista, y yo tampoco podía hacerlo. Se me hacía imposible.
Tragué saliva. Él suspiró, pude sentir el aire que se escapaba por entre sus labios. Me estremecí.
Él seguía sin hacer nada, sin reaccionar, sin siquiera hacer el ademán de decir algo... Y me comenzaba a desesperar. Cogí aire, mucho aire, hasta llenar mis pulmones completamente.
Entonces, Bill movió uno de sus brazos levantándolo hasta quedar a la altura de mi cabeza. Apoyó su mano en la puerta y luego desvió la vista hacia un costado.
—Ya no puedo... —sus palabras salieron inexpresivas, aunque su voz era extremadamente suave. Esas tres palabras había interrumpido el silencio que reinaba en la habitación, sorprendiéndome un poco. Podía sentir sus palabras repetirse en mi cabeza una y otra vez. Volvió a mirarme. Sus ojos parecían suplicar algo y yo no entendía el qué. Ni siquiera había podido entender lo que él me había dicho —ya no puedo más, Annie —se quejó, o al menos su voz me sonó algo quejumbrosa. Me había llamado Annie.
No tuve tiempo de seguir analizando sus actitudes, ni de pensar, ya que, medio segundo después, él prácticamente se lanzó sobre mi. Cerré los ojos de la sorpresa, nuestros cuerpos se juntaron aún más, sentí que yo temblaba, un nudo se me formó en el pecho y dejé de respirar en ese momento. El momento justo en el que sus labios se juntaron con los míos en un acto casi desesperado. Me estremecí ante ese contacto. Sus labios eran extremadamente suaves y cálidos.
Dios. Sentía las cosquillas en el estómago de nuevo, parecía una manada de elefantes allí dentro.
No tenía idea de qué era lo que estaba haciendo. Pero, odio admitir, que me gustaba. Sus labios comenzaron a moverse con suavidad sobre los míos mientras una de sus manos iba a parar a mi rostro, sujetándome de una de mis mejillas. Sentí sus dedos sobre mi piel, aprisionándola un poco, pero no me hacía daño.
Comencé a mover mis labios con algo de timidez, acompañando los suyos. Entonces, él beso se volvió más intenso.
Escuché un ruido. Alguien había picado al timbre.
Bill se separó de mi. Cogí aire y bajé la vista rápidamente, mirando el suelo y luego me di media vuelta, aún en shock, y abrí la puerta.
Dios... no me lo podía creer. Bill me había besado. Sus labios, los míos... Y no me había parecido asqueroso. Es más me había gustado y... ¡¿Pero que digo?! se supone que Bill no me habla, que está enojado conmigo ¡y tiene novia! ¡yo tengo novio! Argh. Además, alguien estaba frente a mi en la puerta y yo aún no había recibido a esa persona, aunque no era mi casa pero...
Basta de pensar. Si, estaba nerviosa.
Alcé la vista rápidamente.
Kattie ¿qué hacía aquí? Hacía unos segundos se había ido.
—Se me ha quedado mi chaqueta —ella cortó mis pensamientos, con una sonrisa en el rostro. Intenté devolvérsela, pero desistí sin siquiera intentarlo, pues estaba segura que en vez de una sonrisa me iba a salir una mueca horrible que parecería de todo menos sonrisa. Al ver que yo no contestaba, ella empujó un poco la puerta y pasó por el espacio que le dejaba libre mi cuerpo. La seguí con la mirada y me sorprendí bastante al ver que Bill no estaba.
—Aquí está tu chaqueta, amor —vale, si estaba ahora. Venía desde el salón con la chaqueta de Kattie en la mano. Amor, me había besado y ahora le decía amor a su novia. Dios, esto era horrible ¡Lo había besado!
—Gracias —le dijo Kattie sonriendo. Bill estiró la chaqueta en sus manos y ayudó a Kattie para que se la pusiera. Apreté los dientes. Él hacía eso como si nada hubiese pasado actuaba de maravilla, era... era... pff —gracias —volvió a repetir, una vez que tubo la chaqueta puesta. Se volteó hacia Bill mientras se acomodaba el cabello y seguidamente se puso de puntillas para besarlo en los labios.
Bill sonrió. —Nos vemos mañana, preciosa. —Nos vemos mañana, amor —ambos caminaron cogidos de la mano hacia la puerta, hasta que Bill quedó a mi lado y Katte fuera de la casa. Ella lo volvió a besar —adiós —dijo con una sonrisa, para luego darse la vuelta y correr hacia el coche de su madre.
Y yo mirando como estúpida.
Aún sin poder pensar, sin poder reaccionar... sin hacer nada.
Cerré la puerta torpemente, mientras sentía que Bill se alejaba un poco. Hasta que una mano se puso frente a mi rostro, empujando la puerta y cerrándola de un fuerte portazo. Me di media vuelta con los ojos como platos, por el susto que me había acabado de dar.
Pero nada más hacerlo, sus labios atraparon rápidamente mis labios, pegando su cuerpo al mío y empujándome hacia la puerta.
¿Pero que se suponía que estaba haciendo?
Primero, me besaba. Seguidamente, besaba a Kattie. Y luego, me volvía a besar. Así como si nada, sin avisarme, sin preguntarme. Y sabiendo que su novia estaba a unos cuantos metros, del otro lado de la puerta. Imposible. Esto no podía estar ocurriendo. Bill no me podía besar, por más que me gustara, no podía hacerlo. Pero lo hacía... y lo peor, lo peor era que yo no me podía deshacer de él.
No quería apartarme de sus labios, de su cuerpo... me encantaba. Él me encantaba... Y me sentía enormemente culpable al pensarlo. Yo tenía a Dylan, a mi perfecto Dylan, pero y si... No. Más que imposible. En mi corazón solo había espacio para una sola persona y esa persona era Dylan. Mi novio, por quien yo daría más que mi propia vida.
Aunque ya comenzaba a dudarlo... en realidad, hacía tiempo que lo dudaba.
Me odié por pensar eso.
Pero es que Bill, él me daba vuelta la cabeza, me dejaba sin aliento, sin saber que hacer, que pensar, que decir. Él lo había cambiado todo en unos segundos.
Sin darme cuenta, comencé a mover mis labios, continuando su beso, haciéndolo mucho mejor. Me encantaba. Me encantaban sus labios...
Sus manos subieron hasta mi cintura, y la rodeó con sus brazos, pegándome más a él, con fuerza. Eché la cabeza hacia atrás, hasta chocarla con la puerta, intentando separarme de sus labios de alguna manera, pero él, sin despejase de mi, se acomodó a mi nueva posición.
Se separó de mi levemente, ambos cogimos una gran bocanada de aire y luego volvió a juntar nuestros labios rápidamente, haciendo que encajasen a la perfección.
¿Cómo decirle que no a eso? No podía, simplemente no podía.
Bill no era así, él no era ese tipo de chico. Se estaba comportando igual que su gemelo, igual que Tom. Pero es que había cambiado tanto... Incluso, parecía no conocerlo. Él no andaba besando a la gente porque sí. Él siempre había sido fiel a sus novias, jamás había estado con una chica que ya tuviese a un novio.
Nuestras lenguas entraron en el juego. Su piercing... Dios, estaba helado, y me encantaba.
Se me vinieron a la cabeza las últimas siete semanas. Él había sido indiferente conmigo, ni siquiera me había dedicado una mirada en todo ese tiempo, absolutamente nada. Me había hecho sentir una mierda, como si no fuese nada, como si no le importara. Y ahora venía y me besaba como si nada.
Apoyé mis manos rápidamente en sus hombros y empujé su cuerpo hacia atrás, separandolo de mi. Pero él, aún cogiéndome de la cintura, volvió a juntar nuestros labios, aunque esta vez más suavemente. Abrí los ojos de golpe y volví a apartarlo de mi, y él volvió a acercarse. Moví la cabeza hacia un lado, alejándome lo mayor posible de él y de sus labios. Esto no podía estar pasando.
Bill abrió los ojos al no encontrarme nuevamente y me miró. Sus ojos se clavaron en los míos, y dios, que casi muero. Tenía una expresión difícil de describir. Sus labios estaban entreabiertos con una pequeña mueca, sus ojos entrecerrados mirándome con una extraña expresión de horror y sus cejas fruncidas. Me mordí el labio inferior con miedo. No parecía enojado pero... En realidad, él no tenía por qué enojarse, ¿no? había sido él quien me había besado, yo sólo me había dejado llevar. Un grandísimo error. Yo era un estúpida. No tenía que haberlo besado. Hubiese sido mejor que lo hubiera apartado de mi, como lo habría hecho si se hubiese tratado de otra persona. Pero se trataba de Bill, mi ex mejor amigo, el confidente de todos mis secretos, el chico que me aguantaba en los malos momentos, él que me ayudaba a solucionar los problemas, él que me apoyaba, él que estaba conmigo siempre que lo necesitaba, él chico que me gustaba... Y, aunque se hubiese distanciado de mí durante esas siete agonizantes y largas semanas, yo lo seguía queriendo. Porque después de todo, era Bill. Mi Bill, ese Bill que conocía desde la infancia, desde que ambos andábamos en pañales. Y sinceramente, no podría haberlo apartado de mi, eso habría marcado aún más la separación y la enemistad. Incluso, él podría haber llegado a odiarme. Pero había una cosa que no me entraba en la cabeza ¿Porqué me había besado? Yo tenía novio, él tenía novia. Él la quería a ella y yo quería a Dylan.
Yo había estado hacía muy pocos minutos besándome con Dylan y él hace mucho menos tiempo con Kattie. Él amaba a Kattie, yo amaba a Dylan. Y aún así, él seguía allí, tomándome de la cintura. Me dolía el pecho, me costaba respirar, el corazón me andaba tan rápido que sentía que en cualquier momento se me saldría del lugar, sentía mi rostro arder y el pulso en la cabeza.
Aparté la vista, no podía seguir mirándolo. Me sentía tan avergonzada que podría haber salido corriendo en ese mismo momento, de no ser porque él me tenía atrapada... Bleh, tampoco hubiese salido corriendo. Él cuerpo no me funcionaba ante las órdenes de mi cerebro. Sentí como Bill suspiraba. Lo volví a mirar en un acto reflejo y nuestras miradas se volvieron a encontrar. Sentí que me quedaba sin aire durante un momento. Pero luego sin siquiera pensarlo, abrí la boca y lancé la primera pregunta que se me pasó por la cabeza:
—¿Por qué lo hiciste? —mi voz no había salido como lo esperaba, no había salido con la suficiente fuerza como para que él no fuese a pensar que estaba nerviosa por la situación. Porque si lo estaba, pero no quería que él se diera cuenta. Bill no desvió la mirada, es más, ni se inmutó. No movió ni siquiera un músculo. Simplemente, se quedó quieto, como una estatua, mirándome directamente a los ojos y sin darme la oportunidad para apartar la vista. De cierta forma, estaba atrapada.
Tragué saliva.
—Bill —lo llamé. Quería que me contestara, que me dijera porqué lo había hecho porque... porque había hecho algo que no se podía hacer, algo que no estaba permitido, algo imposible.
Pero nada. Ni dijo absolutamente nada. Simplemente se quedó allí, observándome. Haciendo que mi respiración se cortara, que mis mejillas ardieran, que mi corazón anduviera a mil por minuto, produciéndome un dolor en el pecho... Seguro no se daba cuenta de cómo estaba yo en ese momento, aunque mi respiración era tan fuerte o no, lo fuerte eran los latidos de mi corazón, ese corazón que estaba a punto de salirse de su lugar, atravesar mis costillas y saltar fuera del pecho.
¿Acaso era que...? Imposible.
Ay, si hasta llegaba a pensar que él escuchaba lo fuerte que mi corazón estaba latiendo en ese momento y me ruborizaba aún más.
Su cuerpo aún estaba pegado al mío, aprisionándome contra la puerta, reteniéndome allí, inmovilizada. Tampoco quería salir. Dios. No sabía que hacer... No tenía ni la menor idea de cómo actuar en una situación como la que estaba pasando, más que nada porque eso nunca me había ocurrido, y mucho menos había pensado que me podría ocurrir... y es que, ¿quién se iba a imaginar que su mejor amigo la besaba así de esa manera? Quizás algunas chicas si... Porque hay de toda clase de gente en el mundo, no digo que esté mal. La cosa que a mi jamás de los jamases se me había pasado por la cabeza ni por una milésima de la milésima de un segundo.
Aunque ahora que lo pensaba bien...
Ay dios, mi mente era un manojo de contradicciones. Bill me ponía así.
—¿Me vas a responder? —volví a preguntar tras haberme aclarado la garganta para que mi voz sonase lo más normal posible. Bill entreabrió los labios un poco.
—Eh.. —¡Anne, puedes quedarte a dormir en casa! —ese grito proveniente desde el piso de arriba me hizo pegar un bote. Habían interrumpido a Bill. Éste se separó rápidamente de mi, al sentir pasos provenientes de la escalera y desvió la vista hacia otro sitio. Al liberarme de su contacto me sentí aliviada, aunque otra parte de mi pedía a gritos que volviera a tenerme como hacía un segundo atrás. Reprimí instantáneamente ese pensamiento, justo en el momento en que Tom aparecía frente a nosotros con una sonrisa en el rostro —¿me has escuchado? —me preguntó Tom con una sonrisa.
—¿Ah?
—Que puedes quedarte en casa, tontita, se lo pregunté a tu madre.
Abrí los ojos como platos. Lo que yo más quería era irme de este lugar. Vale no, en realidad quería quedarme para ver lo que pasaba con... ya basta.
—¿Ah, sí?
—Si —dijo que mañana por la mañana te trae ropa limpia para que te vayas a la escuela —me sonrió ampliamente. Asentí. No era tan mala idea después de todo aunque sintiera ganas de salir corriendo de esa casa, otra parte de mi quería quedarse por siempre junto a cierta persona.
Entonces, algo se me vino a la cabeza.
—¡Pero mañana tengo examen! —exclamé con los ojos muy abiertos. No estaba acostumbrada a que me fuera mal en la escuela, jamás me iba mal. Dios, los planes ya se habían ido a la mierda. Tom pareció pensar un poco, por su expresión de "Oh... ahh... ehh ¡Si!" que tenía en el rostro. Me hubiese parecido gracioso si no hubiese estado segundos atrás en esa situación con Bill.
—Pff Eso es fácil. Estudias con Bill y ya está ¿o es que tienes otra solución más fácil? —claro que tenía una solución más fácil: Reprobar el examen. No quería estudiar con Bill, no podía hacerlo, ¿por quien me tomaba? Él sabía que ambos estábamos enojados. Aunque yo en realidad no lo estuviera. La cosa es que seguramente a Tom se le había ocurrido la genial idea de estudiar juntos, a ver si arreglábamos nuestra amistad de una vez por todas. Pero lo que él no sabía, era que Bill me había besado. Y eso implicaba que a mi me diese vergüenza incluso mirarlo a la cara.
Dios, ya comenzaba a ponerme paranoica.
—Me parece buena idea. Eso me sorprendió por completo. No lo había dicho yo, ni Tom... había sido el mismo Bill, quien se ofrecía a estudiar conmigo. Y no lo había dicho de mala manera no. Su voz había sonado como siempre, suave, dulce, amistosa. Tú puedes enseñarme, ¿a que sí, Annie? me miró. Aparté la vista en un acto reflejo ¿qué parte de la historia me había perdido? Esto era completamente extraño.
—¿Ya se arreglaron? —preguntó Tom, haciendo que clavara mi mirada en él —oh, no me digan que estaban hablando justo ahora y los he interrumpido —hizo una pequeña "O" con sus labios y nos miró a ambos intermitentemente. Como ninguno de los dos se apresuró a responder, él dio un paso hacia atrás —lo siento, lo siento, de verdad —siguió avanzando de espaldas —si quieren pueden seguir hablando ahor...
—¡No! —casi grité y él se detuvo al instante —es que ya... ya lo arreglamos todo, no hace falta, Tom —hice una mueca. No había sido mi intención pegar un grito. Había salido sólo. Tom me miró con el ceño fruncido. Esto esta más que extraño.
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gracias por el beso por fin por finnnnn.....
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