02 febrero, 2013

1000 Meere /Capítulo 25






CAPITULO 25

 

No voy a negar que cuando mi madre me dio la noticia el corazón me comenzó a andar rápido y se me cortó la respiración. Por eso es que no había podido protestar un poco más. Realmente estaba nerviosa, ya que volver a entrar en esa casa me ponía de los nervios. Tendría que ponerme a recordar de nuevo y eso era algo que yo no quería. Recordar era malo para mí, me hacía sentir tan mal que me asustaba.
Arrojé mi bolso sobre la cama y luego miré la hora. Era temprano. Aunque no sabía a qué hora había que ir a casa de Simone. Abrí mi armario y comencé a rebuscar en los estantes. Buscaba camiseta manga larga, muy simple, sin ningún diseño y de color negro. Casi todas mis prendas de ropa tenían tachas o dibujos en otras texturas y esas cosas por el estilo. Pero hoy no me apetecía ir así, por lo que buscaba lo más simple. Saqué de allí dentro unos jeans y unas Converse. Casi no se notaría mi cambio de ropa… Pero no se podía pretender que se notase. Todo era negro. 
Me cambié de ropa rápidamente ya que hacía frío y en cuento estuve lista me metí en el baño para maquillarme los ojos. En la mañana no me había acordado de hacerlo y me había sentido extraña durante todo el día. Me hice la línea negra sobre el ojo, y otra debajo de él. La difuminé un poco y quedó perfecta. Me veía aún más pálida, pero me gustaba. Mis amigas muchas veces me habían dicho que tenía piel de muñeca, blanca en su totalidad y sin imperfecciones. Punto a mi favor.
Salí del baño y aprovechando el frío que hacía, cogí un par de guantes sin dedos y me los puse. Con eso podía disimular un poco mi cicatriz. Aunque sólo se notase cuando había mucha luz. 
¿Ya estás lista? gritó mi madre desde abajo.
¡Sí! le contesté el grito de mala gana. Cogí una chaqueta que me encantaba del armario y me la puse.
Le eché una mirada a la ventana de al frente. No había movimiento, ninguna señal de vida. Por lo que cerré la cortina y apagué la luz para luego salir de la habitación. No sin antes coger mi reproductor de música y guardármelo en uno de los bolsillos de la chaqueta. 
Bajé las escaleras lentamente, debatiendo interiormente si ponerme a pelear con mi madre por no ir o no hacer ningún problema y dejarme llevar. Aunque si fuese así le daría la razón a ella y eso no estaría bien… pero, si no iba donde Simone me quedaría con las ganas de saber que era lo que había pasado con él y eso podía ser peor. Tenía un lío en la cabeza. Se suponía que yo no debía salir con mi madre… pero las ganas me ganaban. E iba a hacer algo que estaba en contra de mis principios, ¿o no? 
Que linda, hija me dijo en cuanto bajé ¿pero no te parece que vas muy de negro? la miré alzando una ceja.
Me gusta así… y tú usas escote ella no me dijo nada y se dirigió a la puerta. Me reí en mi interior, le había ganado y ella muy bien lo sabía. Sentí tal satisfacción que salí de la casa sin decir nada. 
¿Por qué te comportar así conmigo? preguntó mientras caminábamos la corta distancia que había hasta la casa vecina.
Porque se me da la gana. 
No me guardarás rencor por lo de…
Tú cállate y no hables de eso la corté no debes hacerlo. 
Fue por tu bien, de no ser por mí estarías perdida se quejó ella. 
Cómo tú digas alargué mi mano y piqué al timbre para que ya no pudiese seguir hablando estupideces.
Tras unos segundos se escucharon pasos que se acercaban y la puerta se abrió. 
¡Hola! ¡qué bien que ya estén aquí! nos saludó Simone a ambas, empezando por mi madre, besándola en la mejilla ¡Dios, Meer, qué grande que estás! posó sus manos en mis mejillas y me acercó para besarme, como a mi madre ¡cuánto tiempo sin verte!
solté una risita fingida. 
Pasen, pasen nos dijo Simone mientras nos dejaba un hueco en la puerta siéntense, ya traigo algo de beber nos indicó los sillones. Me senté rápidamente y mi madre a mi lado.
—Te vas a comportar, ¿me oíste? susurró mi madre con voz amenazadora. 
le dije simplemente. Comencé a mirar a mí alrededor. Todo estaba igual. Algunos adornos nuevos, otros no estaban, pero básicamente era el mismo lugar en el que tantas cosas había pasado. Sentí un pinchazo en el pecho y luego ya no quise seguir mirando. Bajé la cabeza y comencé a jugar con mis manos, nerviosa.

¿Lo recuerdas? susurró mi madre nuevamente, yo no dije nada él ya no vive aquí ¿acaso pretendía hacerme sentir mal? no lo lograría ya no te quiere, hijita.
Cállate. 
Sólo te digo la verdad. 
No me importa tu verdad puse énfasis en la palabra tú. Y en ese momento llegó Simone. Nos dio un vaso con jugo a cada uno y luego se sentó en el sillón frente a nosotras y me comenzó a preguntar cosas. Yo le respondí todo muy amablemente, esa mujer me caía bien. Le hablé sobre mi vida en Estados Unidos, mi padre y todo eso. Simone tenía muchas preguntas y habló poco sobre sus hijos. Quizás porque mi madre estaba aquí.

Se acabó el jugo dijo Simone saliendo de la cocina. Mi madre iba hacia allí, ya que estaban arreglando la mesa para comer. Yo alcé una ceja ¿acaso estaba insinuando algo?
Meer puede ir por más intenté reprochar pero Simone se adelantó.
¿Puedes, querida? no tuve más remedio…
Sí.
Ay que bueno. Ven, que te doy el dinero me dijo feliz. Al menos haría una buena obra el día de hoy. Simone comenzó a buscar en sus bolsillos y yo me levanté del sillón. 
¿Puedo ir al baño primero?
Claro, Meer sonreí y luego me dirigí hacia las escaleras. Subí rápidamente y me metí en el baño. Ya no aguantaba. No podía más. Tenía que salir de esa casa cuanto antes, que si no iba a estallar en llanto y yo no quería eso. 
Me lavé la cara, con cuidado de no quitarme el maquillaje y luego me arreglé un poco el pelo. Volví a salir del baño y me dispuse a bajar las escaleras. Pero mis ojos vieron algo mucho más tentador.
Casi sin poder controlar mis movimientos me dirigí hacia la habitación de Bill. La puerta estaba cerrada. La abrí con cuidado de no hacer ruido y luego asomé la cabeza. Estaba vacía. Sólo estaba lo que había sido su cama, su mesita de noche, su escritorio y un estante. Tragué saliva. Sentí algo de decepción… quizás ya no lo vería más. Di un salto cuando sentí sonar el timbre y me apresuré en cerrar la puerta. Me di una vuelta, mirando a mí alrededor. No supe porque lo hacía, pero me dejó un poco más tranquila. 
Comencé a bajar las escaleras y escuché a Simone hablar…
… así puedes llevar a comprar a Meer en tu coche, no la vamos a hacer caminar a la pobre escuché una risa de chico.
¿Dijiste Meer? dijo esa misma voz. 
Sí, Meer volvió a hablar Simone. 
Entonces mi cuerpo se puso rígido. Fruncí los labios. Y aunque el corazón estaba que se me salía del pecho, seguí bajando. A ver qué es lo que me esperaba abajo… no podía ser él. No. ¿O sí? ¿Y si era él? ¿Qué hacía yo? ¿Ponerme a llorar? ¿Saltarle encima?... Dios.
Frené mis pensamientos hasta llegar al final de las escaleras y caminé a paso lento hacia donde estaban mi madre y Simone. Intenté estar relajada.
¡Oh!, querida… mira, ven me llamó Simone. Yo me acerqué algo avergonzada. Y pude ver al chico que había hablado… Sentí alivio. Un alivio tan grande que incluso me dieron ganas de echarme a reír y abrazarlo ¿recuerdas a Tom?
Sí. Hola lo saludé sonriendo. Y debo mencionar que no me puse roja. Pues eso de ponerme colorada ya se me había pasado y ahora mi piel no cambiaba de tono en estas situaciones. Por otro lado, ¿cómo olvidarme de Tom? Si me había caído también. 
Hola, Meer me saludó él con una sonrisa. Se veía guapo. Se acercó y me besó en la mejilla. 
Tom te llevará de compras. Que ya es de noche…me informó Simone.
Ma… intentó hablar Tom, pero Simone lo cortó.
Luego la traes y te vas, no hay problema.
Pero es que yo tenía que..
Tom… lo amenazó su madre. Me pregunté por qué Simone no mandaba directamente a Tom a comprar, si de todas maneras tenía que volver.
Ir a buscar a… —de todos modos salir era mucho mejor que quedarme aquí aguantando a mí madre.
Tom… su madre nuevamente. Lo miró amenazadora.
Mamá, ya estoy grande… se quejó él. Entonces mi madre me dio con el codo. Sabía lo que me quería decir con eso.
No te preocupes Tom le devolví el codazo a mi mamá fuertemente en las costillas voy sola, no me pasará nada y enseguida cogí mi chaqueta del sillón y me la puse.
Yo te llevaré dijo él. 
Aquí tienes Simone me pasó el dinero y yo lo metí dentro de mi bolsillo. 
Ok me dí la vuelta y comenzaba a caminar hacia la puerta. 
La abrí y salí fuera. Tom salió detrás de mí y la cerró. Su coche era genial. Me encantó… era enorme. Le quitó la llave y abrió la puerta para subirse. Seguidamente yo avancé unos cuantos pasos y me subí en el asiento de atrás, pues no me apetecía ir adelante. Tom echó a andar el coche.
No me sentía incómoda. Incluso estaba algo feliz… y aliviada. Agradecí en mi interior que no hubiese sido Bill el que me estaba llevando a comprar. Pues no lo quería ver. No. Tenía miedo.
En cambio Tom… era como su no hubiese visto a un amigo en años. Y así era. 
Así que… andas por aquí de paseo… habló sacándome de mis pensamientos. 
¿Eh? Ah, no, no. Estoy de vuelta me miró a través del espejo retrovisor. Tenía una sonrisa en el rostro.
¿Y por qué? Tu madre decía que estabas muy feliz allá con tu padre ¿qué? pero si yo ni siquiera había hablado con ella.
Porque me echaron de la escuela dije mirando hacia otro lado. Me di cuenta de que Tom se había sorprendido.
¿A ti? ¡Pero si tú eres la santa de las santas! La niña más buena que he visto en mi vida bromeó. 
No te rías, no es gracioso —demostré lo contrario, riéndome yo igual.
Y dime, ¿por qué? 
No quiero hablar de eso... 
¿Es malo? me miró nuevamente, evaluando mi expresión. 
Depende de donde se le mire me encogí de hombros.
No creo que sea tan malo… si para ti es bueno, no creo que sea… lo corté.
Nunca he dicho que para mí es bueno. 
Pero lo es, ¿no? asentí con la cabeza ¿entonces?
A toda costa quieres saberlo reproché.
Es que no te he visto en mucho tiempo… se quejó dímelo.
Ok, ok. Pero no se lo digas a nadie dije para ponerle misterio al asunto. 
Lo prometo, ahora soy tu confidente lanzó una carcajada, me contagió.
Hice muchas cosas malas. Como escaparse de clases, responder a los profesores, causar peleas… pero la gota que rebalsó el vaso fue que golpeé a una chica. 
Wooo soltó ¿y cómo fue eso?  dijo mientras detenía el coche frente a un negocio. Un supermercado. Hacía mucho que no lo veía. 
Te lo digo luego… abrí la puerta del coche no te vayas, ¿eh?
Que no, no me iré antes de que me lo expliques rio. Yo me bajé y cerré la puerta.
Me metí dentro del supermercado. Y a comprar un jugo...
Salí de allí con una sonrisa en el rostro. Por alguna razón haber hablado con Tom me había alegrado el día. Me acerqué al coche y me subí en los asientos de atrás. Tom colgó el móvil al instante, al parecer había estado hablando. 
¿Ya está? se dio la vuelta para mirarme.
dije lista. 
Tom echó a andar el coche nuevamente… y esta vez la que sacó tema de conversación fui yo. 
¿Ya te fuiste de la casa de Simone? le pregunté. 
Sí, y Bill igual, si eso es lo que quieres saber bufé.
—Sólo te estaba preguntando.
Oye, Meer…
¿Amm? lo miré. Iba apoyada con los dos brazos en los respaldos de los asientos de adelante y con la cabeza asomada pro los huecos que dejaban entre estos. 
Debo ir a buscar a alguien en un pub de por aquí. Es que se lo prometí. 
Vale, vale le dije.
Luego te llevo de regreso bufé. 
Ok.

Me dejé a caer hacia atrás en el asiento y luego nos quedamos en silencio. Ya no había tema de conversación, aunque el silencio no era para nada incómodo. 
En unos minutos Tom detuvo el coche frente un pub. El ambiente era un tanto agobiador allí afuera. 
¿A quién esperamos? le pregunté a Tom. En ese momento la puerta de mi lado se abrió, al mismo tiempo en que la puerta del copiloto también lo hacía. 
Hasta que llegas esa voz…

1 comentario:

  1. aaaahhhh! por fin regreso a Alemania >.< y ahora se encontrara con Bill, espero el proximo saludos :)

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