Nuestra casa, de mi nueva familia y yo, ya había comenzado a construirse… aunque aún tardaríamos unos cuantos muchos meses en tenerla lista, ya que era grande, por lo que llevaba mucho trabajo. Emilie y yo firmamos con la discográfica, el contrato… Los chicos nos consiguieron un manager o algo así… en realidad era “una”, porque era mujer. ¡Y era muy simpática!, a demás de que ella era una persona de confianza de los chicos. Bill tenía razón con respecto a las canciones, no cambiaron ninguna letra, porque yo no lo permití… pero si le pusieron sonidos y más instrumentos… a eso no me podía oponer. Aunque aún estábamos trabajando en el disco y nos quedaba mucho, mucho por hacer. No como el disco de los chicos, que estaba listo… se lanzaría dentro de poco. Yo era, realmente, muy afortunada, pues ya había escuchado todas las canciones antes que las fans. Aunque… yo ya me consideraba fan de los chicos, eran buenísimos, y sus canciones me gustaban mucho, a demás, eran muy pegajosas.
El tiempo seguía pasando, y Tokio Hotel comenzó a planificar su gira… Bill quería que me fuera con él, que estudiara por Internet y que no me separara de su lado. Pero, obviamente, papá se negó a damre permiso… y yo, por más que no quisiera alejarme de él, me tenía que quedar porque tenía un disco que grabar. Tenía cosas que hacer en casa, como cuidar a papá, pelear con él o ayudar a Juliette con sus cosas. A demás no podía dejar sola a Emilie, ahora éramos hermanas.
Me estuve haciendo la idea durante un largo tiempo, que no iba a ver a Bill en unos cuantos meses… pero eso sería en el futuro, en un tiempo más.
Llegó mi cumpleaños. Fue la mejor fiesta de cumpleaños de la vida porque estaba con las personas que más quería en el mundo. Los abuelos no había podido venir, pero tía Marie si había asistido. La celebración había sido todo el día… comenzando desde la mañana cuando llegaron todos a felicitarme cantándome la canción de feliz cumpleaños para despertarme. No podía creer que hubiesen madrugado para darme una sorpresa de ese tipo. Incluso Simone me hizo una torta, que por cierto, estaba riquísima. Me dieron regalitos, no eran necesarios… y los agradecí mil veces cada uno. Después almorzamos en casa, lo pasamos genial… y por la noche, por la noche Bill me llevó a otro lugar. Nos apartamos de la civilización, salimos de la ciudad, alejados de todo… y nos quedamos charlando hasta la madrugada, tendidos en la hierba. Fue una de las mejores veladas de mi vida, a demás, y como si fuera coincidencia… la luna estaba llena, gigante… y el cielo estaba repleto de estrellas, sin ninguna nube. Bill y yo hablamos muchas cosas cursis, nos reímos, jugamos, nos besamos, rodamos en el césped, caímos en unos arbustos, me lastimé una mano, seguimos riendo e incluso comimos. Yo estaba completa y estúpidamente enamorada de él, de eso estaba segura. Amaba estar entre sus brazos y sentirme protegida... amaba mirarlo a los ojos, quedar como una boba haciéndolo… observar su sonrisa, observar como la sonrisa se formaba en su rostro o cuando se mordía el labio inferior, o se pasaba la lengua por los labios. Era lindo.
También amaba cuando entrecerraba los ojitos por el sol, cuando me suplicaba que fuesen papitas en vez de chocolate, cuando se ponía celoso de cualquier chico que se atreviera a preguntarme alguna dirección o mi nombre en la calle… amaba cuando se despedía de mi, apretaba contra su cuerpo fuertemente y me besana en los labios, cuando nuestras narices chocaban y dolía… cuando él se ponía nervioso y sus mejillas enrojecían. Amaba su expresión de desesperación cuando mi padre lo metía en algún aprieto, y esa sonrisa de satisfacción que formaba en sus labios cuando ganaba algo o me demostraba que había tenido razón. Amaba la forma en como decía que me quería mucho y sus ojitos al reír. Me gustaba lo idiota que a veces se ponía cuando yo le ganaba en algo o cuando lo hacía enojar. Incluso amaba su faceta automática, su voz eléctrica y sus ojos fríos. Yo lo amaba, a él… completito, con virtudes y defectos… para mi era totalmente perfecto. Estaba enamorada de él, con todo mi corazón y es no cambiaría nunca, nunca… Jamás había pensado que el sentimiento de amor sería algo tan fuerte.
Antes de navidad, caí mientras me duchaba y me quebré la pierna. Sabía que algo así tenía que pasarme… pero como siempre, Bill me ayudó con todo…
Después él se fue, y yo me quedé en casa con la familia. Lo extrañaba, si lo admito… lo extrañaba mucho… pero él no dejaba de llamarme. A todas horas, en todo momento, en cuanto tenía oportunidad.
Aunque sólo fuese para decirme un “te quiero mucho” o “buenas noche, preciosa”. Igual lo vi durante esas semanas, no lo voy a negar… Papá me dejaba visitarlo algunos fines de semana. Iba el viernes por la noche y volvía los domingos por la mañana a casa. Durante esos días no nos separábamos… aunque lo pasábamos encerrados en hoteles… porque yo no lo visitaba cuando tocaba viajar… sería un estorbo. Mi novio, antes de ir de gira, me había comprado una pulsera… y en cada ciudad que iba compraba un dije para dármelo. Todos eran preciosos… Sólo a él se le podía ocurrir hacer algo así. Era genial.
Mi vida era genial. Con Bill las cosas eran mucho más fáciles. Él había sido mi salvación, aunque… él decía todo lo contrario. A veces comenzaba a inventar cuentos… me contaba sobre un ángel, un robot y el amor. No podía ser mas tierno. Yo pensaba que era más bien algo así como: La torpe, el robot lindo y el amor. Pero nunca le dije nada de eso, simplemente lo pesaba… ya que la idea del cuento estaba bien, era lo correcto. Aunque lo que más me gustaba de todo, era el final: Jamás se separaron, estuvieron juntos durante toda la vida, hasta quedar como pasitas… y fueron felices por siempre.
Quizás no sea para siempre, pero al menos por mi parte, haría todo lo posible para que así fuera.
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