CAPITULO 69
Contuve la respiración si saber qué hacer y sin poder evitar buscar sus ojos. Ella apartó la mirada de golpe. Verla allí, saber que estábamos en la misma habitación, que era ella… parecía irreal. Pero… era real. Era Meer, mi pequeña. El alivio me recorrió el cuerpo por completo e incluso me sentí con más fuerzas, aunque eso no me quitó el nerviosismo y la desesperación. Tragué saliva costosamente.
—Sí, em… yo iba al baño, si —murmuró Liam antes de salir del lugar casi corriendo. Y es que podía sentirse lo tenso que estaba el ambiente, yo también habría corrido al estar en su lugar.
Nos quedamos solos. Ella no quería mirarme, evitaba mis ojos a toda costa. Observé que estaba sin zapatos y me di cuenta entonces de que tenía el cabello mojado, traía unos shorts y la parte de arriba de un bañador, me di cuenta que algo no estaba bien en esa zona, digo, estaba diferente, quizás eran ilusiones mías. Entonces lo recordé. Mis ojos se clavaron, sin yo poder evitarlo, en su panza. Era imposible que hubiese algo allí. Vamos, no era el mismo vientre plano que recordaba pero era tan pequeña que…
¿Y si Isabella me había mentido?
—¿Qué haces aquí? —un escalofrío me recorrió el cuerpo al escuchar su voz. Me miró durante unos segundos, para después volver a bajar la mirada y entrelazar sus brazos. Me di cuenta de que tenía un aspecto demacrado… me fijé sobre todo en las enormes ojeras alrededor de sus ojos. No pude evitar sentirme culpable por todo esto. Y es que todo era mi culpa, a decir verdad.
—Yo… —no lograba pensar en una frase coherente para decirle. Sentí el fuerte deseo de acercarme a ella y abrazarla. Estábamos bastante alejados y la necesidad de tenerla entre mis brazos era más fuerte que cualquier otro sentimiento de nerviosismo o temor a su reacción —perdóname, Mery —respiré con fuerza, ella volvió a mirarme, con la boca entreabierta y los ojos humedecidos —me comporté como un estúpido, perdóname. Lo hice sin pensar, yo… me equivoqué —dejé de hablar incoherencia y esperé alguna respuesta de su parte, pero ella ni siquiera se movió —lamento haber olvidado nuestro aniversario, y lamento haberte gritado y haberme enojado… y haber dejado que te fueras. Soy un tonto, por favor perdóname —ya comenzaba a desesperarme, ella no me respondía, se limitaba a observarme sin quitarme los ojos de encima —por favor… —el tono de mi voz había delatado lo desesperado que me encontraba en este momento.
La habitación quedó en completo silencio. Y comencé a plantearme la idea de arrodillare en el suelo y suplicar su perdón a gritos.
—B…Bill —su voz se quebró y comenzó a sollozar. Me quedé de piedra, observando cómo se llevaba las manos a los ojos con fuerza para limpiarse las lágrimas. Sentí ganas de llorar yo también. Me mordí el labio interior —Bill… —volvió a repetir sin dejar de llorar —Es…estás aquí —y eso fue todo, no necesitaba una palabra más. Simplemente me apresuré a llegar donde ella se encontraba y tomé sus manos, que aún seguían sobre sus ojos.
—Tranquilízate, no llores… por favor —le pedí casi suplicando. Si ella seguía así yo también comenzaría a llorar. No me gustaba verla así, estaba sufriendo.
—Bill… —repitió mi nombre por tercera vez. Se mordió los labios, sin dejar de soltar lágrimas e intentando ya no sollozar, cosa que no lograba… pues su cuerpo se convulsionaba más y más.
—Perdóname —tomé su rostro entre mis manos —amor, perdóname… —limpié sus lágrimas con mis dedos, sintiendo la suavidad de sus mejillas y escuchando su fuerte respiración.
—Sí, em… yo iba al baño, si —murmuró Liam antes de salir del lugar casi corriendo. Y es que podía sentirse lo tenso que estaba el ambiente, yo también habría corrido al estar en su lugar.
Nos quedamos solos. Ella no quería mirarme, evitaba mis ojos a toda costa. Observé que estaba sin zapatos y me di cuenta entonces de que tenía el cabello mojado, traía unos shorts y la parte de arriba de un bañador, me di cuenta que algo no estaba bien en esa zona, digo, estaba diferente, quizás eran ilusiones mías. Entonces lo recordé. Mis ojos se clavaron, sin yo poder evitarlo, en su panza. Era imposible que hubiese algo allí. Vamos, no era el mismo vientre plano que recordaba pero era tan pequeña que…
¿Y si Isabella me había mentido?
—¿Qué haces aquí? —un escalofrío me recorrió el cuerpo al escuchar su voz. Me miró durante unos segundos, para después volver a bajar la mirada y entrelazar sus brazos. Me di cuenta de que tenía un aspecto demacrado… me fijé sobre todo en las enormes ojeras alrededor de sus ojos. No pude evitar sentirme culpable por todo esto. Y es que todo era mi culpa, a decir verdad.
—Yo… —no lograba pensar en una frase coherente para decirle. Sentí el fuerte deseo de acercarme a ella y abrazarla. Estábamos bastante alejados y la necesidad de tenerla entre mis brazos era más fuerte que cualquier otro sentimiento de nerviosismo o temor a su reacción —perdóname, Mery —respiré con fuerza, ella volvió a mirarme, con la boca entreabierta y los ojos humedecidos —me comporté como un estúpido, perdóname. Lo hice sin pensar, yo… me equivoqué —dejé de hablar incoherencia y esperé alguna respuesta de su parte, pero ella ni siquiera se movió —lamento haber olvidado nuestro aniversario, y lamento haberte gritado y haberme enojado… y haber dejado que te fueras. Soy un tonto, por favor perdóname —ya comenzaba a desesperarme, ella no me respondía, se limitaba a observarme sin quitarme los ojos de encima —por favor… —el tono de mi voz había delatado lo desesperado que me encontraba en este momento.
La habitación quedó en completo silencio. Y comencé a plantearme la idea de arrodillare en el suelo y suplicar su perdón a gritos.
—B…Bill —su voz se quebró y comenzó a sollozar. Me quedé de piedra, observando cómo se llevaba las manos a los ojos con fuerza para limpiarse las lágrimas. Sentí ganas de llorar yo también. Me mordí el labio interior —Bill… —volvió a repetir sin dejar de llorar —Es…estás aquí —y eso fue todo, no necesitaba una palabra más. Simplemente me apresuré a llegar donde ella se encontraba y tomé sus manos, que aún seguían sobre sus ojos.
—Tranquilízate, no llores… por favor —le pedí casi suplicando. Si ella seguía así yo también comenzaría a llorar. No me gustaba verla así, estaba sufriendo.
—Bill… —repitió mi nombre por tercera vez. Se mordió los labios, sin dejar de soltar lágrimas e intentando ya no sollozar, cosa que no lograba… pues su cuerpo se convulsionaba más y más.
—Perdóname —tomé su rostro entre mis manos —amor, perdóname… —limpié sus lágrimas con mis dedos, sintiendo la suavidad de sus mejillas y escuchando su fuerte respiración.
—Pensé que no vendrías —y todos mis intentos de calmarla fueron en vano, pues ella comenzó a llorar más fuerte. La abracé, y ella me apretó entre sus brazos con fuerza. Estaba seguro de que mi corazón se escuchaba en toda California. No sabía aún como me sentía, era un huracán de sentimientos inexplicables. Me aferré a su cuerpo como si mi vida dependiera de ello y hundí mi rostro en su cabello húmedo. Al fin la tenía entre mis brazos, después de todos estos días interminables y angustiosos, ella estaba conmigo. Había cruzado el océano sólo para buscarla y pedirle disculpas… y ahora la tenía pegada a mí cuerpo, ahora podía protegerla. Cerré los ojos con fuerza, deseando que ella dejara de llorar. Odiaba verla así —pensé que nunca volvería a verte —su voz temblaba, ella temblaba. La sostuve con fuerza en el momento en que sus rodillas fallaron, tragándome las lágrimas. Tenía bastantes ganas de llorar pero no podía hacerlo ahora que Meer estaba mal.
—Mery…—intenté separarla de mi para poder ver su rostro, pero ella se aferró con más fuerza a mi cuerpo preciosa, lo siento mucho, de verdad. No sabes lo mal que me siento, perdóname —acaricié su espalda con cuidado, temiendo alguna reacción por parte de ella.
—Mery…—intenté separarla de mi para poder ver su rostro, pero ella se aferró con más fuerza a mi cuerpo preciosa, lo siento mucho, de verdad. No sabes lo mal que me siento, perdóname —acaricié su espalda con cuidado, temiendo alguna reacción por parte de ella.
—Y…yo, yo exageré —habló sin depararse de mi —no tendría que haberme ido, es mi culpa también, perdóname. Soy una tonta —esto sí que no me lo esperaba. Mery no podía echarse la culpa de algo que yo había hecho. También se sentía culpable con lo que estaba pasando aunque ella no hubiese hecho nada malo. Simplemente había huido y de algún modo la comprendo, yo me comporté muy mal.
—No, no, tú debes perdonarme —se quedó en silencio, ya un poco más calmada —sabes que te amo, Mery… nunca volverá a pasar algo así, lo prometo. Pero debes perdonarme, por favor… —intenté tomar su rostro y separarla de mí, nuevamente. Quería ver sus ojos. Esta vez ella se dejó hacer, apartándose un poco pero sin soltarme —¿puedes perdonarme? —pregunté. Observé sus ojos, estaban rojos, al igual que sus mejillas. Aun así seguían siendo hermosos y completamente hipnotizantes. Podría quedarme horas y horas observándola sin hartarme. Mis ojos bajaron entonces hacia sus labios. Tenerlos así de cerca me hacía estremecerme tan sólo de las ganas que tenía de besarla —¿Pu…puedes hacerlo? —ella asintió levemente, mordiéndose los labios. Sentí que sus manos apretaban mi camiseta en mi espalda, con fuerza.
—Pero debes… debes prometerme a… algo —hipó. Ella tomó mucho aire y se quedó en silencio.
—Lo que sea, amor, cualquier cosa… —cerré los ojos y me acerqué más a ella, a su rostro. Al punto en que nuestras narices se rozaron.
—No, no, tú debes perdonarme —se quedó en silencio, ya un poco más calmada —sabes que te amo, Mery… nunca volverá a pasar algo así, lo prometo. Pero debes perdonarme, por favor… —intenté tomar su rostro y separarla de mí, nuevamente. Quería ver sus ojos. Esta vez ella se dejó hacer, apartándose un poco pero sin soltarme —¿puedes perdonarme? —pregunté. Observé sus ojos, estaban rojos, al igual que sus mejillas. Aun así seguían siendo hermosos y completamente hipnotizantes. Podría quedarme horas y horas observándola sin hartarme. Mis ojos bajaron entonces hacia sus labios. Tenerlos así de cerca me hacía estremecerme tan sólo de las ganas que tenía de besarla —¿Pu…puedes hacerlo? —ella asintió levemente, mordiéndose los labios. Sentí que sus manos apretaban mi camiseta en mi espalda, con fuerza.
—Pero debes… debes prometerme a… algo —hipó. Ella tomó mucho aire y se quedó en silencio.
—Lo que sea, amor, cualquier cosa… —cerré los ojos y me acerqué más a ella, a su rostro. Al punto en que nuestras narices se rozaron.
—Debes prometerme q…que nunca más pasaremos por esto —suspiró con fuerza. Besé su mejilla húmeda, sintiendo el sabor de sus lágrimas en mis labios.
—Lo prometo —y esta promesa sí que iba en serio, la cumpliría así tuviera que morir en el intento. A mí tampoco me había causado gracia estar en una situación así.
—Y que nunca vas a dejar de quererme —Eso nunca. Si no había podido dejar de quererla en esos tres años que ella estuvo lejos, era mucho menos probable deja de quererla ahora. Después de que habíamos vivido todo esto. Ella mi chica, mi pequeña y eso nunca cambiaría. El amor nunca acabaría, no lo permitiría.
—Prometo nunca dejar de amarte —remarqué la última palabra. Lo nuestro no era simple cariño, no. Esto era algo más grande, algo mucho más grande. Amor. Yo estoy enamorado de Mery, bobamente enamorado desde hace años. Y eso nunca va a cambiar, no puede cambiar. Estoy loco por ella desde ese día en que nos vimos en la tienda y loco estaré hasta la muerte.
—Lo prometo —y esta promesa sí que iba en serio, la cumpliría así tuviera que morir en el intento. A mí tampoco me había causado gracia estar en una situación así.
—Y que nunca vas a dejar de quererme —Eso nunca. Si no había podido dejar de quererla en esos tres años que ella estuvo lejos, era mucho menos probable deja de quererla ahora. Después de que habíamos vivido todo esto. Ella mi chica, mi pequeña y eso nunca cambiaría. El amor nunca acabaría, no lo permitiría.
—Prometo nunca dejar de amarte —remarqué la última palabra. Lo nuestro no era simple cariño, no. Esto era algo más grande, algo mucho más grande. Amor. Yo estoy enamorado de Mery, bobamente enamorado desde hace años. Y eso nunca va a cambiar, no puede cambiar. Estoy loco por ella desde ese día en que nos vimos en la tienda y loco estaré hasta la muerte.
—Yo tampoco dejaré de amarte, Bill —susurró, con la voz temblorosa. Rocé sus labios despacio, con suma delicadeza. Estaban tibios y salados… claro, había estado llorando. Acaricié sus mejillas con mis dedos, mientras me dejaba llevar por los sentimientos. Los labios de Mery me habían devuelto a la vida, eran lo que había estado necesitando todo este tiempo… necesitaba una razón para estar vivo, para luchar, para tener fuerzas… y esa razón estaba aquí, conmigo.
Esa razón era Mery, mi obsesión.
—Bill… —murmuró separándose un poco, sin llegar a soltarme. La miré, ella también me miró. La noté un poco nerviosa —fui… fui yo quien terminó contigo ¿recuerdas? —asentí. ¿Cómo no recordarlo? Fue el doloroso motivo de este viaje —quiero pedirte que seas mi novio de nuevo —me quedé sin respiración. Me había perdonado, era definitivo ¡Me había perdonado! Me sentí tan feliz que me dieron ganas de salir a la calle y gritarle a todo el mundo que amo a Mery, que es mi chica. Hice un esfuerzo para regular mi respiración y los latidos de mis corazón, pero no funcionó.
—Hum, bueno… tenía la intención de pedírtelo yo —bromeé —ya sabes, porque a vez anterior también lo hiciste tú —Mery sonrió ampliamente, soltando una risita. Lo recordaba, sí. Ese día en el aeropuerto, cuando fuimos a despedir a Emma. Aún recuerdo como corría graciosamente hacia mí con la pierna rota.
—Bien… puedes pedírmelo tú entonces.
—Mery, ¿quieres ser mi novia? —pregunté. Sentí una presión agradable en el pecho.
—Si —sonreí.
Suspiré aliviado. Volví a abrazarla, con el corazón latiéndome de una forma bestial. Este es uno de esos momentos es que me siento la persona más feliz del planeta. Y es que lo soy… soy la persona más feliz de planeta porque tengo a Mery conmigo, siendo mi novia de nuevo.
—Hum, bueno… tenía la intención de pedírtelo yo —bromeé —ya sabes, porque a vez anterior también lo hiciste tú —Mery sonrió ampliamente, soltando una risita. Lo recordaba, sí. Ese día en el aeropuerto, cuando fuimos a despedir a Emma. Aún recuerdo como corría graciosamente hacia mí con la pierna rota.
—Bien… puedes pedírmelo tú entonces.
—Mery, ¿quieres ser mi novia? —pregunté. Sentí una presión agradable en el pecho.
—Si —sonreí.
Suspiré aliviado. Volví a abrazarla, con el corazón latiéndome de una forma bestial. Este es uno de esos momentos es que me siento la persona más feliz del planeta. Y es que lo soy… soy la persona más feliz de planeta porque tengo a Mery conmigo, siendo mi novia de nuevo.
—Gracias, amor —murmuré, cerrando los ojos con fuerza. Me pregunté si todo esto era un sueño… parecía tan irreal. Nunca podría haberme imaginado que mi pequeña reaccionaría de esta manera, ni en el mejor de los casos. Es por eso que todo esto era muy extraño, pero a la vez me gustaba. Era un momento de felicidad absoluta. Un momento que se vio interrumpido cuando ella se separó de mí de golpe, escapándose de mis brazos sin que yo me diera cuenta. Retrocedió un paso hacia atrás cuando intenté acercarme de nuevo.
Se notaba asustada. Eso me asustó a mí también.
De pronto todo se había vuelto confuso e inexplicable ¿A qué venía todo esto? me miraba como si se arrepintiera de haber cometido el peor de los delitos.
—¿Qué pasa? —ella negó con la cabeza repetidas veces, sus ojos comenzaron a humedecerse nuevamente —me preocupas, Mery—hablé serio. Lo que estaba pasando era bastante serio. Se había puesto así de la nada y sin explicación aparente ¿Acaso yo había hecho algo mal?
—Perdóname, Bill —se llevó una mano a los ojos y comenzó a sollozar ¿Era idea mía o Mery estaba sensible al extremo? Nunca antes la había visto así, comenzaba a temer por su salud mental. Se estaba volviendo loca.
—No tengo que perdonarte nada, no has hecho nada malo, amor… ¿verdad? —a no ser que… que ese tal Liam no fuera su hermano y Mery hubiese estado con él estos días. Me estremecí, si era así iba en este mismo momento a romperle la cara a ese…
Se notaba asustada. Eso me asustó a mí también.
De pronto todo se había vuelto confuso e inexplicable ¿A qué venía todo esto? me miraba como si se arrepintiera de haber cometido el peor de los delitos.
—¿Qué pasa? —ella negó con la cabeza repetidas veces, sus ojos comenzaron a humedecerse nuevamente —me preocupas, Mery—hablé serio. Lo que estaba pasando era bastante serio. Se había puesto así de la nada y sin explicación aparente ¿Acaso yo había hecho algo mal?
—Perdóname, Bill —se llevó una mano a los ojos y comenzó a sollozar ¿Era idea mía o Mery estaba sensible al extremo? Nunca antes la había visto así, comenzaba a temer por su salud mental. Se estaba volviendo loca.
—No tengo que perdonarte nada, no has hecho nada malo, amor… ¿verdad? —a no ser que… que ese tal Liam no fuera su hermano y Mery hubiese estado con él estos días. Me estremecí, si era así iba en este mismo momento a romperle la cara a ese…
—Tengo miedo —Cortó mis pensamientos. Sonaba como una niña pequeña e indefensa. Temí que algo malo estuviera pasando, sobre todo por Liam que ya se me había metido en la cabeza. Lo mataría.
—¿Por qué? —pregunté. Con lo que me había dicho no me dejaba nada claro todavía. Sus palabras no podían interpretarse de ninguna manera, a no ser que se tratara de…
—Porque… ogh, Bill… yo… voy a echar a perder tu vida, lo siento mucho, de verdad. Mira, no estás obligado a nada, puedes dejarme, olvidarte de mí y… y seguir con tu vida como si nada de esto hubiese pasado —hablaba tan rápidamente que me costaba entenderlo —de verdad no quiero que seamos —¿seamos? —un estorbo para ti porque ese día me sentí muy mal y entiendo que tienes que hacer otras cosas y ocuparte de tu trabajo en vez de ocuparte de nosot… de mi —me quedé en shock. Había dicho nosotros, había hablado en plural. Era… era cierto. Mi Mery estaba… ella estaba…
—Nosotros —repetí sus palabras, luego de unos segundos de más, ignorando todo lo demás que había dicho. Mi atención sólo se había fijado en esa parte de su cuerpo que me interesaba y asustaba a la vez.
—Estoy... —se quedó muda y sin dejar de temblar ni mirarme.
—¿Estás embarazada? —pregunté de golpe. Ella salió del trace y miró sus pies, jugando con sus dedos, aun llorando. Asintió —¿estás… segura? —pregunté, sintiendo un nudo en la garganta. Estas no eran palabras livianas —¿Tienes síntomas? ¿Te hiciste pruebas? ¿Has ido al médico?
—¿Por qué? —pregunté. Con lo que me había dicho no me dejaba nada claro todavía. Sus palabras no podían interpretarse de ninguna manera, a no ser que se tratara de…
—Porque… ogh, Bill… yo… voy a echar a perder tu vida, lo siento mucho, de verdad. Mira, no estás obligado a nada, puedes dejarme, olvidarte de mí y… y seguir con tu vida como si nada de esto hubiese pasado —hablaba tan rápidamente que me costaba entenderlo —de verdad no quiero que seamos —¿seamos? —un estorbo para ti porque ese día me sentí muy mal y entiendo que tienes que hacer otras cosas y ocuparte de tu trabajo en vez de ocuparte de nosot… de mi —me quedé en shock. Había dicho nosotros, había hablado en plural. Era… era cierto. Mi Mery estaba… ella estaba…
—Nosotros —repetí sus palabras, luego de unos segundos de más, ignorando todo lo demás que había dicho. Mi atención sólo se había fijado en esa parte de su cuerpo que me interesaba y asustaba a la vez.
—Estoy... —se quedó muda y sin dejar de temblar ni mirarme.
—¿Estás embarazada? —pregunté de golpe. Ella salió del trace y miró sus pies, jugando con sus dedos, aun llorando. Asintió —¿estás… segura? —pregunté, sintiendo un nudo en la garganta. Estas no eran palabras livianas —¿Tienes síntomas? ¿Te hiciste pruebas? ¿Has ido al médico?
—En la ma…mañana fui al médico y… —rompió a llorar con más fuerza, llevándose ambas manos al rostro. Me acerqué al instante y le quité el cabello de la cara con suavidad —puedes irte si quieres —espetó.
—No quiero —me apresuré en hablar —¿qué te hace pensar que quiero irme? ¿estás loca? —quité sus manos de su rostro —¿Piensas que voy a dejarte sólo porque estás embarazada? ¿De verdad piensas que soy así, Meer? —la miré seriamente, analizando su expresión. Ella negó con la cabeza, para luego encogerse de hombros.
—Soy una tonta —comenzó a llorar nuevamente. Vale, si, había escuchado en alguna parte que algunas mujeres estaban más sensibles durante sus primeros meses de embarazo. Mery era una prueba viviente.
—Claro que no, amor… —hablé, lo más comprensivo posible, para hacerla sentir mejor.
—Y lo peor es que aún no se lo he dicho a papá —me tensé. Y aunque estuviese totalmente asustado intenté mantener la calma.
—Se lo diremos… después. No pasa nada, debes tranquilizarte —la abracé, acariciando su espalda con cuidado. Ella dejó de llorar en un instante y comenzó a acariciar mi pecho, sobre la camiseta, con los dedos —a final de cuentas es una noticia maravillosa —sonreí —tendremos un bebé… ¡vamos a ser padres, amor! —la separé lo suficiente como para plantarle un beso en los labios. Un beso de esos. Mery rio.
—No sé por qué pensé que no te agradaría la noticia —se ruborizó al instante. Amaba verla ruborizada, era tan… tierna.
—No quiero —me apresuré en hablar —¿qué te hace pensar que quiero irme? ¿estás loca? —quité sus manos de su rostro —¿Piensas que voy a dejarte sólo porque estás embarazada? ¿De verdad piensas que soy así, Meer? —la miré seriamente, analizando su expresión. Ella negó con la cabeza, para luego encogerse de hombros.
—Soy una tonta —comenzó a llorar nuevamente. Vale, si, había escuchado en alguna parte que algunas mujeres estaban más sensibles durante sus primeros meses de embarazo. Mery era una prueba viviente.
—Claro que no, amor… —hablé, lo más comprensivo posible, para hacerla sentir mejor.
—Y lo peor es que aún no se lo he dicho a papá —me tensé. Y aunque estuviese totalmente asustado intenté mantener la calma.
—Se lo diremos… después. No pasa nada, debes tranquilizarte —la abracé, acariciando su espalda con cuidado. Ella dejó de llorar en un instante y comenzó a acariciar mi pecho, sobre la camiseta, con los dedos —a final de cuentas es una noticia maravillosa —sonreí —tendremos un bebé… ¡vamos a ser padres, amor! —la separé lo suficiente como para plantarle un beso en los labios. Un beso de esos. Mery rio.
—No sé por qué pensé que no te agradaría la noticia —se ruborizó al instante. Amaba verla ruborizada, era tan… tierna.
—¿Cómo no va a agradarme? ¡Es la mejor noticia del mundo! —sonreí ampliamente —ahora deja de llorar. Estamos en LA, hay que divertirnos —alcé una ceja —además, estamos juntos…
—Tienes razón —se puso de puntillas para alcanzar mi labios. La tomé por la cintura, levantándola del piso. Mery tomó mi rostro entre sus manos, sin dejar de sonreír.
—Te extrañé mucho, amor.
—Y yo a ti —me besó.
—Tienes una pinta horrible —dijo al separarnos —¿haz dormido bien?
—Yo tendría que hacerte la misma pregunta —ella asintió. Besándome en la mejilla.
—Es que he estado llorando, ya sabes —habló con un tono de broma.
Recordé entonces el regalo para mi novia que había quedado en casa de Emma. Este habría sido un momento ideal para dárselo. Pero lo había olvidado. Quizás… quizás lo dejaría para otra vez.
—¿No tienes así como ganas de comer chocolate? —comencé a reír —es enserio —se puso seria, como si estuviese hablando de algo sumamente importante.
—Hum… ¿ya tienes antojos? —volví a besarla en los labios. La dejé en el suelo con cuidado, apartándola un poco de mí. Ella me miró confundida por un momento, hasta que se dio cuenta de lo que yo pretendía hacer. Puse con cuidado mi mano en su pancita. Estaba tibia, casi plana… casi igual que antes.
—Es pequeñito aún, Bill —suspiré.
—¿Crees que tenga tus ojos? —pregunté, sin dejar de acariciar su panza.
—Tienes razón —se puso de puntillas para alcanzar mi labios. La tomé por la cintura, levantándola del piso. Mery tomó mi rostro entre sus manos, sin dejar de sonreír.
—Te extrañé mucho, amor.
—Y yo a ti —me besó.
—Tienes una pinta horrible —dijo al separarnos —¿haz dormido bien?
—Yo tendría que hacerte la misma pregunta —ella asintió. Besándome en la mejilla.
—Es que he estado llorando, ya sabes —habló con un tono de broma.
Recordé entonces el regalo para mi novia que había quedado en casa de Emma. Este habría sido un momento ideal para dárselo. Pero lo había olvidado. Quizás… quizás lo dejaría para otra vez.
—¿No tienes así como ganas de comer chocolate? —comencé a reír —es enserio —se puso seria, como si estuviese hablando de algo sumamente importante.
—Hum… ¿ya tienes antojos? —volví a besarla en los labios. La dejé en el suelo con cuidado, apartándola un poco de mí. Ella me miró confundida por un momento, hasta que se dio cuenta de lo que yo pretendía hacer. Puse con cuidado mi mano en su pancita. Estaba tibia, casi plana… casi igual que antes.
—Es pequeñito aún, Bill —suspiré.
—¿Crees que tenga tus ojos? —pregunté, sin dejar de acariciar su panza.
—No lo sé, pero espero que tenga los tuyos —la miré, como si estuviera loca ¿Los míos? Los míos no tenían absolutamente nada de especial.
—Claro que no, tú tendrás los ojos de mamá —le hablé a la panza.
—Que tonto eres —se burló. Tomó mi mano que seguía en su vientre y entrelazó nuestros dedos —llegaste justo a tiempo —me miró emocionada ¿Justo a tiempo?
—Claro que no, tú tendrás los ojos de mamá —le hablé a la panza.
—Que tonto eres —se burló. Tomó mi mano que seguía en su vientre y entrelazó nuestros dedos —llegaste justo a tiempo —me miró emocionada ¿Justo a tiempo?
—¿Para qué?
—Mañana se casa papá. Iremos juntos ¿verdad? —asentí. Si me lo pedía con esa carita no podía decirle que no —vamos a tener que ir de compras entonces…
—¿Ah?
—Por tu traje —se puso de puntillas para besarme en los labios —vamos, vamos a la cocina que hay chocolates —me tironeó comenzando a caminar —mm… últimamente el chocolate es mi obsesión.
Me detuve y tiré de su brazo, ella se volteó asustada.
—Últimamente tú eres mi obsesión —afirmé serio. Y antes de que ella pudiera decir algo, la tomé por la cintura y la pegué a mi cuerpo para así unir nuestros labios en un beso.
—Te amo.
—Te amo —hablamos a la vez. Nos echamos a reír.
Mery tomó mi rostro entre sus manos, dándome otro beso. Esta vez era un beso de esos.
Lo había logrado. Había cruzado el océano sólo para buscarla… y ahora la tenía a mi lado.
Definitivamente era la persona más feliz del planeta. Tenía a la chica más hermosa, que me amaba. Y también tenía un muy pequeño… hijo.
No podía pedirle más a la vida, ya lo tenía todo.
—Mañana se casa papá. Iremos juntos ¿verdad? —asentí. Si me lo pedía con esa carita no podía decirle que no —vamos a tener que ir de compras entonces…
—¿Ah?
—Por tu traje —se puso de puntillas para besarme en los labios —vamos, vamos a la cocina que hay chocolates —me tironeó comenzando a caminar —mm… últimamente el chocolate es mi obsesión.
Me detuve y tiré de su brazo, ella se volteó asustada.
—Últimamente tú eres mi obsesión —afirmé serio. Y antes de que ella pudiera decir algo, la tomé por la cintura y la pegué a mi cuerpo para así unir nuestros labios en un beso.
—Te amo.
—Te amo —hablamos a la vez. Nos echamos a reír.
Mery tomó mi rostro entre sus manos, dándome otro beso. Esta vez era un beso de esos.
Lo había logrado. Había cruzado el océano sólo para buscarla… y ahora la tenía a mi lado.
Definitivamente era la persona más feliz del planeta. Tenía a la chica más hermosa, que me amaba. Y también tenía un muy pequeño… hijo.
No podía pedirle más a la vida, ya lo tenía todo.
Eres mi vida y mi muerte, el centro de mi mundo, la razón de mi existencia, el propósito de mis sueños, todo… tú eres mi obsesión.

no me canso de leer esta historia y lloro y lloro es lo mas lindo que he leido me encanta me encata ... es tan sufrida pero a la ves recompesada.. gracias
ResponderEliminar