CAPITULO
44
El siguiente día, ya en casa, decidí que era mejor no hacer las cosas por la fuerza y dejarme llevar. Me iría a América y listo. Al menos allí tenía unas cuantas amigas... aunque eso no me tenía del todo convencida.
Había creído que Bill me iba a ayudar. Que él se iba a oponer a esto... que iba a enfrentarse a mi madre. Pero no… él no era más que un cobarde. Y no valía la pena estar con un hombre así. Me tenía que alejar de él, por más que lo quisiera y lo necesitara... Ya me acabaría por olvidar de él, como la vez anterior.
Aunque claro, yo igualmente imaginaba a Bill llegando a mi casa y diciéndolo todo a mi madre... Pero esa imaginación mía jamás se hizo verdad porque Bill, en esas dos semanas que me quedaban en Alemania, no apareció por aquí. Ni siquiera estuvo en la casa de su madre. Quizás, él también había aceptado que yo me tenía que ir, y creía que era innecesario luchar por algo que no tenía sentido, que acabaríamos perdiendo igual. Odiaba pensar de esa forma, pero no había remedio.
Era uno de esos momentos en que tú no puedes hacer nada más que sentarte a esperar... y a pensar que hubiese ocurrido si todo hubiese sido de otra manera.
No había cruzado palabras con nadie durante estas dos semanas... y no me sentía bien.
Quería ver a Bill, quería tenerlo cerca... lo quería conmigo...Pero no. Quizás donde estaba él en estos momentos. A lo mejor hasta me había dado como un caso perdido y todo. Lo peor era que él me había prometido que no iba a permitir que nos separasen. Pero al parecer, él se había separado por su cuenta... o yo por mi cuenta. Pero eso no era importante. Lo que en realidad era importante, era que él no me había apoyado, no me había ayudado... y eso me hacía sentir traicionada. A lo mejor, yo había mal interpretado las cosas, porque casi siempre lo hacía... y armaba unos problemas enormes... pero estaba segura de que él quería que yo me fuera. Después de todo... ¿quién lucharía por alguien que no vale la pena? Nadie. Con lo infantil que yo era, seguro ya lo había avergonzado un par de veces antes y él no me quería ver más por eso. A lo mejor él había estado conmigo por pena o algo similar a eso... y realmente no me quería... O quien sabe, quizás mi madre le había metido algo en la cabeza mientras yo estaba en la cocina... o hasta le podría haber pagado. Como la odiaba. Pero un día, iba a pagar por todo lo malo que había hecho, sólo que iba a ser mil veces peor. Yo misma me iba a encargar de eso. Porque sin Bill ya no valía la pena ser una chica buena... ya no había nada que me llevase a una buena vida. Podría hacer cualquier cosa... porque ya se le había ido el sentido a la vida.
Me había rendido luego de haber luchado por algo hermoso, me había dejado vencer, había tirado las cartas... ya no quería seguir. Todas mis esperanzas se habían esfumado en medio segundo y ya no quedaba nadie que me animara a seguir de una manera medianamente bien. Ya no quedaba nada... y yo me había vencido. Algo que creí que jamás haría. Siempre había pensado que iba a luchar hasta llegar al final, que iba a llegar a la meta. Pero no... Yo no podía llegar a una meta si Bill no estaba conmigo... él no estaba conmigo. Ni siquiera me había dejado un mensaje en el móvil, ni siquiera una pequeña llamadita. Aunque fuese sólo para cortar conmigo y ya estaba. Ahora me tendría que ir sin saber cómo quedaban las cosas entre los dos. E iba a tener que comenzar de nuevo ese proceso de olvidar. Estaba segura de que me costaría demasiado, pero ya no había nada que hacer.
Decidí dejar de pensar en ese momento. Ya era hora de arreglar mis cosas...
Me levanté de la cama y me agaché ara coger todas las maletas que allí habían. Las dejé sobre la mesa y las abrí todas, para luego dirigirme al armario y comenzar a sacar ropa de a montones. La comencé a lanzar sobre las maletas y una vez lo vi vacío, lo cerré.
Me pasé una mano por los ojos y fruncí los labios. Era oficial, todo se había terminado.
El delantal de ositos de Simone aún estaba sobre mi escritorio... lo corrí de allí con un manotazo y todo lo que había sobre el escritorio lo metí en una bolsa.
Seguidamente me acerqué a la cama y comencé a meter la ropa hecha bolo dentro de las maletas. Tuve que subirme sobre ellas para cerrarlas... No voy a negar que me costó mucho hacerlo.
De pronto, un ruido interrumpió el silencio que había en mi habitación. Era mi móvil.
En cuanto acabé de
bañarme, me comencé a vestir. Mi madre ya me comenzaba a gritar desde el piso
de abajo. Me decía que iba a perder el vuelo y que iba a tener que esperar al
siguiente... la verdad es que eso no me importaba. Me importaba un mierda irme
hoy, mañana.... el siguiente año. Y Bill... no se había aparecido. Sólo había
recibido de parte de él un puto mensaje que lo único que decía era:
Es hoy, mi amor.
No lo había entendido. Ni siquiera sabía porque me había llamado mi amor. Luego, yo había intentado llamarlo pero él no cogía el móvil y me entraba al buzón. Eso me desesperó por lo que acabé estampando al aparato contra el piso. Batería y todo salió volando y luego lo tuve que arreglar... pero no se volvió a encender. Así que me había quedado incomunicada. Había matado a mi móvil...
Comencé a secarme el cabello con el secador. Tenía ganas de ir peinada... ya que luego el pelo se me esponjaba y no quería eso...
Me pregunté que estaría haciendo Bill. Que había querido decir con ese mensaje. ¿Que era hoy el día en que me iba? Si, seguro que eso. Y él no había hecho nada para impedirlo. Eso lo catalogaba como un cobarde. Incapaz de defender algo... Me enfurecí, y por casualidad me di un tirón en el cabello con el peine. Ahogué un grito y seguí a lo mío.
Seguro que ni siquiera se acordaba de venirse a despedir de mí. O a cortar conmigo.
Estaba segura de que él ya no estaba trabajando, porque se estaba haciendo de noche. Mi madre quería que yo llegara a casa de mi padre a una hora de terminada y había calculado todo. Mujer estúpida.
Al acabar, me maquillé los ojos con un poco de negro, sólo en el párpado superior y nada más. Tampoco quería ir tan recargada si sólo iba a subirme a un avión y nada más... tampoco iba a conocer el amor de mi vida, porque ya lo conocía y se suponía que ahora lo estaba dejando.
Se me hizo un nudo en la garganta.
Guardé todas mis cosas que había usado para arreglarme dentro de una de las maletas y luego las eché a rodar escalera abajo Haciendo un gran estruendo, al que mi madre respondió regañándome. No le tomé importancia y me dirigí a la cocina para comer algo antes de salir.
Allí estaba el novio de mamá, él siempre supo lo que había entre Bill y yo... y no había dicho nada. Él estaba en el lado de "los buenos". Me miraba apenado... con una expresión similar a la que te ponen cuando se dan cuenta de que tienes ganas de llorar. Por lo que me limité a torcer una sonrisa demasiado forzada y a mirar hacia otro lado.
Tomé una manzana y me la llevé a la boca, en el momento en que me dirigía al salón y me lanzaba de espaldas al sillón intentando contener las lágrimas.
No describiré como me sentía. Con decir que me había rendido ya bastaba.
—¿Dejo tu equipaje en el coche? —me preguntó él, amablemente.
—Si —le contesté tras haber tragado. La manzana pareció quedarse en mi garganta. Me levanté y me golpeé un poco el pecho con una de mis manos.
El esposo de mamá, comenzó a llevar mis maletas al coche.
En ese momento llegó mi madre.
—¿Ya estás lista? —me preguntó con voz prepotente. No pude evitar pensar que tenía una pinta de puta que ni ella misma se la podía. Asentí con la cabeza, mientras me levantaba del sillón y me iba a la cocina con la manzana a medio comer. Se me había ido el hambre —¿qué haces? ya es hora de irnos.
No dije nada y me dirigí al basurero lo más lento posible.
—¡Ya está todo listo! —dijo el novio de mamá entrando en la casa. Boté la manzana y luego me lavé las manos.
Nos dirigimos todos a la puerta de salida. Me costaba respirar y las lágrimas ya se habían comenzado a acumular en mis ojos. Pero yo había prometido no llorar. E iba a cumplir mi promesa... Me mordí los labios y abrí la puerta del coche.
Me di media vuelta y observé mi casa. Bien, este era el adiós definitivo. Y ni siquiera había luchado por impedirlo.
Tensé la mandíbula eh hice puños con mis manos. Todo se había terminado.
Me subí al coche y saqué medio cuerpo hacia afuera para alcanzar la puerta y luego cerrarla.
El coche se encendió. Pero justo en ese momento, oímos un fuerte ruido.
Alcé la vista y miré hacia adelante. Un coche se había detenido justo frente a nosotros. A muy poca distancia de chocarnos y dejar una fea marca. Me fijé un poco más… y me di cuenta de que era el coche de Bill. Pero él no estaba. Di un pequeño salto al verlo en mi ventanilla. Con los dedos de ambas manos apoyados en ella. Me estremecí, el corazón me empezó a andar rápido ¿Y el que hacía aquí? ¿Venía a despedirse? miré a mi madre y esta me estaba mirando con expresión seria.
—Puedes ir a despedirte de él.
Estuve a punto de decirle que no. Que no me quería despedir de él... porque las despedidas eran una cosa extremadamente difíciles para mí. Pero me limité a asentir con la cabeza. Bill me miraba suplicante desde la ventanilla. Suspiré. Intentando aguantar las ganas de llorar que traía encima y abrí la puerta. Bill dio un paso hacia atrás y yo me bajé torpemente del coche. Cerré la puerta.
Bill me miró, yo también lo miré. El tiempo se me hizo eterno... intentaba controlarme para no lanzarme sobre él y besarlo... abrazarlo y suplicarle que me dejara quedarme con él. Pero era seguro que él sólo venía a despedirse... y a cortar conmigo. Porque, si no había hecho algo antes... tampoco iba a hacer algo ahora. Cogí aire e intenté relajarme... No era plan de ponerme a llorar ahora. Tenía que ser fuerte y comportarme como una adulta. El estómago se me encogió.
Entonces Bill me cogió la mano. Miré al piso rápidamente, su contacto me había hecho estremecer.
Comenzó a caminar hacia atrás, llevándome con él. Nos alejamos del coche y nos quedamos de pie en la hierba que se extendía en la parte delantera de mi casa. Tragué saliva. No tenía idea de que iba a ocurrir en ese momento, no tenía idea de que hacer...
No hice nada. Me quedé quieta... pero Bill, me soltó la mano y rodeó mi cuerpo con los brazos. Me sentí protegida... de alguna manera aliviada.
Sentí como depositaba un beso en mi cabello y luego se separaba de mí. Lo miré. De sus ojos color miel irradiaba alegría ¿Estaba feliz? Pero... ¿Por qué?
—Feliz cumpleaños, mi vida —me quedé de piedra y abrí mucho los ojos. Demoré un par de segundos en procesar la información... ¿Feliz cumpleaños? Feliz cumpleaños... ¿El mío?
—¿Qué? —pregunté confundida.
—Es veintiséis —¡¿Cómo es que había llegado el día y yo no me había dado cuenta?! Era mi cumpleaños. Entonces... yo era... era...
—Eres libre —me sonrió —felicidades. Ya eres toda una adulta —me besó tiernamente en la frente.
De pronto, sentí algo crecer en mi pecho. Mis manos comenzaron a temblar e inevitablemente una sonrisa se dibujó en mi rostro. Rápidamente reaccioné, cogí su cara con mis manos y acerqué mi rostro para besarlo. Lo hice repetidas veces y él se echó a reír. Estaba feliz. Jamás en mi visa había estado tan feliz y aliviada como en ese momento. Nada podría haberme hecho sentir mejor.
Bill me separó de él, cogiéndome de los hombros, mientras sonría.
—Eso no es todo... —quitó una de sus manos y se la llevó al bolsillo del pantalón —tengo tu regalo —de su bolsillo, sacó dos papeles y me los tendió. No dudé un segundo en cogerlo y acercarlo a mi cara para leer.
Pasajes... avión... Italia.... ITALIA.
Pegué otro salto y me lancé a besarlo nuevamente. Acababa de hacerme la mujer más feliz del mundo. Sí, ahora era una mujer con todas sus letras.
Es hoy, mi amor.
No lo había entendido. Ni siquiera sabía porque me había llamado mi amor. Luego, yo había intentado llamarlo pero él no cogía el móvil y me entraba al buzón. Eso me desesperó por lo que acabé estampando al aparato contra el piso. Batería y todo salió volando y luego lo tuve que arreglar... pero no se volvió a encender. Así que me había quedado incomunicada. Había matado a mi móvil...
Comencé a secarme el cabello con el secador. Tenía ganas de ir peinada... ya que luego el pelo se me esponjaba y no quería eso...
Me pregunté que estaría haciendo Bill. Que había querido decir con ese mensaje. ¿Que era hoy el día en que me iba? Si, seguro que eso. Y él no había hecho nada para impedirlo. Eso lo catalogaba como un cobarde. Incapaz de defender algo... Me enfurecí, y por casualidad me di un tirón en el cabello con el peine. Ahogué un grito y seguí a lo mío.
Seguro que ni siquiera se acordaba de venirse a despedir de mí. O a cortar conmigo.
Estaba segura de que él ya no estaba trabajando, porque se estaba haciendo de noche. Mi madre quería que yo llegara a casa de mi padre a una hora de terminada y había calculado todo. Mujer estúpida.
Al acabar, me maquillé los ojos con un poco de negro, sólo en el párpado superior y nada más. Tampoco quería ir tan recargada si sólo iba a subirme a un avión y nada más... tampoco iba a conocer el amor de mi vida, porque ya lo conocía y se suponía que ahora lo estaba dejando.
Se me hizo un nudo en la garganta.
Guardé todas mis cosas que había usado para arreglarme dentro de una de las maletas y luego las eché a rodar escalera abajo Haciendo un gran estruendo, al que mi madre respondió regañándome. No le tomé importancia y me dirigí a la cocina para comer algo antes de salir.
Allí estaba el novio de mamá, él siempre supo lo que había entre Bill y yo... y no había dicho nada. Él estaba en el lado de "los buenos". Me miraba apenado... con una expresión similar a la que te ponen cuando se dan cuenta de que tienes ganas de llorar. Por lo que me limité a torcer una sonrisa demasiado forzada y a mirar hacia otro lado.
Tomé una manzana y me la llevé a la boca, en el momento en que me dirigía al salón y me lanzaba de espaldas al sillón intentando contener las lágrimas.
No describiré como me sentía. Con decir que me había rendido ya bastaba.
—¿Dejo tu equipaje en el coche? —me preguntó él, amablemente.
—Si —le contesté tras haber tragado. La manzana pareció quedarse en mi garganta. Me levanté y me golpeé un poco el pecho con una de mis manos.
El esposo de mamá, comenzó a llevar mis maletas al coche.
En ese momento llegó mi madre.
—¿Ya estás lista? —me preguntó con voz prepotente. No pude evitar pensar que tenía una pinta de puta que ni ella misma se la podía. Asentí con la cabeza, mientras me levantaba del sillón y me iba a la cocina con la manzana a medio comer. Se me había ido el hambre —¿qué haces? ya es hora de irnos.
No dije nada y me dirigí al basurero lo más lento posible.
—¡Ya está todo listo! —dijo el novio de mamá entrando en la casa. Boté la manzana y luego me lavé las manos.
Nos dirigimos todos a la puerta de salida. Me costaba respirar y las lágrimas ya se habían comenzado a acumular en mis ojos. Pero yo había prometido no llorar. E iba a cumplir mi promesa... Me mordí los labios y abrí la puerta del coche.
Me di media vuelta y observé mi casa. Bien, este era el adiós definitivo. Y ni siquiera había luchado por impedirlo.
Tensé la mandíbula eh hice puños con mis manos. Todo se había terminado.
Me subí al coche y saqué medio cuerpo hacia afuera para alcanzar la puerta y luego cerrarla.
El coche se encendió. Pero justo en ese momento, oímos un fuerte ruido.
Alcé la vista y miré hacia adelante. Un coche se había detenido justo frente a nosotros. A muy poca distancia de chocarnos y dejar una fea marca. Me fijé un poco más… y me di cuenta de que era el coche de Bill. Pero él no estaba. Di un pequeño salto al verlo en mi ventanilla. Con los dedos de ambas manos apoyados en ella. Me estremecí, el corazón me empezó a andar rápido ¿Y el que hacía aquí? ¿Venía a despedirse? miré a mi madre y esta me estaba mirando con expresión seria.
—Puedes ir a despedirte de él.
Estuve a punto de decirle que no. Que no me quería despedir de él... porque las despedidas eran una cosa extremadamente difíciles para mí. Pero me limité a asentir con la cabeza. Bill me miraba suplicante desde la ventanilla. Suspiré. Intentando aguantar las ganas de llorar que traía encima y abrí la puerta. Bill dio un paso hacia atrás y yo me bajé torpemente del coche. Cerré la puerta.
Bill me miró, yo también lo miré. El tiempo se me hizo eterno... intentaba controlarme para no lanzarme sobre él y besarlo... abrazarlo y suplicarle que me dejara quedarme con él. Pero era seguro que él sólo venía a despedirse... y a cortar conmigo. Porque, si no había hecho algo antes... tampoco iba a hacer algo ahora. Cogí aire e intenté relajarme... No era plan de ponerme a llorar ahora. Tenía que ser fuerte y comportarme como una adulta. El estómago se me encogió.
Entonces Bill me cogió la mano. Miré al piso rápidamente, su contacto me había hecho estremecer.
Comenzó a caminar hacia atrás, llevándome con él. Nos alejamos del coche y nos quedamos de pie en la hierba que se extendía en la parte delantera de mi casa. Tragué saliva. No tenía idea de que iba a ocurrir en ese momento, no tenía idea de que hacer...
No hice nada. Me quedé quieta... pero Bill, me soltó la mano y rodeó mi cuerpo con los brazos. Me sentí protegida... de alguna manera aliviada.
Sentí como depositaba un beso en mi cabello y luego se separaba de mí. Lo miré. De sus ojos color miel irradiaba alegría ¿Estaba feliz? Pero... ¿Por qué?
—Feliz cumpleaños, mi vida —me quedé de piedra y abrí mucho los ojos. Demoré un par de segundos en procesar la información... ¿Feliz cumpleaños? Feliz cumpleaños... ¿El mío?
—¿Qué? —pregunté confundida.
—Es veintiséis —¡¿Cómo es que había llegado el día y yo no me había dado cuenta?! Era mi cumpleaños. Entonces... yo era... era...
—Eres libre —me sonrió —felicidades. Ya eres toda una adulta —me besó tiernamente en la frente.
De pronto, sentí algo crecer en mi pecho. Mis manos comenzaron a temblar e inevitablemente una sonrisa se dibujó en mi rostro. Rápidamente reaccioné, cogí su cara con mis manos y acerqué mi rostro para besarlo. Lo hice repetidas veces y él se echó a reír. Estaba feliz. Jamás en mi visa había estado tan feliz y aliviada como en ese momento. Nada podría haberme hecho sentir mejor.
Bill me separó de él, cogiéndome de los hombros, mientras sonría.
—Eso no es todo... —quitó una de sus manos y se la llevó al bolsillo del pantalón —tengo tu regalo —de su bolsillo, sacó dos papeles y me los tendió. No dudé un segundo en cogerlo y acercarlo a mi cara para leer.
Pasajes... avión... Italia.... ITALIA.
Pegué otro salto y me lancé a besarlo nuevamente. Acababa de hacerme la mujer más feliz del mundo. Sí, ahora era una mujer con todas sus letras.
Y aquí es donde estoy ahora... En el avión rumbo a Italia. Ya pasó media noche... mi cumpleaños fue ayer... Todo el mundo duerme aquí, Excepto Bill y yo. Ambos recordamos todo lo que pasamos, todas las cosas que vivimos, todos los momentos. Y pensamos en cómo se nos vendrá el futuro...
Beso a Bill en los labios una vez más, él me sonríe. Puedo ver sus ojos achicarse un poco. Me acomodo en su hombro... y cierro los ojos.
Suerte para mí que Bill había planeado todo en el momento en que supo que yo me iría de vuelta a América... ¿acaso existe en el mundo una persona más perfecta que él?
Por eso es que lo
amo. Y lo seguiré haciendo por siempre...
Porque con él puedo cruzar mil mares... y más.
Logramos cumplir metas, enfrentar los miedos, superar obstáculos casi imposibles de superar, dar todo de nosotros... siempre conservamos la esperanza, aun sabiendo que todo el mundo estaba en contra nuestro, aun sabiendo que había sólo una posibilidad de ganar. Aun teniendo en cuenta las complicaciones y prohibiciones, aun estando separados.
Tuvimos fe. Siempre.
Queríamos la libertad…
… sólo a mil mares, sólo mil veces la eternidad.
FIN
Porque con él puedo cruzar mil mares... y más.
Logramos cumplir metas, enfrentar los miedos, superar obstáculos casi imposibles de superar, dar todo de nosotros... siempre conservamos la esperanza, aun sabiendo que todo el mundo estaba en contra nuestro, aun sabiendo que había sólo una posibilidad de ganar. Aun teniendo en cuenta las complicaciones y prohibiciones, aun estando separados.
Tuvimos fe. Siempre.
Queríamos la libertad…
… sólo a mil mares, sólo mil veces la eternidad.
FIN

FELICITACIONES.... ESTE ES EL MEJO "LIBRO" QUE ME HE LEÍDO EN MI VIDA .....MUCHAS GRACIAS POR ESTA HISTORIA TAN LINDA Y ESA HERMOSA REFLEXIÓN .... NO PUEDO PARA DE LLORAR ....FUERON LA 10 MEJORES HORAS DE LECTURA EN MI VIDA ...... MUY MUY MUY MUY LINDO DEMASIADO ... GRACIAS!
ResponderEliminarMuchas gracias a ti por leer :)
Eliminares increible, la primera vez que leí esta historia me encantó, pero ahora que la termine de leer de nuevo me enamoré, gracias por concluirla y por subir otras historias, rette mich también es una d mis favoritas, en serio deberías publicar tus libros :)
ResponderEliminarperfecto <3
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