21 marzo, 2012

Capítulo 8 /Wenn nichts mehg geht





Capitulo 8


Intentaba aguantar la risa.
- ¡¿Pero qué has hecho?! – gritó histérica.
- ¡Fue un accidente! – cogí una servilleta e intenté secarla, esta se revolvió.
- ¡No me toques! – miró a Bill. – ¿Ves lo que ha hecho ésta loca? ¡Por favor pide que la saquen de aquí! – dijo chillando aún.
Sentí como si un elefante se cayese sentado sobre mí al acordarme de que Bill estaba presente. Lo miré. Estaba enojado, creo si se hubiese tratado de una caricatura le saldría humo por las orejas. Me tensé un poco y comencé a sentirme culpable. Quizás ella era una conocida de Bill... o una amiga o su novia  ¡o que se yo!
¿Y si él me pedía que me fuera? Esa será la vergüenza más grande de mi vida… hay dios, mis piernas ya comenzaban a temblar.
- No. – se levantó de golpe. – Nos vamos, Abril. – habló cortante. Yo bajé la mirada, roja de la vergüenza.
- Pero, pero... ¡Bill! Si ella, y tu... y… ¡Bill!!. – chilló la chica. Este se limitó a sacar dinero de su chaqueta y a dejarlo sobre la mesa.
- Lo siento. He venido con ella. – me cogió del antebrazo con fuerza y me arrastró por entre las mesas ante la mirada de todos esos ojos curiosos de saber lo que ocurría. Mientras que la chica se echaba a llorar y comenzaba a gritar cosas como: te amo, te volveré a ver, te necesito.
¿Pero cómo? Esto estaba muy extraño. Al menos le había dado su merecido a esa zorra. 
Caminamos hacia el coche, o más bien, él caminaba porque yo fui arrastrada. Me subió y cerró la puerta, ¿y ahora que hacía? ¿Debía estar enojada? ¿Arrepentida? ¿Debía pedirle disculpas? 
Bill rodeó el coche y también se subió. Cerró la puerta y suspiró. Yo seguía con la mirada puesta en mis pies.
Aunque me vi obligada a subirla para mirarle al darme cuenta de que no arrancaba el coche. Él estaba apoyado en el asiento, con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados. Creo que intentaba relajarse.
Le rogué hasta al diablo para que Bill tuviese mucha paciencia. 
Y en el momento menos esperado, abrió los ojos. 
- ¿Por qué lo has hecho?. – su voz sonaba enojada y ronca. 
- ¿El qué...? 
- ¿Y lo preguntas? ¡Le has lanzado el agua a la pobre chica!. – casi gritó.
- ¡No me grites! ¡Y yo no le he lanzado el agua!... a demás, ella no es una pobre chica. 
- ¡Claaaro! Y el agua se ha caído sola.
- Fue un accidente!. – me excusé.
- No mientas.
- ¡No miento!. –dije indignada… aunque en realidad sabía que él estaba en lo cierto. 
- ¡Y tienes cara para decir eso! 
- ¡Porque es la verdad, Bill! ¿Qué es lo que no entiendes de accidente? 
- Pues tus accidentes son un tanto extraños, ¿no te parece? Si los accidentes fuesen así, las cárceles no existirían. 
- ¡Nadie se iría a prisión por un vaso de agua!. 
- Eso no quiere decir que puedas hacerlo. Esa chica no te había hecho nada.
- ¿La conocías?. – arrugué la nariz.
- ¡No! Sólo había venido a hablar conmigo. – se encogió de hombros.
- Pues no tienes porqué defenderla.
- Eres una niñita inmadura… - resopló.
-Y fue a hablar el más indicado. – desvié la mirada hacia la ventana. La verdad eso no me había sentado nada bien. De pronto los ánimos andaban por el suelo. – llévame a casa. 
No se dijo nada más y el arrancó en coche. Estúpido… él había salido conmigo, y luego se “iba” con otra chica. Dios. O quizás era yo la estúpida aquí. Quizás tenía que haberme comportado de una forma menos infantil. No le debería de haber lanzado el agua encima… la había cagado. Si, definitivamente. 
Pero yo no le iba a pedir disculpas a Bill. No… yo no iba a “caer tan bajo”. Tal vez en unos días intentaría comunicarme con él de alguna manera. Pero no ahora. A parte, la chica no se iba a morir por un poco de agua que le caía encima.
Me crucé de brazos y estuve en silencio mirando mis jeans durante todo el viaje. Estaba enfadada. 
De vez en cuando me sentía observada por Bill. Pero nunca quise mirarle. No quería saber con qué expresión lo hacía. Y menos quería sentir vergüenza. 
De pronto, una gota roja cayó sobre una de mis pernas. Tardé unas tres gotas mas en darme cuenta de donde provenían. Solté un “oh-oh” y me llevé una mano a la nariz. 
- Mierda. – dije mientras intentaba abrir la ventana. Pero estaba bloqueada, por lo que el botoncito no funcionaba. 
- ¿Qué ocu…?
- ¡Abre esto, haz algo! – le grité. No quería manchar su auto, a ver si era uno de esos obsesivos y se enojaba aún más conmigo. El me miró alarmado, ya que desde mi mano comenzaban a caer más gotitas, puse la otra mano debajo de esta. 
Bill aparcó el coche a un lado del camino. 
- ¿Tienes pañuelos en tu bolso? – yo asentí. 
- ¡Apúrate! – dije con la voz un poco elevada. El cogió mi bolso, lo abrió y comenzó a revisarlo por todos sitios. – ¡mancharé todo, busca más rápido! 
- ¡Eso es lo que hago! – habló en el mismo tono que yo. 
- Hay no… no… - me quejé mientras veía caer una gota sobre el asiento. Me eché un poco hacia atrás, para que las demás gotas cayesen sobre mi ropa, que encima era blanca. Me quité la mano de la nariz, dejando la otra aguantando todo. La pasé por mi vientre limpiándolo todo el líquido que en ella había. – Que desastre.
- No encuentro nada.
- ¡Sigue buscando!. – me quité la otra mano e hice lo mismo que con la otra, ahora la sangre caía por mi barbilla, podía notar su sabor, un sabor salado metálico muy desagradable.
Cogí en borde inferior de la camiseta y la levanté, dejando ver parte de mi ropa interior, para llevármela a la nariz. ¿Y que se suponía que hiciese?. Prefería arruinar mi camiseta antes que una chaqueta de cuero blanca o el tapiz de un coche. 
- ¡¿Qué haces?! – me miró alarmado, y claro que debía estarlo... yo le estaba enseñando toda mi parte superior, que vergüenza. 
- ¡Tú sigue buscando! – le grité. El me fulminó con la mirada mientras seguía con lo suyo. 
- No encuentro nada. Llevas un millón de cosas aquí dentro que… ¡aquí está! – cogió el pequeño paquete y sacó uno, luego me lo dio. Yo lo cogí, me quité la camiseta y la bajé a su lugar, estaba pegajosa y se me pegaba en la piel. Me llevé el pañuelo a la cara.
- Dame otro. – Él me obedeció. Me dio unos cuantos más… que me sirvieron para esperara a que la hemorragia se detuviese. 
Yo no sabía primeros auxilios y creo que el tampoco. 
- ¿Ya estás mejor? – yo asentí.
- Llévame a casa. – dije igual de fría como anteriormente lo había hecho. El resopló con resignación y puso en marcha el coche. 
Con el resto de los pañuelos intenté limpiarme un poco la ropa... o más bien secar. Porque esas manchas, era seguro, que no saldrían.
Bill detuvo el auto frente a mi casa. Yo cogí mi bolso y me lo puse, lista para salir. Pero el me detuvo.
- ¿Seguro estás bien? ¿no estás enferma de algo…?. – me preguntó.
- Eso no es de tu incumbencia. – dije para luego abrir la puerta y salir del coche. – adiós.- cerré la puerta y caminé hacia el caminillo de piedras que me llevaría a mi casa. No quise mirar a Bill. Pero este no movió el coche de su sitio. Ni siquiera había arrancado el motor… y yo sentía una vergüenza terrible. dios, ¿a qué chica le ocurre una “hemorragia nasal”, justo en el momento que pelea con un chico que apenas conoce, el cual es muy guapo y la había invitado a cenar? y es que tenía la peor de las suertes…
Miré mis manos, estaban rojas, con sangre seca. No quise imaginar cómo estaría mi barbilla y mi camiseta. Debería verme muy mal, como si me hubiese atacado un vampiro, seguramente.
Piqué al timbre de la casa y esperé a que me abrieran. Aproveché para mirar la hora, las 11:30. Antes de las doce estaba bien. Suspiré. Me moría de ganas por que mirar aquel coche… donde estaba aquel chico. Pero la puerta se abrió. Miré a Alexa con una sonrisa, esta dio dos pasos hacia atrás asustada, o más bien, asustadísima. Y sentí como el coche partía y se alejaba. Entré en casa y cerré la puerta mientras decía:
- Hola, Alex. – esta no me contestó. Yo la miré. Tenía los ojos llenos de lágrima, amenazantes de romper a llorar en cualquier momento. – ¡No llores, Alex! No es nada grave, cariño. – su labio inferior comenzó a temblar. – ¡Es… es... sólo pintura! ¡Si, sólo pintura! Es que pasa que estaban pintando el restorán… y… pues, me he manchado..
- ¿Bill igual se manchó?. – dio un respingo haciendo sonar la nariz.
- ¡Si!. – reí. – no te imaginas como quedó. 
- Me gustaría haber estado allí. – yo le sonreí. En ese momento mi madre salió de la cocina, al verme se llevó las manos a la boca, Alexa se dio cuenta de la dirección a la que yo miraba, y miró a mi madre. – ¡es pintura! – le dijo. – ella y Bill han jugado a mancharse. – rió. Yo bajé la mirada un poco avergonzada.
- ¿A mancharse? Alexa, ve a dormir que ya es tarde. 
- ¡Adiós, Abril! Mañana me cuentas como fue. – dio unos saltitos, yo me agaché para dejar que ella me besara en la mejilla. Luego de esto corrió hacia las escaleras.
- Abril… - dijo con voz insinuante.
- ¿Si, má?. – respondí inocentemente.
- Ven acá. – me llamó. 
- Si... – caminé hacia ella y entramos en la cocina. Quizás que cosas se le pasaban a ella por la cabeza... se reiría si le contaba la verdad aunque me daba un poco de vergüenza. Y es que es terrible que te pase eso frente un chico.
- ¿Qué te hizo ese chico? – apoyó la mano con fuerza sobre la mesa. Yo di un pequeño salto.
- Nada. – me encogí de hombros.
- ¿Cómo explicas la sangre? – alzó una ceja. Todo el mundo tenía esa costumbre, ¿o qué?.
- Es... de mi nariz. – dije entre dientes.
- ¿Qué? ¿Te siente bien? – se acercó a mí y posó su mano en mi frente. Yo me alejé y me deshice de su contacto. Estaba algo enojada. 
- Si... excepto por la vergüenza, má... no te imaginas. – me fui hacia el grifo del agua y lo abrí para luego limpiar mis manos.
- No te preocupes, hija. El chico se ve bastante.. – buscó la palabra. - compresivo. – ¿comprensivo? A mí se me venían otros términos mucho mejores a la cabeza.
- Seguro no me quiere ver más. – mi madre suspiró.
- Amy llamó. – me informó.
- Genial. ¿Te dijo cuándo?. – pregunté entusiasmada mientras limpiaba mis manos mojadas en los jeans.
- Mañana a las cuatro en el centro comercial, en la tienda de accesorios y complementos.
- Genial.
- No te limpies en los pantalones. – siempre el mismo sermón…
- ¡Es agua!. – me quejpe. – Me iré a bañar. – besé a mi mamá en la mejilla y salí de la cocina. 
Me metí en mi habitación, cogí el pijama y una toalla y me metí en el baño.

1 comentario:

  1. Lo admito... esta tampoco la he leído y quiero saber que mas sucede!!! Deos!

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