24 febrero, 2013

Rette mich /Capítulo 10





CAPITULO 10

El día siguiente me desperté cerca del medio día. Me levanté rápidamente de la cama... y dios, si que hacía frío. 
Como no había nadie en casa, puse música y comencé a ordenar un poco me habitación. Estaba hecha un desastre. Desde hacía unos cuantos días no estiraba la cama, y no quitaba la ropa sucia que estaba amontonada en una especie de montaña sobre ella. 
Acabé agotada. Me lancé sobre la cama, ya hecha... daba gusto estar en algo limpio, lo que no daba gusto era ordenar y limpiar... 
Entonces, algo se me vino a la cabeza. 
Mierda, se me había olvidado. Se suponía que hoy tenía que ir a la casa de los gemelos para el almuerzo. Dios, que estúpida... 
Busqué en el armario una camiseta manga larga color negro y unos jeans ajustados del mismo color. Luego, cogí dos toallas y me metí a la ducha. 
Tras haberme secado el cabello, y arreglado un poco, me fui a poner las zapatillas. Enseguida tomé una chaqueta color negro y salí de la habitación. 
Hoy iba a ir de negro. A Bill le gustaría, seguro... Él siempre me decía que me veía sexy llevando ese tipo de ropa, cosas de amigos... 
Salí de casa cerrando la puerta tras de mi y comencé a caminar la única calle que me separaba de la casa de los Kaulitz. 
Una vez frente a la puerta de la casa de los gemelos, me puse a pensar. Quizás hubiese sido mejor rechazar la invitación. Porque se podía formar otro problema. Aunque, también podía tener la oportunidad de arreglar las cosas. Y esa era una oportunidad que no podía desperdiciar.... Aún así, me quedaba la inquietud. Ayer Bill se había comportado bien conmigo, o por lo menos durante unos cuantos minutos. Pero luego lo de Dylan... eso lo había echado todo a perder. Y es que cuando me había llamado había sonado extremadamente distante. 
Yo no quería estar de malas con él. Quería que todo fuese como antes. Incluso estaba dispuesta a añadir a Kattie en nuestros planes... Era definitivo. Tenía que arreglar las cosas con mi mejor amigo. 
Lo haría bien, y lo haría hoy.Piqué al timbre rápidamente. Ya que después me arrepentía y me devolvía a casa... Y no era mala idea. Luego podría llamar a Bill y avisarle que estaba enferma o que se yo. Pero ya era tarde. Escuchaba pasos del otro lado, pasos que se acercaban. La puerta se abrió. 
¡Hola! —me saludó Tom con una sonrisa ¿Ya se habría olvidado de lo de ayer? 
Emm... hola —suspiré y luego dejé aparecer una leve sonrisa en mis labios. No me sentía bien del todo. 
Vamos, entra —me invitó Tom haciéndose un lado. Pasé por el espacio que él me dejaba libre y luego cerró la puerta tras de mi. Pude ver la TV encendida en el salón, seguro Tom la había estado viendo... Ya que, si no era la guitarra, era la TV —¿...qué tal ayer con tu novio? 
Genial... —sonreí —incluso descubrí que mi hermano tiene novia —dije impresionada. Tom rió y comenzó a caminar hacia el sillón. Yo fui tras él. 
Mamá aún está cocinando... —me avisó. 
La iré a saludar —me di media vuelta. Escuché como Tom bufaba, pero no le di importancia y me metí en la cocina. 
Allí estaba Simone, agachada, mirando hacia el interior del horno. Había un olor delicioso... 
Hola, Simone —la saludé. ella no se había dado cuenta de mi presencia. Por lo que dio un salto, y mientras reía se levantó y cerró la puertecilla del horno. 
¡Hola, Anne! pensaba que no venías —me acerqué a ella y le planté un beso a la mejilla. 
—No podría rechazar tu comida, Simone —reí con ella ¿qué cocinas? 
Sorpresa, es sorpresa —siguió con esa voz tan amigable característica suya. 
Ya lo noté por el olor —reí. Luego salí de la cocina. 
Con Simone me llevaba genial. Ella era por así decirlo mi segunda madre. Incluso le podía hacer bromas... ella jamás se había enojado conmigo, jamás me había regañado , ni nada por el estilo. Le tenía mucha confianza. Además, como ella era muy amiga de mi madre todo era perfecto... 
Volví a entrar al salón. Me encaminé hacia el sillón, pero al fijarme en que no estaba Tom solo sentado en él, el corazón se me apuró y sentí algo oprimir mi pecho. La respiración se me volvió costosa... me había pillado desapercibida. Odiaba esos síntomas, no me gustaba para nada sentirme así cada vez que lo veía. Cada vez que veía a Bill. Él estaba con la mirada fija en la TV, pero luego, se giró hacia mi y me dedicó una mirada. No pude identificar odio, ni nada que se le pareciera. Eso me alivió un poco. Aunque, tampoco había esa típica alegría en él. Me acerqué a ellos y me senté en el espacio que había entre ellos. 
Hola, Bill —lo saludé al darme cuenta de que me había olvidado de hacerlo. 
Hola —vaya, no me había llamado Annie. 
¿Qué ven? —les pregunté para sacar tema. 
Una película —me contestó Tom Shht, que está en la mejor parte. 
Dios, esa película ya la había visto un montón de veces antes y realmente no tenía ganas de verla de nuevo. Los gemelos siempre veían películas repetidas... y siempre quedaban fascinados. Era algo que yo no comprendía. 
Me aburrí. Durante todos esos minutos del emocionante final de esa película, estuve mirando a los gemelos intermitentemente. Bill, no quitaba la vista de la TV, estaba de brazos cruzados y parecía estar tenso. Él corazón aún me andaba rápido... Y tenía la impresión de que iba a acabar tirándome yo misma el cabello, si él no me dedicaba aunque fuese una mirada. Tom, por su lado, estaba con la boca abierta, muy concentrado en la pantalla. Era impresionante en lo bobo que ese chico se podía convertir con una simple película... O una chica. 
Sentí mi estómago rugir... dios, que hambre que tenía. No había comido nada... 
¡Chicos! —nos llamó Simone con un grito desde el comedor. Supuse que ya todo estaba servido... 
¡Un segundo mamá! Tom le respondió a su madre en el mismo tono de voz. 
—¡...Ya va a acabar! le siguió Bill. No sé si habría sido por la sorpresa del grito o simplemente porque era él quien daba ese grito, pero me estremecí. Sentí que el vello de la nuca se me erizaba y la respiración se me volvió aún más costosa. Era horrible.. Y extraño a la vez. Él no sabía todas esas sensacions que provocaba en mi. Y de algún modo, sentía vergüenza a que lo supiera. Aún estaba deseando ver aunque fuese una sonrisa suya. Una sonrisa de verdad... una sonrisa de cariño, dirigida hacia mi. Quería que nos arregláramos. Y eso iba a pasar, tenía que pasar. Y estaba segura de que iba a pasar, pues yo haría que pasara. Todo iba a volver a ser como antes. Con Kattie añadida, claro. Pero estaba dispuesta a pagar ese costo, era por Bill... Bill era mi mejor amigo. Y por Kattie, claro está. Ella también era amiga mía y ocupaba un lugar de mi corazón. 
...Aunque fuese un trozo que cada vez se hacía más y más pequeño. Intenté quitarme ese último pensamiento de la cabeza. pero es que tan sólo el hecho de que ella estuviese con Bill me ponía de mal humor. Seguro él la abrazaba, la besaba, la tenía muy cerca de él, la quería... ¿y por que no lo haría? eran novios. No es que yo estuviese celosa, claro que no... en absoluto. 
Vale, si. Estaba un poco celosa. Pero sólo un poco. 
...Ok. Si, lo acepto. Soy una celosa de mierda. Pero, tengo una justificación. 
Me gusta Bill. Sus ojos, sus gestos, sus expresiones, su voz, su forma de ser, de actuar, de comportarse conmigo, de sonreír, de abrazarme... tan solo completaban la milésima parte de todas las cosas que yo amaba de él. Y sí que eran bastantes cosas. 
Pero aunque Bill me gustara, no quería decir que yo no amara a mi novio. Porque gustar era algo diferente a amar, ¿no? 
Y sí, lo aceptaba. 
Al cabo de unos cuantos días de confusión, aceptaba finalmente, que Bill Kaulitz, mi mejor amigo me gustaba. Dios, eso sonaba horrible si lo pensaba así de esa manera. Y es que aunque yo quisiese que él no me gustara, no lo podía cambiar. Me gustaba y ya. Todos los síntomas los confirmaban. Incluso Alex lo había dicho. Alex. Tenía que hablar con ella, desde esa última vez no habíamos vuelto a hablar. 
¡Chicos! ¡la comida se enfría! —volvió a insistir Simone, sacándome de mis pensamientos. Los gemelos se levantaron del sillón, Tom apagó la TV... por suerte la película acababa de terminar. Ambos se desperezaron y luego comenzaron a caminar hacia el comedor. Yo me fui tras ellos. 
Y ahora que lo pensaba... No era sólo Bill el extraño. Eran los dos. A ellos les pasaba algo, estaba segura. También estaba segura que era algo que tenía que ver conmigo... o Dylan. 
Suspiré y entré en el comedor. La situación no me gustaba para nada. Los gemelos se estaban acomodando en las sillas. Me acerqué a la primera silla libre que vi y me senté. Quedé a un lado de Tom, frente a Bill, quien estaba al frente de su madre. 
La comida iba a estar deliciosa... Simone cocinaba de maravilla. 
Y lo estuvo. Aunque el ambiente del comedor los era todo menos cómodo. No me encontraba bien en ese lugar. Había cierta tensón en esa habitación. Simone fue la única que habló durante toda la cena. Haciendo unas cuantas preguntas de las cuales contestábamos sólo con monosílabos o una que otra palabra. 
¿Que les pasaría a los gemelos? lo iba a hablar con ellos. También hablaría con Bill en privado. 
Al terminar, Simone se levantó de la mesa y comenzó a recoger los platos del postre. Que por cierto, había estado delicioso. Todo quedó en silencio cuando ella dejó de hacer ruido y desapareció por la puerta hacia la cocina. Miré a Bill que estaba frente a mi. Estaba jugando con sus manos sobre la mesa, mirándolas directamente ¿Como podía ser así? Así tan... tan... tan él. Tan hermoso. 
Hermoso. se suponía que Dylan era hermoso... Dios, este último tiempo todo iba mal. 
Sentí moverse a Tom a mi lado. Se estaba acomodando en la silla, dejando ambos brazos sobre la mesa apoyando su cabeza sobre ellos. No tenía idea de porque seguíamos allí sentados. A lo mejor esperaban a que yo me fuera... Pero yo no me iba a ir así de rápido y fácil. 
Iba a hablar con ellos. Y creo que era el momento. 
Vamos, Anne. 
Abrí la boca. Pero no salió nada... Las palabras que necesitaba no se me venían a la cabeza. 
Entonces, sentí a Tom moverse un poco a mi lado. Estaba haciendo el ademan de levantarse. Ahora o nunca. Lo cogí del brazo y lo volví a sentar. Él me miró extrañado. Entonces... me aclaré la garganta y hablé. 
Chicos... ¿están enojados conmigo? 
Los gemelos se miraron al instante y parecieron reaccionar un poco. Se enderezaron en la silla y luego clavaron sus ojos en mi. Sentí el nerviosismo correr en mi interior. Respiré un par de veces, para intentar calmarme. Los chicos aún no me respondían. 
Emm... no —habló Tom —por lo menos yo, no estoy enojado contigo, Anne. 
Sonreí de medio lado. 
Ah, es que como estabas tan extraño —lo miré. Él estaba sonriendo. 
Bill me pone así con su estúpido comportamiento. Me irrita... —no completó la oración y dejó salir un "auch" entre sus labios. Se calló al instante. Miré a Bill. Este fulminaba con la mirada a su hermano. Realmente estaba extraño. Se me apresuró el corazón... Dios, estaba enojado. Así iba a ser mucho más difícil hablar con él. El salón volvió a quedar en silencio. Un silencio incómodo aún peor que el del almuerzo, minutos antes... 
¿Bill? —lo llamé. Este me miró de la misma forma que a su hermano. Dolió. No quería que él me odiara. Casi me asesinaba con la mirada... dios, si las miradas matasen... 
¿Qué? —me preguntó. 
¿Estás enojado? ya estaba claro que si lo estaba enojado. La cosa es que a lo mejor estaba enojado conmigo... o con alguna otra persona. A lo mejor tenía sus razones y todo. Billl volvió a dirigirle una mirada a Tom. 
¿Que me vaya? Bill asintió. Luego, Tom se levantó de la silla y salió del comedor rápidamente. Ya veía en cualquier momento que Bill se abalanzaba sobre mi a clavarme un cuchillo. Su expresión no me gustaba... Incluso daba algo de miedo. 
¿...Y? —lo invité a hablar. Cogió aire con fuerza, pude notarlo. 
No quiero que sigamos siendo amigos —dijo frío. Su voz no había tenido ningún sentimiento. Al contrario de la expresión de su rostro, no había odio en ella. Pero aún así, me congelé. ¿Que no fuésemos amigos? ¿Por qué? 
Los ojos se me habían abierto de la impresión. Él no podía estar diciendo eso... No tenía una razón, no había justificativo. Además, yo lo quería. Y... y, siempre habíamos estado juntos, no nos podíamos separar así como así por alguna bobada. 
¿Q...qué? —le pregunté aturdida. Bill puso los ojos en blanco. 
Que ya no quiero que sigas siento mi amiga. Yo tampoco quiero seguir siendo tu amigo. Más claro no te lo puedo decir. 
Pe...pero... —me cortó. 
No quiero que me vuelvas a hablar, desde ahora será como si nunca nos hubiésemos conoci... —yo lo corté esta vez. 
¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué ocurrió? ¿Estás enojado? ¿Que te pasa? f a decir algo pero yo lo corté nuevamente. Me estaba quedando sin respiración ¡si tu no me lo dices no puedo hacer nada! —casi grité. Bill se levantó de la silla. 
No quiero hablar contigo ahora. 
¿Pero qué es lo que te pasa? —rodeé la mesa y me apresuré en cogerlo del brazo. Lo detuve, clavándole los dedos en la piel. Esperé. Mientras sentía el corazón en la cabeza y los nervios apoderarse de mi ¿Por qué, Bill? —aspiré aire costosamente. 
Ya no te necesito... es eso —se encogió de hombros. No pude verle el rostro. Y eso me hizo que me sintiera aún peor. 
¡Pero, Bill! —lo sacudí un poco. Sentí que los ojos me comenzaban a picar —no bromees con esto... eres importante para mi. 
—Ya déjame, Anne. Creo que ya te dejé todo claro... 
Nos me has dicho porqué —intenté nos pestañear, los ojos se me habían nublado. 
Tampoco pienso decírtelo. Sólo aléjate de mi —comenzó a caminar y con un movimiento se deshizo rápidamente de mi agarre. 
¡Bill! —lo volví a tomar. 
¡Ya déjame! —se volvió a soltar. 
¡Ya deja de jugar, Bill! —le di con la mano en la espalda. Él ni siquiera se inmutó... se limitó a seguir 
caminando no me hagas esto... —lo comencé a seguir te quiero, y lo sabes... por lo menos explícame el porqué... —una de las lágrimas contenidas en mis ojos calló, rodando por mi mejilla. Intenté ahogar un sollozo ¡Bill, por favor! 
Él seguía caminando sin siquiera voltearse, y yo lo seguía. 
Pasamos por fuera de la cocina... Pude ver a Simone mirándonos con la boca abierta. 
¡Bill! —volví a cogerlo del brazo, al pie de la escalera. 
¡Basta, Anneme gritó ¡ya deja esta mierda!, ¡no me hables! —se soltó. 
—Pero, pero... 
Comenzó a subir las escaleras rápidamente, y yo a seguirlo a paso rápido. 
Subimos al segundo piso, le cogí la camiseta. Pero él ya estaba dentro de su habitación. Tomó la puerta, me vi obligada a soltarlo, y luego la cerró en mi cara. 
Contuve la respiración, intentando así, disminuir la molestia que tenía en el pecho. Me pasé una mano por los ojos e intenté tragarme el resto de las lágrimas. El portazo de Bill aún resonaba en mis oídos, una y otra vez, de forma repetitiva. No me gustaba esto. No me gustaba esa sensación. 
Me vi obligada a coger aire... Y me llevé rápidamente una mano a la boca para ahogar un sollozo. Se suponía que iba a arreglar las cosas, no a empeorarlas... Pero todo había salido mal. 
Estúpida, estúpida, estúpida. No debería haber venido... no debería estar aquí. Esto no debería haber pasado... ese día, en el juego de la botella, no tendría que haber jugado. Todo habría sido diferente. No habría perdido a mi mejor amigo, él no estaría con Kattie, a mi no me gustaría y estaríamos felices igual que siempre. Y no así... separados por una simple puerta, pero a la vez a kilómetros de distancia. Él ya no se quería acercar a mi y yo ni siquiera sabía la razón. 
A lo mejor... yo ya lo había cansado. O quizás era por Kattie. Quizás ahora él sólo tenía ojos para ella, sólo la quería a ella y no necesitaba a nadie más en su vida. A lo mejor él la amaba. Pensar eso hacía que me doliera el pecho... Dios, ni siquiera me había llamado Annie, como siempre lo había hecho. 
Le di un golpe a la puerta, esperando que me abriese. Pero no. Esperé allí fuera un tiempo que se me hizo eterno. La mejor cosa que podía hacer en un momento así era abandonar todo. Abandonar esa situación y ya. No había remedio. No para mi. Lo negativo y el pesimismo me inundaban... pero es que ¿qué más podía hacer? Absolutamente nada... 
Bill no me abriría la puerta, yo lo conocía a la perfección. Tenía que buscarme otro momento para hablar con él. Aunque ya estaba claro que eso era algo que él no quería hacer. Suspiré y mi cuerpo templó un poco. Tensé la mandíbula. 
Me iba a ir de ese lugar cuanto antes, sería lo mejor. Me di media vuelta y comencé a caminar hacia las escaleras. Tenía la mínima esperanza de que Bill saliese de la habitación y me dijera que todo era una broma... pero eso nunca ocurrió. 
Llegué al piso de abajo. Vi a Simone de pie a un lado de la escalera. Me dijo algo que no logré entender... Pero seguí caminando sin prestarle atención. Atravesé el salón. Allí estaba Tom, me miró. Sólo me miró...  
Abrí la puerta de la casa Kaulitz, salí fuera y la cerré. 
Y por segunda vez en poco tiempo, había salido enojada de allí. O más bien triste. Tuve la sensación de que nada iba a volver a ser igual. De que a partir de lo que había ocurrido, todo iba a ser de manera diferente. Aunque Bill y yo nos arregláramos, cosa que comenzaba a dudar, no íbamos a tener la misma confianza que antes... No íbamos a ser esos mismo amigos que alguna vez habíamos sido. Ya que, por lo menos por parte mía, no era sólo amistad. Bill me gustaba. 
Me pasé la mano por los ojos una vez mas. Media calle y ya estaría en mi casa. Lo que más deseaba era llegar. No quería hacer un show aquí, echándome a llorar en público. No me gustaba que la gente me viera llorando. La angustia era inmensa... No podía contener los sollozos en mi garganta por mucho tiempo... Comencé a correr hasta llegar a la puerta de casa. Busqué la llave en todos los bolsillos, hasta encontrarla. Y al tercer intento de hacer que entrara en la cerradura, lo logré. Con las lágrimas amontonadas en los ojos no veía nada. La giré costosamente hacia un lado y luego empujé la puerta, pasando con ella hacia dentro de la casa. Quité la llave de la cerradura y luego cerré la puerta. Me apresuré en correr escaleras arriba. Entré en mi habitación y luego de ponerle el cerrojo a la puerta, me lancé sobre la cama boca abajo. 
Había perdido a mi mejor amigo. A una de las personas que yo más quería en el mundo, a una de las personas más importantes para mi. A una de las pocas personas que me hacía feliz... 
¿Por qué la vida era así de injusta? Podría haberlo dado absolutamente todo... Pero no. Yo era la que echaba a perder las cosas. Yo era la que tenía la culpa de todo. 
Si tan sólo Bill me hubiese dado una razón para esto... 
Dios, ya lo había perdido.



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